Memorias de los Guardianes

Sus piernas lo llevaron hasta su dormitorio y no tardó en derrumbarse sobre su propia cama. Él ya había cumplido con ayudar a Li con su tarea, así que estaba desocupado de todo, hasta de sus propios deberes, si nadie lograba sacarlo de su casa lo más seguro era que él terminaría pasando el resto de sus días allí... o al menos la semana completa antes de volver a la escuela.

Tumbado entre sus polvorosas sábanas, fue quedándose finalmente dormido, dejándose llevar por el rumbo al que sus sueños lo condujeran.

¿Cuánto tiempo pasaría? No lo podría decir. Nuevamente se hundió en un rincón olvidado de viejos y distantes recuerdos. Él siendo muy joven y Chö a su lado.

-Chö, te traje tu comida. Hoy toca huevos fritos con un enorme trozo de pan ¿Quieres leche para beber o prefieres un jugo?

El pequeño Chö en medio de su jaula, abrazando sus rodillas, escondía la cabeza. Completamente ausente, sin pizca de motivación. Hien se ponía a la tarea de enseñarle las cosas que él sabía, darle de comer y de paso hacerlo asearse.

Chö no había vuelto a pronunciar palabra alguna. Se limitaba a estar allí. Moverse apenas. Ya le había cogido miedo a ponerse de pie cuando la jaula se balanceaba, cosa que sucedía siempre que Hien se paraba en los barrotes y agitaba sus alitas frente a la entrada.

Como sea, Hien no se desanimaba y hacía sus tareas casi por mera diversión y curiosidad. Su "amiguito" se le quedaba viendo algunas veces, pero nada más. En ésa ocasión, Hien puso el plato de comida frente a Chö y se le antojó abrazar a Chö luego darle un beso, un chasquido sonoro, en la mejilla.

-Es el saludo de dos personas que se aman. Eso lo aprendí viendo el libro. Los humanos hacen eso y se ve que quien lo recibe termina sonriendo. La mayoría de las veces. Esto lo hice porque quiero que tú y yo seamos los mejores amigos.

Chö pellizcó la comida para probar. La sensación que producía en su boca era fuerte, agradable, casi dolorosa. Volvió a probar y así sucesivamente hasta quedar satisfecho. Cuando terminó, Hien volvió a abrazarlo y darle un beso para luego salir volando con el plato vacío.

Hien estaba especialmente feliz, ese día se le habían caído por primera vez más de diez plumas. Y entre más sonreía, mejores eran las que le nacían y volvían sus alas más y más grandes.

No había tenido tanto progreso en su trabajo desde antes que existiera Chö y así se lo hizo saber su "Señor", el dueño del libro.

-Veo que te has encariñado mucho de Chö.

-Sí, Chö es mi mejor amigo. Tengo mucha alegría por haberlo conocido -Sus miradas hicieron contacto, Hien le regaló una espléndida sonrisa, para luego salir volando hasta la jaulita y estar así más cerca.

Por primera vez, el pequeño Chö supo, aunque no sabía de qué se trataba, lo que era estar feliz, lo más mínimo. Entonces, Hien abrió sus ojos de par en par, porque se dio cuenta de que a Chö le salían por primera vez sus alas. Su boca quería sonreír, sin ser apenas una nada, no obstante Hien notó en sus ojos que también estaba contento su amigo.

-Te quiero Chö, nunca dejaremos de ser amigos...

...

Sakura golpeó contra la puerta de la casa de Hien. Él se había encerrado literalmente.

-Hien. ¡No puedes dejarme fuera! Abre, que se me está helando el cuerpo.

Su novio se dio vuelta en la cama, sin pretender pararse a abrir. Quedándose otra vez dormido, volvió a lo de antes...

-¿No te molesta que duerma contigo? No me malinterpretes, yo... es que te veo aquí solo y... quisiera hacerte compañía.

El pequeño Guardián del Libro se ofrecía totalmente al "bebé" Chö, dando su tiempo, de su comida aun cuando ésta no era del todo necesaria, daba su calor, atenciones, sonrisas, en fin su compañía misma. El otro recibía aquello pensando que debería ser lo más normal, junto con vivir encerrado... Para Hien aquello era lo único que no le gustaba mucho... dar su soledad. Estaba convencido de que había sido su culpa dejar de caer esa frágil pluma antes de tiempo. Él no tenía por qué estar allí solo, apartado de los demás... junto con él. Muy a pesar de que se estuvieran volviendo amigos y de que se encariñara con él, comprendía que nadie más, aparte de él mismo, debía vivir allí. Nunca le faltaba nada, ni comida, ni vestido si así lo quisiera, ni calor o alegrías...

Lo que no cabía allí era estar encerrado en lugar de ir por allí a jugar con otras almas de aquellos que ya han cruzado por la vida terrena o con Guardianes de nobles dones, que bajo su sombra protectora lo atenderían mucho mejor.

-Perdóname... -esa vez, mientras dormían juntos, el bebé Chö vio por primera vez a Hien llorar. Se inquietó por dentro, aunque quería creer que también era normal. Alzó sus bracitos para secar las mejillas húmedas. Sus deditos como pétalos sintieron el tacto con ésa cálida piel, sorprendiéndose de su propia ocurrencia retrocedió y tomó coraje de alguna forma para seguir rosando la cara de Hien, porque le devolvía una sonrisa distinta, no era la sonrisa de otras veces, sino una diferente, que hacía a su corazón latir más deprisa.

-Hien-san... -murmuró más para sí mismo cuando dos brazos de niño lo rodearon y reanudaba el llanto ahora con gemidos. Ésa noche perdió todas sus plumas. Chö no sabía qué sentir, acababa de descubrir que le disgustaban las lágrimas pero el contacto de un abrazo en cambio, era mucho más agradable. Algo en su pecho le dolía sin saber por qué, y quería hacer lo que fuera con tal de aliviar ese dolor.

Amaneció y ambos se veían idénticos, sin alas, callados y muy quietos. El fuego de Hien estaba oculto. Debajo de ellos tenían una alfombra de plumas de todos los tamaños, y lo mejor, útiles y no frágiles.

Al llegar el dueño del libro y ver que Hien no tenía su fuego a la vista, comprendió que no era un buen día para hacerlo trabajar, le recogió las plumas y se retiró.

-Tus alas -dijo Chö apuntando a Hien, era su modo de hacer preguntas.

-Volverán a salir. ¿Dime, quieres algo de desayunar?

Salió corriendo de la jaula, arrojándose al vacío, deteniendo su caída al suelo con una onda de calor. De regreso llevó con él un enorme plato con fresas untadas con chocolate y algún tipo de crema. Chö todavía no conocía las fresas ni el chocolate y en verdad le daba miedo siempre conocer nuevos sabores. El ver a Hien comer primero era lo que más valor le daba. En esa ocasión se le quedó mirando comer. Su boca apenas podía abarcar un poquitín de la fresa, dadas las grandes dimensiones de la fruta.

Hien soltó la fresa un momento para sujetar a su amigo de una mano y aproximarlo un poco hacia él.

-Son fresas y están deliciosas -Hien pasó la lengüita por sus labios para limpiarse los restos de chocolate y crema. Como la vez anterior, Chö quiso aproximarse para limpiar aquello que tras el paso de la lengua no se pudo retirar... solo que, en vez de usar la mano libre, alzó su propia boca. Con plena confianza, como era de esperarse al estar junto a Hien, esa atmósfera de calidez que siempre lo rodeaba literal y simbólicamente, lo ayudo a dejar un poco sus propios titubeos y cosa curiosa, su corazón volvía a latir con fuerza, casi dolorosamente sin que fuera algo desagradable, sino todo lo contrario.

Dos lenguas de niño se tocaban, pensando únicamente en saborear un poco de chocolate; que sí, sabía muy rico y el detalle del néctar de sus bocas y el roce, les hizo pensar en que nunca habían probado algo más delicioso, ¡incluso que golosinas! Eso si que debería considerarse un gran descubrimiento.

Hien comenzó a ponerse nervioso, no podía ser que Chö lo estuviera besando, es decir, nunca le había hablado de esas cosas que a veces él veía que hacían los humanos... viendo desde el "Libro", claro.

-¡Chö! -La carita de 'ángel' se le puso tan roja como sus fresas-. Come las fresas, solo las fresas, no a mí -dijo y le puso una entre los brazos, embarrándole el chocolate en la cara.

Nunca había pasado por cosa igual. Semejante aprieto. ¡Acababa de ser besado! ¿Qué era lo que seguía? ¿Casarse con Chö? ¡Pero por favor ellos solo eran unos niños! Además, ¿cómo saber si Chö o él eran niño o niña si no tenían sexo?

La cabeza le dio vueltas. ¿Qué significaba aquello, tan de repente? Quizá Chö estaba confundiendo el término amigos y creía que podía ser tan confiado como quisiera. Tembló de pies a cabeza cuando una manita que no era la suya se apoyó en sus piernas. Ambos estaban sentados en la base de la jaula y en esos momentos de nerviosismo, escapar no era una solución para un Hien que no tenía el control de su propio cerebro o manos. Le costaba pensar en respirar, moverse. El bebé Chö, del cual estaba a cargo, le apoyó la fresa contra la boca. Hien mordió apenas y la fresa rodó a un lado. Como ambos estaban sucios por todas partes, Chö comenzó a lengüetear su propia mano, luego la mejilla del otro, luego su rodilla y seguir con el cuello del otro. Eligiendo a curiosidad mezclada con placer, las zonas... que por cierto el otro tenía por más sensibles.

-Mejor sigamos comiendo las fresas...

Chö se fastidió mucho con el tono de voz y la escapatoria que Hien buscaba, apenas hizo una pausa para deliberar qué y cómo le había gustado más saborear, tras la cual, acortó distancias pasando brazos alrededor de la cintura del otro y apretó su boca contra la de su amigo... solo para estar más cómodo se sentó sobre sus piernas.

Esa vez las alas de ambos salieron a la vez, las de Hien fueron tan grandes como nunca se las había visto, solo las de Chö siguieron siendo pequeñas. Esa vez ambos aprendieron que nada sabía mejor que un dulce y delicioso beso…

El fuego de Hien se salió fuera de control y poco le faltó para desmayarse.

…..

En el tiempo presente, la expresión de placer, seguida de un suspiro profundo, provocó lo peores escalofríos que una Sakura muriendo de celos, pudiera tener. Ella desistiendo de llamar a la puerta, telefoneó al celular de alguno de los amigotes de Chö para que lo comunicaran con él. (Ni una simple llamada le puede hacer. ewé Muy buena barrera) Senji cogió el celular y de muy mala gana llamó a Chö, manteniendo una conversación entre tres.

-Él pregunta ¿qué necesitas?

Y Sakura cortó la llamada inmediatamente sin decir más. Su intención había sido la de despertar al jefe de grupo de su novio… tampoco era que quisiera oírlo, no necesitaba más que asegurarse de una cosa.

