¡Hey, hola a todas!
No voy a dejar muchas notas de autora... pero, tuve algunos problemas xDD el jueves fue mi cumpleaños, y entre el festejo y eso, me retrasé un montón. Eso fue una avalancha de problemas... en fin, tienen suerte de que esté escribiendo esto xDDD
Escribí 5 de 6k hoy.
Pero bueno, ese no es el tema. Les voy a dejar leer.
Se removió suavemente, comenzando a despertarse. Su cuerpo se sentía algo adolorido y cansado. Trató de acomodarse mejor para dormir entre las suaves colchas, pero un agarre firme en su cintura disminuía sus movimientos.
Levantó su cabeza, abriendo los ojos extrañado. Encontró a Eren acurrucado cómodamente contra su espalda, en una expresión de completa paz.
Allí recordó como él mismo le había arrastrado al interior de su apartamento, a sabiendas que Hanji tenía turno noche. Como se besaron hasta caer en su cama y se habían consumido en la pasión. Cómo luego de eso cenaron juntos en el sofá viendo una película, hasta que se desbordaron nuevamente, haciendo que las ropas sobraran.
Se estremeció al recordar las sensaciones. Podía sentir los miles de besos aún a flor de piel, acompañados de palabras llenas de amor. La sensual imagen de Eren encima suyo, desnudo y jadeante, hecho un completo desastre. Esos ojos turquesas nublados de placer y amor hacia él, el impulso de correr algunos mechones pegados a su frente para poder verlo mejor… todo eso lo golpeó como un balde de agua fría.
Se mordió el labio. No exactamente… fría…
Miró la razón de su despertar, el reloj de la mesa de luz chillaba como todas las mañanas. Eran las seis y media de la mañana. Se pasó una mano por el rostro. Haber terminado durmiendo a las dos y algo de la madrugada completamente exhausto no había sido una buena idea.
—Oye— llamó con la voz cansada al león durmiendo a su lado, junto a su Louie. El gato había simpatizado automáticamente con el moreno cuando lo acaricio y jugueteó con él en el sofá mientras él cocinaba algo.
Si, los había observado.
Y aunque sonara marica… menuda escena más tierna.
Movió suavemente a Eren. Este frunció el ceño y se acurrucó aún más contra su cuerpo desnudo. Estiró su mano, tratando de alcanzar el aparato. No lo logró, el cuerpo enorme se interponía y no le dejaba mucho espacio en la cama de una plaza. Se dejó caer pesadamente en la almohada, cansado. Apenas la tocó, sus párpados comenzaron a pesar. Que ganas tenía de cerrarlos. Observó las facciones pacíficas de Eren, inocentes y vulnerables. Soltó una risita al ver un hilo de saliva brillante en una de sus comisuras. Roncaba levemente, haciendo que su tonificada espalda morena subiera y bajara lentamente.
—Oye…— insistió, moviéndolo un poco más. Frunció su ceño y emitió un sonido de queja, removiéndose en el lugar.
—Hm…— tentó a caer dormido de nuevo, afianzando el agarre a sus caderas. Su voz había salido ronca y adormilada.
—Oye, dame el despertador— no entendía como él estaba tan tranquilo soportando ese sonido, tan horrible. Lo había comprado por ello, no soportaba más de unos segundo se escucharlo— ¡Oye! — lo zarandeó, ya sin paciencia. Uno de esos ojos turquesas se abrió, y levantó un poco su cuerpo, tratando de reconocer el lugar. Luego de enfocarse en él, le sonrió como un idiota, dejándose caer contra la almohada de nuevo. Acaricio con suavidad la piel de sus caderas, mimándolo.
—Hey— dijo con la voz ronca y pastosa, sonriendo ampliamente.
—Dame el despertador— pidió. Él frunció el ceño, rascándose la cabeza tanteó la mesa de luz rudamente hasta dar con el insufrible aparato. Su mano enorme se estampó pesadamente contra el objeto— Ups— se lo tendió, luego acercándose y acurrucándose contra su pecho. Rodó los ojos, en parte la cabellera chocolate le hacía cosquillas. Al sentir un besito peligrosamente cerca de su tetilla, le dio un golpe.
—Déjame levantarme— pidió luego de detener el sonido estruendoso. Los brazos de Eren le estrecharon, parecían un candado alrededor de su cintura. Se quejó.
— ¿Para qué querrías levantarte tan temprano? —Acarició su cuello con la nariz, exprimiéndolo un poco más en una especie de berrinche mezclado con vagancia— sigamos durmiendo un poco más
—A diferencia tuya, que eres un viajero y hace lo que quiere, yo trabajo— se sacó con cansancio el brazo de encima. Levantó su cuerpo y pasó por encima del de Eren. Lo escuchó quejarse y pedirle que se quede. Pescó ropa interior limpia del armario y se la colocó, escuchando algunos murmullos obscenos inentendibles que dijo el castaño contra la almohada.
