Hola!

Me da muchísimo gusto que este Fanfic con tan pocos capítulos ya tenga 59 reviews. Gracias por la aceptación del mismo y bueno me da mucho gusto que también ahora tenga la restricción de copy-paste para evitar que gente sin imaginación robe las ideas de uno como escritor. Al final del capítulo contestaré algunos reviews. Esperó que esté capítulo sea de su agrado y les gusten la manera en la qué Sesshomaru y Kagome se van acercando poco a poco.

Desclaimer: Los personajes y escenarios del universo de InuYasha, pertenecen únicamente a Rumiko Takahashi.


Capítulo IX. Kanketsu Hen. Luna Infernal

Podía sentir en sus fosas nasales un dulce aroma qué lo invadía completamente, también sintió en su regazo un peso extra qué llamó su atención. Al abrir los ojos se encontró con el amanecer y una figura que nunca antes se imaginó ver. El cuerpo de la miko del futuro se postraba con un aura tranquila y despreocupada; su pecho subía y bajaba al ritmo de la respiración. Sus cabellos estaban desperdigados en Moko-Moko y extrañamente Kagome le llenaba de tranquilidad inmaculada.

Suspiró… sintió en su interior qué se estaba acostumbrando demasiado a ese grupo de humanos y sobre todo a esa humana latosa. Pero recordaba el día anterior, la muerte de Kagura aún le tenía molesto consigo mismo por no ser lo suficientemente poderoso para haberla salvado. Sin embargo, escuchaba la respiración de la muchacha y lo tranquilizaba.

Desde lejos el grupo se levantaba tranquilamente. El día pintaba maravilloso y el ambiente se había recuperado entre ellos. Levantaron los sacos de dormir y enciendieron nuevamente la fogata para poder desayunar, tomaron libremente la mochila de la sacerdotisa para tomar la comida para desayunar, se encontraron con las últimas charolas de carne que prepararían.

—Tendremos que pedirle a Kagome que vaya por más comida—dijo apenada Sango al ver la mochila casi vacía.

—Supongo que sí, el ramen se terminó anoche y veo que son las últimas charolas de carne—dijo Miroku—Seguramente la señorita Kagome entenderá.

—¿Por cierto, dónde se encuentra Kagome-chan?—se preguntó la exterminadora, pero algo cayó en cuenta, Sesshomaru tampoco se encontraba cerca.

—El amo Sesshomaru tampoco se encuentra, posiblemente esté con la miko—sugirió Jaken.

—Posiblemente—dijo Sango un poco fuera de lo común.

"¿Les habrá pasado algo? ¿Kagome estarás bien?"

Miroku sonrió, se acercó a la exterminadora y tocó su bien formado trasero. Una fuerte cachetada se escuchó, cuando una parvada de pájaros salieron volando por el alboroto.

—¡Monje pervertido!—exclamó molesta—¡Vaya a buscar algunos leños para encender la fogata!

—Pero no te enojes, Sanguito—se disculpó el monje mientras se sobaba la adolorida mejilla—Vamos… Shippo acompañame a por leños.

—¡Claro que sí!—salió corriendo detrás del monje mientras la pequeña Rin a penas comenzaba a despertar. Jaken la reñía por quedarse dormida.

En el camino Shippo reclamaba Miroku por ser tan mano larga con Sango, explicaba que si seguía así perdería a la hermosa exterminadora. Mientras caminaban y cortaban los leños con el fuego mágico de Shippo encontraron una escena que nunca imaginaron ver… posiblemente se habían acostumbrado a InuYasha y Kagome juntos pero nunca ver en lugar del hanyou al Taiyoukai. El kitsune miraba a la joven y se veía contenta… últimamente que el híbrido no se encontraba con ellos, si no todo lo contrario.

"Está pasando algo entre Sesshomaru y Kagome…"

—Será mejor no molestarlos pequeño Shippo—dijo Miroku sonriente. También sabiendo que poco a poco la sacerdotisa estaba olvidando a InuYasha.


Sesshomaru sintió la presencia del monje junto con el kitsune desde que comenzaron a buscar los leños y la sacerdotisa no despertaba. Se movió e inmediatamente como si ella sintiera qué era hora de despertar abrió lentamente los ojos sintiendo la luz del astro Sol. Sus ojos chocolates se iluminaron como nunca antes para la vista del demonio.

—S-Sesshomaru—suspiró la joven, reincorporándose aún no notando dónde se encontraba.

—Miko—la sacerdotisa dio un brinco al escuchar aquella profunda voz. Al verse dónde se encontraba se sonrojó ya que aún estaba cubierta por la cola de Sesshomaru—Ha amanecido—dijo cortante, y tranquilamente retiró su estola del cuerpo de la joven. Se le erizaron los vellos cuando sintió la fresca brisa matutina, se reincorporó en dos y el demonio se alejo de ella—Apresurate, quiero desayunar.

—H-Hai—dijo ella aún sonrojada, mientras rápidamente se levantaba, en ella sentía un fresco aroma como a menta perteneciente a Sesshomaru. En silencio le siguió hasta llegar al campamento dónde se encontraba todo el grupo preparando el desayuno ya que el monje y el cachorro habían regresado y la fogata ya se encontraba calentando la carne.

—Buenos días chicos. Huele delicioso—dijo la joven.

Se acomodaron para poder desayunar.

—Kagome-chan ¿crees que para el siguiente viaje puedas traer más platos desechables?—preguntó la exterminadora mientras se llevaba un trozo de carne asada a la boca.

—Claro que sí—dijo la muchacha, se encargaba de terminar de servirle a los demás. le acercó un plato a Sesshomaru quién recibió en silencio, se tocaron las manos y un choque de energía se junto causando una descarga.

