Cuando menos lo esperes.


En ese momento, Gary no podía comprender del todo cómo había terminado con su rostro a meros centímetros de la boca de Misty. O peor, cómo no lo había hecho antes. Sostenerla cerca de él era natural e irresistible al mismo tiempo.

Le parecía que sin darse cuenta todo le había estado llevando a ello desde el principio: cada palabra, decisión y pensamiento, y ahora estaba a un suspiro de besarla sin recato.

Quería protegerla.

Percibió cómo ella se relajaba, concediéndole libertad para proceder según su impulso, y él sonrió satisfecho abandonando definitivamente cualquier argumento interior que usualmente le habría detenido.

Ya no le importaba que ella amara a otro, aún si ese era Ash; nada podía impedirle besarla.

Excepto que seguían estando en la biblioteca con el mundo moviéndose a su alrededor, y como si el destino se hubiera propuesto contrariarlo, el instante se acabó el segundo antes de que sus labios consiguieran siquiera rozar los de ella; tan sencillamente interrumpido por tres acciones que ocurrieron consecutivamente:

El ruido estruendoso de libros y metal chocando y cayendo.

El grito agudo de una mujer.

Y la breve pero inconfundible risita de un pequeño Pokémon que estaba olvidado sobre la mesa junto a ellos.

Sin darle tiempo para asimilarlo, Misty se separó bruscamente de él, dejando un frío en su interior que no sabía que ella había estado evitando, y la observó girar sorprendida hacia dónde había provenido el sonido.

"Cleffa," La escuchó susurrar insegura como por temor a que su voz asustara al Pokémon bebé pero no fue así, en cambio éste miró hacia ella inmediatamente.

Era la primera muestra de atención que había demostrado a ellos.

Y para Gary fue cómo despertar de golpe de un trance profundo, devolviéndose al tiempo real, se preguntó, ¿qué había estado a punto de hacer? Dio un paso hacia atrás mientras Misty dio uno hacia adelante, y exclamando emocionada tomó a Cleffa en sus brazos.

"Oh, Cleffa, gracias a Dios." La levantó, la abrazó, y rió. "¡Gary! ¿Puedes creerlo?" Ella giró nuevamente hacia él, y lo tomó del brazo con Cleffa en el otro. "Es señal de que ella va a estar bien, de que todo va a estar bien, ¿verdad?" Jaló de su brazo, sonriendo abiertamente.

Él la miró con el corazón atorado en la garganta. No podía decir nada pero ella ni siquiera pareció notarlo; las dolorosas lágrimas ya completamente olvidadas mientras sus ojos brillaban con un nuevo consuelo.

¿Por qué a él esa imagen más que agradarle le indignaba?

Intentó alejar el sentimiento de insatisfacción, enderezó su postura y cambió su expresión a una impenetrable, la que había perfeccionado con los años para no dejar ver a sus oponentes de batalla sus emociones.

En este caso era para no revelarle la forma en la que ella podía fácilmente bajar todas sus defensas.

La sonrisa de Misty se desvaneció entonces, y por un momento, se miraron el uno al otro en silencio hasta que los ojos de ella se abrieron como si acabara de recordar las implicaciones de todo lo que había sucedido antes; la mano que aún sostenía su brazo la bajó hasta alcanzar sus dedos.

"Gary," Su voz fue un murmullo tímido.

Él sacudió levemente su cabeza y soltó su mano.

"Sí, es una señal de que Cleffa está mejorando." Él afirmó suavemente y acarició la cabeza del Pokémon, evitando la mirada de ella por un instante. "La interacción finalmente está dando resultados, Misty. Sólo esperemos que siga así. Por lo que, en las siguientes semanas debemos continuar registrando su progreso cuidadosamente." La miró y le sonrió. "Ahora, si me disculpas, iré a reportar a los demás las buenas noticias." Su voz ocultó cualquier otro sentimiento, pero aún para él sonó a una excusa boba. "Nos vemos después." Agregó y no esperando una respuesta se dio la vuelta.

"No, Gary, espera." Ella lo alcanzó y lo hizo girar. "Hablemos, por favor." Su voz parecía un ruego, su expresión de una profunda confusión y su mirada nuevamente vulnerable le recordó que si la hubiera besado habría sido aprovecharse de su fragilidad; una falta de dominio de su parte.

No podía hacerlo.

"Después. Ahora no es el momento." Su voz fue concluyente, pero le sonrió antes de darle la espalda. "Hasta luego, Red." Sin voltear una vez más, agitó su mano en una actitud desinteresada.