-¿Entonces solo está soñando? ¿Pero con qué? ¿Con ése patán o conmigo? ¿Por qué no puedo saberlo? ¡El don de ver el futuro es tan inútil algunas veces!

Pateó con fuerza la puerta de entrada, causándose daño. Casi de inmediato estaba dando saltos en un solo pie y quejándose de su propia idiotez.

Hien abrazó su almohada entre brazos y piernas. El sueño continuaba siendo intenso para él, aunque se viera a sí mismo como un niño.

-Te quiero –la seguridad que delataba la voz del bebé Chö, no permitía replicar. Era imposible de creer que un ser tan joven, tan recién salido a la existencia tuviese tal aplomo para confesiones de ese tipo.

"Amigos" Chö o no quería o no podía captar el significado de aquélla palabra, porque frunció el entrecejo y la palabra "amigos" la arrojó lejos, para así seguir insistiendo… con su deseo.

-Me gustas

-No soy comida –soltó Hien comprendiendo al fin.

¿En verdad Chö lo veía solo como comida o había algo más de por medio? El tiempo les daría las respuestas. Más pequeñas audacias, travesuras, juegos de niños y sonrisas infantiles, hasta llegar a ser difícil de soportar el hecho de no poder hacer más para satisfacer el aprecio mutuo con un poco de todo eso, el deseo de dar más de sí mismo.

"Un poco de libertad no le hará daño, ¿verdad?"

Hien dejó su pedazo de manzana sin terminar para ponerse de pie, fue a la entrada de la jaula para abrirla completamente y se devolvió para tomar a Chö de la mano, para tratar de sacarlo unos minutos de su refugio, del lugar en que estaba a salvo.

"Lo devolveré enseguida"

La mariposa se resistió, aferrándose a los barrotes de su jaula. Le dio vértigo al ver lo muy abajo que se veía el suelo. Hien se volvió, apretó fuerte de su cintura y aleteó con fuerza hasta poder desprenderlo de su reducido hogar.

"Volar, ¡qué experiencia tan más sensacional!"

El aire en el rostro, los cabellos alborotándose, las piernas sin sentir el suelo, el corazón desbocado. Flotar en el aire, entre los brazos de su "amigo delicioso"

Chö sonrió por primera vez muy abiertamente, de forma muy natural como si llevara una vida de saber cómo se hace. El sonido de su risa era una hermosa canción para Hien, quien decidió hacer piruetas peligrosas en el aire antes de parar a dar un descanso sobre la mesa. Chö lo abrazó pidiendo más de aquello, apurando a su "avión" dando saltitos. ¡Los chillidos de alegría que soltaba! Ése niño era una preciosidad. Sus pucheros cuando Hien se ponía a descansar, le hubieran arrancado carcajadas si no estuviera más preocupado por recuperar el aliento. Se hizo de noche más pronto de lo que hubieran querido y regresaron a su jaulita a dormir. Chö se veía tan contento incluso cuando sus párpados se cerraron. Se abrazó a Hien pensando en que no lo dejaría escapar, porque cuando en la mañana temprano se ponía a trabajar frente al "Libro", lo dejaba solo…

Dormir bajo sus alas era tan agradable… Un ala de mariposa abrigando a Hien y un ala de ángel cobijando a Chö. El pequeño comenzó a entonar con su voz una canción de sonidos sin palabras, aquello que sentía no sabía decirlo con su reducido lenguaje, ni conocía un lenguaje de caricias que lo ayudaran a sacar toda su emoción interior.

Hien que todavía no conciliaba el sueño quedó embelesado con esa canción improvisada. Sus oídos se pusieron atentos, más aún sus ojos capturaron los gestos que Chö hacía. El corazón le latió lleno de una emoción que no conocía. Se acorraló dentro de las emociones del otro sin saber cómo huir, ni quería hacerlo.

-Sigue cantando, no te detengas –sus mejillas se coloreaban con intenso rubor. Y pensaba:- Ojalá que no me castiguen por haberlo liberado por un rato y ojalá Chö no fuera frágil para poder vivir entre los humanos, porque con su canción los hubiera hecho muy felices; y yo sé de tanta gente que no sabe sonreír.

Al amanecer Hien trataba de concentrarse en su trabajo de iluminar el libro, no debía ser tan difícil, pero algunas veces su fuego salía intermitente. Estaba distraído. Un segundo mirando hacia Chö, quien apoyaba su carita entristecida entre dos barrotes de su jaula de oro, y cuando no era a él quien veía, se trataba del Libro. ¿Y si él, Hien, acompañaba a Chö a la tierra? Lo único que debía hacer era no dejarlo solo, así él estaría a salvo ante cualquier posible peligro.

-Hien. Tu fuego.

Parpadeó, obligándose a volver a la realidad.

-Solo un poco más y te dejo descansar.

-Lo siento.

El dueño del "Libro" lo miró con una amabilidad por encima de todo lo humanamente posible. Todas las enseñanzas que tenía el pequeño Hien, las había recibido de él, en forma sencilla se las daba para que alcanzara a comprender, si no bien, sí lo necesario. Hien había nacido de sus propias manos, sin tener derecho a apartarse o bajar al mundo de los humanos o jugar con ellos, ni servirles de Guardián; pues su trabajo consistía en hacer legible el Libro y prestarse como herramienta de escritura. Hien no era quien creaba sus alas, sino el dueño del Libro. Como por ejemplo, la frágil pluma de Chö también era creación suya, le había hecho así no pretendiendo dañar al bebé Chö, ni deseándole las peores desgracias, sino todo lo contrario. El único fin de su existencia era que Hien tuviera alguien con quien jugar, divertirse, sentirse acompañado, aun cuando sabía que el resultado le traería pruebas difíciles a ambos chicos. Todo eso lo sabía "Él".

Miró a Hien atravesando su pensamiento y conociendo sus sentimientos. Ya sabía la travesura que pensaba hacerle, pero no dijo nada al respecto. Antes de no volverlo a tener frente a frente, le dijo:

-Esta noche, come lo que más te guste y pregúntale a Chö también qué desea.

-Gracias, lo haré.

-Ya puedes descansar por hoy. Por cierto Hien, ¿tú ya aprendiste tus lecciones sobre los Guardianes?

-Sí, ya los sé de memoria. Pregúntame el que tú quieras –dio saltitos de júbilo, porque deseaba impresionar a su señor-. ¿El del tiempo o el del Destino?

-Dime cuál es el don del Guardián Mariposa Monarca –sonrió al ver que su alumno no tenía ni idea de cuál Guardián debía ser ése. Así que añadió:- Ninguno más que aquél que consiste en tomar energía de otros, pero es muy bueno aprendiendo cosas, como usar los dones de otros Guardianes.

-Ese Guardián no lo conozco.

El señor se acercó a la jaula para darle las buenas noches a Chö y darle un pedacito de fresa. Y se despidió de Hien finalmente, así:

-¿No te parece que Chö es un precioso Guardián con alas de Mariposa? Pero necesita mucha energía para sobrevivir… si quizá… si yo le diera un compañero que tuviera exceso de energía, así los dos serían excelentes Guardianes… Oh, es tarde, que descansen hijos míos. Mañana será un día muy largo.

Y se fue.

A Hien se le revolvió el estómago. Algo no estaba bien. ¿Darle un compañero a Chö? ¿Entonces él se iría… pronto? Hien miró sus plumas con algo de temor. Si una más de ésas caía, una fuerte y poderosa (como comenzaba él a describirlas), entonces Chö se iría… Claro, eso era bueno, él conseguiría la forma de ir a la Tierra, convivir entre humanos, ser feliz con un nuevo compañero… que por cierto no sería él. Fue cabizbajo a la alacena a recoger algo que sabía le encantaba a Chö, la mermelada, un poco de chocolate para untar y pan.

-¿El viejo quiere mandarme a la Tierra? –preguntó Chö con ojos desorbitados. Tenía tanta curiosidad por conocer algo distinto a su jaula.

-¡Él no dijo que lo haría! –Gritó enojado Hien, arrojando el pan y los trastos con el chocolate y la mermelada-. Es decir, solo lo pensó en voz alta, no significa nada.

-Oh… Chö cogió del pan unas migajas que untó en la mermelada, mirando cabizbajo su pobre comida. Hien se devolvió muy molesto, cerrando la jaula y regresando a la alacena, buscando, buscando. Allí no tenían veneno. ¡¿Qué más daba!? No podía morir de todas formas. Encontró un trozo viejo y roído de pan, que tenía una mancha de mermelada en forma de mariposa. Sin querer aquél Hien recordó que le había preparado una montaña de panes así a su amigo, pero él solo había podido acabar con unas cuantas, a pesar de ser ayudado. No tuvieron ganas de más en algún tiempo y así era como aquello se había quedado empolvándose y sirviendo de alimento a otros diminutos seres. Hien se quedó allí comiendo ese pan rancio, conteniendo su mal humor que se transformaba en diminutas gotitas rondando por su carita. Al terminarlo, se secó los ojos con el brazo, salió de la alacena y se fue volando a su viejo sitio en el que dormía solo. Ése frío y enorme plato.

-Hien… ¿no vas a dormir acá hoy? –Chö se levantó a ver fuera, luego de que estando allí él solo no podía dormir por el frío…

-Hoy quiero dormir aquí.

-Está bien. Buenas noches… amigo.

-¡Y yo ya no soy tu amigo!

-¿Qué? ¿Por qué no?

-¡Porque no!

Hien se hizo un ovillo dentro de sus alas. Era su forma personal de decir "déjame en paz". Se sentía mal de repente, no contra Chö, pero sí a causa de él. Un feo sentimiento se estaba alojando dentro de su corazón, algo que no debería jamás sentir.

"Quiero ser yo quien este cerca de Chö siempre. Solo yo puedo ser su compañero…"

La intensidad de ese pensamiento descubierto, aumentó conforme avanzaba la noche. Dando giros en su lugar, sin lograr conciliar el sueño, planeó una y mil maldades para atrapar a Chö solo para él. Hilos, cadenas, robarse la jaula… mil tonterías hasta que se terminó cayendo de su plato y rodó hasta chocar con el Libro. Y allí se le ocurrió su peor idea a final de cuentas, una que tenía tramando desde hace tiempo en realidad: llevar a Chö a la Tierra con él.

Corrió a verse en un pedazo de vidrio. Seleccionó entre sus plumas, dos que no dudó en arrancarse, pero que sí le dolió horriblemente. Abrió el Libro, que tan inusualmente estaba sobre el escritorio principal, olvidado a su suerte. Eligió al azar un lugar en blanco para escribir primero su nombre con una pluma y después, con la otra el nombre de Chö, al hacerlo, las plumas se desvanecieron entrando a formar parte del Libro y se comenzaba a escribir el rumbo que tomarían sus vidas. Hien fue volando a la jaula, sacó a Chö de allí sin darle más explicaciones que aquellas de lo que iba a hacer.