Salió de su habitación hacia el baño, lavándose la cara para despejarse un poco. Se secó con una toalla y prosiguió a lavarse los dientes. En eso, notó un montón de marquitas violáceas en su cuello. Las palmeó, gruñendo. Ese inútil atrevido…
Sintió sus pasos pesados cruzar la puerta de su habitación, buscándolo por el pasillo. Lo encontró y abrazó por detrás. Por suerte el maldito exhibicionista se había puesto un bóxer.
Se repetía no mirar hacia abajo esa prenda.
Notó con molestia (mucha molestia) como él dejaba algunos besitos sobre las marcas de la noche anterior.
—Que lindos chupones ¿Quién te los hizo? —preguntó con una sonrisa pícara.
—Un perro—quiso sacárselo de encima, pero recargaba todo su peso sobre él.
— ¿Qué quieres que te lo haga de perrito? —lamió su cuello, haciéndole morderse el labio. Sentía una mezcla de rabia y excitación… pero más rabia, estaba que tomaba el jabón del lavabo y se lo clavaba en el ojo. Lo escuchó jadear como un maldito animal— Warf— fingió un ladrido, chupeteando y lamiendo su cuello otra vez. Palmeó sus manos traviesas que quisieron ir hacia su trasero.
—Tengo que ir a trabajar— se excusó. No quería caer en la tentación de ese moreno, que lo sumergía lentamente.
—Falta.
—No puedo faltar— tomó un peine, pero cuando iba a repasar sus cabellos acomodados libremente por su almohada, Eren se lo quitó— es mi responsabilidad.
—También eres responsable de disfrutar momentos únicos e íntimos, Levi— le susurró, para luego voltearle. Quedaron cara a cara— sé un poco más egoísta, no pierdas ni dejes pasar las situaciones que se dan, quizás, solo una vez.
—Pero mi madre necesita ayuda en la cafetería— trató de liberarse, pero esos besitos que comenzaron a ser repartidos por sus hombros eran tentadores. Suspiró.
—Estos días no hay turistas— susurró— estará bien… se egoísta, haz lo que realmente quieres hacer.
—Es que…—desvió los ojos. Quería quedarse, dormir, acurrucarse con él, hacer el amor de nuevo, dormir después de eso y almorzar juntos— pero…
—Okay— se cansó, abalanzándose sobre su cuello. Chupó con fuerza la curvatura, haciéndole estremecer. Contuvo un gemido ronco de sorpresa.
— ¡Oye!—trató de separarse, pero terminó por rendirse. Vio por el espejo de la puerta la escena, combinando a eso la lengua de él lamiendo suavemente, un calor comenzaba a arremolinarse en su estómago. Eren se separó, y con horror, Levi comprobó que había dejado una enorme marca violácea, luciéndose en su cuello.
—No puedes ir con un chupetón así a tu trabajo— sonrió, como un niño que acaba de hacer una travesura— deberías quedarte aquí, conmigo.
—Eres un maldito manipulador— tocó suavemente el chupón, estaba tibio y húmedo.
—Tienes que ser un poco más libre, Levi— besó su oreja— tienes que hacer lo que se te plazca de vez en cuando.
—No es correcto.
—Es humano— rebatió, mirándolo a los ojos— créeme, he aprendido que hay cosas…—tomo sus manos suavemente, con ternura— que solo se dan una vez, y hay que aprender a aprovecharlas en el instante.
—No puedo hacer lo que quiero cuando quiero, como tú— no podía soportar su mirada, así que simplemente se dedicó a observar el muy interesante envase de shampoo.
—Es cierto, muchas veces me zafo y termino escapando de mis prioridades— admitió, Levi se interesó por eso— Nunca fui demasiado bueno soportando responsabilidades, pero, hey— tomó su rostro. Qué manía tenía de hacerle mirar esos profundos y hermosos ojos turquesa que poseía— Si estamos juntos… tú puedes enseñarme a priorizar cosas— acarició con devoción su mejilla, conteniéndose de comerle la boca a besos— y yo te puedo enseñar a cometer algunas locuras.
— ¿Te pusiste poético de nuevo?—se burló, sacándoselo de encima.
—Luego no te quejes de que no soy romántico cuando te digo que tienes un culo precioso, porque cuando lo hago te burlas de mí— se abogó, siguiéndolo. Lo abrazó por detrás— vamos a dormir— un pequeño besito fue depositado en su oreja.
Suspiró.
Quizás…
—No lo pienses— le dijo— decide ahora, vas a trabajar y te acompaño, te pones una de esas banditas grandes en el cuello— su aliento contra su nuca quemaba— O te quedas conmigo, aquí, tranquilo.
—Me pesará la consciencia— suspiró, caminando como un pingüino con él a sus espaldas—Pero me muero de sueño… tú ganas…
Un grito de alegría en su oreja, sumado a eso sus pies dejando el suelo, le sacaron un jadeo. Eren lo había alzado como una maldita princesa.
—Vine a una ciudad medieval y encontré a mi precioso dama— rodó los ojos, tratando de hacerle el viaje lo más incómodo posible. Sus brazos colgaban fuertemente del cuello— Duele ¿Sabes?
—Es la idea. No me vuelvas a llamar así.
