Capítulo 4. Muerte y Celos en noche de Gala

Le era difícil concentrarse, sus ojos color esmeralda se abrieron de par en par, dejando que la luz los iluminara y después le obligara a parpadear con aburrimiento, sea con pesar, pero más que nada por que aún no lograba entender el porque de su actitud.

Si, es cierto, el tipo era pedante, grosero, orgulloso, hipócrita, idiota, engreído, completamente irritante pero en ese instante le pareció lo contrario. Vamos, no es que le gustara aquella sensación, es sólo que no sabía porque maldita sea no podía quitárselo de la cabeza. Es decir, fue sólo un baile, no le pidió matrimonio ni nada por el estilo, además ellos se odiaban y eso al parecer era poco; pero aquel comportamiento, la desconcertó por completo, jamás pensó que el haría algo así. Nota mental: "Asesinar a la maestra Louvet". De acuerdo, no la asesinaría pero por lo menos ya no dejaría que la música y el dichoso experimento de la instructora la desarmaran por completo para caer rendida en los brazos de aquel orangután.

El día estaba transcurriendo con tranquilidad, quizás demasiada para su gusto pues a esta hora Yue ya debería de estarla atiborrando de papeles sobre el escritorio o escuchando los estúpidos comentarios del baka del Agente Li. Suspiro con desgane y se dirigió hacia el cuarto de tiro, tomó unos audífonos y después una de las novedosas armas de la pared, oprimiendo un botón hizo que la maquina comenzara a trabajar, mostrando los blancos frente a ella.

Disparó una y otra vez, atinando al blanco frente a ella en diferentes puntos, dejando marcas y cambiando de blanco cada vez que este se destrozaba. El sonido del cañón resonaba en toda la sala, siendo opacado por los audífonos. Miraba con atención al blanco frente a ella, dándose cuenta que por más que disparaba, sus tiros nunca daban en el centro.

Maldita sea

Cargó el arma de nuevo, de pronto sintió una presencia tras ella y finalmente un par de manos que se posaban sobre las suyas, las miró sorprendidas y se giró a mirar al dueño.

"Shin¿qué haces aquí? Se supone que no deberías estar en este lugar¿Cómo entraste?"-el rubio la miró con sus rasgados ojos azules y sonrió, señaló a los audífonos y Sakura se los quitó.

"Ya! Que forma de recibir a tu novio es esta? Sólo quería verte, Saku-chan."- respondió con fingida indignación.

"Shin, sabes que no debes estar aquí, podrían verte y me causarías un montón de problemas, sin mencionar lo que haría Yue contigo"- reclamó.

"Vamos Saku-chan, no pasa nada, además no he visto a tu jefe y como nadie me dijo nada, decidí buscarte"

Sakura lo miró enarcando una ceja y puso el arma en el mentón de su novio- "Ajá… pero esa no es una excusa. ¿porqué no me llamaste? Pude haber ido a la entrada de la jefatura en seguida"

Tomó el arma y la puso sobre una mesa cercana, quizás su novia fuera un ángel pero el que hiciera eso, a veces le inducía un miedo increíble- "Pero si lo hice Saku-chan, al menos 3 veces"- dijo con los dedos en alto. La esmeralda tomó el celular de su bolsillo y en efecto pudo observar tres llamadas perdidas.

Una gota rodó por su frente y una sonrisita nerviosa le acompaño- "Gomen ne"- se avergonzó. Shin la tomó entre sus brazos y la acercó a él.

"Bueno, no importa"- dijo galante al momento de acercar su rostro y jugar con los labios rosados de la joven Kinomoto, quien respondió a ese juego besándolo con dulzura.

"Ehm"- carraspearon a sus espaldas, haciendo que Sakura se pusiera como piedra y Shin volteara con suma naturalidad hacia la persona tras ellos.

"Se te perdió algo?"- preguntó Shin de manera engreída al castaño que se encontraba recargado en la puerta.

"Eso es lo que yo debería de preguntarte, pero por lo visto ya lo has encontrado"- respondió en el mismo tono de voz- "Kinomoto, este no es lugar para estar con el novio y mucho menos para estarse besando"- dijo burlón mientras observaba como Sakura pasaba a todas las tonalidades de rojo que hay- "Creo que Yue estará muy interesado de saber esto"- mostró una risa que cantaba victoria y comenzó a caminar hacia la sala de jefatura mientras Sakura le pisaba los talones.

"Li!"- pero este no volteó, debía detenerlo o la metería en grandes problemas- "LI!"- siguió caminando tras él, si no lo detenía Yue le sermonearía peor que Touya, quizás por eso detestaba que él y su hermano se llevaran tan bien- "LI"- vio como entraba al despacho de Yue, dudó un instante pero se metió tras él de inmediato- "Li…"- se calló de inmediato.

Frente a ellos, una escena por demás insólita, el despacho completamente vació. Ni rastro de Yue, no había señal de que el ocupara ese lugar.

"Y Yue?"- preguntó Syaoran.

"No llegó"- contestó suavemente- "Pero nunca pensé que habría un día en que no se presentara para nada"- comentó. La miró dudoso- "¿Qué? Su despacho nunca ha tenido nada, siempre ha estado limpio"- aclaró.

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"Y luego?"

"Cómo que 'y luego' ?!… Ese tipo quiso propasarse conmigo!"- explicó un tanto alterada Tomoyo que caminaba de un lado al otro de la habitación.

Enarcó una ceja y suspiró, la sujeto de la mano y logró sentarla en el sillón- "Bueno, pero… Con la emoción y todo eso. Puedo haber estado pensando en otra persona, que se yo"- comentó despreocupado el hombre junto a ella- "Fue un accidente"

"Ay por dios, eso fue todo menos, un accidente"- puntualizó la amatista mientras le daba la espalda al castaño.

Freyr sonrió de lado y le abrazó por la espalda- "Vamos nena, no te enojes, sabes que no fue su intención y no estoy tratando de justificarlo, es sólo que, por lo que me comentas, pues la música pudo engañarlo"- recargó su cabeza sobre su hombro y le miró con ternura- "Además, tu le diste una buena cachetada a ese hombre, así que dudo que se vuelva a acercar a ti"- Tomoyo lo miró y suspiro.

"Ojalá fuera cierto, pero por desgracia este fin de semana es la fiesta de gala y todavía tengo que bailar con él, hasta entonces, le pedí que no me llamara o me dijera nada"- explicó.

"Pero te ha estado llamando y supongo que es para pedirte disculpas"- Tomoyo enarcó una ceja y es que a veces podía ser tan orgullosa y testaruda que era capaz de enviar a su familia al infierno para no mostrar debilidad, según ella. El ojigris besó su mejilla con ternura y suspiró- "Vamos Tomy-chan, no hay que ser rencorosos. Deberías aceptar las disculpas de ese hombre".

Tomoyo volteó a verlo con el ceño bastante fruncido, observando la trigueña cara suplicante y suspiró- "De acuerdo, tal vez considere perdonarlo. Pero no estoy segura de querer hacerlo"- dijo aún cruzada de brazos.

"Esa es mi nena"- dijo con voz melosa al tiempo en que besaba la sien de su novia.

"Cielos Freyr, lo que daría cualquier chica por tener un novio como tu"- y es que el tipo no era un bombón pero tenía un corazón de oro.

"Ah… eso es una sugerencia?"- preguntó pícaro. Tomoyo rió y negó suavemente.

"Sabes que no te cambiaría por nada"- contestó con su dulce voz.

"Mmm¿en serio?"- preguntó divertido mientras la recostaba sobre el sillón y la amatista acomodaba sus brazos alrededor de su cuello, acariciando así el suave cabello de su novio que caía en pequeños rizos sobre su rostro, algo cuadrado, con la nariz semirecta debido a las varias peleas en la universidad, estaba en el equipo de Tae Kwon Do.

"En serio"- contestó en susurro. Freyr sonrió y comenzó a besarla suavemente, desde su frente hasta su nariz, con delicadeza.

Sus labios se fundieron en una caricia placentera y suave, que subía de tono conforme la pasión y lujuria de sus cuerpos se desataba. El acariciándola delicadamente y ella correspondiendo a sus caricias, primero tímidas y poquito a poco, más atrevidas. Freyr acarició los senos de la joven de manera tierna, la amatista gimió entre sus bocas, bajó la mano a su abdomen provocándole escalofríos de sólo pasar la mano sobre el vientre, bajó un poco más la mano y Tomoyo de inmediato lo aventó al extremo opuesto del sofá.

"¿QUE CREES QUE HACES?"- preguntó desconcertada y más fue el desconcierto del castaño al ver sus temerosos ojos amatistas. Y es que, en el momento que sintió la mano de Freyr ahí abajo sintió que invadían su intimidad, como si estuvieran a punto que tocar algo que esta prohibido y el simple hecho de pensarlo, le dio nauseas.- "¿Por que… POR QUÉ LO HICISTE?"

"Tomoyo, yo no quise"- le miró incrédula, bien si había querido pero no podía decirle eso- "Fue un accidente"- balbuceó.

Tomoyo se levantó del sillón y sus ojos destellaron en frialdad- "Creo que deberías irte, Freyr".- le dio la espalda.

"Pero…"- Tomoyo volteó a verlo con una mano en puño sobre el corazón y esa mirada glaciar. Esa no se parecía en nada a la Tomoyo que conocía, era como ver a una persona completamente diferente, inclusive su voz era diferente.

"No tienes nada que hacer aquí"- respondió fríamente y caminó hacia la puerta de entrada, abriéndola y esperando a que su novio saliese. El castaño no dijo nada, la miró con duda unos segundos y después salió, se giró sobre sus talones pero el duro rostro de Tomoyo le provocó voltearse de nuevo y caminar por el pasillo hacia la salida.

Cerró la puerta con fuerza provocando un sonoro eco en la casa. Un par de lágrimas salieron de sus iracundos ojos y rodaron por sus rojas mejillas.