Era claro que la dejaba con preguntas y dudas pero no esperó a ver su reacción, porque él no podía protegerla, y en muchos sentidos, se dijo, no hubiera sido correcto.

Y aún así, en el fondo sabía que no era por eso que caminaba a paso rápido cómo un hombre que huye, y si se hubiera tratado de cualquier otra mujer en la misma circunstancia, no le habría importado en absoluto, de hecho, le habría parecido oportuno, algo que no tendría por qué ocasionar repercusiones posteriores.

Pero con Misty sabía que habría sido diferente.

Ella le importaba de verdad.

Ella le dolía, admitió para sí.

Ella le hacía anhelar lo que ninguna otra porque le había concedido lo que a las demás no: ser su amigo primero.

Había roto su propia regla de oro, reconoció su error, y ahora quizás era demasiado tarde, demasiado complejo y era por ello que lo había evitado toda su vida. Su propio código en sus relaciones con mujeres era bastante simple: él no tenía amigas íntimas, él tenía novias. Él no tenía noviazgos complicados, él sabía exactamente cuándo empezarlo y cuándo terminarlo. Él no se guiaba por impulsos, él mantenía siempre bajo control sus sentimientos y emociones.

Y en cambio ahora estaba deseando contra toda posibilidad que Misty volteara a él en busca de un amor distinto, uno inocente y verdadero, no sólo un desahogo.

Se detuvo en seco al reaccionar hacia dónde le había llevado su hilo de pensamientos: Misty era capaz de hacer que él se enamorara de ella.

Ah, qué insensato había sido, pensó, a ese paso difícilmente podría retenerlo.

O peor, no querría evitarlo.

Pero debía hacerlo, porque enamorarse de un amor no correspondido era algo que a Gary Oak no podía pasarle.


Estar enamorado de un amor no correspondido era algo a lo que Serena pensó nadie debería acostumbrarse, porque era una forma lenta y dolorosa de perder poco a poco la cabeza.

Y una vez que pierdes el sentido de cómo debería ser, es cuando dejas de cuestionarlo, es cuando lo deseas demasiado que no puedes dar un paso atrás. Ella ya no podía, sin importar lo que eso significara.

Así es que, Serena estaba preocupada por sí misma y su propia salud mental mientras Ash lo estaba por Misty y su falta de apetito, después de que ésta se fue dejando su plato casi lleno sobre la mesa.

"No te preocupes, ¿qué tal si horneo unas galletas para ella?" Le había sugerido a Ash sonriendo levemente, haciendo a un lado sus propias angustias para calmar las inquietudes de él. "Eso quizás le ayude para abrir su apetito."

Así que Ash, a quien le había parecido muy buena idea, no perdió más tiempo y prácticamente la había arrastrado al salón de cocina que se usaba normalmente para preparar bocadillos a los Pokémon.

Ella, de hecho, solía dar clases de cocina por las mañanas ahí.

Sintiéndose un poco más tranquila, procuró disfrutar el momento a su lado mientras él la observó todo el tiempo e incluso la ayudó sugiriendo los ingredientes y formas que a Misty más le gustarían, hasta que al fin estuvieron listas y después de que Ash le aseguró que estaban deliciosas, Serena las colocó en una bolsa y les puso un bonito listón azul, amarrándolo en forma de moño.

"¡Listo!" Declaró satisfecha.

Él le sonrió.

"Gracias. Eres la mejor." Le dijo tomando las galletas de sus manos.

"¡Pikachu!" Concordó.

Y sin más, Ash los guió alegremente hacia la biblioteca.

"Estoy seguro que ella está aquí." Comentó apresurando el paso.

Tal vez estar juntos significaba dejar la sombra de Misty entre ellos, ella pensó resignándose, siguiéndolo a paso lento sin perderlo de vista hasta que él se detuvo de golpe.

Y Serena preguntándose el porqué desvió su mirada hacia dónde Ash veía: Gary les daba la espalda mientras sostenía a Misty muy cerca de él, en una actitud íntima. Oh, ¿Iban a besarse?

Entonces, sin darle tiempo a Serena para pensar más, Ash se dio la vuelta bruscamente y la empujó hacia uno de los pasillos cercanos, tirando en el proceso un carrito con libros que estaba en el medio.

Ella soltó un grito asustada por su acción y Ash cubrió rápidamente su boca con su mano. Sus ojos le suplicaban guardara silencio a la vez que la presionó con fuerza contra el estante de libros, provocando que su corazón latiera rápidamente tanto por la sorpresa como por la cercanía inesperada de sus cuerpos.

