Días de búsqueda

Saltando el protocolo

Es probable que crea que yo estuve pensando en las revelaciones de Sora, en parte acierta aunque no fue necesario dar vueltas a nuestra conversación. No cambió mi forma de verla.

Una cosa puedo sacar en claro, ella necesitaba confiar en algo, lo que fuera y había empezado por contar conmigo. Por mucho que su madre no la tratara bien era lo único que tenía, lo que siempre había estado ahí. Es posible que esté equivocado pero Sora, a pesar de sus momentos de debilidad, me parece fuerte. Una luchadora, no la típica persona que se rinde. Me despedí de ella con la sensación de que le iría mejor, me tenía a mí también

—…

No lo creo, la verdad. Dudo mucho que estuviera interesada de ese modo en mí. Eso es pasado, se suele decir que el pasado siempre vuelve o que donde hubo fuego quedan cenizas y es cierto que yo me volví a interesar en ella. De algún modo, al menos. Interés sí que hubo, ya lo sabe. Ya que lo sabe, piénselo bien, intentar tener algo sería un error. A pesar de lo mucho que me halagaría que tuviera la razón, esa es la verdad.

Yo también lo sabía. Incluso lo supe la noche en la que pude besarla. La pena fue no darme cuenta la última vez que había visto a Mimi, me habría ahorrado mucho dolor de cabeza. Le habría ahorrado muchas lágrimas.

No debí hacerla llorar. Nadie debería hacer eso con la gente que le importa.

Mimi no me abrió la puerta, yo no podía esperar otra reacción. No quería que estuviera en su casa pero me concedió el privilegio —recuerde que yo no era más que un súbdito, un mero admirador— de invitarla a algo.

Cuando se pone orgullosa es terrible, de verdad que lo es. Tan enamorada de sí misma parece que no necesita a nadie. Pero no me lo creo, ya verá por qué. A veces me deja confundido de verdad. Se debe a que se desvive por agradar a otros. Por ejemplo, se acababa de cambiar el color del pelo. Adivine cual.

—…

Exacto. Pelirrojo. Prácticamente naranja. Seguramente lo hizo porque creyó que me iba a gustar ¡Es un sin sentido! ¿Por qué intentar complacerme de ese modo y después aparentar indiferencia?

Quise hacer notar que el cambio era innecesario. Tenía que ser con las palabras adecuadas. Primero un halago, después todo lo demás. Hay que seguir el protocolo.

—Estás guapa —piropeé, ella intentó contener la sonrisa—, pero antes también lo estabas. Tu castaño está bien, es precioso.

Altiva ella, ya sin esbozos de sonrisa, se limitó a encogerse de hombros.

Se me hacía muy raro que no sonriese, tampoco me miraba a los ojos. Es curioso cuando intenta ser seria, le cuesta mucho, al final siempre acaba riendo. Pero aquel día consiguió imponerse pese a que su aniñado rostro no ayude, creo que fue porque estaba triste. Eso le pudo.

Lo peor era saber que la culpa era mía. Había destrozado lo mejor que tenía, su ilusión.

—Supongo que vienes para algo más que para dar tu opinión sin que se te pida —dijo dándose aires de estricta institutriz, tras pasar un largo tiempo en silencio. A mí tampoco me resultaba fácil encontrar las palabras. Es algo difícil de hacer cuando tienes un tan claro tu objetivo. Hay que anticiparse a la respuesta del otro y, puede no creerme si quiere, pero Mimi es totalmente imprevisible.

—Yo quería verte. Bueno, no solo quiero verte hoy. Quiero verte más días, como antes— comenté alegre esperando a contagiarla de mi optimismo. No funcionó, como comprobará.

—Antes —pronunció lentamente dejándome paralizado— ¿Te refieres a cuando no hacías el esfuerzo por acabar tu trabajo entre semana para poder verme? —Apuntó hábilmente. Qué razón tenía.

La subestimé mucho. Durante todo ese tiempo no estaba ciega, no era tonta. Se daba cuenta de todo y yo me equivocaba. Lo hacía porque me di cuenta de que Mimi no era tan transparente después de todo. Corrijo, lo es pero tiene mucha facilidad para apartarse de las penas, como me explicó ese día.

—Siento todo eso —dije, en ese momento lo sentía más que nunca. Estaba realmente avergonzado y me tenía que dejar de excusas. No funcionaban— Me fastidiaba de verdad no verte, me sentía idiota. Pero ¿por qué no me dijiste que estabas harta?

