No Tu Pareja Veela Usual

Por Janara

Capítulo 10: ¿Tiene algo en cuero?

- ¿Ya terminaron? Tenemos que ponernos en camino –les recordó Lucius a los chicos.

- ¿A dónde vamos, Padre? –preguntó Draco poniéndose de pie.

- Al Callejón Diagon. Harry necesita un nuevo ropero, ¿y comprendo que tú necesitas nuevos libros?

- Ah. Me había olvidado –dijo Draco yendo a cambiarse de ropa.

- No tiene que hacerlo, Sr. Malfoy. Iba a transfigurar algunas cosas después cuando tuviera tiempo –dijo Harry todavía sentado a la mesa, tomando una pluma y jugueteando con ella.

- No es problema, y es Lucius, ¿recuerdas? Eres familia ahora y ningún familiar mío va a andar vestido con harapos. O tener que transfigurar su propia ropa. Te mereces lo mejor y eso es lo que tendrás. Ahora apresúrate por favor, tenemos una cita en media hora.

- Sí señor –murmuró Harry, y fue a ponerse la túnica del colegio.

"Hmm, parece que el chico revierte a atuendo formal cuando está inseguro. No tuvo problema en llamarme por mi nombre anoche cuando estábamos relajándonos y charlando con un chocolate caliente. Tendré que mantener un ojo en eso" reflexionó Lucius, esperando a que los chicos regresaran.

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Harry caminó entre Lucius y Draco mientras se dirigían a salir de las barreras de Hogwarts. El sol brillaba, el cielo estaba azul, y había sólo una suave brisa entrando y saliendo de las copas de los árboles. Harry sonrió; si lo intentaba, era casi como si pudiera oír una diminuta risa. Tomando un profundo respiro, dejó que al aire de otoño llenara sus pulmones y se sintió extrañamente contento. Era como si todo su ser se recargara al estar fuera de las paredes de piedra. Como si las paredes de su único hogar lo estuvieran reteniendo y encerrando.

Sacudiendo la cabeza, hizo tal tontería a un lado y regresó a enfocarse en la tranquila charla entre padre e hijo. Ni en un millón de años hubiese imaginado al digno Lucius Malfoy teniendo en realidad sentido del humor. O teniendo un lado suave cuando su hijo estaba involucrado. ¡Hablando del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde! Pensó Harry divertido. Lo que veías definitivamente no era lo que obtenías cuando se refería a los Malfoy.

Y eso iba para ambos. Draco era una persona enteramente diferente cuando estaban solos y Harry empezaba a darse cuenta de que él también sólo había visto la máscara que le presentaban al mundo. No a las personas reales escondiéndose detrás de ellas. ¡Merlín, había sido tan niño! Pero de nuevo, nadie había estado cerca para enseñarle esas cosas, ¿verdad?

- Qué pensamientos tan profundos para una mañana tan adorable –interrumpió la voz de Lucius, trayéndolo de regreso al aquí y ahora. Ruborizándose, Harry se percató de que ya habían pasado las barreras y Lucius estaba sosteniendo un traslador que él todavía tenía que tocar. Sintiendo que todo su rostro se ponía caliente. Harry rápidamente puso dos dedos en el disco que el Sr. Malfoy sostenía y luego llegó esa sensación del tirón debajo de su ombligo, separándolo del espacio.

Harry aterrizó con un fuerte golpe seco y sólo fue lo bastante rápido de sujetarse de Lucius, lo que previno que cayera al piso. Con los ojos cerrados y respirando pesadamente, luchó contra la náusea y terror que lo atravesaban. "No ahí, no ahí, ¡no estoy ahí!" era la mantra a la que se aferraba, y eventualmente los sentimientos murieron al hacerse consciente de su alrededor una vez más.

Abriendo los ojos, Harry vio que estaba parado en una gran sala estilo probador con tres personas mirándole preocupado. Hundiendo la cabeza murmuró-. Ya estoy bien. Realmente odio los trasladores.

Lucius asintió y soltó el brazo que estaba sosteniendo, preparado para atrapar al chico si hacía falta, pero Harry estaba firmemente de pie y dio unos pasos hacia delante, mirando alrededor con curiosidad.

- Bienvenidos, Señores Malfoy y Potter. Yo soy Henri, ¿y comprendo que uno de ustedes está en necesidad de mis servicios? –dijo el sastre, siempre el experto. Iba a pretender que ese pequeño episodio nunca había sucedido. No quería perder a los Malfoy como clientes. Muy malo eso para el negocio. Muy malo de hecho.

