OPUESTOS SE ATRAEN
X: EL ESCAPE
Templo de Escorpión
Al mismo tiempo
Milo y Cathy regresaron al templo de Escorpión riendo en voz alta, tan fuerte que cuando pasaron por Virgo, Shaka les gritó algo molesto que bajaran la voz. Cuando llegaron a su templo, los dos entraron a la habitación de Cathy sin dejar de reír.
-Milo, tomaste mucho, ¿no es así?- dijo la chica.
-Solo un poco- rió a su vez Milo, abrazándola- ¿te divertiste, Cathy?-
-Solo un poco- le dijo Cathy, repitiendo las palabras del chico, mientras que Milo se dejaba caer en la cama, con los brazos extendidos, suspirando por unos minutos, para después aflojarse la corbata y suspirar.
Cathy estaba a unos pasos de él, quitándose los aretes y colocándolos en la mesita de noche. La chica suspiró en voz baja.
-Noté que Liliwen se fue temprano- dijo Cathy, algo cabizbaja, mientras se sacaba los zapatos- supongo que no hubo mucho avance con Camus-
-No creo que vaya a haber algún avance con Camus- dijo Milo.
La chica suspiró, algo decepcionada, y quizá un poco preocupada por Liliwen.
-Pobre de ella, se le nota que le gusta mucho Camus- dijo Cathy tristemente.
-Mejor para ella, Camus es un tarado- dijo Milo, sonriendo levemente- o se hace de rogar. Pobre chica…-
Cathy asintió, pensativa, mientras buscaba a tientas con sus dedos el cierre de su vestido que se encontraba en su espalda. Al ver que la chica no lo alcanzaba, Milo se levantó y la ayudó. Su gesto tenía el simple objetivo de ayudarla a bajar el cierre, pero mientras lo hacía, el santo dorado no pudo evitar sentir un escalofrío recorrerlo mientras lo hacía, y la sobriedad regresó a él de golpe. La chica se quitó el vestido, sin darse cuenta de la mirada llena de deseo que el santo de Escorpión le estaba dirigiendo, se cubrió con una bata, y dio un respingo de sorpresa al ver a Milo tan cerca de ella, mirándolo como hipnotizado.
-¿Milo? ¿Pasa algo?- dijo la chica, alzando las cejas. Varias veces Milo la había visto vestirse o desvestirse frente a él, pero esta vez fue diferente. Cuando Cathy se estaba recuperándose de sus heridas, Milo solo había pensado en que no quería que la mujer que amaba se lastimara mientras se levantaba o cambiaba de ropa. Esta vez era diferente. Su chica, su hermosa chica estaba recuperada, y esta vez, verla quitarse el vestido con gracia y delicadeza, no pudo dejar de mirarla con deseo.
-Nada, nada, Cathy- dijo Milo, cerrando los ojos y sacudiendo la cabeza- es muy tarde, deberías descansar-
-Buenas noches, Milo- dijo ella. Inocentemente, Cathy se acercó a él y lo abrazó con fuerza, sin notar nada extraño en él, cosa que no ayudó ni un poco a Milo. Tras besarlo en la mejilla, la chica se metió a la cama y se cubrió con las mantas. El santo de Escorpión apagó las luces, y se dirigió a su cuarto, desabrochándose la camisa y arrastrando los pies mientras caminaba. ¡Necesitaba una ducha fría ya!
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Entrada al Inframundo
Los jueces del Inframundo habían salido del Santuario de Athena juntos, llevando cada quien a sus respectivas parejas. Aiacos y Violate estaban ambos cansados, apoyados uno en el hombro del otro, pero aún conscientes. Radamanthys y Victoria estaban relativamente bien, caminaban tranquilos, aunque arrastrando los pies. Lo mismo no se podía decir de Minos y Aria. El espectro de Grifo vena cargando a la chica en sus brazos, pues Aria estaba completamente agotada.