"Igual que todos"- mordió sus labios para evitar soltar un sollozo y se dirigió de inmediato a su cuarto- "Por que todos los hombres tienen que ser unos completos idiotas"- tomó su celular, que vibraba como loco sobre la mesa de noche- "Violeta"- bramó.

"Ehm… Violeta"- la voz de su jefe sonaba un poco temerosa- "esta bien que vengas en este momento o lo dejamos para…"

"Cualquier momento es bueno, voy para allá"- interrumpió sin dejarlo continuar, colgando de inmediato.

Se miró en el espejo de su habitación, las lágrimas salían sin que ella pudiese evitarlo, realmente esa acción la había molestado, pensó en haber encontrado por fin a alguien diferente pero se había equivocado, completamente errada. Respiró profundamente tratando de calmarse pues su pecho subía y bajaba rápidamente, sus manos se cerraron en puño sobre la mesita que se recargaba, sintiendo sus uñas clavarse en su propia piel. No lo aguantó más, alzó una mano, tomó vuelo y estrelló su mano contra el cristal mientras gritaba tan fuerte como su voz y sus pulmones se lo permitieron, haciendo añicos parte del espejo y dejando su sangre impregnada en algunos pedazos de cristal.

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"Señor Hiragizawa, me gustaría hablar con usted."- habló con firmeza.

-Se puede saber…

"Asunto oficial. En mi departamento, once y media"- colgó el Agente Li sin darle oportunidad a Eriol de contestar.

Miró hacia enfrente mientras guardaba su celular en la guantera de su auto, se encontraba frente a un edificio enorme, de blancas paredes, con algunas columnas sosteniendo la fachada, las ventanas tenían barrotes que impedían la entrada o salida de cualquier persona, el inmenso jardín rodeado de altos árboles y bellas flores daban alegría a aquel lugar rodeado por un enorme muro de piedra con cerca electrificada. Por afuera se veía un tanto tétrico debido a lo desolado que se encontraba el lugar aunque por dentro se viera diferente.

Dejó salir un suspiro cansino y se encaminó a la puerta del edificio. Se despojó de sus armas en la recepción y caminó hacia la puerta que daba paso a un largo pasillo lleno de puertas blancas con pequeñas ventanas en ellas que permitían la vista al interior de cada uno de los cuartos, mostrando a personas que a primera vista podían verse como cualquier otra, completamente normal; pero que sí, las observabas con detenimiento y por algunos segundos más, podía notarse la anomalía en cada uno, su comportamiento en ocasiones impresionante, en otras desconcertantes y en muchas otras, infundían miedo al vidente.

Subió las escaleras, caminó hasta el final del pasillo en donde no era diferente a los anteriores que pasaba, todos igual, por lo menos en esa área del hospital psiquiátrico aunque tenía la impresión de que quizás debería investigar más afondo y eso incluía una visita al ala oeste del hospital, un lugar donde podía verse al mismo infierno en la tierra, las personas en ese lugar eran más que simples enfermos, esas personas lograban acelerar tu pulso, entre cortar tu respiración, bañar en sudor no sólo tu frente sino prácticamente cada parte de tu cuerpo, crispar los vellos desde la nuca hasta la base de la espalda y fácilmente, desear salir corriendo mientras lloras histéricamente. La parte más peligrosa del hospital, pero no por ello, la menos interesante.

Tomó asiento al entrar a una habitación llena de espejos, frente a un escritorio del cual sobresalían un par de cinturones pequeños al lado opuesto de la mesa, y una silla con grilletes en las patas delanteras de la misma. Miró hacia la única ventana en el cuarto y deseo poder salir volando de la habitación, era su décima u octava visita en esa semana y comenzaba a sentirse desesperanzado y frustrado. Suspiró y esperó.

FLASHBACK

Unos fuertes toques en la puerta de su departamento le despertaron de su sueño con violencia, sintiéndose un tanto irritado y a la vez intrigado, miró el reloj sobre la mesa de noche y gruñó. Eran pasada las 3 de la mañana, no hacia menos de una hora que por fin había logrado conciliar el sueño y dormir tranquilamente, se levanto molesto mientras los aporreos en su puerta continuaban, dejando al descubierto su torso trigueño y firme sólo visible por el resplandor de la luz de la calle.

"VOY"- pero la persona en la puerta seguía tocando con insistencia- "YA ESCUCHÉ"- llegó hasta la puerta y giró la perilla- "¿Quién demonios podrá ser a estas horas?"- al abrirla la persona tras de la puerta se abalanzó sobre él tumbándolo en el piso. La miró con desconcierto y al notar los largos cabellos azabaches, se preocupó- "Meilin¿que sucede¿Por qué estás aquí?"- pero su prima no contestó. La sacudió levemente pero la fotógrafa se aprensó con fuerza al torso de Li, lloraba con amargura y temblaba intensamente, eso lo desconcertó.

Le tomó cerca de media hora el lograr que su prima lo soltara y otra media hora más hacerle hablar.

"Es él"- sollozó- "Viene de nuevo por mí"- sus trémulas manos apenas podían sostener la taza de té que poco antes su primo le había ofrecido.- "Tengo miedo"- gemía con dolor mientras abundantes lágrimas salían de sus rojizos ojos ágatas.

A Syaoran se le derritió el corazón de sólo verla en ese estado, se acercó a ella tomó la taza entre sus manos posándola en la mesa de centro y la abrazó con una ternura y calidez que destellaba en sus ojos ámbares.

No era la primera vez que le hacían esto, pero tenía que detenerlo.

FIN DEL FLASHBACK

La puerta del otro lado de la habitación por fin se abrió y de ella salió una jovencita no mayor de 15 años, su rostro estaba demacrado, sus apagados ojos verdes parecían mirar a un punto en la habitación, su largo cabello rojizo amarrado en una trenza y vestida con una camiseta y pantalón blancos, completamente descalza; tomó asiento frente a él, dejando que sujetaran sus muñecas y sus pies evitando que de alguna manera escapase o tratara de atacar a su interrogador.

Pasaron unos segundos, esperando a que los dejaran solos, ella completamente ida, el analizando a la joven frente a sí. Abrió su boca pero la cerró de nuevo al escuchar que la pelirroja tarareaba una canción.

"Señorita Mutto"- le llamó pero la joven parecía no escucharlo- "Yumeri"- trató con su nombre pero la joven como si nada- "Escuche"- la joven calló y lo miró fijamente.

"Se bien por que está aquí"- su suave y tranquila voz lo impresionó de momento- "Pero esta perdiendo su tiempo conmigo"- respondió.

"De eso no puede estar segura"

"Se sorprendería"- miró sus manos sobre la mesa y mordió su labio inferior- "Usted quiere obtener información sobre el Asesino Sin Alma"- respondió sin más, Li se sorprendió pero su rostro no mostró reacción alguna- "Pero desafortunadamente para usted yo no tengo más información de lo que los demás le han dado"- lo miró de nuevo- "Y aún si tuviera, no me corresponde a mi decirle nada."- enarcó una ceja el agente- "Yo no soy con quien debería de estar hablando. La persona que usted busca esta en el ala oeste del hospital"- la joven comenzó a reír primero suavemente y después casi de forma desquiciada.

"¿Quién es esa persona?"- preguntó Syaoran pero la joven continuó riendo, sus ojos desorbitados daban fe de su demencia.

Los paramédicos entraron a la habitación y la joven al sentir sus manos sobre ella comenzó a forcejear para liberarse de sus opresores. Gritando histéricamente, dejando marcas rojizas en sus muñecas y pies. Empujaba con ímpetu la mesa y la silla. Li sólo podía observar el comportamiento de la joven, había algo ahí que no encajaba del todo. Los enfermeros la desataron a tiempo pues comenzaba a sangrar de sus recientes heridas.

"Yumeri Mutto¿de quién habla?"- pidió.

La joven se comportaba de manera agresiva logrando que pequeños mechones de cabello salieran de su trenza, tratando con todas sus fuerzas de escapar de los enfermeros. Li se levantó de su asiento rápidamente mientras la joven salía de la habitación con una sonrisa malévola en sus labios y los galenos la jalaban con fuerza. Miró desconcertado a la puerta, como esperando a que volviera a entrar por ella, pero después de unos segundos simplemente suspiró y miró hacia la mesa, sorprendiéndolo. En sangre, escrito sobre la mesa, lo que parecía un nombre o por lo menos un apodo. Miró de nuevo a la puerta frente a él, con millones de preguntas en su cabeza pero con la certera esperanza en ese apodo, asintió levemente y se retiró de la habitación.

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Sus dedos se posaban en sus labios una y otra vez mientras observaba el techo de su amplia habitación de tonos rosados que iban desde las cortinas hasta los muebles, se giraba a un lado y después al otro como queriendo acomodarse en la cama a pesar de sentirse cómoda. Sus ojos verde azulados parecían idos aunque en su mente era un completo caos. Sus manos un poco inquietas se posaban de vez en cuando sobre sus labios o agarraba con fuerza el edredón perla de su cama.

"Señorita Himeki"- sonó una voz a través de la habitación hasta llegar a sus oídos, ni siquiera había notado cuando habían abierto la puerta- "Señorita Himeki"- insistió la voz de la mucama.

"¿Qué sucede Margot?"- contestó suavemente.

"Su padre me mandó a llamarle, dice que es importante"- la mucama la miró expectante- "Señorita…"

"Dígale a mi padre que voy en un momento"- contesto con monotonía.

Esta vez si escuchó cuando la mucama salía de la habitación. Se levantó de su lecho y caminó hacia el espejo de pared cercano a su armario, se miró un instante y después cerró sus ojos, como sintiendo de nuevo la calidez de los labios de Tsukishiro pero también la posesión con la que la devoraba, abrió sus ojos y estaba completamente sonrojada. Suspiró y caminó hacia la puerta de su habitación.