- Sí, la pareja de mi hijo necesita todo un nuevo ropero –dijo Lucius arrastrando las palabras, dirigiendo a Harry al taburete ubicado frente a tres espejos. Instándole al chico a que se subiera, le quitó la túnica y sonrió con arrogancia ante los impactados jadeos de Henri.

- ¡Zut alor! ¡Esto es simplemente ridículo! –siseó el sastre caminando alrededor de Harry, asimilando su ropa heredada demasiado grande-. Esto tendrá que irse –agregó señalando la sudadera que Harry estaba usando con disgusto.

- Pantalones primero creo, ¿no? –dijo, y con una movida de la muñeca la ropa que Harry había estado usando desapareció. Otra movida lo tuvo vestido con un par de pantalones negros-. Estos están hechos de nuestra lana más fina. Como podrán ver tiene una adorable caída y se ajustan al cuerpo de quien los use… -dijo Henri señalando este y aquel aspecto a los Malfoy.

Harry no escuchó, más concentrado en mirarse en el espejo. Los pantalones estaban bien, suponía, pero no le importaría verlos en Draco. No obstante, no eran para él.

- No –dijo, interrumpiendo lo que fuera que decía el sastre-. No me gustan.

Henri balbuceó, pero contuvo su lengua-. Ya veo, tal vez esto sea más de su gusto, señor –dijo, e hizo el mismo movimiento de su muñeca. Instantáneamente Harry estaba vestido con un par de pantalones de seda que tenían a Draco prácticamente babeando.

Harry meramente negó con la cabeza-. No. ¿No tiene nada en cuero?

- ¿Cuero? –Henri estaba impactado-. ¡Qué completamente inusual! Ciertamente no, joven señor. No proveemos ese tipo de ropa aquí.

- Entonces me disculpo por robarle el tiempo –dijo Harry bajando del taburete.

- Mire, mire, creo que no lo entendió –dijo Henri poniéndose nervioso. ¡No quería perder una gran venta, pero no había forma de que fuera a ganarse una reputación por vender cuero!

- Creo que es usted el que no entiende –dijo Harry firmemente-. Es mi elección. Mi decisión. ¿Verdad, Lucius? –preguntó mirando al hombre mayor, que parecía encontrar la situación extremadamente divertida.

- Sí, Harry, lo es –dijo, y volvió a vestir al chico con su propia ropa-. Parece que hemos terminado aquí esta vez. –Y con eso sacó a sus dos cargas de la tienda.

Mirando hacia arriba y abajo de la calle, Lucius trató de decidir a dónde ir ahora. No estaba enteramente complacido con el deseo de Harry de usar cuero, pero no iba a negárselo tampoco. Aunque podía entender la reacción de Henri. Sólo los vampiros y aquellos con problemas usaban cuero hoy. Realmente no era algo que usaras en compañía formal. Reprimiendo un suspiro, dirigió a los chicos hacia el Callejón Knockturn. Una tienda ahí vendía ropa en cuero.

Desafortunadamente, era más un sex shop que una tienda de ropa.

Sólo podía esperar que la fascinación de Harry por la ropa de cuero fuera un capricho pasajero. Como cuando Draco se había negado a usar nada más que azul. Hasta se las había arreglado para pintarse el cabello de azul, y se había quedado así por todo un mes. Ni siquiera Severus había sido capaz de hacer nada. Ninguna cantidad de ruegos, sobornos o amenazas habían logrado persuadir al niño. Había sido una pesadilla. Afortunadamente, luego se había colgado de los dragones, y las cosas habían regresado a la normalidad. ¡Hasta el día de hoy agradecía que el chico no hubiese encontrado una forma de cambiar el color de su piel!

Harry miró con interés las tiendas y la gente que pasaba. Que estuvieran dirigiéndose hacia el Callejón Knockturn no lo preocupaba mucho. Estaba bien equipado para cuidar de sí mismo, a diferencia de la primera vez que se había aventurado allí. Notó con diversión la forma en la que los que pasaban se quitaban del camino cuando se daban cuenta quién estaba pasando por la calle, dándoles un amplio pasaje.

- ¿Es una cosa Malfoy o una cosa de mortífago? –preguntó Harry en voz baja, con evidente diversión.

- Una cosa Malfoy, por supuesto –respondió Draco altaneramente, sonando muy insultado porque siquiera considerara otra razón por el trato que recibían.

Antes de que Harry pudiera comentar, fueron llevados a una pequeña tienda que no lucía muy atractiva desde afuera. Si no hubiese sido por su presente compañía, Harry nunca hubiese puesto un pie en ese lugar.

- Hola y bienvenidos a Siete Pecados. Yo soy Cheryl, ¿cómo puedo ayudarlos? –preguntó una joven mujer apareciendo de la nada.

