Capitulo 8
Candy se alisó una arruga de los jeans, se apartó el pelo por encima del hombro y luego
llamó a la puerta.
Casi cinco años. Esos eran los años que habían pasado desde que había visto en persona
a Anthony Brown. Lo había visto en docenas de fotos. Habían hablado por teléfono, se
habían escrito cientos de correos electrónicos. Habían compartido intimidades durante
años, como lo que había supuesto para Candy crecer sin la influencia femenina tras la
muerte de su madre, o lo duro que había sido para él haber alcanzando de repente el
estrellato. Los difíciles estudios de Candy. La agenda apretada de Anthony. Los deseos
de ella. Los sueños de él.
Candy había planeado durante meses irse a vivir con él y de esa manera averiguar si
podrían pasar juntos el resto de sus vidas.
Ahora, se encontraba ante su puerta llena de sentimientos encontrados, sin tener muy
claro lo que le reservaba el futuro. Llevaba mucho tiempo queriendo estar con él. Pero
Terry, sus angustias y necesidades, su ansia y su rechazo, la habían cautivado.
Candy sintió un nudo en el estómago. Intentó contenerlo, esperando volver al estado de
entumecimiento en que había estado envuelta durante las últimas cuarenta y ocho horas.
"¡Deja la mente en blanco. Respira hondo. Tranquilízate. Pero, ¿sería eso suficiente
alguna vez?".
Candy había esperado, días después de que abandonase el Este de Texas, a que Terry la
llamara para disculparse, que le rogara para que regresara, que le dijera lo mucho que
lamentaba haberla humillado. Dios, se había pasado las horas llorando… Anthony había
sido lo último en lo que había pensado.
Pero Terry no se había puesto en contacto con ella. Sólo había habido un silencio
infernal y absoluto. Albert sí había llamado para interesarse por ella, y había tratado de
convencerla de que regresara. Incluso había llegado a implorar. Pero Terry no iba a
rogarle que volviera. Según él, lo único que sentía por ella era algo a nivel químico.
Candy no se lo creía. Se habían acercado demasiado a nivel afectivo. Terry se
comportaba de esa manera para intentar protegerla de algo que Candy no comprendía al
tiempo que se protegía a sí mismo. Después de que él le hubiera arrojado a la cara el
ofrecimiento de su virginidad, anunciando que moría por una bailarina de striptease,
había sido un verdadero infierno descubrir que, en realidad, ella lo amaba.
Apartó a un lado esos pensamientos y el dolor que le oprimía el pecho al oír pasos que
se acercaban a la puerta. Volvió a inspirar profundamente. El bendito entumecimiento
comenzó a invadirla de nuevo.
Terry esperaba que ella siguiera adelante. Y allí estaba Candy, ante la puerta de
Anthony, decidida a llevar a cabo su plan. Aún adoraba a Albert, pero tenía que superar
lo de Terry y labrarse un porvenir. ¿Qué más podía hacer?
Se abrió la puerta de aquella habitación de hotel. Un desconocido con una sonrisa
juvenil apareció ante ella. Pelo ondulado. Ojos cafés. Habría sido un auténtico niño de
papá si no fuera por el enorme tatuaje de calavera que cubría su bíceps, del lápiz de ojos
negro y del aro que colgaba de su nariz.
-Hola, vengo a ver a Anthony.
El joven extendió la mano, pálida y elegante.
-Debes de ser Candy. Yo soy Colin. Soy el vocalista de apoyo y autor de algunas
canciones.
Ella le estrechó la mano.
-Oh, sí. Anthony te ha mencionado en muchas ocasiones. Es un placer conocerte.
La mirada de Colin vagó sobre ella con una sutil apreciación.
-A ti también te ha mencionado. Decía que eras una chica muy guapa, pero veo que se
equivocaba. Te has convertido en una mujer preciosa, se va a quedar sorprendido.
Brindándole una sonrisa nerviosa, Candy observó la estancia. Era una suite. Estaba
decorada en tonos pastel con muy buen gusto, con una vista estupenda de Houston.
-Gracias, ¿está Anthony aquí?
-Está a punto de salir de la ducha. Me pidió que te recibiera ya que salió un poco tarde
de los ensayos y tuvo que acudir a una entrevista inesperada en la radio. -Colin se
encogió de hombros -. Gajes del oficio.
