Capitulo 9

Visita al Valle de Godric

Luego de la primera impresión por la noticia del nombramiento de Dolores Umbridge como Ministra de la Magia, decidieron que era mucho mejor concentrarse en lo realmente importante, para ellos, en ese minuto.

Con muchas protestas por parte de la señora Weasley, finalmente Harry y Ari salieron alrededor de las siete de la tarde de "La Madriguera", cubiertos por sus capas invisibles, para alejarse lo suficiente de la casa para utilizar la desaparición conjunta. Por supuesto no le dijeron a la matriarca de los Weasley el verdadero motivo por el que se dirigían al valle de Godric, sino que se excusaron diciendo que Harry quería visitar la tumba de sus padres, y la casa donde había vivido con ellos.

Ante este comentario, y con los ojos llenos de lágrimas, la señora Weasley no pudo seguir oponiéndose al viaje, pero no los dejó salir sin hacerles una serie de recomendaciones.

Cuando finalmente Harry y Ari estuvieron en el valle de Godric, el primer lugar al que se dirigieron fue a la casa de los Dumbledore, donde una vez dentro se deshicieron de las capas de invisibilidad. Pero como Ari no quería correr riesgos obligó a Harry a beber la poción multijugos, convirtiéndose este en un chico, algo más alto que el propio Harry, de cabellos castaños, y un poco más gordito, o sea, igual que uno de los jóvenes que vivía en el pueblo cercano a "La Madriguera".

Cuando Harry vio la casa de Dumbledore se sorprendió un poco. No sabía realmente que esperar respecto a ella, pero por las casas de magos que había visto anteriormente esperaba, quizás, algo más espectacular, pero la casa a simple vista era completamente normal. No tenía formas extrañas, como "La Madriguera", por ejemplo, y era vista por cualquiera. Incluso tenía un jardín.

Por dentro si podía notarse que la casa pertenecía a un mago. Pudo ver algunos artefactos muy similares a los que Dumbledore tenía en su oficina en Hogwarts. En una de las habitaciones, que Harry ya conocía por haberla visto en el pensadero del anciano director, notó algunos cambios, aparte de la pared llena de libros que había visto en el pensadero, se encontraba otra de las paredes también cubierta de libros, el escritorio color caoba, la mesa redonda en un rincón, con un ajedrez mágico sobre ella, había sido movida solo un poco para dar espacio a los libros, y seguían los dos cómodos sillones frente al escritorio. Había un cuadro junto a la puerta de entrada y algunas fotografías sobre el escritorio, en las que aparecían Ari, sus padres y Dumbledore.

- No he querido mover nada de lugar – dijo Ari, observando la habitación -. Todo está como lo dejó mi abuelo. Las cosas que he revisado, luego las he puesto en el mismo lugar… es una tontería, pero siento que en cualquier momento él volverá y le gustaría encontrar todo como él lo dejó, como si nunca se hubiese marchado. Es completamente absurdo, ya que sé que él está muerto y que no va a regresar, pero…

A pesar de lo extraño que sonaba, Harry entendía. El tuvo la esperanza por mucho tiempo de ver de regreso a Sirius, así que comprendía perfectamente lo que su prima estaba sintiendo.

Luego fueron a la habitación de Ari, la más iluminada de toda la casa. Estaba amoblada con una cama, un baúl a los pies de ésta, un gran closet, la mesita de noche y un estante lleno de libros.

La joven tenía algunas fotografías sobre la mesita de noche, en donde aparecían ella y Dumbledore. También había fotografías de chicos con el uniforme de Beauxbatons, por lo que Harry supuso que serían compañeros y amigos de su antiguo colegio. Una de las fotografías llamó su atención, en ella aparecía Ari, abrasada con un chico que se veía algo mayor que ella, él llevaba puesto un uniforme de quidditch.

- ¿Es tu novio? – preguntó Harry, señalando la fotografía.

Ari miró la fotografía y sonrió.

- No, él es solo un amigo. Estábamos juntos en el equipo de quidditch, él era el capitán, un cazador. Esa fotografía fue tomada en su último año en Beauxbatons, él era dos años mayor que yo.

