Hey, hola! Tardé muchísimo más de lo planeado, ya sé, ahora sí no tengo perdón.
Más notas al final :)

Disfruten, por favor.


Drago desciende de un salto desde un dragón acorazado, el golpe seco que deja tras de sí pone tensos a sus subordinados que bajan la cabeza y se hacen a un lado cuando él pasa cerca de ellos. Hay mucho ruido, entre las reparaciones y los gruñidos de quienes han sido heridos o de quienes sus orgullos han sido rebajados: burlados por un grupo de jóvenes en una segunda ocasión. Llega hasta Cyup, el que dirige a gritos a un grupo de hombres que reparan el techo de la arena principal donde presentaban a los dragones para ser vendidos. No hay dragones, los de Berk se los han llevado, otra vez; por eso la desazón, por eso el desenfrenado enojo. La noche ha caído sobre ellos.

Drago ofrece una oportunidad más, sin embargo. —¿Qué pasó? –Pregunta, empujando al dragón humano con cierto desdeño. No puede acostumbrarse a este, a sus ojos helados, a sus planes desalmados, a su corazón frívolo. A su ardiente sed de sangre.

Cyup le devuelve la mirada, frunciendo el ceño en un profundo gesto. —Tu dragón preferido nos traicionó, eso pasó. –Le escupe, sorprendiéndolo con todo el veneno que Drago es capaz de asimilar incluso.

—No nos traicionaría, –responde, escéptico–, sabe lo que le conviene, no es tan idiota como tú.

Antes de que el dragón pueda objetar, Drago se da la vuelta y continúa su camino rumbo a los cuarteles, de los que el humo continúa saliendo y sus hombres entran con cubetas llenas de agua y salen con ellas vacías. Las llamas se elevan más allá de lo que le gustaría admitir, incluso dentro el origen del incendio es inaccesible. Sus hombres hacen un trabajo en vano. —Encuéntralo, no debe de estar lejos. –Ordena, arrebatándole una cubeta a un desprevenido mozo y asustándolo en el proceso; si quiere algo bien hecho, debe hacerlo él mismo, ya que Yra no está.

—Debe estarlo, los traidores huyen lejos, muy, muy lejos.

El tono de diversión, de superioridad es el que le molesta en gran medida, no las palabras en sí, no la obvia implicación de que Yra no sólo lo ha desobedecido sino que lo ha traicionado, que ha sobrevivido al intento de asesinato que ni siquiera él mismo tuvo el valor de llevar a cabo. Que está allá fuera, lejos de sus manos, lejos de su protección, solo y herido. "Pero es un traidor ahora" es lo que le está diciendo Cyup, con esa jodida sonrisa de satisfacción, tronándose los dedos, ansioso de la orden correcta que le dé el permiso suficiente para despellejar a Yra y quedarse no sólo con su posición y el poder de gobierno en el grupo sino que también con la magia para hacer y destruir cuanto quiera.

Drago se vuelve, devolviendo la cubeta al mozo con la misma violencia con la que se la quitó. Ladea la cabeza y los huesos de su cuello crujen. Frunce el ceño. —Encuéntralo. –Manda, con la voz ronca de la furia que reprime en su interior. Vuelve las manos puños y piensa en los tantos modos de castigo que le esperan al Night Fury; aunque se miente, Cyup lo piensa del mismo modo: no va a castigar a su mano derecha cuando la encuentre sino que va a mimarla, va a llenarla de caricias y pondrá un ejército a sus pies de nuevo. Porque ha traído más victorias que el propio Bewilderbeast.

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La orden no da margen a excusas, Cyup conoce muy bien esa mirada. "Hazlo enojar y te matará, pequeño cuervo" solía ser su frase favorita para aplacar al rebelde Night Fury. Suspira y asiente en dirección a su jefe, frenándose, obligándose a esperar un poco más. Se sacude la nieve que se ha acumulado en su abrigo tras la repentina helada, los subordinados agradecen a gritos pues su dificultoso trabajo de extinguir el fuego (que los dragones causaron al huir aterrorizados una vez los liberaron los de Berk) acaba de ser relevado a segundo plano y pueden comenzar con las reparaciones, pueden pensar en su venganza.

Hay un lacayo en específico, aquél que Cyup detesta con especial sentimiento, aquél que se dirige corriendo en su dirección justo ahora y lo llama a gritos. Recuerda muy bien el día que Yra se lo asignó, alegando que todo buen alfa necesitaba un seguidor fiel, estúpido cuervo; ese inútil humano adoraba más al Night Fury que a él, y el cuervo lo sabía muy bien. —S-Señor mío, –le dice apenas llega frente a él, encogiéndose en sí mismo para recuperar el aliento; pero no baja la cabeza, siempre manteniéndola en alto, porque Cyup odia que no le dirijan la mirada cuando le hablan–, hay un… hombre en la armería… que vio a nuestro señor Yra… siendo raptado por los de Berk…

Nuestro, uh.

—¿Dónde está él? –Grita Drago, provocándole a Cyup unas náuseas tremendas porque esto está sobrepasándolo. Tanto cariño absurdo, tanta preocupación, ¿para qué?

El mozo se estremece, irguiéndose de un respingo y presentando su respeto hacia su jefe. —Sigue en la armería, me mandó a buscar a mí Señor Cyup, –mira al susodicho, traga saliva y devuelve la mirada a Drago–, dice que sabe adónde fueron porque envío un barco a seguirlos cuando los vio partir.

—Los del barco acaban de llegar, –murmura el Bewilderbeast, su sangre hirviendo de pronto. Drago lo mira, y Cyup adivina sus pensamientos con asco–, prepararé tu nave. –Y se rinde–. Estaremos ahí al mediodía.

Drago gruñe, el mozo jadea con exagerada sorpresa. —¡¿Lo sabías?! –Acusa el primero.

Cyup bufa, pasándose una mano por el cabello y los mira con todo el desprecio que tiene permitido. Tiene límites. —Lo sabía desde antes que siquiera abandonara este lugar, –y frunce el ceño–, ¡era mi oportunidad para deshacerme de él! Por una vez en la–

Hay un silencio sepulcral. El golpe en seco con el que Cyup cae al suelo tras perder el equilibrio es lo único que le sucede al fuerte golpe en la mejilla con el que Drago lo derribó. Hay sangre corriendo de entre los labios de ambos, las dos heridas provocadas por la presión con la que cerraron la boca. El dragón devuelve una mirada furiosa mientras se presiona la mitad del rostro. El jefe respira superficialmente pero se mantiene inerte.

—No te confundas, –escupe Drago. El mozo se encoge en su lugar, totalmente aterrorizado; los hombres de los alrededores están callados, atentos como nunca–. Él es más importante que tú, –Cyup comienza a gruñir, aunque reprime con evidente esfuerzo su transformación–, no eres más que un dragón inútil sin él.