Inmediatamente se alejaron y desayunaron en un ambiente tranquilo que comúnmente disfrutaban desde que viajaban con el demonio y sus acompañantes. Reunieron algunas vallas para cenar ya que la carne posiblemente esa misma noche se acabaría y tendrían que buscar una aldea cercana para poder comprar algunas cosas y provisiones. También las que se habían llevado de Moon Palace se habían agotado. Terminaron de desayunar y guardar todo para seguir su viaje. Mientras el grupo terminaba de arreglar todo para partir el demonio se encontraba mirando hacia la nada en un barranco que daba hacia una aldea, su mirada siempre era fría e indiferente pero seguía recordando una y otra vez la muerte de la Dama de los Vientos.

De un rato que cayo precipitadamente en el lugar, llamó la atención de todos. La atención de Sesshomaru se centró en el posible ataque y al virare se encontró con el viejo Toutosai montado sobre su buei.

—Ya entiendo…

—¿Qué quieres?—preguntó de mala gana el demonio.

—Sabía que algo estaba perdido… Tokijin se ha ido—dijo tranquilamente el anciano herrero.

—Aún sin mi espada, mis garras serán suficientes para partirte en dos.

El grupo miraba en silencio el pequeño diálogo entre Toutosai y Sesshomaru, bien era sabido que el demonio no tenía gran simpatía por el herrero.

—Eso no tiene nada que ver—entrecerró los ojos—Me obligaron a venir. Tenseiga me llamó.

—¿Tenseiga?

—No te hagas el tonto, debes haberte dado cuenta que Tenseiga está haciendo ruido—Sesshomaru miró de reojo su colmillo y luego regresó la mirada al anciano—Parece que ahora tú corazón tiene lo que le hacía falta.

—¡¿A qué se refiere con lo qué le hacía falta?!—exclamó Jaken molesto—¡Sesshomaru-sama tiene un corazón perfecto!

—Él es fuerte y amable—secundó Rin contenta.

—Yo nunca lo he visto siendo amable—dijo con lágrimas en los ojos el sapo verde. El anciano miraba a los acompañantes no se había dado cuenta de que los demás estaban preentes.

—Tenseiga ha reaccionado al cambio en tú corazón.

Kagome miró como Sesshomaru ignoraba las palabras del viejo herrero y dando media vuelta para ignorarle y dejar de escucharle pero parecía que Toutosai no iba a irse no sin antes explicarle ciertas cosas.

"¿El cambio en su corazón? ¿A qué se refiere?"

—Probablemente por un corazón que siente pena por el bien de otros. Bueno, entrégame a Tenseiga. Es tiempo de re-forjarla en un arma.

"¿Re-forjar a Tenseiga dices?" se preguntó el youkai mientras miraba seriamente al hombre.

Sin muchos ánimos entregó la espada al hombre, y esté iba a despegar a no ser por el riquísimo aroma que sintió en su nariz. Al virarse sobre el mamífero de tres ojos apreció las sobras del desayuno de los jóvenes.

—Hola muchachos, que gusto me da verlos—dijo el anciano.

—A nosotros también nos da mucho gusto verle, anciano Toutosai—dijo Kagome. Desde lejos el demonio miraba atentamente la interacción del grupo con el herrero, él e mantuvo ajeno a todos y también Rin junto el pequeño sapo que se encontraban jugando con flores.

—¿E InuYasha, dónde está?

Todo el grupo se quedó callado ante la pregunta del anciano. Pues era incómodo hablarle sobre los últimos acontecimientos sobre todo el Inutachi separado. Pero Kagome como tal decidió contestar a la pregunta.

—Etto… anciano Toutosai… InuYasha ya no viaja con nosotros… ahora nosotros viajamos junto a Sesshomaru y los suyos.

—Ya veo—miró curiosamente a la miko y luego su mirada vagó hacía el demonio que se mantenía indiferente a todo pero que claramente escuchaba con lujo de detalle toda la conversación.

"Así que es eso… Sesshomaru siente una simpatía o algo más por Kagome… sorprendente… Querido amigo… tu hijo ha comprendido lo que es el aprecio por un humano… ¿Te habrá entendido? ¿Por eso Tenseiga me ha revelado el corazón de Sesshomaru?"

—Si… han pasado demasiadas cosas—está vez fue Miroku—InuYasha ahora viaja con la señorita Kikyo.

—¿La sacerdotisa de barro? Qué confuso—se rascó su pulgosa cabeza—Siempre amó a esa chiquilla en vida…

Kagome hizo como que no escuchó las palabras del anciano y solamente le regaló una sonrisa encantadora.

—Bueno chicos yo les robo su rica carne y bueno… Sesshomaru yo me quedo con Tenseiga la tendré en tres días listas—se metió el pedazo de carne restante a la boca y se fue volando obre su buey.

Nuevamente se quedaron solos en la nada, y fue cuando entonces Sango se acercó a Kagome con una tímida sonrisa, era momento de recaudar medicinas y un poco de provisiones.

—Kagome-chan… quisiera pedirte un favor.

—Dime Sango-chan ¿Qué sucede?

—¿Crees que puedas ir a tu época por más provisione? Se nos han terminado y etá noche no tendremos para cenar más que unas cuántas vallas silvestre que Shippo-kun encontró pero no será suficiente para satisfacer nuestro apetito.

—Supongo que no habría problema...—se quedó pensativa unos momentos—Está bien, esta misma tarde nos vamos a la aldea de la anciana Kaede… ¿Tú que opinas Sesshomaru?