-Por supuesto.
Candy intentó no sentirse decepcionada ni moverse con nerviosismo. Seguramente
Anthony la habría recibido personalmente si hubiera podido. Aun así, también era cierto
que ella había estado esperando durante cinco años y que necesitaba con urgencia un
amigo. ¿Acaso no podía esperar toda esa gente diez minutos?
-Pasa y siéntate -la invitó Colin - ¿Te gustaría beber algo?
Señaló el minibar medio vacío. Había desaparecido la mayor parte de las botellas de
bebidas alcohólicas. El estante de refrescos estaba casi lleno.
Candy negó con la cabeza mientras se dejaba caer sobre el sofá de color chocolate. Por
un momento, se había sentido tentada de buscar consuelo en una copa de whisky, pero
ya había seguido ese camino la semana pasada y lo único que había conseguido con eso
era una buena resaca.
-Nada, muchas gracias.
Colin se sentó a su lado.
-Anthony ha hablado tanto de ti que es casi como si te conociera. Siempre presume de
lo amable y dulce que eres.
Candy frunció el ceño. No era una santa. Sólo había que ver las cosas que había hecho
con Terry y Albert. Mirándolo retrospectivamente, no sólo había estado con ellos para
aprender para Anthony. Ni para saber si le gustaba ser compartida. Al percatarse de que
su falta de experiencia era un problema y que la solución la encontraría con Terry, ella
había saltado –literalmente- para ir a verle. Para satisfacer una oscura fascinación que
sentía por el duro soldado desde que era lo suficientemente mayor para comprenderla y
demasiado joven para satisfacerla.
-Puede que Anthony haya exagerado un poco.
-¿Quién? ¿Anthony? No. Cuenta las cosas tal como son. Créeme, nunca prodiga
alabanzas a alguien que no se lo merezca.
-Ya veo. - Pero lo cierto es que no veía nada
El Anthony que ella había conocido aquel verano especial, había sido un joven
optimista que miraba el futuro con esperanza. Pero también era cierto que en los últimos
años había parecido un poco más escéptico con las personas. Menos confiado. Puede
que fuera una consecuencia de la fama o de tener que proteger su identidad y
privacidad. Candy suponía que todas esas cosas acabarían por afectar a cualquiera.
-Me alegra conocer a uno de los amigos de Anthony. Sé que son íntimos amigos - le
dijo, esperando descubrir exactamente qué papel jugaba Colin en la vida de Anthony.
-Es probable que te dijera que he formado parte de la banda los últimos tres años. - Se
inclinó hacia ella y clavó la mirada en sus ojos - Lo compartimos todo.
"Incluyendo a las mujeres". Así que era con él con quien Anthony hacía los menages.
Los ojos cafés de Colin indicaron la importancia de la información sin decir palabra. En
lo que a Anthony y a él respectaba, Candy no tenía ni idea de su acuerdo, pero ella
comprendió el mensaje implícito del joven. Y por su mirada sabía que él esperaba con
ansia entrar en acción. Era una idea inquietante. ¿Quería Anthony que ella hiciera el
amor con una persona que apenas conocía y que ni siquiera estaba segura de si le
gustaba? Hizo una mueca. ¿Acaso ella no era diferente de las demás mujeres para
Anthony? ¿Más especial? Al menos eso era lo que siempre le había dicho.
Pero eso no era su problema. En cambio Terry y Albert… eran otra historia. La habían
cautivado. Sí, pasar aquel tiempo con ellos le había mostrado de primera mano lo
excitante que era ser compartida. Candy tenía la certeza de que a Anthony le gustaba la
excitación y las emociones prohibidas. Y Dios sabía que, tras aquellos días con los
primos, ella lo comprendía mejor que nadie. Pero ahora, la idea de que otra persona la
tocara le resultaba nauseabunda. Cuando Colin la examinó con aquel aire especulador
Candy se apartó instintivamente y casi vomitó la comida.
Una parte de ella le gritaba que huyera. La parte más práctica, sin embargo, le recordaba
que no tenía futuro con Albert y Terry. Tenía que seguir adelante. Durante años había
planeado estar con Anthony. Estaba dispuesta a averiguar si aquella relación tenía
futuro. Tal vez su primer amor pudiera ayudarla a recobrarse de ese último error.
-Sé a qué te refieres - murmuró ella.
