Amor Traicionado.
Anthony, tu no me puedes hacer esto, tu dijiste que me amabas. Esto jamás voy a perdonártelo, como te atreves a profanar el lugar donde teníamos nuestros encuentros amorosos… ¿Por qué aquí?- Le grito con todas mis fuerzas sintiendo un dolor desgarrador en mi alma, lagrimas que no son lagrimas, dolor que me desgarra por dentro.
Andrew recorría con sus manos ansiosas el cuerpo de Michiru, escuchando como la mujer gemía de placer deslizándole sus manos por debajo de la camisa, aquello podía haber excitado a cualquier hombre, mas Andrew parecía tener sus pensamientos en otra parte, aquello parecían movimientos previamente calculados.
-Lita, te juro que no te voy a lastimar.- Le susurro al oído mordisqueándole el lóbulo de la oreja.- Hare que tu primera vez sea inolvidable my beauty.
Como es posible que utilices las mismas palabras para todas las mujeres, "my beauty" y tu que decías que esa manera de llamarme era solo dedicada a mi, tanto que me hiciste hacer sentir especial llamándome así para que ahora se las digas a cualquier mujer que quieres llevar a la cama… ¿Por qué eres tan cínico y no me respondes?... ¡Sabes que te amo y sin embargo no te importa herir mis sentimientos!... ¿Cómo te atreves siquiera a hacer esto con otra mujer delante de mi como si no me escucharas Anthony?
Pero claro, se perfectamente cual es el problema, era mentira que me esperarías hasta que yo quisiera entregarme a ti en cuerpo y alma… ¡Era mentira, una falsa mentira!... Preferiría estar muerta antes que estar presenciando este acto tan ruin… ¡Cuantas veces no intente quitarme la vida durante el tiempo que te creí muerto!... Pero claro, nunca podía suicidarme, cada que intentaba algo resultaba que no podía morir y yo creía que eso era porque mi destino era encontrarte, pero haber sabido que solo jugabas conmigo ten por seguro que lo hubiera hecho.
Michiru soltó una fuerte carcajada y empujo suavemente al joven rubio para mirarlo a los ojos.
-¿De que te ríes?... ¿No te gusta?- Desconcertado Andrew.
-¡Eres excelente amante, pero también me matas de risa!.- Volvió a reír la mujer.- De acuerdo… ya son dos veces que me llamas Lita… pero eso no me importa… Lo que si es gracioso es que hicieras referencia a mi "primera vez"… ¿Acaso crees que esta es mi primera vez?
-¿Yo dije eso?- Pregunto Andrew arqueando una de sus cejas.
-Lo dijiste y te aseguro que virgen no soy… ya tengo gran camino recorrido, no se si eso te molesta.- Volvió a reír la mujer.- Aunque ya se… quizá estés molesto porque Lita tu "beauty", no te ha sabido complacer… Anda dime… ¿Acaso no quiere darte placer?... Debe ser una mujer anticuada para comportarse de esa manera tan ridícula.
¡Maldita cortesana estupida!... ¿Cómo te atreves a llamarme mujer anticuada y ridícula?...¡Pero claro, es así como se expresan las cortesanas y mujeres de la vida alegre de una mujer decente como yo!... Pues bien estupida mujer, podrás burlarte todo lo que quieras de mi, Anthony me utilizo, se burlo de mi, pero te aseguro que de ti también se deshará tarde o temprano…
Andrew miro con molestia los comentarios que la mujer hacia sobre "Lita", aunque a la vez se sentía extraño… ¿Cómo era posible que se molestara de que alguien insultara a una mujer con la que el había soñado?... A alguien que para el ni siquiera era real, tan solo parte de su imaginación y de sus sueños.
-¡No te permito que hables así de ella!.- Le dijo mirándola con molestia, haciéndose a un lado…-
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Diamante se encontraba sentada en la mesa de caoba que se encontraba en la cocina. Mina camino con una charola en la cual había dos tazas de las cuales salía el humo del café que tenia un exquisito olor.
Puso una taza para el joven y otra para ella y se sentó a su lado.
-Señorita Mina… yo pensé que usted no sabia cocinar.- Dijo Diamante mirándola agradecido.- Jamás pensé que usted fuera a tener un detalle así conmigo.
Mina se le quedo mirando y le sonrío, después de todo, por alguna extraña razón, el hombre que era su chofer particular, designado por Andrew, le empezaba a caer mejor.
-Pues en realidad no se cocinar.- Sonrío la rubia.- Tampoco sabia preparar café… siempre se me evaporaba el agua… ¡Pero ahora no paso eso!
Diamante sonrío de lado. Si bien reconocía que la chica era un poco atolondrada, había algo en ella que le agradaba.
Lentamente tomo la taza de café entre sus manos y se la acerco a los labios dando un sorbo.
-Es delicioso.- Respondió el joven mirando agradecido a la joven.
-Lo prepare justo como me dijiste, le puse tres cucharadas de azúcar.
La joven dio un sorbo a su café, el cual era un poco amargo, pues debido a que estaba a dieta había decidido eliminar los azucares.
-Me gusta el café con azúcar.- Dijo ella.- Pero Yaten dice que soy gorda… y yo tengo miedo de que el me deje de amar… Dice que soy torpe, y yo me esmero por hacer las cosas bien en la cocina, aunque todo siempre me queda terriblemente asqueroso.- Siguió hablando Mina.- Y ahora que tu me dices que te gusta el café que prepare… No sabes lo que eso significa para mi.
-Pues entonces tu novio es estupido, idiota, deberias de dejarlo. Mereces algo mejor.- Respondió el joven con seriedad.
-Tú no lo conoces.
-Pero yo jamás trataría así a la mujer que fuera mi novia, así estuviera un poco pasada de peso, o fuera terrible en la cocina.- Le dijo Diamante.- Quizá puede ser usted un desastre en la cocina y un poco despistada, pero bueno, todos tenemos defectos.
Mina agacho su mirada, sintiéndose ruborizada ante los comentarios del joven.