El jefe se vuelve, grita un par de órdenes y todos se ven obligados a continuar con sus trabajos. Excepto Cyup, a quien la humillación pública le ha costado mucho más que su orgullo; se levanta por sí mismo, se sacude la ropa y se abre paso entre los hombres con fingida frialdad. Hace las manos puños y se promete a sí mismo que será la última vez, que nunca más en su vida volverán a burlarse de él, que no volverán a rebajarlo obligándolo a servir a un dragón cualquiera, a un dragón extinto.

Si el cuervo no está muerto todavía, la lechuza se encargará de asesinarlo.

—¡Mi nombre no es ese! –Escupe Ruffnut por décima vez consecutiva. Tiene el cabello hecho un desastre, con sangre seca y lodo adherido a él, y contrario a lo que el bastardo de Dagur pueda pensar le importa su cabello. Es su jodido cabello después de todo. Está metida en el agua hasta las rodillas y se lleva las manos a través de los brazos con fervor, asqueada del olor a muerte y a humo que trae impregnado en todo el cuerpo.

—¡Me importa un carajo tu nombre, rubia! –Contraataca el Berserker, inclinado a orillas del río sobre el que descendieron para lavarse. Trae todavía a Yra aferrado con fuerza, y ya se ha rehusado diez veces a que ella lo toque. Le limpia la sangre al dragón humano con insana parsimonia, tomándose su tiempo para memorizar los caminos de los músculos y las cicatrices pequeñas o largas que cubren su piel blanca. —Te he dicho que te mantengas lejos, –repite, gruñendo cuando una costra obstruye su camino entre el cuello y hombro de Yra–, obedece, maldita sea. –Murmura, tragando saliva cuando siente el pie izquierdo entumecido por la posición.

—No me das órdenes, –dice Ruff', quejándose de pura frustración–, dámelo y será más fácil limpiarlo aquí. –Concede, modulando su voz a un tono suave, extendiendo los brazos mojados y ofreciendo sus manos de apoyo.

Dagur la mira a los ojos, luego observa sus manos y brazos con detenimiento y la mira otra vez. —No. –Le escupe, serio, tajante. Continúa con su trabajo y la ignora, ella enfurruñándose en gruñidos indignados.

—Mi nombre es Ruffnut, Ruffnut Thorston. –Dice, agachándose para lavarse el cabello. No se preocupa por su ropa, por lo traslucido que puede lucir ese camisón que siempre trae debajo de todo y que ahora es lo único que le cubre el cuerpo (y libra a Dagur de pesadillas), porque se siente cómoda. Sabe que el sentido común sería estar alerta, atenta a cualquier movimiento que el Berserker pudiera siquiera pensar, pero tiene la seguridad que él está lo suficientemente absorto en su dragón que ella es lo que menos le importa.

—Mucho gusto, Ruffnut, –responde Dagur, sarcástico. Ríe cuando ella le lanza agua a la cara, se limpia con el mismo trapo con el que lava a Yra. Ni siquiera se voltea a mirarla cuando la escucha empezar a cantar, ni cuando la ropa que ella traía puesta cae a una distancia considerablemente lejos de él después de que ella la lanzara. Imagina que está desnuda y hasta ahí se detiene, es mejor pensar que está fea de todas partes, no quiere descubrir si es verdad, porque es verdad.

—Lo vas a romper, –burla Ruff', hundida hasta el cuello. No recibe respuesta y eso sólo la hace reír. —Cuando despierte le diré lo mucho que lo cuidaste, tranquilo. –Pero se da cuenta de que ha tocado un tema sensible cuando Dagur se detiene, contemplando al chico que trae en los brazos con cierta tristeza–. Va a despertar, estoy segura. –Dice con cuidado, tomando mechones de su cabello entre los dedos y tallándolos con fuerza.

Dagur suspira y envuelve a Yra con la camisa suya que ha roto con el sencillo fin de cubrirlo. —Te esmeras demasiado, –oye a la rubia decirle, y le gruñe en respuesta–, ¿puedo saber por qué? –Él se detiene, de nuevo; sopesa la idea de contestarle y opta por no hacerlo, así que vuelve a ignorarla. Distribuye el peso del dragón entre sus brazos solamente y se pone de pie con pasos tambaleantes. Siente la mirada atenta de Ruffnut y no puede negar que se siente un poco intimidado por esos enormes ojos; cuando le da la espalda, los vellos de su nuca se erizan. Camina hasta la cama improvisada que ella arregló: el peto (de la armadura que le quitaron al acorazado) con un montón de hojas frescas y secas dentro de su curvatura. Acomoda a Yra con cuidado, soltando su cabeza sobre un montoncito (una imitación de almohada) en específico. Suspira mientras contempla su trabajo. —Está reluciente, pero sigue dormido, –interrumpe Ruff', inclinándose a su lado, y Dagur agradece que esté vestida porque no se detuvo antes de mirarla. Su cabello cae sobre sus hombros y brilla con el reflejo de la luna que se expone a su espalda. Tal vez, y sólo tal vez si ella fuera más alta, si su cadera fuera más estrecha, si su espalda estuviera más ancha podría tener alguna oportunidad; si su cabello fuera negro e hiciera un puchero cada que la llamara…

—Dragoncito. –Murmura él. Y su cordura pierde el hilo en ese punto. En el punto en que lo evoca de nuevo, en el que piensa que despertará en cualquier momento; el punto en que su anhelo se convierte en una pesadilla constante, la que le dice que debe despertarlo, que debe conseguir esa espada y que debe volver a Berk, que debe inclinarse frente a Hiccup como un campeón, como alguien de confianza, como alguien que es capaz de cumplir sus promesas. Sabe que está siendo un traidor, que tomando lo que no debe y escondiéndose de quien no debe está actuando sospechoso, como una maldita rata aterrorizada y traicionera. Un ladrón, un traidor, un mentiroso, un hombre sin palabra: sinónimos que se ha ganado a pulso, a sangre, a peleas, a palabras, con su actuar en el pasado. ¿Por qué confiar en él? ¿Por qué confiar en él ahora? ¿Por qué elegirlo a él? "Elegido" lo llamaron, y después le otorgaron una armadura completa, metal mágico, que lo protegería de todo lo que es bueno. Magia blanca.

—Lo que sea que estés haciendo continúa haciéndolo. –Ruffnut lo mira con una sonrisa en la cara, señalándole con una mano temblorosa en dirección a Yra. Es incapaz de reprimir su jadeo de impresión, y ella se ríe de él, aunque suena histérica, emocionada, al borde de las lágrimas. Se pregunta si él también ha estado llorando, y se limpia la nieve que ha caído sobre su cara y su ropa y sobre el dragón, acumulándose en un manto blanco…, pero no. La nieve no lo ha envuelto, a diferencia de la rubia y él mismo: Yra está limpio, puro, tal como lo dejó entre las hojas antes de la nevada. Algo alrededor de él impide que la blancura lo corrompa, algo invisible, algo creado a base de una dedicación intachable.