—Porque no lo estaba. Me dolía, es cierto. Pero cuando quedabas conmigo me olvidaba de todo y no lo recordaba hasta que lo volvías a hacer. Me daba igual porque a pesar del llanto cuando conseguías venir yo era la única. Pasabas el tiempo conmigo pudiendo estar en cualquier parte. Significaba mucho para mí —explicó y se mordió el labio. Creo que por primera vez estaba haciendo el esfuerzo de no mostrar sus emociones.

—¿Qué ha cambiado? —pregunté empezando a sospechar que el motivo era sentir que había alguien más. Nunca puede haber más de una reina —¿Es por Sora? Fuiste a hablar con ella, me lo contó. Ya te dijo que no hay nada entre nosotros. Y no lo hay.

—Eso no cambia que quisieras que pasara algo —expuso e inmediatamente la sangre me bombeó a un ritmo preocupante.

Era tarde para cambiar lo que había sentido por Sora por muy culpable que me sintiera. No podemos elegir los sentimientos, tampoco podía confesárselo, no creo que fuese comprensiva. Dañaría aún más su amor propio y yo ya había aprendido que eso es lo peor que le podía hacer.

—Aunque fuera en el pasado, antes de estar conmigo —explicó, yo me tranquilicé. En contra de lo que creí en un primer momento, Mimi se refería a lo que sentí por Sora aquel verano. Lo cual me desconcertó por completo—. Estoy celosa del pasado, suena absurdo. —Al menos, tiene autocrítica. Por cierto, yo puse la misma cara que está poniendo ahora. De todas las cosas que jamás entendí de Mimi, esta se lleva el primer puesto— ¡Sé que es absurdo! —Enfatizó—. Da igual el tiempo que pase, los años y todo ¡Aunque estemos juntos diez años! Para ti ella siempre será una chica adorable y llena de virtudes que no envejecerá. No puedo competir con eso.

Intenté ponerme en su pensamiento, fue complicado. Entiendo que pudiera estar molesta si fuese el caso de que yo no parase de hablar de Sora. Pero le había hablado muy poco de ella, todo el mundo sabe que las reinas son vanidosas. No es aconsejable darle importancia a otros asuntos que no sean el propio reino.

—Mimi, sabes perfectamente que estás diciendo tonterías. Es un recuerdo, si me dejas tú también lo serás. Más importante incluso. Estos días pensé mucho en ti —declaré en un intento de encauzar la conversación hacia un buen final. Pero ella no estaba de acuerdo con mis tácticas, ya se las conocía demasiado bien.

—No digas ese tipo de cosas. Si lo vuelves a decir, me iré. Está prohibido.

— Está bien, pero tú no te pongas celosa de un recuerdo, vamos.

Mimi me dio la razón con un leve movimiento de cabeza. Ella sabía perfectamente que estaba equivocada pero le podían los fantasmas. Esos que todo el mundo tiene y nos persiguen. En ocasiones podemos ser nuestro peor enemigo.

—Aun así la prefieres y cuando la vi lo entendí todo. Lo que la gente no soporta de mí, ella no tiene nada de eso.

No supe a qué se estaba refiriendo. Me gusta ella, con todos sus defectos. Tanto, que hasta diría que son virtudes. Me es imposible hablar de ellos quejándome.

—No necesitas parecerte a ella.

Llegados a este punto yo no sabía que pensar. Ya no sabría decir si estaba insegura, si solo quería agradarme o simplemente era un juego. Una estrategia para llamar la atención, una manera de decir "me tienes desatendida". Solo quería que todo volviera a estar bien.

—Lo sé. Me encanta como soy pero ojalá lo viera más gente. —A veces hasta las reinas necesitan de la admiración de otros, aunque sean muy conscientes de su poderío—. En el fondo me da igual. En fin, ese no es el tema, el caso es que ibas a pasar el sábado con ella antes que conmigo.

—Porque ella me lo dijo antes —dije buscando una lógica explicación a una conversación que carecía de ella.

—No me entiendes —se quejó poniendo los brazos en jarra.

—Es cierto que muchas veces no te entiendo —me quedé corto, muchísimas—, pero no me hace falta entenderte. Quiero estar contigo.

—Es tarde, ya no tengo ilusión. Ninguna.

—¿Cómo vas a estar tú sin ilusión? —pregunté incrédulo— Mimi, somos increíbles juntos ¿Por qué acabar así?