-Vamos a conocer la Tierra. No te preocupes, yo siempre estaré contigo. Es una promesa.

Lo sujetó de la mano fuertemente mientras ambos se ponían sobre las plumas que cruzaban la superficie del Libro y se hundieron juntamente con ellas hasta perderse entre las páginas.

Hien en medio de su apuro por huir, no notó que había dejado una puma caer, una con un dibujo en rojo como de forma de corazón. Al amanecer, el dueño del Libro, con toda la delicadeza escribió "Sakura" una vez que recogió ésa última pluma de Hien y cerró su Libro para guardarlo en un lugar adecuado.

En el tiempo actual, Sakura sacude a Hien para volverlo en sí. De una u otra forma logró entrar en la casa y suelta su labia con tal de conseguir que su novio regrese con ella a su casa.

-No está bien que te encierres aquí tú solo.

-Sakura, lo siento, pero hoy no estoy de humor. Me siento cansado.

-Hien, anda, descansa en mi casa.

-Para que tengas la mejor oportunidad de cortarme las alas.

-No, mira… sobre eso…

Hien le lanzó una mirada muy fuerte antes de que dijera nada más.

-Solo déjame-insistió él.

Sakura buscó cambiar el rumbo de la conversación por algo más agradable.

-Dentro de poco será nuestro aniversario de novios. Estaba pensando en qué sería bueno regalarte o cómo festejarnos, porque esta vez caerá el día en domingo…

Hien se dio vuelta para darle la espalda a la chica y poder concentrarse en un punto perdido entre sus cortinas. Mientras que ella no dejaba de hablar fue cerrando sus párpados. Entre una y otra cosa apenas pudo decir: "sí... no… sí… haz lo que quieras…"

-¡No sueltes mi mano! Así llegaremos juntos, tal vez naceremos de una misma madre.

Las plumas con que Hien había escrito los nombres de los dos se unieron a sus cueros antes de tocar el fondo. Luego sus cuerpos fueron cambiando, volviéndose más y más jóvenes hasta que hubo un punto en que ya no podían sujetarse de la mano. La caída era muy rápida, por eso cuando llegaron a una edad de inicio, ambos quedaron lejos el uno del otro y fecundando a dos mujeres muy distintas. Detrás de ellos llegó al mundo Sakura, una niña que desde el nacer tenía grandes aptitudes para ser una brujita talentosa

Estando los tres personajes principales en una edad temprana, de alrededor de quince a dieciocho años, cuando sus instintos amorosos apenas van madurando, da inicio la leyenda de la "bruja, el fuego y la mariposa" En el siguiente orden: Hien y Chö habían perdido sus memorias al caer a Tierra o más bien el tiempo en que no se vieron, les hizo creer que esos recuerdos eran simplemente sueños.

El destino de Hien todavía estaba lejano de suceder. Él se dedicó a la herrería y había construido para él y los parientes, una hermosa casa, un tanto primitiva pero bonita. Un día a la semana se dedicaba a la minería y el resto trabajaba en todo aquello que había extraído. Ya iniciaba su colección de objetos de valor.

Por otro lado, Chö tempranamente su vida fue agitada precisamente desde el despertar de su don, que se dio alrededor de sus diez años. En su aldea él era muy bien conocido como el "intocable". El lugar en que vivió sus primeros años, lo abandonó apenas pasaron un par de meses de la muerte de su madre y algún hermano. Chö tuvo que huir desde entonces constantemente, de un lugar a otro, sin descanso, nadie al verlo le reconocía hasta que él daba muerte con solo poner su mano sobre alguien. Ninguna persona podía quererlo, ni él tenía por especial a alguno de ellos; solamente representaban ser su "medio de supervivencia". Cuando la conciencia comenzó a madurar en él, su estrategia fue la de "servirse" de personas con no muy buena fama: ladrones, asesinos, prostitutas, gente que la sociedad consideraba mala terminaban bajo su mano. Viviendo así, no podía depararle ningún final feliz. La "justicia" de aquél entonces lo buscaba para darle muerte, la peor de las torturas. Tal era la situación de Chö, un tipo que en su fachada parecía estarse divirtiendo siempre a lo grande, pues como muchachito que era. Riquezas, ninguna más allá de sus propias piernas, para poder correr y brazos para tocar y ser temido. Su apariencia era: un poco de principios de barba como de una semana y que no crecía más que eso, el cabello se lo cortaba cada que podía, no quería ser alcanzado por los pelos nunca, así que, según la usanza, el cabello largo no era lo suyo sino el cabello corto.

Por último, la situación de Sakura era muy diferente con respecto de los otros dos: por un lado tenía un digno puesto de princesa en su pueblo natal, era además una excelente bruja que con su don socorría a mucha gente, previniéndoles los peligros y ayudando a prevenir a los suyos si veía en el futuro un periodo largo de sequías. Toda la gente la amaba, no solo por ser su princesa o por su don de ver el futuro, también ella era muy hermosa. Creían que el cielo estaba de su parte por tener tan preciosa creatura entre ellos.

Y cuenta la leyenda en días futuros, tal y como lo recordaba Hien:

"Hace muchísimos años, una bruja que tenía el poder de ver el futuro, se puso durante horas y horas, días en incluso semanas a indagar sobre lo que le depararía el futuro. Descubrió en él algo que le gustó mucho y se trataba sobre un muchacho bastante atractivo, del cual se pasó durante mucho tiempo viendo qué sería de él y si llegaría a ser parte de su vida, más allá de un simple conocido"

Así comenzó a tejerse la telaraña de situaciones que atraparía tanto a Hien como a Chö. El tiempo en que se cumplía la leyenda llegó y Sakura habiendo mandado hacer una corona nueva para reposarla sobre ella y otra sobre su futuro prometido, hizo una visita a casa del herrero. Aprovechó allí mismo, para hacer el primero de sus ambiciosos planes. El joven herrero le presentó las dos coronas de oro y piedras preciosas, ambas muy hermosas debido a su gran talento artístico. La mujer antes que pagarle lo correspondiente al trabajo, le dijo:

-Esta noche celebraré una fiesta en mi palacio. Queda usted invitado, allí le pagaré lo que sea justo.

Ordenó a uno de sus sirvientes darle a Hien un traje de gala para que pudiera asistir. Esa misma noche, enfrente de todos, Sakura puso la corona sobre aquél que ella debía considerar con aptitudes para proteger el pueblo, a su lado y que le daría prosperidad, lo gobernaría con justicia, daría protección y amaría tanto como ella su gente.

Hien muy avergonzado, trató de rechazar la corona, no se sentía con tales aptitudes, pero ya estaba hecho. Él debía de casarse con la princesa lo más pronto posible. Los preparativos para la gran boda iniciaron y les tomó casi un año entero terminarlos debido a la gran belleza que a su boda la joven brujita quería dar.

El día de la boda toda la gente estuvo muy contenta y alegre, y en general las cosas fueron de acuerdo a lo que la bruja quiso.

"Hasta que la muerte los separe"

Fue la sentencia que, al oírla, el Guardián del Destino bajó a la Tierra e hizo obscurecerse el cielo.

-Hija del Tiempo, ¿qué es lo que has hecho?

La princesa Sakura no se esperaba aquella interrupción en su festejo. Ella ya sostenía en su mano la de Hien con el anillo de bodas, las dos coronas brillaban sobre sus frentes y la gente hacía un brindis por los esposos, por un futuro bueno en su pueblo. La princesa tragó con dificultad de su copa, sin atreverse a decir una sola palabra. El daño ya estaba hecho.

-Por haber torcido mis caminos tu alma no encontrará la paz hasta que todo vuelva a su curso. No importa cuántos años o generaciones pasen, el Destino deberá cumplirse, sea de tu agrado o no lo sea.

Dicho eso desapareció el noble Guardián. Sakura palideció bastante y nadie entendió bien aquello que el Guardián había dicho, solamente pensaron que debía ser algo muy grave y temieron lo peor. Mucha gente se fue del pueblo pero otras más aún permanecieron allí, ignorando lo que nombraron la "Maldición" pues nada les sucedía a ellos y todo su patrimonio estaba en aquella tierra.

La vida de esposos de Sakura y su príncipe transcurrió de forma más o menos normal. Ella era la encargada de dirigir todo, así que Hien realmente no tenía que hacer mucho. Su presencia masculina solo servía para dar temor a otros pueblos, que tuvieran respeto por su corona.

Tuvieron hijos juntos, tres preciosos niños idénticos a su padre. Hien se desvivió siempre con ellos, eran su alegría, sus pequeños amores. La madre apenas distinguía cual era cual, con eso ya podían darse por satisfechos. El mayor de los tres, de nombre Hatsuhono que significaba "Primera Flama", muchacho inteligente y valiente. Sus ojos ámbar y cabellos castaños al igual que su padre. Le siguió Hotaruko "Niño Luciérnaga", pequeño travieso de cabellos dorados y con los brillantes ojos de su madre. Por último, el más pequeño de los tres, el lindo y amoroso Hinatsu "Sol de verano" de cabellos del color de su madre y ojos castaños como su padre.

"¡Papá! ¡Papá!" Era su "canción" de todos los días. Cuando él no estaba con ellos, sus querubines lo buscaban a él… En cierta ocasión les costó un poco más encontrarlo pues no tenían idea de que el fuera a parar a la sala del Consejo, de donde la Reina no salía durante horas. Lo que Hien hacía era llevarle la comida a su mujer, ayudado por un par de sirvientas, aquellas que le habían dicho que su Reina no tenía apetito.

-¿Qué te tiene tan preocupada que te impide comer? –Hien besó la mano de su mujer mientras ella daba órdenes para perseguir a un sujeto con una habilidad desconocida y fuera de toda medida para matar gente a "mano limpia"

-Quiero su cabeza, ¿entendido? No importa cuántos hombres tenga que arriesgar, ése asesino no puede existir por el bien de nuestro reino y por el bien de nuestros aliados. Su presencia dentro es un peligro importante.

Syaoran Chö era ese "peligro" sin lugar a dudas. Lo que Sakura más temía era que él entrara en sus "terrenos", es decir, que Chö y su esposo Hien se encontraran, pues la leyenda también decía que cuando ella observando el futuro:

"…descubrió que su amor sería correspondido solo durante un tiempo limitado hasta que aquella persona se encontrara con otra, quien sería su definitivo amor; por lo cual, haría a un lado a la bruja, dejándola completamente sola otra vez. Ella entristecida ante tal panorama se puso a meditar sobre qué podía hacer para cambiar ése trágico destino. Su solución sería la de poner todos los medios de su parte para que aquellos dos posibles enamorados nunca se conociesen…"

Pero el Destino, que estaba muy molesto con sus acciones, vio aquella oportunidad para voltearle el "tablero de juego" a la hija del Tiempo.