— ¿Por qué? ¿Te avergüenza? —Abrió la puerta de su cuarto de una patada suave— Eh, Louie— llamó, el gato se había hecho toda una bolita en medio de los edredones. Rió levemente, removiéndose para bajar. Eren se quejó, tocando su cintura.
—Louie— Llamó suavemente, el felino movió sus orejas al reconocer la voz, luego estirándose, dejándole a la vista su estómago. Lo acarició levemente, para luego levantarlo y acunarlo en sus brazos. Abrió sus ojos ámbar, enfocándolos en él. Sus pupilas dilatadas no hicieron nada más que darle ternura. El ronroneo profundo, como un motor, hacía vibrar su pecho.
Sintió un pequeño clic.
Se giró ¿Cuándo Eren había sacado su cámara?
El objeto azul eléctrico se hallaba enfocado en él, otro clic se dio cuando la miró directamente.
— ¿Qué haces? — preguntó, dejando al gato acomodarse en la silla de su escritorio, donde se hallaba su notebook. El pequeño maulló de queja, pero ronroneó y se echó en la mullida superficie con solo tocar el costado de su oreja.
—Te saco una foto— tardó unos segundos en responder. Una de esas sonrisas molestas nació — ¿Acaso no es obvio?
—Claro que es obvio— molesto, recargó su peso sobre una de sus piernas mientras se cruzaba de brazos— ¿Por qué me sacas una foto?
—Porque eres lindo.
—Esa no es una razón— gruñó.
—Como un viajero, puedo decir experimentado, me atraen las cosas sumamente hermosas— se acercó y tocó su mejilla— tú eres una de ellas— deslizó su mano por el cuerpo, hasta llegar a ese lindo culo para apretarlo. Sonrió al ver la mueca de creciente molestia en Levi— y tu culo también.
—Y yo ya me iba a quejar de que te habías puesto cursi de nuevo— rodó los ojos, alejando esa mano traviesa cuando tentó a amasarle—No toques.
Hizo un sonido de queja, lanzándose pesadamente a la cama, moviendo un poco su cuerpo para acomodarse mejor. Enfocó esos (preciosos) ojos verdes-turquesa- lo que fuera en él. Sonrió de esa manera tan idiota que solo tenía ese inútil, palmeando suavemente su costado, un espacio vacío.
— ¿Te pusiste cómodo? —se burló, viendo como se había apropiado tan rápidamente de su cama. Su enorme cuerpo moreno y casi desnudo (reiteraba que prefería no centrarse en la delgada prenda que cubría su intimidad) ocupaba casi toda la cama de una plaza.
Suerte que él era pequeño.
No pudo evitar el pensamiento de cómo se acoplaban tan bien.
—Estaría más cómodo contigo a mi lado— abrió los edredones, metiéndose debajo y manteniéndolos arriba para él. Bufó, colándose allí también. Rápidamente su cuerpo con la piel de gallina por el frío agradeció el calor que emanaba ese despampanante moreno, y lo que le brindaba los cálidos edredones.
Carajo, que gloria.
Tal y como lo suponía.
No tardó más de cinco minutos en quedarse dormido nuevamente, entre el cansancio, el calorcito del cuerpo ajeno y esos dulces besos que eran repartidos con parsimonia por todo su rostro.
-x-
Se despertó suavemente, suspirando. La luz se colaba y molestaba u poco. Nunca estaba a ese horario. Su habitación, blanca y limpia, tenía algunas cosas en el suelo por el tornado que habían sido ellos dos la noche anterior.
Notó algo.
Eren no estaba.
Se levantó de un salto, y escuchó risas en el comedor. La grave de Eren… y la excéntricamente insoportable de Hanji.
Preparándose mentalmente, buscó una camisa entre sus cosas. Encontró una blanca que estaba con un solo uso, no le importó salir en ropa interior. A medida que caminaba por el pasillo, las voces se hacían más claras. Se deslizó hacia la cocina, que tenía una ventana-desayunador que daba al comedor. Eren estaba sentado en la banqueta del otro lado, dándole la espalda, mientras ella buscaba alguna estupidez. En silencio, y aprovechando sus pasos siempre silenciosos, se sirvió una taza de café caliente, aunque parecía estar hecho de hace un rato. Cuantas veces le había dicho a esa loca asquerosa que apagara la cafetera cuando se termina de hacer la bebida para ahorrar luz…
— ¡Aquí encontré el álbum! El mío se rompió, así que siempre tomo el de Levicienta. Vas a ver lo lindo que era en la secundaria ¡No ha crecido ni un centímetro!
Eren hizo un sonido de ternura.
Qué cosa más linda— le respondió, esperando ansioso ver las fotos. Había conocido a Hanji cuando se levantó a tomar un vaso con agua. Solo había vuelto a ponerse un par de Jeans (y ver el rostro durmiente de esa lindura francesa que le había robado el corazón) Ella fue al living, y notó inmediatamente a Levi en la cocina, apoyado cómodamente en la barra. Eren se giró, asustado, y cuando lo vio tan cerca de él (sin haberlo escuchado previamente) se sujetó el corazón en un sobresalto— ¡Carajo, que susto!