—Hagan lo que quieran… no hay rastro de Naraku—fueron sus palabras y aunque quisiera ocultarlo se había acostumbrado a la comida que la miko traía de su época, desde hacía ya unos dos meses habían ido a la época de la chica y había quedado con muchas dudas. Desconocía muchas cosas del mundo de la chica… además quería comer un poco de chocolate. Así que interiormente aceptó.

—¡Gracias!—la escuchó, la miró y ella demostraba una radiante sonrisa.

—Aprovecharemos para recolectar también plantas medicinales con Kaede para poder preparar ungüentos y algunos venenos—sugirió Sango.

—Nos hará bien… posiblemente también podré pedirle más pergaminos a Kaede-san.

Todos estaban de acuerdo. Prepararon todo para regresar y es que se encontraban demasiado alejados de la aldea pues a pie les tomaría dos días llegar, si se iban volando llegarían rápidamente al atardecer si no perdían más tiempo. Terminaron de alistar todo y lo poco que quedaba lo guardaron en la mochila de la miko. Igual que cuando salieron de Moon Palace.

Sango, Miroku y Shippo se montaron sobre Kirara para irse sobre de ella, Rin y Jaken se fueron sobre Ah-Uh. Y algo curioso para todos a excepción de los ciervos de Sesshomaru, Kagome se fue volando sobre Moko-Moko.

En el camino, iban a varios metros alejados del grupo, la joven sacerdotisa iba mirando los pequeños poblados que sobrevolaban. Habían volado sobre la cabaña del gran Ginenji. Mientras que en la parte de atrás Miroku, el kitsune y la taijiya cuchicheaban del raro comportamiento del demonio hacia la muchacha.

Me parece un poco extraño que Sesshomaru permita el acercamiento de Kagome—dijo no muy confiada Sango.

Está mañana cuando, Miroku y yo salimos a buscar los leños los vimos juntos… dormidos.

¿Estás seguro, Shippo?—preguntó Sango, llena de preguntas a la miko pues era raro el acercamiento…

Nosotros los vimos, querida Sango—dijo Miroku—Posiblemente el joven Sesshomaru sienta simpatía hacia Kagome-san.

¿Estará enamorado de ella?

No lo creo—dijo el monje—Posiblemente a la señorita Kagome le afecto demasiado la muerte de Kagura.

Tal vez sea eso—Aunque Sango no estaba muy convencida de que eso fuera, ya que hacía un tiempo su amiga se sonrojaba al mirar al demonio, pero nunca quiso decirle nada al respecto. Decidió no divagar, ya llegaría el momento de preguntarle a la chica que estaba sucediendo.

Cómo Sango había dicho, ellos llegaron al atardecer antes del ocaso. Posiblemente entre las tres y media de la tarde.

—Así que mi hermana Kikyo tiene el alma de Midoriko—dijo seriamente la anciana mientras recolectaba hierbas en su cesto.

—Kohaku también se fue hacía otro lugar—dijo Shippo, quién se encontraba con la anciana.


Al llegar del viaje, Kagome se despidió del grupo seguida por Sesshomaru entraron ambos al pozo devora huesos para ir a la época de la muchacha.

—Sango está preocupda y ha estado desanimada desde entonces.

Mientras en el prado casi a la llegada del ocaso se encontraban Sango y Miroku juntos. La taijiya se encontraba triste pues la partida de su hermano era doloroso para ella.

—Disculpen por estar deprimida.

—Sango..

—Siéntete libre de ir a buscar alguna diversión… siempre y cuando no sea una mujer—dijo en un tono deprimente.

—Sango… No podría dejarte sola, solo para ir a satisfacerme a mi mismo.

De un momento algo fue un deja vú para Miroku, la exterminadora estaba acariciando esa parte trasera suya.

—Sango… ¿Qué estás haciendo?

—Pensé que tal vez eras Shippo disfrazado. Realmente eres tú… me alegra—sonrió la joven exterminadora mientras se recostaba en el regazo del monje mientras esté tenía una sonrisa fruncida por el acto de la fémina.

Sin que ellos se dieran cuenta llegaban la anciana Kaede y el pequeño Shippo.

—¡Mira! Ella no confía en mí—Shippo se había infartado literalmente al ver a la pareja.

Cuando se dieron cuenta de la presencia de ambos, se separaron considerablemente.

—No, no… en quién no confía es en el monje—anunció Kaede tranquilamente.

—Sin embargo, se ha convertido en todo un problema—intentó defenderse el bonzo mientras la cara de la exterminadora era un poco molesta y avergonzada—Tanto Naraku como Midoriko están intentando completar la Perla de Shikon, con diferentes objetivos. De acuerdo con InuYasha, cuando Naraku cumplete la perla deberá ser purificado junto con ella… según las palabras de la señorita Kikyo ese es el objetivo… pero.

—Eso significaría la muerte de Kohaku—interrumpió la vieja miko.

—Eso es lo que Kohaku desea.

—¿Y tú, Sango? ¿Deseas la muerte de Kohaku?—está vez Miroku preguntó directamente a su compañera quién miraba a la nada sintiendo dolor.

—No lo sé…

—No mientas… Tú cara está diciendo todo lo contrario

—Pero…

—¿No es demasiado temprano para rendirse?—preguntó la mujer anciana.

—Tiene razón—secundó Miroku—Si Naraku busca completar la Perla de Shikon, simplemente tenemos que derrotarlo antes de que eso suceda.

—Su excelencia…

—Sango… lo único que necesitamos, es permanecer unidos. No hay necesidad de titubear—la joven asintió con lagrimales en sus ojos castaños.

—Gracias—dijo ella con una leve sonrisa, enjugó sus lagrimas.