—¿Qué es eso? –Pregunta, con la voz temblándole. Thorston se ríe de él otra vez.

—No lo sé, empezaste a llorar y de la nada también empezó a nevar, pero la nieve se ha quedado ahí, flotando nada más. –Ruffnut responde de un jalón, riéndose otra vez porque no ha sido capaz de entenderse a sí misma. Dagur la mira más confundido que antes, pero ella niega, lanzándosele encima para abrazarlo. —Nos rescataste, -y se aferra con fuerza alrededor del cuello ajeno–, gracias.

El Berserker no sabe qué hacer, mas corresponde el abrazo y llena de aire sus pulmones con una profunda inhalación. Tal vez Yra está curándose, tal vez la herida abierta de su pecho y sus momentos de repentina consciencia demostraban que iba a sobrevivir. No pudo haber resistido con vida tanto tiempo, no en esas condiciones, no tan pálido, no con el corazón atravesado. No por simple voluntad… Con magia sí. Pero, ¿qué clase de magia era tan poderosa? Mantenerlo vivo, en pleno conocimiento, a constante tormento…

—Magia negra. –Vuelve a murmurar, abriendo los ojos con sorpresa y separándose de Ruffnut con violencia. Ella lo mira confundida, con los ojos rojos y las mejillas empapadas. Antes de que pueda preguntar, la toma de la mano y la obliga a ponerse de pie al mismo tiempo que él. —Tenemos que irnos de aquí, –le dice, aferrándola fuertemente de la mano y arrastrándola consigo cuando empieza a correr.

Sin embargo, no se alejan demasiado, no fueron lo suficientemente rápidos. La explosión de arena negra los empuja, haciéndolos volar varios metros hacia al frente y dejándolos caer de lleno. Los árboles, los arbustos, todo su alrededor se hace cenizas. La caída les roba el aire del pecho y tosen desesperados por recuperarlo. Ruffnut se apoya de sus rodillas y antebrazos para no ahogarse al inhalar tierra, pero Dagur es incapaz de siquiera hacer eso: un dolor intermitente en su pierna derecha le nubla la vista a cada punzada. Una segunda explosión derriba a la rubia y les arrebata un grito al unísono. En lugar de la dulce nieve cae arena sobre ellos, enterrándolos con increíble rapidez. Thorston es quien otra vez se levanta, aunque esta vez arrastra al Berserker consigo. Es una guerrera, algo que él se ha olvidado de ser. Ella se arrastra, luchando contra la constante caída del polvo negro que amenaza con reducir sus esfuerzos a una causa en vano. Él trata de ayudar, aguantando lo más que puede el dolor que le parte el alma para mover las piernas y los brazos abriéndose camino. Unos pasos desesperados se acercan a ellos, Ruffnut grita contagiando a Dagur, y un destello de blanco se deja de caer de rodillas frente a ellos, que se han detenido. A Yra le brilla el pecho con una luz blanca cegadora, y aun así ambos distinguen su sonrisa aliviada y las lágrimas que caen al suelo desde su barbilla; eleva los brazos en un delicado movimiento y la arena deja de caer y también desaparece; y ellos son capaces de recuperar el aliento.

—Gracias por salvarme, –les dice, entre sollozos y risas nerviosas. Ninguno de los dos le dicen nada–, mi padre viene hacia acá, así que déjenme salvarlos de su furia. –Y se pone de pie, con esa gracia tan imponente, tan suave, tan sublime. Les dedica una sonrisa a ojos cerrados y después les da la espalda y se aleja corriendo.

Y ninguno de los dos fue capaz de detenerlo, ni a palabras, ni a gritos. Dagur rompe en llanto cuando una mano (que extendió apenas vio a Yra levantarse) se le cansa y cae entre espasmos tocando el suelo. Ruffnut grita otra vez, tironeando de él para ayudarlo a levantarse con ella. Se quedan ahí, estáticos, sucios de lodo y arena, demasiado impresionados como para reaccionar de otro modo. Si es que "impresionados" es la palabra que los define.

Es la segunda vez en la madrugada en que Hiccup debe abandonar la calidez de su cama para correr afuera y vomitar lo poco y nada que ha comido desde que volvió a Berk. El dolor de estómago lo persigue desde que su madre evitó explicarle cómo es que conocía al Líder de los Gigantes Dragones. Cuando se asegura de que las náuseas han disminuido (y que nada más subirá hasta su boca pidiendo salir entre un ardor insoportable) se pone de pie y se limpia las rodillas que se han ensuciado de lodo. Ha estado nevando desde hace horas y en cada una se hace más fuerte la tormenta. Vuelve adentro con pasos lentos, casi arrastrando los pies descalzos, y bosteza con estruendosas exhalaciones. Ha hecho suya la habitación que una vez fue de su padre y se tira en la cama de un salto, cierra los ojos y se arropa antes de que la nostalgia lo invada. Está preocupado por Astrid, por Yra, por todos los que no han vuelto a casa; pero más que nada, está terriblemente preocupado por Toothless, quien no ha despertado desde que partieron de la isla del Sur. Según el Líder, su salud mejora considerablemente rápido, pero está en una especie de trance del sueño que es lo que le impide despertar.

Se rinde, no puede dormir. Abre los ojos y nota una lucecilla danzando en la cabecera de la cama; sigue su trayectoria con los ojos abiertos de par en par y descubre que viene de fuera. Se levanta, se calza las botas y abandona la habitación dando saltos. Sediento de aventura, se convierte en un niño curioso. Cuando abre la puerta el haz continúa a través de una distancia recta, y él la sigue con emoción desbordante. Hay pocas personas despiertas, que se limitan a saludarlo con un ademán, que Hiccup corresponde con respeto.

La luz viene de más allá de la costa, lo descubre cuando llega al borde del pequeño acantilado que está paralelo a su casa. Se desanima totalmente, suspirando con cansancio, porque es imposible seguirla a pie; sin embargo, antes de que se dé vuelta, ve al Líder en su forma humana, sentado en el suelo de piernas cruzadas y recargado contra la pared trasera de una de las casas. Ambos comparten una mirada y el Jefe de Berk acepta la silenciosa invitación de sentarse a un lado, no es como si tuviera algo mejor que hacer puesto que se había preparado para no dormir en toda la noche debido a los vómitos. Aunque el frío lo hace pensárselo dos veces.

—¿Qué es eso? –Inquiere, ciertamente curioso mientras se abraza a sí mismo. Olvidó cargar con el abrigo pesado, ya casi puede oír a su madre regañándolo cuando se entere.

