X. PREPARANDO LA AVANZADILLA (DON'T GET ME WRONG).

Día -3. Miércoles.

La pluma rasgó la hoja de pergamino que tenía frente a él, al compás del dictado que discurría en su interior, en su cabeza a veces tan repleta de tantas cosas... Pero sólo un momento, un último rasgado porque su mano se detuvo. A mitad de línea. Algo inusual.

Miró de reojo hacia la puerta, instintivamente, sin saber muy bien a qué obedecía aquel impulso, hacia la entrada a la habitación que fuera de Regulus Black. Aquella chica de comportamiento un tanto extraño le miraba con ojos... ausentes... perdidos... cómo viéndole pero sin ver... el tipo de mirada que produciría un encantamiento Confundus...

- Nymphad..., Tonks- se corrigió-¿Estás bien?

La joven, al sonido de su voz, sacudió la cabeza de un lado a otro, casi imperceptiblemente. Llevaba la corta melena de un violáceo como de...¿tormenta? y recogida sin mucho éxito en una coletilla que le dejaba la mitad de los cabellos desparramados sobre la frente, dándole un aire a su rostro más informal del que ya mostraba habitualmente.

- ¿Estás bien?- repitió la pregunta.

- ¡Sí!¡Sí!¿Por qué?- le devolvió ella con voz nerviosa.

- No lo sé.¿Quizá porque parecías un poco ausente?¿Llevas mucho rato ahí?

- Eh...- dudó- Acabo de llegar- mintió ella. No acababa de llegar, de éso estaba más que segura, aunque no era capaz de determinar cuánto tiempo había permanecido observándole desde el pasillo, mientras escribía tan atractivamente concentrado en su tarea.

- ¿Y... querías algo?

- ¡Oh, sí!- claro que quería algo en particular, por supuesto, pero intentó reponerse y centrarse en la oportunidad que Molly le había brindado aquella tarde- Molly empieza a tener serios problemas con la ropa- aunque a ella el hecho en sí no le importaba lo más mínimo- con tantos hombres en la casa... Me ha pedido que os subiera ésto- y por primera vez Remus se percató de la pequeña montaña de ropa desordenada y arrebujada que la chica llevaba en sus manos- a Sirius o a ti. La de los suyos la tiene controlada, pero la vuestra... Creo que no está dispuesta a indagar a quién pertenece cada prenda.

Remus se sintió un tanto incómodo momentáneamente mientras la chica ganaba jovialidad en su voz, volviendo a ser la misma que ya conocía, pero que últimamente y en ocasiones se mostraba algo más extraña de lo acostumbrado.

- Y perdona que la traiga así...- dijo con algo en su voz que en ella sonaba antinaturalmente a vergüenza- es que tropecé... al subir...

Remus sonrió. No podría haber imaginado otra cosa.

- Pasa, pasa y déjala dónde...- pero con la primera "P" del primer "pasa", la chica ya se había adentrado en la habitación y se le había aproximado para dejar la ropa desordenada en la superficie del secreter donde él escribía, salvando, aún sin entender de dónde había sacado la rapidez y destreza necesarias, el tintero de un vuelco más que previsto causado por el desplome del pequeño montículo de tejidos varios.

Él, observando con incomodidad un segundo el rebujo de calcetines, pañuelos y otras prendas más comprometedoras, prefirió dar señales, en el reducido espacio que le restaba sobre el escritorio, de volver al asunto que le había ocupado hasta la interrupción de la joven, intentando disipar mientras tanto la bochornosa duda de cómo alguien pudiera no ser capaz de distinguir su ajada y maltrecha ropa de la de Sirius.

- ¡Si mi madre te viera!- sonó entonces la voz de la joven a su espalda-¡Con la cama aún por hacer a esta hora de la tarde!¡Te lanzaría un par de gritos y si con eso no fuera suficiente no dudes que te haría un Imperio!

- ¡Ah!- le dijo simulando parecer algo distraido- Lo siento- y rebuscando bajo el montón de ropa hasta hallar la varita que reposaba también sobre el secreter pero ahora sepultada, se volvió con la finalidad de que Andrómeda no pudiera tener motivos para realizarle una maldición imperdonable.

Pero no lo hizo, no pudo hacerlo: la chica había tomado asiento sobre su cama y no parecía muy dispuesta a moverse.

- ¡Ni se te ocurra o me harás sentir mal! La mía a esta hora debe de estar ya hecha pero te aseguro que si de mí dependiera no aparecería muy diferente a ésta...- y le sonrió, Remus aguantándole la mirada un momento divertido por el comentario, pero sólo hasta que pensó demasiado y decidió volver a los juegos de miradas esquivas que desde que se conocieran solían compartir cuando se encontraban a solas.

El hombre se dió la vuelta intentando centrarse de nuevo en su trabajo. Lo había vuelto a hacer, la había evitado como siempre le ocurría cuando le daba demasiadas vueltas a su idea de las últimas semanas.

- ¿Qué estás haciendo?- y dió un respingo en la silla: la voz de la chica, casi en un susurro, sonó alarmantemente cercana a su oído, como el primer día que llegara a la casa.

No se atrevió a moverse ni a girarse pero tenía la certeza de que de haberlo hecho se habría encontrado con el rostro de la joven demasiado próximo al suyo y no se hubiera equivocado porque Tonks esperaba el momento más que expectante sin saber muy bien qué pretendía hacer o qué quería que ocurriera después. Pero él prefirió mantenerse así, sintiéndose observado muy de cerca pero intentando imaginar que la vista de ella se dirigía en realidad al escrito que tenía sobre la mesa y no a su rostro.

Al cabo de un instante y al no recibir respuesta, la chica preguntó:

- ¿Carcassone?- todavía la oía a la altura de su hombro, pero era evidente que en un momento u otro había desviado la vista para leer el encabezamiento de la carta-¿Eso no está en Francia?

- Sí- y volvió a sentir los ojos de la muchacha de nuevo sobre él.

- ¿Y qué hay allí?

- Eh... Trabajo. Trabajo de profesor.

- ¿Vas a marcharte?- y la joven hizo la pregunta con tanta cautela y precaución que sin saber muy bien el por qué, se giró, sin ser del todo consciente de lo que hacía, y la miró.

Y entonces ocurrió, mientras la miraba... Aquel rostro agradable en forma de corazón, siempre sonriente, y aquellos ojos tan vivos que en la mayoría de ocasiones se le hacían difíciles de mantener sobre los suyos demasiado tiempo debido a una especie de tensión que surgía cuándo lo hacía... Ocurrió... De repente esa tensión desapareció... Se liberaba de ella... de aquella sensación de extraña incomodidad que sabía era él mismo quién la creaba, por pensar demasiado como de costumbre, por ser tan complicado.¿Cómo podía haber llegado a imaginar siquiera lo más mínimo en relación a aquella chica?