- ¿¡Juegas al quidditch!? – preguntó Harry sorprendido.

- ¿No te lo había comentado? Juraría que te lo había dicho.

Harry negó con la cabeza, y preguntó:

- ¿En que posición juegas?

- La misma que tú, buscadora, pero también he sido cazadora. Empecé en el equipo como cazadora, cuando el buscador se fue, yo tomé su lugar – contestó Ari sosteniendo la fotografía en sus manos y observándola. – El fue mi mejor amigo en Beauxbatons, también es inglés, su nombre es Sean Morgan. Pero ya hace algún tiempo que no lo veo.

La joven volvió a poner la fotografía en la mesita de noche.

- Bien, lo mejor será ir a visitar a Bathilda, luego iremos al cementerio a visitar la tumba de tus padres si así lo deseas – dijo Ari.

- Si, en realidad me gustaría.

***

Minutos después, los dos jóvenes estaban tocando la puerta de la casa de la anciana historiadora.

Un pequeño elfo domestico les abrió la puerta.

- ¿En que puedo ayudarlos? – preguntó la pequeña criatura, de una forma muy cortés.

- Deseamos ver a la Señorita Bathilda, por favor – contestó Ari.

- ¿A quien anunció?

- Arianna Dumbledore.

Luego de unos minutos los dos jóvenes estaban reunidos con la anciana en la sala de la casa.

La anciana que estaba sentada en un sillón frente a los jóvenes tenía el cabello blanco, la piel apergaminada y se notaba que estaba algo encorvada por la edad. A pesar de ser verano, un grueso chal cubría sus piernas.

- Arianna, que gusto verte – dijo la anciana - ¿Quién es el joven que te acompaña?

- Para mi también es un gusto verla, Bathilda – dijo la joven, señalando a Harry agregó – El es un amigo, su nombre es Terry Sanders.

- Un gusto conocerlo jovencito, una anciana como yo ya no recibe muchas visitas, así que me alegra que estén aquí. Tomen asiento, muchachos.

- Gracias – dijeron ambos, tomando asiento en el sofá frente a la anciana.

El elfo doméstico que estaba de pie junto a ellos les sirvió una taza de té a cada uno.

- Gracias Gradcher, puedes retirarte. – dijo Bathilda, dirigiéndose al elfo, quien luego de hacer una reverencia se retiró del salón.

- Bathilda, hace algunos días recibí un mensaje de su parte en el que me decía que tenía información acerca de unas indagaciones que estuvo haciendo mi abuelo hace algunos meses, ¿lo recuerda?

- Claro que lo recuerdo, jovencita, tu abuelo me estuvo preguntando sobre reliquias de los fundadores de Hogwarts, y donde encontrarlas – contesto la anciana.

Los primos se miraron con algo de esperanza en sus ojos.

- Cuando Dumbledore me visitó yo no estaba muy bien, así que no le fui de mucha ayuda. Pero hace algunos días estuve pensando en sus preguntas y algo vino a mi mente. Soy ya una anciana, y hay cosas que no recuerdo con claridad, lo cual es una verdadera lastima, escribir sobre el pasado y la historia era mi pasión, y ya no puedo hacerlo… - la anciana se perdió por un momento en sus pensamientos.

Harry se removió impaciente en su asiento, Ari solo la observaba esperando que continuara.

- Pero al parecer esta información era muy importante para él, - dijo la anciana volviendo a la realidad nuevamente - y como me pidió que si recordaba algo, se lo informara a él, a ti, o al joven Harry Potter, decidí comunicarme contigo, ya que estas más cerca, pues no sabría como comunicarme con el joven Potter.

- ¿Y que es aquello que recordó, Bathilda? – preguntó Ari.

- Bueno, se trata de algo que ocurrió hace mucho tiempo. Yo me encontraba en Bulgaria, de vacaciones, pero ustedes saben, una historiadora nunca puede evitar la tentación de descubrir cosas nuevas, así que fui de visita a la biblioteca ya que me entere de que había sido entregada de forma anónima toda una colección de libros antiguos, manuscritos y diarios, pero estos solo podían verse si se requerían para estudios o cosas así. Como yo ya era algo conocida no pusieron ningún problema en que revisara los manuscritos. Descubrí muchas cosas interesantes…, pero no están aquí para enterarse de ese tipo de cosas, y ya es un poco tarde...