— ¿Se puede saber que hacen? —salió por la puerta, yendo hacia su amiga. Le sacó el libro de las manos, era un anuario. Su anuario. Con todas las fotos vergonzosas de la secundaria.
—No es lo que parece— se adelantó ella, pero de todas maneras le dio un golpe en el estómago. Se dobló, quejándose del dolor— tan cariñoso como siempre ¿Eh? Levicito.
—Eres peor que mi madre, ni ella le mostró mis álbumes de infancia.
—Pero prometo hacerlo— intervino el moreno— me habías dicho que tenías compañera de departamento, pero no me habías dicho que además de loca es encantadora.
Levi lo miró, y luego a ella, intercalando.
— ¿Lo drogaste?
— ¿Qué?
—Hanji, es simplemente imposible que seas encantadora ¿Qué le pusiste? ¿Alguna solución que haces con tus experimentos de loca desquiciada?
—Sí, de hecho, el que se tomó en el café es para que caiga profundamente enamorado de mí, y se olvide de ti para siempre.
—Hanji, que hermosa te ves hoy— alagó, siguiéndole el juego.
Levi no pudo evitar que la espina de los celos se instalara en su pecho. Lo miró y solo comenzó a caminar hacia la puerta de la cocina. De soslayo vio cómo se mordía el labio fuertemente, sonriendo. Al pasar a su lado, sintió como sus pervertidas y sucias manos agarraban desvergonzadamente su culo. Frenó, tratando de contener su ira. Error, lo atrajo más cerca y lo manoseó de nuevo, pasando sus dedos por debajo del borde de uno de sus muslos.
— ¿En serio?—gruñó.
—En este momento tienes que recordar cuando te digo cosas románticas.
— ¿Puedo recordar la razón por la cual estás en mi casa?—gruñó, molesto.
—Bueno, tú mismo me trajiste aquí dentro— sonrió, atrayéndolo. Se agachó un poco y sintió su nariz casi rozar el comienzo de su bóxer.
—Y te puedo sacar a patadas—se alejó de su toque, consiguiendo quejas. Metió un dedo como gancho en el final de su espalda, atrayéndolo por el elástico de su ropa interior. Tembló de rabia. Hanji reía estruendosamente (¿Podía acaso de otra manera?)
—Yo lo dejo estar aquí— justificó la francesa— Pero fuera de eso ¿No deberías haber ido a trabajar? Sentí tu celular sonar hace un rato— señaló el aparato, olvidado en la mesa de entrada. Cuando la noche anterior habían pasado por la puerta empujándolo todo a su paso, se había tomado unos segundos para dejar sus cosas que, en lo posible, debían evitar caer al suelo entre las telas.
Rezongó, yendo a ver el aparato. Tenía una sola llamada perdida de su madre, junto al mensaje que se lo avisaba (gracias, compañía telefónica por recalcar lo obvio). Eso no era normal. Como cualquier mamá, le habría llamado cuarenta veces antes de rendirse.
Quizás no tenía más crédito. Esa fue su esperanza.
—Qué extraño— comentó, tomando una tostada que había en la barra. Frunció el ceño, estaba quemada y seca. Seguramente las había hecho Hanji, esa mujer tenía la habilidad culinaria de un perro. Estaba seguro de que, aunque fuera una física Nuclear, antes que morir por una explosión o por la radiación, lo haría de inanición o intoxicación. Una vez la pilló casi poniéndole pasta dental al té porque había escuchado que el de menta ayudaba al dolor de estómago— No llamó más de una vez.
—Quizás no fue gente a la cafetería, como te dije— Abrazó su cintura posesivamente, atrapándolo. Le gustaba, no, le encantaba. Esa zona de Levi era tan suave, tan linda. Sus brazos se amoldaban perfectamente a ese casi imperceptible surco. La imagen de su francesito desnudo, esa perfecta combinación de sensualidad, picardía y masculinidad, le había hecho ver las estrellas.
—No lo sé… tu madre siempre ha sido impredecible…— Hanji fue a su habitación, alegando que iba a buscar alguna tontería. Él bien sabía que estaba huyendo de una posible catástrofe, nombrada Kuschel Ackerman.
—Iré a buscar algunas cosas a mi camioneta— besó su mejilla, resistiendo a la tentación de morder esa pielcita de color rosado suave—No me extrañes demasiado, lindura— se levantó, con intenciones de ir a la habitación a buscar las llaves. Aunque él había robado algunas prendas de Levi en el camino de besos a la habitación, las suyas habían desaparecido en proeza de esas hermosas manos blancas cuando llegaron a la pieza de su amor, siendo lanzadas sin cuidado.
—Eren— escuchó el llamado, sacándolo de sus recuerdos de la noche anterior. Giró sobre sus talones y mirándolo. Sacaba algunas cosas de las alacenas. El hecho de que se tuviera que estirar en puntitas para alcanzar las cosas más altas (Que ponía Hanji a propósito, se enteró de ella misma) le causaba una ternura inigualable.
Era tan pequeñito, tan lindo. Un lindo francesito pitufo.