La sonrisa de Colin se desvaneció, llevándose consigo la apariencia juvenil. Arqueó una
ceja.
-¿En serio?
-Puede que la última imagen que Anthony tenga de mí sea la de una chica inocente de
diecisiete años, pero ya no soy tan inocente, te aseguro que he crecido.
-Y yo diría que estás más hermosa si cabe - resonó una voz desde detrás de ella.
Candy se volvió. "¿Anthony? "
Desde donde ella estaba, podía ver que no había cambiado mucho. Alto, con el pelo
rubio, largo y suelto, de piel blanca, ojos azules y un cuerpo de infarto tal como
evidenciaban la camiseta negra y los jeans. Ése era Anthony.
Ella saltó del sofá al mismo tiempo que él se movía hacia ella. Cuando la envolvió en
aquel enorme abrazo, con sus firmes y delgados brazos, ella se hundió contra él… igual
que había hecho aquel verano que habían pasado juntos. La cabeza de Candy ya no
quedaba justo bajo su barbilla, pero la besó en los labios con la misma ternura de
siempre. Ella esperó, pero… ¿adonde había ido aquel temblor que siempre habían
provocado sus besos? La sonrisa que él le brindó no parecía sincera.
Quizá sólo estaba cansado. Y distraído. Dios sabía lo preocupada que había estado ella
desde que había abandonado a Terry y a Albert. Y habían pasado cinco años desde la
última vez que había visto a Anthony. Las cosas habían cambiado. La gente cambiaba.
Volverían a empezar de nuevo. Anthony y ella conectarían.
Abrigar esperanzas de que Terry la llamara, se disculpara y que le pidiera que regresara
con ellos era una estupidez.
-¡Dios! - Anthony dio un paso atrás, sosteniéndola a una distancia prudencial y la miró
fijamente -. Estás guapísima.
-Tú también.
Él hizo un gesto con la mano para descartar el cumplido.
-Es fácil cuando tienes un estilista, un entrenador personal, un chefbla, bla, bla. Pero
siéntate. Es un placer volver a verte. - La empujó hacia el sofá y ella se sentó a su lado –
Hace un par de semanas que no sé nada de ti, ¿qué tal tu padre?
-Ya conoces al coronel. Siempre está ocupado. Siempre corriendo de un lado para otro.
Anda recorriendo el mundo. Volverá a casa la semana que viene para unas mini
vacaciones. Hace más de un año que no se toma unas.
Anthony asintió con la cabeza.
-Ese hombre nunca para. ¿Te acuerdas de aquella semana que pasamos en el lago
cuando tuvo que protegerme durante todo el verano?
"¿Te acuerdas de…?". Era eso lo que había hecho que Anthony y Candy se enamoraran
y hubieran comenzado a hablar sobre la posibilidad de un futuro juntos. Nada había
cambiado desde entonces. Y a la vez todo era distinto. Anthony había acabado
adoptando un estilo de vida salvaje según los periódicos sensacionalistas. Y ahora, era
Terry quien ocupaba los pensamientos de Candy. Era por él por lo que sentía un
constante nudo de dolor en el estómago. Allí sentada al lado de Anthony, con Colin
mirándolos, una pregunta irrumpió en su mente: ¿incluso si lograra expulsar de su
corazón a Terry y a Albert, podría encajar en la vida de Anthony?
-Detalles tales como saber que Anthony había acabado atraído por los ménages -y con
qué mujeres andaba- deberían de molestarla. Y así había sido unas semanas antes. Pero
tras haber estado con Terry y con Albert, no había pensado mucho en el asunto.
Ciertamente, no podía esperar que Anthony fuera célibe después de tanto tiempo sin
verlo. Y ella tenía sus propios problemas.
Además, la última vez que Anthony y ella habían hablado, él le había dicho que estaba
preparado para renunciar a sus días de fiestas. Más que preparado. Candy no estaba
exactamente segura de qué había querido decir con eso. ¿Se refería a los ménages?
Fuera como fuese, Candy tenía que olvidarse de Terry y Albert si quería estar con
Anthony y averiguar si podían tener un futuro juntos.
-Claro que me acuerdo - murmuró ella - tengo muy buenos recuerdos de esa semana.
-Sabes que mi intención era obligar a tu padre a tomarse unas vacaciones. -Anthony
tuvo la cortesía de parecer avergonzado.