—¡Qué no digas eso! —gritó, no pudo seguir conteniéndose— Te dije que me iría si decías esas cosas.

Incumplí su orden sin darme cuenta de lo que había hecho mal. Era una norma difícil de interpretar.

—Pero es que es la verdad, pasamos muchas cosas juntos. No lo puedes negar.

Mimi no quería aplaudir mis argumentos. Había salido de su casa con la idea de dejarme las cosas claras, de hacer valer su punto de vista. Quería hablar, debí escucharla en vez de intentar manipularla. Porque ella también se daba cuenta de eso.

—No me mientas, no me vas a querer del modo que yo quiero. Quiero ser la única, no sólo la única, la mejor. Que no aspires a otra cosa que no sea yo. Y eso no lo haces, tienes un ideal por ahí en tu cabeza y no lo cumplo. Porque yo no soy perfecta, ya lo sé.

Volvía al tema de Sora otra vez. Más bien, nunca había dejado de pensar en ello. No sabía qué hacer para quitarle ese lastre.

—Mimi, calla por favor. No es cierto lo que dices. Y no hables tan alto —pedí en vano, no sabe regular el tono de voz cuando se enfada. Había gente que se paraba a observarnos. Tal vez me vieran como el malo de la historia o puede que pensasen que ella sacaba las cosas de quicio ¿Tan aburrida está la gente?

—Pero claro, como no hay nadie más, porque sé que ella no debe querer estar contigo, vienes otra vez a mí. Solo soy una tonta que espera. Y me manipulas porque me haces creer que tenemos algo especial.

—Tenemos algo especial —recalqué cogiéndola de los hombros, saltándome el protocolo. Se soltó rápidamente, no quería que la tocara.

—Escucha todo lo que te tengo que decir. No empieces con tus gestos y tus frases —ordenó, yo asentí sin comprender—. Tengo claro lo que quiero pero cada vez que haces algo como lo del otro día me cambias todo y estoy harta ¡Siempre lo estropeas!

¿Por qué cuando la gente discute utiliza términos como "nunca" o "siempre" sin ser éstos verdad? ¿Nadie lo sabe?

—Mimi, escúchame un momento. Eres la única. Eres la mejor, no tengo ideal, me encanta que no seas perfecta.

—¡Para, para por favor! —chilló mientras me apartaba con la mano.

Después cambió de dirección, volvía hacia su casa. No quería concederme más su tiempo. Yo tuve que acelerar mi paso para volver junto a ella.

—Si estoy contigo voy a estar pensando en cómo gustarte continuamente y siempre tendré la duda de si quieres otra cosa —confesó—. Más con tus dudas. Es mejor estar sola. Nadie me va a querer como yo quiero y ya está, es cosa mía. No puedo estar con nadie.

Mimi caminaba cada vez más rápido y seguía sin mirarme. Yo estaba desesperado, jamás me lo había puesto tan difícil.

—No digas eso. Tienes que estar conmigo —rogué, Mimi me miró interesada—. Me has acostumbrado a un mundo sin preocupaciones que no existe en ninguna otra parte, me aguantaste en mis peores días. En días en los que si pudiera viajar en el tiempo me pegaría. No sé si lo hacías porque me querías o porque me conocías de tanto tiempo, seguramente mejor que yo mismo y sabías que se me pasaría la tontería. No tengo ni idea, dímelo tú.

—La respuesta es más simple que todo eso —expresó más tranquila—. Porque sí, me dio por hacerlo, creía que merecía la pena y ya está. Ya no sé si merece la pena. Hace tiempo que no lo sé. —Volvió a apartar la mirada y siguió su paso.

—Mimi, pero tú me dijiste que no querías estar con nadie aparte de mí. Por algo será ¿no? Seguro que se pelearían por ti y estás conmigo.

Ella no me miraba pero yo a ella sí, lo que provocó que chocase contra otros peones. Ni siquiera les pedí perdón, no podía pararme.

—Con alguien que no pelea por mí —señaló cansada. Parecía querer irse de verdad y yo no sentía que apreciara mi esfuerzo.

—Lo estoy haciendo ahora mismo.

—¿Ves? ¡Otra vez lo vuelves a hacer! —exclamó molesta.

—¿A qué te refieres?

—A nada. Déjalo. Mira, ya me has pedido perdón. Está bien, no te voy a guardar rencor pero déjalo ya. Lo que no puede ser pues eso, que no puede ser.

