Bueno, me ha costado muchisimo escribir esta capitulo, no se por que. Ademas estoy cansada y creo que he pillado algo, asi que puede que haya alguna falta o error en el texto ya que mi mente no estaba muy aguda a la hora de repasarlo, he intentado que no, pero no prometo nada.
En fin guapos, espero que os guste.
Aquel encuentro no duró más de quince minutos, un tiempo insignificante en la vida de una persona, nada más que un parpadeo en el mundo entero, y sin embargo, esos quince minutos, cambiaron la vida de dos sangrientos piratas con demasiada facilidad.
Tanto que casi parecía ridículo.
Un cabreado Eustass seguía encarando a Donquixote en la oscura y vacía habitación, mientras, sus ojos miraban de reojo a Law sin perderle de vista. El moreno estaba medio desnudo en la cama y atado de pies y manos. Pero no fue eso lo que le cabreo, después de todo, eso ya lo habían hecho ellos varias veces, lo que le cabreo fue la cara rendida y desesperada de Law.
Como si hubiese perdido la esperanza. Como si hubiese aceptado ser el mártir.
Eustass solo había visto esa mirada destrozada del moreno otra vez en su vida. Y aquella vez había sido horrible, los recuerdos seguían atormentándole de noche y sacándole escalofríos de dolor. Pero esta vez no permitiría que volviese a pasar, odiaba esa expresión por encima de cualquier cosa en el mundo, y, esta vez, pensaba arreglarlo.
Aquel hombre rubio enfrente suyo siguió escrutándole en espera del golpe que iniciara la pelea que cambios sabían que era inevitable. Eustass tampoco lo demoro mucho mas, después de todo, él también estaba ligeramente ansioso por partirle la cara al rubito. Rápidamente alzó la mano abierta, y pedazos de metal volaron a su encuentro a rápida velocidad atraídos por su poder. El rubio siguió la trayectoria del metal con los ojos poniéndose al instante en guardia, pero entonces, adelantándose, Kidd golpeó al rubio con un puñetazo de su otra mano. El rubio se tambaleó hacia atrás atontado sin haberlo visto venir mirándole con rabia. Pero Kidd no paró, con fuerza, empujó en una rápida sucesión al metal que había atraído que salió disparado intentando clavarse en el cuerpo del rubio.
Pero el rubio aun así salió demasiado fácilmente de la trampa, y, esquivando su puño, se agachó en el suelo sin poder evitar que algunos de los fragmentos del hierro que le rodeaba le arañasen hasta hacerle sangrar. Pero ignoró la leve molestia mientras con una pierna barría el suelo intentando tirar al pelirrojo o hacerle perder el equilibrio.
Eustass saltó y esquivó la patada como si nada, luego se agachó, cogió al otro de la nuca con fuerza, le alzó en el aire y le lanzó contra la pared más cercana con fuerza. Donquixote a duras penas pudo para el fuerte golpe con sus hilos antes de estrellarse con fuerza.
Atontado por el golpe, el rubio, intentó levantarse para seguir peleando ayudándose de la pared, pero entonces largas piezas de metal atravesaron su espalda clavándole en la pared sin piedad.
Donquixote chilló de dolor sin poder contenerse. Una cosa era un arañazo, y otra muy distinta era que te apuñalasen de parte a parte. Varias veces.
Pero el pelirrojo ignoró los gritos y el sonido de carne desgarrándose.
Estaba más que cabreado, es más, dudaba que nunca hubiese alcanzado aquel nivel de rabia. Porque ¿Qué habría pasado si no hubiese llegado?¿Habría violado a Law felizmente? ¿Otra vez? ¿cómo le había explicado Law cuando habían estado juntos? Estaba claro que sí, y por la cara aún aterrorizada de Law, estaba claro que esta vez podría haber roto al moreno definitivamente.
Así que el pelirrojo ignoró los gritos y llantos. Porque aun no estaba chillando lo suficiente para su gusto.