Le había estado dando vueltas a algunas de las cosas acontecidas en las últimas semanas, y que en realidad eran tan sólo ideas que de forma insidiosa y corrosiva se infiltraban en su mente y no le conducían a otra conclusión, que ahora confirmaba, que la de su propia estupidez.

- ¿Vas a marcharte?- volvió a preguntar la chica mirándole con preocupación.

Remus le sonrió. Talmente era como dar explicaciones a una niña pequeña, a una de sus alumnas...¿Cómo podía haber sido siquiera capaz de pensar por un segundo...¡Aquella chica era así por naturaleza!¡Nada que ver con él en particular!¿Cómo, por un momento que se había alargado durante dos semanas, había llegado a pensar... a fantasear con la idea de que... de que él, viejo, pobre, amargado y licántropo pudiera haber despertado el más mínimo interés en aquella joven... en aquella niña... por cuatro palabras que le hubiera dirigido o cuatro miradas extrañas que hubieran cruzado...

Decidió, contemplando sin más el juvenil rostro de la muchacha, que en aquel preciso instante se le abría la posibilidad de zanjar al fin todas aquellas dudas infundadas.

- Si me sale la oportunidad, sí. No puedo pretender vivir eternamente de la caridad de mis amigos- y por primera vez desde que la conociera no se le hacía dificultoso mirarla abiertamente.¡Estúpido!¡Y pensar que hasta entonces no había sido capaz de darse cuenta de que aquella joven era así, abierta, desinhibida y rayana en la coquetería con total naturalidad, sin intencionalidad, igual con él, que con Sirius, que con cualquiera que compartiera su mismo techo... Sin más sentido en todo aquello que el de la más natural inocencia...

- Pues es una pena- habló la chica- porque a mí no me importaría que vivieras eternamente de mi caridad- y le sonreía con dulzor.

- Ya,-rió escuetamente él- pero eso sería un golpe bastante bajo para mi estima y autorrealización.

- Sí. Por supuesto- y Tonks pensó que se le veía tan sumamente adorable así, a escasamente palmo y medio de su cara, que tan sólo requería de un mínimo empujoncito de valor para decidirse a besarlo.

Pero no lo tuvo. Ese valor no llegó, y decidió ponerse nuevamente erguida a su lado, algo decepcionada consigo misma por haber dejado pasar ese momento mágico que había estado a punto de suceder.

- ¿Y... cuándo te marchas?

- Bueno, primero tienen que contratarme y, la verdad, lo veo poco probable- la siguió con la vista hasta la cama, dónde la joven volvía a sentarse.

La chica se le quedó mirando, con esa sonrisa que acompañaba siempre su boca, y él se sintió bien, cómodo al fin.

- Ya...-continuaba mirándole, agradablemente relajada-¿Puedo preguntarte algo, Remus Lupin?- y quería que lo que saliese de su boca fuese una de las muchas preguntas sobre aquel hombre que en los últimos días se asomaban a su mente y que había sido incapaz de preguntar a Sirius por temor a que éste se oliera algo y volviera a tener motivos para burlarse de ella-¿Conoces mucho a Harry?-¡Merlín!¿Por qué le había preguntado aquella memez en vez de...

- ¿Por qué?- le devolvió él sin tono alguno de afectación en la voz, lo que la hizo pensar que definitivamente otro momento especial se había volatilizado ante sus ojos.

- Sirius dice que fuiste su profesor cuando estuviste en Hogwarts... Bueno, la verdad es que necesito más bien saber cómo son los muggles con los que vive. Llevo todo el día pensando en cómo hacer que mi parte del plan funcione; ya sabes, lo de la maniobra disuasoria y todo eso... y me preguntaba si podrías darme tu opinión sobre lo que se me ha ocurrido al respecto.

- Bueno, no sé si soy la persona más indicada... Creo que Alastor sería más idóneo, pero si puedo echarte una mano...

"¿Echarte una mano?"... Tonks tuvo que, obligadamente, sacudir la cabeza con vehemencia ante esa idea de que ÉL le echara una mano... dónde fuera...

- ¿Te ocurre algo?- le preguntó con cara de preocupación dado el movimiento extraño que acababa de realizar la chica.

- No, no. Oye,- continuó veloz- éso que has hecho hoy,- se le acababa de ocurrir un plan, improvisada y genialmente- esta mañana,- y continuó ahora con precaución- lo de ir a vigilar a Harry...

- ¿Cómo lo sabes?¿Te lo ha dicho Sirius?- la chica le miró perpleja.

- ¿Sirius?

- Lo de que voy a vigilar a Harry, la guardia de la mañana...

Remus se preguntaba cómo si no podía saberlo ella dado que se trataba de una decisión de última hora de Dumbledore y no había sido comentada con el resto de miembros de la Orden.

- ¡Nooo!- le dijo con sorpresa-¡Simplemente lo supuse! Sirius está insoportable y aprovecha la más mínima ocasión para despotricar contra quién sea y comentó que por culpa de Mundungus has tenido que asumir las guardias y le has dejado sólo en la casa sin más compañía que "Molly y sus mocosos"- la chica rió-. Y todos sabemos que si los del Ministerio hacemos nuestras guardias en el Ministerio pues vosotros las debéis hacer en...

Remus sonrió: Bien observado.

- ¿Mañana también vuelves?

- Sí. Todos los días hasta el sábado: Mundungus está desaparecido por el momento.

- ¿Y sólo vas por las mañanas?¿No haces ninguna guardia por la tarde?-¿sería capaz de seguir sonsacándole sin que él sospechara nada?

- Bueno... creo que por el momento no.-¡mierda!¡No sabía cómo lo iba a hacer entonces: estaba convencidísima de que Scrimgeour pondría todas las pegas posibles si intentaba pedirse el día libre con tan poca antelación!

- ¿Y no cabe la posibilidad de que cambies el turno de guardia con...

- ¿Cambiar el turno?- interrumpió Remus-¿Y por qué debería cambiar el turno?¿A qué tanto interés?- Tonks se puso súbitamente nerviosa.¡Se le estaba notando demasiado?¿Veía él sus intenciones?

- No..., es que había pensado que quizá podría... acompañarte mañana y hacerme una idea más clara de cómo son los familiares de Harry, para hacerles más creíble todo... y eso...- añadió sin demasiada convicción en sus propias palabras.