—Es alguien buscando algo que perdió, –responde el anciano, recargando su codo derecho sobre su rodilla. Encuentra las esmeraldas confundidas de Hiccup cuando se voltea a mirarlo, y suelta una carcajada–. Hay un mito que dice que si buscas algo con fervor, cuando estés cerca de donde se encuentra los Dioses te guiarán hasta él a través de una luz.

Hiccup devolvió la vista al mar, distinguiendo el haz que se extendía más allá de donde él era capaz de percibir. Los mitos son fantasías totalmente, no contienen ninguna verdad; y sin embargo, un escalofrío le recorrió la espalda con rapidez, haciéndole soltar un quejido.

—Así que, muchacho, –continuó el Líder, mirando al mar también–, tienes que prestar atención a los destellos como este de ahora en adelante. –Haddock asintió cuando volvió la mirada hacia él, el anciano viéndolo de reojo. Sonrió–, la luz en medio de la oscuridad no te llevará a la salida.

—¿No es lo que siempre hace? –Se aventuró Hiccup, como siempre curioso y deseoso de conocimiento–, ¿no se supone que te lleva a la paz, a la tranquilidad, al final de la cueva? –Y rio por su propia ocurrencia, avergonzándose un poco de dar la impresión de no estarle tomando seriedad–. Me refiero a que nos dicen que la luz siempre trae cosas buenas, ¿por qué debo cuidarme de ella?

El anciano soltó una sonora risa que le duró varios segundos, lo hizo con su voz de dragón (aquella profunda e imponente) asustando un poco a Haddock por lo repentino. Algunos vecinos se quejaron, y en medio de las voces la respuesta del Seadragonus confundió aún más al Jefe de Berk: —Los rayos son resplandecientes, los rayos también son instantes, muchacho.

Dagur se empuja hacia adelante, cayendo al suelo porque Ruffnut no lo sostuvo a tiempo. Cayó boca abajo, y con una lentitud torpe se da la vuelta y encara la mirada perdida de la chica. Ella lo encuentra y se miran fijamente durante largo rato. Cuando la nieve comienza a caer de nuevo las rodillas de Thorston tocan el lodo y sus brazos se extienden en dirección al Berserker, él niega, retorciéndose ante su toque.

—No, –gime Dagur–, déjame… déjame arrastrarme… –Pero Ruff' lo toma de las muñecas y lo obliga a ceder, dejándole roja la piel. "Lo buscaremos juntos" le dice, antes de permitirle romper en llanto por tercera vez en la noche. Ella lo jala, gritándole que le cruce las manos al cuello porque no puede cargarlo con facilidad. —No, déjame aquí y me arrastraré hasta él. –Pide, con las lágrimas nublándole la vista.

Pero Ruffnut se niega, abofeteándolo con cierta dificultad. —¡Nadie se va a arrastrar! Iremos a buscarlo, ¡y te voy a cargar aunque no quieras!

Comienzan a discutir, gritándose a través del bosque de la pequeña isla en la que aterrizaron, donde le quitaron la armadura al dragón acorazado que robaron y lo dejaron en libertad. Ruffnut logró que Dagur le cruzara los brazos, y avanza con él aferrándolo por la cintura mientras responde a sus insultos; debe admitir que él no luce nada amenazante cuando está llorando y cuando se le corta la voz entre palabras; sigue el camino por el que vio desaparecer a Yra. La nieve ha alcanzado un grosor estorboso para sus pasos cuando llegan al borde de la isla, el Berserker quejándose del frío que le congela la pierna herida y la Hooligan riéndose de él.

Hay un silencio que se extiende a través de ellos, devorando todos los sonidos a su alrededor; por un momento olvidan la nieve, el frío, el dolor, la traición… Porque él está ahí, frente a ellos, controlando el agua de la costa como si fuera una de sus extremidades, flotando sobre ella con gracia, danzando a saltos torpes, envolviendo su cuerpo en ella y curando su destello de blanco, el que se oscurece entre movimientos. Como si tuviera vida propia. Como si fuera la materialización de sus anhelos.

Dagur murmura algo, Ruffnut lo suelta e Yra se detiene, de espaldas a ellos. El Berserker cae al suelo estrepitosamente pero ignora el dolor para arrastrarse por la arena hasta que el dragón llega hasta él y lo obliga a mirarlo tomándole el mentón con una mano. Sus ojos se encuentran por segundos entre una lucha desastrosa, porque el mar se agita con violencia y la Hooligan se lanza a abrazar a Yra con fuerza. Ambos caen al agua riéndose a carcajadas; y Dagur se sienta de piernas cruzadas en la arena… sin sentir dolor, voltea con sorpresa hacia su pierna derecha y la extiende, la toca y no puede creerlo.

—Dragoncito… –Murmura otra vez. Vuelve los ojos hacia los dos que juegan en el mar y sigue sin creerlo. Nota el destello más grande que la primera vez que lo vio y comprende que tal vez sea la última vez que se sienta tan jodido pero tan completo. Tiene todo lo que necesita ahí, frente a él, controlando el agua de la costa como si fuera una de sus extremidades, envolviendo a la chica de Berk entre sus brazos y gritándole que las cosquillas son trampa. Tal vez ambos sobrevivieron tantos años para un momento como éste: en el que Yra le curó la pierna rota con su magia negra a costa de tener él una herida en el pecho mucho mayor a la original. Tal vez su magia en verdad era tan poderosa como para convertirse con el simple resultado de mantenerlo con vida. Tal vez los tres podrían volver a Berk con la frente en alto, Hiccup podría felicitarlo, Hiccup por fin podría estar seguro al depositar su confianza en él porque cumplió su promesa de rescatar a Yra y devolver la espada. Cuando casi pierde la esperanza se puso a llorar de pura tristeza; cuando vio a su esperanza de pie pero alejándose de él lloró de impotencia al pensar en perderlo otra vez; cuando creyó todo perdido lloró. Llorar no es una cosa muy Berserker. Su esperanza de volver, de tener una familia, de sentirse seguro lo miró con esos ojos de pantano, analizándolo por largo rato. Después le sonríe hasta casi cerrar sus ojos… y lo desarma por completo. No hay más barreras ante ellos.

Ruffnut suelta a Yra y él corre hasta Dagur a tropiezos. Se abrazan en el aire, porque el dragón humano se ha lanzado de un salto contra el Berserker, haciéndolo caer de espaldas entre risas tontas. Se encuentran cuando Yra levanta la cabeza y queda a pocos centímetros de la de Dagur. Se sonríen y sueltan otra risa tonta. El exjefe Berserker acaricia los cabellos negros cuando el –todavía- cazador de Drago esconde la cara entre la ropa de su pecho.

—Tengo que ir por la espada, –dice Yra, con la voz ahogada. Dagur frunce los labios–, tenemos que recuperarla como sea, –y se queja cuando el pelirrojo le jala el cabello, pero no se separa.