¿En serio? Ella había pensado -había esperado-, que hubiera sido una táctica para pasar
más tiempo con ella.
Candy le recordó con acritud:
-Lo único que hizo fue quejarse durante toda la semana de que la cabaña era un blanco
seguro y que cualquier fanático psicópata podía dispararte con un rifle de gran potencia
desde un bote en el lago y liquidarte en el acto.
Anthony puso los ojos en blanco.
-Bueno, jamás dominó con maestría el difícil arte de relajarse.
-Pues no ha cambiado.
-¿Aún sigues preparando los exámenes de enfermería?
Ella negó con la cabeza.
-Ayer acabé el último. Una vez que obtenga los resultados, tendré que decidir dónde iré
a trabajar. Tengo que considerar un par de ofertas, pero depende de si apruebo los
exámenes o no.
-Seguro que lo harás. - Anthony frunció el ceño - ¿Cuándo sabrás si has aprobado?
¿Pronto?
-En seis semanas. - Candy se encogió de hombros - hasta entonces no tendré los
resultados.
Por un momento, atisbo en el rostro de Anthony una expresión pensativa.
-Eso nos da algo de tiempo…
Un duro y repentino golpe en la puerta sobresaltó a Candy. Anthony y ella se volvieron
hacia el sonido mientras Colin abría la puerta de la suite. Un hombre un poco mayor que
Anthony vestido con un abrigo informal de color camel y una almidonada camisa
blanca entró en la estancia. Cuando se acercó a la luz, Candy pudo observar que tenía el
pelo castaño y la piel morena. Tenía el ceño fruncido.
-Anthony, la prensa estará aquí en una hora. No lo olvides. -Dirigió una mirada afilada
al minibar medio vacío.
-Y, maldita sea, ni se te ocurra aparecer borracho. Huelen esa mierda a un kilómetro de
distancia y tu reputación no es precisamente buena.
-Neal - dijo Anthony - Mi agente. El alma de las fiestas.
Ni siquiera un sordo podría ignorar el tono sarcástico de Anthony. Neal le respondió
con un tono brusco y gruñón:
-Mi deber es mantenerte apartado de la autodestrucción. Sin mí, serías una vieja gloria
del pasado.
-Gracias por los ánimos, papi.
Su agente dirigió aquella penetrante mirada café hacia ella.
-No hemos sido presentados.
No fue un saludo cálido, pero tampoco despectivo. Candy no sabía qué pensar de él, ya
que ella también era de la opinión de que Anthony tenía que controlar más la bebida.
Aunque si hubiera sido ella la que lo hubiera amonestado, lo habría hecho con más
delicadeza. Se puso en pie y le tendió la mano.
-No, no hemos sido presentados. Soy Candice White.
-El inexpresivo rostro de Neal mientras le estrechaba la mano le dijo a Candy que él
jamás había oído hablar de ella. Algo extraño. Por otra parte, Anthony había contratado
al veterano profesional hacía unos dieciocho meses y sabía que Anthony y Neal no eran
amigos; su relación era estrictamente profesional.
-Hace años que conozco a Anthony. Somos viejos amigos.
-Y como tenemos unos días libres, Candy y yo vamos a ponernos al día - intervino
Anthony, colocándose al lado de ella y pasándole un brazo por los hombros.
-Pues recuerda cuáles son tus prioridades, Romeo. Ya tenemos de sobra con el nuevo
álbum y la próxima gira - dijo Neal frunciendo el ceño.
-Ya lo sé. - Anthony empujó a Neal hacia la puerta - Estaré abajo dentro de una hora.
Gracias por recordármelo. Ha sido un placer verte, pero adiós. Candy frunció el ceño.
-¿Vas a hacer una gira?
-Primero tenemos que terminar el trabajo en los estudios. Haremos una pequeña gira por
Estados Unidos; sólo visitaremos diez ciudades - la tranquilizó, mientras seguía
empujando a Neal - Vendrás conmigo, ¿verdad? Dijiste que pasarías, al menos, unas
semanas conmigo, ¿qué importancia tiene dónde estemos?
-Esta joven es una distracción innecesaria - dijo Neal, deteniéndose en la puerta - No
encaja con la imagen que hemos vendido a la prensa. Un niño malo con la voz de un
ángel. Cosas como ésa es lo que hacen vender discos. Si sale a la luz que llevas a tu
novia contigo en la gira, el álbum no se venderá.