La noche por fin llegó al Sengoku, Kagome y el demonio se encontraban del otro lado de pozo y ni un rastro de InuYasha y eso era algo raro, sin embargo; habían cantado demasiado temprano las romanas pues el mitad bestia había llegado al grupo al sentir el aroma en la aldea y para su mal gusto también Sesshomaru junto a sus acompañantes estaban presentes. Al saber que la joven sacerdotisa se encontraba en su hogar intentó cruzar el pozo, pero el aroma de su medio hermano estaba presente molestándolo y más por el hecho de no haber podido pasar como la última ocasión.

Esa misma noche en casa de la miko, Ayumi los había recibido muy bien pues tenían casi dos o tres meses sin visitarles y para la familia Higurashi, Sesshomaru era de muy buena presencia en casa. El abuelo aprovechaba para preguntarle sobre cosas de demonios que a veces el demonio se limitaba a responder con un sí o un no, y por ser invitado especiales la madre de Kagome se lució con una estupenda cena que el paladar glotón del youkai devoró a su paso sin dejar sus habitos educados. Al igual que la última vez. Sesshomaru durmió en el sofá.


La mañana había llegado en la época de Kagome, esa mañana ella se había levantado tempranamente antes del alba, se preparó un pequeño desayuno mega ligero e inmediatamente subió a ducharse y arreglarse para ir a presentar el examen para la preparatoria. Ni siquiera reparó que su invitado especial se había despertado desde que ella puso un pie en el piso de su recámara y escuchaba todo sus movitmientos y sonidos raros que hacía. La vio tomar su abrigo en color beige bajo del mismo estaba su uniforme y la escuchó salir rápidamente por la entrada con una extraña bolsa en color gris.

Las campanas del reloj sonaban anunciando prontamente las diez de la mañana en Tokio, y en la gran preparatoria nacional de Tokio. Aquella prestigiosa escuela ese día abría sus puertas a los alumnos aspirantes para residir en el santuario de sabiduría.

—Ya ve de una vez—se escuchó la voz de Eri.

—No me empujen—pidió la joven miko a sus amigas.

Entre los pasillos de entrada a la Preparatoria salieron dos chicas estudiantes de la misma con unos llamativos uniformes escolares compuestos por una falda a cuadros con rayas en color azul marino, una blusa blanca y saco azul marino al igual que la falda y calcetas, en el cuello se encontraba un moño del mismo color atado. Se acercaron al grupo de amigas colegialas.

—¿Vienen a aplicar?—preguntó una de ellas, está tenía el cabello corto llegándole a los hombros mientras que la otra le llegaba su cabello a media espalda—Es por allí—señaló.

—M-muchas gracias—exclamó Kagome tímidamente.

Las jóvenes se alejaron lentamente.

—¡Me encantaría usar esos uniformes!—exclamó emocionada Ayumi, su amiga.

—Bien entreguemos la ficha para aspirantes—dijo Yuca.

Salieron de la preparatoria y caminaban las tres de camino a sus respectivas casas. Sin embargo las tres chicas miraron a Kagome con preocupación.

—¿Estarás bien Kagome?—preguntó Yuca.

—Supongo que sí…

—¡Esfuerzate Kagome! Todas tenemos que ir a la misma escuela—está vez Eri fue quién llamó su atención.

—Estaré bien… no se preocupen—

"Estoy perdida"

De camino regreso a su casa, se encontraba frente al santuario de plegarias dónde muchas personas asistían diariamente a pedir sobre sus distintos asuntos. Y ella pidió suerte para poder rendir su exámen.

"¿Desde cuando nuestro santuario atiende plegarias para exámenes?, Kami… estoy perdida…"

Al regresar rumbo a casa se encontró con un exquisito aroma seguramente por el desayuno que preparaba su mano. Al entrar en la residencia Higurashi se encontró con Sesshomaru despierto tan frío como siempre pero ahora probando las golosinas que su madre preparaba.

—Nunca imaginé ver a Lord Sesshomaru, amo de las tierras del Oeste comer comida humana y sobre todo un pastel—dijo divertida la muchacha. El comentario no le hizo mucha gracia al demonio, decidió ignorarla pero dejó de comer el pastel.

—No seas cruel, Kagome—dijo su madre sonriente.

—¿Y el abuelo y Souta?

—El abuelo se encuentra en el templo haciendo una oración para que rindas bien tus exámenes y Souta se ha ido al cine con unos amigos.

—Ya veo… bueno nosotros nos tenemos que ir… pronto.

—¿Tan pronto hija? Acaban de llegar… vayan de compras… quisiera que me hagas unos encargos y por ahí puedes aprovechar para abastecerse de suministros.

—¡Que buena idea mamá!—dijo la chica, luego miró al demonio que se encontraba ahora mirando con atención el refrigerador lleno de comida—Sesshomaru… eres un glotón…-suspiró ella—Bueno vamos al centro comercial… tendremos que conseguirte ropa para tu estadía aquí… no es nada normal ver a un hombre pasearse con ropa del Sengoku y espada… cierto Toutosai se llevó a Tenseiga.

—…—

Clásico… el demonio no contestaba a las palabras de la miko latosa simplemente la seguía.

—Bien chicos un poco de dinero—dijo la madre entregándole a la chica unos cuántos billetes—La tarjeta también puedes usarla querida.

—Gracias, bueno vamos—pidió al demonio.

Esa misma tarde se encontraban en el centro de Tokio, había mucha gente transitando. Sesshomaru conocía los taxis y por lo tanto no hubo problemas, sabía que servían para transportar a los humanos, la vez pasada lo había aprendido a la mala. Kagome hablaba y hablaba… parecía un loro.

—Bueno… primero vayamos a comprarte un poco de ropa.

—Cómo sea—dijo él.

—Al menos deberías ser más comunicativo.