-Vaya, quien lo dijera- dijo Violate en voz baja, mirando de reojo a Minos llevando a Aria- esta chica tiene a Minos volando bien bajo…-
-Shhh…- le dijo Aiacos en voz baja- que no te escuche, o Minos se va a poner tímido-
-Los estoy escuchando- gruñó Minos, pero después sonrió al mirar a Aria apoyada sobre su pecho.
-Lo hemos perdido- dijo Radamanthys en voz baja, dandole un codazo a Aiacos.
-Te mordiste la lengua, Rada- dijo Minos, echándose a reír, y miró la entrada del Inframundo- espero que Caronte no se moleste porque llegamos muy tarde-
-Ni que fuera nuestra madre- dijo Radamanthys en un tono fastidiado- además, el señor Hades y la señora Persone apenas regresaron hace menos de una hora. No regresamos demasiado tarde-
Como era de esperarse, Caronte estaba enfurecido porque lo habían despertado, de hecho, por segunda vez esa noche, y pasó todo el camino entre ambas orillas del río Aqueronte reprimiendo a los espectros por su irresponsabilidad. Los jueces decidieron ignorarlo.
Cuando por fin llegaron a sus respectivas esferas, los jueces se desearon buenas noches, y se retiraron a dormir. En Ptolomea, Minos acostó a Aria en la cama en la habitación de visitas, la arropó con cuidado y, tras besarla en la mejilla, se dirigió a su propia habitación, y casi quedó dormido antes de que su cabeza tocara la almohada.
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Templo de Acuario
Esa noche, Liliwen no podía dormir. Camus le había prometido que enviaría a Hyoga a Caernarfon, a ver si la supuesta carta de Myfanwy era real, y si era seguro viajar a Snowdonia a encontrarla. No sabía si podía confiar en Hyoga. Camus le había dicho que sí, que había sido su alumno, si no recordaba mal. Pero Camus era confiable, ¿no?
Liliwen primero había tenido admiración por él. Después de eso, quizá algo de miedo, pues ella no era tonta: podía ver que Camus admiraba a Fjore. Le gustaba. Y después, quizá gratitud, pues era cierto que Camus la había salvado ya varias veces de caer en manos de Fjore y de Artemisa.
La chica suspiró, y se giró sobre la cama. No era lo único que sentía. Le gustaba Camus, le atraía mucho, tenía que aceptarlo. El maldito francés estaba muy guapo. Fuerte, apuesto, poderoso. Frío, pero con ese pequeño toque de gentileza. La pobre nunca tuvo ninguna oportunidad. Cuidada por dos servidoras de Apolo, nunca había pasado más de cinco minutos en conversación con un hombre.
Liliwen suspiró de nuevo, y se volvió a girar sobre la cama. ¡Maldito Camus! Estaba metida en un enorme problema. ¿Porqué le gustaba tanto, si era un imbécil engreído, y…? Aargg..., ¿qué iba a hacer ahora?
Sacudió la cabeza. Eso no tenía importancia ahora, y sus sentimientos eran inconsecuentes en ese momento. Tenía algo más urgente de que preocuparse. Primero que nada, sobrevivir. Y después, si era cierto que Myfanwy estaba viva, ¿no era importante ir a verla? Quizá Deryn también había sobrevivido. O quizá Camus tenía razón, y era una trampa, y sería mejor esperar a que enviara a Hyoga. Sacudió la cabeza, y se cubrió la cara con la almohada.
Ya mañana sería otro día. Suspiró, intentando pensar en otra cosa.
Después de un rato, abrió los ojos de nuevo, y apartó la almohada. No, no podía quedarse de brazos cruzados. Se levantó, encendió una vela con cuidado de no hacer ruido ni encender su cosmo, y comenzó a escribir. Una larga carta. Cuando terminó, la dobló con cuidado, y se la guardó en el bolsillo del vestido que usaría al día siguiente, y se volvió a acostar.
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Templo de Acuario
A la mañana siguiente
Camus despertó con un fuerte dolor de cabeza. Se frotó la sien, con lo que parecía ser un molesto pillido en su oído. Cuando se dio cuenta de lo que era, se levantó algo fastidiado. Mu estaba llamándolo más o menos insistentemente. El santo de Acuario se levantó de la cama y, sin ponerse su armadura, bajó hacia el primer templo.
