Disclaimer esta historia no me pertenece es un adaptacion y los personajes son de Stephanie Meyer.
Capitulo 10
-¿Ben? ¿Dónde estás? ¿Estás ahí? -Bella estudió el mustio interior de la Librería Cheney, buscando a Ben, entre los pasillos, atiborrados de estanterías que llegaban al techo y contenían innumerables libros viejos.
-Aquí arriba, Bella. Ya bajo.
Bella alzó la vista y vio a Ben en el punto más alto de la escalera. Estaba colocando en su lugar un viejo libro con tapas de cuero, sobre un estante que estaba lleno de otros tomos igualmente viejos.
Necesito un libro -dijo Bella-. Por lo menos, creo que lo necesito.
-Seguro. ¿Qué libro? -Ben empezó a bajar de la escalera. Era un hombre menudo, muy delgado, cuya rala línea de cabello iba disminuyendo. Tenía una mirada amable y llevaba unas gafas con marco de marfil, ajustadas a la nariz, delante de sus ojos castaños. Vestía pantalones de pana marrones, un jersey arrugado y mocasines.
No sé exactamente qué libro quiero -explicó Bella, mientras Ben llegaba al pie de la escalera-. Sólo conozco el tema.
-¿Cuál es?
-Sexo.
Ben pestañeó por detrás de sus gafas con marco de marfil. -¿Quieres un libro sobre sexo?
-Un manual o algo por el estilo. -Bella se ruborizó y bajó la voz.- Es para mi esposo.
-Ah. -Ben también se ruborizó.- Tu flamante esposo. Debe de ser Edward Cullen.
-Correcto. -Bella miró la estantería que decía Salud. Esa situación le estaba resultando mucho más embarazosa de lo que había imaginado. Pero Ben era un buen amigo. La comprendería.
-Entiendo. -Ben carraspeó.- ¿Tendría que ser un manual para principiantes? ¿Intermedios? ¿Avanzados?
Bella consideró la pregunta frunciendo el entrecejo. -Avanzados. El ya conoce lo básico. También lo intermedio. -Sentía que sus mejillas estaban más coloradas todavía.- De hecho, sabe mucho sobre sexo. Mucho más de lo que yo sé. El problema es la técnica.
Ben pareció comprender. -¿Entonces será un problema de eyaculación precoz?
Por Dios, no -murmuró Bella-. A veces desearía que así fuera. En realidad, se trata más bien de un problema de comunicación.
-Ah -dijo Ben, asintiendo inteligentemente esta vez-. Un problema de comunicación, ¿En qué, exactamente, tiene Cullen problemas de comunicación?
Bella trató de explicar la situación de la manera más delicada posible. -Mi esposo es muy dogmático. Es de la clase de hombre que toma el mando de inmediato. Es muy controlado. En todos los aspectos, ¿entiendes?
-Creo que sí -dijo Ben, lentamente.
Bella sonrió complacida por su comprensión. -Quiero ser yo la que esté al mando de la situación. Quiero hacerle sentir lo que significa estar en el puesto del que es gobernado.
-Creo que tengo exactamente lo que estás buscando -dijo Ben. La condujo hacia las estanterías clasificadas como Exóticos.
Se detuvo frente a una hilera de viejos volúmenes y extrajo uno.
Bella estudió el titulo grabado en la tapa de cuero: Tres noches en el Amazonas. -¿No tienes nada más nuevo que esto?
-Sí, pero no para tus propósitos.
-De acuerdo, probaré con éste. -Bella levantó la vista.
-¿Cuánto te debo?
Ben sonrió. -Considéralo un obsequio de bodas.
-Es muy amable de tu parte.
-No seas ridícula, Bella. Te debo mucho más de lo que jamás podré devolverte. De no haber sido por ti, jamás me habla casado con Angela.
La cálida gratitud de Ben incomodó a Bella. -¿Cómo está el bebé? -preguntó rápidamente para cambiar de tema.
Ben sonrió orgulloso. -Creciendo cada día más. No lo reconocerás cuando lo veas.
Di a Angela que lo traiga de visita.
-Claro.
Bella sonrió.- Tengo un elefante que creo que le interesará.