Al llegar al centro comercial el demonio se encontró con más humanos por todos lados saliendo de lugares. Suspiró y se preguntaba como era que podía soportar más tiempo entre humanos.

—Bien… esté es el centro comercial, debemos ir a la tienda de ropa y luego podemos ir a buscar los encargos de mi madre. Algunas cosas para estudiar y llenar las provisiones.

El youkai asintió indiferentemente mientras le seguía, caminando entre diferentes tiendas. Pasaron por una tienda dónde había muchas mascotas distintas, vio personas comprar a los animales. Al llegar a la tienda encontró objetos inmóviles parecidos a los humanos que vestían raras prendas cómo lo hacían la mayoría de los humanos en ese lugar. Entraron y una mujer los asistió, para la sorpresa de Kagome, Sesshomaru escogió toda su ropa solo, teniendo un excelente gusto.

—Vaya tienes buen gusto—dijo la muchacha, mirando los modelos que el demonio escogían. Y era obvio, llamaba la atención de distintas féminas que se le quedaban viendo desde fuera de la tienda.

—¿Qué opinas miko?—preguntó el demonio saliendo del probador, mostrándole a la muchacha un jeans de mezclilla clara, una camisa en color azul cielo, con los tres botones abiertos dejando ver su pecho fornido, sus brazos se veían musculosos. Los ojos de la chica no pasaban de examinar al masculino pues estaba viendo perfectamente a un adonis griego y a su mente fugazmente vino el recuerdo de las termas, fue la primera vez que admiró a Sesshomaru como Kami lo había traído al mundo. Se sonrojo violentamente.

—Se te nota bien—dijo ella intentando no mirarle a la cara, pero él había notado el sonrojo.

—¿Te encuentras bien miko?

—Etto… sí.

—Bien, llevaremos esto y esto otro—le mostró a la joven un pantalón totalmente negro y una camisa en color violeta.

Se encargaron de comprar zapatos a su medida y salieron. El corazón de Kagome aún se encontraba un poco aturdida por la imagen en su mente de Sesshomaru. En el camino iban en silencio, un silencio incómodo para ambos.

—¿Qué es esto?—preguntó el demonio a la chica.

—¿Qué es qué?—preguntó ella, viendo el interés del demonio frente a la librería—Es una librería, aquí compras libros de cualquier tema… desde historia, español, matemáticas, anatomía… entre más. Puedes aprender muchas cosas de ellos.

Para él fue suficiente ya que entró dentro del lugar y sus fosas nasales se llenó de un aroma a pergamino viejo, hojas viejas y tinta de escritura. Había muy pocas personas en el lugar, entendía perfectamente la escritura en kanji que le indicaba las secciones de temas. Detrás de él entró la muchacha que se miraba curiosa de ver que era lo que quería el youkai.

Le vio internarse en la sección de historia, entre sus manos tenía un pesado tomo de historia japonesa en donde se marcaba exactamente la era Sengoku.

—Ese libro es interesante, te habla un poco acerca de las distintas especies youkai que había… entre ellos está tu raza… los inu.

Sesshomaru prestaba atención a las palabras de la chica sin dejar de mirar las hojas y leer algunos párrafos. Era impresionante el como los humanos tenían una excelente escritura y caligrafía para plasmar los hechos como tal habían pasado. Pero su sorpresa era al notar que mencionaban muy poco sobre el general InuTaisho, dibujado como un humano y no como tal. Se enfureció y dejó el libro sobre el estante, se alejó para encontrarse con la Biología, cosa que también encontró interesante, pero pasó de largo hasta encontrarse con uno de anatomía en la portada del libro se pintaba la figura de un cuerpo humano cituada en un circulo de esa figura humana salían dos brazos más y piernas.

—Ese es de anatomía—dijo Kagome a sus espaldas—Con este tomo puedes aprender mucho de la naturaleza humana, sus cambios físicos, fisiológicos. Muchas cosas te puedes encontrar en él.

—Interesante—tomó el libro bajo su brazo.

—Espera un poco, yo necesito conseguir un libro para matemáticas.

Él volvió a ignorarla y volver a mirar los diferentes tomos, pudo encontrar desde historia absurdas de princesas, castillos mágicos y besos de amor que se le hicieron absurdos y tontos. Encontró libros de Geografía que explicaban los cambios climáticos y de la Tierra, y uno de astrología que explicaba la posición de las estrellas, eclipses y lluvias estelares. Tomó varios tomos que consideró interesantes al regreso de la miko él tenía al menos unos diez libros.

—¿Piensas llevar todo eso?

—Si, ahora paga—sonó como una orden que ella molesto, cerró los ojos y se sorprendió de ver que ella solo llevaba un libro de matemáticas para estudiar para su examen de admisión.

Le entregaron al encargado de la tienda los libros, pagaron y se retiraron del lugar en silencio. Desfilaron por el centro comercial y varias tiendas, por lo cual llevaban varias bolsas. Kagome se paró frente a una tienda de lencería femenina.

—Si gustas esperame a fuera Sesshomaru, no creo que te guste entrar aquí.

No contestó pero decidió esperar afuera, vio muchas féminas dentro de la tienda comprando esas diminutas prendas. Tomó de la bolsa de libros el tomo de anatomía, leía con atención y vio la figura de una humana desnuda. Explicaba sobre sus mamas, piernas, brazos, vagina entre muchas más. Descubrió que las hembras humanas solamente poseían un par de pecho en cambio las hembras youkai a veces tenían más tetillas para amamantar a los cachorros. Pero eran interesantes los humanos de cierta forma, y alzó su vista del tomo para centrarse en la chica, vio unos maniquís con esas diminutas prendas… que despertaron su interés al parecer era para cubrir partes intimas y vio desde lejos a la chica que modelaba un bonito conjunto de una pantaleta de color rojo que dejaba ver sus piernas torneadas atléticas por tanto ejercicio en el Sengoku, un abdomen formado y tonificado y su mirada fue subiendo hacia ese par de pechos de los que hablaba ese libro. Había de muchos tamaños, colores y texturas pero los de la sacerdotisa eran especialmente llamativos, eran de un tamaño normal sin excederse a lo obseno pero de buen tamaño. Alejó su vista pues podrían pensar que era un depravado.