Mu le había avisado que Liliwen se había escapado de Acuario y estaba tratando de salir de los Doce Templos ella sola, sin ser acompañada por ninguno de los otros santos. De hecho, estaba sorprendido de que se hubiera escabullido tan fácilmente. El santo de Aries envió a Kiki a seguirla en silencio mientras avisaba a Camus por medio de su cosmo.
No pasó mucho tiempo cuando Camus alcanzó a Liliwen, la chica dio un respingo de sorpresa. Antes de salir, se había asegurado de que Camus siguiera dormido, y no esperaba encontrárselo a la orilla del bosque.
-Camus, me asustaste- dijo Liliwen, sonriendo levemente para intentar no verse tan culpable, y llevándose la mano al pecho.
-¿Se puede saber qué estás haciendo aquí, cuando específicamente te dije que no podías salir tú sola de los Doce Templos?- dijo Camus. Observó a la chica. Llevaba puesto un vestido corto de color azul claro, y llevaba con ella una mochila. El santo dorado alzó las cejas, y señaló la mochila que llevaba al hombro- ¿se puede saber a dónde vas?-
Liliwen se ruborizó tanto que sus pecas desapareciendo por el color rojo de su rostro.
-Yo quería… quería ir a Snowdonia- dijo Liliwen- quería ver si era cierto…-
-¿Si tu amiga está viva?- dijo Camus- creí que anoche te había dicho anoche, que seguramente eso es una trampa… a la que ibas directamente a caer-
-Pero, ¿y si no es un engaño?- dijo la chica, esperanzada- ¿y si me está esperando allá?-
-Te dije que iba a enviar a Hyoga para asegurarse de que no fuera una trampa- dijo Camus.
-Pero yo creí que…- comenzó Liliwen.
-No tienes que creer nada- la interrumpió Camus, tomándola del brazo, quizá con un poco más fuerza de la necesaria, enfadado por que lo habían levantado temprano y había tenido que correr tras ella sin siquiera poder espabilar- vamos de regreso al templo de Acuario, y espero que te olvides de esas tonterías-
Liliwen frunció el entrecejo. Sacudió su brazo para forzarlo a soltarla.
-Suéltame, Camus- dijo Liliwen, alzando la voz- no soy una criatura para que me estés hablando así-
Mientras pronunciaba esas palabras, a Camus le pareció que los cabellos de Liliwen se encendieron, aunque eso solo duró unos segundos.
-Pareces una niña pequeña, haciendo berrinche- dijo Camus, cruzando sus brazos.
-¡No estoy haciendo berrinche!- dijo la chica- una buena amiga mía, que fue como mi madre por muchos años, puede estar viva. ¡Quiero saber si está bien!-
-¿Porqué no puedes entender que tu amiga murió cuando te trajeron al Santuario?- dijo Camus en un tono brusco.
Los ojos de Liliwen se llenaron de lágrimas, y Camus se dio cuenta de que había ido demasiado lejos con su frialdad con ella. Pensó que quizá debería disculparse por lo que acababa de hacer, pero no pudo. Hyoga, quien estaba patrullando los alrededores del Santuario, llegó a donde se encontraban, acompañado de Shun.
-Maestro- dijo el santo de Cisne, sorprendido de ver a Camus tan temprano en los terrenos, aún sin vestirse y sin su armadura- ¿está todo bien?-
-Todo está perfecto, Hyoga, Shun- dijo el santo de Acuario en un tono seco, molesto por la interrupción, y sintiéndose un poco culpable de lo que acababa de decirle a la chica- ¿porqué no se van a…?-
Pero se interrumpió. Hyoga y Shun también parecieron alarmados, y Liliwen, quien tenía los ojos humedecidos, se los secó con el dorso de su mano y sacudió levemente la cabeza. Sabía que algo estaba pasando.
-Maestro, es el cosmo de…- comenzó Hyoga.