- ¿Más creíble?- esa chica y todo lo que le pasaba por la cabeza parecían de todo excepto creíbles.¡Había sido ella quién se empeñara en encargarse de alejar a los muggles de Harry cuándo fueran a buscarlo y a tres días vista, aún no parecía tener ningún plan, nada atado, a excepción de una excursión a Surrey para reconocer el terreno!- No pretendo parecer...-intentó que su voz no denotara sus pensamientos-... poco decoroso... pero creo que no podemos permitirnos dejar pasar mucho más tiempo. Faltan tres días y...¿no has... planificado... nada?- aquello empezaba a sonarle a reprimenda.

- Bueno...- en realidad había pensado muchas cosas, aunque sólo una hacía referencia a los familiares de Harry- Pensé que quizá podría enviarles alguna especie de invitación o algo así, para algún elenco o...¿Crees que hay algo que pudiera interesarles especialmente?

- ¿Una invitación?- y la miró severamente y con incredulidad. Tonks sintió un peso desagradable en el estómago, como si acabara de comerse de golpe una caja entera de galletas junto a un gran cuenco repleto de helado.

- Sí... Ya sabes...-dijo con precaución- el comité preseleccionador- y poniendo tono solemne intentó infundirse ánimos a sí misma- del... Concurso de Jardines Suburbanos Mejor Cuidados de Inglaterra,¿tienen jardín, verdad?- Lupin parecía estupefacto- les comunica que han sido seleccionados como mejor exponente en cuidados y planificación en jardinería de su condado como finalistas del certamen de este presente año 1995.-y un punto de aceptación le pareció que brillaba en los ojos de aquel hombre y prosiguió, sonriéndole- Les invitamos a la ceremonia de entrega de premios que se celebrará el próximo sábado día cinco de agosto a las veintiuna horas en algún lugar por determinar y a la que probablemente podríamos hacer asistir a Su Majestad la Reina o a algún otro representante de la Casa Real.¿Qué te parece?- y antes de que Remus respondiera puntualizó-¡Ah! Imprescindible etiqueta.

- ¿Etiqueta?- preguntó Remus entre divertido e incrédulo todavía, por el plan que acababa de oir.

- Sí, es lo mismo que para nosotros la túnica de gala. Les encantará... Excepto en el momento en cuestión- y la chica notó cómo una especie de carcajada silenciosa se le expandía en el abdomen- en que se den cuenta de la treta.¡Claro que para entonces tendrán que volver y nosotros ya no estaremos allí!- Remus pareció sonreir.¿Le habría parecido válida su idea?

- ¿Y cómo has pensado hacerlo?

- ¡Por correo!¡Muggle!

- No, me refiero a cómo vas a asegurarte de que se lo traguen...

- ¡Vah!¡A todos nos encanta que nos alaguen!¿Tú no irías?

Remus se la quedó mirando, un buen rato, sin decir nada; de hecho empezaba a ver claro que aquella joven cada vez evidenciaba más su parecido al Black que él mejor conocía.

Tonks no tuvo prisa y permaneció lo que le parecieron horas navegando en aquellos ojos color chocolate que le sonreían más allá de la sonrisa que expresaba su boca. Al cabo de un rato de silencio cómplice por parte de ambos, la chica se reclinó en la cama del licántropo, apoyándose en los codos y cruzando una pierna sobre la otra y balanceándola sin dejar de mirarle un segundo y sonreirle.

- Remus Lupin...- y consiguió hacer sonar su voz extremadamente coqueta y se percibió a sí misma irresistiblemente sexy en aquel momento y en aquel lugar.

- Me parece un buen plan- la cortó él sin sospechar lo más mínimo qué era lo que hubiera salido de la boca de la joven de no haberlo hecho.

- ¿QUÉ!- la chica pareció decepcionada, y con razón.

- ¿Qué te pasa?- Remus percibió un cambio en su semblante.

- No, nada- y volvió a sentarse rápidamente en la cama, diciendo de nuevo adiós a su oportunidad.

- ¿Te parece un mal plan tu propio plan?-¡No había quién la entendiera!

- ¡No!- estaba hecha un lío. Aquel hombre se le resistía y tenía la impresión de estar empezando a hacer el ridículo- No...¿Me... preguntaba si me ayudarías a redactarlo? Seguro que se te da mejor que a mí.

- ¿El engañar a los muggles?- y Tonks sonrió ante aquella nueva faceta de él.

- ¡No, en eso no vas a ganarme ni tú ni nadie!- le dijo desafiante por la falta de percepción de él, pero divertida al tiempo.

- ¡No quieras apostar!- y aquel reto la hizo empezar a comprender el por qué Sirius se llevaba tan bien con aquel hombre que parecía tan reservado en primera instancia.

- ¡Sí, quiero apostar!

- ¿Quieres apostar?- le dijo él incrédulo y sonriendo-¡No creo que tengamos muchas más oportunidades de volver a engañar conjuntamente a algún muggle!

- No- y le sonrió ella también-, pero siempre podemos tramar un plan en contra de Sirius,¿qué te parece?¡Podríamos enviarlo en túnica de gala a una entrega de premios al mago más buscado o algo así!

- ¡Eso sí que no!¡No me parece buena idea!¡Tú juegas con ventaja! Cuándo se diera cuenta a mí me daría un puñetazo en el estómago y... contra ti dudo que hiciera lo más mínimo: eres una chica.

- ¡Ah!¡Ventajas que tiene ser chica!- y permanecieron nuevamente mirándose y sonriendo- ¿Me ayudarás entonces a redactarlo?

- Sí, por supuesto- y la joven se alzó rápidamente con la intención de colocarse junto a él- Pero... has de esperar unos minutos que acabe lo que estoy haciendo. No me gusta dejar las cosas a medias.

- Sí. Vale- y volvió a sentarse en la cama- Aunque si he de serte sincera, preferiría que no lo acabaras, así no tendrías que marcharte...

- ¿Que marcharme?- y la chica le sonreía.

- Sí, a Carcassonne o dónde quiera que sea- y Remus se giró de cara otra vez a la solicitud de empleo que estaba redactando sin querer pensar demasiado en el comentario de la joven.

Concentrándose mojó la pluma en tinta y comenzó a rasguear el pergamino nuevamente, pero al cabo de un breve instante se vio interrumpido.

- ¿Sabes?- le dijo la chica a su espalda- Mi tía abuela o lo que fuera, la madre de Sirius, ya sabes, debía de ser muy mala persona...

