Heimi Song despertó cuando la noche aun refrescaba las precarias habitaciones de los Hami. Prefería dormir apenas con unos pantalones delgados de seda para cubrir su cicatriz. "La prueba de fuego" había escuchado que le llamaban los areneros. Sí esa había sido en verdad una prueba de algún espíritu era una prueba cruel.
En el mismo cuarto dormía la pequeña Tai Jun dormía a unos metros de ella. La aprendíz se preocupaba por escuchar cualquier cosa que Heimi Song tuviera que decirle. Song simplemente no podía creer que ningún medico jamás se hubiera acercado a ese pueblo y que hubieran sobrevivido tanto tiempo.
"El secreto es el alimento de nuestra existencia. Si muchas personas mas allá del desierto se enteran de nuestra existencia nuestros días pueden estar contados" Le contesto un día un guardia que cedió a sus constantes preguntas "Hay mas sobre nosotros que lo que puedes mirar" Song no entendió a que se refería hasta que un día de paseo por uno de los pozos encontró los restos de varios deslizadores de arena. En uno de ellos había una especie de escritura runica, la enfermera no pudo descifrarlo pero lo copió y lo llevo en secreto a Tai Jun.
-El fuego prevalece en poder solitario.-Tradujo lentamente la niña. Podía leer como todos los chicos en el pueblo. Por lo visto por toda la falta de salubridad la educación tenía aquí mayor importancia que en todo el Reino Tierra.-El lodo se ofrece a los polos, y también a los resistentes pobladores del mundo. La arena Igual le pertenece a mas de uno para adorarla, para vivir de ella, para defenderse.-La chica hizo una pausa confusa.-Eso es todo lo que dice Heimi Song.-Terminó la chiquilla con un tono amable. No le costo mucho a Song entender que los areneros no comprendían el significado de esas palabras, eran un acertijo para el pueblo como lo eran para la chica. Por mera tradición las colocaban en los deslizadores, no por creencia.
Song por supuesto no entendió exactamente a que se refería el escrito. Sonrió amablemente y siguió impartiendo clases a la niña sobre las hierbas. Con la mente hábil de la pequeña en un mes mas Song tendría a su heredera y probablemente podría continuar su camino. Aunque no sabía que camino era ese. Ese extraño acertijo solo le había creado curiosidad por retar al Espíritu del Desierto y buscar el templo 100 veces enterrado.
-Termu entierra el templo cada vez, y se pierden vidas con esto. Pero siempre vuelve a la existencia porque Termu desea mas vidas y así es como las obtiene. El chantaje de la sabiduría funciona bien con los hombres. Termu se alimenta de esa sed y solo aquel que no busque sabiduría en la sabiduría se salvara.-Esa oración había inquietado a Song desde que la escucho por primera vez al amanecer del tercer día entre los areneros. Luego se volvió un rezo cotidiano.
Termu era un Dios del desierto. Heimi Song iría a buscarle como mensajera de los Hami. Quizá como enviada de los cuatro pueblos Sune.
Sokka jamás había derramado sangre hasta ese día. Se sintió desesperado y un poco vulgar cuando comenzó sus ataques. Pero cuando llego a los niveles bajos de la nave empezó a entender el camino del guerrero.
-La guerra es provincia de los fuertes y solo de los fuertes.-Se repetía cada vez que sentía que su estomago se revolvía con el sonido del hierro hundido o la sensación de la piel y las viseras reventando por acción de su poderosa estocada silenciosa.
El área de celdas estaba frente a el. Acurrucado en las sombras se preguntó cual era el plan de acción ahora. Preocupado en llegar a donde Suki, no había contemplado las necesarias preparaciones para sacarla de allí.
Las guerreras Kyoshi no portaban ya todo el atuendo ritual de la isla. Sokka les había convencido por un traje elegante, mas ligero y menos estorboso. Además en color negro les hacía difíciles de hallar en una oscura noche. Los soldados fuego que llegaron a buscarlas habían caido sin oportunidad siquiera de herirlas. Las chicas se miraban a los ojos perdidos en sombras deseando haber podido resistir de esa manera a Azula. Era su culpa que la capital hubiera caído. Rim la mas joven de ellas tenía una visión en la que una joven morena provocaba la caída de la ciudad al entregar en ignorancia a un defensor al gran dragón azul. El dragón azul le corrompía y lo forzaba a arrasar la ciudad en fuego con el. Aquel sueño se repetía cada noche desde que dejaron la ciudad de las murallas y secretos. Rim no podía entenderlo. Sus compañeras tampoco. Así que guardaban silencio sobre aquella premonición o presentimiento.