-Ojala que Yaten dijera lo mismo de mi.- Susurro la joven.
-Además usted es hermosa, no le sobra nada… usted esta bien así.
Ambos se quedaron en silencio, mirándose por un momento, pero entonces el sonido del teléfono celular de la joven irrumpió haciendo que la joven tomara el teléfono para contestar.
-¿Diga?...- ¡Mamá!... Por supuesto que si madre…¿Cómo esta papá?.- Andrew salio de fiesta…-
Diamante vio a la joven caminado fuera de la cocina, así que aprovecho el momento para levantarse y tirar el café por el lavaplatos. Rápidamente camino al refrigerador y se sirvió un poco de jugo de naranja el cual bebió desesperadamente para después volver a servirse.
Había tenido que fingir que el café era delicioso, si hubiera sido cualquier otra persona por supuesto que se lo hubiera escupido en la cara, pero no habia querido ser grosero con Mina que ya empezaba a tratarlo mejor.
-¿Ya terminaste el café?- Cuestiono Mina al volver a la cocina.
-Por supuesto señorita, gracias… Estuvo delicioso.- Sonrío Diamante.
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Michiru se levanto, acomodándose el cabello sin dejar de reírse.
-Esto es gracioso, primero quieres olvidarla, y ahora resulta que te ofendes porque hablo así de tu adorada "Lita", tu novia casta, pura y virginidal.- Reia la joven.- ¡Por dios no pensé que tu gustaran ese tipo de mujeres!
Andrew no se explicaba que estaba pasando dentro de si mismo, no eran las palabras de Michiru los que lo golpeaban, sino el recuerdo de esa mujer que el creía era parte de su imaginación.
Rápidamente, se acerco a la joven peliazul por detrás de su espalda y la aprisiono entre sus brazos comenzando a besarle el cuello mientras le estrujaba los senos por encima del vestido.
-¡Por supuesto que no me gustan las mujeres vírgenes!.- Le dijo mirándola con deseo para hacerlo voltear y quedar frente a el.- ¡Que flojera, por supuesto que no, prefiero a la mujer con experiencia y no ser el primero en la vida de una mujer, que horror!.- Dijo mas para convencerse así mismo que para convencer a la mujer.
Se acerco de nuevo a Michiru y la aprisiono entre sus brazos, besándola en la boca con ansiedad y pasión, cerrando sus ojos, para así evitar que a la mente le viniera la imagen de aquella mujer con la que el creía soñar, mas todo era imposible.
Lentamente la acerco al grueso tronco del árbol, arrinconándola para deslizarle los tirantes hasta hacer que el vestido cayera sobre los pies de la muchacha, sintiendo la desnudez del cuerpo de la joven que con manos diestras acariciaba.
El árbol, aquel árbol en el que alguna vez grabaste nuestros nombres, este lugar en el que tantas veces nos encontramos profesándonos mutuo amor hasta la eternidad… ¡Este lugar secreto tan tuyo y mío es ahora el que utilizas para revolcarte con tu "cortesana" que seguro debe ser tan barata!
Claro, como yo no deje jamás que me pintaras desnuda, seguro eso era lo que querías, y yo tanto que sufrí… ¡Tantas veces que me humille frente a Sir Sapphir Carlyle para que desistiera de nuestro compromiso porque yo te amaba!... ¡Tanto haber soportado los golpes de mi padre, que me maltratara, que me humillara e hiciera que revisaran que mi castidad estaba intacta!... ¡Yo que cuando nos descubrieron juntos intente matarme frente a mi padre para que el no acabara con la tuya!... ¿Y todo para que?... ¿Para que asi me pagues?
En el silencioso bosque, en el cual Michiru y Andrew se encontraban dándole rienda suelta a la pasión, de pronto comenzaron a oírse algo parecido a unos sollozos, lamentos desgarradores de alguien que parecía llorar con todo el dolor de su alma.
-¿Escuchaste eso?- Pregunto la mujer separándose un poco de Andrew.
Andrew se quedo en silencio, escuchando aquellos lamentos que si bien a cualquiera le ocasionarían temor, a el le preocupaban, lo hacían sentirse triste, desesperado, ansioso por hacer algo para que cesaran.
-Como pudiste traicionarme Anthony…como…. ¿Por qué lo hiciste?- Se escucho una voz en el silencio del bosque, una voz femenina que parecía estar sufriendo.
Michiru se separo bruscamente de Andrew mirándolo horrorizada.
-¡Anthony!... ¿Qué clase de ser eres?.- Lo miro como quien mira a un fantasma… ¡Anthony Rumsfeld!.- Grito la mujer horrorizada recordando que ese era el nombre del apuesto hombre de aquella leyenda de amor frustrado, donde Lita Kendrik era la mujer amada por el hombre.
Andrew no respondió, pues aquellos lamentos resonaban una y otra vez en su mente.
-Me has decepcionado Anthony…eres un traidor.- Se escucho de nuevo aquella voz femenina que hablaba con voz quebrada.-
-¿Quién eres?- Pregunto Andrew mirando de un lado a otro.
Lentamente un fuerte viento corrió por el lugar, haciendo que la ropa de la mujer volara hasta caer a las aguas del lago, y poco a poco frente a ambos se fue haciendo visible la imagen de una mujer de cabello castaño y ondulado, grandes ojos verdes, vestida con un vestido en color verde el cual consistia en un corset ceñido a la cintura y falda vaporosa, acompañada de elegantes guantes blancos y un sombrero verde de ala blanca con vistosas flores.
Andrew se tallo los ojos, mirando a aquella mujer que creía haber soñado, pero en realidad en ese momento también parecía un sueño mas que irreal, la mujer parecía un ente fantasmal, traslucido a través de la cual se podía ver la inmensidad del bosque, en su rostro, una expresión de melancolía, tristeza y rabia se miraban, mientras algo parecido a las lagrimas parecian bajar por sus mejillas.