-Como no te esfumes en los próximos diez segundos, no daré ni una sola rueda de
prensa en las primeras tres ciudades.
Con el ceño fruncido, Neal salió como un ciclón, cerrando la puerta de un portazo.
Anthony se apoyó contra la puerta con un gemido.
-Tiene buenas ideas, pero es tan cuadriculado que me vuelve loco. Así que… vendrás
conmigo a la gira, ¿no?
Candy había ajustado su agenda para poder estar con él. Pero ¿una gira? La situación
entre ellos era ahora un poco embarazosa. Y tener a Neal y Colin pululando a su
alrededor no ayudaba mucho precisamente. O… ¿quizá pensaba así porque era incapaz
de apartar a Terry de sus pensamientos? ¿Lamentaría él haberla rechazado e insultado?
¿La estaría echando de menos? Incluso en ese momento, Candy ardía en deseos de
coger el celular y llamar a Albert para preguntarle por aquel militar testarudo. Pero,
¿para qué? Aunque Terry la quisiera, jamás lo reconocería. Por alguna razón, ella le
hacía sentir vulnerable y él no podía tolerarlo. Y maldición, eso dolía.
Candy se aclaró la garganta mientras intentaba ordenar las ideas.
-Antes tendré que asegurarme de que no tengo ningún otro compromiso pendiente, pero
creo que podré ir.
-Genial. - Anthony se encogió de hombros y la condujo de vuelta al sofá, dejándose caer
en él y colocándola a ella en su regazo.
-La verdad es que no quiero que te vayas. Llevo mucho tiempo queriendo estar contigo.
Eres justo lo que necesito, nena. Sin ti a mi lado, puedo llegar a ser un chico muy malo
– dijo brindándole una sonrisa capaz de iluminar un estadio.
Eso era justo lo que la prensa decía de él. Con esa atractiva apariencia acompañada de
dinero y fama, Anthony había caído de lleno en el sexo, las drogas y el rock'n'roll, en
ese orden. Era extraño estar sentada en su regazo, sólo podía preguntarse cuántas
mujeres más habían estado sobre sus muslos y qué había pasado después. De cualquier
manera, estaba claro que no la excitaba como Terry, ni la hacía sentirse cómoda como
Albert.
-¿Acaso pretendes que cambie tus malas costumbres?
Él le cogió la mano y le acarició la palma con el pulgar.
-Eres una influencia positiva. Mi talismán. Mi conciencia.
"¿Qué?". La última vez que habían hablado ella no era lo suficientemente salvaje para
vivir con él ¿y ahora era su conciencia?
-No frunzas el ceño - dijo él - Es algo bueno.
Colin miró el reloj.
-Ha llegado el momento de ir a ver a Rob para que dé su jodida opinión sobre las
canciones del nuevo álbum.
-Rob es mi productor - le aclaró Anthony a Candy - Entretén al toro por mí, ¿ok?
Quiero estar a solas con Candy.
La mirada de Colin se deslizó sobre ella hasta detenerse en sus pechos. De alguna
manera, se sintió tocada sin permiso. Casi violada. Sintió un escalofrío. Si era él el
tercer miembro de los ménagesde Anthony, y si ella iba a mantener ese tipo de relación
con él, tendría que decirle que se buscara a alguien cuya mirada no le hiciera sentir la
necesidad de vomitar.
-Claro - dijo Colin - necesito tomar un reconstituyente antes de irme. -Examinó el
minibar y sacó un par de botellas de licor. Abrió una y se la bebió en unos segundos –
¿Quieres?
Anthony miró las botellas que Colin tenía en las manos y luego a Candy. Ella echó una
ojeada discreta al reloj. Eran sólo las dos de la tarde y ¿ya andaban bebiendo alcohol?
Candy sintió la mirada de Anthony sobre ella, y cuando levantó la vista, él le dirigió a
Colin una mirada de advertencia.
-No, aún es pronto.
-Hombre, siempre dices que en algún lugar del mundo ya han dado las cinco.
-Con un encogimiento de hombros, Anthony frunció los labios y apartó la mirada.
Luego le dirigió a una sonrisa radiante.
-¿Ves?, es Candy. Ella tiene una influencia positiva en mi vida. ¿Te das cuenta de lo
buena que eres para mí, nena?