Remus se volvió. La joven se había tumbado de costado, atravesada en la cama y le sonreía abiertamente, apoyando la cabeza sobre el brazo flexionado mientras se acariciaba el cabello tan peculiar con la mano.

- Sí- y la chica se volteó cerrando los ojos un segundo para acompañar un bostezo y mirándole ahora tumbada boca arriba- Tu cama: está bien pero es mucho mejor la de Sirius,-¿la de Sirius?, pensó él- que era la de su madre antes...- proseguía la joven- Ya sabes, dónde duerme con Buckbeak...- Remus asintió-¡No sé!¿Qué clase de madre se guarda para ella el colchón más cómodo de la casa y deja a su hijo uno peor? No quiero decir que el tuyo, bueno el de Regulus, sea mucho peor pero es que salta a la vista, y bueno, ya ni te menciono el de la habitación en que dormí aquella tarde... Creo que el sofá del salón verde hubiera resultado incluso más cómodo cómo lugar de reposo... Mi madre jamás lo consentiría... Quiero decir que una madre lo da todo por sus hijos; bueno, por su hija en este caso, y que si tiene un buen filete y uno regular pues que le servirá el mejor de los dos a su hijo y que si tiene un buen colchón y...

- Eh... Tonks...- le dijo algo abrumado por el soliloquio de la joven-¿Te importa que continúe? Acabaré enseguida.

- ¡Oh, sí!¡Perdón!¡No pretendía distraerte! Lo siento- y volvió a colocarse de costado y a sonreirle.

Remus intentó proseguir:"En deseo de que mi experiencia curricular", y sentía en su nuca los ojos de la chica,"pueda resultar de su..." y un silbido persistente de una melodía a su espalda volvió a interrumpirle. Se detuvo. Cerró los ojos e inspirando profundamente un par de veces intentó contenerse para no decir nada.

- Tonks...- y no lo consiguió-¿Quizá sería mejor si esperaras abajo?- y se giró y aguardó esperanzado una respuesta afirmativa que no se produjo.

- ¡Ohh! Perdona otra vez. A veces me cuesta estarme en silencio. Lo siento, no volverá a ocurrir.

Y Remus volvió a girarse y a concentrarse en el escritorio.

Ciertamente no volvió a suceder y tuvo tiempo de finalizar el escrito, releerlo e incluso borrar con un toque de varita y corregir alguna parte del mismo que no acababa de ser del todo de su agrado.

Mientras tanto supo que la chica le miraba persistente pero esforzadamente callada. Sentía su mirada Black insidiosamente sobre él pero lo achacó a que probablemente la joven se moría de aburrimiento por la espera, aunque de haber estado residiendo en su cabeza se hubiera dado cuenta de que en realidad la espera era un deleite para ella...

Para cuando finalizó unos quince minutos más tarde y se volvió para informar a la muchacha la encontró tal cuál la había dejado: atravesada a los pies de su cama vergonzosamente deshecha aún a aquella hora de la tarde y con los pies calzados colgando fuera de la misma. Pero la chica tenía los ojos cerrados y el rostro extrañamente relajado, sin el brillo especial que parecía aportarle aquella sonrisa tan familiar para él durante las últimas semanas.¿Realmente se había dormido?¿De aburrimiento?

Se levantó intentando ser sigiloso y se aproximó para comprobarlo... Efectivamente... Eso parecía... Indudablemente... Su rostro no mostraba un músculo en extraña tensión y su respiración era regularmente acompasada lo que le hizo pensar que sí, que efectivamente se había quedado dormida.

Pensó también en lo que debía hacer a continuación:¿La despertaba?¿Dejaba que siguiera durmiendo?¿La arropaba?¿La descalzaba? Ante aquellas dos últimas preguntas se convenció, pensando en que quizá si se arriesgaba a hacerlo la chica despertaría preguntándole qué diablos creía que estaba haciendo... Lo mejor sería salir de la habitación y bajar a la cocina o a cualquier otro lugar lejos de aquel dormitorio.

Y así lo hizo: Remus Lupin se encaminó, pluma y tintero en una mano y hojas de pergamino en la otra, a la cocina, dónde suponía podría dar algo de forma a la idea de los Jardines Suburbanos de la muchacha.

Llegó al lugar, cruzándose por el camino con el inteligente gato de Hermione que correteaba detrás de una rata y también, poco después, con los hijos gemelos de Molly.

- ¡Ey, Lupin!- le dijeron al unísono desde el rellano de la primera planta mientras él continuaba escalera abajo-¡Ven a ver lo que hemos ideado!

- Ahora no puedo- les respondió-, quizá luego más tarde,¿de acuerdo?- y continuó descendiendo pensando en qué sería aquello que habían ideado y que su negativa les provocó tamaña mueca de decepción a través de los barrotes de la escalera.

Al bajar a la cocina en ella sólo halló a Molly preparando la cena, quién lo saludó con su afabilidad habitual y que al saberle ocupado no hizo ningún intento de distraerle de su trabajo. Mujer prudente, pensó y sin quererlo le vino a la mente la imagen de la chica cinco pisos más arriba, hablando por los codos mientras le arrancaba ahora al hacerlo una sonrisa simpática que en su momento fuera más bien un suspiro de desesperación.

Se puso a trabajar y en pocos minutos tuvo sobre el papel más o menos lo que había comentado la joven rato antes en la habitación. Habría que darle seguramente algún retoque y también sería obligado mecanografiar de algún modo el escrito antes de enviarlo pero quería suponer que la chica ya habría pensado en aquellos detalles.

Ron, uno de los hijos menores de Molly y amigo de Harry, entró a la cocina, trayendo El Profeta consigo y dejándolo sobre la mesa mientras le saludaba con un "hola" bastante mustio y aproximándose luego a su madre con cautela dijo:

- ¿Mamá, queda mucho? Me estoy muriendo de hambre...

- ¿Has terminado ya con vuestro armario?- le devolvió severamente la mujer. Remus pensó que tenía suerte de no ser uno de sus hijos.

- Eh...-dudó.

- ¡Eso es un no!- le reprendió Molly sin darle tiempo a dar una respuesta-¡Pues jovencito, aquí no se cena hasta que no se cumpla con las obligaciones!

- ¡Es que Sirius me ha distraído!- se quejó el chico-¡Lleva toda la tarde persiguiéndome con preguntas sobre Harry y lo que le gusta y lo que no!¡Sólo le ha faltado preguntarme qué talla de ropa interior gasta!- Remus pensó que tenía más suerte aún de no ser ese hijo en particular de los muchos que tenía Molly: no deseaba a nadie un interrogatorio por parte de Sirius.