-No sé por qué pensé que serviría de algo si venía a esta casa de la playa por un rato -dijo Rosalie.
-Está bien, lo entiendo -comentó Bella, con la vista fija en camino sinuoso. Una ligera lluvia invernal oscurecía el panorama de playa. La salida que conducía al viejo chalet de la tía Sue quedaba bastante cerca de donde ellas estaban.
-Cuando te llamé por teléfono para decirte que vendría aquí, no quise insinuarte que tendrías que venir conmigo -dijo Rosalie.
-No me importa. Pasar una noche aquí en la playa nos vendrá muy bien a las dos. -En realidad, Bella no había querido viajar ha la playa de improviso esa tarde. Eran dos horas de viaje y tenía mucho que hacer en Extravagancias.
Pero cuando Rosalie la llamó para contarle sus intenciones, Bella la notó tan ansiosa y deprimida que no creyó conveniente que la muchacha hiciera el viaje sola.
-Es la tensión -le confió Rosalie-. Ya me está atrapando Bella. -Se limpió los ojos con la toalla de papel que había usado en la última hora.- A veces me asusto tanto. Últimamente, parece que cada vez lloro más.
-Sé a qué te refieres. -Bella vio la salida que debía tomar condujo hacia allí su automóvil rojo.- Si me permito pensar demasiado en Emmett, me aterro. Entonces, trato de pensar en otras cosas.
-Fue una suerte que me hayas ofrecido tu compañía.
-No es para tanto. Edward estará fuera de la ciudad esta noche. Zafrina puede hacerse cargo de la boutique el resto de la tarde. Pasaremos la noche aquí y volveremos mañana por la mañana. Llegaré a la tienda poco después que haya abierto. No hay problemas.
-Hacía meses que no venía aquí con Emmett. -Rosalie analizó el chalet deteriorado en cuanto apareció a la vista. El vino solo aquí , un par de veces, antes de la fiesta de nuestro compromiso, pero yo no lo acompañé. El estaba ahíto de trabajo, como yo le decía.
-Emmett siempre tenía la costumbre de venir a instalarse solo aquí cuando estaba trabajando en un problema particularmente difícil.
Bella estacionó el auto en la entrada y se quedó sentada, mirando la casita a través de la llovizna. Por un momento se quedó muy quieta, con la mente cargada de recuerdos. -Después que nuestros padres murieron en ese accidente automovilístico, tía Sue nos trajo a vivir aquí. Emmett y yo adoramos este lugar.
-Lo sé. Emmett me dijo lo mucho que esto significa para vosotros. También sé cómo queríais a su tía.
Bella sonrió. Tía Sue era un poquito excéntrica, pero, nos adoraba. Jamás nos hizo sentir que fuéramos una carga para ella.
-¿En qué sentido era excéntrica?
-Era artista -explicó Bella-. Y bastante buena. Sus obras se vendían bastante bien. Pero el arte era la pasión primordial en su vida y trabajaba muchas horas en él. Emmett y yo aprendimos a entretenemos solos, lo que probablemente, no fue una mala lección.
Las lágrimas rodaron por las mejillas de Rosalie. -Dios, Bella, ¿qué vamos a hacer?
Lo que hemos estado haciendo hasta ahora. Esperar. -Bella se dio cuenta de que en cualquier momento se echaría a llorar ella también. Abrió la puerta del auto.
Una hora después, Bella estaba sentada junto a Rosalie, frente a un cálido fuego y se dio cuenta de que estaba sintiéndose mucho mejor. También Rosalie estaba de mejor ánimo. Por lo menos, ya no tenia los ojos llenos de lágrimas.
-Por alguna razón, aquí me siento más cerca de él. -Rosalie miró el rústico interior del chalet, con sus cortinas desteñidas, la vieja alfombra forrada y el mobiliario de madera pesada.- Me alegro de haber venido.
-También yo. -Bella apoyó los pies sobre la mesita del café.. Cerró los ojos y dejó que la atmósfera reinante en el ambiente le penetrara hasta los huesos.