-Rápido, escóndanse por allá. Liliwen, Hyoga cubrirá tu cosmo para que no sospeche nada- dijo Camus, volviéndose hacia el sitio de donde surgía el cosmo.
Liliwen no estaba de humor para seguir órdenes, pero no tuvo otra opción más que obedecer, ya que Hyoga y Shun la estaban empujando suavemente detrás de unas columnas caídas, el primero con su cosmo encendido, en un intento para cubrir el suyo. Una vez que la chica desapareció de su vista, Camus se volvió a recibir a la dueña de ese cosmo. Fjore de nuevo.
-Has estado visitando muy seguido el Santuario, Fjore- dijo Camus en un tono fastidiado.
-Solo para tener el placer de tu compañía- le dijo la chica.
Camus se cruzó de brazos.
-No puedes estar dentro del Santuario- dijo Camus- así que te pido que salgas de aquí por las buenas…-
Fjore sonrió socarronamente.
-Eso no es lo que dijiste en cama anoche- dijo la chica entre risas, con la intención de molestar a Camus. Funcionó. El santo dorado se enrojeció furiosamente como nunca lo habían visto- sé que no eres un hombre inexperimentado-
-No digas esas tonterías- dijo el santo de Acuario.
-Oh, bla bla bla, cuéntale eso a piojita, no a mí- dijo Fjore, cruzándose de brazos y apoyándose en una de las columnas- ¿desde cuando la viste diferente?-
Camus se negó a responder esas provocaciones, y se cruzó de brazos. La mujer se echó a reír de nuevo.
-Bueno, si eso dices- dijo Fjore- debes decirme qué es lo que te gusta de la piojita. Seguramente no su cabello, es horrible- Camus gruñó. ¿Cómo se atrevía a decir eso de Liliwen? Pero mantuvo su mirada lo más impasible posible- los ángeles de Artemisa han dicho que no está nada mal...-
-No me gusta de esa manera- dijo Camus en un tono más o menos final- y no le veo el caso a esta conversación. Es la última oportunidad de que te vayas por las buenas-
Fjore lo miró con una sonrisa socarrona, y salió del Santuario riendo en voz alta.
Mientras eso pasaba, detrás de las columnas y protegida por los cosmos de Hyoga y Shun, combinados, Liliwen estaba ovillada en el suelo. Si los dos santos de bronce hubieran puesto atención, quizá hubieran podido escuchar el corazón de la chica pelirroja quebrándose. Pobre chica inocente. Ella creía que tenía alguna oportunidad de que Camus tuviera algo de cariño hacia ella. No, ahora la chica lo entendía. Ella era solo una molestia, para él y para los santos en general. Quizá sería mejor que ella se fuera del Santuario y buscara a su amiga, a la mujer que la había cuidado todo ese tiempo. Y si la atacaban en el camino, ella podía ser capaz de defenderse sola. ¡Era una semidiosa, después de todo!
Una vez que Fjore se fue, Camus les hizo una señal para que salieran de su escondite. Hyoga y Shun lo hicieron, pero cuando Liliwen salió, Camus notó algo extraño en ella. Algo había cambiado. ¿Sus ojos? No lo sabía. El santo de Acuario frunció el entrecejo, curioso, pero ella miró hacia otro lado deliberadamente.
-¿Te encuentras bien, Liliwen?- le preguntó Shun amablemente, a lo que la chica solo asintió sin muchas ganas-¿no estás herida?-
-Iré a hablar con los guardias del Santuario, para que no dejen pasar a esa mujer de nuevo, es un peligro para Liliwen- dijo Camus, mirando fijamente a Hyoga- cuídenla mientras tanto. Vuelvo enseguida-
Y al ver a Camus alejándose rumbo a una de las entradas del Santuario, Liliwen se dio cuenta de que esa era su oportunidad. Sonrió hacia los dos santos dorados como si estuviera muy tranquila, y éstos le sonrieron de vuelta y comenzaron a charlar entre ellos, sin prestarle mucha atención a la chica. Miró a sus pies, y vio una enorme roca. Acentuó su sonrisa y la tomó en sus manos. No le gustaba mucho hacer esto, pero no tenía otra opción. Levantó la roca , y golpeó a ambos santos en la parte posterior de la cabeza, dejándolos aturdidos en el suelo. Liliwen sacó de su bolsillo una carta de agradecimiento hacia Athena, dejándola con los santos de bronce, y se dirigió sigilosamente a la salida del Santuario, del lado contrario de donde se había dirigido Camus. En menos de cinco minutos, ya estaba fuera del Santuario, perdida entre las calles de la ciudad de Atenas.