Desde que la besó no había momento en que no pensara en ello, lo cual la llegaba a sorprender porque no creía que fuera algo importante, igual y el agente Tsukishiro estaba acostumbrado a robarle besos a todas las mujeres con las que salía, aunque no salió con ella realmente, sólo le confío la razón por la que debía estar en el baile de gala anual, así que no podía tratarse de una cita y últimamente eso la hacía sentir un tanto, pequeña.

Tocó la puerta de la oficina de su padre y una suave 'adelante' le indicó que podía pasar.

"Toma asiento, por favor"- dictó su padre sin despegar la vista de los papeles que revisaba.

Kumiko vio al autor de sus días con atención, si a veces podía ser una persona terca e inclusive fría, pero lo quería y muchísismo, alguna vez le había demostrado tanto cariño y amor que la colmaba de abrazos y gestos, le iluminaba su mundo, aunque fuera injusto que ese sol se haya ido cuando ella menos lo imaginó pues el vacío que dejo dentro de los corazones de cada uno de los Himeki ha sido, desde ese momento, imposible de llenar de nuevo.

"Kumiko"- le llamó suavemente pero aún con ese tono áspero que le caracterizaba- "Debes saber que me opongo completamente a que vayas al Baile Anual de Gala que se celebrará dentro de una semana"- la pequeña caramelo lo miró con determinación, a punto de abogar por lo que ya habían discutido con anterioridad- "Más sin embargo, es sumamente necesario que asistas para así mantener ocupado a cierto oficial de que 'no se meta donde no le llaman', esa noche pasaran algunos eventos de los cuales no podemos arriesgarnos a que seamos descubiertos. El Agente Li y la Detective Kinomoto estarán también ahí, entiendo que te llevas bastante bien con Kinomoto…"

"Padre, está solicitando mi ayuda?"- preguntó entre temerosa y deseosa, expectante de su respuesta pues de ser así, se sentiría más cerca de su familia que nunca y aún si no, pues al menos podría guardar el secreto de los sucesos de aquella noche.

Su padre se limitó a verla sobre sus gafas de lectura, alzó una ceja y se acomodó en su sillón- "Kumiko, esto no es de broma. No podemos arriesgarnos a nada y mucho menos si tu estas presente. Si tan sólo fuéramos tus hermanos y yo entonces…"

"Padre no diga eso!"- Kumiko se levantó de su asiento y apoyó las manos sobre el escritorio, sus ojos normalmente dulces ahora le recriminaban lo que para ella serían razones carentes de sentido o importancia. Y es que, a veces su padre podía ser muy cabeza dura cuando se trataba de dar ciertos pasos y se negaba a razonar otra opción.

Kei la miró y en ella podía ver a su madre, exactamente como Asumi, con ese carácter lleno de preocupación por sus seres queridos, su determinación para oponerse a sus ideales y demostrarle que siempre podía haber una tercer opción aunque no hubieran dos. Eso le hizo sonreír momentáneamente pero también comprendió que ella era la que más protección necesitaba, no soportaría perderla, no de nuevo.

Caminó hacia ella y abrazó a su pequeña hija, Kumiko se sorprendió por el gesto, era la primera vez después de la muerte de su madre que lo hacía y eso la lleno de dicha, le indicó que su padre aún la amaba y si era posible, aún más que antes.- "Kumiko, espero entiendas el grado complejidad que tiene este caso y…"

Kumiko saltó de alegría y gritó llena de felicidad al escuchar que se le asignaría un caso. Su padre carraspeó y a la pequeña caramelo le recorrió una gota por la nuca, estaba haciendo demasiada celebración por algo que quizás fuera cosa de principiantes pero es que desde que tiene memoria, no se le había asignado caso alguno de acuerdo a su identidad debido a cierto incidente años atrás.

"Kumiko, entiende que vamos a trabajar y no a divertirnos"- otra vez el tono áspero y autoritario de 'Soy Edward dueño de las empresas Himeki'.

Lo miró seria y sonrió con dulzura- "Lo sé padre, no debe preocuparse de nada, verá que todo saldrá de acuerdo a lo planeado"- respondió la joven- "Puede estar seguro de ello"- su padre posó una mano sobre su menudo hombro y le dio un par de palmaditas.

"No quiero escuchar queja alguna, Kumiko"- dijo simplemente antes de regresar detrás de su escritorio y reiniciar lo que hacia momentos antes de que entrara su pequeña hija.- "Dentro de poco te daré los detalles, así que tienes una semana para prepararte, se que no es mucho tiempo pero supongo será suficiente"- la miró y sonrió con desdén.

A Kumiko le brillaron los ojos azulados que había sacado de sus progenitores, se abalanzó sobre su padre en un abrazo cariñoso y besó su sien- "No se preocupe padre, haré mi mejor esfuerzo, verá que esta vez todo saldrá perfectamente"- caminó hacia la puerta y antes de tomar la perilla se giró hacia su padre- "Ehm… me retiro"- hizo una pequeña reverencia y salió de esa oficina.

Kei se limitó a ver la puerta de cedro por la cual hacía poco había salido la menor de sus hijos, sonrió. Como le recordaba a Asumi, era asombroso el parecido entre ella y su madre, hasta el carácter optimista en situaciones de alto riesgo había sacado.

Su rostro se tornó frío y serio, se giró hacia el ventanal y recorrió con su azulada mirada los jardines que en algún momento estuvieron llenos de flores de mil tipos y colores, suspiró y miró al cielo- "¿Estaré haciendo lo correcto, Asumi?"

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Los coloridos de las calles le inundaban sus cristalinos orbes conforme pasaba por cada uno de los escaparates. Muchas personas reían en sus cercanías, y sólo les veía de reojo, sin atreverse a verles directamente al rostro por miedo a reconocer ese sentimiento de alegría del que un día se había enamorado y al siguiente le arrebataron con crueldad. Aún podía saborear las lágrimas que corrieron desde sus ojos hasta sus labios y aún podía ver a su amado tendido sobre sus piernas mientras intentaba de detener la hemorragia.

"Akisuki"- escuchó de pronto, provocándole salir de sus pensamientos, observando unos zapatos negros bien boleados.

¿De donde había salido eso? Pues ella estaba segura que no había podido acercarse a su amado de nuevo, estaba segura que se había desmayado en cuanto lo vio tumbado sobre el cemento. No podía ser que eso hubiera pasado, era poco probable. Y de haber sido así¿por qué lo estaba recordando apenas?

"Nakuru"- le llamó el cerúleo frente a ella.

"Perdón, Tsukishiro"- respondió con su voz triste y queda- "¿Nos vamos?"- el cerúleo asintió.

Caminaron un poco antes de llegar a una cafetería conocida para ambos, donde tomaron asiento…

"Estás teniendo problemas?"- le preguntó al cerúleo- "Eso es difícil de creer"

Y por un instante, le pareció ver a la vieja Nakuru, la que se mofaba de su comportamiento en cada ocasión que podía, pero su rostro regresó a ser uno sin luz de alegría- "… yo también puedo tener problemas"- comentó.

Ambos tomaron de sus respectivas tazas y un silencio incómodo les invadió.

Yue por su parte, no recordaba cuando había sido la última vez que se había sentado con Akisuki a platicarle sus problemas o al menos para hablar tranquilamente, al parecer había pasado demasiado tiempo, mucho más del que el pensaba.

Mientras Nakuru, sólo podía evitar la mirada de quien en algún momento fue su cuñado, pues de sólo mirarlo le traía recuerdos y no precisamente porque se parecieran, si de hecho Yukito siempre fue muy diferente a Yue, en todo. Pero, había algo en su presencia que le hacía ver a SU Yuki de nuevo.

"¿Has pensado en vivir otra vez?"- preguntó de repente Yue sobresaltando a Nakuru.

La castaña lo miró sorprendida y a la vez molesta. ¿Cómo podía decirle eso? Es decir, era de su hermano a quien se refería.- "¿por qué?"- simplemente preguntó en un hilo de voz.

"Nakuru, tu y yo sabemos que Yuki jamás habría querido verte de esta manera. Nunca lo hubiera deseado"- sus marrones y cristalinos ojos se cerraron en un gesto doloroso, recordando al peligris.

"No puedo creer que me pidas eso Yue"- respondió- "Sabes bien que yo…"

"Lo sé, pero conocía a mi hermano más que tú y por eso te digo que ya es hora que salgas adelante"

"Claro, es fácil decirlo. Para alguien que no tiene corazón, es muy sencillo. ¿No es así?"- azotó sus palabras. Yue no se inmuto, sólo la miró con algo parecido a la compasión y suspiró.

"Precisamente por eso te cité."- era la segunda vez en el día que Nakuru se sorprendía- "Necesito que me digas que hacer con esto que siento"

…El viento sopló y las hojas de los árboles volaban sobre sus cabezas, mientras los rayos de sol calentaban la acera y algunas sillas y mesas del local; se apreciaba el sonido del agua al caer en la fuente y salpicar en sus muros…

"No crees, que es un poco pronto para sentir eso que dices sentir?"- preguntó cauta después de una larga explicación que para su sorpresa, hacía revelar gestos en el normalmente inexpresivo rostro de Yue, para después de tomar un sorbo de su té.

"Es por eso que necesito tu ayuda."

"Sabes que existen diferentes tipos de amor?"- Yue la miró- "El amor que sientes por un hermano es completamente diferente de aquel que sientes por una persona especial o por el que sientes por el mismo Kami. Inclusive, hay diferentes maneras de enamorarse."- Yue alzó su ceja- "Lo que quiero decir, es que quizás estés confundido porque la ves como un reemplazo de Yuki"- su voz sonó entristecida- "Quizás ves demasiadas semejanzas con él que te has dejado engañar al recordarlo y…"

"No"- interrumpió secamente- "No es una comparación con Yuki, ni mucho menos. Si, me quitaron a mi hermano pero no por eso voy a buscar un sustituto, no hay sustituto para quien era"- remarcó.

"Ahora entiendes porque no puedo olvidarlo?"- La miró expectante- "No puedo sustituirlo porque no hay nadie que se le parezca en lo más mínimo. No existe nadie que pueda ocupar su lugar. Por eso no puedo dejar de pensar en él o querer que esté a mi lado. Yo…"- un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, provocándole cierta vergüenza y ocultando su rostro entre sus manos- "Perdona"- sollozó.