Finalmente después de que la chica compró su extraña vestimenta partieron hacia los cines.

—Hermana—exclamaron—¿Qué están haciendo aquí?

—¡Oh Souta!—dijo ella sonriente—Venimos a comprar cosas para el siguiente viaje.

—Vaya—los amigos del pequeño chiquillo miraban atentamente a Sesshomaru que miraba a la nada en particular.

—Nosotros vinimos a ver Viernes de Pesadilla… ¿quieren venir?

—¿Tú que opinas Sesshomaru?—preguntó la muchacha al demonio.

—No me interesa—fue su escueta respuesta, mientras la cara del chiquillo se deformaba y luego se recomponía.

—Bueno, hermana, Sesshomaru nosotros tenemos que irnos está por empezar la función.

—Nos vemos en casa—dijo la chica y luego miró al youkai de mala gana—Deberías ser más considerado Sesshomaru.

Él volvió a ignorarla y empezó a caminar con bolsas en mano y ella vio la falta del brazo. Se sintió mal pero eso no le quitaba a Sesshomaru lo atractivo pues las féminas del centro comercial parecían no notarlo pues suspiraban por él.

Decidieron comprar los suministros. Se fueron al super mercado y empezaron a recorrer todos los pasillos llevando cereales, carnes, golosinas para los chiquillos, chatarra para compartir, ramen, cosas de higiene personal, papel sanitario, jabones de baño, shampoo entre otras cosas. Pasaron por el área de helados.

—¿Quieres llevar helado?—preguntó la joven—Hay de diferentes sabores, llevemos…

—Chocolate—dijo él, se acercó a la puerta del refrigerador y tomó un pote.

Kagome sonrió y ella tomó otro de fresa y nieve de limón.

—Quisiera mostrarte un dulce que seguramente te gustará…

—Te escuchó—ella sonrió y enterneció al ver que el demonio era gustoso de sus alimentos chatarras. Se mostraba interesado por conocer el dulce.

—En la tarde te llevaré a que pruebes las creppas, hamburguesas y palomitas de maíz… tal vez a que pruebes soda.

Ella le explicó sobre la soda, hamburguesas y creppas que estimularon las papilas gustativas del demonio. Compraron unas botellas de soda de cola y distintos sabores, palomitas de microondas pero las creppas eran agenas del supermercado. Por peticiones de Ayumi compraron vegetales y otras cosas más. Llevaban el carrito lleno de cosas.

—¡Lo olvidaba! Sango-chan pidió unos platos desechables para poder comer los alimentos.

—Gran utilidad han dado los humanos hoy en día—dijo llamando la atención de ella—No son tan repugnantes como en el Sengoku.

—No seas grosero—ella hizo un puchero.

—Es la verdad, miko. Son repugnantes y duran poco, sin embargo; han ido evolucionando con el paso de lo años. Ahora tienen transporte, alimentos de mi agrado.

—Impresionante escucharte alabar a los humanos—dijo ella burlona—Bien llevemos esto a casa, tenemos que apresurarnos para poder comer.

Él aceptó y terminaron las compras, llevando una enorme carga de bolsas de distintos lugares. Al llegar a la residencia Higurashi, el demonio se cambió su ropa habitual pero omitiendo la armadura. Kagome se fue a la cocina a preparar las hamburguesas, servir las soda, acomodar todo y dejar en las bolsas lo que se llevarían a la otra época. Él tomó sus tomos para poder leerlos, devoró el de anatomía aprendiendo de las mujeres humanas, niños, ancianos y hombres. Cuando su nariz tuvo la recepción de aromas que nuevamente no conocía se acercó a la cocina, se encontraban ellos dos solos.

—Mamá y el abuelo fueron a comprar unas cosas para el santuario, regresan en un par de horas.

—Ya veo.

Veía lo que la chica hacía, preparando al fuego en aquellos artefactos la comida, la vio hacer rápidamente distintos platillos que llamaron su atención.

—El helado ya está en el congelador, podremos comerlo en el postre. Así que bueno dame unos momentos y podremos comer.

Sesshomaru se acercó demasiado a la chica para poder mirar bien que era lo que preparaba viendo un pedazo de carne en forma circular, se movía rápidamente picando lechuga, cebolla, jitomate, nachos en vinagre, salsa, cátsup, mostaza, mayonesa, pan con ajonjolí. Y todo se veía apetecible, el acercamiento fue demasiado.

—¡Demonios!—exclamó ella a punto de caer, pero el golpe nunca vino. Él la había tomado por un brazo deteniendo su caída con un cuchillo.

—Eres torpe, miko—dijo él.

Fue cuestión de segundos en los cuáles ella se movió solamente para quedar cara a cara a unos cuantos centímetros. El rostro de la chica se sonrojó mientras los ojos dorados de él tan penetrantes le miraban; pudo sentir en su nariz el aroma de la chica tan dulce y efímero que lo tranquilizaban. Y se puso a mirarla de cerca, esos labios carnosos le llamaban. Su bestia interior le llamaba.

"Son carnosos… pruébalos… sería interesante besar una humana"

Ignoró a su bestia mientras regresaba en sí. Y la alejaba de él considerablemente para que ella pudiera regresar a sus labores.