Él, entonces, volteó a ver a Pikachu alarmado, pidiéndole con la mirada que se contuviera de soltar un ataque eléctrico, y éste milagrosamente, quizás por sentir la angustia casi latente de su entrenador, a pesar del desconcierto (y disgusto) de terminar cubierto de libros en el suelo, le hizo caso, y simplemente se levantó y se detuvo junto a sus pies, un poco confundido.

Ash soltó un suspiro aliviado y volteó una vez más su mirada a Serena.

Ella se sentía sorprendida, confundida, irritada y un poco herida también. Quizás hasta ultrajada. Y viéndolo, incapaz de moverse, aún con la mano de él firmemente sobre su boca, dejó que sus ojos hablaran por ella, sin ocultar ni una de sus emociones. Por un segundo, él la miró arrepentido a la vez que la soltó lentamente, y dando un paso hacia atrás, casi parecía asustado por lo que él mismo había hecho.

Las galletas que Ash aún había estado sosteniendo con su otra mano, las dejó caer al suelo, con la mirada aún fija en ella.

Pero, ¿qué le pasaba?, Serena se preguntó viéndolo con incredulidad. Si no quería interrumpir a Gary y a Misty, provocar un escándalo no era la mejor forma.

Al menos que lo que quisiera fuera detenerlos.

Serena podía oír a lo lejos la voz de Misty entre risas repitiendo el nombre de Cleffa una y otra vez, lo que hacía parecer todo todavía más irreal mientras ella buscaba en los ojos de Ash una explicación razonable.

"Ash..." Le dijo frunciendo ligeramente el ceño.

Él la miró angustiado, y al instante que ella abrió nuevamente la boca para preguntarle qué estaba mal con él, Ash la abrazó, sin permitirle decir más, presionando con su mano su cabeza contra su pecho, opacando así cualquier intento de sonido o movimiento.

Serena podía sentir que los latidos de él resonaban tan fuertemente como los de ella misma, pero de los mil sentimientos que pasaban entre ellos al ritmo de sus corazones acelerados, era obvio que la mayoría de los de él eran provocados por alguien más.

Ash bajó su cabeza y la recargó sobre la suya.

"Lo siento." Él le susurró entonces.

Y con eso los reclamos que Serena pensaba hacerle junto con el poco valor que poseía para preguntarle si realmente a la que quería era a Misty, se vieron arrastrados por la flaqueza en la voz de él.

Su deseo de rodearlo con sus brazos se volvió mucho más fuerte que cualquier otro pensamiento.

Una vez más estaba perdiendo la cabeza.

Así que no dijo nada, y sólo lo abrazó.

Ash se separó de ella y la miró apenado por un segundo antes de tomar su mano y llevarla a adentrarse por el laberinto de pasillos e incontables libros viejos, seguramente a perderse en la enorme biblioteca antes de hallar la salida de nuevo pero a ella realmente no le importaba ni tampoco el hecho de que dejaban las galletas y los libros tirados en el suelo.

Simplemente se dejó llevar dócilmente por él, aún cuando al dar la vuelta tuvo tiempo de ver entre las hileras de libros que Misty se quedaba sola parada junto a la ventana con las cosas de Gary olvidadas en la mesa y una expresión herida en su rostro.

Serena sabía que entre ellos cuatro algo estaba profundamente equivocado, y se daba cuenta que de seguir así se lastimaría la amistad de todos de forma irreversible pero aún así, pensó al fijar su mirada nuevamente en Ash, no era capaz de detenerse a corregirlo porque en el fondo la hacía sentir mejor dejar a Misty atrás.

El día que Serena le dio su corazón a Ash y él en cambio no le dio nada, probablemente en lugar de detenerse y guardarse algo para sí, le había dado también cada pensamiento de su mente, hasta que no quedó ni uno solo lúcido. Sí, ella había perdido la cabeza por él, y por ello, no podía evitar sentirse un poco culpable consigo misma.


Pikachu miró la bolsa de galletas en el suelo, antes de voltear indeciso una última vez hacia su entrenador que se alejaba velozmente llevando a Serena tras él, casi como si estuvieran escapando de algo.

O alguien.

Ni siquiera se había dado cuenta de su ausencia, pensó desilusionado cuando lo vio dar la vuelta y perderse entre las sombras, pero eso ya se estaba haciendo costumbre. En los últimos días Ash había estado más distraído que lo usual.

Humanos, ¿por qué tenían que ser tan complicados?, se preguntó soltando un triste «Pikapi».

Devolvió su atención a las galletas frente a él y las tomó en su boca, con la intención de hacerlas llegar a la persona a quien estaban destinadas.