Yue se limitó a poner una mano sobre su hombro y es que, en ese tipo de situaciones no sabía que hacer. Era como si hubiera nacido sin la capacidad de entender los sentimientos humanos, más específicos los de las mujeres. Por eso la confusión, por que no sabía que hacer o pensar ni nada. Era algo completamente nuevo y le sacaba un poco de quicio el no poder saber como reaccionar ante tal situación.

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Sus ojos cafés lo veían con algo parecido al reproche y hasta cierta ¿satisfacción?

"Pero Kaho, te he dicho que fue un accidente!"- replicó masajeando sus sienes por enésima vez en el día- "No es nada importante ni siquiera algo que me quite el sueño… Bueno, en realidad si lo es"- se acercó y acarició sus hombros semidesnudos debido a la blusa halter que llevaba.

"Si claro, eso dicen todos. No es nada importante y a la mera hora, dejan plantada a una en el altar"- da la espalda y solloza dolorosamente.

"Kaho, sabes que yo no sería capaz de hacer eso"

"No por su puesto que no."- ironizó- "Eriol Hiiragizawa jamás sería capaz de hacer eso. En cambio me pedirás el divorcio a los dos meses o peor! La harás tu amante!"- unas lágrimas salieron de sus ojos que cubrió con sus delicadas manos, mientras salían más sollozos eventuales de su ser.

"Ay por Kami! Kaho, jamás haría algo como eso! Me conoces, no se porque dudas tanto de mi palabra"- recriminó.

Kaho lo miró con reproche- "Eso pensaba yo también, hasta que vi como la veías!"- replicó- "Era como si vieras a tu otra mitad! Como, como…"- sollozó fuertemente- "Como si la amaras de toda la vida!"- acusó casi gritándole.

Eriol la miró sorprendido. ¿De verdad la veía de esa forma o era la forma dramática y exagerada de Kaho de interpretar las cosas?- "Por supuesto que no! Yo no…"

"Ya, no quiero saber nada más"- habló en un tono que no aceptaba reproches ni aclaraciones- "Eriol, no se si esto deba seguir"- dramatizó- "Tengo"- miró al piso y después a sus ojos con dolor y tristeza- "Tengo que pensarlo"- tomó su bolso del escritorio y salió como huracán de ahí.

El silencio invadió por unos instantes la oficina hasta que dejó salir un suspiro de alivio el albino.

"¿Y a esta que le pasa?"- aún observando la puerta por donde su prometida había salido. Miró su reloj y al ver la hora solo suspiró, casi era hora de ir al departamento de Shaoran y se preguntaba para que quería verlo. Tomó las llaves de su auto y comenzó su camino hasta el estacionamiento.

"¿Debería seguir con esto? Es verdad, quizás debería terminar con todo de una buena vez aunque... En primer lugar, jamás le habría pedido que se casara conmigo de no haber estado seguro por completo de que la amaba... La amaba"- no había notado el momento en que subió a su auto y comenzó a conducir, se detuvo al ver la luz roja del semáforo. En ese instante vio como una pareja pasaban abrazados frente a su coche y los demás, se veían felices.- "Sumamente felices... ¿Lo era¿lo soy?"- se preguntó de repente- "Quizás lo fui, pero ahora... Ahora¿que se supone que haga?"

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"Por fin llegas"- respondió su tranquila voz.

"Perdona, tuve un pequeño accidente"- respondió señalando su mano vendada.

Daniel alzó una ceja, miró a Violeta a los ojos y parpadeó- "…Supongo que es consecuencia de tu enojo de esta mañana"

"¿Quién es la víctima?"

"Evasiva… Permíteme"- oprimió un botón y en la enorme pantalla holográfica de casi 4 metros apareció el rostro de su nueva víctima .

Al verlo, sus ojos desorbitados por la impresión y su boca casi rozando el suelo de lo abierta que la tenía. No hizo sonido alguno, ni siquiera un "oh" por respuesta pero como si lo hubiera hecho, Daniel la veía entre sorprendido y espantado; pues si bien nunca había visto pizca alguna de emoción en ella (y estaba más que consciente que debía tener), ahora era más que sorprendente el verla.

Frente a ella, en todo su esplendor (o bueno casi) el atractivo rostro varonil, de ojos entre gris y azul zafiro destellando arrogancia, enmarcados por unas gafas semiredondas, de nariz recta, labios finos y con una mueca de superioridad en ellos, sus cejas negras acentuando sus gestos, sus cabellos negro azulados y su piel albina, vestido con un traje azul marino y corbata beige. El dolor de cabeza de sus pasados días y quien sería su pareja en la fiesta de gala, Eriol Hiragizawa.

Parpadeó repetidamente como queriendo desaparecer esa imagen y es que últimamente ¡hasta en la sopa lo veía! Debía ser una broma y de ser así, de muy mal gusto.

"No es cierto"- suspiró al ver que en la imagen no desaparecía o cambiaba- "Eriol Hiragizawa"- se limitó a decir casi masticando las palabras. Es decir, el hecho de llevarlo como pareja de por sí ya era ridículo y ahora el tener que involucrarse con él hasta el punto de hacerlo vulnerable, le era el colmo. No sabía quien había hecho la lista de invitados, pero de verdad se las vería con ella una vez que terminase con él.

"Tu pareja de baile en la fiesta de gala"- Una venita apareció en su frente de sólo recordarlo- "Supongo que no tendrás problema alguno"- le miró de reojo, riéndose internamente por su "perfecta actuación" impasible.

"Para nada"- respondió entre dientes- "¿Para cuando lo quieren muerto?"

"Eso es quizá lo más interesante, mi querida Violeta."- se miraron- "Primero quieren que saques cierta información que necesitamos y después lo aniquiles. Lo distinto en este caso es… Que no será un interrogatorio, deberás vigilarlo, checar sus actividades, investigarlo a fondo. Tu sabes, cosa de rutina con los objetivos jugosos. Como quiera enviaré los detalles a tu gabinete. ¿Qué estas intentando padre¿Por qué él¿Y porqué ella precisamente?"- se preguntó intrigado.

"De acuerdo"-contestó casi altanera la joven amatista sin dejar de ver el rostro de Eriol- "Entonces no tiene fecha de muerte"

"No, aún no."- la miró pensativo y comenzó en voz vacilante- "Segura que…"

"Es un trabajo como todos los demás, estará muerto para cuando me digas."- respondió sin dar paso a una objeción.

"En ese caso, empiezas esta misma tarde…"- Violeta dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida- "Oh, es verdad…"- habló llamando su atención y la joven asesina volteó a verlo con cierta sospecha, pues el siempre le daba los detalles completos, nunca olvidaba algo, había gato encerrado- "Necesitamos que te deshagas de esta persona"- apretó el botón de nuevo y frente a ella la bella prometida del empresario más importante de occidente, Kaho Mizuki.

"¿Para cuando la quieren muerta a ella o será lo mismo que con Hiragizawa?"- preguntó ansiosa.

"A ella la quieren muerta la noche del baile de gala."- lo miró intrigada- "Será una prueba Violeta, además no estarás sola. Tendrás la ayuda de los 3 líderes, además de Pimperbell"- al pronunciar este nombre su rostro impasible pasó a uno sorprendido- "y de tus compañeros. Así que, no habrá manera de que te descubran."

"Lo dices como si no conocieras mi trabajo"- replicó de manera sospechosa- "¿Están seguros de querer involucrar a Pimperbell en esto?"- dudó.

"¿Acaso hay alguna otra opción?"- insistió.

"Tú dímelo"- lanzó una última mirada a la oficina y salió de ella- "¿Qué están tramando?"- se preguntó la diseñadora mientras seguía su camino.

Este trabajo le parecía diferente y extraño, no sólo por el simple hecho de tener que asesinar a quien es su pareja en la fiesta de gala y ni que decir de la prometida del mismo, además que si no se hace mucho esfuerzo se pueden hacer conexiones casi de manera inmediata y tener por ende la conclusión de: Todo aquel que se acerque a Tomoyo Daidouji habrá cavado su tumba, aunque también podía ser la de Tomoyo Daidouji es igual al Asesino sin Alma. Y en cualquiera de los dos casos era mil veces preferible evitarlas. Lo segundo extraño era la participación de Pimperbell en el caso, si bien esa joven estuvo clínicamente muerta por 2 días y desde entonces no se le asignaron más casos; ¿Porqué habría de involucrarse esta vez¿Qué era diferente? Si, era verdad que ella también estaría esa noche y bailaría con Tsukishiro pero con que propósito hacerle participar además de distraer al apuesto oficial.

Se miró al espejo cerca de su gabinete, mirándose por unos segundos y sintiendo aquel extraño presentimiento que no le había dejado en parte de la semana. Tenía la certeza de que algo habría de pasar y cambiaría parte de su vida pero siendo ella poco dotada para ese tipo de cosas y bastante escéptica, opto por obviar aquella sensación. Quizá se estaba volviendo un poco paranoica.

"Si, puede que sea eso."- sacó el sobre de su gabinete y de inmediato leyó su contenido.

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"Señor Hiragizawa"- no tenía mucho tiempo de haber llegado al departamento y podía sentirse la tensión en el ambiente- "debido a las pruebas obtenidas en los anteriores casos, me es importante informarle que usted es el que sigue en la lista" - enarcó una ceja el empresario inglés- "Usted será atacado por el Asesino sin Alma, no sabemos exactamente el día o la hora, pero ya que han sido en la noche, suponemos que así será."

"De acuerdo y me necesitan ¿por que?"

"Tan perspicaz como siempre, te… lo necesitamos porque si nos ayuda a descubrir quien es el asesino sin alma, usted podrá tener la libertad que siempre ha anhelado. Me haré más explícito, si usted me ayuda, yo personalmente borraré su historial de víctimas."