-¡Un fantasma!.- Grito horrorizada Michiru que olvidando que estaba en ropa interior en color negra, salio corriendo en dirección a la carretera, dejando solo a Andrew que parecía embelesado con aquella mujer que era digna de un cuento fantasmal.
-¿Lita?.- Balbuceo Andrew tratando de acercarse hacia donde parecía estar aquella imagen traslucida, la cual parecía alejarse de el a medida que avanzaba…
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Rei sentía que su corazón latía desesperado al contacto de aquellos labios carnosos sobre los suyos, aquellos labios que como alguna vez en el pasado la besaban con pasión y desenfreno haciendo que cada uno de sus sentidos se nublaran.
El olor masculino de Darien, sus brazos fuertes sobre su delgada espalda acariciándole le hacían estremecerse y sentir que su piel se erizaba, pero de pronto los recuerdos amargos azotaron su mente una vez mas, recordando lo que para ella había sido una traición, así que rápidamente lo empujo de su lado metiéndole una fuerte bofetada.
-¡Como te atreves!.- Le grito mirándolo llena de ira.- ¿Acaso crees que puedes tomarme y dejarme cuando se te de la gana?
-Rei, tu bien sabes que yo no te deje.
-¡Cállate, imbecil, cobarde, cretino!
-Rei, no niegues lo que sientes por mi, tu me amas y sabes que yo también te amo.- Le dijo tomándole una de mas manos.
-¿Amor?- Pregunto Rei llena de ira para después soltarse del agarre de Darien.- ¡Cual amor Darien y si alguna vez lo sentiste como siempre tu cobardía y tu orgullo fueron mas grandes!... ¿Cómo puedes decir que me amas cuando hace unas horas le decías a Andrew que yo para ti era como una niña, como la hermana que nunca tuviste?
-Yo me referia a Mina.
-¡No imbecil!... ¡Te referías a las dos yo lo escuche!.- Le grito Rei.- ¿Y sabes que?... Por mi quédate y revuélcate con esa zorra que yo solo vine aquí buscando a Andrew, pero como no esta, entonces ahora me largo.
Rei saco la llave de su moto, la cual guardaba en una de las bolsas de su pantalón, pero entonces Darien se las arrebato de la mano.
-¿Qué haces idiota?... ¡Dame esas llaves que regresare a casa!
-Seré yo quien conduzca.
-¡Tu puedes tomar un taxi imbecil no quiero estar cerca de ti!
-No lo hare.- Respondió Darien.
-Bien, no quieres tomar un taxi, entonces lárgate en mi moto que yo tomare uno… o regresare caminando.
Rei comenzó a caminar alejándose del lugar, antes que subirse a la moto con Darien prefería irse caminando, cualquier cosa era mejor que sentir su presencia.
Darien sonrío y subió a la moto echándola a andar, siguiendo a la joven a la cual ya en la solitaria carretera llena de árboles añejos y aspecto tenebroso, logro alcanzar.
-Vamos Rei, deja de hacer berrinches.- Le hablo bajando la velocidad para seguir el paso de la joven que caminaba lo mas rápido que le era posible.- Sube a la moto.
Rei apretó los dientes tratando de contener las lagrimas que de rabia estaban a punto de salir de sus ojos color amatista. Lagrimas de dolor, rabia, rencor, desilusión. Tomo aire tratando de tranquilizarse y siguió caminando a la vez que sacaba el teléfono celular de su bolsa, encendiendo música de rock a todo volumen, música ruidosa que impidiera escuchar la voz de aquel hombre.
Darien apago el motor de la moto y se acerco a ella arrebatándole el teléfono celular.
-Deja de hacer tonterías Rei.- Le hablo con mas seriedad.- Sube a tu moto, yo iré caminando… No puedo permitir que seas tu quien camine.
Rei lo miro con rabia contenida.
-Conduce tu, yo me subiré atrás.- Respondió.- Es de noche… la carretera esta sola y no hay taxis, tampoco puedo permitir que te vallas solo y caminando… Además Andrew es mi hermano y robo tu auto para irse con sabe quien, hizo mal, así que me toca reparar su error para evitar riñas entre ustedes… Después de todo, aunque seas un imbecil, eres su mejor amigo.
-Créeme que jamás he estado más agradecido con Andrew.
-Deja de hablar y mejor conduce rápido, que quiero llegar a casa.- Dijo Rei subiéndose a la moto, aferrandose con sus brazos al cuerpo de Darien.
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Andrew miro boquiabierto a aquella mujer que parecía salida de una novela histórica, de un cuento quizá de fantasía, toda ella parecía ser todo menos tocable.
Sentía que se le erizaba la piel cada que ella clavaba sus ojos verdes en el, no es que tuviera temor, no, lo que le daba temor era perderla de vista. Escuchar su llanto desgarrador y algo que parecían lagrimas salir de sus ojos, mojando sus mejillas, hacia que el corazón se le encogiera, que se sintiera culpable de lo que había estado a punto de hacer y de lo que había dicho sobre las mujeres vírgenes.
-No te alejes por favor.- Le hablo en tono suplicante, pues cada vez que trataba acercarse a ella, parecía alejarse.- Siento mucho lo que dije, siento mucho lo que hice… ¡Perdóname!.- Dijo aquello ultimo que si bien lo dijo desde el fondo de su corazón, no sabia porque… ¿Pedirle perdón a una mujer?
¿Qué es lo que he sido para ti toda la vida Anthony?- Le digo mirándolo llena de rabia y dolor, un dolor profundo a causa de su traición.- ¿Acaso solamente te burlaste de mi?... ¡Claro, seguro te parecía muy interesante tratar de enamorar a la hija de Joseph Kendrik!... ¿Me querías en tu cama?... ¡Ya veo que tampoco, tan solo te estuviste burlando de mi todo el tiempo!.- Le gritó tratando de golpearlo en el rostro, pero mi mano parece traspasarlo.
