Capítulo Décimo: Puesta en marcha
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Lo que en la noche había parecido ser una planificación de algo que no tenía ni pies ni cabezas, a la mañana siguiente volvió a relucir a la hora del desayuno. Era día jueves, para alivio de todos, ya que esa había sido una agotadora semana, y las contiguas serían iguales, o tal vez peores.
Alice estaba de mejor humor, ya que había decidido no saludar ni mirar a Frank. Lily se había dado cuenta de que éste la había estado mirando con gran insistencia durante diez minutos, y que después, por fin, se rindió.
Potter llegó junto con Pettigrew, y tras ellos, caminando lentamente, iba Lupin afirmando con un brazo a Black, que iba con ambas manos en la panza. Se sentaron, a distintos lados de las dos chicas, y a coro dijeron "Buenos días".
— Para que veas… Alice — susurró Sirius con mucho esfuerzo, como si las tripas se le estuvieran retorciendo —, a pesar de mi terrible enfermedad, he venido a charlar sobre el plan.
— ¿El plan? — exclamó sorprendida — No pensé que fuera en serio. Viniendo de ustedes… — se auto- interrumpió, ya que en el Gran Comedor entraron cientos de lechuzas, dejando las cartas y objetos a sus respectivos destinatarios. A nadie, excepto a Remus, le llegó algo. Él, como de costumbre, recibió El Profeta y se puso a hojearlo.
— Aunque no lo creas, somos muy serios — acusó Potter señalándola con un dedo, luego de que pasó el bullicio — ¿Cierto, Evans?
Lily que había estado algo distraída mirando la mesa de Slytherin, giró la cabeza hacia James, que estaba sentado en frente de ella, al lado de su amiga.
— Supongo que podrás hablar de tus cosas sin incluirme a mí, ¿verdad? — dijo evitando ser antipática — Y si son tan serios, entonces, qué queda para Remus, ¿no?
El aludido pegó un respingo, y sus ojos pardos se volvieron inmediatamente hacia la pelirroja. Luego miró a Sirius, que había comenzado a contestar la pregunta.
— Es que Remus es de otro mundo, ya sabes. Él no es serio. El es maduro — reconoció con toda sinceridad.
— Exacto — reafirmó Potter —, y bien, a lo del plan…
— ¿Sí? — dijo Alice, colocando más atención, apartándose el cabello liso de su redonda cara.
—Nada, tú no debes preocuparte de nada —dijo simplemente Sirius, como si fuera la cosa más obvia del universo —, no debes inmiscuirte en esto, debes estar completamente alejada, actuar, fingir que no sabes nada, para que Longbottom no piense que tú fuiste la de la idea de increparlo.
— Pero si ella no fue la de la idea — defendió Lily —, además, qué tanto misterio ¿piensan torturarlo?
— Nada de eso — se aventuró a contestar el de gafas, mirando intensamente a Lily. Era adrede eso de que, cada vez que ella hablara, él intentara contestar para tener excusas de acosarla, pero por ahora, nada de eso estaba surtiendo efecto — ya dijimos que solo unas palabras bastarían.
— ¿Cómo qué tipo de palabras? — preguntó Alice.
— Mmh… primero me acercaré con cualquier excusa… luego seré amable para caerle bien. Luego lo llevaré a las cocinas, si es posible… donde pienso invitarlo a un par de copas y… — Sirius sacó de su bolsillo un frasco diminuto con un líquido espeso de color azul petróleo.
A Lily se le hacía extrañamente familiar. Inconscientemente se miró las manos. Y luego lo recordó todo, ya que se topó con los mezquinos ojos de Severus.
— ¡Eso es muy sucio! — espetó por lo bajo, fulminando a ambos chicos con sus ojos, que estaban más verde esmeralda como nunca antes.
— No está sucio, Evans — fue primera vez que Peter metió la cuchara en la conversación. Lo único que hacía era balancearse sobre su asiento, muy nervioso, y mirar a todos con cara de asombro. Pero esa vez, todos se miraron sin comprender. Entonces, el chico agregó — la poción no tiene más de tres días…
— No se refiere a eso, Peter — le espetó Sirius. Luego se volvió hacia ella —, es un leve… empujoncito.
Alice miraba a todos como viendo un partido de tenis. Estaba claro que no había comprendido lo de la sustancia del frasquillo.
— ¿Me pueden explicar qué es eso? — indagó Alice desesperada. Cada vez bajaban más la voz, y eso que no hacía falta, había gran bullicio en el lugar.
— Es Afelixis — dijo Lily, y entonces, su amiga cayó en la cuenta, abriendo los redondos ojos como platos.
— ¿Piensas… hacérselo beber?
— ¡Pues claro! ¿O acaso quieres que se lo meta por el…? — Black no completó la palabra. Remus le dio un manotazo en la cabeza, mirándolo con reproche.
— La cosa es, Evans — continuó James, con toda naturalidad, acercándose más a la mesa, como si el plan fuera para ella — que debes mantener a tu amiga lo más lejos posible, deben parecer inocentes. Y lo mismo nosotros, solo Sirius hará el trabajo. Por eso tampoco no nos entrometeremos en esto.
— En fin, ¿estás de acuerdo, Alice?