—Esa loca asquerosa nunca come de manera decente, menos en las mañanas— tomó un pan casero de una canasta, lo reconoció como uno de los que hacen en la cafetería. Se acercó, y dejándole un beso en la frente para alcanzar con suma facilidad un tarro con café que tanto le estaba costando alcanzar. Su lindo amorcito lo miró con mala cara, luego rodando los ojos y cortando algunas rodajas— haré el desayuno, no te tardes demasiado. Tampoco salgas en cuero— dijo, refiriéndose en que ningún momento se había puesto algo en el torso— está comenzando a hacer frío, puedes llegar a enfermar. Que te mueras de pulmonía es una de las últimas cosas que quiero que pasen hoy.
Y Eren no pudo evitar el impulso de ir y abrazarlo por la ternura que lo inundaba. Esa preocupación camuflada con insultos y groserías había hecho que su corazón saltase y su estómago se llenara de mariposas, por muy gay que sonara.
—Qué lindo que eres— besó su oreja, llenando de besitos su cabello. Inhaló el aroma, llenándose los pulmones y grabando ese recuerdo del dejo de frutos rojos, mezclado con el aroma a sudor persistente en su cuerpo— esa cara de hijo de puta no va conmigo, ya sé que adentro tuyo estás lleno de amor.
—Cállate y ve, no tardes— lo empujó, comenzando a batir algunos huevos con canela, azúcar y esencia de vainilla.
Eren fue a la habitación, en busca de sus laves. No se molestó en colocarse una remera, con solo los jeans estaba bien. Bajó las escaleras, silbando con tranquilidad y satisfacción. Le gustaba la cotidianeidad, además de las excentricidades del mundo.
Podría despertar y desayunar con Levi toda su vida sin cansarse.
Su auto se desbloqueó cuando presionó el botón. Abrió la puerta en busca de su mochila. Allí estaba su mac, quería bajar las fotos y mostrarle de algún país, quizás Brasil. Algunas cosas de Río de Janeiro.
Como adoraba esa ciudad. Una combinación de mar, selva, montaña y ciudad.
La tomó de las correas, luego cerrando la puerta sin dejar de silbar.
— ¿Eren?—escuchó la voz de Kuschel a unos metros, entre enojada y sorprendida. Miró de reojo, y efectivamente, la mujer francesa estaba allí, enfundada en una campera y con un bolso.
Fingió no escucharla, caminando rápidamente al departamento. Cerró la camioneta desde la distancia y entró al cálido ambiente, cerrando la puerta detrás de sí. Levi lo miró raro cuando entró agitado a la cocina, a la vez que dejaba su mochila en el desayunador.
— ¿Qué pasó?—le preguntó. Al acercarse, distinguió cómo preparaba unas tostadas francesas con habilidad. Aspiró el aroma extasiado, junto con el del café y la naranja. Cuando su amorcito abrió la boca para preguntarle, tocaron la puerta.
—Tu madre vino a visitarte— dijo con nerviosismo. A Levi le recorrió un escalofrío la columna, sabía que tendría que enfrentar el enojo de su madre en algún momento, pero no creyó que tan pronto. Se mordió el labio, encargándole al moreno sus preciadas tostadas. El tipo ya estaba huyendo a la habitación cuando lo pescó.
—Ponte un par de pelotas y enfrenta las consecuencias— le dijo, molesto.
Fue y abrió la puerta, encontrándose con su madre, cabreada. Muy cabreada.
—Mamá— saludó, incómodo—pasa.
—Gracias— sus pasos cortos resonaron en el lugar. Después de avanzar un poco, le dio un buen y merecido carterazo a su hijo— ¡Y no te doy con una chancleta porque no la tengo a mano!
— ¡Auch! ¡Lo siento! — se cubrió el lugar, su madre seguía amenazándolo.
— ¿Por qué no fuiste? —Reconoció ese tono, ella realmente sabía que era lo que había sucedido, pero quería probarlo a decirlo— ¿fue mi imaginación o Eren estaba abajo sacando cosas de su camioneta, sospechosamente parecida a la que no volvió al estacionamiento del hotel anoche?
Iba a replicarle que no, pero el castaño se asomó por la puerta de la cocina. Abrió la boca, pero al recibir una mirada tan mortífera de su futura suegra, se metió adentro, volviendo por donde vino.
—Así que él está aquí— ella dijo, seria— eso significa que durmió aquí, y seguramente, juntos ¿Me equivoco?
—Ajá…— rezongó— ayer quedé molido, por eso desperté hace tan solo un rato— mintió, rogando porque su madre no se diera cuenta de su mentira.
—Levi— Eren se asomó su torso desnudo por la ventanilla— no sé nada de cocina… no sé cuando están listas…
—Buen día, Eren— saludó secamente, Kuschel, a la vez que veía atentamente como su hijo se iba por la puerta. Le dio instrucciones, tuvieron una mínima conversación y luego volvió— ¿Van a desayunar?
—No comimos nada— El pelinegro abrochó bien los botones de su camisa.