Los recuerdos de Emmett afloraron en su memoria: Emmett enseñándole a jugar al póquer. Emmett enseñándole a conducir cuando el tenía quince años. Emmett consolándola cuando su primer novio la de plantada por otra muchacha. Bella sonrió ante ese último recuerdo más tarde se había enterado de que Emmett había retado al muchacho a una pelea a puñetazos por haber hecho sufrir a su hermana.
-No está muerto -dijo Rosalie, tocándose el vientre.
-No. -Y Bella estaba más segura de ello de lo que había estado durante semanas. Se habría dado cuenta si su hermano hubiera desaparecido para siempre.
Rosalie se sentó sobre una de sus piernas y se recostó contra rincón descolorido del sofá. -Dime la verdad, Bella.
Bella abrió los ojos, sorprendida por la extraña pregunta. -¿Sobre qué?
-Sobre tú y Cullen. Tu matrimonio no está funcionando como habías pensado en un principio, ¿verdad?
Bella hizo una mueca. -Eres muy perspicaz. No.
-Estás enamorada de él, ¿no?- le preguntó Rosalie.
-Si.
-Me lo temía. Me di cuenta de que había algo entre los dos desde un principio. Vi cómo te miraba Cullen la noche que te conoció era como mirar a un enorme gato a punto de abalanzarse sobre una mariposa.
-Dios mío. -Bella la miró, atónita.- Qué comparación.
Rosalie se encogió de hombros. -Es cierto. Y tú tenías plena conciencia de su presencia durante todo el tiempo que él estuvo allí ¿no?
-Me declaro culpable.
-Bueno, supongo que fue lo que te puso esa loca idea en la cabeza del matrimonio por conveniencia. Lujuria pura.
-No, me niego a aceptarlo -farfulló Bella-. Fue una decisión increíblemente astuta en el aspecto comercial, que nada tiene que ver con que yo estuviera caliente por él.
Rosalie se rió. -Si tú lo dices. Tengo que admitir que me cuesta mucho imaginaros juntos. Sois tan diferentes el uno del otro.
-Ni te atrevas a preguntarme cómo es en la cama -le advirtió Bella.
-Ni soñaría con hacerlo. –Rosalie la miró de reojo.- Sólo dime una cosa.
-¿Qué?
-¿Hay algo retorcido en todo esto? ¿Látigos de terciopelo, tal vez? ¿Plumas? ¿Bolitas de oro?
-Rosalie.
Rosalie sonrió. No puedes culparme por ser curiosa. Ese hombre tiene fama de ser raro. ¿Cómo es de raro?
Bella vaciló. -No hay látigos de terciopelo, ni plumas, ni bolitas de oro.
-Vaya, eso sí que me decepciona. Estaba segura de que me darías detalles interesantes para ilustrarme.
-Helechos -dijo Bella suavemente, recordado el apasionado entusiasmo que Edward había puesto esa mañana al explicarle la reproducción de los helechos-. Es un experto en helechos.
El sonido del teléfono interrumpió la respuesta de Rosalie. Bella se sobresaltó.
-Nadie sabe que estamos aquí -dijo Rosalie, mirando fijamente el teléfono.
-Carlisle lo sabe. Le dejé una nota. -Bella levantó el auricular.- ¡Hola!
-Buenas tardes, Bella. -La voz de Edward fue perfectamente monótona.- No sabía que tuvieras planes de salir de la ciudad en mi ausencia.
-Hola, Edward. -Bella se acomodó contra los cojines del sofá. Entiendo que conseguiste el número por Carlisle.
-Dijo que dejaste una nota sobre la mesa de la cocina. -Se produjo una extraña pausa.- Una nota muy breve.
-No tiene ningún caso escribir una nota larga para Carlisle. El y yo no tenemos tanta comunicación, de todas maneras. -Bella estaba sorprendida por lo bien que se sentía al escuchar la voz de Edward. Estaba actuando como un esposo de verdad, llamándola por teléfono mientras estaba en un viaje de negocios. Le hacía sentir cálida y a gusto por dentro el saber que él la tenía en cuenta lo suficiente como para llamarla.
-Carlisle me dice que estás en un chalet, en la playa, ¿es cierto?