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Terrenos del Santuario
Milo estaba en los terrenos junto con Cathy y Mister Darcy cuando sintió el cosmo de Liliwen desaparecer por completo del Santuario. Al principio creyó que era un truco de Camus para esconderla de los ángeles de Artemisa, pero pronto se dio cuenta de que ese no era el caso. Milo se puso de pie de golpe, y Cathy dejó de tocar el violín.
-¿Qué sucede, Milo?- preguntó la chica.
-No estoy seguro- respondió el santo de Escorpión, parpadeando- creo que algo malo sucedió con Liliwen-
Cathy se alarmó, y se puso de pie también, buscando con la mirada a Camus.
-No está aquí- dijo Milo- su cosmo está en una de las salidas del Santuario. Hace rato sentí el cosmo de Liliwen cerca del de Hyoga y Shun, pero de pronto desapareció por completo… quizá lo están ocultando a propósito-
-¿Qué vas a hacer, Milo?- pregunto ella.
-Voy a ir a buscarla- dijo el santo de Escorpión- le pediré a los santos de bronce que me ayuden. Regresa a los Doce Templos, por favor. No estoy seguro de que estés a salvo si te quedas sola-
-Iré a Aries, me quedaré un rato con Lydia y Mu- dijo Cathy, dándole un beso en la mejilla- ve, ayuda a Liliwen-
Milo sonrió, mirándola con adoración, y tras despedirse, salió corriendo hacia las salidas del Santuario, rogando a los dioses encontrar pronto a Liliwen, y que no hubiera sido lastimada.
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Entrada del Santuario
Minutos después
Camus no podía creer lo que había escuchado. Milo había llegado corriendo hacia él con una expresión alarmada, mientras el santo de Acuario hablaba con los guardias del Santuario. No lo podía creer. Camus buscó con su cosmo el de Liliwen, y se dio cuenta de que no estaba dentro del Santuario.
-¡No puede ser!- dijo Camus- si Hyoga y Shun se quedaron cuidando de ella-
-Ambos están noqueados- dijo Milo, cruzándose de brazos- creo que ambos fueron atacados por Liliwen, en su intento por escapar del Santuario-
-¿Porqué querría esa mocosa escapar del Santuario?- dijo Camus, fastidiado. ¿Qué tenían las mujeres ese día? Milo se puso las manos en la cintura.
-¿Porqué crees?¿por tu amabilidad?- dijo el santo de Escorpión, cruzando los brazos con cara de circunstancias- seguramente algo hiciste o dijiste, y la hiciste sentir mal-
-Para nada- dijo Camus, pensativo- solamente se la pasó hablando sobre su amiga, y que si quizá estuviera viva o no- y le contó lo que Liliwen le había dicho sobre su amiga, y la carta en la que decía que aún estaba con vida.
-¿Y no es esa suficiente razón, Camus?- preguntó Milo.
-Por supuesto que no- dijo Camus, en un tono sabiondo- yo le dije que eso seguramente era una trampa, y que enviaría a Hyoga a averiguar de que se trataba-
Milo tuvo que usar toda su escasa fuerza de voluntad para evitar darle un zape. ¡Ahí estaba la respuesta! La chica había intentado regresar a casa a buscar a la mujer que la había protegido durante toda su vida, para ver si estaba a salvo o no. ¡Era lógico!
Al final, Milo no se pudo contener y sí le dio ese zape.