-Si es tan peligroso ése sujeto como para quitarte el apetito, ¿por qué no me envías a mí con un grupo de tus mejores soldados a solucionar el problema? Sirve que puedo hacer algo, ya que mis músculos están aquí encerrados cogiendo polvo. Ahora te recomendaría comer un poco y hacer de cuenta que tu problema se ha ido.

-Amor… -Hien le sonreía a Sakura muy convencido, sin saber que a quien pretendía ir a matar sería el mismo Chö. Sakura creyó por la culpa del Guardián del Destino que esa sería una de las mejores opciones, ver al mismo Hien traspasando con su espada a esa persona que de permitirla conocer más, se debía enamorar, esa persona que era la única capaz de arrebatarle lo más querido-. Puedes ir y por favor mátale en cuanto lo veas. Mis sirvientes han dicho que es muy escurridizo y que puede matar con solo tocar a las personas. No dudo de tu capacidad para llevar ésta importante misión. Haré que de inmediato preparen tus cosas para partir en su búsqueda.

-¿Tanta prisa tienes? –Hien soltó una carcajada, no podía creerse que hubiera tanto problema por culpa de un solo hombre-. Me estoy poniendo un poco celoso, piensas mucho en alguien que no soy yo, espero no te estés enamorando de él. Iré a liquidarlo de inmediato, muero de envidia.

-No estoy interesada en ése tipo de sujetos.

-Pero te roban el sueño y el apetito… es muy sospechoso –volvió a reír, pues lo tomaba a broma, en cambio Sakura no. Lo miraba sin pestañear ni mover un solo músculo facial. Hien tuvo que alzar los brazos en son de paz-. En fin. Tú mandas. Iré a besar a nuestros hijos antes de partir, no sea que no pueda volver a verlos-. Esa fue su última broma.

Hien tomó algunas de sus pertenencias, se cortó un poco lo cabellos, mismos que lo poco del largo que quedó se los sujetó en una pequeña coleta. El cabello se le explotó de formas muy rebeldes, que ni sus propios hijos lo reconocieron hasta poner atención en su cara. En fin, llegada la hora de partir y hechos los preparativos salió del palacio con un grupo pequeño de los mejores soldados. Sakura les dio estrictas órdenes de matar al pequeño delincuente sin importar cómo fuera. En cuanto partieron ella fue a ver lo que le depararía en el futuro al grupo de viajeros. Era tan solo un espacio en blanco, no había certezas sobre ello. El mismo Guardián del Destino estaba arriesgando a Hien y Chö a sus propias decisiones.

"Dice la leyenda entonces que la bruja con todo su poder y aún con todas sus trampas no pudo vencer al Destino, por lo que el muchacho que ella quería, terminó conociendo a aquella otra persona"

-¿Por dónde comenzamos a buscarlo? –Quiso saber Hien.

-Tenemos información, de que la última vez que actuó se estableció en un poblado, al sur del reino de Luz y Fuego. Ellos lo han mantenido a raya para que no cruce sus fronteras, pero de rodear a ése reino su próximo destino podría ser rumbo a nuestras tierras.

-Ya veo. Ésos tipos del reino de Luz y Fuego, son personas rudas y especiales. De acuerdo, iremos entonces para ese lugar primero y de ser necesario seguiremos por los alrededores.

Hien no tenía la capacidad de ver el futuro, pero tenía un buen instinto para dirigirse por sus propios medios. El viaje les tomó un poco más del tiempo estimado y al llegar a "casa" de Chö la encontraron vacía. La astucia de él lo ponía en guardia el resto del tiempo.

-¿Qué hacemos ahora? –Preguntó uno de los que lo acompañaban.

-¿Nos separamos para buscarlo?

Hien se rio de aquellas preguntas.

-Él ya está acostumbrado a que se le busque, así que intuyo que… me agrada como presa, no es del tipo de los que huyen.

Se rascó finalmente la cabeza, mientras buscaba algo de valor dentro de la casucha deshabitada.

-Pasaremos la noche aquí, después regresamos a casa.

Hubo murmullos entre los soldados, de que tal vez Hien no se tomaba en serio la misión, pues encima quería que todos muriesen en la noche, durmiendo en dominios enemigos, mientras tranquilamente se ponía a escribir. Al cerrarse la noche, eligió al más joven e inexperto del grupo para montar la guardia y simplemente se echó a dormir quedando de inmediato tan dormido como si nada pasara.

-Ése viejo me está provocando a atacar de la forma más fácil –Chö se enjugó los labios con la lengua. Oculto desde un árbol cercano, observaba atentamente lo que sucedía. El pobre soldado que montaba la vigilancia temblaba como una hoja bajo su armadura y por ningún motivo soltaba la empuñadura de su espada. Ante el más mínimo movimiento del aire agitaba el filo del arma.

Chö cortó una ramita del árbol, para ponérsela en la boca. El soldado miró en aquella dirección.

-¿Quién está allí?

Chö se dejó ver, saltando fuera del árbol. Su vestimenta era sencilla, un pantalón amplio en las piernas, un cuchillo en el cinturón de tela, la camisa desgarrada a fuerza de parecer un chaleco abierto por el frente y mostrando un musculoso pectoral desprovisto de cualquier protección o mínima armadura. Los pies los llevaba vendados con harapos. El resto solo era su malvada sonrisa de chiquillo travieso. Movía la rama en su boca mientras se rascaba un poco los principios de una barba de tres días.

-Buenas noches.

El soldado apuntó hacia él la espada. No podía saber si era quien buscaba a menos que demostrara sus habilidades asesinas. Chö rodó con fastidio los ojos, para añadir:

-¿A qué debo el honor de sus visitas en mi casa?

-Tú… tú… tú…. ¿eres ese hombre? ¡Tenemos órdenes de darte muerte!

-Ah, sí. Algo he oído. ¿Te pagan bien por tu trabajo? Es decir, por trabajar horas extra, yo si fuera tú les cobraría y muy bien.

El soldado muy nervioso, se metió a la casa para despertarlos a todos. Mientras lo hacía, Chö se sentó en el suelo a esperar. Pronto tuvo a todos acorralándolo, excepto a Hien, quien apenas se estaba poniendo de pie, el sueño era más poderoso que él. Salió rascándose la cabeza y dando un gran bostezo. Sería la última vez que se tomaría algo con tan poca seriedad. Chö solo contra todos esos hombres, con al menos diez puntos asegurados para ser atravesado, los miró con tranquilidad pensando que quizá sí estaba un poquito en problemas, esos "chicos" se veían más duros de matar que muchos otros que había enfrentado.

-Aguarden, dejen que yo le haba un par de preguntas a nuestro prisionero.

Los soldados abrieron el círculo para dejar que viera al sujeto. Entonces sus miradas se cruzaron por primera vez estando en la Tierra de los mortales.

-Buenas noches, ¿es usted quien me persigue esta vez?

-Buenas noches. ¿Por qué no esperaste a que amaneciera? Todavía tengo mucho… -volvió a tallar sus ojos-... sueño.

-Lo siento mi "Lord", no era mi intención interrumpir su descanso.

Chö miró de arriba abajo a Hien, calculando la cantidad de oro y valor que cargaba encima. Acababa de encontrarse con el "pez gordo"

-Te estaba escribiendo una carta, sobre dejar de atacar a la gente y dejar de robar, etcétera, etcétera…

-Es muy educado de su parte, se lo agradezco, pero yo no sé leer.

Hien volvió a reír. Chö apenas se sorprendió de ésa reacción.

-Tienes toda la razón. Maldición he sido muy grosero. Solamente quería dejarle el recuerdo de que estuvimos aquí y negociar. ¿Por qué usted quiere negociar, no?

-Claro, aunque me vea como un hombre hundido en la miseria y la ignorancia, no significa que no entienda sobre asuntos de negocios. ¿Qué precio tiene su cabeza?

Salida de la nada, una espada apuntó al cuello de Hien, tan cerca que podía haberlo atravesado en cuestión de un pestañeo.

-Bravo. Me tienes. Veamos, mi cabeza está en juego… -Los soldados alrededor hicieron distancia, entendiendo que si hacían algo se quedarían sin su rey-. ¿Cuánto quieres a cambio de mi cabeza?

-No es cualquier vida, a juzgar por sus ropas "reales"

Hien volvió a reír. Ahora tentó un poco su suerte mientras seguía hablando con calma.

-Diga qué es lo que desea, libertad, el perdón de sus crímenes... oro en cantidades exageradas…

-Todo eso suena muy bien, pero no me da la garantía de poder vivir cómodamente el resto de mi patética vida. Si pudiera concederme el favor de contratar mis servicios para pelear contra la gente no deseada…

-¿Cómo usted?

-Sí, por ejemplo, pero sabe que no me mataría a mí mismo, es absurdo.

-Sí, no es divertido.

-Y para tener la seguridad de que no mandarán matarme, me encadenaré a usted…

-Oh, eso es pedir demasiado.

-Es eso o prestarme a su esposa, para divertirme. Oh, es verdad, no resistiría ni el primer beso, tengo el problema de que ninguna chica resiste más que a la mitad de uno…

-Ya veo… su vida debe ser muy triste.

Hien puso el dedo sobre la llaga. Chö dejó de sonreír y su espada entró en la carne de Hien un par de milímetros.

-Decídase pronto, mi paciencia tiene un límite.

-De acuerdo, tendrá su nuevo empleo y le conseguiré alguien que lo acompañe.

-Yo dije que usted.

-Entonces… -Hien apartó el arma con una señal de su dedo-. Ya que vamos a tener qué convivir juntos… ya que dormirá con el enemigo y yo en forma recíproca, ¿puedo pedir una cosa a usted?

-¿Qué? –Gruñó Chö.

-Saber su nombre, caballero.

Chö comenzó a reír… de igual forma Hien, hasta que se decidió a hablar:

-Chö es mi nombre, ¿y el suyo?

-¡Señor! ¡Tenemos órdenes de matarlo! La Reina dijo que él debía morir, traerá infortunio a nuestro pueblo si lo llevamos vivo. No hay forma de negociar con él. ¡Es una amenaza!

Al momento, los filos de las espadas se alzaron en contra de su presa indefensa. Una de ellas rozó su hombro apenas, siendo desviada por una dureza más fuerte que el hierro. Las otras espadas se hundieron en la espalda del Rey antes de terminar con su transformación… en dragón.