A Ash no le gustaban las emociones complicadas, y después de todo, ese era un asunto con una respuesta bastante obvia: si lo que Misty realmente deseaba era estar con Gary, él la apoyaría, como su mejor amigo haría.

Así que era simple, o al menos eso se había dicho hasta que la vio con Gary en la biblioteca, como si se creyeran la atractiva pareja de una (ridícula) película romántica.

Y quizás se había estado engañando, nunca había sido fácil.

La verdad era que había tenido sentimientos contradictorios desde hacía mucho antes, y un dolor en el pecho ya le había estado reclamando una y otra vez «Deberías ser tú».

Deberías ser tú el que va con ella a un bar.

Deberías ser tú el que consigue sus bebidas en las fiestas.

Deberías ser tú al que ella va a buscar todos los días.

Y el más doloroso de todos, deberías ser tú el que está a punto de besarla.

Eran los celos que siempre había negado sentir por cualquiera al que Misty prestara más atención que a él, y al final, todo lo que le quedó por hacer ese día, fue perderse entre las sombras que los grandes estantes con libros proyectaban sobre los pasillos laterales de la biblioteca, rogando en silencio que ellos nunca supieran que él había estado ahí; no tenía derecho a decir nada.

Sin embargo, con el paso de los siguientes días se dio cuenta que Misty y Gary se habían distanciado, y los sentimientos de Ash se enredaron aún más, porque eso lo hacía sentir aliviado y preocupado por ella al mismo tiempo.

"Creo que ha sido en gran parte gracias a Pikachu que Cleffa está teniendo tanta mejoría." Misty le dijo sonriendo, sacándolo de sus pensamientos.

Él simplemente asintió viendo por la ventana a Cleffa y a Pikachu jugar juntos. Esa mañana los habían dejado en el área de juegos especial para Pokémon.

"Pikachu te quiere mucho, Misty." Le comentó casualmente, a la vez que comenzaron a caminar juntos.

"Y yo a él, es un amor." Ella sonrió, dando la vuelta al llegar a la esquina. "El otro día incluso nos llevó unas galletas a..." Se interrumpió de pronto viendo hacia el frente.

Por el pasillo, Gary caminaba en sentido contrario a ellos.

"¡Hola!" Misty lo saludó con la mano.

"Buenos días." Él respondió con un leve movimiento de la cabeza y siguió su camino.

Misty bajó su mirada al suelo, y Ash una vez más no entendía qué pasaba con ellos. ¿Desde cuándo ella era de las que se quedaban calladas? Y Gary, ¿cómo podía besarla (o casi) unos días antes, y luego, pasar a su lado con marcada indiferencia?

Sólo que estuviera jugando con Misty, y ella estuviera demasiado herida como para enfrentarlo.

Movido por el enojo que le causó esa conclusión, se volvió para alcanzar a Gary, y jalando de su hombro lo hizo girar sobre sí.

El ambiente se volvió tenso, cuando ambos se miraron poco amigablemente.

"¡Ash!" Escuchó a Misty gritar tras él. "¿Qué crees que estás haciendo?"

Su voz irritada tenía un dejo de alarma cuando se acercó a él y sostuvo su brazo. Ash volteó a mirarla un momento, ¿ahora ella temía que él iniciara una pelea?, se preguntó tensando la mandíbula. Ok, quizás, podía tener razón un poco.

Gary intercambió brevemente la mirada entre ellos, y cambió su expresión a una divertida.

"¿Querías decirme algo, Ashy-Boy?" Le preguntó cruzándose de brazos, en una actitud de superioridad.

Ash empuñó la mano que Misty no detenía y trató de mantener el control. No era su plan pelear con Gary, a pesar de todo.

"De hecho," Se forzó a sonreír ampliamente, y pudo ver el fugaz desconcierto en los ojos de Gary. "Estaba pensando, ¿desde cuándo que no salimos por unos tragos?" Se soltó de Misty, y rió. "Ya sabes, sin las chicas, para hablar de hombre a hombre." Agregó pasando su brazo sobre su hombro.

Misty soltó un sutil gruñido a eso.

Gary lo miró levantando una ceja.

"Nunca hemos hecho tal cosa, y lo siento, Ash pero no eres mi tipo." Le respondió soltándose de él.

Ash desvaneció su sonrisa. Siempre haciendo todo difícil.

"Gary, relájate, sólo quiero ponernos al corriente. Somos viejos amigos, después de todo."

A sus palabras, Gary aflojó su postura, y miró fugazmente hacia Misty, con una expresión ilegible en su rostro, y Ash resistió la tentación de voltear también hacia ella.

"Ok." Contestó Gary al fin. "He estado ocupado pero me vendría bien despejarme un rato, supongo."