La respuesta del Avatar había alegrado a Ty Lee sobremanera. Y el mismo Aang había recibido esperanza en el relato de la chica. Algunos Airbenders, al menos la sangre de estos se había escondido en las cuatro naciones. Quizá solo la acróbata tuviera el espíritu y la habilidad para volverse maestra aire en esa generación; pero pronto Aang hallaría a los mas chicos, en cuanto la guerra terminara. Ty Lee se había controlado frente a Iroh y Aang mostrando solo un ritual agradecimiento; con Zuko de cualquier manera los limites eran un poco mas amplios. Empezó por abrazarlo y contarle lo iluminada que sentía su aura.
Zuko solo sonrió. Ty Lee era demasiada luz para el maestro fuego. No sabía como podía mantener esa actitud tras haber crecido en la perversa corte real de la Nación de Fuego. "Se debe a su linaje" se dijo a si mismo.
Todas sus palabras Ty Lee procuraba guardarlas para ella y Zuko, a manera que el Avatar no la creyera demasiado contenta con el "Probaremos la sangre en tus venas y la habilidad en tu espíritu" Esa era una confirmación para la cirquera.
-Imagina Zuko!.-Le decía casi al oído.-Pronto tendrás que perseguirme a mi, pues seré la última maestra aire. Quiero decir el Avatar es el Avatar el es maestro de los cuatro elementos, pero yo seré la última maestra aire como tal.-La sonrisa en el rostro de la chica se contagiaba a Zuko que seguía lleno de dudas.
-Perseguirte puede resultar una tarea interesante.-Dijo Zuko casi queriendo seguir el juego de la chica, como si un ser completamente diferente se hubiera apoderado de el.
La sonrisa de Ty Lee de pronto no le pareció tan inocente, sus movimientos aun menos. El beso que siguió, la manera en que los dos sintieron una sincronia en el. Todo eso le pareció a Zuko una mala broma del destino.
Dormir en la misma tienda que la chica no estaría bien visto en ninguna nación. No se suponía que Zuko debiera resistir semejante tentación. El mismo no quería hacerlo, y la castaña frente a el no parecía muy dispuesta a seguir los cánones de la realeza (Quizá porque ambos sabían que eran tan falsos como las nobles razones de la guerra) Zuko continuo el beso y empujo a Ty Lee a la colchoneta sobre la que el dormía. Una vez recostada empezó a remover sus ropas, la acróbata moviéndose inexplicablemente acabo sobre el y en el proceso removió su camisa y pantalón. Los dos sonrieron y continuaron los besos y caricias. Aquella guerra no les dejaría muchas alegrías, y siendo realistas quizá no les dejaría con vida al final. Había que aprovechar aquella noche. Ty Lee se entrego a Zuko con pasión y desenfreno, el mañana literalmente no existía.
La noche golpeaba fuerte en la capital del Reino Tierra. Jin abrió los ojos por primera vez en dos días. Se sintió extraña del lugar en que se encontraba. Le era familiar y al mismo tiempo le parecía un dibujo rayoneado y con tinta encima. Lo mismo podía decir del chico que estaba acurrucado en la ventana. No era común pero en ese preciso momento Jin se sintió como si acabara de llegar al mundo. Solo un dolor de cabeza permanecía de lo que ella era, había sido o quizá aun era.
-Quien soy yo?-Se había sorprendido de decir. Jin conservaba su lenguaje aunque no tenía rastros de cómo lo había adquirido.-Sirvo al Rey Tierra y protejo los intereses de la gran Ba Sing Se.-La voz había cambiado a un tono mas frío.
Jet apenas y había volteado a verla.
-Voy a liberar a Katara. Ella podra devolverte a este mundo Jin.-Le dijo planamente. Jin pudo notar algo en sus palabras. Pero no podía decir exactamente que palabra refería ese sentimiento.
-Jin…-Dijo la chica suavemente.-Jin…Vendedora de ceras e inciensos en Ba sing Se…Harima…Tu no eres Harima…Yo soy Jin?-Aquellas frases apenas hiladas dibujaron una sonrisa en el guerrillero que ya casi estaba recuperado.
-Harima fue a la guerra Jin. Me pidió que te cuidara y planeo cumplir mi promesa.-Le dijo y se levanto. Le tendió la mano para que se levantara. Jet estaba presenciando nada menos que un milagro.
-Ver la vida en el fuego y no la muerte.-Agrego Jin sacando a Jet de su concentración.
-Trataremos de hacerlo Jin.