Los ojos de Draco se iluminaron cuando oyó el nombre de la tienda. Lucius lo notó y sujetó el brazo de su hijo, no queriendo que su heredero vagara sin respaldo por ese lugar.

- Sí, estamos buscando por algo de cuero. En ropa –agregó temiendo qué más la mujer pudiera tratar de venderles. No creía que los chicos estuviesen listos para eso. Sabía que él no estaba listo para que ellos estuvieran listos para eso.

- Por supuesto, vengan por aquí por favor y llamaré a Sean. –Cheryl sonrió y los dirigió a una habitación en la parte de atrás.

Se parecía al probador que acababan de dejar, notó Harry, pero ese lugar parecía más vivo de algún modo; como si el que estaba a cargo no se tomase tan seriamente como Henri.

- ¿Oí que quieren algo de ropa? –preguntó un joven pasado de los veinte apareciendo desde atrás de un tapiz.

- Eso es correcto. Mi joven carga desea renovar su ropero –dijo Lucius arrastrando las palabras, dándole a Harry un gentil empujón hacia delante.

- Bien. Sube al taburete, niño, y veré qué puedo hacer. –Sean apuntó al taburete frente a tres espejos mientras Lucius y Draco se sentaban en dos sillas a mirar.

- Ugh, eso es feo –comentó Sean cuando Harry se quitó la túnica-. Ya veo porqué querías algo nuevo. Bien, tenemos mucho que hacer. Pantalones primero. –Sacó su varita y Harry se encontró a sí mismo vestido en un par de pantalones de cuero. Lucían como si estuvieran amoldados a él, encajando como una segunda piel. Muy para el deleite de Draco, no le dejaban nada a la fantasía.

Harry frunció el ceño ante su reflejo y trató de moverse un poco. Los pantalones eran ajustados-. No soy un callejero, sabe –dijo, causando que los tres hombres farfullaran-. Quiero ropa hecha de cuero pero esto es ridículo. ¿No tiene algo que no sea tan ceñido?

Sean se recuperó de su shock y, pensando un momento, sacudió su varita, vistiendo a Harry en otro par.

Harry negó con la cabeza. Los pantalones eran más flojos, bien, pero mostraban por lejos demasiada piel-. ¡Quiero un par de pantalones, no una malla -se quejó-. ¡Francamente!

Molesto, llamó a su varita hacia él y congeló la imagen del espejo-. Esto es lo que quiero –declaró, vistiendo a su imagen en un par de pantalones de cuero que encajaban bien, pero no eran demasiado ajustados. Colgaban adorablemente de su cadera, y se hacían más anchos y flojos al caer a sus piernas, para abrirse en sus tobillos. Le permitían máximo movimiento y la parte más ancha alrededor de sus piernas le permitiría esconder algunas cosas, como una linda daga o dos. A eso, le agregó una bonita camisa de seda con mangas anchas y un chaleco de cuero que prácticamente se acoplaba solo a la parte de arriba de su cuerpo.

Intrigado, Lucius se acercó al espejo agradecido porque Harry hubiese rechazado la usual selección de la tienda-. No está mal. Me gusta. ¿Quieres eso en cuero normal o piel de dragón? –preguntó, echando la cabeza a un lado. Con el correcto material y hechizos tal atuendo lo dejaría seguro de los bravucones. ¿Tal vez podía comprar algunos juegos para su hijo también?

- No lo pensé tanto –reflexionó Harry, sin querer admitir que iba a transfigurar su ropa de lo que fuese a funcionar. El tipo de cuero nunca había entrado en la ecuación.

- La piel de dragón te costará, pero el resultado será mucho mejor –dijo Sean con entusiasmo, jugando con la imagen, vistiéndola en diferentes tipos de cuero y mostrando los diferentes efectos y colores de cada especie-. También están los beneficios de que la piel de dragón te protegerá de la mayoría de los hechizos, y si le agregas plata puedes hacer el traje incluso más resistente. ¡Esto es brillante! ¿Me permitirán adquirir esta idea? Conozco a muchos clientes a los que les encantaría este aspecto.

La ceja de Lucius se arqueó-. Tendremos que considerar eso. También tenemos que ver el resultado final.

- ¡Razón tienes! ¿Qué estamos haciendo aquí? ¡Pongámonos a trabajar! –dijo Sean con entusiasmo, y convocó varios centímetros. Teniendo lo que necesitaba salió a saltitos de la habitación, dejando a tres personas divertidas detrás.

- Realmente me gusta tu idea, Harry. ¿De dónde sacaste esto? –preguntó Draco parándose al lado de su pareja, mirando la figura del espejo.