- ¡No me sirven las excusas!¡Seguro que a ti no te faltó tiempo para olvidarte de tu tarea y darle conversación! Y en cuánto a Sirius...- esto último lo dijo más para sí misma y el final lo masticó de manera inaudible.

Ronald se sentó a la mesa, en actitud de espera, pero su madre le gritó:

- ¡HAZ EL FAVOR DE SUBIR INMEDIATAMENTE Y ACABAR LO QUE DEBERÍAS HABER ACABADO HACE RATO!- y el chico no se lo pensó y salió escalera arriba sin dilación alguna.

Con El Profeta a su lado Remus se sintió feliz y se dispuso a leer un rato ojeando primeramente el contenido y deteniéndose particularmente en los artículos que eran más de su interés, como aquel que le ocupaba sobre Fudge cuando Sirius apareciera por la cocina.

- ¡Siempre entre papeles, eh, Lunático?

- Para no perder la costumbre- le dirigió él por encima de las páginas del diario.

- ¿Y qué es ésto?- y el moreno se asomó a las hojas de pergamino en que Remus había estado redactando la idea de la chica y que luego había aparcado pulcramente a un lado de la mesa-¿Ahora te dedicas a organizar concursos?

- Es para Tonks... Me pidió que le echara una mano con su parte del plan- y Sirius leía el texto con cara harto incrédula.

- ¡No sé cómo Dumbledore...- dijo al fin el Black enojado- cómo Moody le permiten jugar a estas cosas!¡Quedan apenas tres días y sólo se le ocurre distraerse jugando a... a...

- No lo veo tan mala idea...- se posicionó Remus antes de que su amigo siguiera hablando.

Molly se aproximó a los dos hombres con un trapo de cocina, secándose las manos, y echó un vistazo al escrito de lejos.

- ¡No me parece mala idea, Sirius!- dijo-¡Siempre es mejor eso que entrar aturdiendo a los muggles a diestro y siniestro cómo sugeriste a Alastor ayer!- y sin aguardar más respuesta volvió a su trabajo con las ollas.

Sirius no respondió y fue a sentarse tristemente junto a Remus. Éste hubiera deseado tener palabras de consuelo para su amigo, pero no las tenía. Sabía de lejos que Sirius, desde aquel fatídico martes, lo veía todo bastante peor que de costumbre y tenía la extraña sensación de haber intercambiado papeles con él. Ahora era Sirius quién a todo le buscaba un pero, una pega o una falta y quién hacía lo imposible por ver el lado más pesimista de cualquier asunto. Sirius parecía no ser él. Entendía que estuviera preocupado, cómo lo estaban todos, por su ahijado, y quería confiar en que aquel agriado amigo en que se había convertido en los últimos días, volvería a ser el mismo tan pronto el plan que estaban trazando alcanzara su objetivo y el chico estuviera al fin en la casa sano y salvo.

- ¿Dónde está Nymphadora?¿La has visto?- preguntó Sirius al fin rompiendo el silencio.

- ¡Sirius!- Molly intervino. Su voz sonaba a reproche- Si vas a emprenderla ahora con...

- ¡No voy a emprenderla con nadie!¿De acuerdo?¡No sé por qué clase de persona me tienes!

Molly no se la devolvió. Supuso que responderle sólo haría que encender más al hombre.

- Sólo pretendía darle alguna información- intentó explicarse conteniéndose- que se me ha ocurrido- y con sarcasmo añadió- en mi tranquilo retiro en esta casa... sin otra cosa que hacer en todo el día que imaginarme estar en cualquier otro lugar y facilitarle al Ministerio de vez en cuando pistas ficticias sobre mi propio paradero...¡Ésto es más que patético!- y nadie le respondió-¿Dónde está mi encantadora sobrinita?- y nadie habló-¿No la habéis visto?

- Ehh... Me parece que...- Remus dudó: No sabía cómo podría tomárselo Sirius- Está arriba... durmiendo... creo...

- ¿Durmiendo?- y el castaño permaneció atrincherado detrás del diario-¡Pues ya es hora de que vaya levantándose, no?

Remus no respondió pero a Sirius tampoco le hacía falta una respuesta.

- ¿Dónde es arriba?- y se levantó dispuesto a ir en su busca.

- En... la... habitacióndetuhermanoRegulus...-y al mejunje de palabras que había sido aquel mensaje añadió al final algo parecido a una tosecilla.

Sirius guardó silencio un instante pero acto seguido le arrancó el periódico de un manotazo y le miró con suspicacia.

- ¿HE-OÍDO-BIEN?- y de haber tenido bastantes años menos estaba seguro de que aquel Sirius que le miraba con aquella pregunta en la boca, le hubiera hecho sonrojarse o algo por el estilo-¡Qué se supone que has estado haciendo con mi sobrinita?- y lo que Remus encontró a continuación no lo hubiera previsto:¿El Sirius entrometido?¿Interesado en ciertos asuntos en particular?¿No molesto?¿No enfadado?¿Curioso?¿Que le miraba con ojos vivazmente divertidos?¿Que sabía estaba sonriéndose para sus adentros?

- Sirius... No es lo que parece...- y Sirius ya le sonreía abiertamente- Se quedó dormida... Nada más.

- ¡Sí!¡Nada más!¡Salvo que eres penoso!¡Más que yo! Eso me alegra...¿Que se quedó dormida?¿Y qué le hacías para que se te quedara dormida? No, no digas nada- se adelantó al ver que Remus tenía intención de replicar- De hecho, ya suponía que en ciertas cosas eras malo- y soltó una risotada- pero cometí el error de pensar que con la edad quizá habrías mejorado un poco.¡Ehh, Molly!¿Tú que opinas de que Remus esté cepillándose a mi sobrinita bajo mi techo y delante de mis propias narices?

Molly le lanzó una mirada de disgusto y desapareció en la despensa. Estaba ya más que harta de Sirius Black.

- Sirius, no...- intentó Remus volver a dar una explicación.

- No, no; no empeores más las cosas. Prefiero quedarme con mi versión a conocer la penosa realidad: que la mataste de aburrimiento. Para una vez que te llevas a una chica a la cama...

Y Sirius se alzó de la silla y fue hacia la escalera.

- ¿Qué, vienes?

- No- y volvió a tomar el diario.