Volvió a tomar al rubio de la nuca y tiró de él hasta que los pedazos de metal se desclavaron de la pared atravesándole de parte a parte. Sin consideración le lanzó de nuevo al suelo. El olor a sangre, el sonido de los chillidos, y huesos rotos inundaba la habitación mientras el rubio gimoteaba en el suelo apretándose las heridas en posición fetal.
Eustass se sentó sin consideración encima suyo, inmovilizándole y deleitándose en su cara de sufrimiento y terror. Desde la cama Law tenía una buena visión del espectáculo y lo que iba a hacer.
Lo que era perfecto.
Eustass alzó un puño en alto y lo estrelló contra la cara del otro. Algo crujió y la sangre comenzó a escapar por la nariz del rubio a mares. Donquixote chilló y intentó arañarle desesperado con la mirada borrosa por la sangre. El pelirrojo alzó una ceja sarcástica. Sabía que el otro tenía poderes de alguna clase y que sería fácil para él soltarse del agarre al que estaba sometido.
Pero parecía que se había olvidado del detalle y actuaba ahora solo por instinto, como un animal herido huyendo del depredador.
Y Eustass lo aprovechó.
Volvió a golpearle la cara con los nudillos. Esta vez algo crujió bajo su puño en la mejilla del rubio. Y entonces volvió a darle otro puñetazo más, y otro, y otro. El rubio seguía tumbado en el suelo sin escapar, sin fuerza para escapar, dejándose golpear como si nada. Atontado. Un ojo morado, un labio roto, sangre por todas partes, y aquella preciosa música de gritos y chillidos cada vez más ronca.
Eustass no paró de golpearle rabioso. Ni cuando el rubio perdió el conocimiento. Ni cuando Law le pidió que parase con voz asustada...simplemente tenía demasía rabia, demasiado ira concentrada contra aquella persona y contra el mundo en general. En alguna parte de su mente sabía que había perdido el control, pero aun así le dio igual.
Le habían hecho daño Law. Le había provocado miedo y terror.
Siguió golpeándole con ganas.
En algún momento al cabo de unas horas alguien entró en la habitación. Eustass siguió ignorándolo todo y simplemente siguió haciendo saltar las gotas de sangre por el aire. Sus nudillos dolían de tantos golpes que había dado, el mismo estaba bañado en sangre ajena. Pero aun seguía sin estar satisfecho.
De repente alguien le tomó por debajo de los hombros y le alzó del suelo alejándole de su presa. El pelirrojo parpadeó confuso saliendo del trance, pero aun así intentó resistirse y volver a golpear a su víctima. Golpeó las costillas del que le agarraba a duras penas y entonces dos ojos grises le miraron intensamente.
—Ya es suficiente—le dijo Trafalgar aún sujetándole e intentando detenerle.
Y solo con aquellas palabras y de aquella persona, Eustass se dejó separar del charco de sangre que cubría el suelo.
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Kidd entró en la sala después del moreno ya que no quería ser el primero en entrar en la oscura habitación en la que sabían que estaban Law y Donquixote desde hacía varias horas. Y es que el miedo le inundaba, no sabía que se iba a encontrar allí dentro y se esperaba lo peor ¿Qué pasaría si habían violado a Law? ¿Qué pasaba si le habían hecho daño?¿Y si le...
Sus pies no avanzaban, simplemente se quedó paralizado en el marco de la puerta sin atreverse a entrar después del otro. Pero necesitaba verlo, necesitaba saber qué había pasado y ayudarle a superarlo y a vengarse.
Porque como le hubiese hecho algo estaba claro que iba a haber sangre.
Lentamente y con el mayor esfuerzo de su vida avanzó un paso, y luego otro...
Una enorme mancha de sangre inundó su vista.
Su corazón se detuvo en su pecho y su boca se quedó seca. Durante un momento no pudo hacer más que contemplarla.