—Bueno, nos comimos entre nosotros— comentó Yaeger desde la barra. Levi lo miró como si tuviera una segunda cabeza. Le guiñó un ojo y lanzó un besito— buenos días, Kuschel. Lamento no haber saludado, es que… bueno, creo que si las tostadas se me quemaban me iba a quedar sin descendencia.
—No es cierto, querías huir de su enojo— gruñó— ahora mueve tu rasero aquí y pon la mesa. Yo vigilaré que no se incendie nada.
Así, luego de un rato, estaban sentados desayunando. Tomó la mano de su amor discretamente, a la vez que parloteaba sobre las cosas que había visto en sus viajes. Cuando se ponía nervioso, charlaba, y eso había servido para desviar el tema.
—Las tostadas están deliciosas, bebé— alagó su madre, colocándoles algo de dulce de manzanas encima— ¿Usaste mi receta?
—La de la abuela y la tuya juntas— comentó— las dos son muy buenas, así que las junté.
Luego de eso, el silencio se hizo de nuevo. Solo se escuchaban sus bocas masticando. Eren suspiró, molesto, apoyándose contra el hombro de Levi. Estaba molesto, en realidad. Su idea había sido un desayuno romántico en pareja, darse besitos y comida en la boca. Kuschel lo notó.
—Levi, estoy muy molesta porque faltaras— se limpió la boca con una servilleta, mirándolo a los ojos. Los dos pares de orbes grises chocaron— es en serio. Hoy no fue nadie, pero pudo haber pasado cualquier cosa ¿Dónde crees que conseguiríamos un camarero?
—Pero era probable que hoy no hubiera nadie…— murmuró.
— ¡Probable mis pelotas! —Levantó la voz, molesta— ¡Fuiste completamente irresponsable! Me lo esperaría de un adolescente ¡Pero por el amor de dios, tienes veinticinco años!
Eren se tensó por la situación. Apretó la mano de su amor, dándole fuerzas.
—Lo siento…— se disculpó.
— ¡Ya no tienes dieciocho! — de nuevo, esa palabra lo golpeó como una bofetada. Ella iba a seguir con sus frases, pero recordó al moreno. Este trató de abrazar preocupado a su hijo, pero este se negó.
Eren se arrepintió. Se arrepintió con toda su alma de haberle insistido que se quedara, de subestimar las responsabilidades de su francesito. De hacer que su madre se enojara tanto con él, que hubiera mencionado el tema que tanto lo hería.
Su irresponsabilidad le estaba cobrando a la persona que amaba.
Recordó la frase de Levi hace un rato. Y se puso un par de pelotas.
—Fue mi culpa— admitió, separándose y levantando el mentón— fue completamente mi culpa, yo le dije que se quedara aquí.
—No Eren, no te metas en esto— la mujer quiso interrumpirlo, pero no se calló.
Enfrentaría las cosas… como que se llamaba Eren Yaeger.
—Le he dicho que fue mi culpa— reiteró, levantándose— yo le insistí en que se volviera a dormir cuando se levantó para ir a trabajar. Yo le dije que habría poca gente, que no importaba que se quedara aquí. Yo lo insté a no ir— se rascó la nuca— todo reside en mis hombros, no lo culpe a él…
Ella se quedó en silencio, observándolo fijamente.
—Está bien— terminó por decir, lentamente— Lo dejaré pasar— tomó el último bocado de su tostada y se levantó, poniéndose la chaqueta— pero recuerda. Tú te vas a ir de este lugar, y podrás hacer lo que quieras. No tienes responsabilidades más que cuidar tu propio trasero— se dirigió a la puerta, dejando pasmados a los dos hombres— pero Levi tiene cosas que cumplir. No volveré a permitir que esto pase— y con eso, se marchó, realmente molesta.
Ambos se quedaron en silencio, sin ánimos ni apetito. El castaño se sentó, pasándose los dedos por el cabello.
—Lo siento— se disculpó.
—No lo sientas, yo dejé que me convencieras. También es mi culpa— se levantó, tomando los platos aún con comida, dispuesto a llevarlos a la cocina. Eren llevó el resto— lamento que el desayuno no saliera como esperabas.
—No, no, está bien. Estaba delicioso— besó su mejilla, no teniendo ganas de abrazarlo por detrás mientras lavaba los platos— creo… creo que mejor me voy… tienes que prepararte para ir a la tienda y bueno…
—No— se giró, sosteniendo su antebrazo antes de que se marchara. Vio la expresión afligida (una real, no la de cachorro) en su rostro— No te sientas mal.
—Es mi culpa, siempre soy un irresponsable… tu madre se enojó contigo por ello— se dejó envolver por los brazos de Levi, pero igualmente se sentía mal. Horrible.
—No te preocupes, te he dicho— golpeó suavemente su estómago, consiguiéndose una risita— deja de ser un idiota culposo, no pareces el inútil extranjero loco que llegó aquí y me miró el culo la primera noche pareciendo un vagabundo. Está bien, ya pasó ¿Crees que es la primera vez que mi madre se enoja así? —Rió— en un rato se le va a pasar y me va a llamar disculpándose por haber sido tan dura.
—Que ella se disculpe no quita que haya estado mal lo que hicimos…— tocó su rostro.