Ash se rió intentando aminorar la incomodidad del momento.

"Sí, ya hasta comienzo a verte canas, Gary."

"En tus sueños, Ash."

"Está en tus genes. Cuando te des cuenta todo tu cabello será gris, igual que el del profesor Oak." Agregó en tono de broma.

"Mejor eso que calvo." Le aseguró.

Pero Ash sólo se rió. En su familia tampoco había problemas de eso.

"Hombres," Misty los interrumpió de pronto, viéndolos acusadoramente a ambos, y sin decir más, se dio la vuelta y siguió su camino, notablemente irritada.

Ash rió suavemente viéndola alejarse.

"Se enoja tan fácilmente." Comentó casualmente.

"Sí, igual que una niña." Gary respondió con un inesperado cariño en su voz.

Ash volteó a verlo intentando leer su expresión, pero ésta cambió rápidamente a una seria.

"¿Quieres ir tú tras ella?" Le preguntó en un intento por entenderlo.

Gary negó con la cabeza.

"Estoy ocupado. Tengo que dar clases." Explicó enderezando su postura, y Ash asintió. "Nos vemos luego, entonces." Añadió y se dio la vuelta.

Sin más, Ash corrió hacia Misty, y ésta no volteó a verlo ni le dijo nada cuando volvió a caminar a su lado.

Odiaba verla así.

"¿Estás bien?" Le preguntó preocupado. No obtuvo respuesta inmediata. "Mist, ¿qué pasó entre ustedes?" Ella no contestó. "¿Él te hizo daño?" Insistió.

Ella se detuvo, y lo miró por un instante con una especie de incredulidad, pero luego sólo suspiro.

"No." Movió su cabeza, y él relajó su postura sin haberse dado cuenta antes lo tenso que estaba. "Gary no me haría daño, Ash."

Su voz se escuchó tan contundente que él la miró sin saber qué decir. Era como si hubiera un significado aún más profundo detrás de esas simples palabras.

Ella siguió caminando sin más y Ash la siguió con la mirada puesta en el suelo, hasta que se dispusieron a bajar las escaleras de vuelta al área de las habitaciones, y él se detuvo incapaz de soportarlo por más tiempo.

"Soy yo, ¿verdad?" Le preguntó unos escalones arriba, y Misty volteó a verlo con una expresión genuinamente confundida. "El que te ha hecho daño."

Quiso decirlo como una pregunta, pero sonó a una afirmación.

La luz del ventanal alumbraba a Misty por detrás, dándole un aro luminoso alrededor de su cabello. No era momento para notarlo, pero se veía preciosa desde ese ángulo y su corazón le dolió.

La expresión de ella pasó por una mezcla de emociones hasta que inclinó levemente su rostro a un lado y lo miró con neutralidad.

"¿Por qué estás conmigo ahora, Ash?"

Su pregunta le sorprendió un poco.

"¿Preferirías que no lo estuviera?"

Ella lo miró a los ojos como si estuviera decidiendo su respuesta entre miles de opciones posibles hasta que finalmente suspiró.

"No. Tú sabes que no." Su voz fue tenue, y era casi como si lo lamentara. Así que él bajó la cabeza. "Sabes que siempre me ha gustado estar contigo."

La miró y ella le ofreció una leve y cansada sonrisa.

Él se mordió el labio antes de hablar.

"He estado preocupado por ti." Le explicó, de pronto. "Te ves pálida últimamente, Mist. No es propio de ti. Incluso te desmayaste cuando llegaste."

"No importa. Estoy bien." Le contestó desviando su mirada.

Era lo que hacía cuando mentía.

"Para mí no está bien." Afirmó dando un par de pasos hacia ella hasta que pudo alcanzar su mano. "Quiero que me cuentes si tienes problemas, Misty. Si estás enferma o si... estás enamorada." Susurró.

"Ash,"

"Los vi ese día en la biblioteca." Murmuró rápidamente sin soltar su mano, su mirada fija en ésta.

"¿Qué?" Ella se escuchó desconcertada.

Volvió su mirada a ella.

"El día de las galletas." Le aclaró.

"Oh."

Esta vez, ella bajó la cabeza.

"Misty, cuando llegué parecía que iban a..."

"No pasó nada, Ash." Ella lo interrumpió de prisa, y soltó su mano de él.

Se miraron por un instante.

"Él iba a besarte, Mist." Le dijo en tono categórico.

"Ash, eso no pasó." Le precisó con voz cansada, ¿o decepcionada?