Law...había...
Alguien le golpeó en un hombro.
—Ayúdame ¿Quieres?—dijo Trafalgar de repente a su lado mirándole fijamente. Con aquellos ojos grises que siempre había adorado. La mano del moreno le acarició durante un momento el cuello con cariño—desencadénale de la cama—
Y Kidd entonces, atontado obedeció sin dudar. Alzando la vista miró a la susodicha cama y único mueble en la asquerosa habitación. Y su corazón volvió a latir al ver el pelo moreno entre las sábanas.
No era suya, la sangre no era suya.
El alivio le inundó y como una oleada de agua fría. Sus hombros se relajaron después de horas de tensión y sus puños se abrieron sin tener nada que destrozar.
Y entonces, más relajado paseó sus ojos por la habitación asimilando la situación. Trafalgar estaba ayudando a su versión adulta plagada de sangre a levantarse del charco rojo y a alejarse del cuerpo inconsciente. Los ojos de su versión adulta seguían con un aire peligroso mientras miraba al rubio en el suelo, lo que le puso ligeramente los pelos de punta. Muy pocas veces perdía el los nervios y aún más pocas había hecho una masacre como la que había hecho con aquel hombre.
Pero entonces vio a Law. Atado a la cama, con una mirada desesperada intentando pelearse con las esposas que le retenían y aun con la sudadera alzada y el pantalón desabrochado.
Corriendo y reaccionando por fin se abalanzó a ayudarle.
Ansiosos ambos pelearon por desabrochar las esposas y cuerdas que le ataban, las cuerdas fueron fáciles de deshacer y Law las pateó fuera de su alcance, pero las cadenas de Kairoseki eran tan gruesas que al final Kidd tuvo que forzarlas a la fuerza para que le liberasen. Cuando lo consiguieron y aun sin decir nada, Kidd ayudo al otro a vestirse rápidamente con movimientos bruscos y desesperados.
Y entonces, ya sin más que hacer, ambos se miraron a la cara por primera vez jadeando pesadamente.
Law volvía a llevar esas mirada perdida y aterrorizada y Kidd le observaba preocupado y aliviado al ver que estaba bien. Kidd aun sentía la adrenalina y el impacto de creerle muerto bombeando en sus venas.
Creí que le había perdido para siempre...
Kidd fue el primero en extender los brazos y estrujar al otro contra su pecho de un fuerte golpe. Sus manos volaron al pelo del otro acariciándole obsesivo, sus brazos le rodearon protectoramente y finalmente hundió la nariz en su pelo.
—Menos mal—dijo en un susurro contra el pelo del otro—pensé que te había perdido—
Y su voz sonó tan destrozada y perdida que Law no pudo más que devolverle el abrazo y hundir la cara en su cuello aspirando su aroma. Y por primera vez en horas se sintió en un lugar protegido y a salvo entre el posesivo abrazo del otro.
Las lágrimas escaparon de sus ojos sin poderlo evitar y se apretó más contra el menor. Kidd siguió acariciándole posesivo.
—Lo siento—murmuró Law—Lo siento—
Kidd entonces le levantó la cabeza para que le mirase a la cara, pero Law bajo la mirada incapaz de hacerlo. Con el pulgar Kidd le limpió las lágrimas que seguían bajándole de los ojos y apoyó su frente contra la suya en un gesto demasiado intimo.
—No vuelvas a separarte de mí—ordeno el pelirrojo—nunca—
Law asintió conforme con eso. Sabía que debería enfadarse porque el otro quisiese defenderle. Él no era tan débil como para necesitar protección, pero en aquellos momentos estaba demasiado destrozado como para darle importancia. Y el abrazo de Kidd se sentía tan bien.