-En verdad no se de que hablas… pero te juro que jamás me he burlado de ti.- Hablo Andrew con tono suplicante.- ¡Pienso en ti todo el tiempo, dormido y despierto tu imagen me acompaña!... ¿Por qué haces esto?... ¿Qué es lo que eres?... ¿Una mujer?... ¿Un ángel?... ¿Un demonio?
Aquí el único demonio eres tu… ¡Yo, yo que soporte que mi padre me golpeara, yo que sufrí en silencio por ti poniéndome en contra de todos por defender nuestro amor!... ¡Yo que pensé que habías muerto balaceado o ahogado y ahora resulta que jamás fui especial para ti!... ¡"My beuaty", frase ridícula que usas para con todas las mujeres que quieres conquistar!.
-¿Entonces eres real?... ¿No eres parte de mi imaginación? … ¿No me estoy volviendo loco?- Preguntaba el joven rubio.- ¡No se porque dije eso, pero te juro que cada momento que pase con esa mujer estuve pensando en ti, todo lo que dije era mentira!...- Andrew se detuvo haciendo una pausa.-… ¡No se quien eres, ni porque apareces y desapareces, pero te amo, lo siento aquí!.- Hablo tocándose el corazón.- ¡Y si esto no es amor entonces no se como se llama!... No entiendo porque me llamas Anthony, no entiendo porque dices que tu padre quería matarme… pero siento que te conozco desde siempre y sencillamente te amo y me estas volviendo loco.- Termino diciendo mientras se arrodillaba ante aquella imagen.
¡Jamás podría odiarte Anthony!.- Le digo mirándolo con dolor. Así postrado ante mi parece tan sincero, como si aquel "te amo" saliera desde el fondo de su corazón, pero se que no es así, se que no me ama, que solo esta fingiendo.- Eres y serás hasta la muerte y después de ella el gran amor de mi vida… así vuelva a pasar otra eternidad sin verte… siempre te reconocería, no se si tu me olvidaste o solo jugaste conmigo pero, por amor te dejo ser feliz… Mi amado Anthony.- Pronuncio su nombre con voz quebrada que es acompañada de lagrimas.
Andrew se levanto desesperado, verla llorar frente a el lo hacia sentir culpable aunque no sabia porque, camino rápidamente hacia donde se encontraba ella.
-No llores así "my beauty", jamás quise lastimarte, te juro que he valorado cada detalle de ti, tu sonrisa, el olor de tu cabello, tus besos, lo que escribiste sobre mi en tu diario.- Le dijo Andrew, sorprendiéndose asi mismo de decir aquellas palabras que sin pensar salieron de su boca.- ¿Dios que me pasa?... ¿Por qué le estoy diciendo esto?
Se le quedo mirando a aquella mujer con un cúmulo de sentimientos encontrados y desconocidos hasta ahora para el, arrepentimiento, culpa, deseo, cariño, ternura… amor.
-No soporto verte llorar, no deberías llorar por mi culpa.- Le dijo acercándose mas a ella, tratando de romper la distancia para abrazarla y limpiar sus lagrimas, para sentirla como aquella noche, pero cuando creyó estar a punto de tocar sus mejillas se dio cuenta de que era imposible, su mano no podía acariciar el rostro de aquella mujer porque era como si lo traspasara, intento abrazarla, estrecharla entre sus brazos, pero era imposible, era como abrazar al aire.- My beuaty… ¿Qué significa esto?... ¿Por qué me haces esto?.- Pregunto con desesperación tratando de tocarla inútilmente.
-No lo se.- Le respondo aunque a pesar de todo yo también estoy sorprendida. No se porque no puede tocarme, esto parece tan sobrenatural, no puede tocarme, es como si Anthony fuera un fantasma, pero no lo es, porque entonces no estaría ahí parado… ¿O si? No entiendo ni tratare de entender, puesto que la única explicación que tengo en mi mente es que esto es un castigo quizá de dios, quizá este condenada a jamás poder sentirlo.- No se… quizá porque el lazo de amor que nos unía se rompió… o quizá fingiste que existía algo entre nosotros, algo que quizá nunca existió.
-Por favor no me hagas esto… yo te juro que…- Andrew tratando inútilmente de tocarla, se quedo atónito al ver como la imagen frente a sus ojos se iba desvaneciendo lentamente hasta hacerse cada vez mas transparente y desaparecer, percibiendo al ultimo el olor a jazmines que emanaba del cabello de la joven y el sonido de su llanto que también termino por abandonar el lugar.
-¡Lita!... ¡Lita!.- Grito desesperado su nombre una y otra vez.- ¿Dónde estas Lita?... ¡No puedes hacerme esto, yo te amo, perdóname!.- Dijo mirando de un lado a otro tratando de encontrarla con la mirada.- ¡Lita, yo te amo!.- Grito con todas sus fuerzas dejándose caer al piso para romper en llanto desconsolado donde antes había estado a punto de tener sexo con una mujer que había conocido, con una que solo había querido utilizar de pretexto para olvidar a la mujer que el creía irreal y parte de su imaginación.
Todo lo que le estaba sucediendo era extraño, el que siempre era el galán, el que siempre era el que conquistaba a las mujeres y decidía cuando parar, el que jamás involucraba sus sentimientos, ahora se encontraba tirado en el césped de aquel bosque llorando como un niño desconsolado, llorando como ni siquiera lo había hecho cuando supo que su ex novia, Serena, le habia engañado con otro hombre.
-¿Karma?- Pensó para si mismo. Seguramente es la explicación que Rei le hubiera dado, pero dado que el era escéptico y no creía en lo que la ciencia no pudiera comprobar, aquella palabra estaba descartada y fuera de su vida.
¿Acaso Lita seria un ángel?... ¿Un fantasma?... Tampoco podía darle explicación a eso, lo único que sabia era que le dolía en el pecho haberla hecho llorar, haber provocado que ella se sintiera traicionada, y lo peor de todo no haber podido estrecharla entre sus brazos, limpiarle las lagrimas y demostrarle lo que en verdad sentía por ella.