Harry y Ari se miraron sonriendo.

La anciana pareció perdida en sus pensamientos por casi un minuto, tiempo que los jóvenes respetaron. Luego pareció recordar que tenía visitas y prosiguió.

- Como les decía, entre los papeles que revisé, encontré un diario que pertenecía a una descendiente de Rowena Ravenclaw, su nombre era Lucinda Cappar. Al parecer para ella era muy importante este parentesco con la fundadora de Hogwarts, porque lo menciona en varias ocasiones.

Bathilda bebió un poco de su té, que estaba ya frio a estas alturas, hizo una mueca de disgusto y continuó.

- Menciona también los nombres que continuaban en la línea a partir de Rowena hasta llegar a ella, probablemente para probar que eran familia.

- Disculpe Bathilda, ¿en que año fue escrito el diario? – interrumpió Ari.

- Oh, si, creo que estaba fechado alrededor de 1600.

Harry y Ari se miraron. Si existía alguna reliquia de Rowena Ravenclaw, y aparecía en el diario de Lucinda, quizás donde se encontraba en esos momentos. Estaban preocupados, pero no quisieron adelantarse a los acontecimientos y prefirieron esperar a que la anciana terminara su historia.

- Lucinda, en su diario, mencionaba la existencia de un peine de plata con algunas incrustaciones de piedras preciosas, y que tenía en uno de sus lados dos "R" entrelazadas, que perteneció a Rowena, y que al momento de escribir el diario se encontraba en su poder. Lo menciona varias veces, por lo cual debo suponer que estaba muy orgullosa de esta pieza. Esa, según mi opinión es una reliquia que ha quedado de los fundadores.

- Un peine de Rowena Ravenclaw – dijo Harry – ¿Y sabe algo de su actual paradero?

- Me temo que no – dijo la anciana – Espero que esto les haya servido de algo.

- Gracias, Bathilda, su información nos sirve de mucho – dijo Ari – Me gustaría hacerle otra pregunta antes de irnos, ¿Cómo se llamaba la biblioteca en la cual encontró este diario?

- Su nombre… su nombre era… Krastoff. Biblioteca León Krastoff, ese era su nombre. En la ciudad de magos Perdag, a unos 20 kilómetros de la ciudad de Plovdiv.

- Muchas gracias, Bathilda, no la molestamos más, ya es muy tarde. Pero le agradecería si recuerda alguna otra cosa que por favor se comunicara conmigo. Este mes estaré en casa de la familia Weasley, en Ottery Saint Catchpole, luego podrá localizarme en Hogwarts – dijo Ari.

- Así lo haré, querida, no te preocupes – dijo la anciana.

- Adiós entonces, que descanse Bathilda.

- Gracias querida, - y luego dirigiéndose a Harry – Fue un placer conocerlo, jovencito.

- El gusto fue mío – contestó el muchacho.

***

Luego de salir del hogar de la anciana historiadora, los dos jóvenes regresaron a la casa del difunto director, no se dijeron palabra mientras caminaban hacia allí, pero una vez estuvieron dentro, sus pensamientos fueron exteriorizados.

- ¿Realmente crees que esto nos sirva de algo? – preguntó Harry.

- Es una pista, y hay que seguirla – contestó Ari – Es cierto que no parece ser de gran ayuda, pero piensa un poco, ya sabemos que existe otra reliquia de los fundadores que sobrevivió, por lo menos hasta 1600. Así como Bathilda se enteró de su existencia, perfectamente Voldemort pudo hacerlo, y luego buscarla. Quizás la encontró, y si el pudo seguirle la pista, nosotros también podemos.

Esto último Harry lo dudaba un poco.

- Se que es difícil, y se requerirá tiempo, – continuó Ari, al ver la cara de incredulidad de su primo – pero es necesario, y nadie dijo que sería fácil.

- Lo sé, es solo que no me gustaría gastar tiempo en una búsqueda que podría llegar a ser inútil.