Acurrucándose aún más contra el pelirrojo inclinó ligeramente la cabeza rozando sus labios contra los del menor en una suave indirecta. Sintió ligeramente asustado como Kidd se tensaba y se alejaba de él, y se temió entonces que hubiese malinterpretado la situación y que el otro en realidad solo sintiese amistad y aprecio por él. Pero al instante siguiente el otro le estaba devorando la boca con ganas y ya no se preocupó por nada más.
Relamido los labios de Kidd como el pelirrojo relamía los suyos. Gruñó de placer mientras rodeaba el cuello del otro con los brazos y sentía como el pelirrojo le rodeaba la cintura apretándole aún más en el posesivo abrazo.
Kidd le mordisqueo la lengua impaciente, rodeándole y alentándole a que explorase y bailase con él en su boca. Law le respondió al instante ansioso. Se acariciaron mutuamente intentando quitarse el aliento, saboreándose por fin después de tanta espera, sintiendo que con solo aquello no sería suficiente.
Pero Kidd de repente se separó de él con un gruñido frustrado y adolorido. Law volvió a buscar su boca desesperado, hambriento de aquellos pintados labios, pero, de nuevo, Kidd le detuvo con un ligero toque contra su labio.
—Aquí no— dijo el pelirrojo frustrado contra su boca—Así no—
Y Law entonces fue consciente de donde estaban: La habitación sucia donde casi le había violado. El charco de sangre seguía en el suelo rodeando el cuerpo de aquel hombre, y Trafalgar hablaba con Eustass en un rincón mandándole de vez en cuando miradas cabreadas a la parejita.
Law asintió. Tenía razón, no podían hacerlo aquí como si tal cosa, ni es que le importase que los mayores les viesen, pero definitivamente no quería hacerlo en aquel lugar.
Por suerte tenía un poder muy útil de su Akuma no mi que le permitía teletransportarse a voluntad. No sabía si después de haber llevado las esposas de Kairoseki funcionaria tan bien, aun se sentía débil, pero valía la pena intentarlo. Apretando a Kidd contra su cuerpo hasta pegar sus pechos creó un enorme círculo con su poder.
Kidd durante un momento le miró cabreado, al parecer no llevaba muy bien que le desobedecieran y que Law volviese a espachurrarse contra él no servía mucho para que se pudiese controlar y parar como había dicho que haría, pero al entender lo que pretendía el moreno le sonrió cómplice.
—¿Te he dicho ya lo que te quiero?—susurró apretándole también contra su cuerpo y estrujando sus nalgas con sus largos dedos.
Law río sintiéndose mil veces mejor con unas pocas palabras del pelirrojo de lo que se había sentido nunca.
Los dos mayores les miraban sorprendidos, aunque Eustass sonreía perversamente. Law le giño un ojo provocativa mente aun abrazando a Kidd.
Estaba totalmente claro lo que iban a hacer.
—Shambless—
El mundo giró a su alrededor y de repente estaban en otra cama. Solo que esta vez las sábanas eran de suave seda rosa, en vez de asquerosa lana y una agradable iluminación inundaba la sala creando un ambiente intimo y agradable. Law les había llevado a la suite de uno de los hoteles cercanos, habitación que, curiosamente, era una de las del hotel más caro de Sabondy.
Pero la verdad es que ambos prestaron muy poca atención a la habitación. Nada más llegar, Kidd ya había estampado a Law contra la cama y prácticamente le había arrancado la camisa.
Law quiso reír por la ansiedad del otro. Quiso reír de felicidad porque que Kidd le había rescatado y porque le había dicho que le quería. Law simplemente quería reír y llorar de felicidad.
Pero la boca del otro en su cuello rápidamente le hizo callar de golpe y morderse un labio para no empezar a gemir como una ramera. Directo al grano, como no. Apretó la cabeza del otro contra su cuello y arqueó la espalda dejando que las manos de Kidd le recorriesen cada centímetro de su desnuda piel morena.