—No puedes hacerlo, estás herido. –Reclama el Berserker, gruñendo cuando Yra ríe. Le jala el cabello otra vez, logrando que el dragón le muestre la cara: trae el ceño fruncido; y luce tan adorable que no puede evitar estirarse hacia él en un impulso de sus codos hasta–

—¿Podemos…, –interrumpe Ruffnut, gritando a todo pulmón. Ambos se alejan de golpe: Yra salta hasta quedar sentado sobre la cintura de Dagur y se cubre la cara con las manos mientras el pelirrojo deja caer la cabeza al suelo y también se cubre la cara–, irnos de aquí? Me estoy congelando. –Y se abre paso entre ellos, estirando una pierna para pasar encima del Berserker. Se gana una mirada furiosa de él y ríe. Le extiende una mano a Yra y también ríe cuando él la mira con las mejillas enrojecidas y acepta su gesto con torpeza, completamente avergonzado; le ayuda a levantarse y se alejan de Dagur entre sus risas, el dragón encogiéndose en sí mismo por la pena. Caminan bosque adentro y no se sueltan de las manos hasta que el pelirrojo los separa a la fuerza, jadeante porque debió correr para alcanzarlos. Le hace tanta gracia que busca pelea con Dagur y terminan discutiendo, ignorando los gritos de Yra por completo.

Es hasta que escuchan el inconfundible sonido de un cuerno de guerra que se dan cuenta del barco que amenaza la costa a gran velocidad.

—Están furiosos, –suspira Yra. Dagur y Ruffnut lo miran, sorprendidos. Hay un lapso entre el silencio y el rugido por segunda ocasión. —Debo ir, –dice, y el pelirrojo niega, musitando noes que se pierden entre un tercer llamado.

Ruff' aferra al Berserker por la cintura, impidiéndole que toque al dragón, evitando que tengan otro choque que los prive en su propio mundo; ambos la miran, y ella se siente pequeña porque está entre ellos, entre la traición y el agradecimiento, entre la decisión y lo predestinado. No tiene ningún derecho para detener a uno, ni para dejar ir al otro, pero…

—Volveré. –Promete el cazador de Drago.

En el mismo instante en que chasquea los dedos el exjefe de Berserk se libera y se lanza contra su figura envuelta en arena negra.

Pero es tarde.

El mago oscuro ha ido a enfrentar su destino.

Y Dagur cae al suelo envuelto en impotencia. Se toma la cabeza entre las manos y grita. Thorston se encoge en su sitio, abrazándose a sí misma; teme por su vida cuando distingue entre sus lágrimas al Berserker poniéndose de pie.

—¡Lo siento! –dice ella.

—No, –responde él–, no es tu culpa.

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—Dijiste que llegaríamos al mediodía. –Acusa Drago, interrumpiendo al Bewilderbeast. Entra en el camarote del dragón como si fuera propio y se planta en el centro del lugar, cruzándose de brazos. Suena molesto, y lo está.

Cyup ríe, batiendo su largo cabello blanco con elegancia. Atrapa un mechón entre sus dedos corazón y pulgar, y mira a Drago con sonrisa juguetona a ojos entrecerrados. —Llegamos antes, ¿no es eso bueno? Verás a tu bebé pronto. –Cubre los tres pasos de distancia entre el hombre y él, y le pasa la mano derecha por los hombros cuando lo rodea–. Podrás arrebatárselo al malnacido que te lo robó. –Y se aleja, dando saltitos. Da dos vueltas sobre sí mismo, y se detiene cuando el cuerno de guerra suena. Encara a Drago con la misma sonrisa en el rostro.

—No me hace ninguna gracia que delates nuestra posición. –Espeta el Jefe, gruñendo ante el segundo llamado.

—¿Oh? ¿Por qué? –Cuestiona Cyup, fingiendo sorpresa–, ¿Porque podrían esconderlo de ti? –Y ríe cuando un tercer rugido interrumpe las palabras de Drago. —Sólo le estamos avisando a tu bebé que ya es hora, que tiene que regresar a tus brazos… –Y frunce el ceño de pronto, poniendo las manos en jarras y soltando un suspiro de cansancio–. ¿No es así, Yra?

Antes de que Drago siquiera dé un paso en dirección a Cyup, con toda la intención de golpearlo otra vez, una nube de arena se interpone en su camino. Cuando se disipa, el Jefe tiene los ojos abiertos de par en par, e incluso el mismo Bewilderbeast luce genuinamente impresionado. Ambos reconocen la magia negra. Así como reconocen la delgada figura frente a ellos, con las rodillas pegadas al suelo y la respiración agitada; con una herida en el pecho teñida de blanco.

—Tú…, –comenzó Cyup, jadeando con profundidad en un estruendoso sonido. —Tú…, –repitió, retrocediendo con pasos torpes y aferrando una mano al pecho. Miró la espalda de Yra con los ojos desorbitados, después se fijó en Drago que se mantenía en un estado similar al suyo pero menos exagerado. —Te rendiste. –Golpeó contra la pared a sus espaldas, jadeando de nuevo. Se mantuvo en un estado de trance por unos largos minutos. Tiempo en el que Yra se puso de pie con tambaleante esfuerzo y lo encaró. —¡Te dejaste consumir! –Declaró, arrodillándose y sosteniendo su cabeza entre sus manos. Cerró los ojos con fuerza cuando agachó la cara–, eso… quiere decir que toda… toda la magia… –continúo balbuceando, hundiéndose en su desesperación.

—Todavía no, –respondió Yra, con evidente esfuerzo pero con una voz firme–. Por eso estoy aquí, –gruñó, volviendo sus manos puños. Exhaló en un suspiro, cerrando los ojos y avanzando paso a paso hasta quedar a centímetros de distancia de Cyup. —Aún no te devuelvo el favor por hacerme un monstruo, –amenazó, escupiendo las palabras mientras se agachaba pegando sólo una rodilla al suelo. Cyup elevó la vista con lentitud, sus ojos grises agitándose con terror–. ¿Oh, lo recordaste? –Burló, extendiendo su mano como si no fuera su propia extremidad y atrapó la barbilla ajena antes de que el otro pudiera reaccionar. —¿Recordaste lo fácil que fue hundir la espada en mi nuca? –Cyup tembló, total presa pánico cuando los ojos de Yra se fundieron en un negro absoluto–, ¿pensaste que olvidaría que también la clavaste en mi corazón?

—S-Si me… –logró pronunciar el Bewilderbeast, su cuerpo sufriendo espasmos como su propia voz indicaba–, si me matas… n-no habrá… v-vuelta atrás… –Y cerró los ojos, incapaz de soportar la presión por más tiempo. Yra soltó una carcajada, acompañada de una repentina tos. La mano en la barbilla del alfa se alejó y los tosidos se volvieron arcadas.