Anthony le apretó la mano. Candy le devolvió el apretón casi en un acto reflejo, pero las
palabras de él resonaron en su mente. "¿Por qué soy buena para él?" ¿Cuándo se había
convertido ella en algo bueno y ventajoso?
-No puedo esperar a conocerla mejor. - Colin le lanzó a Candy una sonrisa ardiente y se
despidió de Anthony con una palmada en el hombro, añadiendo - reserva el trasero para
mí.
A pesar del tono bajo de Colin, Candy no pudo evitar oírlo. Y se enfadó. Aquel imbécil
estaba dando por sentado algo para lo que ella aún no había dado su consentimiento.
Terry había sido su amante en compañía de Albert, cierto, pero había sido imposible no
adorar a Albert. Era todo encanto y sofisticación. Un seductor innato, dulce y excitante.
Y Terry… ella había confiado en él desde el primer momento a pesar de que podía
comportarse como un auténtico bastardo y decir las cosas más horribles y maliciosas
con el único fin de apartar de su lado a las personas que le amaban.
-Piérdete - Anthony le señaló a Colin la puerta con el dedo.
El músico, con cuatro botellas en la mano y su tatuaje de calavera, abandonó la
habitación unos momentos después. Candy soltó un suspiro de alivio.
-No le hagas caso. A veces es un idiota.
Candy no se lo discutió.
-Me ha dicho que lo comparten todo. Es el otro hombre de tus ménages, ¿no?
Anthony se removió con inquietud bajo la escrutadora mirada de Candy.
-¿Cómo es que sabes eso?
-Cuando me dijiste que vivías de una manera poco ortodoxa que no podría soportar, leí
la prensa sensacionalista, hice algunas preguntas y encontré la respuesta.
-Ah, nena. - La rodeó con sus brazos y depositó un beso amistoso en sus labios - No
haría eso contigo. Esas chicas no son importantes. Colin y Neal pueden asegurarte que
todas esas cosas que ocurren en las giras son insignificantes. Y que alguien como yo
puede encontrar… aburrido. Algo tan común como cepillarse los dientes un par de
veces al día.
"¿Dos veces al día?". ¿Con una desconocida? ¿Y le resultaba aburrido?
-No me mires así. No lo digo por herirte. Sólo soy honesto. Pero tú… eres importante
para mí. Contigo, nunca me aburriré. He pensado mucho sobre ello, y jamás te
compartiré. Eres demasiado dulce. Demasiado buena. Y quiero que sigas siendo así.
Eran unos pensamientos preciosos. Pero ella no era una santa ni nada parecido. Y ¿qué
pasaría si él se aburría? Frunciendo el ceño, Candy se deslizó en el sofá al lado de él.
-No soy tan dulce. Y no soy totalmente inocente. Después de saber sobre tu inclinación
por compartir a las mujeres, fui a ver a alguien que también lo hace. Ese hombre y su
primo me han… estado enseñando.
Anthony se quedó boquiabierto.
-¿Te han estado enseñando?¿Has permitido que te penetraran…?
-No - le interrumpió - Ya te dije que vendría a ti siendo virgen y lo sigo siendo.
Sólo porque Terry no la había aceptado. Maldición, volvía a sentir aquel dolor de
estómago otra vez, y cada vez era peor. Se recostó en el respaldo, respiró hondo, pero
seguía doliendo. Se suponía que el tiempo lo curaba todo, pero aquel dolor no se
aliviaba ni desaparecía.
Candy no se había ofrecido a Terry porque hubiera sentido lástima por él. Como si su
virginidad fuera un premio de consuelo. La única cosa que Candy había deseado aquella
noche había sido sanarlo, conectar con él. Amarle. De alguna manera, a pesar de las
horribles palabras que luego le había dicho él, una parte de ella -una gran parte- había
esperado que Terry aceptara su oferta y que se hubiera acostado con ella. Sospechaba
que si él hubiera tomado su virginidad, habría podido ayudarlo a nivel emocional. Pero
ahora jamás lo sabría.
Anthony soltó un suspiro de alivio.
-¿Así que sólo hablaron contigo?
-Me tocaron. Y aprendí a tocarlos. - No pensaba mentir.
Lo que sí que no le diría era que estaba enamorada de otro hombre. Una expresión feroz
atravesó el rostro de Anthony.