Veo a mi Anthony, bueno creo que el termino "mi" no debería utilizarlo, porque con dolor ahora compruebo que su amor ya no es mío, o quizá nunca lo fue. Como sea, lo veo ahí tirado en el piso, donde antes había estado a punto de fornicar con una mujer vulgar, con una cortesana de la vida alegre, cierto que Anthony es pobre, de clase baja, solo es un pintor con talento, no reconocido que hace eso por "amor a las imágenes y hacer lo que hace".
Su llanto parece tan desgarrador que incluso llego a pensar que me ama, pero por supuesto que tengo que aceptar que no es así, cuando volvió a aparecer en mi vida, vestido con esa ropa extraña, cargando ese artefacto extraño por el que parece ver algo, aun recuerdo que invadió mi casa ignorándome, cuando lo llamaba no me respondía, solo recuerdo aquella noche en mi habitación, aquella noche en que me acaricio y me beso como hacia mucho tiempo no lo hacia y me hizo vibrar de nuevo, pero claro, después fingió no verme, le gusta jugar conmigo, como ahora, gritando mi nombre como loco, como si no me viera, cuando estoy precisamente aquí frente a el, llorando como una estupida porque no tengo su amor. Lo amo y se que lo amare siempre, en esta vida y aun después por toda la eternidad, después del paso del tiempo, aunque muchos siglos pasaran, como una vez dijo el.
Año de 1857.
Después de terminada la cena, Lita camino en silencio a su habitación, no había comido ni la mitad de lo que le habían servido en el plato, pues estaba inapetente. Su padre la miraba con rabia después de que le hubiera rogado a Sir Sapphir Carlyle que rompiera el compromiso, y para colmo de males, aquella tarde, con en las dos anteriores no se había podido escapar para ir a ver a Anthony donde siempre tenían sus encuentros amorosos.
Joseph Kendrik sospechaba que su hija quizá tuviera amoríos con uno de los hombres de su guardia, o con cualquier otro de los empleados, que era con los que la joven tenia mas contacto, y estaba decidido a averiguar quien de todos era el desgraciado para decapitarlo si era necesario. Nada impediría que su hija se casara con el hombre que el por interés ya le había elegido.
Lentamente, Lita abrió su la puerta de su cuarto y entro con paso sigiloso trabando la puerta, para después recostarse sobre la amplia cama y comenzar a llorar como una niña.
-Anthony.- Balbuceo aquel nombre del amor de su vida, aquel que tantas alegrías había tenido a su vida, y que ahora por causa de las clases sociales no podía ver.
-Lita.- Le pareció escuchar la voz de su amado, pero sabia que era imposible y muy posiblemente parte de su imaginación. Tres días sin verlo, sin abrazarlos, sin sentir sus caricias era demasiado. Temía que el creyera que ya no lo amaba.- My beauty, Lita estoy aquí, acércate al guardarropa.
Lita se levanto de la cama, dejando de llorar y rápidamente se acerco al guardarropa el cual se encontraba entreabierto, pero ella termino de abrir.
-¡Anthony!- Balbuceo emocionada al verlo sentado dentro del guardarropa, donde el se cubría tras la tela fina de los largos vestidos.
Rápidamente Lita se sentó en el piso, removiendo los vestidos para acercarse a su amado, dejándose abrazar por el.
-Mi Anthony, tuve tanto miedo de que pensaras que ya no te amo.- Le susurro al odio besándolo en los labios con ansiedad.
-Jamás pensaría eso amada mía, se que tu amor es tan fuerte como el mío, que permanecerá siempre fiel e intacto para toda la vida y aun después de ella por toda la eternidad.
-Te amo tanto, creí jamás volver a verte, papá ya no me deja salir, piensa que me enrede amorosamente con uno de los empleados o con algún hombre de su guardia.
-Ese no es problema, si tu no puedes salir, entonces yo vengo aquí.- Le susurro Anthony al oído mientras le besaba las mejillas y le limpiaba las lagrimas que aun mojaban sus mejillas.- No llores, sabes que no soporto verte así, no me gusta que llores por mi culpa.
-No es tu culpa mi Anthony.- Balbuceo ella.- Es el miedo a que nos separen… ¡Por dios es peligroso entrar hasta aquí, hay demasiada vigilancia y podrían hasta matarte!
-Peligroso seria no verte my beauty, eso si que podría matarme de dolor.- Le dijo.- Pero bueno, no me aburrí tanto, me tome el atrevimiento de leer tu diario, la segunda pagina.
-Sabes que puedes hacerlo, entre tú y yo no existen los secretos.
Anthony beso los labios de su amada con amor y ansiedad, saboreando su sabor dulce y acido que tanto le embriagaba los sentidos.
-Lita, tus padres no me querrán para marido tuyo, eso me ha quedado muy claro, se que hay extrema vigilancia y ya no podras salir tanto como antes, así que, a partir de ahora me veras todos los días… como el cochero de la familia Kendrik.
-¿Qué?- Cuestiono ella sorprendida.
-Se que tu padre despidió al que ya tenían porque era muy mayor, así que le pedí trabajo, y me lo ha dado.
-¡Eso es maravilloso, estaremos juntos y jamás podría sospechar de ti, porque el de quien sospecha es de los empleados que ya estaban desde antes!
-Mañana empiezo mi labor Lita… y estaré contigo aquí, al menos hasta que encontremos el momento adecuado para huir juntos y si es posible tener el dinero suficiente para poder irnos lejos, quizá a America.
-¡Contigo me voy hasta el fin del mundo!- Le dijo ella tomándole el rostro entre sus manos.- Te daré unas joyas para que las vendas en el mercado, valen mucho y seguro te darían mucho dinero que podría servirnos para cuando nos vallamos.- Dijo la joven mientras se quitaba sus aretes en forma de rosa entregándoselos a su amado.
-Lita, no, jamás te pediría que vendas tus cosas, son tuyas.- Dijo Anthony mirando aquellos aretes que brillaban.- Además estos pendientes son exclusivos, únicos en el mundo… te gustan demasiado, yo no podría…
-¡Anthony por favor, el día de la boda se acerca, estoy en completa vigilancia, creo que no hay tiempo para que te pongas con esa actitud de "machista orgulloso".
