Disclaimer: Fullmetal Alchemist y sus personajes son propiedad de Hiromu Arakawa

Hola, gracias por entrar n.n

Llegando al final de este proyecto, no tengo más que palabras de agradecimiento para todos los que han seguido la historia y la han apoyado con sus hermosos comentarios. Mil gracias :)

Saludos para Jazz, me alegra que los personajes y estos intentos por emparejarlos sigan siendo de tu agrado. Ya no podré agradecerte, así que me despido ahora. Muchas gracias por haberte enganchado con la historia, por tu tiempo y por tus amables palabras. Que sigas bien :)

Espero que disfruten de esta última entrega. Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer :D


Proyecto: Cien drabbles por cien historias

Pareja: Roy/Riza

Motivo: Razones para quedarse


XIX

Las razones por las que deberías quedarte

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La presentación ante el comité de disciplina fue todo lo tensa, incómoda, engorrosa y extensa que cabía esperarse. Cada oficial del lado acusador tenía su pila de expedientes para chequear y los dos que estaban siendo sometidos a escrutinio contaban con lo propio, por lo cual demoraron casi una jornada en quedar de algún modo satisfechos. Aunque nada se resolviese al final.

La cosa llevaría tiempo y ambos lo sabían. Riza y Roy caminaron de regreso a sus despachos por el largo corredor al principio en un reflexivo silencio, para terminar el recorrido suspirando con cansancio.

-¿Cómo crees que nos haya ido allí adentro? –indagó ella por fin.

-Como el diablo –murmuró él.

-Supongo que así iba a pasar.

-Pero esto no se quedará así…

Riza lo miró de soslayo y comprobó en la mirada de Roy la determinación que tanto le conocía. Sonrió de lado. Más allá de las dificultades y lo tedioso del camino que tenían por delante, incluso con todos los factores jugando en contra, no se arrepentía de nada. Por el contrario, a esas alturas agradecía poder seguir transitando esa senda a su lado, condujera adonde condujese.

-Qué bueno que estés aquí –le dijo.

En ese momento llegaban a la puerta de su despacho y, deteniéndose allí, Roy la interrogó con la mirada.

-Qué bueno que estés aquí, qué bueno que no estés en ninguna otra parte lejana e incógnita –repitió Riza tomándolo de las manos, olvidando el lugar y las formalidades-. Debes quedarte siempre conmigo, entre otras razones porque nada parece tan difícil u obscuro a tu lado, ni pesado, y porque la única forma de concebir alguna esperanza es a través de tu apoyo.

-Riza…

-Nunca te alejes de mí, Roy Mustang. Tú lo has iniciado, ahora debes hacerte responsable. Si llegas a dudar aunque sea un segundo, tengo al menos otras cien razones para que te quedes aquí, justo aquí. No pienso volver a decírtelo.

-Sabes que no existe otro lugar para mí que aquél donde tú estés, me ofendes al señalármelo, Hawkeye –repuso Roy en tono juguetón, disimulando la emoción que sentía.

-Pues qué bueno que estemos de acuerdo en esto, ya no tendré que dispararte si te escapas.

Sonrieron sin ganas. Aun así, ¿qué más podrían desear? ¿Que los disculpen? ¿Que los exoneren? Tenían edad y experiencia suficiente, además de un vínculo único y constituido, como para andar necesitando la aprobación de los demás.

Lo entendieron sin palabras, con las manos entrelazadas y la confianza que los unía. Y después de unos minutos más de íntimo intercambio, sonrieron con mayor convicción. Aunque fuera incierto, el futuro ya no les inquietaba.

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XX

Las razones por las que deberías quedarte tú

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Las rendiciones de cuenta se sucedieron a lo largo de varias semanas sin llegar a un dictamen final. Roy maldecía de cansancio. Nunca le había parecido el ejército tan burocrático como entonces, tan ineficaz e irresoluto.

-Son más lentos que caracoles viejos –masculló un domingo mientras almorzaban.

-Están confundidos –acotó Riza con indiferencia, pues la situación ya la había hastiado-. Tienen en sus cabezas un reglamento y enfrente de sus ojos el general que salvó al país y al mundo. No tienen la más remota idea de cómo hacerlos coincidir.

-Malditos burócratas.

-Tal vez –convino Riza-, pero también pobres generaciones nuevas de oficiales inexpertos cuyo oficial de referencia ha roto las reglas sin aviso ni miramiento. Los viejos nos hubiesen condenado a la hoguera cuatro semanas atrás, pero ellos están desorientados. Y desconcertados.

Roy le dio la razón a regañadientes. Una vez más, la sensatez de la mujer ganaba espacio en su interior para empezar a rescatarlo del fastidio.

-Entonces tal vez nunca se resuelva este asunto –concluyó.

-Quizá.

-Envejeceremos antes de que se decidan a despedirnos.

-¿Tanto te importa? –indagó Riza-. Como van las cosas, la verdad es que ya no me interesa. De ellos no necesito nada, toda mi vida me ha bastado contigo. Para mi desgracia.

Él la miró y le sonrió. Vaya códigos que se traían. Sin embargo, sólo pudo sentirse agradecido.

-Nunca desaparezcas, Riza Hawkeye –le pidió impostando la voz como si fuera una orden. Luego suavizó la expresión y continuó-: Tu modo de ver las cosas, la confianza que sigues depositando en mí, la forma como me miras ahora, esta comida que has preparado… No puedo pedir nada más. Aun así, insistiré en que te quedes, quédate justo allí. Entre las razones para que te quedes la principal es este día a día que puedo sobrellevar sólo porque estás a mi lado.

-Entonces no me iré a ninguna parte.

-Ya no podemos -repuso Roy-. ¿No lo entiendes? ¿Qué otro lugar nos queda? Hace tiempo que ya hemos construido entre los dos, conciente o inconcientemente, el rincón en donde queremos permanecer. Sólo faltaba reconocer la razón principal.

-La razón por la que seguimos luchando –dijo ella en un suspiro. Se levantó, fue a sentarse en su falda y lo besó fugazmente-. La razón que nos trajo hasta aquí y la que todavía nos ilusiona.

-Y vaya si costó conseguir que se note.

Riza entrecerró los ojos en gesto de advertencia.

-¿Me estás reprochando algo, Roy Mustang?

Él alzó los brazos como dándose por vencido.

-Dios me libre de semejante atrevimiento.

-Deberás ponerte a pensar en otra razón para retenerme –le previno Riza con fingido enojo.

-Pues si tú tienes cien, puedo asegurarte que yo tengo mil. Y una vida por delante para decirlas una por una y retenerte cada día.

-Te hace feliz hostigarme, ¿eh?

-Y cuando se me acaben esas mil inventaré dos mil más -agregó él, dichoso con la sola idea-. Nada como el amor para mantenerse ingenioso y activo.

FIN