Kidd masticó entonces la tierna piel de su cuello con sus dientes dejándole marcas y más marcas posesivas y claramente visibles que dejasen totalmente claro lo que habían hecho. Sus manos seguían explorando su cuerpo, recorriendo sus tatuajes y apretando todos los lugares correctos. Law se calentó rápidamente y se empezó a dar cuenta de que aquello no iba ser bonito y delicado, la necesidad era demasiado grande en ellos para aquello, y después de lo que había pasado, Kidd parecía decidido a marcarlo como suyo por el resto de la eternidad.
El moreno gimió ya irremediablemente cuando el otro le pellizcó un pezón sorpresivamente, y, sin poder aguantar más la inactividad, levantó una pierna para frotar su muslo contra la entrepierna del pelirrojo. Law volvió a gemir roncamente al sentir la enorme erección del otro y al imaginarse cómo se sentiría dentro suyo.
Genial, seguramente se sentirá genial.
Kidd por su parte comenzó a restregarse contra su muslo provocativamente, acercando cada vez más sus erecciones aún atrapadas por los pantalones. No sabía porqué pero el otro le había quitado toda la ropa a excepción de los apretados pantalones, y es más, parecía que quería dejárselos puestos costase lo que costase. A lo mejor tenía alguna clase de fetiche con ellos.
—Kidd—gimió Law desesperado por todo aquel movimiento— por favor—
Porque que el otro seguía apretándole contra el colchón sin dejarle poco más que frotarse contra él. Y poco a poco aquella fricción empezaba a ser insuficiente. Law aferró a Kidd del pelo cuando éste siguió bajando por su cuello hasta alcanzar el ya duro pezón que tanto se había entretenido pellizcando, y siguió mordisqueándolo sin piedad. Law se revolvió debajo suyo ansioso. Necesitaba más pero el otro al parecer se entretenía torturándole y arrancándole gemidos.
—Kidd— volvió a suplicar entre suspiros.
Y tan rápido como todo aquello había empezado se encontró dado la vuelta y con la cara pegada al colchón. Kidd, a su espalda, le rodeó con un brazo desde abajo y siguió pellizcándole el ahora dolorido pezón con ganas, disfrutando con los quejidos que conseguía sacarle con aquello. Estúpida obsesión y estúpido punto débil, pensó Law. La boca del menor comenzó enseguida a mordisquearle el hombro suavemente y su otra mano voló hasta su entrepierna.
Law ahora a cuatro patas con el peso del otro a sus espaldas gimió fuertemente y apretó las sabanas cuando Kidd comenzó a frotarle por encima del pantalón con ganas. Instintivamente levantó el trasero al aire sintiendo la erección del otro frotándose contra su trasero tan perfectamente
—Ropa—consiguió articular entre todo aquel repentino placer—Kidd...mucha ropa...quítamela—
Kidd gruñó entonces contra su oído por fin.
—Joder Law—porque Kidd nunca se lo había imaginado así. Y resultaba ahora Law le estaba pidiendo entre gemidos que le quitase la ropa. Erótico y jodidamente degradante. Aunque tampoco es que se fuera a quejar— como quieras—dijo lamiéndole aquellos dorados anillos en su oreja y sacándole otro escalofrío.
Dios, no podía tener suficiente de él. Aún había tanta piel que le quedaba por recorrer.
Desabrochándole el pantalón al moreno se lo bajó hasta las rodillas junto con la ropa interior de un fuerte tirón, y sin dudar, apretó una de aquellas redondas nalgas con su enorme mano. Law gimió temblando y Kidd le rodeó de nuevo atrapando su erección.
Su otra mano seguía masajeando su pecho y su boca repartía besos por su espalda. Law comenzó a moverse contra su mano buscando fricción y gimiendo ya en voz alta con aquellos deliciosos gemidos. Su trasero seguía en alto frotándose contra su aún cubierta erección y suplicando por ser tomado mientras a duras penas conseguía abrir las piernas por culpa del pantalón en sus rodillas.