- Por el momento debemos enfocarnos en las pistas que tenemos, Harry. Si tú tienes una mejor idea…

Harry no la tenía, y Ari lo sabía.

El joven mago nunca pensó que sería muy fácil encontrar los horcrux, pero imaginarse de un lado hacia otro, sin tener una idea clara de lo que buscaban le parecía ridículo.

- ¿Que haremos entonces? ¿Qué sugieres? ¿Viajar a Bulgaria y comenzar desde allí? – preguntó Harry.

- No veo otra opción.

- ¡¿Lo dices en serio?!

- Yo viajaré a Bulgaria ¿te parece? Mientras tanto tú, Ron y Hermione podrían buscar el relicario.

- ¿Piensas viajar sola?

- Yo puedo pasar desapercibida, Harry, en cambio tu no. Y como bien dijiste, esta podría ser una pista inútil, por lo tanto creo que es necesario que alguien permanezca aquí para buscar el relicario. Ir hasta la mansión Black y averiguar allí algún indicio del paradero de ese horcrux, si es que Regulus Black fue quien lo tomó.

- Mmmm… supongo que tienes razón, es solo que no me gustaría que viajaras sola.

- Creo que es mejor así. Además nada va a pasarme en una biblioteca. No creo que los libros vayan a atacarme.

- Créeme, podría pasar – dijo Harry sonriendo, recordando "El monstruoso libro de los monstruos" que Hagrid le había regalado para su clase de Cuidado de criaturas mágicas.

- ¿Te parece si vamos al cementerio? – preguntó Ari, cambiando el tema.

Harry recordó en ese momento que sus padres estaban enterrados en aquel lugar, y que la casa que una vez había compartido con ellos, también se encontraba allí.

- Me parece bien – contesto el joven.

- OK, pero primero debes tomar algo de poción multijugos, Harry. No quiero correr riesgos.

***

El joven nuevamente tomo poción multijugos, como lo había echo antes de salir de "La Madriguera", y luego, antes de salir para casa de Bathilda.

Eran las 9 de la noche cuando Harry, nuevamente con la forma del gordito alto, y su prima Ari, se encaminaban al cementerio del Valle.

Una vez allí recorrieron las tumbas de aquellos que tenían un significado para ellos, como las tumbas de sus padres y algunos antepasados "Potter".

Al ver la tumba de sus padres, Harry no pudo evitar sentir una emoción muy grande. Sus ojos se humedecieron al leer los nombres de Lily y James Potter sobre las lápidas, imaginando como hubiese sido su vida si ellos estuviesen con vida, y a su lado.

Los primos no se dijeron nada, y luego de varios minutos en que cada uno estaba inmerso en sus pensamientos, se encaminaron hacia otra tumba, ésta pertenecía a los padres de Ari.

Harry observó a su prima cuando esta contemplaba las tumbas y se preguntaba si ella tendría los mismos pensamientos que él había tenido hacía tan solo unos minutos.

Ari miró hacia el cielo, el sol ya se había ocultado tras el valle, tiñéndolo con reflejos rojizos.

- Deberíamos quedarnos esta noche aquí, ¿no te parece? Mañana regresamos a "La Madriguera". – dijo Ari al fin, mirando el cielo – Dormiremos en… mi casa.

La joven miró a su primo, esperando una respuesta.

- Si, creo que me gustaría. – contestó él.

Luego continuaron caminando por el cementerio. Ari llevó a su primo a las tumbas de algunos tíos, y antepasados, contándole alguna que otra anécdota de ellos.

Después de casi hora y media, en la que Harry debió beber la poción, decidieron regresar a casa de los Dumbledore.

- ¿Quieres visitar la casa de tus padres ahora, o prefieres que sea mañana antes de irnos? – preguntó Ari.

- Mmmm… no lo sé. En realidad me gustaría ir ahora, pero no creo que podamos ver mucho, ya es tarde.

- Si quieres podemos pasar junto a ella ahora, y en la mañana regresamos para que la veas con mas detenimiento.

Harry miró a su prima y sonriendo le dijo:

- Me parece una excelente idea… - luego recordando, agregó – Los Weasley se preocuparan por nosotros si no llegamos, les dijimos que regresaríamos al anochecer.