"De que se trata todo esto, Syaoran."- se miraron- "¿Tenemos que, 10 años de conocernos? Y aún así, me estás haciendo esto."

"Escúchame Eriol, no tengo mucho de donde elegir ni tampoco tú, ambos estamos en la cuerda floja y por si no te has dado cuenta no era como lo planeábamos."- se acerca a la ventana, recarga su brazo y su frente sobre él, sus ojos reflejados en el cristal le devuelven la cruel mirada de la realidad en la que vivía cada día - "Yo nunca pedí esta vida Eriol, jamás había pedido ser oficial, empresario y asesino al mismo tiempo."

"Yo tampoco pedí esta vida pero…"

"Pero que? Que quieres que les diga?… Ah sí, podría ser…"- optó por una voz arrogante y despreocupada- "Bueno señores, disculpen por no decir nada concreto de quien soy realmente, pero es que todos los empresarios importantes aquí en Japón, China, Suiza, Francia, España e Inglaterra somos parte de una gran mafia que te garantiza protección entrenándote como asesino, haciendo algunos trabajitos de vez en cuando y además, debes entrenar a tu primogénito o primogénita para hacer tal labor cuando el jefe de familia muera. ES ESO LO QUE QUIERES QUE DIGA?!"- replicó en voz lo suficientemente alta como para dejar un leve eco en la sala.

"No se trata de eso Syaoran."- respondió tranquilamente al detective pues si bien recordaba el explosivo carácter de Syaoran, sabía también que gritándose el uno al otro no resolverían nada.

"Entonces de que? Dímelo Eriol, yo jamás pedí vivir así."- insistió el ambarino.

"Y supones que yo sí."- replicó.

"No, sabes que no quise decir eso."- contestó un poco más calmado ante la respuesta del inglés.

"Escucha, deberíamos buscar una solución más constructiva."- trató.

"Es que no la hay! Ya no hay otra solución. Me la he pasado encerrado en los manicomios cada tarde, preguntando a cada sobreviviente si recuerdan algo y lo único que me han dicho es ojos-malditos-morados, sabes lo frustrante que es no poder obtener nada."- suspiró con desánimo antes de tapar su frente y sus ojos con una mano y llevar su cabeza hacia atrás chocando con el cristal de la ventana.

"Y por eso me lo pides a mí? Por que sabes que mis padres murieron a manos de uno de los asesinos? Por que sabes que vi como los mataban? Por que yo sobreviví a eso?!"- silencio- "Vaya, eso si que me reconforta Syaoran"- caminó hasta la puerta, tomó la perilla y antes de girarla suspiró- "Yo no soy el que sigue verdad?"

"No"- musitó Li aún sin mirarlo o quitar su mano de su frente.

"Sabes lo que pasará si nos descubren?"- el agente especial asintió- "Syaoran"- al llamarlo se miraron a los ojos- "Por nuestro propio bien, espero que el Asesino Sin Alma no sea el favorito de James o Edward, por que de lo contrario"- suspiró- "No quiero ni pensar en lo que nos espera."

Bufó -"No van a matarnos¿verdad?"- preguntó con un dejo de esperanza en su voz y algo de burla por su propio destino.

Hiragizawa suspiró y en sus ojos se reflejó lástima- "Hay cosas peores que la muerte… Nos vemos Syaoran."- salió del departamento dejándolo completamente solo.

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20:45 hrs, Mansión del Presidente

Las luces de la mansión a las afueras de Tokio rodeada de naturaleza le hacía verse a kilómetros de distancia debido a la soledad y oscuridad de ese lugar. Los autos iban y venía desde ambas direcciones, internándose en una ladera poco visible pero bien señalada por un bellboy a la entrada de la misma, siendo guiados hacia el interior del camino y dirigiéndolos a la mansión. El sendero siendo iluminado débilmente por lámparas colgadas de postes no muy altos y con amplia distancia entre un poste y otro, dando una atmósfera de misterio y calidez.

Al llegar a la mansión, los bellboys se encargaban de ayudar a bajar a las personas de sus coches y acomodarlos. Las personas en trajes muy elegantes, de largos y bellos vestidos escotados o reservados, deslumbraban a los invitados que ya habían llegado o apenas llegaban.

Luces de provenientes de una cámara se veían por un lado y por otro. Las personas posando ante esta con una sonrisa artificial, tal fuera una molestia, o bien con agrado.

Y es que, la bella camarógrafa que era Meiling Li, no habría darse por vencida sólo por una llamada. O como su querido y adorado primo le diría: "Por un tipo que casi logra te hagas pis en tus pantys".

Si, estaba de acuerdo, pero no por eso se dejaría intimidar. No podía vivir con miedo y mucho menos esa noche, de la cual dependía su empleo y su reputación.

Flashback

-Diga- respondió Eriol, aún tenso por la acalorada discusión de hace pocos minutos.

-Señor Hiiragizawa- contestó una voz dulce y delicada, reconociéndola de inmediato.

-Señorita Daidouji- se sorprendió de escucharla- ¿A, a que debo el honor de su llamada?

-Podríamos vernos.

-Seguro¿a que hora?

-Dentro de quince minutos en el parque del Rey Ueno. ¿Será posible o es demasiado apresurado?- su voz sonaba consternada.

-Estaré ahí, no hay ningún problema.

-Muy bien, entonces dentro de quince minutos nos vemos. Hasta luego.

En si la llamada fue extraña pero más el hecho de hacerlo tan apresurado, no sabía el motivo por el cual le había llamado pero así podría darle las disculpas que le debía directamente y no mediante un intermediario, como había sido todo este tiempo el teléfono.

Fin Flashback

La música ambientaba por completo la sala adornada de gala en oro y plata. Los violines tocaban armónicamente al compás de la composición interpretada. Algunas parejas bailaban mientras que otras veían desde las orillas de la pista a los demás, algunos buscando caras familiares y otros, bueno más bien las damas cotilleando entre sí sobre otras damas. Mientras los camareros caminaban con agilidad entre los invitados, ofreciendochampagne o bocadillos. Lo normal como en cualquier fiesta.

Iba y venía, de un lugar a otro, desde que el embajador -al ser el primero en llegar- bajaba de su cadillar con su esposa al brazo hasta ese instante en que la cena había sido servida y podía descansar unos minutos, antes de que las personas comenzaran a bailar de nuevo.

Flashback

La brisa comenzaba a calar los huesos, extrañamente era fría a pesar de ser verano. Su gabardina ondeaba con el viento y su cabello se despeinaba de igual manera. Esperaba con nervios y ansias su llegada. Lo cual le parecía increíble y hasta imposible, pero así era. Miraba a todos lados en busca de él. Sus brazos abrazándole le proporcionaban cierta calidez a su pecho semi descubierto por la blusa halter que llevaba puesta. El hálito sacudió su cabello hacia delante despeinándola aún más, pasó un par de mechones detrás de su oreja y entonces los vió. En saco de cuero, con un sweter ruso beige y pantalón de mezclilla, se acercaba aquel a quien esperaba.

-Disculpe la demora- dijo el hombre- Tuve algunos contratiempos, espero no haberle hecho esperar demasiado- comentó con una nerviosa sonrisa en su atractivo rostro.

-No se preocupe- le regaló una sonrisa- Espero no haberlo importunado mucho con mi llamada- comentó apenada- Se educada, se educada- se ordenó mentalmente.

-No.- negó suavemente- Quería verme- la joven amatista asintió.

-Quería, disculparme- miró al suelo y después a aquellos ojos que en ese momento tomaban un tono azulado, casi como el mar. Cautivándola y distrayéndole por unos segundos, antes de reaccionar dando un respingo- Sí, disculparme por mi conducta y mi falta de educación. No fue correcto de mi parte comportarme de esa manera ni mucho menos parecer altanera.

Eriol sonrió suavemente y esa tenue sonrisa llamó su atención- Yo también quería disculparme por haber intentado besarla, señorita Daidouji. No fue mi intención.-La nívea lo miro con gentileza.- Que hermosos ojos tiene-pensó.

-Lo sé, supongo que nos dejamos llevar por aquella música. La profesora sabía perfectamente lo que hacía y fue un truco en el que no debimos habernos involucrado.- justificó.

-Aún así, le ofrezco mis mas sinceras disculpas por ello- dio una reverencia galante y al enderezarse le dedicó su mejor sonrisa, provocando un sonrojo en la joven.

-¡Compórtate, compórtate!- se reprochó mentalmente ante las ganas de borrar esa coqueta sonrisa con un buen golpe- Descuide, no pasa nada- sonrió y eso le gustó- Bueno, tengo que irme señor Hiragizawa, fue un gusto volver a verlo. Ya no tiene porque mantenerse a distancia de mí- Eriol sonrió. Ella también sonrió en reflejo, giró sobre sus talones y comenzó a caminar- 1...2...3- comenzó a contar mentalmente sus pasos- "4...5...6..7...8...9..."

-Señorita Daidouji- llamó el magnate a sus espaldas. En el rostro de la joven apareció una mueca cruel en forma de sonrisa. Giró su rostro con una mueca desconcertada, digna de un Oscar- Me preguntaba, si le gustaría tomar un café.- le invitó.

-Yo…No- dudó.

-Por favor, eso me complacería mucho- insistió. La amatista sonrió para sus adentros y así mismo, externamente lo hizo pero con sutileza. Eriol no se daría por vencido, debía ganarse a esa joven, algo le decía que ella podría ayudarle en el futuro.

-Por supuesto- respondió.

El pelinegro ofreció su brazo y la joven Daidouji caminó hacia él aceptándolo, pero a pocos pasos tropezó y Eriol logró sujetarla entre sus brazos, ofreciéndole un sonrisa llena de seguridad.- ¿Se encuentra bien?

Sus miradas chocaron y ambos se perdieron en esos mares indescifrables de misterios. Se miraron unos instantes para después desviarlas, ella sumisamente y el mantuvo su sonrisa de ver lo delicada que podía ser al verse descubierta.