Kidd gimió por todo aquello. Era demasiado erótico y él estaba demasiado necesitado.
Apartándose del otro momentáneamente y arrodillándose en la cama detrás del moreno, se bajó los pantalones y comenzó a frotar su pene totalmente erecto, pero aun cubierto por sus apretados bóxers, contra la entrada del otro, agarrando el trasero del otro, separándole las nalgas y balanceándolo en el movimiento que él quería.
Law gimió, sus bóxers estaban tan mojados por su necesidad que era prácticamente como si no llevar nada, sentía la delgada tela, pero sentía aún más la piel de Law frotándose contra él. Aun así el saber que aún quedaba una última barrera para tomar al moreno lo hacía todo aún más excitante, sobre todo cuando el otro le estaba suplicando prácticamente por que le follase y todo dependía únicamente de él.
—Kidd, por favor, por favor—seguía Law en una cantinela obsesiva.
Kidd le miraba extasiado, el otro se apretaba desesperado su necesidad intentando contener el orgasmo y los espasmos que comenzaban a inundarle. Tenía la cara hundida contra el colchón y balanceaba aquel perfecto trasero pidiendo por que entrase, con las piernas ligeramente abiertas exponiéndose completamente a su morada rojiza en total confianza.
Kidd jadeo, vale, no podía más.
Tomando una de las enormes almohadas del cabecero de la cama la introdujo debajo de las caderas del moreno para que no doliese tanto y ayudase a la postura. Después de todo esta vez no lo habían preparado y no había usado ni lubricante.
Cuando Law por su parte entendió lo que Kidd iba a hacer soltó un gemido de victoria y se recolocó sobre la almohada encontrando una posición cómoda y alzando aun más sus caderas para facilitarle aquello todo lo que pudiese.
Kidd se quitó por fin los bóxers. Y su miembro se alzó alto y poderoso en el aire. Gimió sin poderlo evitar ante la sensación de liberación y Law le respondió al gemido con otro apremiante al girarse y ver su enorme miembro tan cerca de su trasero.
Kidd cerró los ojos cuando apretó su miembro contra la entrada de Law. Lento, tengo que ir lento, no le he preparado y no le quiero hacer daño. Pero era gran estrecho y caliente, lo más perfecto que jamás había hecho, simplemente encajaban a la perfección.
Al poco rato ya estaba totalmente dentro suyo sin ningún problema y Law aun así no parecía que se estuviese muriendo de dolor.
—¿Law?—preguntó de todas formas.
No le veía la cara y no sabía si estaría bien. Pero el otro solo tembló debajo suyo y cuando se giró a mirarle tenían la boca abierta en busca de aire y la miradas perdida.
Kidd abrió los ojos como platos. No aquello no podía ser.
—No me digas que te has...—
Pero la mancha blanca sobre las sábanas era una prueba irrefutable y la reacción de Law ante el comentario fue inmediata. Este frunció el ceño cabreado y ofendido por haberse corrido tan rápido.
—Es culpa tuya por tardar tanto en...ah—
Kidd comenzó a moverse sin dignarse siquiera en escucharle al ver que estaba perfectamente, saliendo y entrando sin problema alguno y cambiando ligeramente de postura con cada potente embestida en busca de la próstata del otro. Su necesidad era demasiado grande y ya había aguantado suficiente. Ahora le tocaba a el pasárselo bien.
—N-no tan fuerte idiota...—empezó Law mientras echaba un brazo hacia atrás intentando detenerle—acabo de correrme...y estoy demasiado sensible para...ah, ah—
Sip, ahí estaba. Kidd comenzó a atacar sin piedad alguna la próstata del mayor con cada embestida. Law tembló de nuevo bajo suyo demasiado sensible después del primer orgasmo y se corrió una segunda vez entre las sábanas después de unas cuantas certeras embestidas más.
Adorable. Aunque por el ceño fruncido y el sonrojo en su cara estaba claro que Law no pensaba lo mismo.