La chica titubeó un poco, antes de dar el sí definitivo. Miró a Lily, como pidiendo opinión, pero ella se limitó a encogerse de hombros.
Sirius y James miraban la redonda cara de Alice con una amplia sonrisa, como si estuvieran promoviendo alguna pasta dental. Y eso parecía, algo muy rescatable de esos chicos (Remus también) era que tenían una dentadura muy bonita. En cambio Peter, era el más menso, el más descuidado, y más encima tenía un tufo de los mil demonios. Quizá era por eso que Lily se compadeciera de él, pero a la vez, se mantuviera bastante lejos cuando él le dirigía la palabra.
— Ya — cedió por fin —, está bien. Solo espero que todo salga bien… y si algo falla, procuren escapar… —agregó amenazadoramente.
—Si Evans participa contigo en la persecución, pues entonces me dejo atrapar— dijo James con voz seductora.
— Qué patético — replicó ella, al tiempo que sentía los ojos de Severus clavados en ella.
Cuando sonó la campana se dirigieron — muy mal desayunados, por cierto, ya que apenas les habían quedado diez minutos para comer algo después de esa larga conversación — a distintas aulas cada uno. Especialmente ese día, tenían diferían en asignaturas. Lily debía ir a la de Aritmancia junto con Remus. Alice iba a la Estudios Muggles con Annika. James, Peter y Sirius iban a la de Cuidado de Criaturas Mágicas.
Se desearon buena suerte y tomaron los distintos caminos.
Remus iba muy callado, concentrado, mirando el piso.
— ¿Qué sucede? — preguntó Lily, sacándolo de su ensimismamiento.
— Nada — contestó éste, formulando una sonrisa forzada — ¿Crees que los muchachos ejecuten el plan a la hora de la cena?
— No lo sé — Lily no se percató de que Remus había hablado por hablar, solo para arreglar el ambiente. Estaba acostumbrada de que fuera así, callado, profundo, tal vez hasta misterioso —, y me lo preguntas a mí… Son capaces de hacerlo a cualquier hora, solo espero que no hagan nada que ridiculice a Frank o a Alice…
Durante la hora de clases no hablaron gran cosa. Se sentaron junto a otro chico de Ravenclaw, y estuvieron todo ese tiempo haciendo ejercicios matemáticos muy difíciles junto con las letras griegas, para poder predecir algún futuro cercano.
Lily estaba muy concentrada en lo suyo, y cuándo logró sacar dos palabras de todo ese cabeceo, se convenció de que estaba malo.
— "Tres personas" — dijo en voz alta.
— ¿Tres personas qué? —preguntó Remus con interés.
— No lo sé, solo pude deducir esto — se quejó borrando todo con un hechizo de la varita.
— ¡Pero no lo borres! — exclamó el chico de Ravenclaw, Derek Haviland — Quizá estaba bien. Tampoco puedes pedir tanto, Evans.
— Pero es que puede significar un montón de cosas —argumentó ella — debe ser algo más concreto.
— Entonces inténtalo mediante el método ecuacional, así quizá te de una información más clara.
Sin replicar nada, siguió las instrucciones de Derek, las cuales fueron tan falibles como la algebraica.
— "Hombres". ¡Vaya, qué éxito!
— Quizá sea "Tres Hombres" — razonó Remus, mirando el pergamino de Lily.
— ¿Tres Hombres qué? ¿Triángulo amoroso?
— Bueno, aquí en Hogwarts nunca lo sabes — dijo Derek con un tono algo místico.
Lily y Remus se miraron disimuladamente, luego de que el chico había bajado la cabeza para seguir con sus ejercicios.
— ¡Genial! Alice, buenas noticias tengo —digo Sirius, cuando toparon en la clase de Botánica —. En la clase de Cuidado le dije a Frank que tenía un problema con Encantamientos. Ya sabes que a él le va bien. Y con mi triste fingido fracaso de ayer, me querrá ayudar en la auto-encantación para quemarse. Así que quedamos de vernos en el aula de Encantamientos después de las clases. Así que no te asombres si no vamos a cenar.
— Sirius no va a hacer nada malo con él, te lo promete —dijo Potter. Lily no pudo contener una carcajada.
—Y como el plan está regido por un horario muy estructurado — prosiguió Sirius, con aires de grandeza —, les aconsejamos que a las ocho y media estén cerca del baño de Myrtle la llorona.
— ¡Silencio, señor Black! — dijo la profesora Pomona Sprout con amabilidad, que acababa de llegar al invernadero, como siempre, cubierta de tierra. Dejaron el tema a un lado y comenzaron a trabajar en las distintas macetas.
Alice se acercó a Lily.
—¿Para qué demonios tenemos que ir allí? —susurró a su amiga.
— No lo sé… puede que sea porque es el pasillo menos concurrido… —razonó Lily, dudosa.
Así que en la noche, a la hora exacta que había dicho Sirius, las muchachas se quedaron cerca del baño de la fantasma de Ravenclaw, pero no demasiado apegadas, porque Myrtle era demasiado pesada cuando alguien se aproximaba a su propiedad.
— Se supone que tenemos que fingir que estamos hablando normalmente, así que relájate —le dijo Lily a la nerviosa Alice, que no paraba de mover un pie.
—Algo va a salir mal.
Lily negó con la cabeza. Tenía un buen presentimiento.
