CAPITULO 10

Aquella petición había tomado por sorpresa al rubio, Hayato siempre quiso ser la mano derecha del décimo Vongola, y ahora le pedía que lo llevara a Italia y aceptara como su subordinado, mas sin embargo, el amor a veces, en verdad cambia a las personas, puedo haberse negado, o al menor pedir una explicación al respecto por el rápido cambio de decisión, sin embargo ahora a un par de horas de aquella petición, se encontraban en el aeropuerto, esperando el jet privado de su familia para que los llevase a Italia.

-¿estás seguro de esto?- el menor asintió como respuesta- en verdad… ¿no quieres despedirte de nadie?-

-no… no hay nadie a quien le importe mi partida-

Gokudera ni siquiera había ido a su casa por sus cosas, en Italia compraría más, no quería llevarse nada que le recordara su estancia en namimori

-¿Romario podría entregarle esto al décimo de mi parte?-

Ok, esto dejó en un shock al potro, no solo planeaba marcharse, si no también deshacerse del anillo Vongola de la tormenta, ya no quería ser más el guardián de Tsuna.

-claro… ¿de verdad quieres esto?-

-si…-

Su hermanito y su alumno debieron haber hecho algo muy grabe para hacer que Hayato quisiera abandonar a Vongola ¡y de tal manera!, pero, confiaba en aquel italiano albino, él, debía de tener sus motivos para tomar tales decisiones.

El jet estaba listo, tomaron sus pocas posesiones, las cuales prácticamente se limitaban a nada, y subieron a este, dejando atrás muchas cosas… demasiadas, cosas que, deberían ser olvidadas.

Mientras el avión despegaba y el piloto les pedía que se abrocharan el cinturón de seguridad, una sonrisa surcó los labios del hombre tatuado, era, como en aquellas viejas películas, el joven caballero que se roba a su amada doncella, conduciéndose a un mundo desconocido, lleno de aventuras y cosas inesperadas.

Tal vez, el smoking boom Hayato no era una doncella locamente enamorado de él, pero… con el tiempo… esperaba cambiar eso.

24 HORAS MÁS TARDE

Tsuna miraba sorprendido aquel sobre entre sus manos, y aun mas intrigado su contenido.

El anillo de Gokudera

¿Qué significaba aquello?

¿Le había pasado algo? ¿Era una amenaza? ¿Un mensaje?

No, la nota dentro del sobre rechazaba y descartaba cualquiera de esas posibilidades.

Renuncio voluntariamente a mis derechos como guardián de la tormenta y mano derecha del décimo capo Vongola

Que la familia y ustedes tengan un buen futuro

Les deseo suerte

Gokudera Hayato

Estaba escrita con el puño y letra de su amigo.

No había ninguna duda, nada más en que pensar.

Su amigo, el primero y más cercano a él, se había marchado, por su propia voluntad, se había ido.

Hibari continuaba en aquella casa, había tumbado la puerta y entrado dentro, se recostó en aquella cama, sobre ese colchón en el que tantas otras veces había dormido y despertado, donde había tomado a la tormenta una y otra vez sin descanso.

Le extrañaba… le amaba

¿Dónde estaba?

¿Que no se supone que él es la nube?

Ese elemento del cielo sin compromisos, viajera y libre, sin ataduras a nada, el no obedecía a nadie, hacia lo que quería, cuando quería y de la forma en que quería

Si él era la nube

Y Hayato esa feroz tormenta siempre en el núcleo de la batalla.

¿Por qué no estaba en casa? ¿Porque no regresaba?

Quería explicarle las cosas, lo que en verdad pasó, disculparse y volver a besarle, arrojarle sobre la cama y tomar su cuerpo una y otra vez, con ternura, delicadeza y ferocidad, hasta que su cuerpo estuviera libre de culpa y la mente del albino fuera de dudas.

Hasta que estuviese claro que le amaba, y él era el herbívoro que había logrado domarle, atraparlo y atarlo a su lado.

Le había atado una correa en su cuello.

Atrapó a aquella nube viajera, le hizo sedentaria y dependiente de su persona.

El herbívoro rebelde, domesticó a aquel sádico carnívoro