—Me disculparé por ello, no te preocupes—se dejó mimar, suspirando. Las manos de Eren siempre estaban cálidas— ahora vuelve a ser el idiota de siempre y cuéntame sobre algún lugar al que hayas ido— se dio la vuelta, lavando los platos. Eren sonrió, sentándose en la barra del desayunador.
— ¿Te conté sobre Río de Janeiro?
-x-
Levi subió las escaleras, hasta el cuarto treinta y senté. Tenía el corazón en la mano y quizás, algo de tristeza atorada en la garganta. Tocó suavemente la puerta, queriendo que ese momento no llegase.
Eren se iba.
Como no hubo respuesta, bufó y sacó la llave dorada de su bolsillo, jugueteando con ella en sus manos. La miró.
Eren le había pedido que lo levantara con tiempo, quería preparar sus cosas temprano, suponía.
— ¿Extranjero?—abrió suavemente la puerta. Se encontró con el moreno enredado entre las sábanas y edredones, boca abajo, y, otra vez, semidesnudo. Suspiró y se acercó. Los leves ronquidos llenaban el lugar, junto al lejano murmullo de la cafetería escaleras abajo. Cerró la puerta— Oye.
—Hm…— su ceño se frunció, amagando a abrir los ojos. Se removió, dándose la vuelta para evitar el despertarse. Rió levemente, no entendía como ese tipo se podía levantar solo y por su cuenta.
— ¿Estoy siendo despertado por las risas de los ángeles? —la voz rasposa y grave resonó en el lugar. Paró sus risitas abruptamente.
—Levántate de una vez— lo zarandeó, escuchando sus quejas— ¿Qué no tienes que guardar tus cosas? —echó una mirada al lugar, divisando unas mochilas y bolsos amontonados en un rincón.
—Ya lo hice anoche— su brazo fue atrapado por ese raro. Comenzó a ser jalado— te llamé en la mañana para pasar tiempo contigo— terminó sentándose a la fuerza en el colchón.
—Me haces perder mi tiempo— se quejo sin moverse. Los brazos de Eren rodearon su cintura firmemente. Comenzó a recibir besitos en esa zona.
Al final, también le gustaba Eren. El hijo de puta podía ser tierno cuando se lo proponía, con sus frases románticas y cursis.
—Acuéstate conmigo— pidió, haciéndole espacio. Levi dudó. Entre seguir a su cerebro, que le gritaba que no lo hiciera, o a la parte que quería lanzarse a la cama y acurrucarse junto al cálido cuerpo.
Quizás solo un poco… para darle el gusto al castaño.
Se sacó los zapatos, y desanudó el delantal. No quería girarse a verlo, sabía que estaría sonriendo como un idiota.
Se deslizó entre las sábanas. Estaban tibias por el calor del cuerpo desnudo de eren a su lado, pero a su vez el frescor tan característico de la seda.
El brazo, pesado y fuerte de Eren cayó sobre su cintura (parece que le gustó ese lugar) y no la movió. Quiso mantener una cierta distancia, quién sabe que podría llegar a pasar si sus cuerpos se acercaban demasiado.
El mismo no podría rendirse al calor tibio que emanaba Eren. Ese casi permanente, siempre tenía una calidez alrededor. Dormir así con él en invierno debía ser una gloria.
Detuvo sus pensamientos. No pasaría. Eren ese día se iría a quién sabe dónde. Quizás a algún lugar en Oceanía, o de nuevo a la temible amazonas.
—Oye— escuchó a Eren, y acto seguido fue tironeado— acércate— se quejó.
—Déjalo— se removió. De solo pensar que estaba detrás de él en bóxer le hacía querer poner un muro entre los dos.
No porque le pareciera repugnante, claro está. Sino porque temía lo que sucedería luego.
—Ven —Eren rió un poco— o te haré cosquillas— sintió como levantó su camisa, y luego empezaba a acariciar su costado. Se removió. No tenía demasiadas cosquillas, pero Eren era tenaz y terminó encontrándolas.
—Basta… idiota…— se quejó— te patearé— su voz se cruzó por una risita. No eran cosquillas invasivas, no eran molestas. Solo le hacían retorcer y reír. No se esperó que subiera encima de su cuerpo. La posición se tornó más íntima que antes, y las cosquillas siguieron estremeciendo su cuerpo— oye… ya
—Quiero verte reír— atacó debajo de sus axilas, se removía como una lagartija. Terminó dando una risita, que luego de liberarse, la siguieron muchas más, una detrás de otra— tienes una risa demasiado linda— El francés recibió un beso en su oreja. Eren cayó a su lado, y luego lo dio vuelta. Esta vez no pudo evitar lo que tanto quería. Estaba frente a frente. Eren lo miraba profundamente. Se acomodó un mechón de cabello que interrumpía su vista— carajo— lo escuchó lloriquear— deja de ser tan malditamente hermoso— el de ojos grises se mordió el labio, mirándolo fijamente.
No digas ese tipo de cosas…— murmuró— ahora levántate, lava los platos y saca de apestoso trasero del hotel.