-Sí -dijo Bella.- En la vieja casa de tía Sue. Emmett y yo la heredamos.
Se produjo otra pausa infinitesimal. -¿Y estás allí con Rosalie?
-Ajá. -Bella miró a Rosalie.- Ella y yo vinimos en auto hasta aquí esta tarde.
-¿Entonces tomasteis la decisión a última hora?
-Bueno, sí. -Bella frunció el entrecejo ligeramente, preguntándose por qué la conversación se centraba tan intensamente en el hecho de que ella estuviera allí con Rosalie.- Rosalie estaba medio deprimida y quería venir aquí. Yo decidí acompañarla. Volveremos por la mañana.
-Entiendo.
-¿Sucede algo malo, Edward?
-No.
Pero algo en su voz le puso alerta. -¿Estás seguro? -Luego se le ocurrió una idea. Se puso furiosa y esa agradable sensación de calidez que experimentó al escuchar la voz de su esposo se esfumó en una décima de segundo. ¡Por Dios! No me lo digas. Déjame adivinar. No estás completamente seguro de que sea Rosalie quien está conmigo, ¿verdad? Probablemente, todo esto es culpa de Carlisle. ¿Qué hizo? ¿Te insinuó que yo estoy aquí, organizando una de las peores orgías del mundo?
-Bella...
-Es eso -anunció Bella-. Cuando vuelva, tendré una larga charla con el tal Carlisle. Y será mejor que te des por enterado, Edward, de que si no aprende a comportarse, hasta puedo despedirlo.
-¿Despedir a Carlisle? Eso sería interesante.
-Lo digo en serio. No voy a tolerar que te dé información desviada sobre mis actividades.
-No recibí ninguna información desviada por parte de él -dijo Edward -. Sólo una información muy real. Esa es la única clase de información que Carlisle sabe dar.
-Ah, sí, ¿eh? Jamás confíes en un robot. Siempre sueñan con ser humanos.
-Bella, cálmate.
-No, no me calmaré. Estoy molesta, Edward. Para ser franca, me llevan los demonios. Estás llamándome aquí para controlarme, ¿no?
-Llamé para hablar contigo -dijo él con toda calma-. ¿Es algo tan extraño?
-No lo sé. Contigo, a veces es difícil saber qué es normal y que no lo es. -Bella apretó el auricular.- ¿Quieres hablar con Rosalie? Por lo menos así te probaré que no estoy aquí con un hombre.
Edward vaciló momentáneamente. -No, no quiero hablar con Rosalie.
Pero ese breve lapso que Edward se tomó para pensarlo enfureció más todavía a Bella. -¿Tuviste que pensarlo antes de contestarme, no? ¡Admítelo! En realidad, quieres pruebas concretas de que es ella la que está conmigo.
-Bella, ¿podrías calmarte, por favor?
-No. -Bella entregó violentamente el auricular a Rosalie. Di algo a Edward, Rosalie.
Rosalie puso los ojos en blanco mientras tomaba el auricular. -Hola, Edward -dijo de mala gana-. Espero que hayas tenido buen viaje. El nuestro se está poniendo un poco raro.
Bella volvió a arrebatarle el teléfono. -Ahí tienes, ¿la escuchaste?
-Sí, Bella. La escuché.
-Por supuesto que eso no demuestra mucho, ¿no? -continuó Bella con despecho-. Podríamos habernos traído el auto lleno de sementales en celo deseosos de entretenemos.
-No dudo que tú y Rosalie estén solas allí, Bella -comentó Edward.
-Maravilloso -gruñó ella sintiéndose aún desencajada-. Es un avance. Bueno, ahora, ¿cómo están yéndote las cosas?
-Pensé que no me lo preguntarías nunca.
-¿Conseguiste algo con Embry y Quil?
-Creo que sí. - Edward guardó silencio un momento.- Parecieron sorprendidos de que Swan siguiera adelante con el proyecto de Emmett para el desarrollo de la nueva línea productiva.
-¿Por qué les sorprendió eso?
-Aparentemente, el rumor que se corre aquí, en el Valle de Silicon, es que una de las empresas rivales de Swan ha dado repentinamente un paso adelante en la tecnología básica del proyecto. Y según se cree, derrotará a Swan en el mercado, con su línea propia de productos inalámbricos.