Cyup se atrevió a abrir los ojos, viendo a Yra pegarse al piso mientras jadeaba, gritaba y gemía; cuando escupió sangre, Drago –quien sospechosamente se había mantenido al margen hasta ahora– se agachó a acunar a su dragón preferido: lo tomó entre sus brazos y le pegó la cabeza contra su pecho, murmurando cosas que el alfa no quiso entender. Todo este tiempo estuvo cediendo ante un rey que jamás tuvo trono. Todo este tiempo estuvo luchando a ciegas, dejándose vencer a propósito para darle seguridad a un ser muchísimo más débil, más frágil que él mismo. Todo este tiempo y sus únicas victorias se resumían a intentos tontos por apoderarse de lo que le fue arrebatado. Él nació en este mundo, él se crio en base a golpes, humillaciones, sufrimientos constantes, ¿por qué una cría cualquiera merecía más que él, quien luchó toda su vida por la aprobación de un hombre que sólo lo veía como un monstruo y como un arma? ¿Por qué debía inclinarse ante un Night Fury que había sido abandonado por los suyos, que incluso su propia especie había abandonado? Un dragón que no vuela es una maldición. —Te lo dije, –gritó, sorprendiéndose incluso de su propia voz consistente. Puso las palmas contra el suelo y se puso de pie de un salto. —Te advertí sobre él. –Dijo, enfrentando los ojos revueltos en furia de Bludvist–, ¡te dije que se habían deshecho de él por una razón, pero no escuchaste! –Vio a Yra buscar consuelo entre los brazos de su padre, el que cedió con cariño, afianzando el abrazo. A Cyup se le revolvió el estómago, y enfrentó su destino aprovechando su repentina revelación de valor. Si moría hoy, no tendría que cumplir una condena de arrepentimientos. —¡Y sigues sin escuchar!

Y firmó el pacto de sangre que lo condenaba a una vida peor de la que ya llevaba, pero no fue la suya ni la de Yra la que corrió a través del suelo oscilante del camarote.

Fue la de Drago, el que se abandonó a la muerte con tal de salvar a su dragón preferido. "Tómame a mí, llévate mi alma" le había susurrado a Yra cuando apenas lo abrazó, "pero tienes que continuar, tienes que cumplir tu promesa", y buscó tranquilizarlo cuando éste se negó, "cumplí mi parte del trato, tienes que vivir para cumplir la tuya"; cuando Cyup comenzó a gritar, ninguno de los dos susurró nada, hasta que el recuerdo del fatídico día en que se conocieron fue traído a la fuerza. "Lo harás, naciste para eso". Y no se quejó cuando la magia negra de Yra envolvió su corazón y lo estrujó hasta robar toda su esencia. No gritó cuando la arena convertida en cuchillas atravesó su cuerpo, bebiendo la mayor cantidad de sangre posible de su cuerpo.

Entonces Cyup comenzó a retorcerse porque la magia que poseía era la magia de Yra, la magia que la espada robada le había otorgado al Night Fury por medio de la herida en su nuca dibujada con el metal mágico. Ahora estaba corrompida. La que una vez salvara a un héroe de leyenda, y que tras el paso de los años salvó a dos héroes, ahora se teñía de negro corrompida a causa de utilizarla en un objetivo para el que no fue forjada. Los granos de arena se unieron más allá de sus límites físicos y formaron una masa espesa, aparentemente pesada, que abandonó el cuerpo de ambos portadores antes de perderse en una esquina de la habitación.

El dragón y el humano le siguieron la pista con especial atención.

La espada estaba ahí.

Así que se lanzaron hacia ella, saltando desde sus lugares. Yra soltó el cuerpo inerte de Drago (porque aún no estaba listo para nombrarlo "cadáver") y detuvo a Cyup tomándolo por un tobillo, lo jaló provocando que el otro lo pateará pero no cedió, avanzando con el impulso de sus propias piernas mientras seguía intentando retrasar al Bewilderbeast. El destello del metal les nubló la vista por un momento, y su pelea de niños se intensificó, derivando en patadas y manotazos acompañados de gruñidos y quejidos.

Un estruendo terrible le siguió al golpe que los hizo volar contra la pared de enfrente. Los pequeños muebles que había en el lugar viajaron con ellos, y ambos tuvieron que moverse como sabandijas para esquivarlos. La espada quedó a vista de los dos, yaciendo frente a ambos, cerca del cuerpo de Drago.

La voz volvió a su cabeza, diciéndole a Yra que debía cumplir su promesa, que debía cumplir su parte del trato, que debía vivir para lograrlo. Que era su destino, que había nacido para eso. La marca en su nuca, los ojos verdes de Dagur, la sonrisa de Hiccup, el aroma de su hermano. Todo significaba una sola cosa: había nacido para esto.

En un último impulso, en un instante de fuerza, de voluntad, de seguridad, de confianza en sí mismo y en lo que lograría aun si fuera lo único por lo que viviera, clamó a la magia antigua que poseían los dragones por el simple hecho de serlo. Los Night Fury habían sido los únicos que sin necesidad de estudiarla la practicaban, los únicos que podían usarla a voluntad y sin límite alguno.

-Blitz, Larm, Svikt, -pronunció con cuidado, con el mismo acento de su hermano. Extendió la mano derecha en dirección a la espada-. Que el cielo resplandezca con el rayo que iniciará el incendio. –Invocó, cerrando los ojos y gritando por el escalofrío profundo que recorrió su cuerpo debido al impulso de su inherente magia. Evocó a sus padres con la misma rapidez que los olvidó. La espada viajó hasta su mano y su propio cuerpo se deslizó hasta alcanzar el cadáver de Drago. La espesa magia comenzó a envolverlos antes de que los gritos de Cyup comenzaran, pero Yra alcanzó a escuchar uno, sólo uno, el que bastó para que su sangre se helara por completo.

"¡Ella lo sabrá!".

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Dagur se había quedado en la orilla entre el bosque y la playa, veía al barco acercarse a gran velocidad y especulaba sobre si llegaría a prenderse en llamas o si simplemente se detendría y hundiría. Claramente, no consideró que la enorme estructura continuaría su camino incluso tocando tierra. Se asustó cuando la proa pareció amenazarlo, pero el barco se detuvo a medio camino, obligado a parar por la cantidad de arena que se amontonó en su base.

Una vez salió de su aturdimiento, corrió en dirección al lugar de los hechos, llamando a gritos al hechicero. Y como si lo hubiera invocado, frente a él una bola negra apareció y fue haciéndose más grande y traslúcida hasta que distinguió la figura de Yra, que abrazaba un cuerpo muchísimo más grande que el suyo.

Se dejó caer de rodillas frente al dragón, ofreciendo sus brazos y llamándolo con suavidad.

Yra soltó a Drago y se lanzó contra el Berserker, rompiendo en un escandaloso llanto, como si fuera un niño pequeño.