—Me gustaría quedarme un poco más— se acurrucó contra la espalda del pequeño francés. Olía tan bien… tan… a Levi, que lo volvía loco. Su corazón retumbaba ansioso y dolido contra su pecho. Si se concentraba, podía sentir el corazón de Levi latiendo acelerado también. Era reconfortante.
Decidió, aprovechando el silencio, sumergirse en esa aura de paz y relajación que siempre desprendía Levi.
—Cuando estoy cerca de ti… — murmuró, con la voz más ida de lo que esperaba— me siento relajado… ya es casi una necesidad ¿Qué has hecho de mi?—se quejó. El pelinegro lo encaró. Los ojos turquesas de Eren chocaron con los suyos. Brillaban, pero a su vez detectaba la tristeza en ellos.
Y Levi se dejó imaginar, mientras volvía a acurrucarse entre los brazos de Eren. Que él se quedaba, que decidía asentarse allí, con él. Que pasarían sus días (y noches) juntos. Saldrían cuando tuvieran días libres a algún lugar por ahí, tomados de las manos. Podría, también, alcanzarle las cosas de los estantes altos. Podrían quedarse horas y horas mirando las estrellas, hablando del universo.
Se acurrucó aún más, aspirando el aroma tan delicioso que desprendía ese despampanante hombre. Una mezcla de especias y canela se infiltraban en su aroma corporal. Le gustaba, le hacía recordar cuando era pequeño y ayudaba a hacer pasteles.
— ¿A dónde vas a ir esta vez? —preguntó, escuchando los latidos retumbar contra su pectoral izquierdo. Allí, donde estaba ese tatuaje.
—Iré a mi casa en Berlín— contestó, acariciando con delicadeza uno de esos lindos mechones de ébano. Era tan precioso. Absurdamente precioso— y allí decidiré cuándo y dónde ir.
— ¿No tienes ninguna idea? ¿Solo lo decides en un rato y ya? —le parecía extraño.
—Quizás algún lugar de Europa… como el norte de Noruega, allí donde el sol nunca se esconde del todo—el pelinegro recordaba haber oído de ese lugar— luego de asarme en el sol casi un mes, me voy a cagar de frío.
—Eres un idiota— rodó los ojos— parece que te gustan las condiciones extremas.
—Son divertidas— rió un poco— una vez que las experimentas, te terminan gustando.
—Claro, cagarse de frío con riesgo de hipotermia, una joda total— se burló.
—Pero es lo que tienes que soportar para ver la aurora boreal. El sol descender y volver a subir sin desaparecer completamente— tomó el mentón del más bajito, acurrucado contra su pecho. Parecía querer huir del frío súbito que había azotado en la mañana. Un cambio de vientos había hecho que ráfagas heladas descendieran la temperatura. Encontró esos ojos grises con los suyos, notando un aro azul que rodeaba el Iris. Se fascinó, cada vez que lo veía era más hermoso. Levi desvió la mirada, no queriendo enfrentar esos ojos turquesas que brillaban tan hermosamente— mírame— acarició su rostro con devoción. Rastreaba con amor cada facción del francés, queriéndoselas guardar en la memoria
Cómo deseaba llevárselo…
—No me mires así…
—Te amo— soltó, sacándole un sobresalto. Lo miró, entre extrañado y asustado ¿Había escuchado bien? —te amo— repitió con más convicción.
—No jodas con eso— se quejó. Siempre lo decía en broma.
—Te amo, Levi— acarició el rostro nuevamente. Esa hermosa piel blanca le encantaba.
—Es imposible que te enamores de alguien en quince días— repitió en voz alta lo que retumbaba en su mente.
—Deberías sentirte orgulloso de ti— rió un poco— me traes loco y como perrito faldero en solo… ¡Dos semanas! —se levantó, mirándolo— hay chicas en Berlín con tetas enormes y culos de infarto que vienen detrás de mi hace años ¡Y tú me tienes como quieres solo…!—en parte el alemán estaba molesto, sobretodo consigo mismo. Se le había ocurrido enamorarse de un francés cabrón, que lo golpeaba, insultaba, y miraba con esos hermosos ojitos grises azulados, le hablaba con su delicioso acento francés y… — solo con ser… tú…— su mirada se suavizó. Levi tenía ese pequeño sonrojo en sus mejillas que tanto le enloquecía— si me pides que me lance del Pont Vieux lo haré, solo para satisfacerte.
— ¿Aunque me burle de ti por ser tan influenciable?—preguntó.
—Me tienes hipnotizado— susurró.
Y silenciosamente, Levi rogaba por que saliera con una de sus indecentes comentarios pervertidos. Que cortara su romanticismo y pudieran bromear, dejar esas homosexualidades y bajar a trabajar. Que cada vez que pasara cerca de Eren le robara uno de esos besos furtivos, que las turquesas que tenía por ojos lo miraran con tanto amor que le aturdiera.
—Levi— susurró, inclinándose y besando sus labios con ternura— ven conmigo.
— ¿Perdona?
—Escápate— acarició su rostro con suavidad y devoción— Escapa y ven conmigo por el mundo.
Hue.
Dejen review o mueran.
Patatapandicornio!