- ¿No?¿Sin más?- y rió- Ya... Ya sé lo que te ocurre: le tienes miedo- y tuvo la sensación de que Remus se escondía tras el diario- Una vez me ocurrió algo parecido. Bebí demasiado y no cumplí.- y el licántropo simulaba no oirle- Al día siguiente desperté con un dolor de cabeza horrible y no fue por la resaca... Aquella bruja tenía tanto de guapa cómo de rencorosa: amanecí colgado de un árbol cabeza abajo y con lo puesto, que no era mucho valga el detalle. Desde entonces aprendí a no mezclar mis vicios.¡No hay nada peor que una mujer insatisfecha! Yo de ti, huiría del país...¡Ah!¡Claro!¡Que no sabes de qué te estoy hablando!¡Lo olvidaba! Se quedó dormida, nada más.

Día -2. Jueves.

Ayer todo le parecía perfecto, incluso cuando Sirius la despertó sujetándola de los pies y sacándola a tirones de la cama mientras le decía que qué era eso de dormir con zapatos en la cama de un licántropo... Pero hoy, hoy...¡Mierda!¡Todo se confabulaba hoy en su contra!

Había llegado tarde al Cuartel de Aurores esa mañana y Scrimgeour no quedó muy convencido de que fuera por culpa del mago de seguridad del Atrio que un día más le había pedido que se identificara aunque ella estaba más que convencida de que el muy cretino lo hacía adrede.

Luego, para colmo, todos sus planes de aparecerse en su hora del almuerzo en Surrey y hacer una corta visita a cierta persona de guardia, compartir unos minutos, no más pretendía, se habían esfumado con Arthur y su máquina de mecanografiar muggle que le había prestado para hacer más convincente el escrito a los parientes de Harry. La cuestión era que les había llevado más de veinte minutos el averiguar cómo debían colocarse aquellos rollos de tela que les habían dejado los dedos tiznados de negro.

Después de eso, tuvo que repetir el escrito en cuestión tres veces, desilusionando la máquina cada vez que alguien se oía cruzar o moverse cerca de la puerta de su despacho, porque en ambas ocasiones se le coló la misma falta de ortografía. Pero aquello no le importaba. Se embelesaba igualmente con él, como con su letra, en especial la curvatura con la que unía las "l" con las "m" y la forma en la que alargaba las "g" y las "j".

Y cuándo ya tuvo el escrito listo, libre de errores, faltas ortográficas y huellas dactilares de sus propios dedos manchados de tinta, tuvo que salir a toda prisa a la oficina de correos dónde llevaba ya casi quince minutos siendo la última y única persona de la cola que impacientemente ya en ese momento esperaba a ser atendida antes de que cerraran. Y es que le parecía increíble que aquella mujer que tenía delante acaparara durante tanto rato para ella sola y sin miramiento alguno al único empleado de la oficina con no sabía exactamente el qué acerca de una reclamación.

- Hola, buenos días- le dirigió al empleado cuando al fin la señora desistió en su empeño de lo que fuera y le cedió a ella a aquel hombre de cara malhumorada- Necesitaría que esta carta estuviera en Surrey esta tarde, si es posible.

- ¿Esta tarde?- y el hombre echó una mirada como de repulsión al sobre rojo escarlata que la chica le tendía y luego paseó la vista por ella misma, con idéntica expresión. Tonks tuvo la sensación de que intentaba formarse una idea del tipo de persona que se suponía que era ella por el atuendo que vestía o algo parecido.- Y yo necesitaría muchas cosas- y al fin tomó la carta que la chica había dejado en la bandeja de la ventanilla, y la posó sobre una balanza- Urgente y con suerte estará mañana por la mañana en su destino. Una libra y cinco peniques.

Al marcharse, Tonks se preguntó cómo podía haber en el mundo gente así, tan poco agradable, e intentó justificar al empleado de correos con el hecho de que quizá había tenido un mal día, uno no muy diferente al de ella misma, salvo que en su caso intentaba que los que la rodeaban no pagaran las consecuencias.

Y volvió justo a tiempo a su despacho, transcurrida su hora del almuerzo y sin haber almorzado, para encontrarse a Rufus Scrimgeour esperándola para citarla a una reunión a la mañana siguiente.

- Estás muy dispersa últimamente- le había dicho su jefe antes de marcharse.

¿Dispersa últimamente?¡Si se encontraba más centrada que nunca! El detalle era que sólo en lo referente a alguien en particular...

Esa tarde, esperó con impaciencia la hora de marcharse a Grimmauld Place, rellenando el tiempo con una visita al despacho de Kingsley para poner en su conocimiento lo que Sirius le había dicho la noche anterior durante la cena: que había decidido visitar la isla de Jamaica y que pensaba cambiar de look, dejándose el pelo más largo y haciéndose rastas.

Kingsley no pudo evitar reirse y le ordenó, por algo estaba por encima de ella en la jerarquía del grupo de Aurores, que preparara un supuesto retrato robot de su primo y su nueva imagen, pero que obviara el tema de las rastas porque no acababa de verlo demasiado creíble a ojos de Scrimgeour. Y Tonks agradeció ese trabajo porque en el año que llevaba en el Ministerio se había dado cuenta de que aquella profesión que prometía acción, nada tenía que ver con lo que ella había imaginado...¡Se pasaba más tiempo dentro del Ministerio que fuera! Y el hacer papeleo la mataba...¡Ella era una persona de acción!

Cuándo esa tarde se presentó en Grimmauld Place, Sirius la recibió en la puerta con un:

- ¡Vaya!¡La bella durmiente en persona!- y mientras le cedía espacio para que pasara al interior de la casa, le preguntó- Dime una cosa,¿por qué nunca te has quedado dormida en mi cama?

- Sirius- y parecía que éste, en el último día, estaba de mejor humor que en los precedentes-, ya te lo dije ayer: porque tú no eres de fiar.

Sirius soltó una carcajada.

- ¿Que no soy de fiar?¿Dónde estabas el día que estudiásteis los hombres-lobo en tercero?- y la miró escéptico-¡Seguro que estabas revolcándote con uno!

Aquel comentario la molestó sin saber muy bien el por qué, pues Sirius lo había dicho en su habitual tono de mofa.

- ¡Pues no!- le devolvió enfadada-¡Estaba en la enfermería, viendo cómo vendaban de pies a cabeza al último idiota que se atrevió a hacer un comentario de ese tipo!

- ¡Vale, vale!¡Indirecta captada!- y riéndose cerró la puerta.

- No era una indirecta. Más bien iba derechita a matar.

- ¡Merlín!¡Ya se lo dije a Remus: nada peor que una mujer mal foll...- e hizo una pausa y le sonrió- Insatisfecha, quería decir- y antes de que Tonks asimilara en su cerebro aquello, Sirius ya había desaparecido escalera arriba.