Anthony sonrío, tomando las manos de su amada besándoselas en el dorso.
-Las aceptare solo porque se que tienes razón en eso de que tenemos el tiempo contado my beauty, y si algo quiero es tenerte a mi lado todos los días de mi vida, sin tener que escondernos, te juro que jamás te faltare, jamás te engañare y no veré a otra mujer que no seas tu, te lo prometo a ti Lita Kendrik, dueña de mi corazón.
Lita sonrío, pegando su frente a la de su amado, sintiendo como el la abrazaba fuertemente brindándole todo el amor y las caricias que habia necesitado por tres días.
Época actual.
Diamante salio de su habitación, dispuesto a dirigirse a la mansión Kendrik, donde con su hermana, fungían como empleados de los Hansford. Al salir del cuarto, miro a su hermana en el comedor desayunando huevos, hot cakes y trozos de tocino, mirando que había en la mesa un plato puesto para el.
-¿No desayunaras hoy Diamante?- Cuestiono Setsuna.
-No tengo hambre.- Le respondió llevándose una mano al estomago. Se sentía adolorido tras el café con mucha sal que Mina le había preparado y que el había bebido para no hacerla sentir mal.- Teo veo mas tarde hermana.
Después de que Diamante hubiera salido, Setsuna se levanto de la silla corriendo hacia la ventana, mirando como su hermano se alejaba camino a la mansión Kendrik.
Rápidamente se acerco a la mesita que se encontraba en el centro de la sala, tomando el teléfono inalámbrico, marcando un numero el cual con ansiedad esperaba que le contestaran.
-Diga.- Se escucho la voz del otro lado de la línea.
-Buenos días, me podría comunicar con la señorita Michiru Kahio por favor.
-La señorita Michiru no llego a dormir anoche, no sabemos…- Espéreme un momento en la línea señorita, tengo otra llamada en la línea.- Setsuna desesperada espero con impaciencia en la línea, quizá en ese lapso de tiempo Michiru apareciera.- ¡La Señorita Michiru… apareció muerta en la carretera… fue arrollada por un automóvil anoche!.- Escucho la voz desgarradora de la madre de la señorita Kahio.
-Lo siento.- Respondió Setsuna colgando el teléfono, sintiendo como todo a su alrededor le daba vueltas.- ¡Michiru muerta, Michiru esta muerta!
Lentamente se sentó sobre el sillón, recordando lo que días atrás habían platicado…
Flash Back.
Setsuna llego hasta el parque, donde en una de las bancas ya se encontraba MIchiru Kahio esperándola.
-Tardaste demasiado Setsuna… ¿Crees que tengo tu tiempo?
-Eres tu tambien la interesada… ¿No es asi querida?
-Mira Setsuna… sabes que no creo en fantasmas ni en tonterías de ese tipo… pero bueno, si se trata de enloquecer a alguien, sabes que yo tengo la capacidad para hacer… Aunque por lo que me cuentas de Andrew Hansford ya el pobre esta al borde de la locura, mira que creer en fantasmas, por favor. Por cierto, gracias por las fotografías, no solo me gustan sus millones, también el, así que bien podría pasar un rato agradable.
-Sedúcelo.
-Claro que lo seduciré Setsuna… ¿A que hombre no he seducido?... Es algo que tu no podrías hacer.
-¡Si vuelves a hablarme así no te tocara nada Michiru, me encargare que no toques ni un euro de la fortuna de esos hermanitos!
-Si claro, seguro has de ser tu quien lo seduzca.
Fin del Flash Back.
Setsuna dibujo una media sonrisa en su rostro, la cual después se convirtió en una fuerte carcajada que se escucho dentro de toda la casa.
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Después de cerrar la puerta del cuarto de Andrew, donde había visto que su hermano no estaba, Rei bajo rápidamente las escaleras, ya había revisado cada lugar de la mansión, dándose cuenta de que no estaba en ningún lugar.
Se dirigió a su habitación, para tomar las llaves de su moto y salir a buscarlo por los alrededores, sabia que las cosas no estaban bien, que en ese lugar había un alma en pena, que su hermano estaba enamorado… ¿Pero de quien? En el fondo ella creía saber de quien se había enamorado su hermano, pero el solo hecho de imaginárselo le horrorizaba, sabia que aquello podría ser peligroso para el y no quería ni pensarlo, por otro lado estaba Setsuna, esa mujer no le inspiraba mucha confianza, estaba segura de que sus intenciones no eran buenas.
Tras entrar a su habitación, abrió el cajón del buro que estaba a un lado de su cama, que era donde guardaba las llaves, pero entonces ahí miro uno de los libros que Darien le había sacado de la biblioteca, los cuales aun no habia tenido tiempo de leer. Rápidamente, como impulsada por una fuerza mayor tomo uno de los libros y lo abrió al azar mirando un subtema que hizo que la sangre se le helara: Demonios sexuales: Incubulos y Sucubulos.
Cerro el libro dejándolo caer sobre el piso, mientras se llevaba el corazón al pecho.
-Sucubulo, demonio que toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los hombres, introduciéndose en sus sueños y fantasías, para tener relaciones sexuales con ellos.- Repitió aquella definición que ya sabia.- ¡Esto no puede ser posible!... ¡Andrew no puede…!.- No termino de hablar, pues de pronto escucho un sollozo a los alrededores, un sollozo de mujer.- ¿Qué es lo que eres?... ¿Qué quieres de mi hermano?... ¿Eres un fantasma?... ¿Un demonio?... ¿Por qué no quieres platicar conmigo?
De nuevo esa mujer tan extraña… ¿Cómo se le ocurre gritarme de esa manera en mi propia casa?... Peor aun, ¿Cómo puede atreverse a compararme con un demonio, con un fantasma?... ¡Esta mujer debe ser una hechicera!... ¿Acaso no tiene miedo que se le acuse de herejía?... A veces me da la impresión de que no es mala persona, de que en verdad quiere a Anthony como un hermano, después de todo el dice que es su hermana. Pero bueno, yo porque tendría que preocuparte por el, por el que traiciono mi amor y mi confianza.