- No te preocupes, cuando estemos en casa les envío un mensaje. Gwendol ya debe haber regresado de un encargo que le hice.

- Gwendol, tu lechuza, es cierto, no la vi en casa de los Weasley.

- La envié a llevar un mensaje a unos amigos. Pero si no me equivoco ya debe estar en casa.

Los dos jóvenes caminaron por una calle poco iluminada, al fondo de esta se encontraba una casa, que en algún momento debió haber sido muy hermosa, ahora el abandono y el ataque de Voldemort en la noche de Halloween habían causado daños bastante severos.

Ambos se quedaron de pie frente a la casa, sin atravesar el cerco de madera que rodeaba la propiedad.

- ¿Es esta? – peguntó Harry.

- Así es.

Harry sintió un nudo en la garganta, con algo de emoción en la voz preguntó:

- ¿Crees que podemos entrar?

- Claro que si.

Ambos jóvenes entraron al lugar, cruzando la puerta, algo desvencijada.

Recorrieron la sala de la casa a oscuras, los muebles polvorientos y carcomidos por la polilla, luego recorrieron las habitaciones. Harry busco en los baúles, en los muebles y mesas de noche, pero todo estaba vacío.

- Harry, – dijo la joven – las cosas que pertenecían a tus padres están en mi casa. Cuando regresemos te las entregaré, ¿te parece?

El joven miró a su prima sorprendido, y preguntó:

- ¿Por qué no me lo habías dicho?

- Quería que estuviéramos aquí, en el Valle de Godric, para decírtelo. Ese es otro de los motivos por el que quiero quedarme aquí esta noche, me imagino que querrás revisar todo.

- ¿Entonces por qué le dijiste a la señora Weasley que estaríamos de regreso esta noche?

- Porque imaginé que se opondría. Tú sabes como es ella de aprehensiva.

- Si, lo sé. Tienes razón.

Luego se marcharon a casa de Ari, una vez allí, la joven llevó a su primo a una de las habitaciones, donde le señaló un baúl que había a los pies de una cama, diciendo:

- Allí está todo lo que se pudo rescatar de casa de tus padres, luego del ataque de Voldemort…

Harry se quedó en silencio.

- Enviaré un mensaje a los Weasley y preparare algo para comer, tu puedes quedarte aquí mientras tanto.

Ari salió de la habitación, dejando a su primo a solas. Este apenas se dio cuenta que ella se había retirado.

Harry se acercó al baúl, y con lentitud lo abrió. A simple vista pudo ver cartas, algunos papeles, fotografías y objetos amontonados en el interior del baúl.

Una a una fue sacando las cosas de éste. Cartas que los padres de Harry habían recibido, un álbum de fotos de la boda de Lily y James, del bautizo de Harry, mas fotografías en donde aprecian personas que el no conocía, pero que se notaban antiguas. Incluso algunas fotografías muggles, en donde aparecía la familia de Lily. Sacó también algunas cartas que estaban atadas con un listón verde. Un diario que había pertenecido a Lily. Algunos libros. Recuerdos. Una pequeña caja, que contenía una snitch. Unas gafas, que Harry supuso, habían pertenecido a su padre. Algunas joyas, y muchos otros objetos.

El se sentó en el suelo, apoyando su espalda en la cama y comenzó a pasar cada una de las fotografías.

***

Había pasado alrededor de una hora cuando Ari regresó a la habitación en que había dejado a su primo.

- La cena ya esta lista, no soy tan buena cocinera como la señora Weasley, pero lo que preparé se puede comer…, aunque ya es algo tarde.

- Me muero de hambre – dijo Harry.

Ari sonrió, se acercó a su primo y se sentó junto a él.

- ¿Ya habías visto estas cosas? – preguntó Harry.

- Algunas, si.

- ¿Y las cartas, el diario? ¿Los habías leído?

Ari negó con la cabeza.

- Leí algunas de estas – Harry le mostró las cartas que estaban atadas con el listón verde – Son cartas que mis padres se enviaban cuando eran novios. También encontré algunas que tus padres les enviaron a los míos.