-¿Cómo te tocaron exactamente?
-De la manera necesaria para que yo comprendiera el placer que se obtiene al ser
compartida y poder ofrecértelo a ti. Jamás he esperado que cambies tu sexualidad por
mí. Así que intenté adaptarme.
"Y todo gracias a un fascinante y terco soldado con el que al final he acabado
quemándome".
La respuesta pareció aplacarlo.
-Eso es… genial. Eres una mujer asombrosa. Pero tú no eres como una de esas putas,
una de esas chicas tontas que tengo a mi alrededor todo el tiempo. Jamás he tenido
intención de compartirte. Ni con Colin ni con nadie. Si te convierto en una chica mala,
¿cómo podrías ser mi tabla de salvación?
Aunque parecía hablar medio en broma, Candy no le veía la gracia. Tenía que conseguir
que él se deshiciera de esa imagen de Virgen María que tenía de ella.
-Gracias por no querer compartirme con Colin.
Anthony se incorporó y la atrajo hacia él.
-Eres mía, nena. Hemos pasado demasiados años manteniendo una relación a medias.
Eres la única que realmente me conoce. Eres la única que me importa lo suficiente para
intentar cambiar.
-No te he pedido que cambies por mí.
-Pero yo sí quiero hacerlo por ti. Por ti, quiero ser un hombre mejor. Y lo soy cuando
estoy contigo.
Sus palabras eran conmovedoras, pero estaba confundido. ¿Por qué pensaba Anthony
que tenía que cambiar? ¿Desde cuándo pensaba así? ¿Y por qué la veía a ella como una
meta a alcanzar?
-Quizá podamos llegar a un acuerdo. Tú intentas ser un poco mejor, y yo intento ser un
poco menos inocente. Quizá resulte.
Él vaciló.
-¿A qué te refieres con eso de ser un poco menos inocente?
-No tengo pensado seguir siendo virgen toda mi vida.
¿Por qué no ofrecerle su inocencia a Anthony? Llevaba años reservándose para él. Y
Terry ya la había rechazado a pesar de lo mucho que la deseaba.
Anthony no respondió de inmediato.
-Y me parece lógico, pero tengo un plan. Sólo necesito que me des un poco de tiempo.
Todo irá bien, nena. Ya verás - dijo con aquella sonrisa que con tanta frecuencia
brindaba a las cámaras.
No era su verdadera sonrisa. Su auténtica sonrisa, que ella recordaba de aquel verano
juntos, era picara y asimétrica. Era picara y torcida. Aquélla, sin embargo, era simétrica
y falsa.
Candy frunció el ceño.
-De que hablas, Anthony, dime exactamente qué plan es ése.
-No. No te lo voy a decir. Tengo que pensarlo bien. Ven a la gira y ya lo descubrirás.
-¿Cuándo nos vamos? - Tras cinco años de espera y un corazón roto, ¿por qué seguir
dejando su relación en suspenso? Candy quería seguir con su vida, hallar la manera de
ser feliz de una vez.
Y olvidar a Terry. Él era parte del pasado. La había ahuyentado, así que Candy seguiría
adelante, esperando que pronto Anthony y ella encontraran el camino adecuado.
-Dentro de una semana.- Le sostuvo las manos - Estaré encantado de tenerte conmigo y
que me ayudes a mantener el control. Todo será diferente. Te sorprenderás, ya verás.
Haré que la espera merezca la pena.
-¿Dónde estás? - le preguntó su padre por teléfono esa misma noche.
Acurrucada en el sofá de la suite de Anthony mientras la banda ensayaba, Candy
sujetaba con fuerza el celular.
-Estoy en Houston, papá. Con Anthony. Estará en Estados Unidos durante unos meses y
vamos a pasar algún tiempo juntos.
Su padre guardó silencio un rato.
-¿Sabes lo que dice la prensa de él? ¿De su vida sexual?
El coronel seguía siendo su padre a pesar de que hacía ya tiempo que ella había dejado
de ser una niña.
-Sí, papá. Ya hemos hablado de ello.- Era el momento de cambiar de tema antes de que
él preguntara qué había querido decir con eso, antes de que le preguntara dónde (y con
quién) había estado antes de ir a Houston - ¿Dónde estás tú?
-Espero que tengas cuidado - le dijo él, ignorando la pregunta.