-No se si tengas miedo, no se que escondes, pero te juro que no permitiré que le hagas daño a Andrew… ¿Me escuchaste?... Mira, me da la impresión de que solo eres un alma en pena, pero tienes que poner de tu parte si quieres que te ayude.
Rei tomo las llaves y en pocos minutos llego a las afueras de la mansión para subir a su moto y conducir a gran velocidad, hacia donde su corazón le dictaba.
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Andrew se encontraba recostado en el césped, bajo la sombra de aquel árbol añejo frente al lago, donde sus ojos se encontraban cerrados. Era obvió que estaba durmiendo, pero la expresión de su rostro no era de tranquilidad, sino de desesperación y tristeza.
Pronto se escucho el sonido del motor de la moto de Rei, la cual ni siquiera fue capaz de despertarlo.
-¡Andrew, sabia que aquí estabas!- Hablo mas para si misma la joven pelinegra que rápidamente bajo de la moto y se acerco corriendo hacia donde se encontraba su hermano, agachándose a un lado de su cuerpo.-¡Andrew, despierta Andrew!.- Lo llamo una y otra vez, pero de pronto se alarmo, pues el joven no despertaba.
Lentamente, y sintiendo temor, llevo su mano a la nariz del joven, comprobando que todo estaba bien y que respiraba, estaba vivo, no sabia porque de un momento a otro había pensado en lo peor, cuando Andrew siempre había gozado de buena salud.
-¡Andy, hermanito!.- Hablo la joven pelinegra casi al borde del llanto y con un tono de voz hasta lleno de ternura que ella rara vez utilizaba, pues no era muy dada a expresar sentimientos.- Despierta, por favor no me hagas esto.- Le dijo casi en tono de suplica, pero era imposible.- Anthony por favor.- Le hablo sin saber porque, por aquel nombre que ella sabia utilizaba solamente cuando se trataba de conquistar chicas, no pensó que diera resultado, pero se sorprendio a si misma cuando miro como Andrew después de escuchar aquel nombre lentamente comenzó a abrir los ojos.
-¿Dónde esta Lita?... ¡Por favor, no quiero que nadie me separe de ella!
-¡Andrew, reacciona, tranquilo soy yo, soy Rei, tu hermana!
Andrew se sentó en el piso, mirando todo a su alrededor completamente extrañado, el rostro de la mujer que tenia frente a el de pronto le pareció desconocido, aunque le inspiraba confianza.
Lentamente se llevo las manos a la cabeza y apretó los ojos, todo dentro de el en ese momento era extraño, una mezcla confusa de sentimientos, tristeza, amor, alegría, dolor. Por un momento no sabía quien era Anthony o Andrew.
-Andy.- Le hablo Rei con voz suave, utilizando esa manera de llamarlo que utilizaba cuando ambos eran niños
-Rei… ¿Por qué estoy aquí?- Le pregunto cuando abrió los ojos, mirando con extrañeza todo a su alrededor.- ¿Qué haces tu aquí?... ¿No deberías estar dormida?
-No suelo levantarme muy temprano, pero anoche no llegaste a dormir Andrew… ¿Te sientes bien?
-Si, bueno no, es que en realidad no se como me siento.- Hablo Andrew sintiéndose confundido.- Me siento cansado, sin energías…-
-Sucubulos.- Pensó Rei en silencio.
-Andrew, mira se que yo soy mujer, que tu eres hombre, que no llevamos la misma sangre, pero a fin de cuentas soy tu hermana, pero esto es serio, tenme confianza, por favor.- Le hablo mirándolo a los ojos.- ¿Saliste con alguna chica ayer?... ¿Tuviste relaciones sexuales?
-¿Qué?- Sorprendido Andrew. En otro momento hubiera soltado una fuerte carcajada y le hubiera respondido a Rei, que ese era su asunto privado, que ella era su hermana menor y no tenia porque meterse en cosas de adultos, puesto que aun la miraba como la hermanita menor, pero en aquel momento, la pregunta solo le causo desconcierto, logrando que recordara todo lo sucedido la noche anterior.
-No.- Confeso.- Bueno, ayer estuve a solas con una chica, pero no paso nada.- Respondió notando como Rei lo miraba con desconfianza.- ¡Es verdad Rei!... Además, no debería estar hablando de sexo contigo y te recuerdo que no eres mi madre tampoco.
-¿Qué mas sucedió después?... ¿Qué hiciste?... ¿Te sucedió algo fuera de lo normal?
Andrew se quedo mirando seriamente a su hermana, quería hablar con alguien de lo que le estaba ocurriendo, pero como era posible, el que siempre se había burlado de Rei llamándola "paranoica", "brujita" y demás sobrenombres.
-Si… Bueno no, solo tuve un sueño… O eso creo.- Dijo mas para si mismo que para ella, pero sin sentirse convencido de sus palabras
-¿Podrías contarme ese sueño?
-En el sueño… yo miraba a una mujer, era hermosa, las mas hermosa que haya visto nunca, tenia nariz pequeña, ojos verdes, labios rosados, su cabello era ondulado y color castaño, usaba un vestido verde con corset apretado… de esos que se usaban en la época victoriana.- Dijo recordando cada detalle de la mujer.
-¿Y que sucedía entre ustedes?
Andrew se quedo pensativo y finalmente abrió la boca para articular palabras.
-Nada.- Mintió Andrew, aunque perfectamente recordaba lo que había sucedido la noche anterior, su impotencia por no poder abrazarla, consolarla, el haberle confesado que la amaba, ese sentimiento que no sabia porque estaba ahí, esa sensación de conocerla de tiempo atrás.
-Hablare por teléfono al numero de Diamante para que venga en el auto por nosotros, no creo que sea conveniente que manejes Andrew. Cuando estemos en la casa, te preparare algo de desayunar y te duermes.