Ari sonrió, con nostalgia.

Ambos se quedaron en silencio por unos minutos.

- Si ellos no hubiesen muerto, todo habría sido tan diferente – dijo Harry al fin.

***

A la mañana siguiente los dos jóvenes se levantaron temprano, aun algo cansados porque se habían dormido tarde.

Harry decidió dejar las cosas de sus padres en casa de Ari, ya tendría tiempo suficiente para llevárselas cuando todo esto terminara. Además su prima le había dicho que esa habitación había sido preparada para él, con la esperanza de que una vez Voldemort fuera derrotado, él se quedara, aunque fuera por un tiempo, a vivir con ella.

Gwendol había volado la noche anterior hacia La Madriguera y Ari le pidió que la esperara allí.

Antes de salir de la casa, Harry tomó el último trago de poción multijugos que le quedaba y marcharon a casa de los Potter antes de regresar a La Madriguera.

Una vez en la casa se dedicaron a recorrerla con más calma, esta vez pudieron apreciar aun más el deterioro del lugar.

Entraron a una de las habitaciones, la más dañada de todas, allí había una cuna de bebé, y en un rincón un pequeño corral, cubierto por algunos escombros, faltaba una parte de la pared a un costado y los vidrios de las ventanas estaban rotos.

Ambos jóvenes pensaron lo mismo. En ese lugar había muerto Lily, allí Voldemort había atacado a Harry y por lo tanto sellado su propia destrucción.

Pero no tuvieron tiempo de pensar en nada más, de la nada aparecieron cuatro figuras enmascaradas, eran mortífagos.

Los jóvenes tuvieron que agacharse y separarse para no ser alcanzados por los hechizos que les lanzaban, mientras sacaban las varitas de entre sus capas.

- Y bien, ¿quien de ustedes es Potter? – preguntó una voz fría que Harry conocía muy bien, la voz de Lucius Malfoy.

Ari corrió hacia su primo y le tomó la mano, intentando hacer la desaparición conjunta, pero por esquivar un nuevo hechizo que iba hacia ellos, tuvieron que separarse.

- Ya basta de juegos muchachos, no podrán escapar esta vez – habló el mortífago.

Los jóvenes estaban rodeados, tenían sus varitas en las manos, pero los cuatro mortífagos los apuntaban, así que no podían hacer uso de ellas.

- Ninguno de ellos es Potter – dijo Avery, otro de los mortífagos.

- Sin duda usan algún hechizo o poción – dijo Lucius, luego dirigiéndose a los jóvenes agregó - ¿Y bien? Ayer visitaron el cementerio, ¿no es así? Las tumbas de los Potter ¿Quién mas tendría intenciones de hacerles una visita, que no fuera hijo? Luego vinieron aquí. Por un momento pensé que solo eran curiosos que pretendían conocer la leyenda, pero hoy regresaron, jajaja. Que descuido, Potter.

Ninguno contestó, evaluaban la situación, aun no les habían quitado sus varitas, pero era cuestión de tiempo.

Ari miró hacia las ventanas, la puerta estaba cubierta por uno de los mortífagos, mientras otros dos cubrían la pared faltante. Luego miró a su primo, y éste entendió.

Sus movimientos fueron lo suficientemente rápidos como para sorprender a los encapuchados, ambos corrieron hacia la ventana libre, la más pequeña.

- ¡Reductio! – gritaron ambos apuntando a la ventana, el espacio que ésta dejaba se amplio, y así pudieron salir por ella.

Los hechizos tras ellos los rozaban, pero uno de ellos dio de lleno en la espalda de Harry, haciéndolo caer, inconsciente, a un par de metros de la casa.

Ari lo notó, regresó junto a su primo, lo tomó de la mano y se desapareció, sin darles tiempo a los mortífagos a que los alcanzaran, pero si para lanzar un último hechizo que dio en el brazo de Ari, provocándole un corte mucho mas profundo que el que había recibido en el hombro un par de noches antes.

El dolor solo provocó que la joven apretara con más fuerza la mano de Harry, y cuando al fin aparecieron a unos kilómetros de La Madriguera, su brazo sangraba copiosamente.