—Etto… l-la comida e-estará pronto—sonrió ella aún con nervios en su piel. Él se alejó de la cocina para reprocharse a si mismo por el hecho de mirar los labios de la miko atractivos y sobre todo recriminarle a su bestia interior el hecho de querer besarla.

La comida transcurrió en silencio incomodo para ambos pues estuvieron demasiado cerca, el youkai admitía que esa comida era deliciosa pero sabía que era una bomba de arterias. Sin duda alguna tendría que regresar a comer lo que él estaba acostumbrado, las proteínas de la carne y aquí las consumía pero no en la cantidad que debería. Comió unas cuantas, y la joven le sirvió un vaso de aquel líquido llamado soda, al probarla tuvo una rara sensación pues su garganta ardía y burbujeaba mientras tomaba el líquido. Ella también lo bebía al parecer acostumbrada a sentir ese raro cosquilleo.

—Aprovecharé la ausencia de mi madre para preparar las cosas para volver.

Él no dijo nada, la chico dejo los trastos en el fregadero y se retiró de la cocina aún un poco aturdida por aquel acercamiento.

"¿Yo quería besar a Sesshomaru a caso? No… eso es imposible"

Se acercó a su mochila rosa y empezó a guardar todo, ahora llevarían al menos otras tres bolsas por tantos suministros, ahora si serían suficientes para al menos dos meses y semanas para poder sobrevivir de cierta forma aunque no estaba nada mal la comida del Sengoku pero ella prefería llevar esa comida. Guardó todo poco a poco, viendo las golosinas recordaba a los pequeños pero cierta tablilla chocolatosa la tenía al tanto de su consumidor. El demonio momentos después se reunió con la chica, se quedaron mirando de verdad que se encontraban incómodos.

—Este… vayamos por las creppas que te mencioné. Te encantaran—intentó que el ambiente que llevaban se recuperara.

—Hn…

Salieron de casa, la tarde era llamativa y tranquila. Se alejaron bastante del templo rumbo a la ciudad ruidosa. Ella parecía reconfortarse, él se negó a cambiarse nuevamente las ropas que traía pues se sentía cómodo consigo mismo, al llegar a una heladería vieron todo tipo de golosinas. Desde paletas a enormes rosquillas glaseadas.

—Por haya están—dijo ella un poco más tranquila.

La siguió sin prestar mucha atención, seguía preguntándose que era lo que había pasado exactamente. Al llegar vieron un local lleno de mesas, sillas, en color blanco dándole un toque muy juvenil con algunas personas disfrutando del alimento y bebida.

—Siéntate, pediremos… será como el postre—sonrió ella. La mesera se acercó a ellos tranquilamente admirando a Sesshomaru, viéndolo con encanto pero con rareza por sus extrañas marcas en el rostro y la ropa. Pero era hermoso. Tomó la orden siendo: dos crepas de crema de chocolate y cacahuate con queso crema philadelphia. Y frutillas de moras junto a mermelada. Un par de capuchinos cremosos con un poco de canela.

—Demasiado dulce… ¿no lo crees miko?—preguntó el demonio cuando le entregaron a ambos sus platos.

—Lo sé… te gustará… sólo que no podremos comerlas en el Sengoku por que no hay dónde prepararlas—dijo ella, cortando con su tenedor la capa de mermelada.

—Cómo sea…

No charlaron más y comenzaron a degustar su golosina, Sesshomaru seguía descubriendo que era delicioso aquel postre como lo llamaba la chica, el capuchino era complementario, un poco cargado y pudo reconocerlo como café pero era adecuado pues podía quitar lo empalagoso que podía resultar la crepa. Comió un pedazo mas y degusto las moras azules con el queso.

—¿Te ha gustado?—preguntó la chica.

—Supongo que es bueno…

—Qué vago eres—dijo la chica haciendo un puchero—Deberías de ser más específico nadie de la otra época te ha admirado comiendo comida humana además de los chicos. E inclusive el testarudo Jaken degusta de la comida por igual.

Se la quedó mirando.

—Comamos… ¿palomitas?—preguntó, la chica río de buena gana cuando el demonio preguntó sobre el maíz. Pagó la cuenta y se fueron rumbo al cine.

—Este es el cine que venimos más temprano… ¿Ahora si quieres ver alguna película?

—¿Película? ¿Qué es eso?

—Bueno… la televisión… son parecidos sólo que aquí pasan imágenes de acción, romance, entre otros géneros.

—De acuerdo—suspiró y se dirigieron a la entrada, dónde compraron las entradas y algunas golosinas.

—No sabía que eras adicto a tanta golosina—dijo ella divertida mientras le miraba comer—Nunca imaginé que te gustara comer tanto dulce…

No contesto nuevamente sencillamente se dedicó a mirar como la gente iba llegando al lugar repleta de golosinas como ellos. Pero podía escuchar claramente las intenciones de los humanos, se encontraban calientes y las feromonas volaban en el ambiente. Aunque habían escogido una película de terror no se podía obviar el hecho para poder hacer algo en un lugar oscuro y silencioso. Suspiró… ni siquiera en el Sengoku los humanos se comportaban así. La película transcurrió, intimidando un poco al youkai más no asustándolo mientras que a la joven le ponía los pelos de punta. Al salir la chica estaba un poco más tranquila, se habían caído las palomitas por los gritos de la chica junto a los de las demás personas. Y los dulces restantes se los había comido Sesshomaru, era hora de regresar a casa. Sorpresa fue que nadie había regresado aún hasta que el teléfono sonó.

—Kagome-chan.

—Mamá ¿Dónde están, se encuentran bien?—preguntó un poco asustada.