Un coloso animal tomó forma frente a ellos, de colores rojos y dorados por todas sus escamas y el pelaje que hacía una línea en su espalda hasta la punta de la cola. Los cuernos parecían hacer mención al fuego por su forma ondulada, las garras tenían unas uñas grandes como espadas de buen grosor, los colmillos eran el menor de los peligros presentes en su fisonomía. Su mirada se clavó en los soldados de la Reina. Su cola y cuerpo cubrió a Chö, protegiéndolo del alcance de cualquier criatura. Apenas abrió la boca, los presentes gritaron para hacer su retirada. La Reina iba a enterarse bien de lo sucedido. Hien exhaló fuego de su enorme hocico apurándoles a correr, más no matándoles. Atrapó a Chö entre sus garras, alzó las alas y fue pronto a buscar un lugar para ocultarse él y a Chö. Al encontrarlo volvió a su forma humana, ahora desnudo pues acababa de romper su ropa al transformarse.

-¿Qué cosa es usted? –Saltó Chö al suelo.

-Mi nombre es Hien. Soy el Guardián de Fuego.

Chö se rascó la cabeza, el nombre le sonaba de algo.

-¿Cómo no me di cuenta antes de que eras tú? –Hien iba y venía por la cueva en donde ahora se escondían. Un hueco enorme en un acantilado que terminaba más abajo entre el ruido potente de un río golpeando rocas por todas partes…

-Tienes sangre en la espalda… -dijo Chö por decir algo. Hien ignoró sus heridas curándolas con su propio fuego. Las espadas estaban todas desparramadas por el suelo.

-La situación es la siguiente… -murmuró o pretendía explicarse a sí mismo…

-Tengo hambre y usted acaba de dejarme en la disyuntiva de elegir saltar a ése abismo, sobrevivir no sé cómo y encontrar a una persona y alimentarme de ella… ó servirme de usted mismo, lo cual no es más que un aperitivo, señor "Guardián" y perderé mi escudo ante la reina.

-Lámame solo Hien. Escúchame bien, de ahora en adelante tenemos que estar juntos. Mi esposa te buscará por cielo, mar y tierra… Eres un chico con suerte en el sentido de que recordé sobre ti justo al oír tu nombre, porque de otra forma, hubiera dejado que te mataran. Y quiero decirte, que me alegro de encontrarte.

Chö alzó una ceja y escupió al suelo su ramita de árbol. Él lo había olvidado todo y aun recordándolo, no dejaba espacio en su corazón para esperanza.

-Si crees que me has hecho un favor, olvídalo. Hace un rato cuando me cogiste teniendo la forma de monstruo, te salvaste tú de mí debido a tu gruesa piel y usar las ésas uñas como garras. Y me trajiste aquí, a un lugar difícil de salir. ¿Qué se supone que haga? ¿Darte un aplauso? Tengo una mejor idea…

Chö corrió directo hacia Hien y lo tomó por la muñeca antes de que pudiera impedírselo; y no lo hizo, para nada se defendió de ser tocado. Chö drenó rápidamente energía, la suficiente como para quedar satisfecho, pero cuanto más se aferraba, más entraba en pánico: Hien no parecía notar en absoluto lo que él estaba robando… o tal vez sí.

-Toma cuanta energía necesites –Hien acorraló a Chö contra una de las paredes de la cueva y expulsó de sí mismo muchísimo fuego, difícil de controlar, que Chö se tragó a la fuerza.

-¿Qué cosa eres tú? ¿En verdad te consideras un Guardián?

-Algún día lo recordarás –Hien bostezó con pereza. Se apartó de Chö con intención de darle espacio, su amigo ya estaba "recargado" por decirlo de alguna forma-. Cuéntame cómo ha sido tu vida estos últimos años, mientras decidimos qué hacer, porque para empezar tienes qué dejar de matar gente, yo te daré la energía que necesites, prometí hacerlo; es decir, el nunca dejarte solo. Yo puedo encargarme de tu subsistencia y de hacer que hagas las pases con la Reina, mi esposa. Dejar el pasado atrás e iniciar una nueva vida.

-Suena excelente tu cuento. ¿Cómo sé que puedo confiar en ti? Mi vida ha sido un continuo desconfiar de la gente como tú, es decir, de la realeza, los ricos y poderosos -Chö se echó a reír-. Justo ahora no tienes pinta de ser uno de ellos, estando así de sucio y desnudo.

Hien no prestó atención alguna a su apariencia, y apenas notó lo mucho que estaba siendo contemplado por el muchacho.

-No puedo hacer que confíes en mí de la noche a la mañana. ¿Te parece suficiente con que hagas las pases con mi esposa? Te presentaré también a mis hijos, así verás que digo la verdad.

-Tienes el poder suficiente para volverte contra mí. ¿Por qué te interesaría un vago como yo? No es seguro que no me darás la espalda en cuanto deje de serte útil.

Hien irritado por la dificultad de convencimiento, se puso a dar vueltas como león enjaulado. Chö se sentó en medio, sin perderlo de vista, por su propio bien.

-Te daré lo que quieras, te llevaré a donde te plazca. Antes de llegar al palacio, debo escribir a mi esposa que llegué a un acuerdo contigo.

Mientras decidía esas cosas, Chö volvió a ponerse de pie con una idea fija: ¿Por qué ese ser que caminaba y hablaba sin parar, lucía bastante bien a pesar de estar sucio con su propia sangre? No solo era su porte o el corte de pelo, ni la amabilidad de sus palabras… algo tenía que no podía quitarle los ojos de encima. ¿Sería el fuego que de vez en cuando expulsaba de su cuerpo? ¿El sudor que humedecía su piel? Después de todo había hecho una difícil transformación que seguramente suponía ser un esfuerzo importante.

-"Viejo". Siéntate de una buena vez, me pones nervioso –Se quitó su burda camisa que hacía lo mismo que un chaleco y se la arrojó en la cara.

Hien agradeció el gesto poniéndose aquello amarrado a la cintura.

-No conoces la vergüenza –Lo encaró Chö como si fuera su madre, Hien rio un poco.

Se relajaron rato después, encendiendo una fogata y acostándose sobre las incómodas piedras.

Hien viendo que Chö tenía frío, le devolvió la camisa y se transformó en dragón, de esa forma lo rodeó y le hizo una cama un poco más cómoda con su propio cuerpo. Viendo lo cómodo que era, Chö se instaló a sus anchas sobre la piel escamosa y cálida. Una vez acomodado, comenzó a hablar de su vida, los asaltos y cómo elegía personas para ser sus aperitivos. Aquello no lo contó como si se tratara de lo más divertido, sino todo lo contrario, le daba náuseas él mismo y tener que sobrevivir a costa de otros. Habló sobre su don natural con tanto desprecio que al mismo Hien podía dolerle.

-Debe haber una buena razón para que tú tengas ese don. Por un lado te ha ayudado a sobrevivir, pues tú…

-Sobreviviría mejor sin ése don. Por ejemplo, no puedo tener descendencia siendo así. Yo quisiera poder hacerle el amor a una hermosa doncella. Tú me entiendes…

Hien lo miró sin burlarse en absoluto, también la idea de Chö sobre tener una doncella no le gustó.

-¿Sabes? Te confesaré una cosa, por muy bella que sea ésa doncella no significa nada. El rato de placer se vuelve absurdo una vez que pasa su efecto, si no hay amor de por medio.

Chö se volvió para poder ver la cara del dragón.

-¿Tu esposa es así contigo? ¿Hermosasinsentimientos?

-Hace tiempo que no le importo. Nuestros hijos lo notan, ya no pasamos tiempo de calidad juntos, es como si yo hubiera dejado de existir. Si no fuera por mis muchachos… creo que ahora no estaría tan preocupado por volver.

El dragón guardó silencio, mirando la fogata y reavivándola con un poco de su aliento, que pareció un suspiro triste. Su compañero guardó silencio también un momento a forma de respeto para ambos. Lo habían tenido todo en sus vidas para ser amos del mundo pero aún no eran felices.

Al ponerse el sol, el muchacho le hizo una rara petición al dragón, mientras acariciaba el pelaje y piel de su espalda.

-¿Te importaría dejarme acariciarte como humano? Nunca he sentido contacto con otra persona, salvo cuando era un mocoso, y siendo adulto no he sentido más que cómo se va volviendo tieso un cadáver, como pierde calor y se comienza a podrir. No siente, no respira más, no me ve…

El pequeño dragón se transformó nuevamente en su forma humana. Chö no se lo creyó lo rápido que fue cumplida su petición, estaba por usar las palabras mágicas: "por favor", pero Hien no se hizo esperar. El muchacho tragó saliva, mientras que el otro se sentaba recargando la espalda contra una piedra.

-Voy a decepcionarte –le dijo al momento de ver una tímida mano aterrizar en su rodilla y ascender con cuidado-. Las caricias no tienen mucho efecto en mí después de todo lo que he vivido.

-No importa, solo quiero poder hacerlo.

-Como quieras.

Era como pasar una mano por encima de una vela encendida. El fuego lo quemaría si se detenía, así que debía mover sus manos apenas un poco más deprisa. La más leve sensación tenía calor en respuesta. Las facciones de Hien seguían rígidas, no obstante la piel le regalaba a Chö un poco de calor como premio por su audacia. Hubo un momento en que quiso dejar a un lado sus manos y cambiar su "herramienta" táctil por los labios y la lengua, comenzando a besarlo en los labios, sin tener prisa en absoluto. Su propio pulso estaba jugándole una mala pasada al creerse descubierto con semejante ruido en el pecho. Su rostro se ruborizó un poco, levantó un párpado para asegurarse de si Hien notaba cómo se le erizaban los poros de la piel, o como sudaba, o cómo perdía el control de su ritmo cardiaco. Recibió una mirada ausente de toda emoción. Juntó las cejas, arrugando su frente en medio, por mucho que se concentrara, no podía leerle el pensamiento. Desistió, dando un suspiro, sobre lo que pudiera estar pensando ése extraño sujeto "Guardián de Fuego"

Hizo bajar sus labios para hacer camino por el cuello y de allí al pecho, muy bien marcado. Lamiendo un poco de sangre, un poco de polvo, un poco de sudor, un poco de sabor a piel. Fue descendiendo hasta el vientre a la altura del ombligo, se notaba sus intenciones de seguir bajando… Contuvo la respiración pensando en qué rayos estaba haciendo.

-Continúa… -Hien apretaba su mentón contra el puño, clavando los ojos en la nuca del aventurado Chö.

-Soy un chico con suerte –murmuró antes de proseguir.

Hien en reacción rodó los ojos a otra parte, ver a Chö le estaba causando problemas. Poco a poco iba recordando la sensación de vivir cerca de él, los celos que lo habían impulsado a robárselo para vivir en la Tierra y en contraste todo el tiempo que perdió en otros asuntos que no correspondían a su misión de proteger a ésa persona. Sin previo aviso, su cuerpo se movió contra su voluntad para besar los cabellos de Chö, sujetar la cara de muchacho travieso entre sus manos y solo seguir mirándole.

Las mejillas rojas, la lengua enjugándole la boca, sus ojos con una expresión de placer muy rara en Chö, según veía el Hien del futuro. Pero seguimos en los tiempos pasados, el Chö sediento de sensaciones nuevas se liberó de aquellas manos y volvió a su asunto de dejar caricias íntimas sobre Hien, deleitándose como si nunca más fuera a darse una oportunidad igual.