-Eso es imposible -declaró Bella-. Swan estaba mucho más adelantada con respecto a las demás. El mismo Emmett me lo dijo.
-Ya no. Swan todavía lleva la delantera, pero los rivales están alcanzándola. Y los competidores quieren que Embry y Quil corten el abastecimiento.
-Entonces por eso ellos tienen prioridad en los repuestos que envían y que nosotros necesitamos. Vaya, qué canallas. Tienes que detenerlos, Edward.
-Creo que ya lo he hecho -dijo Edward, con una fría certeza que implicaba que ya lo había logrado-. Al menos durante los próximos seis meses, Swan tiene la garantía de que recibirá la mercancía que necesita y a tiempo. Pero además tenemos que enfrentar otro problema, Bella.
-¿Cuál?
Edward permitió que se produjera otro silencio, excesivamente prolongado. -Existe una duda, ¿cómo logró la competencia acortar la brecha que la separaba del liderazgo de Swan?
-Tal vez, hicieron algún descubrimiento importante ellos también -sugirió Bella.
-Tal vez, recibieron ayuda -insinuó Edward.
Los pies de Bella golpearon contra el piso cuando se enderezó. -¿Qué estás diciendo? ¿Estás hablando de una infiltración?
-Se llama espionaje industrial.
-Oh, Dios mío -se lamentó Bella-. ¿Qué vamos a hacer?
-Detenerlo -dijo Edward -. Lo discutiremos cuando vuelva a casa.
-¿Volverás mañana?
-Sí, pero probablemente por la noche, tarde. Necesito hablar con algunas personas aquí. ¿Estarás en casa cuando yo regrese?
-No seas sarcástico, Edward. No te queda bien. Por supuesto que ya habré regresado de la playa.
-Está bien. -Hizo una pausa.- Da mis saludos a Rosalie.
-¿Y qué me dices de los sementales en celo?
-Que se vayan al cuerno.
Bella sonrió. -Lo haré. -Vio que Rosalie la miraba con una expresión divertida.- Cuídate, Edward.
-Lo haré.
-Te echo de menos.
-¿Sí? - Edward parecía estar profundamente satisfecho.
Bella frunció la nariz exasperada. -Sí. Ahora se supone que debes decir que tú también me echas de menos.
-Yo también te echo de menos. Buenas noches, Bella. Ten cuidado al conducir cuando vuelvas a casa mañana.
-Lo haré.
Bella mantuvo el auricular muy cerca de su oreja hasta que escuchó un débil clic al otro lado de la línea. Entonces suspiró y colgó.
Rosalie la estudió con curiosidad. -¿De verdad Edward creía que estabas con otro hombre?
-No lo sé. -Bella volvió a apoyarse hacia atrás contra los almohadones.- Lo que sucede con Edward es que jamás se le ocurre confiar en la gente.
-¿Ni siquiera en su esposa?
Bella apretó los labios. -No. Y especialmente en una esposa de la que cree que sólo se casó con él por intereses comerciales.
-Ya entiendo el problema. Y tú sí te casaste por intereses comerciales.
-Sí, pero no empecé a acostarme con él por razones comerciales. Espero que entienda eso.
-Una sutil diferencia -susurró Rosalie.
-No, no lo es -contravino Bella-. Es una diferencia sustancial.
-A mí me parece -observó Rosalie-, que el problema que tú tienes es tan grande como el de Edward.
-¿A qué te refieres?
-Me refiero a que tú debes preguntarte por qué él se mostró tan bien dispuesto a modificar los términos de este matrimonio por conveniencia. La verdadera pregunta, Bella, no es por qué tú estás acostándote con él. Ya sé cuál es la respuesta a eso. Mordiste el anzuelo y te tragaste el sedal con caña y todo.
-¿Entonces cuál es la verdadera pregunta?
-¿Por qué él está acostándose contigo?
Dos horas después, Bella todavía seguía acostada, pero despierta, tratando de responder a la pregunta de Rosalie. Había una sola y simple respuesta, se dijo. Era la misma respuesta que Edward le había dado. Se acostaba con ella porque la hallaba atractiva. Instintos básicos.