-¿Nos vamos?- preguntó el apuesto hombre- ¿Puede caminar?

-Sí- respondió suavemente la plomiza con un suave rubor en sus mejillas.

Fin del Flashback

La ceremonia ,por fin, estaba dando inicio con unas amables palabras del Presidente de Japón. Agradeciendo la asistencia de todos los presentes y esperando que no hubiera faltado nadie. Pares y pares de ojos le miraban con atención y gran admiración, algunos le miraban maravillados mientras que otros tenía un destello distinto en ellos.

Los aplausos no se hicieron esperar y sonoramente abarcaron la sala llena de lujos esa noche. Alzó las manos de nuevo en señal de atención y la multitud calló. Sonriente contempló a cada uno de los presentes y entonces pronunció- Música- y así la orquesta empezó de nuevo, observando como sus invitados comenzaban a buscar sus lugares y si acaso a sus respectivas parejas.

Un hombre un tanto más alto que el presidente de frac completamente negro, le saludó con una reverencia a la que respondió el presidente para después sorprenderlo con una pequeña nota. El presidente lo miró curioso, abrió la nota y sonrió.

"Me es grato informarles que esta noche nos visita una de las voces más bellas de todo Japón. Démosle un aplauso a la encantadora Daidouji Tomoyo."- los aplausos no se hicieron esperar y al frente apareció una joven de remarcada belleza, con el cabello recogido en un elegante moño del cual salía algunos rizados mechones y portaba un vestido perla estilo halter que ondeaba a partir del medio muslo. Haciendo una grácil reverencia al público presente, algunos viéndola impresionados mientras que otras con algo de recelo- "Así mismo, le acompañará al piano, el Magnate Internacional, Hiiragizawa Eriol"- quien con una sonrisa encantadora en su rostro hizo una elegante reverencia a su público que al verlo suspiro mientras algunas aguantaban sus ganas de gritar- "Por favor, complázcanos"- indicó el presidente.

Flashback

Risas- "No te creo"- contestó una dulce voz.

"Pero es verdad"- sonrió el hombre frente a sí, logrando ruborizarla.

"Y entonces, que hiciste?"- preguntó con curiosidad la amatista aún mostrando esa sonrisa en su rostro.

"Pues, me bajé del caballo o más bien el caballo se bajo de mí"- contestó divertido con una sonrisa.

"Pero no te paso nada¿verdad?"- preguntó Tomoyo.

"Es que acaso te preocupo?"- preguntó sorpendido.

Más risas- "No, pero sería muy grosero de mi parte preguntar por el caballo y no por ti"- sonrió.

"Supongo que tienes razón"- respondió con una luz de perspicacia en sus ojos. Algo que no pasó desapercibido por Daidouji.

Tomaron un sorbo de sus té's y sonrieron. Entonces Tomoyo sintió una vibración en su regazo, abrió su bolso y observó la luz del celular.

"Ahora vuelvo, disculpa"- se disculpó al momento de alejarse de la mesa y contestar la llamada.

Mirándola desde la mesa, envuelta por las tenues luces del café, proyectándola como una muñeca delicada de terciopelo y porcelana. Observó su frágil silueta a través de aquella luz de encanto y sonrió. No recordaba cuando fue la última vez que se detuvo a admirar a una mujer por su belleza y en esa joven era inevitable. Sonrió embelezado.

"¿Puedes creerlo?"- le comentó al regresar con una sonrisa juguetona y con la admiración en su rostro.

"¿Qué cosa?"- preguntó curioso.

"El presidente me ha pedido o más bien me ha ordenado que cante en la noche de gala"- su rostro se veía impresionado y con una sonrisa- "Es decir, no me molesta pero porque lo hace todo a la carrera. Pudo haberme dicho con anticipación o más bien habernos dicho con anticipación porque"

"¿Cómo?"- interrumpió sin entender a lo que se refería con "habernos".

"Sí, lo que pasa es…"- Eriol halzó su dedo índice en señal de espera y Tomoyo se cayó.

"Disculpa, me hablan"- se levantó y caminó unos pasos de la mesa.

Lo miró, analizándolo, su porte serio al principio y después con una suave y gentil sonrisa, su rostro tenía un tono divertido. Pasó una mano por su cabello negro, alborotándolo un poco. Su reacción era de interés y comprensión.

"Ya entendí a lo que te referías"- dijo con una mueca en su rostro cuando regresó a la mesa. Tomoyo rió al verlo- "Entonces¿cuando quieres empezar a ensayar?"

"Pues si se puede ya"

"En este instante?"- preguntó un poco sorprendido.

"Por supuesto"- contestó con una sonrisa.

Fin del Flashback

La mirada seria de ambos, los corazones agitados, la garganta a momentos seca, las trémulas manos húmedas, sus respiraciones casi en calma. Sus miradas chocaron y se dedicaron una gentil sonrisa.

Eriol posó sus manos sobre las teclas blancas y negras del piano y entonces el sonido de estas se hizo presente en la sala, a modo de introducción. Y después la dulce voz de Tomoyo llenó por completo el espacio al mismo tiempo en que el pianista lo hacía.

Something that you do / Algo que haces
I really can't explain / Realmente no puedo explicar
The way you make me smile / La forma en que me haces sonreir
The way you make me love you / La forma en que me haces amarte
When you're shining… / Cuando brillas

Diamonds don't make promises or decieve me /Los diamantes no hacen promesas o me defraudan
They don't lie / No mienten
All they do shine like the sun / Todo lo que hacen es brillar cual sol
Stars up in the sky / Estrellas en el cielo
I see them in your eyes / Puedo verlas en sus ojos
Can I see them now / Puedo verlas ahora?
Yes, I see them now / Si, ya las veo

Little diamonds /Pequeños diamantes
Please don't go away / No se vayan
Let me love you / Dejen amarlos
Can I keep you near / Puedo tenerlos cerca?
Let me hold you dear ever more / Queridos, dejenme sostenerlos aun más
Don't know what it is / No se que es
Your magic sparkle kiss / Tu brillante y mágico beso
Little diamonds / Pequeños diamantes
I'm yours / Soy suya

Flashback

"¿Y que te gustaría interpretar?"- preguntó Eriol al momento de acercarse al piano.

"Vaya, tienes un hermoso estudio"- mientras recorría con la mirada el estudio -decorado con sus altos libreros, sus grandes ventanales, su chimenea estilo marroquí, sus sillones mullidos, su elegante escritorio y el piano negro en una esquina del salón, dándole de lleno la luna. Eriol sonrió complacido- "Pues no lo sé, tiene un rato que no canto y… Realmente no se que podría ser de acuerdo a la ocasión. No recuerdo alguna que pueda interpretar en ese instante."- comentó una pensativa Tomoyo.

"¿Alguna petición?"- preguntó en tono incitante.

Su delicada mano se poso en su mentón en gesto pensativo- "¿Alguna recomendación?"- preguntó intrigada Tomoyo al captar el tono usado.

"En realidad, sí."- contestó con una sonrisa. Caminó hacia el escritorio a un lado del piano y cercano a una de las paredes de la habitación. Sacando de uno de los cajones unas partituras y buscando la que quería entre ellas.

Mientras, Tomoyo observaba una foto ,en marco de plata sobre el piano, a una pareja.

"Hiiragizawa, acaso la señorita Mizuki es su…"

"Ella es mi prometida"- contestó mirándola con cierta ternura y con partituras en mano.

"Espero no haya ningún problema por haber venido. No quisiera causarle ningún inconveniente."- comentó consternada.

Eriol se acercó a ella, ladeó su cabeza y sonrió- "No te preocupes"- contestó casi en susurro.

Su cercanía lograba hacerle sentir un poco nerviosa y con cierta invasión a su espacio personal- "También espero que no haya tenido muchos problemas por aquel incidente durante el ensayo."- el rostro de Eriol se tornó serio - "Si quiere puedo explicarle que fue un accidente"- se apresuró a decir.

"No, descuide. No importa. En realidad, quizá así sea mejor. Por algo pasan las cosas"- mencionó en tono misterioso. El ojiazul se sentó en el banco y le tendió las partituras a Tomoyo, como indicación de cerrar el tema- "Léalas y dígame que opina"

La amatista así lo hizo- "¿Está seguro que no nos dirán nada por cantar algo tan… como decirlo- su rostro mostraba confusión- frívolo como esto?"

"Pues en realidad no lo sé, pero no creo que importe mucho"- comentó muy relajado.

A Tomoyo le saltó una venita- "¡¿Es que acaso este tipo nunca se toma nunca nada serio?!"- lo miró tratando de comportarse- "Pero y si preguntásemos la opinión"- probó.

"Si eso la hace sentir más tranquila"- dijo encogiéndose de hombros. Hizo la llamada correspondiente y el permiso fue concedido.- "Listo"

"Bien"- contestó a desgano. Desde ese momento comenzaron a ensayar.

Fin del Flashback

Twinkling like a melody in the twilight / Centelleando como una melodía en el ocaso

Ever clear, made in heaven, some are cold / Siempre limpios, hechos en el cielo, algunos son fríos
And some are perfect cuts / Algunos son perfectos
While some are in the rough / Mientras algunos aún están en bruto

All so beautiful / Todos hermosos
You're so beautiful / Son hermosos

Little diamonds / Pequeños Diamantes
Don't you go away / No se vayan
Let me love you / Déjenme amarlos
Can I keep you near / Puedo tenerlos cerca?
Let me hold you dear for all time / Queridos, déjenme sostenerlos todo el tiempo
Don't know what it is / No se que sea
Your sparkle with a kiss / Su beso con un brillo
Little diamonds / Pequeños diamantes
Little diamonds / Pequeños diamantes
Be mine / Sean míos

La gente, de pie, aplaudió entusiasmada. Su interpretación había sido gloriosa y muy a pesar de los terribles celos que Kaho sintió al ver como la joven Daidouji miraba a Eriol en ciertas estrofas pero sobre todo al principio, tuvo que aceptar que era en verdad impresionante su manera de cantar. Y aunque Eriol le había dicho que no era nadie, ella sentía muy dentro que era una rival invencible. Por un instante sus miradas chocaron y tan sólo ver en esos profundos amatistas le provocó un escalofrío terrible que recorrió por completo su espalda y le hizo sentir miedo. Comenzó a sentirse débil al tiempo en que su respiración empezaba a ser cortada. Touya al ver el repentino cambio de color en el rostro de su pareja, la tomó del brazo y le ayudo a sentarse. Vamos, no es que le preocupara pero ver a alguien que cambia de un tono saludable a un blanco fantasma no es buena señal.