Sakura, la Reina, que se daba cuenta de todo eso, estalló en cólera, no podía ser que sus planes hubieran salido mal. No perdonaría a Chö, pero tampoco a su mismo esposo por tal infidelidad. Movilizó a todos sus sirvientes, soldados y gente dispuesta a luchar, para que vigilasen las entradas de alrededor del reino, con el fin de evitar que el sujeto llamado Chö pusiera un pie dentro de sus dominios y para estar listos a atacar en caso de que el Rey llegara y darle muerte al igual que a su "amigo".

Nada le iba a poder pagar los daños por la "humillación" causada, la bruja se llenó de odio hacia su propio esposo, su corazón se tornó oscuro, pensando en cómo dar muerte al compañero de cama, al padre de sus hijos.

Las alas del muchacho Chö se abrieron al reposar de su hora de pasión desmedida. Hien de forma distraída le acariciaba los cabellos como hacía algunas veces a sus hijos. Con el otro brazo aferraba el cuerpo de Chö contra el suyo, presionando en la cintura. Podía sentir la respiración alterada soplando en su cuello, los músculos destensarse, un vez que el dolor se aliviaba poco a poco.

El color le asaltaba a las mejillas con los viejos recuerdos. Sakura no sabía ya si abofetear a su novio o checarle la temperatura; ambas cosas eran desesperantes.

-Abre los ojos ya, no puedes quedarte dormido así como si nada, cuando me tienes junto a ti.

Con nerviosismo volvió a llamar a Chö, él contestó:

-¿Qué desea señorita Sakura?

Sakura ignoró sus palabras, Hien seguía comportándose igual. Sí, una bofetada sería la mejor opción.

-Chö, ¿puedes despertar a Hien?

-¿A estas horas? ¿Qué pasa con él?

-Escúchalo tú mismo.

Le acercó el celular a Hien, a quien se le escapaba hacer algún ruido y el sonido de su respiración no era tranquilo.

-¿Lo oyes?

-¿Qué le estas haciendo?

-Te acabo de decir que está dormido. Yo no he hecho nada, tú eres el problema.

-… -Silencio.

-Lo he visto cuando ustedes dos duermen. Me doy cuenta de que no es un sueño normal… lo que sea, no me agrada.

-Él debe estar soñando nada más, ¿cuál es tu problema? ¿Celos? –Chö sonrió-. La chica "tengo todo bajo control" eres tú, ¿no?

-¿Tú alguna vez has tenido sueños que sean recuerdos del pasado? No de tu pasado sino de alguien similar a ti.

-Hien mencionó algo de eso antes.

-¿Cuándo?

-Oh, es verdad, no puedes saberlo. No importa. ¿Qué con eso?

-No importa… -repitió Sakura las palabras de Chö con notorio enfado-. El punto es, yo aún no puedo recordarlo todo. ¿Tú has tenido ésos sueños también?

Chö clavó los ojos en el techo de su habitación mientras trataba de recordar…

-Si no es un tonto sueño ver que Hien se convierte en un dragón, entonces sí, algo he visto.

-¿Qué hacían él y tú juntos? Es decir, el otro "tú" y el "otro Hien"

-Ellos solo lo pasaban bien… no, más bien el único que lo pasaba bien era el tipo parecido a mí. Me viene a la mente que el otro Hien en realidad estaba con el modo de estar vigilándolo día y noche, mientras que el "otro yo" se divertía mucho a costa de él… como si fuera un tipo con suerte. Hien lo cuidaba de todos y huían por todo el mundo. Él como dragón cargando en la espalda a ese tipo como yo.

-¿Se veía feliz Hien? ¿Nunca lo fue?

-Si lo fue… yo no lo noté. Además mis sueños han sido muy pocos como para tener una amplia visión de eso. Pero podrás preguntarle a Hien mismo, cuando despierte, si tanto te interesa.

-Pregúntaselo entonces directamente… ¡Tú! ¡Pedazo de imbécil! Lo tienes en ésa casa, anda, date prisa.

-No sé por qué tiene qué llegarte la señal del celular si yo estoy dentro de la barrera… Como sea, espera al amanecer.

-Violaré a Hien si no lo haces ahora.

-Tú si que sabes fastidiar. –Chö entonces se puso a conversar con el Guardián de Hien que tenía a un lado. Sakura no podía oír al fantasma en absoluto por ese aparato, así que tenía que oír todo por parte de Chö… -Viejo, ¿tú has oído en tus tiempo de juventud, sobre un tipo que se le parecía a Hien y que… ummm sabía transformarse en dragón?

-Ah, me suena familiar. ¿Qué tipo de dragón? –le contestó el Guardián de Hien y se transformó en uno-. ¿De este tipo?

-Sí, así mismo. ¿Qué era lo que hacían tú y el otro como yo, en sus ratos libres?

-Buscar un refugio. Es todo.

-La novia de Hien quiere saber si fuiste feliz en ese tiempo…

-Oh… así que era ella. Bueno, puedes decirle que sí Chö era feliz, no necesitaba nada más.

-¿Es todo?

-Sí.

Y Chö contestó a Sakura lo correspondiente.

-Aquí, él dice con su tétrica voz, sin emoción que…

Sakura recibió la respuesta sin entenderle ni jota. Ése tonto Guardián no podía saber nada, además no estaba segura de que fuera él, ¿oh sí? De todas formas, el único que ella quería era a Hien, no al viejo Hien.

-Tú, Guardián de Chö, no es que me guste hablar contigo… ¿qué fue lo que pasó en ése entonces cuando estuviste vivo entre los hombres? ¿Cuál es su historia? La tuya y la del Guardián de Fuego.

Silencio. El Guardián "Mariposa" no sabía conversar mucho. Desplegó un poco sus alas fuera de Hien por la espalda antes de decir:

-Yo era un inútil. Utilicé a Hien para sobrevivir y él incluso se adelantaba a que se lo pidiera. Siempre fue así, él me protegía y ningún minuto o segundo me quería dejar solo desde que supo que la "Bruja" no tendría piedad alguna sobre mí, por eso me buscaba ella misma para darme muerte. Yo mientras viví nunca comprendí el actuar de Hien hacia mí, muchas intente también de librarlo de mí, pero él me encontró siempre. No ganaba nada teniéndome cerca, pero la "Bruja", es decir, tú misma nos encontraste cuando él estaba a punto de decirme la verdadera razón que lo ataba a mí. La hermosa esposa de Hien apuntó a mi pecho y ese tonto se atravesó justo en ese momento… Se trataba de un hechizo en forma de espada negra que debía destruir mi alma en mil pedazos. Hien redujo el efecto, fue atravesado él completamente, pero también me alcanzó a mí. Traté de disculparme por mi idiotez mientras que ese tipo se quejaba de no haber sido suficiente escudo par a mí. Yo fui de los dos el primero en morir y lo último que supe de él antes, era que decía amarme más de lo que podía imaginar. Que recordara que me amó primero a mí antes que a ti. Poco después de morir mi alma se partió en dos, a la vista de la gente solo me convertí en mariposa; y con Hien de forma similar, su alma se dividió en dos y una parte se asemejaba a una pequeña llama de fuego. Así la leyenda que los humanos conocen no contempla más que el error visual de los que estuvieron presentes diciendo:

"La bruja se valió de una última artimaña para separar a los dos enamorados. Convirtió en fuego a la persona que más amaba y al otro lo convirtió en un mariposa para que no pudiera acercarse a él aunque quisiera y así quedaron las cosas. La bruja había tenido uno o varios hijos con el chico que había amado mucho y eran el vivo retrato de su padre…"

-"…Ellos al enterarse de lo que su madre había hecho, invocaron la ayuda de los Guardianes tanto de la Tierra como de lo que hay encima de ella y recibieron la siguiente respuesta: que el espíritu del fuego renacería de generación en generación en sus descendiente, pero que también lo serían el espíritu de la mariposa y la bruja hasta que sus vidas cobrasen el curso normal decidido por el Destino, según el cual la bruja terminaría quedando sola como castigo por intervenir…" –Sakura conocía muy bien dicho cuento, sin creerlo del todo.

-El error de los observadores consistía en que ellos o podían ver los espíritus, como la bruja lo hacía.

-No hables de "bruja" para referirte a mí.

-Siento que decir "Sakura" te hará pensar en el tú de hoy.

-Como sea, continúa con eso. ¿Dices que se dividieron en dos? ¿Quieres decir que el Guardián de Hien… y tú… eran ese fuego y esa mariposa de entonces?

-La mariposa sí soy yo, pero el fuego es este Hien aquí mismo.

-Estas bromeando. El fuego no puede ser Hien, ¿qué hay de la otra parte?

-Esta claro que la parte que quedó guardaba aún la forma original del Guardián de Fuego. Él, si recuerdas, tiene un poder por encima de muchos Guardianes, así que cerró su herida de aquello que se separó de él. No le significó más que un separarse de un poco de poder, una pequeña partícula de su alma y fue todo… pero él no fue el que vivió rencarnando.

-¿Por qué no tengo recuerdo de que haya pasado así?

-Ese no es mi problema. En ése momento, Él como poderoso Guardián que es, debió hacer la barrera que mantiene aún hasta estos días en pie. Un tal Clow debió enseñarle cómo hacerla, o eso creo, solía hablarme de él algunas veces cuando intentaba hacerme aprender cosas y volverme fuerte, pero nunca funcionó.

-Y la otra parte de ti, ¿es Chö?

-Yo siendo mariposa no rencarne tampoco, solo esa parte que fue separada de mí, aquella pérdida me debilitó al grado de no ser capaz de volver a mi forma natural. Yo conservé la mayor parte de los recuerdos pero él la forma corpórea y una gran parte de mis reservas de energía. Él fue el que siguió rencarnando.

-A él tampoco puedo recordarlo.

-No tuvo hijos nunca, tomó de la descendencia de sus hermanos y parientes, yo lo seguía con mi forma modificada como una simple mascota.

-¿Qué hay de los recuerdos? ¿Hien y también Chö no recuerdan nada de sus otras vidas?

-Desconozco lo que haya pasado con Hien, hasta que el sello se rompió, pero el caso de Chö, él estuvo olvidando parte de sus vidas pasadas y ésos recuerdos que borraba venían a mí. De una u otra forma él siempre buscó a Hien, aun desconociéndolo. Ni siquiera puedo yo mismo decir si lo tuvimos enfrente y lo desconocimos. Ese sello que nos pusiste debo decirlo, siempre fue una molestia, una odiosa molestia.

-¡Lo volveré a hacer si ése idiota no deja en paz a Hien!

-Me sorprende que no hayas repetido ya el conjuro.

-Como dije antes, no lo recuerdo todo aún sobre mí misma. Sakura se ruborizó hasta las orejas.