Pero de todos los hombres que Bella había conocido, Edward era el que menos había actuado simplemente para satisfacer un deseo físico. Había demostrado demasiada autodisciplina para estar obedeciendo a algo tan elemental como los mandatos de sus hormonas.
Bella suspiró. Había tenido pruebas de que hubo pasión en él, pero decididamente, Edward era experto en ese aspecto de su naturaleza, así como también era experto en todo lo demás de su mundo.
Entonces, ¿por qué se acostaba con ella? Bella sabía que él la deseaba, pero tenía que asumir el hecho de que él no se habría acostado con ella simplemente por eso.
Lo que todos decían de Edward era que tenía una agenda oculta.
Como no podía dormir por tan abrumadores pensamientos, apartó las mantas de la cama y se levantó. Bostezó y descalza, caminó por el frío pasillo hacia la cocina para servirse un vaso de agua.
Cuando pasó por la pequeña sala de estar, envuelta en sombras, notó la oscura silueta del escritorio de Emmett junto a la ventana. Lo miró con melancolía. A Emmett siempre le había gustado sentarse allí cuando, en su adolescencia, dibujaba extrañas e inteligentes maquinarias que parecían objetos del espacio. Años después, aún seguía sentándose allí mientras pensaba sus proyectos más creativos.
Bella se acercó al escritorio. Tocó la superficie deteriorada de madera con las yemas de los dedos. Se dio cuenta de que estaba de un humor muy extraño. Los viejos recuerdos sobre Emmett más su preocupación respecto de Edward produjeron una inquietud que no sabía cómo combatir.
-¿Bella? -Rosalie apareció en la puerta. Llevaba una bata de algodón.- ¿Qué estás haciendo?
-Pensando. -Sonrió.- No sé si es una idea muy buena.
-¿En qué estás pensando?
-En las horas que Emmett pasaba aquí cuando era adolescente. Siempre usaba este escritorio para dibujar.
-Nunca lo mencionó -dijo Rosalie.
-Sus dibujos eran maravillosos. Me encantaría mostrarte algunos. Espera... tal vez queden algunos en las gavetas. -Bella empezó a abrir los cajones del escritorio. En el segundo, encontró un objeto pequeño y liso. Aquí hay algo
-¿Un dibujo? - Rosalie se acercó.
-No. -Bella frunció el entrecejo mientras extraía el objeto del cajón.- Es un diskette. Tiene una etiqueta.
-¿Qué dice? -Rosalie se acercó más todavía, con una expresión de curiosidad en sus ojos.
Bella miró la etiqueta. No podía dar crédito a lo que estaba leyendo. "Bella o Rosalie: si encontráis esto, entregadlo a Edward Cullen. El sabrá qué hacer".
-Dios mío -murmuró Rosalie-. ¿Qué crees que puede haber en ese diskette?
-No lo sé. –Bella se sentó de inmediato en la silla más cercana. El corazón le latía a toda velocidad. Frunció el entrecejo mientras volvía a leer el mensaje.- Pero cree que lo mejor será hacer lo que dice exactamente. Entregaré este diskette a Edward en cuanto regrese a casa mañana por la noche
Rosalie se metió las manos en los bolsillos de la bata. -No sé si a ti te pasa lo mismo, pero yo siento escalofríos por toda mi espalda.
-Sé a qué te refieres. -Bella alzó la vista.- Rosalie, ¿no creerás que hay alguna conexión entre esto y la desaparición de Emmett, verdad?
-¿Y cómo podría haberla? -Pero la incertidumbre en los ojos de Rosalie hablaba de otra versión.- Su avión se cayó al mar. ¿Cómo podría haber conexión entre ese accidente y la etiqueta del diskette?
-No lo sé. Supongo que mi imaginación está como loca. Me pregunto si habrá alguna manera de que podamos leer esto antes de que Edward vuelva.
-Lo dudo -dijo Rosalie-. Conociendo a Emmett, si él queria que sólo Edward se enterase, probablemente tomó precauciones al respecto. Lo que haya en ese diskette debe de estar protegido con una palabra clave o un código.