Ruffnut llegó corriendo, atraída por el ruido y los gritos de Dagur. Caminó hasta ellos, pero los rodeó hasta identificar el cuerpo de Bludvist, soltando un jadeo de impresión cuando se agachó frente a él y comprobó que no era más que un cadáver. No hizo ni dijo nada más. Se tumbó en la arena, contemplando el cielo nublado esclareciéndose.

El dragón lloró hasta que el sol despejó un poco las nubes, hasta que los ronquidos de Ruffnut fueron más ruidosos que sus sollozos. Rio cuando la chica balbuceó algo entre sueños, y Dagur lo separó un poco de sí mismo para mirarlo a los ojos. Le devolvió la mirada, dedicándole una sonrisa. —Gracias, –le dijo, poniéndose nervioso por la insistente mirada del Berserker, el que le limpió las lágrimas de sus mejillas con los pulgares. Se miraron durante un largo rato, hasta que un grito de mujer los devolvió a la tierra.

—¡Iban a besarse otra vez!

—¡Claro que no! –Respondieron los dos al mismo tiempo, Yra cubriéndose la boca después y enrojeciendo hasta las orejas. Dagur soltó al dragón, amenazando de muerte a la Hooligan y luego la correteó por toda la costa entre las risas de ella.

Era imposible que fueran a besarse. No sentían nada especial el uno por el otro.

Dagur era un Berserker, y su rapto había sido mero capricho de Yra para distraer a Drago de tomar venganza. Admitía que tenía cierta curiosidad por saber si realmente podría transformarse físicamente en un hombre lobo, o si sólo era parte de un estado mental. Admitía sentirse atraído hacia la historia de vida del hombre puesto que era similar a la suya en muchísimos aspectos: en cierto momento de su vida, su familia también lo consideró un traidor, un asesino, un monstruo y después lo abandonó.

Yra, junto con la espada, eran los trofeos que Dagur debía ofrecer a Hiccup para ganarse su confianza, para ganarse un lugar en el grupo, para tener una familia a la cual pertenecer y a la cual estar seguro de volver sin problemas. Yra significaba su esperanza, la prueba que necesitaba para convencerse a sí mismo y convencer a los demás de que otra vida es posible, de que él podía cambiar y ser un hombre de bien, aprendiendo de su pasado.

Dagur persiguió a Ruffnut hasta que sus estómagos rugieron de hambre, entonces volvieron sobre sus pasos entre empujones infantiles y risas burlonas. Encontraron a Yra despidiendo el cuerpo de Drago con el mejor funeral que pudo preparar él solo, y se mantuvieron al margen pues no encontraron arcos con los que apoyar la causa. Cuando acabó, y el dragón se volvió hacia ellos descubriéndolos con sorpresa, Thorston propuso buscar comida en lo que quedaba del barco. Yra se negó, disculpándose con ellos. Dagur y Ruff' se miraron, se encogieron en hombros e hicieron una pequeña carrera hasta su destino, trepando con facilidad la madera resquebrajada hasta la cubierta.

El excazador de Drago los miró hasta que los perdió, y entonces se tiró en la arena a llorar otra vez.

¡Los había matado a todos! No sólo a Drago.
Absorbió las esencias de toda la tripulación, de todos los dragones.
Consumió todo lo que se encontraba cerca de él.
Era una magia inmensa, tan poderosa que si la descuidaba aunque fuera un poco el descontrol podría causar enormes estragos.
Estaba condenado, ni siquiera una purificación intensa lo salvaría de esto.
Sumado a eso que Cyup había huido, aunque con el rabo entre las patas, devuelta con su señora.
Blitz iba a matarlo en cuanto se enterara.
Larm iba a matarlo también.
Larm… ¿Cómo estaría? ¿Habría sobrevivido?
Hiccup, ¿qué pensaría de él? ¿Qué le diría cuando se enterara de la magia de la leyenda ahora era magia oscura, devoradora de almas?
¿Dagur seguiría confiando en él?… No, ¿qué?

—He visto esto antes. –Y la voz profunda del Berserker le hizo pegar un brinco. Se raspó las rodillas contra la arena y se quejó del dolor, pero no dijo nada, limitándose a mirar la expresión seria del hombre lobo–. Lo vi la misma noche que mi padre desapareció, –oh, así que de eso hablaba–, la magia negra convierte en carbón a los que son consumidos sin desearlo.

¿Dagur seguiría confiando en él?

—Eres un hechicero oscuro, ¿cierto? –Continuó ante la falta de respuesta por parte de Yra.

Los pantanos se enfrentaron a los prados y había suficiente terror en los primeros que Dagur suspiró, tranquilizándose.

—¿Qué necesitas para volver a la normalidad? ¿Purificación? ¿Será suficiente?

Como si se estuviera respondiendo solo, el Berserker se sumió en un monólogo intenso, sopesando las posibilidades que él conocía y las que desconocía considerando el mejor camino posible a tomar.

—Hiccup…, –respondió Yra, nervioso ante la severa mirada del contrario–, debe convertirse en el Maestro de Dragones, así nos otorgarán una purificación, –porque soy el hechicero al servicio de la espada, pero eso no lo dijo.

—¿Quién decide eso?

La pregunta que siempre temió. Evocar a dragones, quienes lo quisieron muerto, quienes intentaron matarlo de tantas formas, no era precisamente su actividad favorita.

—El Consejo de Dragones… en el Norte, en la isla de los verdaderos Gigantes Dragones.

Entonces, contra todos sus pronósticos, Dagur se agachó frente a él y lo abrazó con una ternura que lo derritió. Correspondió el gesto, dejándose hacer cuando el Berserker lo levantó para sentarlo sobre sus rodillas.

—De acuerdo, iremos para allá, con Hiccup. –Concilió el pelirrojo, acariciando los cabellos negros con calma. Yra le devolvió una mirada sorprendida–. Todo estará bien, voy a protegerte de lo que sea.

Y su sonrisa apaciguó los temores del dragón pero sólo un poco. Porque Dagur no sabía que ese "lo que sea" involucraba una generación entera de dragones necios y arraigados a costumbres tan antiguas que todo lo que consideraban diferente ordenaban destruirlo. Tampoco sabía que había una dragona en específico que no sólo buscaba la muerte y destrucción del menor de sus hermanos, sino que la dominación total de todos aquellos dragones necios.

Blitz, Larm, Svikt: que el cielo resplandezca con el rayo que iniciará el incendio.

Hiccup se mantuvo pensándolo por largo rato, analizando lo que quiso decir el Líder, parte por parte, palabra por palabra, rememoró la conversación tantas veces que fue capaz de recitar cada diálogo con increíble facilidad. El Líder se había levantado del suelo y se había ido a dormir desde hace… pudieron ser horas, no estaba completamente seguro. Tampoco estaba seguro de haber descubierto la respuesta. "Los rayos son instantes", ¿qué demonios significaba eso?