"Pero, tú querías que pasara." Su voz no ocultó el reclamo, y se reprochó a sí mismo al instante. Suspiró cansado antes de que ella pudiera responder. "Misty, mira, no es que quiera entrometerme, pero era en serio cuando dije que te ayudaría. Sólo quiero entenderte." Le sonrió levemente. "Eres importante para mí."

Ella lo miró y su expresión poco a poco se suavizó.

"Lo sé. Ash, sé que te preocupas por mí pero" Cerró los ojos, y como dándose por vencida, se dejó caer sobre el escalón y cubrió su rostro con sus manos, probablemente incapaz de admitir lo siguiente aún mirándolo. Él se sentó a su lado. "estoy muy confundida, Ash." Continuó. "Tú crees estar seguro de lo que iba a pasar, pero no sé lo que Gary piensa. No quiere hablarme desde entonces y en lugar de enojarme sólo quisiera que él..." Ella no terminó su oración. "Pero ya no sé qué debería sentir."

Él asintió intentando entender la situación.

"Misty, ¿por qué crees que deberías sentir algo especifico?" Ella levantó su cara hacia él, y Ash le sonrió. "No te preguntes qué deberías sentir sino qué es lo que realmente sientes."

"No es tan simple, Ash. No se puede tener todo lo que quieres."

Él le sonrió y, simplemente la abrazó.

"Quizás, no. Pero todo va a estar bien, Misty. Te lo prometo."

"Eso no lo sabes." Se quejó pero recargó su cabeza en su hombro, relajándose en su abrazo.

"No, pero tú sueles exigirte demasiado cuando todo lo que tendrías que hacer es confiar."

"¿En qué?"

Ash se separó de ella, puso sus dos manos sobre sus hombros y mirándola fijamente le dijo, "En que no estás sola."

Él le sonrió cada vez más hasta que ella poco a poco correspondió a la sonrisa, y Ash eso lo consideró un pequeño logro.

"¿Qué te parece si nos concentramos mejor en tus otros deseos de la lista?" Le sugirió sin dejar de sonreír. "Podemos ir a nadar todos los días como querías, y podemos ir a acampar, y a pescar, y por cierto, ¿por qué tienes deseos tan ordinarios? Son cosas que podrías hacer cualquier día." Agregó soltándola.

"Lo siento, Ash. Perdón por tener sueños tan pequeños." Le dijo en tono ofendido pero era en juego. "¿Tú qué habrías escrito? ¿Ser el mejor maestro Pokémon de todos los tiempos, capturar a todos los Pokémon conocidos por el hombre, y ganar todo torneo existente en la faz de la Tierra?" Se rió.

"Sí, y no lo digas cómo si no fuera grandioso."

"¡Ash, es igual a cuando tenías 10 años! ¿Qué piensas hacer? ¿Vivir toda tu vida así? ¿De región en región, de gimnasio en gimnasio?" Le dijo moviendo la cabeza en desaprobación.

"Hey, me gusta mi vida." Intervino insultado.

Misty le sonrió.

"Lo sé. A mí también me gustaba." Susurró.

Ella miró los escalones pensativamente.

"Sabes," Ash le dijo suavemente sin mirarla. "simplemente soy esa clase de persona, Mist. Una vez que algo o" la miró de reojo. "alguien me gusta, es para siempre." Continuó rápidamente. "No soy inconstante ni cambiante, y no importa cuánto tiempo o intentos me lleve, pienso que al final... valdrá la pena." Le dijo firmemente, y antes de que ella pudiera reaccionar, se levantó y se paró frente suyo, "Y hablando de cosas que nunca dejarán de gustarnos," Misty volteó a verle desde abajo, y él le extendió su mano. "¿qué tal si nos escapamos a Luminalia y vamos por un helado?" Ash le sonrió, mirándola traviesamente.

"Y eras tú el que se preocupaba por mi salud. Los helados no son nutritivos." Ella se rió y empujó su mano juguetonamente, antes de pararse por su propia cuenta.

"Pero te encantan." Le guiñó un ojo.

"Lo sé."

Se sonrieron el uno al otro con complicidad, y comenzaron a caminar.

"Entonces, ¿un napolitano?" Ash le preguntó saltando dos escalones por vez. "Hace mucho que no compartimos uno."

Ella se rió.

"Oh, cierto. Lo había olvidado. Nos encantaba porque era la combinación de nuestros sabores favoritos, pero Ash, no es lo mismo si Brock no está." Concluyó, y la escuchó saltar tras él.

Ash se giró a ella a tiempo para atraparla cuando casi perdió el equilibrio, y Misty sostuvo sus manos en su pecho para estabilizarse.