"¿Se encuentra bien¿Quiere que le traiga algo de tomar?"- preguntó con delicadeza el hermano de Sakura. Mizuki sólo negó suavemente tratando de tranquilizar su ahora agitado corazón.

"Quizá, sólo necesito un poco de aire"- comentó casi en susurro. Se levantó silenciosamente y caminó hacia el balcón.

Las parejas se levantaron de sus asientos al iniciar el vals y comenzaron a bailar al ritmo de la melodía que la orquesta interpretaba.

"Li ¿Qué no piensa sacarme a bailar?"- preguntó con voz áspera. El agente se limitó a mirarla con cara de pocos amigos.- "¡No me la voy a pasar sentada toda la noche!"- reclamó Sakura con brío. Una venita saltaba en su cien y su hermano no hacía más que reírse de aquel comportamiento- "¡No estuvimos recibiendo clases de baile para nada, me niego a quedarme sentada!"- reprochó.

Syaoran apoyó su rostro sobre una mano y suspiró cansino- "Pues que yo recuerde, usted fue la única que recibió esas clases, yo YA sabía bailar"- aclaró con toda malicia.

A Sakura le dio un pequeño tic en su ojo y de inmediato pisó con fuerza el pie más cercano del ambarino, enterrando el tacón de aguja en él. Syaoran apretó los puños tratando de no gritar y se limitó a verla con ojos de asesino. Sakura le sacó la lengua y después se levantó con toda la intensión de alejarse de él, de ser posible toda la noche. Touya sólo reía, se levanto igualmente de su asiento y caminó hacia Sakura, dejándolo por completo solo en la mesa.

El agente se limitó a suspirar, mientras sentía el dolido palpitar de su pie. Mejor para él si aquel espantajo se alejaba toda la noche. Aunque debía admitir que en el instante en que la vio cruzar las puertas de la mansión se quedó pasmado. No es que no hubiera visto una mujer arreglada antes, pero Kinomoto tampoco era cualquier mujer, se veía muy bella con ese vestido rosa pastel que dejaba al descubierto sus delicados hombros y su fina espalda. Observar aquellas dos esmeraldas remarcadas por el rimel en sus espesas pestañas y las sombras en tonos rosados. Ver como se volteaba a mirarlo y ofrecerle una mirada inquisitiva, como de quien pregunta la opinión. Y en su opinión, le encantaba, estaba hermosa.

Escondió su mirada detrás de su mano, arrepintiéndose de haber pensado eso y sonrojándose de vergüenza de sólo recordarlo.

"Maldita sea"

"Disculpa"- le llamó una gentil voz. Alzó su vista y frente a él se encontraba la hermosa amatista- "¿Le gustaría bailar conmigo?"- preguntó con una sonrisa cautivante y es que en verdad era hermosa, portando ese vestido crema de cuellohalter con diamantes en la cintura a modo de corsé y su oscuro cabello bellamente recogido.

Educada, hermosa, gentil, dulce, encantadora.- "¿Por qué Sakura no puede ser así?"- se preguntó y en ese mismo instante simplemente sacudió la cabeza como queriendo sacar esos pensamientos de su mente.

Miró de nuevo a su interlocutora quien lo veía desconcertada y de inmediato se levantó, ofreciendo disculpas mientras hacia una elegante reverencia-"Disculpe por ello señorita Daidouji, me sentiría muy alagado si aceptará bailar conmigo."

Tomoyo lo miró y rió suavemente- "Por supuesto"- respondió con gentileza.

Ambos comenzaron a bailar al llegar al centro del salón. El la guiaba con gracia y ella lo seguía gracil. Varias veces parecía apartar su vista ámbar de la joven Daidouji, como buscando a alguien entre la gente y las demás parejas, encontrando sólo por segundos unos esmeraldas que lo miraban reprochantes.

"Se ve muy hermosa ¿verdad?"- preguntó sacándolo de su distracción.

"Eh?"-Tomoyo rió y Li se limitó a carraspear al darse cuenta que lo había cachado mirando a su prima.

"Conmigo no tiene por que fingir. Es obvio que le gusta Sakura."- observando la reacción de aquel apuesto rostro contrariado.

"Por supuesto que no"- contestó rápidamente, casi molesto. Tomoyo rió de nuevo.

"Yo creo que sí. Aceptémoslo, es bonita, encantadora. La verdad es que ella es un encanto y cualquiera quisiera estar con ella pero…"- rió delicadamente.

"Y ¿en dónde esta er-el señor Hiiragizawa? No se supone que es su pareja"- cambio de tema rápidamente.

Tomoyo lo miró con una sonrisa enigmática- "Parece que decidió escapar por unos momentos al balcón, quizá a respirar el fresco de la noche."

Syaoran miró hacia el balcón por unos instantes, observando a dos figuras distantes argumentando lejos de todos en la oscuridad.

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"Kaho por favor, háblame, dime algo"- la mujer de rojo lo miró con ojos de pistola- "¿Qué?"- Eriol había ido al balcón después de observar desde la tarima como su prometida salía, sintiendo que debía ir tras ella cuando la vio.

"¿Cómo que "qué?" Tú muy bien sabes porque estoy así"- reprochó cruzándose de brazos.

"No, no lo sé. Por eso quiero que me lo digas"- cuestionó.

"¡Vi perfectamente como la mirabas!"- reclamó una furiosa pelirroja señalando hacia el salón.

"Cálmate Kaho, te aseguro que no fue nada"- explicó el magnate. Dio un paso hacia ella pero su prometida dio un par de pasos hacia atrás.

"No te creo"- su mirada era reprochante y llena de ira- "ALÉJATE DE MÍ! NO QUIERO VOLVER A VERTE!"- exigió fúrica.

"Kaho, por todos los cielos, cálmate"- la tomó de los hombros pero esta se safó de sus manos con fuerza. Para después propinarle una buena cachetada y salir corriendo en dirección de los jardines.

"Kaho…"- musitó pero no se movió, sólo observó como se perdía entre la oscuridad de la noche y el inmenso jardín lleno de arbustos que formaban un círculo alrededor de una fuente. Quiso moverse, pero algo le decía que no debía, que así es como las cosas debían ser.

Asintió con frialdad en su mirada y regresó al salón, viendo desde la entrada, entre el mar de cabezas, a Tomoyo que baila bellamente con Syaoran.- "¿Syaoran, bailando?"- ladeó su cabeza y se sorprendió hasta de su propia sorpresa- "Estoy seguro que si no lo veo, nunca lo hubiera creído."- susurró mientras se acercaba hacia el centro de la pista. Topándose al mismo tiempo con un hombre alto y canoso, le miró de reojo, se paralizó momentáneamente de ver al hombre a su lado- "Edward"- miró al frente de nuevo y sus dos hijos bailando al compás de la música con sus respectivas parejas, una despampanante rubia y una coqueta castaña. Después, frente a él, pasaron Yue y Kumiko, la miró unos instantes antes de que la espalda de Yue le quitara la vista de la joven Himeki quien portaba un vestido turqueza que cruzaba por su espalda en dos gruesas tiras llenas de diamantes. Kumiko se veía radiante y Yue sonreía como nunca. Los miró de nuevo y sin caber de nuevo en su asombro, observó con atención el rostro de Yue, era alegre.- "Es día que todos estén con una sonrisa en su rostro o que? Hasta las piedras ríen"- se quejó mentalmente y pues sentía que sólo él tenía una pésima noche.

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"¿No dijeron nada tus hermanos cuando te vieron salir así de arreglada?"- preguntó Yue.

Kumiko suspiró- "Casi les da un infarto. Dijeron que no podía salir así. Que como era posible que mi padre me hubiera permitido llevar este vestido."- Tsukishiro rió.

"Se ve que te protegen"- Kumiko asintió y le miró con atención.

"Te ves muy bien cuando sonríes¿sabías?"- Yue no dijo nada sólo siguió guiándola por la pista.- "Yue"- le llamó con cautela.

"Dime"- la miró con sus cerúleos ojos, abrió su pequeña boca y después sólo, suspiró.

"Necesito un poco de aire¿me acompañarías al balcón?"- preguntó con timidez.

"Por supuesto"- la llevó bailando hasta estar frente a la puerta del balcón, una vez ahí, salieron tranquilamente.

Kumiko caminó con rapidez hacia el barandal de piedra del balcón y miró hacia el firmamento nocturno barnizado de estrellas- "Yue…"- pensó con tristeza. Esos días en que se habían tratado, le habían gustado muchísimo. Jamás se había sentido tan bien con alguien, no la trataba como una niña ni como un objeto o un relevo. Y eso, le gustaba muchísimo de él, lo miró de reojo, no sabía cuando se había acercado sólo había sentido su calidez cerca de ella. Se recargó en su brazo y sonrió con dulzura.

Una dulzura que se desvaneció de inmediato al recordar su misión de esa noche, se sentía muy mal por tener que mantenerlo a distancia pero tenía que evitar a toda costa que encontraran a los demás y por supuesto, tenía que evitar cuando la viera realizar tan frío acto. Se había mentalizado toda la semana para eso, aún así, cuando vio su reflejo en los ojos de Yue, supo que si el estaba en medio de todo, hamás podría hacerlo. Suspiró.