-Mientes –el Guardián con forma de mariposa leyó en su cara y corazón con la habilidad adquirida por el tiempo-. Hay otra razón por la cual no lo has hecho todavía…

-¡Cállate! Lo que pasa es que…

-Es a causa del Destino, nuestro viejo amigo. En cuanto lo vuelva a ver quisiera invitarlo a beber juntos… lástima que en ésta forma no puedo.

-Él no es mi amigo.

-Es verdad, no es tu amigo. Bueno, pequeña, no deseo ser grosero contigo, pero el "Viejo" tiene su trajo y nosotros no debemos interferir cuando ni siquiera comprendemos de qué va su juego. Yo en tu lugar lo dejaría ser. Más que nada te lo digo por mi amado Hien, él no tiene la culpa de esto, y también lo digo por su Guardián, él que es lo más importante para mí. Odio no poder hacer nada por ellos, siempre he sido inútil y quiero dar por su bien futuro cuanto yo pueda. Así que, ése es mi consejo, si ves bien, no dejes que tus sentimientos te cieguen, deja que todo tome su curso y…

-Yo lo daré todo por estar cuanto pueda con Hien –Sakura apretó la mano del muchacho, conteniendo cuanto podía las lágrimas-. Es a él a quien yo amo y no quiero perderlo.

-Lo mismo yo.

Sakura alzó los ojos hacia el resplandor de las alas de mariposa.

-No tienes idea de lo que dices. Tú te lo piensas quedar a cambio de la parte que te falta en el alma. ¿Cómo te atreves a decir que lo amas igual que yo? Y él, su Guardián, ¿cómo puede permitirlo? Por el amor que una vez se confesaron, ¿no puedes olvidarte de hacer semejante tontería de fundir su alma dentro de ti? ¿Dónde quedaría él?

-¿Acaso tú no sabes que…?

-¿Qué…?

-Que Hien no morirá…

-En lo que he visto, él sí muere. Quiero resolverlo de alguna forma. Se supone que ya controla bien su fuego, pero… No lo sé, él no esta del todo bien. ¡Yo daré lo que sea! ¡Pero olvidarlo por favor no! No quiero…

-No es "olvidarlo", es retirar tus sentimientos por él…

-¡Da igual! ¿De qué me servirá que él siga vivo si ya no lo voy a amar igual? Temo de mí misma, de lo que pudiera hacer si recordándolo ya no lo amo… ¿Cómo podría yo vivir? ¿Qué caso tendría? Ciertamente que Hien siguiera vivo sería lo mejor… Esa parte de lo que hay después, no puedo verla con claridad…

-Si tus sentimientos han sido así de fuertes por él todo este tiempo, entonces descuida, él estará bien. ¿No es verdad, Hien?

Sakura se estremeció de pies a cabeza al ver que Hien después de que hablara el Guardián, abrió los ojos como quien se ha enterado de algo que no debería.

-¿De qué tanto te has enterado? Hien… -Sakura deseaba ocultar la cara en alguna parte. No había notado lo alto de su voz mientras hablaba. Escondió los ojos tras el pelo y giró a ver la ventana, sin prestarle la más mínima atención.

-Lo que entendí es que tu amor por mí es a prueba de todo. No lo merezco. ¿Y por qué debes sacrificarlo?

-Por que tú sigas viviendo, hijo –contestó el Guardián.

-No es así del todo… yo no soy tan buena queriéndote…

Hien se incorporó y tocó con su frente la de Sakura. Tomó sus manos entre las suyas para decirle:

-Lo siento Sakura, no tienes qué hacer cosas que no quieres. Prométeme que en adelante lo más importante serás tú, que dejarás de pensar en mí tan intensamente.

-¡Que no quiero dejar de pensar en ti! –Apretó fuerte sus párpados para retener las lágrimas que ya brotaban-. Y tampoco tienes qué copiar las palabras de tu jefe de grupo para decírmelas.

-Pero en serio, necesitas pensar un poco más en ti.

-¡No tienes idea! –Sakura se mordió el labio.

-No tengo idea de por qué una mujer tan bella tiene que perder su valiosa vida y tiempo con un patán como yo al que no deben restarle muchos días. Siendo así que yo no puedo corresponder en la misma medida… quiero hacer algo por ti, algo verdaderamente importante…

-Hazme el amor como se lo harías a tu jefe de grupo.

-No, algo mejor todavía que una felicidad efímera.

-¿Qué cosa? No te entiendo…

Hien miró por primera vez a Sakura con una enorme compasión. Sobre ella alcanzaba a ver un como sello de alas negras, a las que nunca había prestado demasiada atención, pues lo veía como algo común. Él acababa de darse cuenta de lo que significaban una vez leído aquel viejo libro de la biblioteca, que eran un reloj de tiempo en ésa muchacha. Una vez que ésas alcanzaran su tamaño, ella iba a morir. Si alguien entendía bien sobre ese tipo de cosas era el mismo Hien.

Dentro de los recuerdos del viejo Guardián de Fuego, la bruja había tenido ése sello siempre desde el mismo momento que fijaba los ojos sobre Hien. Unas veces creciendo más lentamente, otras veces más rápido. Lo que decidiera el Guardián del Destino desde que le hizo ésa maldición, era el sello de que su poder actuaba por encima de ella y sus predicciones. "Lo inevitable" debía seguir su curso tarde o temprano.

Hien no tenía ni la más mínima idea de cómo remover una cosa como ésa, no le valdrían ni todas sus vidas llenas de estudio en el tema, pero deseaba quitárselo a como diera lugar, como regalo por tanto afecto recibido, por tanta paciencia, desvelos y energías gastadas por él.

Apoyando su frente a Sakura, justo como estaba, hizo una petición en silencio al Guardián del Destino.

"Sea cual sea el precio que se deba pagar por retirar esa maldición de Sakura, cóbralo con mi propia vida si es necesario, o remueve el sello para ponerlo en mí"

El Guardián le contestó desde donde él se encontraba, haciendo su voz en el pensamiento de Hien, por temor a que Sakura o el Guardián de Chö se enterasen.

"Si eliges morir, harás infelices no solo a Sakura, sino sobre todo a la persona que amas"

"Dado que no puedo compensarlos ni estar junto a él, es la mejor opción por donde yo lo vea"

"El sello que puse sobre ella terminará de crecer en su próximo cumpleaños, ¿estás seguro de que lo quieres sobre ti?"

"¿Tan pronto?"

"…"

"No importa, lo tomaré igualmente"

"Debes saber que alguien más me ha pedido lo que tú quieres"

Hien contuvo la respiración, Sakura comenzaba a separarse de él un poco para ver su cara que se iba tornando pálida.

"Solo yo debo tomarlo en mí mismo, ya que es mi culpa que las cosas tomaran éste rumbo"

"Entonces así será, el mismo día de tu muerte, te lo daré"

"Gracias, Guardián"

-Hien, respira –Sakura susurró tocándole en la mejilla-. Te vez muy mal, será mejor que te deje descansar… Y no te preocupes por mí, estaré bien en tanto tú lo estés.

Él parpadeó volviendo a la realidad. Se volvió un poco más callado respecto a sus planes y ensayó más de sus sonrisas. Le entregó a Sakura alguno de los mejores besos que podía dar y trató de ser mejor novio para ella en lo sucesivo.

-Preparemos juntos nuestro día de aniversario, ¿te parece?

-Claro –Sakura sonrió un poco bajo sus lágrimas.

Terminaron los días de vacaciones. Chö esperaba frente a la puerta de entrada a Hien, éste nada más verlo le dijo:

-Eres un inútil después de todo.

-¿Es así como saludas a tu superior?

-Sí, como sea. Iré a las oficinas. ¿Puedes encargarte de mis cosas?

Hien dejó a Chö para ir a pedir su examen de graduación, consistía en un mar de preguntas que debía contestar bien en todas, lo cual le tomaría días. Así cambió su aula de clases por el cubículo de examen para graduación. De paso le servía para evitar a Chö unas cuantas horas. En cuanto los profesores notasen un error en sus resultados de examen, podían decirle que éste había finalizado y le daban la notificación de si saldría de la escuela o si debía seguir estudiando. El aula estaba por consiguiente, vacía. Nadie hacía su examen final a mitad del año escolar, sino hasta los últimos días, tras aprovechar todo el tiempo posible de estudio. Aparte de ése tipo de examen quedaba la opción de vencer en duelo a un profesor o a un alumno ya graduado de ése Instituto solamente. Hien odiaba las peleas, pese a que era su carta de triunfo, así eligió el examen escrito.

-¿Cómo te va en el examen? ¿Cuántas hojas llevas?

Chö le arrojó una lata de cerveza fría al regazo. Él se bebió otra. Senji escribía cosas en su cuaderno con la comida ya servida a un lado, Tenshi se… peinaba y apenas había probado sus alimentos. Cada uno en lo suyo como siempre. Hien parecía tener una dolorosísima jaqueca y no dejaba de leer libros y libros, hasta que su jefe de grupo lo interrumpía, claro.

-Te vendría bien un descanso, he oído de primera mano que esos exámenes exprimen los sesos a quien trata de aprobarlos.

-Llevo treinta páginas –dijo escuetamente, llevándose la lata a los labios, todavía sin percatarse de lo que era. Escupió al primer trago-. ¿Qué demonios? ¿Pretendes envenenarme?

-Es deliciosa, no me digas que no bebes… -Chö soltó una carcajada, sabía la respuesta con solo ver las mejillas encendidas de Hien.

-No se te pueden pedir favores. Quería un refresco de manzana, no esta porquería.

Chö cogió la lata de sus manos y se la puso en la boca a la fuerza, sin dejarlo respirar hasta que se la terminó.

-¿Lo ves? No fue tan difícil –La lata fue a parar contra su cabeza.

-Eres un… En fin, no tiene caso perder el tiempo contigo.

Hien se rindió de luchar para seguir con su estudio. A Chö se le estaban acabando las ideas para llamar su atención, a todas escapaba más pronto de lo deseado. Su imaginación se disminuyó hasta tener que hacer el primitivo "pinchar" con el dedo. Nunca había tenido que caer tan bajo.

-Chö deja de hacer eso, me lastimas las costillas.

"Me lastimas" Buen pretexto. Bufó Chö maldiciones. Rogar por atención. ¿Quién tenía que pedir? ¿No era mejor solo robarla? Se puso de pie tras la silla de Hien. Le hizo recargar la espalda contra la madera. Lo tomó por el mentón y le robó un beso a la fuerza. Hien le lanzó una mirada asesina en cuanto se apartó… dos segundos de "advertencia visual" y volvió a darle sus ojos a las letras de los libros.

Fastidiado por el "no me importa lo que hagas Chö, no te haré más caso", tomó su chaqueta de la silla y se largó del comedor. Se bebió su lata y la arrojó en el primer cesto de basura que se le atravesó. La caja expendedora de cerveza lo llamó desde el fondo del pasillo, donde era el comedor de los profesores.