—Nos encontramos bien Kagome, lo que pasa es que el abuelo se puso a jugar bingo y se ganó tres entradas para unas termas en Osaka, todo pagado y no regresaremos hasta pasado mañana.

—Vaya…

—Hija lo siento—se disculpó Ayumi—Supongo que para nuestro regreso ustedes dos se han marchado.

—Si madre, mañana por la mañana nos vamos al Sengoku.

—Cuídate mucho querida hija—se despidió la madre—Regresa pronto y saludame a Sesshomaru.

—Vale.

—Sayonara mi pequeña—colgó el teléfono. El demonio había escuchado la conversación así que estarían solos. Y eso no le agradaba demasiado, en mucho tiempo su bestia no había hablado hasta esos momentos. Y no era nada bueno ya que aparecía cuando él tenía apetito sexual.

—Bueno, Sesshomaru iré a tomar un baño. Después dormiremos—dijo la muchacha, se atoró con el cable del teléfono yéndose sobre el demonio. El movimiento fue demasiado inesperado incluso para él pero se fueron ambos al piso, ella quedo sobre sus caderas y con la cara clavada en su pecho. El demonio se encontraba sorprendido.

Se quedaron mirando, otra vez… esa sensación en el cuerpo de ambos, era incómodo y la posición igual. Sus miradas eran penetrantes y fijas. Los ojos ambarinos del youkai eran más profundas que de costumbre, él escuchaba el latido acelerado del corazón de la chica y desprendía un aroma alcalino por sus nervios.

"Es ahora o nunca… tengo que probarla"

Nuevamente la bestia del Taiyoukai salió de repente. Controlandose lo más que podía y odiando a su padre por ese amor que le tenía a los seres humanos. Pero el aroma de ella lo estaba hinoptizando y Kagome se encontraba en las mismas condiciones, Sesshomaru era perfecto, sentía atracción.

"¿Siento atracción por él? ¿Por qué? ¡Yo sé que amo a InuYasha! Pero… me gusta Sesshomaru"

Se admitió a sí misma y su corazón latió rápidamente… ella gustaba del youkai. Su aroma de él era masculino demasiado penetrante y sucedió.

Ambos se dejaron llevar por el momento, y rozaron sus labios inmediatamente. Sintiendo el sabor de sus bocas, Sesshomaru estaba muriéndose por dentro racionalmente mientras que su lado animal disfrutaba del contacto, profundizó el beso, poniéndose como el que llevaba el control del beso. Era apasionado y profundo. Pidiendo más de la chica y ella dejándose besar de esa forma nunca había sido besada de esa forma. En su mente comparaba a los hermanos y por mucho Sesshomaru besaba condenadamente bien.

Y entonces ella gimió al sentir una mordida en su labio inferior.

Ese sonido fue canción para sus oídos, pues su olfato estaba activado al cien y podía sentir el aroma alcalino y salino que la chica desprendía de cierta zona femenina. Olía a una virginal pura zona femenina nunca antes tocada.

"Parece que el idiota de InuYasha nunca la ha tocado, huele a virgen"

Se regañó a si mismo por encontrar el aroma de excitación de la chica tan exquisito y para él cautivantes. Podía sentir que su lado animal iba a dominarle pero con todas sus fuerzas terminó el beso. Alejando a la chica de él.

—No te me acerques si no quieres morir—sentencio. Hizo una cara de asco por la cercanía que hirió a la joven.

—Eres un idiota, Sesshomaru, maldito demonio—dijo ella mientras unas lágrimas salían de sus ojos. Se fue corriendo rumbo a su habitación.

Dejó al youkai pensando y sopesando que era lo que había sucedido…

—Ella es una sucia humana nada más—sentenció el Lord del Oeste y su bestia se calmó nuevamente. El apetito sexual terminó y él simplemente se puso a pensar que era lo que había sucedido.

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Fin Capítulo!


Y bien chicas… ¿Qué les pareció? ¡No me maten! Tenía que terminarlo así… aún es demasiado pronto para que ellos se acerquen más. Tendré que alejarlos no sin dejar de seguir la línea del tiempo. Necesito un poco de romance entre InuYasha y Kagome… :/ me siento no sé… creo que me mataran *ve a todas las chicas con cuchillos, escopetas listas para disparar*

Bueno contestaré algunos reviews.

Faby Sama: Qué puedo decirte… a veces la musa me abandona y no puedo continuar pero ahora esperó que el capítulo sea largo y se a de tu agrado. Espero un largo review de tu parte querida, me encanta leerte cada capítulo.

TsukihimePrincess: Me agrada tenerte nuevamente por aquí, me agrada que te guste la historia esperó que este capítulo haya sido de tu agrado.

Hinatacriss: También me dio demasiado pesar la muerte de Kagura, fue demasiado triste… pero agarrate. Esperó que Sesshomaru no haya sido un bruto al tratar así a Kagome. Esperó tu comentario.

Amaterasu97: Me alaga que mi historia te guste… en especial si está pareja no es tu favorita. Esperó que el capítulo te haya gustado al igual que a mí escribirlo. Quiero seguir la línea del tiempo de la historia original y bueno ponerle el toque de Zimba Mustaine. Esperó leerte pronto.

Bella-Swan11: Me gusta mucho tu manera de postearme, la verdad es qué es agradable leer tus comentarios centrándote en los personajes principales. Esperó leerte pronto y muchas gracias por aceptar está historia.

Sacnite: ¡Mujer te había extrañado! Esperó que la Uni no te este matando, yo tengo que trabajar pero prefiero el estudio, de todas formas es agradable tenerte leyendo nuevamente por aquí y el capítulo te haya gustado.

Gracias a todas las demás por comentar. Nos leemos.