Mimi dejó de hablar, yo no sabía que decir. Era un problema para ella, tal vez su único problema. A pesar de saberlo, no quería dejarla tomar una decisión. Egoístamente la necesitaba para que todo tuviera sentido. Pero ella iba a tener la última palabra.

—Pero dime qué pasa de verdad —pedí, no me convencían del todo sus anteriores argumentos.

—Intento que me de igual, me digo y me convenzo de que soy mejor que tú y no debemos estar juntos. Y vienes y me haces pensar que hay algo especial. Pones esa cara, me hablas así y no puedo evitarlo. Cuando simplemente me abrazas y sonríes. No lo controlo, llegas y desequilibras mi mundo. Quiero estar contigo, es inútil negarlo pero me hago daño. Esto se repite siempre. Sé que si te perdono me vas a volver a fallar, me voy a sentir mal conmigo misma. No te debo dar más oportunidades, no puedo hacérmelo más. Y tú, ni siquiera sabes lo que quieres de verdad.

Si pensé en algún momento que no podía sentirme peor estaba equivocado. Al menos pude sacar en limpio de nuestra conversación que ella me importaba, mucho y que por fin era consciente del daño que le causaba. En mis suposiciones ni siquiera me había acercado.

Llevaba soportado demasiados desengaños. Hacía mucho que mi palabra no valía nada.

—Tienes razón en todo. Siento, sé que no quieres confiar en mí, yo tengo la culpa. Pero siento mucho hacerte daño. Y de verdad, que no estaría aquí si no fuese porque creo que no lo haré más. Yo no quiero hacerte daño. Es verdad, que puede parecer que no sé lo que quiero en realidad. Me expulsan, me paso dos días vagando por ahí sin aceptarlo y ocultando cosas a la gente. Vuelvo a casa, sigo mintiendo, llevo a mi hermana a donde mis padres no la dejarían ir ni en ocho vidas… No sé si me arrepentiré el año que viene, no sé por qué motivo no veo claras las cosas pero…

—¿A qué sitio? —preguntó interrumpiéndome como acostumbraba a hacer.

—Al lugar donde se encuentran los chicos que se fugaron del internado, lo que te conté, ya sabes.

—¿Están bien?

—Sí, eso parece.

—Al final encontraron su lugar —dijo bajando el tono gradualmente, recordé el día que estuve en su casa decorando el árbol. Cuando queríamos irnos a un lugar lejos de toda preocupación que no sabíamos dónde estaba. Me pareció que había pasado mucho tiempo desde entonces. Todo en un intento de encontrar ese lugar—. Tú te quedas aquí —asentí distraído entre mis pensamientos— ¿Ya sabes qué hacer con lo demás?

—No tengo ni idea —dije con sinceridad—. Quería estudiar a distancia pero no me van a dejar ni en sueños. Pensé en seguir mintiendo, irme con ellos y venir los fines de semana porque así podría estar contigo. Si quieres, claro. Vendría siempre. No sé si es la mejor solución, tengo mucho que pensar aun. Lo único claro es que estoy aquí porque si dejo que me olvides lo más seguro es que me arrepienta. No me olvides, por favor.

Lo acababa de volver a hacer, intentar manipularla. Que cayera otra vez aunque no confiara en que iba a salir bien.

Mimi lloró pero no quería que yo la viese así, al menos interpreté de ese modo su huida. Quizás no quisiera mostrarse vulnerable o quiso escapar antes de que me perdonase sin darse cuenta, traicionándose. Dijo que ojalá fuese cierto, pero que no podía creerme. No podía hacerse eso una vez más. Quedé destrozado y con la certeza de que yo era el único culpable.

Por la noche ella me llamó por teléfono. Se disculpó por la manera de marcharse y me dio un motivo más para querer recuperar el equilibrio.

—A lo mejor cuando sepas lo que quieres coincide con lo mío. Entonces, todo estará bien.

Qué ganas tenía de que todo estuviera bien. De encontrar nuestro lugar. De todo lo que conté hasta ahora, creo que fue la noche en la que más claro tenía las cosas. Se trataba de mí, mi vida y quienes estaban en ella. En definitiva, de lo sustancioso. Estaba ahí, como siempre lo había estado.

Hola, espero que os guste este esperado (aunque sea por Mimi) capítulo.

Estefi, que rabia me dio que el último review parece que se cortó o algo así. Aun cortado, gracias por estar ahí.