La tarde pasó sin pena ni gloria: chicos pelirrojos desfilando por las diversas estancias de la casa, Molly quejándosele en la cocina acerca de Sirius en un momento en que ambas quedaron a solas, Ginny y Herm que la reclamaron para hacerle unas preguntas referentes a ciertos "temas de chicas" y Sirius, claro, recordándole aún en un par de ocasiones más en que se lo había encontrado por la escalera lo acaecido el día anterior:

- Si te apetece echar una cabezadita, me parece que Remus está esperándote arriba...

Y lo cierto es que era indudable que debía estar arriba porque en el resto de pisos inferiores no lo había visto a lo largo de toda la tarde y tuvo que resistirse pero muchísimo para no volver a subir sin excusa alguna hasta su habitación.

No fue hasta la hora de la cena que volvió a encontrarlo. La noche anterior se había disculpado con él por lo sucedido, aunque en realidad fue el "lo siento" más falso que jamás había salido por su boca porque para empezar había dormido de maravilla, siendo él lo último que vieron sus ojos antes de cerrarse y siendo su olor impregnado en las sábanas lo primero que había llegado a sus sentidos cuando despertó, aunque en realidad lo primero que llegara a sus sentidos fueran la voz de Sirius y sus sacudidas...

Pero ya lo había comprobado: ese hombre olía a jabón... a jabón... a pastilla de jabón... y si inspiraba más profundamente... a chocolate... a chocolate sin duda alguna. No había podido corroborarlo pero tenía la impresión de que debía llevar los bolsillos llenos de barritas de chocolate porque en diversas ocasiones le había visto comer aquel tipo de cosas mientras leía en la cocina o alguna vez que se había cruzado con él en las escaleras.

Se sonrió pensando en revisar sus bolsillos con él aún dentro de la ropa... Y también al recordar lo que una vez había leído en una revista muggle femenina con respecto al chocolate: que estimulaba la fabricación de hormonas que se relacionaban con el placer y por ello se decía que podía substituir ciertas carencias...¿Tendría aquel hombre carencias en ese aspecto?¿Estaba decidida a averiguarlo?¡Estaba decidida a averiguarlo!

Cuando entró a la cocina el licántropo saludó con su "hola" en el amable tono habitual y la miró una décima de segundo, esbozando ambos una sonrisa, todo y que Tonks ya suponía que la suya propia debía haber aparecido en su cara desde el mismo momento en que lo imaginara poniendo un pie en la escalera para descender al lugar.

Durante la cena la chica intuyó que nadie de los presentes a excepción de ellos, los implicados, y Molly y Sirius debían de saber nada de lo de su siesta de la tarde de antes, y ni tan siquiera Arthur, porque Sirius parecía guardarse mucho de tocar el tema delante de los hijos del matrimonio Weasley.

Sólo cuando finalizaron la cena y mientras Molly recogía, Arthur ojeaba El Profeta, los gemelos y su hermano cuchicheaban a un extremo de la mesa y ella parecía atenta a la historia que narraba Ginny acerca de su hermano Charlie sin disimular de tanto en tanto un vistazo al licántropo, Sirius se atrevió a sugerirle a su amigo:

- ¿Qué, crees que si te la llevas hoy arriba podrás acabar lo que...

Día -1. Viernes.

No fueron muchos los que repararon en aquel hombre apostado desde hacía varios días en el pedazo de césped reseco, a la sombra de uno de los dos únicos árboles que se hallaban en la parcela de nadie que era el terreno sin edificar en la esquina entre Privet Drive y la calle Hortensia.

Pero Vernon Dursley fue uno de los pocos que sí repararon en aquel individuo, tanto aquella mañana como la anterior. Se había dado cuenta desde el coche, cuando pasara frente a él a primera hora para ir al trabajo: Su ropa casi andrajosa y aquel aspecto de enfermedad... Probablemente fuera uno de aquellos viciosos, enfermos portadores de aquella nueva peste que sólo afectaba a gentuza. En la ciudad se contaban a puñados: vagos y maleantes, indeseables todos sin otra cosa que hacer que el molestar a la gente honrada mendigando para gastarse el dinero en sus vicios: alcohol, tabaco y probablemente drogas. Sí, los conocía muy bien y apostaba a que aquel hombre, todo y que pretendía dárselas de no serlo porque jamás había visto en la ciudad a ninguno de aquellos con un libro en las manos, lo era sin ninguna duda.¡Buena estrategia!, pensaba, seguro que su estado no le permitía enlazar más de tres palabras seguidas de su lectura ficticia...

Pero sí las enlazó. Remus Lupin incluso tuvo tiempo de ver mientras lo hacía la papada, el bigote y unos ojillos diminutos que le miraban desde el otro lado del vidrio de la ventanilla del coche.

Sabía que aquel hombre era el tío de Harry Potter, pero no le importó lo más mínimo ser visto. Se había dado cuenta de que su presencia apenas era percibida. Las mañanas apostado al inicio de Privet Drive y encarado hacia la segunda casa de la acera de enfrente transcurrían tranquilas y sin incidencias. Prácticamente nadie se atrevía a sacar la cabeza fuera de cualquiera de aquellas casitas tan iguales unas de otras, dado el sol inclemente que les obligaba a pasar las horas diurnas en el fresco interior de sus hogares. Por ello no había precisado desilusionarse o usar cualquier otro medio para evitar ser visto. Además, la capa invisible de Moody a aquella hora debía estar dentro del bolso de la prima o sobrina o lo que fuera de su amigo, dado que esa noche la joven volvía a tener su guardia semanal en el Ministerio.

Había avanzado mucho, muchísimo, en sus lecturas durante las guardias y estaba convencido de que si en breve no tenía un golpe de suerte en el tema laboral acabaría con la totalidad de la biblioteca Black en su cabeza. Y es que aquellas largas esperas le resultaban muy provechosas: a la sombra de un árbol, hasta que llegara el relevo de media tarde; con una nueva lectura en el regazo, y mirando el fino lomo leyó "El sueño de una noche de verano" impreso en pan de oro; con el encantamiento termorregulador que había puesto alrededor de sí mismo y que le permitía mantener una temperatura constante y bastante agradable todo y lo caluroso del día; y por supuesto, lo que no podía faltarle de ninguna de las maneras, su chocolate.

Sacó una fina barrita del bolsillo de la camisa. Debía ir con cuidado y siempre guardaba la barra original como un tesoro con la finalidad de multiplicarla cuándo estaba próximo a quedarse sin existencias.