-¿Qué te pasa, Milo?- dijo Camus, con una expresión molesta, pues claro que no le gustó el zape.
-¿Qué te pasa a ti?- dijo Milo- ¿qué no ves que…?-
Milo no terminó su frase, pues pronto se encontraron con Shun y Hyoga, este último bastante avergonzado por lo que acababa de pasar, y ambos se frotaban la nuca, dolidos por el golpe que Liliwen les había propiciado.
-Maestro- dijo Hyoga, entregándole una hoja de papel doblado- la señorita Liliwen dejó esto antes de…-
-Antes de apagarnos las luces- dijo Shun, algo ofendido por el golpe.
Camus iba a tomar la hoja de papel, pero Milo la tomó primero, y la desdobló con cuidado, para ponerse a leer en voz alta.
Muy noble y honorable tía Athena:
En primero lugar escribo esta carta para disculparme. Seguramente cuando tenga este documento en sus manos, estará justificadamente molesta por mi conducta. No pretendo justificarme. Llegó a mi conocimiento que Myfanwy, una de las mujeres bajo cuyo cuidado mi noble e ilustre padre me puso desde que era pequeña, me envió una carta diciéndome que estaba viva y que me necesitaba urgentemente en casa, y ese es el motivo de mi precipitada salida del Santuario.
En segundo lugar quiero agradecer todas las atenciones hacia mi persona, honorable tía, y de todos los santos. Pido disculpas si os ofendí de alguna manera. Espero un día poder pagar todas las muestras de aprecio.
Liliwen.
PD: Mis disculpas a Camus, por haber tomado algo de su dinero para comprar el pasaje.
-¡Niña estúpida!- dijo Camus en voz alta.
-¿Lo ves? Se fue a intentar encontrar a su amiga- dijo Milo- ¿dónde es "a casa"?-
-Debe ser en Snowdonia- dijo Camus.
-Quizá podemos detenerla, antes de que se vaya- dijo Milo, y se volvió a los santos de bronce- vayan por Seiya y Shiryu, y eviten que Liliwen llegue al aeropuerto. ¡Tráiganla de regreso!-
Los dos santos de bronce asintieron, y se apresuraron hacia el aeropuerto de Atenas. Camus los miró alejarse con una expresión algo aprensiva y preocupada, y Milo sonrió levemente. ¿Estaba Camus por fin siendo consciente de sus sentimientos?
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Templo de Géminis
Horas más tarde
Todo el Santuario estaba en revuelo. El rumor de que Liliwen se había escapado de la vigilancia de Camus recorrió a todos los santos, y estaban preocupados. Los santos de bronce se habían apresurado al aeropuerto, pero no habían podido hacer nada para detenerla: solo supieron que Liliwen había salido en un avión rumbo al aeropuerto de Cardiff, que estaba esperado que llegara a su destino a las dos de la tarde, en el horario de Gran Bretaña, que serían como las cuatro de la tarde en Grecia por la diferencia horaria.
-Quizá deberías ayudar a Camus y a Milo- dijo Casandra distraídamente, mientras buscaba en la alacena lo que prepararía para cenar, a un enfurruñado Saga, quien estaba cruzado de brazos y apoyado en la pared- podrías abrirles un portal a otra dimensión para que llegaran a Cardiff más rápido-
-Eso ya está cubierto por Kanon- dijo Saga- él les va a abrir el portal a otra dimensión, y los va a acompañar-
Casandra sonrió levemente, y suspiró.
-Espero que esté bien- dijo la chica- me da mucha tristeza esa chica-
-¿Porqué?- quiso saber Saga.
-Imagina que toda su vida la pobre ha estado escondida, abandonada por su padre, su madre muerta y con miedo a que su propia tía se la despache- dijo Casandra.
Saga se mordió el labio.
-Lo sé, no es nada agradable- dijo el santo dorado, y alzó las cejas al ver que la chica tomó su bolso y se disponía a salir a la ciudad- ¿qué haces?-
-Voy a comprar algunas cosas que hacen falta- dijo Casandra, sonriendo- ¿quieres venir?-
-Claro, pero no puedo- dijo Saga en tono de disculpa- hoy me toca organizar las rondas en el Santuario-
Casandra sonrió, y se puso de puntillas para besarlo en la mejilla.