Un rugido agudo, más similar a un graznido, le hizo voltear a su derecha, descubriendo a Stormfly mirándolo con atención, le sonrió a la dragona y le hizo un gesto con la mano para que se acercara, pero ella se alejó corriendo, subiendo la cuesta que llevaba al centro de la aldea. La siguió a tropiezos al salir de su impresión post-revelación. ¡Habían regresado! ¡Por fin! Astrid, Yra, Dagur, Eret, Heather, Fishlegs, Snotlout, los mellizos, los dragones también. No supo en qué momento había roto a llorar, pero las emociones lo dominaban con facilidad cuando no tenía un enorme dragón negro a su lado. Cuando llegó a la pequeña reunión, abriéndose paso entre la multitud que se había cerrado en torno al círculo de los recién llegados, una desilusión imposible se apoderó de él. Debía estar feliz, contento, jubiloso, extasiado por tenerlos de vuelta; pero por alguna extraña razón, el hecho de que dos pares de ojos verdes –tan similares entre sí– y el brillo de una espada desconocida no le cegaran la vista, lo sumía en una profunda tristeza.

Su prometida se lanzó a sus brazos y él correspondió el gesto sin muchos ánimos. Rodeó la delgada cintura de Astrid mientras escondía su cara entre el cuello y hombro de la mujer. No prestó atención a las voces que se elevaban entre las diversas conversaciones que los rodeaban, ni siquiera escuchó lo que Hofferson le susurró especialmente al oído. Nada. No hubo nada. Más que sus ojos elevándose en busca del excazador, encontrándolo con una expresión similar a la que él mismo debía tener. Eret lo miró devuelta, y sus ojos dijeron tantas cosas que no quiso ni se esforzó por entender. Entonces el hombre negó y Hiccup pudo nombrar ese extraño sentimiento de vacío como "decepción". Decepción porque las cosas no habían resultado como él hubo esperado, decepción porque la misión no estaba cumplida en el plazo en que él había ordenado. Trató de ignorar con todas sus fuerzas la 'otra' decepción que ansiaba tomar forma, que ansiaba tener nombre, aquella que venía con una vocecita insidiosa que lo llamaba "crédulo" cada que la evocaba por error. Dagur no lo había traicionado, de eso estaba seguro. Había tenido razón en confiar en él, en otorgarle el poder sobre su más preciado tesoro; porque sin Yra, Toothless no volvería a la normalidad.

Dagur ya no era sinónimo de traición, de eso estaba seguro. Dagur era confiable, Dagur no era más un embustero.

«No, no lo es, y dice que le hiere que pienses eso de él».

Hiccup salta, alejándose de golpe de Astrid, quien lo mira confundida.

—Yra…, –gime, provocando una risa burlona que sólo escucha dentro de su cabeza.

«Envía un dragón que soporte tres personas, sólo tócalo y él sabrá adónde ir».

—No, él no está, Hiccup…, nosotros… nos separamos de él y lo perdimos, –murmura Hofferson con la voz ronca, cansada; se cubre la cara con las manos y sus sollozos se elevan más de lo que le gustaría–, lo siento tanto…

Haddock la atrae contra su cuerpo para darle consuelo, pero la verdad es que no prestó atención a lo que dijo, por estar pensando en la respuesta que devolvió: «¿sólo uno?».

«Sí, sólo uno».

Y los verdes bosques se cruzaron con unos enormes ojos.

Cloudjumper le devolvía la mirada, con la cabeza ladeada. Parpadeó una vez y entonces aleteó hasta quedar encima de ellos.

Hiccup se separó de Astrid, retrocediendo dos pasos para alcanzar la nariz del dragón que esperaba atento por una orden.

Valka le gritó a su dragón una vez que éste se alejó poco a poco de la isla con aleteos preciosos. Después se perdió entre las nubes de tormenta y nadie lo vio de nuevo.

—¿Qué fue eso? –Preguntaron Valka y Astrid al mismo tiempo, haciendo reír al Jefe de Berk.

—Fue magia, –respondió, ganándose las miradas furiosas de las dos y una risita de parte de Eret. «No lo hostigues tanto o huirá», advirtió, sonriendo con calma. Su madre y su novia mantenían una mirada acusadora sobre él, y aun sabiéndolo miró al excazador y le obsequió una tranquilizante asentida con la cabeza, consciente de que aquel sujeto comprendía muchísimo más de lo que se atrevía a expresar en voz alta. Pudo ver el alivio en los hombros tensos del hombre y él mismo se permitió saborear el sentimiento también.

«Soy un cazador, que no se te olvide».

Riendo a carcajadas, tomó a su novia por la cintura y le plantó un beso en los labios que le costaron una bofetada y un reclamo, pero también un beso de reconciliación.

No estaba seguro de qué esperar a partir de ahora, pero necesitaba un descanso.

El haz de luz que entraba a su casa desapareció de pronto.

Y eso no hizo más que ponerlo intranquilo, ya que aún no había descifrado lo que el Líder quiso decirle.

"Los rayos resplandecen".
"Los rayos son instantes".
"Presta atención a los destellos".
Los rayos iluminan el cielo, los rayos caen a la tierra, los rayos comienzan incendios… El cielo resplandece, el rayo cae, el fuego nace… Destello, rayo, fuego…
"La cría maldita del rayo y la muerte misma".
"Un dragón derribado es un dragón muerto".
"Presta atención a los destellos".
Hay un instante en que el cielo se ilumina cuando hay tormenta. Los Night Fury son veloces como un rayo, hacen un ruido peculiar cuando sus alas cortan el viento y disparan plasma estremeciendo todo con un gran estruendo. El fuego nace intencionalmente o debido a un error, a algo que salió mal, una falla… Destello, estruendo, error…
Destello, estruendo, falla…
Imposible de entender.


Este capítulo fue difícil.
Una de sus razones, y la de mayor peso y que es la que más problemas me causó, fue la escena de la pelea/muerte de Drago.
Entenderán que todavía soy amateur en esto, por lo que me costó bastante encontrarme a mí misma escribiendo una pelea; al final, este fue el resultado.
Lo lamento si decepcionó xD

Hay muchísimas cosas que resaltar.
La confusión de los sentimientos de Dagur e Yra, el sacrificio de Drago, la magia negra que devora almas, la introducción del nuevo villano con eso de los destellos.

Hago esto, como dejar cosas aparentemente al azar y sueltas por ahí, porque me encanta cuando en una historia yo misma descubro o formulo teorías, así que, como escritora me gusta poner a pensar al lector.
Aparte, como han podido darse cuenta, he ido modificando mi estilo desde el cap anterior, tratando de que sea menos engorroso y que ustedes puedan llevarle el ritmo más fácil.

Me gustaría saber su opinión, sus impresiones sobre este capítulo y sobre lo que creen que vendrá a continuación.
Muchísimas gracias por leer.

Los amo~