-Tienes razón -coincidió Bella. Después de todo, Emmett había sido un experto en seguridad de datos informáticos. Seguramente sabría la existencia de códigos y palabras claves. Y también Edward. Espero que no se demore otro día más en California.
La mañana siguiente, Bella tenía el diskette en su bolso de mano cuando entró a Extravagancias, a las diez y cuarto.
Ella apareció por detrás del mostrador. Ese día tenía el cabello verde. -No pareces descansada ni renovada, mi querida jefa.
-¿Y qué esperabas? He conducido durante dos horas. Necesito café. -Bella colocó el bolso en el último cajón del mostrador.- ¿Pasó algo interesante ayer por la tarde?
-No, a menos que te resulte interesante la visita de Jess. Está muerta de miedo con los preparativos de última hora para su gran noche en casa de los Withlock.
-Cierto. ¿Hoy es la fiesta de beneficencia, no?
-Ajá. Apareció ayer tres veces por aquí, tratando de decidirse qué usar de nuestra tienda. Estaba en la duda entre el biombo con diseños de la jungla y el carrusel. Espero que aparezca en cualquier momento con la decisión definitiva. -Hablando de Roma...
La puerta delantera se abrió bruscamente. Bella giró la cabeza.
Jess entró en la tienda. Llevaba un vestido acampanado rojo y tacones rojos también. -Queridas, he vuelto.
-¿Has tomado una decisión, Jess? preguntó Bella.
-Te alegrarás al saber cuál he tomado. Me quedaré con el carrusel. No hay dudas. Será la contrapartida ideal para el efecto neodecorativo que he aplicado en el solario.
Bella miró su entorno, a todos los objetos extraños que había en exhibición. -¿Estás segura de que no quieres llevarte el biombo?
No, querida. El carrusel será perfecto. -Jess analizó su opción con evidente satisfacción.- Esta tarde enviaré a alguien para que lo recoja.
-¿Cómo resultó el trabajo de diseño? preguntó Bella.
-Será mi obra de arte, si puedo decirlo así. La residencia Withlock estará fabulosa esta noche. Me encantarla que pudieras verla.
Ella sonrió. -Lo dudo mucho. Para entrar en la lista de los Withlock debes donar entre cinco y diez mil dólares por año a la fundación.
Por mi parte, yo hago donaciones al banco de alimentos y para las residencias para los que carecen de hogar -declaró Bella-. Me imagino que hacer donaciones para las artes es para los que son muy ricos.
Jess arqueó sus finas cejas pintadas. -Tengo novedades para ti, señora de Edward Cullen. En este momento eres considerada una de las ciudadanas más ricas de Seattle.
Bella sintió como una puñalada. No tenia manera de explicar que todavía no consideraba su puesto de señora Cullen como algo definitivo. -Creo que no me he acostumbrado a la idea de ser la esposa de Edward -murmuró.
-Qué extraño comentario. Jess se encaminó hacia la puerta.- Creo que yo podría acostumbrarme muy fácilmente a estar casada con una fortuna de la medida de la de Cullen. Pero por otro lado, así no me ganaria la invitación a la fiesta de beneficencia de los Withlock, ¿no? Todos saben que Peter Withlock y Edward Cullen no se hablan.
La puerta se cerró detrás de Jess. Bella la vio desaparecer en la calle, mientras se preguntaba cuál sería el comentario de todo el mundo cuando Jasper y Alice fueran vistos juntos esa noche.
Edward se pondría furioso. Sin duda, considerada el acto de Alice como una traición a la familia.
Dos horas después, Ella estuvo lista para salir a almorzar. Te veré dentro de media hora, Bella.
-Está bien. -Bella esperó hasta que la puerta se cerrara para sacar el bolso del cajón.
Había estado pensando en ese diskette durante toda la mañana. Su imaginación estaba trabajando vertiginosamente todavía, tratando de descubrir las escalofriantes razones por las que su hermano habría dejado ese diskette en la gaveta del escritorio.
Bella extrajo el objeto cuadrado de su bolso y releyó el mensaje que estaba en la etiqueta... "entregarlo a Edward Cullen. Él sabrá qué hacer".