Kidd de todas formas gimió al sentir su entrada apretándole fuertemente cuando se corrió la segunda vez, pero aun así siguió embistiendo aquella estrecha entrada ralentizando un poco el ritmo sin permitirse llegar al orgasmo.
Cada vez las embestidas eran más fuertes y potentes pero más erráticas y desesperadas. Law parecía haber perdido ya la capacidad de hablar o reprocharle nada. Prácticamente con el otro golpeando su próstata de aquella manera parecía incapaz de salir de un orgasmo tras otro.
Kidd gruñó finalmente cuando el moreno eyaculo una tercera vez y su entrada volvió a estrangularle el pene. Sintiendo sus músculos temblar y contraerse lo inevitable, se arqueó sobre el cuerpo del otro y se corrió en aquel lugar que ahora marcaría como de su propiedad.
Durante unos preciosos momentos todo a su alrededor perdió la definición y solo vio blanco.
Al final dejó caer al lado de Law que seguía temblando todavía entre espasmos de placer. Dándole la vuelta le volvió a devorar la boca mientras su mano volaba a la erección del moreno ayudándole a acabar de correrse.
Law le abrazo fuertemente mientras se revolvía debajo suyo gimiendo con voz afónica.
Al final se tumbaron uno al lado del otro. Law jadeando contra el pecho del mayor y el otro abrazándole y siguiendo las líneas de sus tatuajes en la espalda con delicadeza.
—Eres...un bestia—dijo Law intentando recuperar el aire.
—Y me adoras— respondió el otro arrogante riéndose de él.
—Tu...es que no sabes nada...de fisiología humana—siguió Law—no puedes follarte a una persona que acaba de tener un orgasmo como si nada—
El otro le beso en el pelo cariñosamente.
—Estabas gimiendo perfectamente, no parecía que te estuvieses muriendo, así que seguí—
—Hijo de...—
—Si tanto te preocupa, intenta aguantar más la próxima vez—dijo de nuevo con una mirada arrogante. Aquella sesión de sexo realmente le había aumentado aun mas su enorme ego.
Pero el silencio que precedió al comentario estaba plagado de muerte.
—¿Que estas insinuando Kidd?—pregunto Law aun tumbado encima del otro con voz asesina.
Y Kidd se dio entonces cuenta del error que había cometido.
Poniéndose nervioso giro a Law hasta poder mirarle a los ojos. O dios, estaba cabreado...¿Era normal que se excitase con aquello?¿Y con las marcas que le había dejado por el cuello?
—Yo no insinuaba nada—dijo nervioso— ¿Te he dicho ya que te quiero?—siguió intentando cambiar de tema.
Y Law abrió los ojos sorprendido, y mientras esquivaba su mirada volvió a ponerse de un precioso color rojo.
—Eres idiota—respondió el moreno tapándose la boca con el dorso de la mano.
Y el miembro de Kidd volvió a alzarse en toda su gloria. Levantándose de nuevo sobre el moreno le abrió de piernas y se apretó contra él.
Law le miro entonces con terror.
—Tienes que estar de broma—
Aquella noche lo hicieron varias veces y a la mañana siguiente Law decidió que iba a castar a Kidd.
Joer, es en caps como este que me doy cuenta de lo mucho que me queda por mejorar U_U, pero bueno, me ha gustado como el cap va mejorando poco a poco desde la pelea del proncipio hasta el final empalagosete. Me gusta como Kidd va animando a Law y arreglando las cosas
Y ademas, ¡me he conseguido controlar con el lemon! XD, por fin escribo uno minimamente cortito que entre en un cap. vamos avanzando señores (creo que en parte se debe a lo desesperados que estaban pero bueno).
En fin, espero que os haya gustado, cada vez quedan menos capitulos, yo creo que con dos mas lo finiquito.
Un beso muy fuerte y gracias por leer.