-Me llevaré a Kostas- dijo la chica- Aioria le dio el día libre-
-Aioria seguramente tiene una resaca del tamaño del templo de Leo y no puede entrenarlo- dijo Saga, riendo levemente- a juzgar por lo que vimos ayer en la fiesta-
-Y creo que Marín pasó la noche ahí- dijo Casandra entre risas.
Saga besó a su chica. Sonrió al mirarla. ¡Cómo había sido afortunado en volverla a encontrar! El gemelo sonrió mientras la veía salir a buscar a Kostas para irse de compras. Suspiró, y fue a buscar a Kanon, para entregarle la armadura de Géminis, y comenzar a organizar las rondas de esa noche.
Tuvo una extraña sensación antes de quedarse solo, pero no pensó más en ello.
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Templo de Acuario
Tan pronto como Camus supo que los santos de bronce habían fallado, y que supo que la chica se dirigía a la ciudad de Cardiff en avión, el santo de Acuario se dirigió a su propio templo a buscar su armadura. Un renuente Kanon había accedido a abrir un portal a otra dimensión para él y Milo, y acompañarlos hacia Gales para dar con ella y regresarla a Atenas antes de que Artemisa se diera cuenta de lo que había pasado y la chica estuviera en peligro.
-No puedo creer que haya sido tan estúpida- dijo Camus para sí mismo, mientras buscaba entre sus pertenencias y se daba cuenta de que en efecto, Liliwen había toma tomado algunos euros de sus ahorros. Además de la nota de disculpa que la chica había escrito a la chica a Athena, también había otra nota de disculpa de Liliwen hacia Camus. El santo ni siquiera la había abierto. La arrugó con sus manos y la tiró a un lado- mujer estúpida…-
-Creo que deberías leer esa carta antes de tirarla, Camus- dijo una voz femenina.
Camus dio un respingo de sorpresa y se volvió. Ahí, en su templo, estaba de pie Athena, con su báculo en su mano y mostrando una hermosa sonrisa. El santo de Acuario se inclinó.
-¡Señorita Athena!- dijo Camus- me asustó. ¿Qué la trae al templo de Acuario?-
-Lo que pasó con Liliwen- dijo Athena en una expresión triste- estoy muy preocupada por ella-
-Yo también, un poco, señorita- admitió Camus.
Saori sonrió con simpatía. Sabía que Camus tenía fuertes sentimientos hacia Liliwen, pero sabía también que era aún más testarudo que Milo, si es que eso era posible, en el tema de admitir sus verdaderos sentimientos. La diosa se encogió de hombros, y señaló el basurero.
-Creo que deberías leerla- dijo Athena de nuevo.
-Pero señorita Athena…- comenzó el santo dorado.
-Liliwen es una buena chica- dijo Athena- no es su culpa haber sido perseguida por Artemisa durante toda su vida. Y era natural que quisiera haber salido a buscar a una persona con quien fue muy cercana toda su vida. Te darás cuenta a su debido tiempo-
La diosa no dijo nada mas. Solo sonrió con cariño, le puso una mano en el hombro, y le dio la espalda, para regresar a su propio templo, apoyándose suavemente en su báculo. Camus la miró alejarse, alzando las cejas. Miró alternadamente la puerta por donde la diosa había desaparecido, y el cesto de basura donde había tirado la carta de Liliwen.
Finalmente, Camus suspiró sonoramente y se inclinó para sacar la arrugada carta del basurero. No estaba de humor, así que se la guardó en el bolsillo. Ya la leería en Cardiff, mientras esperaban a que el avión en el que viajaba Liliwen.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Hoy toca actualización tempranera ¿porqué no? ¡Muchas gracias a todos por seguir leyendo! Les mando un abrazo a todos. Nos leemos pronto.
Abby L.