-Creo que he dormido demasiado… Pero extrañamente me siento… agotado.
Algunas horas después…
Andrew abrió los ojos, dándose cuenta de que se encontraba en la blanda y cómoda cama de su habitación. Estiro la mano para tomar su celular, el cual se encontraba en el buro a un lado de la cama, mirando que ya eran las 3:00 p.m. de la tarde.
Se sentó sobre la cama, y vio su reflejo en el espejo que estaba enfrente, llevaba puesto el pantalón negro de su pijama y como siempre desnudo de la parte de arriba, siempre había argumentado que le incomodaba usar camisetas para dormir.
Abrió uno de los cajones de su buro, y saco el montón de hojas amarillentas, aquellas que llevaban por paste una cartulina verde y estaban enlazadas con un listón en color rosa, aun no había terminado de leer el diario, y continuaria con la siguiente pagina que le había quedado pendiente.
Octubre de 1857
Mi adorado Anthony:
¡Que alegría me ha dado que ahora trabajes como cochero para mi familia!... Sabes que me atreví a pedirle a mi prometido que cancelara nuestro compromiso, le suplique a mis padres y eso solo empeoro las cosas, llegando al grado de que me tengan vigilada y sin poder salir porque piensan que tengo un romance con alguno de los empleados.
Creí por momentos que te olvidarías de mi, que al no verme me olvidarías poco a poco y que dejarías de ir al lugar de nuestros encuentros amorosos, pero veo que no te das por vencido fácilmente, y ahora aquí estas a mi lado, durante el día fingiendo y tratándome como la respetable Señorita Lita Kendrik, aprovechando los momentos que tenemos a solas para amarnos, y durante la noche para verme aunque sea un momento.
Me ha dado gusto que hayas dejado el orgullo a un lado y hayas aceptado los pendientes en forma de rosa que te di, como alguna vez te dije, son diseños exclusivos y les tengo mucho cariño, pero al final solo son cosas materiales y no me pesa deshacerme de ellas si es para apresurar el momento de nuestra partida, sabes que estoy ansiosa por estar a tu lado para siempre.
Tuya por siempre.
L.K.
-¿Aretes en forma de rosa?.- Dijo sorprendiéndose así mismo, recordando una anécdota ocurrida algunos meses atrás.
7 meses atrás…
Después de haber salido del Lynn Canyon Park, donde Andrew había tomado unas fotografías para su clase, en las cuales le había pedido a su novia Serena que fuera su modelo, llego con ella hasta el Downtown, puesto que la chica quería que la acompañara a hacer unas compras, si bien Andrew odiaba acompañar a una mujer de compras, pero ahí estaba siguiendo con cara de aburrimiento a su novia de tienda en tienda, por la cual mas que amor, sentía atracción sexual.
De pronto, Serena lo jalo de la mano, obligándolo a entrar con ella en una joyería exclusiva donde vendían los mejores diseños. Ya se imaginaba que su rubia compañera haría que le comprara algo costoso, pero para eso el no era problema, el dinero sobraba y ya se encargaría de cobrárselo con sexo.
-¿Verdad que esta gargantilla se me ve divina Andrew?- Exclamo la rubia que en sus manos tenia una gargantilla elaborada a base de zafiros y diamantes.
-Si.- Respondió Andrew con cara de aburrimiento.- Elige lo que quieras Serena.
Suspiro mirando con su novia miraba una y otra cosa y con resignación camino por los demás aparadores de cristal, mirando todo a la vez pero sin prestar atención en nada, brazaletes, gargantillas, collares, anillos, pendientes, joyeria fina que no cualquiera se daba el lujo de comprar. De pronto miro un par de pendientes que le llamaron la atención, dos aretes en forma de rosa, elaborados al parecer con alguna piedra preciosa de color rosa, pues el color no era tan intenso como para clasificarlo como un rubí.
-¿Le puedo ayudar en algo joven?- Pregunto con amabilidad una de las dependientas.
-Esos aretes… son hermosos.- Dijo el.- No es rubí… ¿Cierto?... El rubí es rojo… y esto parece color rosa.
La empleada le sonrío amablemente.
-Así es joven, no es rubí, son unos aretes en forma de rosa, diseño unico y exclusivo… no son de la joyería, a decir verdad fueron adquiridos en una subasta de antigüedades… están elaborados a base de zafiro rosa, son los únicos que hay.
-Me los llevo.- Dijo Andrew.- Póngamelos en una caja de terciopelo en color verde.
-¡Me vas a comprar esos aretes Andy!.- Escucho la voz chillona de su novia detrás de el.- También quiero este brazalete, estos aretes, y este anillo.
-Creo que con eso tienes suficiente Serena, los pendientes no son para ti.
-¡Yo los quiero!.- Lo miro amenazantemente Serena.
-Lo siento… Escoge lo que quieras otra cosa.
-¿Para quién son?
-Mamá cumplirá años pronto… son para ella.- Mintió Andrew, pues el cumpleaños de su madre había sido tres meses atrás. No sabia porque motivo había comprado los pendientes en forma de rosa, poer no creia que Serena fuera digna de portarlos, tampoco sus hermanas, pese a que las queria mucho, en silencio pensaba que aquellos pendientes, aunque no eran diamantes, no eran dignos de ser portados por cualquier mujer, esa era la razón por la que los había adquirido con desesperación, para que no cayeran en manos de cualquier chica que no los mereciera.
-¡Lita porque me haces esto, perdóname!... No se que me pasa, no se si estoy loco, pero te amo… Se que puedes escucharme.- Dijo con un tono casi suplicante, cerrando los ojos para ver si así podía sentir su presencia…
N/A: Hola, bien, otro capitulo terminado, espero pronto subir el siguiente. No se cuanto me valla a tardar en subir, puesto que mi lap top esta descompuesta y no puedo casi escribir, ni entrar al FF. T.T.
Atte:
Mlle. Rousseau.