Desenvolvió la barrita y le hincó el primer bocado... Era como un buen amigo con quién conversar y que siempre proporcionaba consuelo. Saboreó aquel pedazo como muchas otras veces lo había hecho, sintiendo como se fundía en su boca y le dejaba un retrogusto ligeramente amargo. Y fue al hincarle un segundo mordisco cuando sucedió.

Algo silencioso y relativamente grande se apareció frente a él batiendo sus alas plateadas. Tenía el tamaño de un halcón pequeño pero no era un halcón. La cabeza redondeada y de amplia y despejada frente, simpática, de diminutos ojos vivaces, y la curvatura de su pico pegado a las plumas le recordaban más a un ave tropical que a una de presa.

El patronus se le quedó mirando un instante y luego abriendo el pico dijo con voz de chica:

- Hola, Remus Lupin.¿Cómo vas?- y calló, Remus pensando que ya había terminado el mensaje- Confío en que la carta llegue hoy- continuó el patronus-, va en un sobre escarlata. Por favor, házmelo saber cuándo llegue. Si ves al cartero muggle, claro- y volvió a guardar silencio- Gracias. Que pases una muy buena jornada. Mañana nos vemos. Gracias otra vez. Hasta mañana. Que vaya muy bien. Nos vemos.

El patronus alado se le quedó contemplando un instante más y luego se esfumó como niebla. Remus quedó perplejo. No había visto en la vida a un patronus ser tan poco escueto y conciso con un mensaje, claro que la joven al que pertenecía tampoco tenía nada de escueta y concisa.¿Qué podía esperar?

Y a unas horas de aquel momento y a unas millas de aquel lugar, en la capital, Nymphadora Tonks bostezaba y bostezaba de aburrimiento sin poder dejar de sentir la desazón de que algo habría de salir mal.

Las 13:37... Estaba nerviosa, extrañamente nerviosa.¿Y si su carta no llegaba a tiempo a Little Whinging? Ojoloco se pondría hecho una furia y Sirius... Sirius...

Pero la culpa de que estuviera así, toda la culpa, era sin duda de su padre. Se le había ocurrido preguntarle aquella mañana sobre el funcionamiento del servicio de correos de los muggles y de todo lo que le había contestado su progenitor tan sólo una única cosa había quedado instaurada en su cerebro:"Sólo hay una opción si te decides a usarlo: que la carta llegue a su destino.¿Cuándo? Eso ya es más difícil de determinar...¿Más zumo?... Si tienes la mala suerte de que se pierda puede sucederte cómo a la señora Whiatt de Ballymena, en Irlanda del Norte, que al cabo de cincuenta años recibió al fin una carta de su hijo que había salido de Londres hacía eso: medio siglo. Pero en el fondo es una tranquilidad saber que cuentas con la eficiencia del servicio de correos británico, llegue cuándo llegue...¿No te apetece otra tostada?"

Era por ello por lo que se le había ocurrido enviar a Remus el mensaje. El mensaje que a esa hora aún no había sido contestado... Suponía que él podría estar atento y ver si el cartero llevaba su carta a los Dursley... no creía que fuera muy difícil constatar si entre el correo sobresalía un sobre de color escarlata...

Miró a Kingsley en medio de esos pensamientos exponiendo a Scrimgeour en una especie de pizarra que había hecho aparecer, un plano de una isla mientras le informaba de los últimos movimientos que teóricamente había realizado Sirius Black según testigos oculares de aquella parte del mundo.

No pudo evitar bostezar una vez más, ya sin demasiado disimulo y sin percatarse de que Dawlish, que la observaba hacía rato, comenzaba a mirarla francamente molesto.

Se frotó los ojos e intentó que su boca no se abriera demasiado con el siguiente bostezo, pero no le hizo falta contenerse: la sorpresa la despabiló de aquel estado de semiletargo en que solía sumirse en las aburridas reuniones de trabajo con Scrimgeour y compañía. Y es que allí estaba al fin: un imponentísimo lobo plateado mirándola, a ella, con ojos hambrientos o eso se le figuraba, y diciéndole con la voz de aquel hombre:"Envío recibido", sin que pudiera sospechar lo más mínimo lo mal que Scrimgeour iba a tomarse aquella interrupción.


A/N:¡Y hasta aquí el New Chapter!¿En serio dije que iba a ser más corto que el anterior?¿Lo dije yo?¿Seguro?¿Seguro? De hecho lo es, vale... Algo más corto (¿unas mil seiscientas dieciocho palabras menos?) Lo siento, pero a veces las cosas salen cómo salen...(la verdad es que no lo siento, je! je!)

Ya habéis visto que vuelve a tener doble título (le empiezo a coger el gusto). Va por la canción de The Pretenders, y creo que es totalmente aplicable a lo que le pasa a Tonks.

He de decir, y no por compromiso sino más bien con orgullo y gustosamente, que el Sirius dirigiendo su búsqueda (aunque no necesariamente hacia Jamaica) es una idea plagiada, prestada, cedida de muy buen grado para la ocasión por Staken Tonks. Y he de decir también que la leáis, entre otras cosas porque tengo un premio para la primera (¿por qué doy siempre por hecho que todas somos chicas?), para la primera decía, que sepa situar exactamente de dónde ha salido eso (historia y chapter) consistente en...¡TACHÁN! Cena con velitas para dos con Remus John Lupin, a la luz de la luna (creciente), con sonido de violines bien harmonizados o música swing si lo preferís sonando en su fonógrafo y en su despacho al fondo del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras...(Ni que decir tiene que el menú es a elegir pero puedo sugeriros indudablemente el chocolate, en sus mil formas y sobre mil partes del cuerpo diferentes (Ja!¡Hay quién ya ha probado eso!)).¡Eyy!¡Staken!¡Tú no puedes participar!(almenos con tu nick, je! je!)¡No sería justo!(Aunque bien mirado puedo corromper más aún a la organización del concurso y repartirnos el premio...¡Corre!¡Ves pensando otro nick!¡Ahora que no nos lee nadie!)

Vuelvo a repartir agradecimientos con nombres propios...

Un millón de ellos a Lilith 05, Miss Potter-Black, Danittalovegood, CerezaPiel y Roxysnape.

Dos millones de ellos para las más osadas y, puntualizo, no necesariamente también las más ociosas: Peperina, Nailahcris, Isuky y LucySueLupinTonks.

Y dos millones y UNO, bueno,y DOS (mayúsculos, para que no te quejes) para Tonks en Staken-by...(Gracias por estar ahí. A diario. Siempre.)

¿Me he dejado a alguien?¿Alguien cree haberse quedado fuera de los títulos de crédito? Admito reclamaciones, toda clase de reclamaciones, vía Review. GO!