"¿Sabías..." Él le dijo en voz baja acomodando una mano en su espalda y con la otra moviendo un mechón de cabello que se le vino a la cara. "que después de que te fuiste el helado de fresa siempre me recordaba a ti?"

Ella lo miró insegura, quizás por no saber a qué venía su comentario, o tal vez por la cercanía, pero de cualquier modo no se alejó de él.

Él le sonrió.

Ella, entonces, lo miró incrédulamente y se separó de él.

"Es en serio." Insistió. "Ni siquiera me gustaba antes de conocerte, pero me acostumbré a él por ti, y cuando te fuiste podría haberlo dejado de comer pero..."

"Oye, espera, es un buen sabor, y no te voy a creer que a tus otras compañeras de viaje no les gustara ni un poquito." Lo interrumpió un poco indignada.

"Sí, pero no como su favorito, y nuestra tradición de helado Napolitano terminó contigo." Le explicó pacientemente.

"Ah sí, y entonces, ¿por qué lo comprabas?" Le preguntó colocando sus manos en sus caderas, cómo solía hacer cuando era niña. "No tenías una razón para hacerlo."

No pudo evitar sonreír.

"Es cierto, y no lo hacía, un día tuve que porque no había otra opción." Le aclaró.

Ella lo miró poco contenta, y quizás un poco decepcionada.

"Vaya, sacrificio." Comentó avanzando lejos de él.

Él la siguió con la mirada sin moverse.

"Y entonces descubrí que ese sabor me hacía inexplicablemente feliz" Ella se detuvo en seco al escuchar sus palabras. "porque me recordaba a ti."

"Ash," Volteó a verlo con una expresión reservada en su rostro. "¿Por qué no me lo dijiste antes?"

Él se mordió la lengua y resistió la urgencia de preguntarle «¿Qué cosa?» Después de todo, él sabía perfectamente a qué se refería ella y hacerse el tonto no tenía ningún caso, especialmente porque era la pregunta que Ash tanto había estado esperando desde el principio, y aún así todo lo que él quería decirle era:

"¿Habría sido diferente si lo hubieras sabido?"

La expresión de Misty se volvió una decidida.

"¿Crees que no me hubiera hecho feliz saber que te gustaba?" Le preguntó indignada y él la miró con los ojos muy abiertos y sorprendidos. "...el helado de fresa?" Agregó lentamente, tal vez un poco avergonzada.

Él intentó descubrir en su rostro lo que realmente pensaba.

"¿Estás segura?" Y no escondió de su tono su incredulidad.

"¿Por qué no iba a estarlo?" Ella le respondió con una renovada confianza, y dio un paso hacia él.

Ash suspiró.

"Porque sé lo importante que es para ti, Mist. Y, ¿habrías podido ser realmente feliz cuando... tu vida estaba en el gimnasio y la mía nunca en un solo sitio por mucho tiempo?"

Ella lo miró herida.

"Entonces, ¿simplemente decidiste que no era lo mejor para nosotros?" Le reclamó. "Quizás habría sido feliz sólo con hablar más seguido contigo. Podríamos haber tenido video llamadas y..."

"No habría sido suficiente." La interrumpió.

"Podría haber funcionado." Ella afirmó neciamente.

Ash sonrió tristemente.

"Misty, pudiste haberme preguntado, entonces."

Ella frunció el ceño.

"¿Qué cosa te iba a preguntar, Ash?" Se cruzó de brazos. "¿Si te gustaba el helado de fresa?"

Él la miró algo dolido.

"Sabes que ya no hablamos de helados." Susurró, un poco incómodo.

Misty bajó su cabeza apenada.

"Lo sé. Lo siento." Murmuró.

Él se acercó un paso más a ella.

"Pudiste haberme preguntado el por qué dejé de llamarte, si te importaba."

¿Alguna vez ella siquiera se lo preguntó?

"Tenía miedo de tu respuesta." Ella aceptó suavemente.

Igual que él de la de ella. Ash la miró esperando que ella le explicara algo más pero no lo hizo.

"Te quiero, Mist. Nunca quise hacerte daño. No quise soltarte." Le dejó saber.

"Pero no era suficiente." Le recriminó.

Él movió la cabeza.

"No lo sé. Entonces, todavía éramos muy jóvenes. Creí que sería mejor si esperaba hasta que pudieras estar orgullosa de mí."

"Siempre lo he estado." Misty le aclaró rápidamente.

Se miraron en silencio un momento, hasta que, incapaz de verla más a los ojos, Ash se recargó contra el barandal y miró a sus tenis.

"Dejé pasar demasiado tiempo, ¿no?" Se lamentó en voz alta.