"¿Sucede algo?"- preguntó Yue mirándola con atención. Sí, pudo haber sido poco tiempo pero el apuesto cerúleo había decidido dejarse llevar por eso sentimientos que afloraban en su interior. Muy a pesar de las advertencias que Akizuki le había dado, pero al fin y al cabo, el había decidido arriesgarse y sólo él pagaría las consecuencias.

Kumiko negó suavemente- "Sólo pensaba"

"En…"- cayó de inmediato y miró hacia en frente. No era uno de sus sospechosos para interrogarla ni mucho menos.

"Ti"- susurró, Yue pasó un brazo sobre sus hombros y ella se limitó a abrazarlo. No sabía si la había escuchado pero no le importó, sólo quería disfrutar de los últimos momentos de paz que le quedaban.

Antes de que todo empezara…

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"¿Por qué Violeta esta con el bombonazo del Agente Li?!"- reclamó encaprichada Asuka al ver como Tomoyo se deleitaba de sólo bailar con Syaoran- "¿Por qué no puedo bailar con él?"- reprochó.

Kazuo dejó salir un suspiro de exasperación. Toda la noche se la había pasado criticando y juzgando y quejándose, y ya no la aguantaba más!

"Asuka"- le llamó pero esta seguía.

"Y es que se supone que ella vino con Hiiragizawa"

"Asuka"- y seguía.

"¿Y por que con él precisamente? No merece estar a lado de alguien como lo es, Hiragizawa!"

"Asuka"- las venitas en su cabeza estallarían en cualquier momento si esa mujer no dejaba de replicar.

"Y además, porque no puedo bailar con él! Se supone que es un baile y todos podemos bailar con todos!"- exigió.

Kazuo tiró de ella hacia la mesa que les habían asignado con anterioridad, la miro serio- "Asuka, podrías guardar silencio lo que queda de la noche! O por lo menos tratar de bailar con Hiiragizawa si ese es tu mayor deseo!"

"Ay, Kaz, me espantas y me estás lastimando, además… Todo el mundo nos esta viendo"- Kazuo miró al frente y pudo ver unas cuantas miradas dirigidas hacia ellos.

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23:50 hrs

Tomoyo había observado el momento justo en que Kumiko y Yue habían desaparecido por la puerta, Sabía de antemano que en cuanto hiciera eso, tenía que contar 3 minutos exactos antes de comenzara el plan y terminara con su presa.

Había estado bailando con Eriol desde hacía unos momentos, observando con atención su rostro un tanto preocupado y al mismo tiempo frío. Sintió que el tiempo iba lentamente.

La luz de la cámara, les hizo parar unos instantes para posar ante ella.

Parejas bailando con tranquilidad sin pensar en lo que les esperaba.

"2"- se dijo mentalmente.

Eriol miró a Tomoyo a sus ojos, observando en ellos cierto cálculo, como midiendo su tiempo. Eso le intrigó. Recordando que sólo entre asesinos pueden reconocerse, sobretodo cuando saben que deben realizar algún deber y se encuentren de alguna manera, expuestos.

"1"- contó en su mente.

Respiración-Fijación del objetivo-Análisis-Decisión-Acción-Rapidez-Tiempo

Lo necesario para realizar su labor eficientemente, aún si hubiera quien se interpusiera entre ella y su objetivo.

"30"- miró a Eriol quien la analizaba con verdadero interés. Le sonrió y este le devolvió el gesto, desarmándolo y olvidando sus pensamientos de hacia unos momentos.

Cada sujeto comenzaba a colocarse cerca de su objetivo, todos mirándose esperando a que comenzara.

"3..." - los corazones y las respiraciones comenzaron a ser frías.

"2..."- mentalizándose para iniciar.

"1"-alcanzó a musitar la amatista.

Las luces se apagaron en ese instante. Quedando el salón en penumbras, al tiempo que la gente comenzaba a moverse alarmada hacia las salidas más próximas y de repente escuchar como las puertas se cerraban con fuerza. No había salida. La gente comenzó a escandalizarse.

Yue, Syaoran y Sakura se habían quedado expectantes en el instante en que la gente comenzaba a empujarse, listos para cualquier cosa que llegara a suceder. Sabían que debían tratar de calmar a la gente para que todo quedara en orden, pero era casi imposible caminar entre tantas personas.

Yue no supo en que momento había perdido de vista a Kumiko, sólo noto cuando esta volteaba al sentir el apagón de luces y se dirigía rápidamente hacia el salón. Obvio, el corrió tras ella, tratando de alcanzarla. Quedando atrapado dentro de la inmensa mansión.

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Afuera mientras tanto, Kaho al notar el apagón caminó rápidamente hacia uno de los ventanales, queriendo observar lo que pasaba dentro. Cómo si no lo hubiera hecho ya gran parte de la noche. De repente, sintió que una sombra le obscurecía más vista, giró a verla y pudo ver a la amatista frente a ella.

"Señorita Daidouji"- dijo sorprendida de verla ahí.

"¿Celosa, Señorita Mizuki?"- cuestionó con su fría voz. Alargó una mano hacia el cuello de la mujer tan rápidamente que esta no se dio cuenta. Mostrando sus crueles ojos ante la mujer que comenzaba a sofocarse y trataba desesperadamente de liberarse.

La miró como quien admira una obra de arte y después la azotó contra la pared- "No se preocupe"- susurró calmadamente a su oído- "Le aseguro que lo cuidaré muy bien"- declaró con veneno en cada palabra. Sonrió.

La mujer le vio aterrada, sintiéndose desfallecer por la falta de oxígeno. Tomoyo la admiró un poco más. Tomó su rostro con ambas manos y lo giró rápidamente, rompiendo su cuello y terminando así con su vida.

Se agachó cerca del cuerpo, sacando su afilada navaja del kit que llevaba atado a la pierna y marcó el cuello de su víctima.- "Que descanse"- sonrió antes de retirarse rápidamente hacia el balcón y esperar a que las puertas se abrieran unos milímetros para poder entrar y hacer como que estuvo adentro todo el tiempo.

Los tres oficiales por fin habían podido tranquilizar a la gente, una tarea ardua pero que había valido la pone, ahora podrían asegurarse de que todo el mundo estuviera bien.

Las puertas se abrieron suavemente, apenas dejándole pasar, para después cerrarse igualmente y hacer como que nada había pasado. Buscó con la mirada a los demás, pero a tan oscuras apenas podía distinguir siluetas, dio un paso pero entonces escuchó una respiración a su lado. La tomó de la mano y esta lo apretó suavemente. Era Eriol.

"Se habrá dado cuenta"- se preguntó.

"Te estuve buscando"- susurró a su oído.

"Perdona, pero es que quise salir a buscar a tu prometida pero las puertas se cerraron antes de que pudiera salir."- declaró Tomoyo.

"Gracias"- dijo con calma. Eriol quiso decir varias cosas pero no pudo articular palabra, por lo que se limitó a ver hacia la penumbra. Tenía una extraña sensación. Como si algo le faltara, de repente.

Las luces se encendieron y entonces varias mujeres comenzaron a gritar, charcos de sangre se veían debajo de ciertos cuerpos tendidos sobre el suelo. Los oficiales en ese instante vieron horrorizados la escena.

No habían podido detener un asesinato múltiple.


Vaya! Si que ha sido mucho tiempo desde la última vez que actualizé, sería tonto disculparme pero aún así lo haré. Disculpen la enorme tardanza y aunque no se si este capítulo compence la espera, espero sea de su agrado. Y siento que les debo una explicación, pues bien: la universidad absorbe prácticamente todo mi tiempo hasta el punto de no comer (créanme ese ha sido un horrible problema y más cuando tienes que entregar un trabajo y quedarte despierta toda la noche porque al día siguiente tienes q entregar otro a primera hora), además de algunos demonios personales que hasta el momento no han dejado de fastidiar pero más que nada por mi orgullo y finalmente mi inspiración caprichosa, la cual se aparece cada 50 mil años y después desaparece sin aviso ni nada! En fin u.u... además de sumarle distracciones que no valen la pena o por lo menos no los q yo conozco (entiéndase, hombres! Nada personal, sólo con las alimañas a las q tuve que tratar en persona durante este semestre en la universidad ¬¬) Así que ahorita que ando de vacaciones disfrutaré de mi libertad (o algo así) y me relajaré y pediré porque mi inspiración me visite más amenudo.

La canción que canta Tomoyo en la noche de gala es Diamonds de Ilaria Graziano (siempre se me olvida incluir este tipo de detalles), la mujer tiene una voz muy bonita se las recomiendo.
Y ahora, pasaré a los reviews!

Aio-chan: Muchísimas gracias por todos tus reviews, como puedes ver estoy actualizando (A penas ¬.¬) y de verdad siento que sea hasta ahora, pero con todo lo que he tenido que hacer pues lo he estado haciendo, poco a poco, esperando que sea de su gusto y perdon por haberte dejado esperando tanto tiempo. Je, que tengas una muy Feliz Navidad y Año nuevo y que todos tus deseos se cumplan. Cuidate mucho y ojalá no haga mucho frío en Chile. Chao!

Kizu-chan: Muchas gracias por tus reviews y me alegro que te este gustando la historia y su toque de gore seguirá, aunque en este no hubo pero después habrá bastante así que no te te guste este capítulo. Que tengas una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo! Cuidate mucho. Chao!

Angel Zafiro: Muchas gracias por tu review y como puedes ver estoy actualizando, apenas pero pues espero actualizar pronto o por lo menos acabarlo pronto u.u.. En fin, cuidat mucho y que tengas una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo.

Ya que terminé de constestar estos reviews aclaro que tenía pensado actualizar antes de la Navidad pero debido a ciertas cuestiones de inspiración y viajes pues no había podido, pero por fin lo estoy haciendo.

Así que espero hayan tenido una Feliz Navidad y tengan un muy Feliz Año Nuevo! Que todos sus deseos se hagan realidad!

Muchas gracias por la paciencia para esperar y por tomar de su valioso tiempo para leer mi fic, tanto a los que me dejan review como a los que no se los agradezco.

Cuídense mucho y nos estamos leyendo!

Ja ne!

Lebel27