"Ven Chö, yo tengo lo que tú quieres"

Vació sus bolsillos allí, llenó una bolsa con latas y se dirigió en vez de a su salón de clases al aula vieja de los ensayos. Y a beber. Lo que salió después de su garganta no podía llamarse cantar, pero qué potente era, no necesitaba de micrófonos para hacerse oír, no obstante Hien no lo iba a escuchar. Siendo así, se dirigió a las afueras del cubículo de examen de graduación, a cantar con todo.

Hien desearía que se lo tragara la tierra por una parte, debido a la escena, pero por el otro estuvo a muy poco de soltar el examen que le torturaba los sesos, para unirse al alboroto. Se mordió el labio repitiéndose mentalmente: "concéntrate en el examen, solo el examen importa".

Entregó sus hojas cuando el tiempo terminó al profesor encargado de dar este tipo de examen, y no era otro que el profesor Tsubasa. Él notó que las hojas estaban un poco humedecidas y quiso preguntar si todo estaba bien, pero Hien no le dio tiempo pues salió del aula muy de prisa. Pasó de largo junto a Chö con el ceño fruncido y apretados lo puños. Él ni siquiera lo reconoció, siguió cantando como tonto, teniendo la vista borrosa y balanceándose de un momento a otro, hasta ser vencido por el cansancio.

Hien cerró detrás de él la puerta, una vez llegado a su habitación. Arrojó los libros a su cama, vaciando la mochila.

"Concéntrate en estudiar…"

Sabía que si prestaba un segundo más de atención a Chö, terminaría diciéndole que tenía sus días contados hasta el primero de abril… ¿Para qué quería sacar el examen tan temprano? Si salía bien todo, a finales de enero ya estaría fuera del Instituto… después prepararía el papeleo para vender la casa de sus padres y así entregar el dinero a la familia de Sakura… ellos que habían sido muy buenos con él todos ésos años. Después se dedicaría a hacer las cosas que más quería, antes de morir. Había realizado una lista:

-Volar en un globo y en avión.

-Pasear en un tren de vapor

-Montar un caballo.

-Visitar el bosque de la mariposa monarca.

-Dibujar a su madre y a su padre junto a él.

-Trepar a lo más alto de un gran árbol.

-Comer helado hasta hartarse.

-Dormir en una cabaña.

-Hacer una bufanda a Chö y al abuelo y unos guantes a Sakura y a Tía Lucy un gorrito.

Entre otras cosas, y al final ponía "hacer crecer mis alas en su máximo tamaño" Su letra era temblorosa en esa frase. Tales eran sus planes y los había escrito durante el final de sus vacaciones de invierno.

Cuando Chö pudo llegar a su recámara, Hien estaba más que dormido sobre sus libros.

-¿Cómo se te ocurre dormir así?

Le echó las mantas encima y apartó los libros. Aprovechó para dar un vistazo a las alas, estas parecían empezar a sanar, era un alivio. Al final, él mismo se tumbó en su cama sin cambiarse de ropa o echarse las mantas. Quedó dormido apenas tocó la suavidad de su cama.

-¡Hien! ¿Qué pretendes, que te abofetee? No tienes por qué ignorarme tanto.

-Chö, enséñame algo, todo lo que tú sepas… por favor, yo no debí quedarme dormido…

-¿Es tu forma de pedirme un favor? ¿Después de como me has tratado?

-¡Hey! Tú tampoco me has tratado muy bien. ¿Te gustaría que yo te pusiera en ridículo frente a todos?

-Pues…

-No contestes. Ayúdame entonces para pasar ya el examen. ¿No era lo que querías? Que me graduase este mismo año…

-Lo era hasta que tú te volviste distante conmigo.

-No estoy siendo distante, solo no tengo tiempo.

-Es igual.

-Bueno, sí, lo siento. Olvídalo ya. Enséñame a practicar… no sé… la valoración de fuego por ejemplo…

-Esta bien, pero con la condición de que pongas toda tu atención.

-Lo prometo.

Chö atravesó la línea imaginaria de "espacio personal" de Hien. La práctica requería de contacto, así que le puso la piel de gallina, tanto como la vez en el arroyo…

Para empezar, no hay espacio a tener dudas… ¿Hien? Estas temblando como una hoja. No voy a violarte o cualquier cosa que temas.

-Pase lo que pase, a quien amo es a ti. ¿Lo recordarás?

Chö le dio un golpe en la cabeza.

-Te dije que pusieras atención. ¿Eso tiene algo qué ver con nuestra lección?

-No. Lo siento.

-"Lo siento" –Repitió Chö como cansado del juego-. Dame tu mano.

Hien se la dio, Chö comenzó a darle las indicaciones. Hien ya tenía la teoría, solo debía practicarlo. Cuando su ensayo estaba por terminar Hien le dijo.

-El domingo voy a estar con Sakura en nuestro aniversario como novios. Necesito que me prestes tu cámara de video… Dile al abuelo que me disculpe no poder ir a visitarlo, dale saludos de mi parte y bueno, gracias por la lección.

-Está bien, lleva la cámara, y yo le daré tu recado. Tú échale ganas a tu examen.

-Chö…

-Dime…

Los ojos se cruzaron por más de diez segundos, era lo más largo durante todo lo que había sido ésa velada.

-No es nada.

Hien había alzado sus manos para abrazarlo, pero desistió, fingiendo acomodarse la corbata en el cuello.

Un momento más tarde despertaron ambos, uno con una cruda fatal y el otro apurándose para llegar temprano a su examen. Era un sábado, así que para cuando salía Hien del aula del examen, ya no estaba Chö en la escuela.

-Mañana es el día… -suspiró-. Ojalá que Chö lo entienda. Debo hacerlo, estar con Sakura, ella me necesita.

-¡Hey! Hien

-¿Hola? –Hien tardó un poco en reconocer a Jinzou, hermano de Akuma y Mizu, los que formaban esa banda de música.

-Que tengas un buen fin de semana.

-Ah, gracias –y luego pensó "recuerda mi nombre"-… igualmente.

Le daba una rara sensación saludar a ésos chicos. Akuma no lo miraba y Mizu saludaba con energía, Jinzou solo le dijo:

-Suerte –como si anunciara algo, un evento del cual le deseaba que saliera bien librado. Hien solo devolvió el saludo.

-Gracias e igualmente.

Dicho eso, salió del Instituto. Llevaba con él una cajita de regalo con las últimas plumas que habían caído de sus alas, a Natasha dentro de una bolsa gruesa de tela y el regalo de Navidad que Chö le dio lo dejó dentro de la mochila con el resto de libros a falta de espacio en sus maletas.

En casa del Director, Tsubasa recibía de su madre la noticia:

-Este fin de semana es importante para el pequeño Hien. Quisiera ir a la casa de su abuelo, pero como sabes no puedo entrar, necesito que lleven un par de recados en mi nombre. Si no es mucho pedir

El esposo de aquella Sakura asintió con amabilidad mientras sostenía entre sus manos un importante documento para Hien.

-Yo también tengo qué darle la noticia de esto. Su examen va muy bien pero ya no hace falta que lo siga presentando…

-Tú también estas siendo muy blando con el muchacho.

-Desde luego, siempre y cuando vea que me tiene una buena sorpresa, como es la que esperamos –Guiñó un ojo a su hijo. Él lo comprendió todo entonces.

-¡Por supuesto que iré a llevarle tu recado!

-Dirán, a dejarlo en casa de su abuelo.

Los padres de Tsubasa lo miraban con amor a su muchacho. Él estaba al filo de su silla, en suspenso de los posibles eventos. Todo se decidía para él al día siguiente. Hizo una fuerte plegaría a su Guardián, del Destino, para que todo fuera a salir bien.

Lejos de allí, Hien hacía una parada en una tienda de joyería, Era una estupidez, se decía, pero el caso era que había mandado hacer anillos el mismo día de la excursión escolar, que tuvieran grabado el nombre de Sakura, otro con el suyo y otro más con el nombre de Chö. Se los guardó dentro del bolsillo del traje que recién acababa de comprar para el día de su cita con Sakura y por último preparativo llevaba prestada la cámara de video de parte de Chö.

-Todo está listo para mañana.

Chö esa noche ante de ir a dormir la dedicó exclusivamente a distraerse en un estudio en particular: "cómo hacer para manipular a la persona de la cual se ha recibido dentro del propio cuerpo un poco de su fuego" Tal lectura era entretenida, pero entendía solo la mitad.

El abuelo de Hien vio el título de su libro y sonrió.

-¿Acaso pretendes hacer que mi nieto obedezca órdenes tuyas?

-Ojalá lo supiera hacer, pero esto esta dejándome fritos los sesos con advertencias y detalles absurdos.

Chö armaba un muñeco de trapo para tratar de moverlo y aprender a hacer movimientos o solo imaginarlos… Pero eso era todo un problema.

-¡No puedooooo! –Estalló la puerta de su habitación en cuanto se rindió. No había forma de intentarlo siquiera.


TwT Saludos de LucyMery. Lo siento tanto por tener abandonado el fic. La escuela se ha apoderado de mi tiempo como no tienen idea y por eso mismo es que tardaré bastante en traerles los capitulos finales. Sí, esto esta llegando a su parte crítica y luego será el desenlace. El próximo capítulo el 11, será "Decisión de Hien" Mismo que pueden ver ya en cómic en mi cuenta de DeviantArt: lucymerychan . deviantart . com

Novedades pues..., ya casi todo ha sido revelado aquí con respecto a los Guardianes. Para que me digan que tal les parecieron... les agradaron o desilusionaron .. Y también aparecen los hijos de la antigua Sakura con el Guardián Hien... amo a esos pequeños. También hay una imagen de eso en mi cuenta de deviantart para aquellos que no lo han visto, buscan solamente en la carpeta de mi galería con el nombre de "Bajo tus Alas Imágenes"

Para asuntos de acosar a la escritora, pueden buscarme en mi facebook donde aparezco como Lucy Mery Arellano, o si lo prefieren para exponerme sus dudas, quejas y sugerencias. Que seguramente tienen más de alguna. Solamente, eso sí. Si me agregan por el facebook pues me dicen de dónde los conozco xD porque soy bastante despistada.

Ahora bien, pues el siguiente capítulo no sé si se los entregaré como regalo de Navidad... No es algo seguro Ya saben lo mucho que tardé en subir éste solamente, por lo tanto, yo espero en vacaciones adelantar ésto o sino estaré dibujando el comic que es como una segunda parte del fic "Bajo tus Alas" llamado "Wings of Destiny", donde la escribora es una amiga y yo solo realizo la parte de dibujar.

Entonces, nos vemos por allí en el facebook, deviantart o en los mensajes que dejen aquí. Byee!