"No," Le contestó, y sintió cómo Misty se paró junto a él y se recargó en sentido opuesto viendo escalones abajo. "pero dejaste entrar a otra mujer en tu vida, Ash. Y al final, ¿no crees que es eso lo que lo hace tarde ahora?" La volteó a ver, y ella le sonrió levemente. "Pero no te culpo." Ella continuó. "Yo debí llamarte para decirte que..." Su voz se volvió un susurro "te quería" Bajó su cabeza. "mucho." Lo volvió a ver con sus mejillas sonrojadas y sus ojos brillantes por las lágrimas. "y quizás entonces, habría sido suficiente."

Ash sintió cómo su corazón latía cada vez más de prisa, sin poder hacer otra cosa más que mirarla tontamente. ¿Ella de verdad había sentido lo mismo? Y entonces, se dio cuenta que había deseado todo el tiempo que las cosas fueran sencillas, cuando había sido él mismo quien las había dificultado.

Pero no tenía por qué seguir haciéndolo, pensó al detener a Misty cuando ésta se volteó y dio un paso lejos de él.

"Misty," Le dijo tomando su brazo. "Todavía no es demasiado tarde." Ella no volteó a verlo, y él continuó, "Es cierto. No debí haber dejado que Serena se ilusionara ni un poco, y las cosas podrían volverse incómodas justo ahora, pero... La última vez no te lo pedí, así que esta vez lo haré, ¿esperarías por mí? Sólo tres meses, Mist. Sólo hasta que salgamos de aquí y entonces, podemos ir juntos a..."

"No." Lo interrumpió.

"¿Eh?"

Él la soltó y ella volteó a verlo seriamente.

"No, Ash. No puedo esperar tres meses." Le dijo firmemente.

"Misty, es que... Justo ahora..." Tartamudeó, sorprendido por la dureza en su voz.

"Tienes novia, lo sé." Concluyó ella con voz comprensiva. "Tampoco quiero lastimarla, Ash."

Y era por eso que su plan era la solución más sencilla y menos melodramática: si mantenían una actitud amigable entre ellos, y Serena y él terminaban cómo lo tenían previsto, y simplemente quedaban como amigos, entonces, de alguna forma las cosas podrían salir bien; sin necesidad de ocasionar un escándalo.

"Sí, pero..." Quiso razonar con ella, tomando sus dos manos en las suyas pero Misty se soltó de él inmediatamente.

"No, Ash." Una vez más la seguridad en su voz lo desorientó. "Te he estado esperado la mitad de mi vida y..." Su voz perdió fuerza. "no quiero morir esperando por ti." Le confesó entre un sollozo. Tomó aire. "¿No lo entiendes? Quiero vivir." Declaró firmemente, como si él le hubiera pedido lo contrario. "Quiero ser feliz."

Ash frunció el ceño confundido.

"¿Y no puedes esperar tres meses más?"

"No." Misty respondió de nuevo.

Se miraron el uno al otro en silencio.

Lo estaba dejando sin opciones. Sí, era una posibilidad explicarle a Serena cómo realmente se sentía, incluso ella podría entenderlo y quizás hasta era lo mejor ser sincero lo antes posible, pero si inmediatamente después de romper con ella todos en ese lugar se daban cuenta que empezaba a salir con su amiga, eso definitivamente la lastimaría y la avergonzaría.

Sin mencionar que Misty quedaría como la mala.

"¿Qué propones, que rompa con Serena y huyamos juntos?" Le preguntó mirándola desesperado.

"No." Le respondió nuevamente, pero su voz se escuchó un poco más insegura, y su expresión se volvió una culpable.

"Entonces, no te entiendo, Misty. Estoy diciendo que siempre te he querido pero" sonrió cansadamente "estaba siendo egoísta, ¿no?"

"Decir lo que realmente quieres no te hace egoísta." La escuchó murmurar casi para sí, y luego volteó a verlo, angustiada. "Ash, no lo sé. Esto me está volviendo loca. No puede ser así. No puedo esperar tanto tiempo y no puedo tener un amor complicado."

"Misty,"

"Lo siento, Ash." Lo interrumpió. "Todavía no sé si lo que siento es lo que debería sentir pero no puedo arriesgarme a tomar la decisión incorrecta."

Y con eso le dio la espalda y Ash la miró alejarse como si huyera de él.

Desde el inicio las cosas siempre fueron demasiado complicadas entre ellos, enloqueciéndose el uno al otro y negando sus verdaderos sentimientos, y al final, Ash se preguntó, ¿el precio sería nunca estar juntos?


Disclaimer: Pokémon no me pertenece.