Eso por intentar cambiar de tema.
-Eso haré. Ahora ya soy toda una mujer.
-Sí. - El escupió las palabras, como si odiase admitirlo - Al volver la vista atrás, me
pregunto si tus hermanos y yo no te habremos sobreprotegido después de que tu madre
muriera. ¿Conoces la clase de vida que lleva alguien como Anthony?
Oh, por supuesto. Había aprendido lo suficiente de Terry y Albert, incluyendo el dolor.
-Por favor, no te preocupes. Hiciste un gran trabajo ejerciendo de padre y de madre a la
vez. Jimmy y Tom fueron los típicos hermanos sobreprotectores que me espantaron
todas mis citas y se burlaron de mí cada vez que me maquillaba, pero, créeme, no estoy
tan traumatizada. Me las arreglaré.
La risa ronca de su padre le enterneció el corazón.
-Conozco a Anthony desde hace mucho tiempo - continuó ella - Llevamos años
esperando una oportunidad. Sólo tenemos que aprovecharla.
-No te veo como seguidora de una superestrella. - El tono desaprobador de su padre no
podía ser más evidente.
Candy tampoco se veía de esa forma, la verdad. ¿Podría vivir la vida nómada de
Anthony? ¿Podría permitir las largas ausencias de él con su banda para vivir como
siempre lo había hecho?
Incluso aunque él quisiera cambiar, llevaría su tiempo. ¿Y si, algún día, tras llevar años
casados se daban cuenta de que aquello no funcionaba? ¿Podría ella dejar de amar a
Terry? ¿De quererlo? ¿De desearlo? ¿Podría aceptar a otra persona? ¿Cómo era posible
que un hombre destrozara todos sus planes en tan sólo unos días?
-No soy una groupie. Y ésta es nuestra oportunidad de conocernos bien. Deja que lo
intente.
-No me gusta. Anthony solía ser un buen chico, pero por lo que he oído de él… creo
que será un error.
Candy sintió un nudo en el estómago. Su padre estaba convencido de lo que decía.
Aunque el coronel llevaba años sin ver a Anthony, sólo había oído cosas de él. No era lo
mismo.
-Pues será mi error.
Su padre suspiró.
-Sí, es cierto. Pero ten cuidado, y en más de un sentido.
-¿Qué quieres decir?
-Ahora mismo voy a tomar el avión a casa desde Tailandia. Cuando llegue a Estados
Unidos quiero comprobar que tus hermanos y tú están bien.
-¿Todavía te están amenazando?
-Sí. Me siguen enviando unos e-mails espeluznantes y me dejan mensajes amenazadores
en todos lados. No sé quién es, pero va en serio. Ya sabes cómo son estos chiflados, y
jamás amenazan en vano. Y éste te ha mencionado a ti, y me ha dicho que te hará daño
para hacérmelo a mí.
-Eso no es nada nuevo y jamás me ha ocurrido nada.
-Siempre hay una primera vez. Este psicópata parece muy tenaz, así que me sentiré
mucho mejor si no vas sola a ningún lado. Recuerda tus clases de autodefensa. ¿Podría
convencerte para que lleves un arma?
Un escalofrío de inquietud la atravesó, afilado como una cuchilla de afeitar e imposible
de ignorar. Algunos dementes dedicaban sus vidas a esperar que sus presas se relajaran
y bajaran la guardia. ¿Quién sabía cómo sería ese hombre?
-No tengo permiso de armas. Pero estaré bien. Siempre estoy rodeada de gente.
Su padre gruñó al teléfono, como si quisiera decir algo más, pero supiera que sería
perder el tiempo.
-Entonces, ¿vendrás a visitar a tu anciano padre cuando esté en casa?
-La gira de Anthony se detendrá en Dallas la segunda noche. Me pasaré por casa cuando
estemos allí. Estoy deseando verte.
-Yo también. Cuídate, pequeña. Te he echado mucho de menos.
Llevaba años sin llamarla así. Hacía mucho tiempo que no se dirigía a ella con ningún
término cariñoso.
-¿Me estás ocultando algo?
Él vaciló.
-No, sólo quiero que tengas cuidado.
Amores, en una de esas subo otro capitulo mas, pero no mañana, ya que me voy a la fiesta de la cerveza, a ver si apago la llama jajajajajajaj besos a todas