Bella sintió la necesidad imperiosa de esconder el diskette en otro lugar más seguro que su bolso. Era muy común que en el centro de Seattle robaran los bolsos a las mujeres. Ella misma, pocos meses atrás, había tenido que forcejear con un presunto carterista. Finalmente había logrado retener el bolso, pero estuvo muy cerca de perderlo.
Miró en tomo de la tienda. Sus ojos se detuvieron en el elefante esmaltado. Recordó que tenía un cajoncito oculto en la base. Era el sitio ideal. El diskette estaría a salvo allí durante el resto del día. Esa tarde, cuando cerrara Extravagancias, lo sacaría de allí y se lo llevaría a Edward.
Bella se apresuró para llegar al sitio donde estaba el elefante y oprimió una de las uñas escarlata del mismo. El cajón secreto se abrió. El diskette entró perfectamente allí. Cuidadosamente, Bella volvió a cerrarlo, sintiéndose mucho más aliviada. El diskette estaba a salvo.
A las cuatro y media de la tarde, Bella recibió una llamada telefónica de un diseñador que estaba trabajando en un ático de Pioneer Square.
-¿Podrías venir a echar un vistazo a esto, Bella? Creo que necesita algún artículo de tu tienda para que le dé el toque final. Esta residencia queda a pocas calles de tu boutique. Te aguardaré en el vestíbulo para permitirte la entrada.
Bella miró su reloj de pulsera. -De acuerdo. Estaré allí en diez minutos. -Cuando devolvió el auricular a la horquilla, miró a Zafrina. Espero regresar a las cinco y media. Pero si para entonces no he vuelto, cierra tú.
-Muy bien, jefa.
Pero Bella se demoró más de la cuenta, porque llegó el propietario de la residencia y tomó un papel muy activo en las decisiones que debían tomarse. Eran casi las seis cuando regresó a Extravagancia
Nada más entrar en la oscura tienda, se dio cuenta de que algo estaba muy mal.
Con un solo vistazo le bastó para darse cuenta de que el elefante esmaltado con el diskette no estaba en su lugar.
Bella se obligó a respirar profundamente varias veces, para resumirse en un ataque de histeria. Cuando logró controlar el temblor de sus dedos, marcó el número telefónico de Zafrina.
No hubo respuesta. Bella devolvió violentamente el auricular la horquilla y trató de pensar en los nombres de los amigos de Zafrina. Desesperada, todo lo que hizo fue volver a marcar, una y otra vez, su número telefónico. Después de quince minutos, Zafrina respondió finamente. Bella ni siquiera le dijo "hola". -¿Dónde está el elefante? -gritó, cuando la ayudante apareció al otro lado de la línea.
-¿El elefante? ¿Qué elefante? ¿Bella, pasa algo?
-No puedo encontrar mi elefante. El que tiene las uñas de las patas de color escarlata. ¿Dónde está?
-Oh, ese elefante. Creo que me olvidé de dejarte una nota. Jess lo tiene. Tomó una decisión a última hora. Dijo que no se quedaría con el biombo ni con el carrusel. Optó por el elefante.
-¿Está usando mi elefante? -vociferó Bella.
-Sí. ¿Tiene algo de malo?
-Oh, Dios mío. Bella dejó caer el auricular sobre la horquilla
Algo estaba muy claro. Tenía que recuperar el elefante esa misma noche. Y eso significaba concurrir a la fiesta que daban los Withlock.
Bella miró su reloj. La fiesta estaba a punto de empezar, si que no había comenzado ya. No podía presentarse allí vestida con pantalones vaqueros y un jersey.
Trató de pensar. Tendría que volver a toda marcha al apartamento de Edward, cambiarse de ropa, es decir, encontrar un vestido decente para ponerse y salir corriendo hacia la residencia Withlock, situada en lago Washington. Afortunadamente, tenía la dirección porque Jess se la había dado.
Bella salió muy apurada de Extravagancias, rogando que Edward no hubiera vuelto todavía. No le agradaba en absoluto la idea de tener que explicarle por qué su esposa había cruzado la frontera que lo separaba de su viejo enemigo.