Harry se encogió de hombros-. No estoy seguro de poder explicarlo. Estaba leyendo sobre alguna guerra entre elfos y vampiros. Había dibujos de muchos líderes y la forma en la que lucían, la forma en que se vestían. Me puso a pensar. Supongo que sólo mezclé sus estilos, tomando lo que me gustaba y dejando lo que no.

- Bueno, yo creo que es brillante. ¿Te importaría que me compre algunos trajes como ese? –preguntó Draco, incapaz de quitarle los ojos. Había algo sobre la imagen, algo diferente, que lo llamaba aunque no tenía idea de qué.

Harry rió-. Si puedes persuadir a tu padre no me importa.

Draco meramente sonrió condescendientemente, seguro de su habilidad de hacer que su padre viera las cosas a su manera.

Lucius los miró desde la silla y reprimió una risita. Algunas veces su hijo era tan maduro, y algunas veces como esta, actuaba como lo hacía cuando tenía cinco años y quería su propio Kneazle.

- ¡Aquí vamos! Usé piel de ciervo ya que es más fácil y más rápido de trabajar que con piel de Dragón. Por no mencionar que esto es lo que tenía a mano –dijo Sean regresando a la habitación y vistiendo a Harry con los pantalones que había hecho. A eso le agregó una camisa verde jade y el chaleco.

Harry se volteó hacia uno y otro lado, mirándose. Luego saltó del taburete y caminó alrededor de la habitación. De pronto se tiró hacia abajo y puso las manos en el piso, haciendo un paro de manos. Dando una vuelta se giró y estuvo de nuevo de pie.

- Excelente, precisamente lo que estaba buscando. Ahora, algunos detalles más –comentó Harry, caminando hacia la todavía congelada imagen del espejo. Sin embargo, la chata superficie era demasiado inadecuada para que Harry lograra lo suyo y pronto empezó a frustrarse por su incapacidad de explicar lo que quería. Pasándose una mano por el cabello, su mirada aterrizó en Draco. Sus ojos se iluminaron y rompió en una sonrisa-. ¡Eso es! Haga un traje para Draco –ordenó Harry, y empujó al rubio hacia el taburete.

Sean le dio una mirada inquisitiva al señor Malfoy, que dio su consentimiento. Poniéndose a trabajar, no le llevó demasiado regresar con la copia de Draco del diseño de Harry. Mirándose en el espejo, Draco tenía que admitir que se veía bien. El cuero negro realzaba su palidez y la camisa de seda azul marino marcaba el color de su cabello y ojos.

- Baja, Draco -ordenó Harry jalando del brazo más cercano a él, el inesperado movimiento causando que el Veela perdiera el balance y cayera del taburete-. Lo siento -dijo Harry sin sonar arrepentido en absoluto, enfocado en Sean-. Ahora esto es lo que quiero que haga. Necesito un bolsillo aquí que actúe como un sujetador de varita, asegúrate de protegerlo contra hechizos, para que la varita no sea dañada y evite hechizos de convocación y esas cosas. En la otra pierna, aquí, necesito muchos bolsillos pequeños que guardarán shurikens, asegúrate de hechizar el cuero para ser impenetrable ya que no quiero ser pinchado por mis propias armas -dijo Harry caminando lentamente alrededor de Draco, soltando sus órdenes de una forma que le decía a los otros presentes que era algo que había considerado cuidadosamente por mucho tiempo. Eventualmente se detuvo y Sean tenía muchos rollos con instrucciones.

- ¿Puede hacer eso? -preguntó Harry mirando al sastre a los ojos.

Sean tragó saliva lentamente percatándose de que mentir no era una opción, no con ese niño-. Sí, puedo hacerlo. Pero llevará algo de tiempo y tal vez necesite ayuda exterior para trabajar en los hechizos.

Harry inclinó la cabeza a un lado, pensando-. Tómese su tiempo y asegúrese de hacerlo bien y yo dejaré que use el diseño para sus clientes, menos el trabajo de los hechizos por supuesto. También quiero que haga dos trajes más para Draco y para mí, en colores diferentes, para usar hasta que haya terminado los de piel de dragón. Además, nos dará amplia oportunidad de anunciar sus habilidades -agregó con una sonrisa arrogante.

- ¡Considéralo hecho! -dijo Sean ansiosamente, ya soñando del beneficio agregado que eso le daría-. Y si se te ocurre un nuevo diseño, mándamelo por lechuza y haré un juego para ti, libre de cargo.

- Está bien -dijo Harry encogiéndose de hombros, no realmente interesado en la oferta, pero aceptándola independientemente. Después de todo, Draco tal vez tuviera algunas ideas si se ponía a pensar.

- Excelente -dijo Lucius levantándose de su silla. Estaba complacido con como Harry se había conducido hoy-. Pero necesitaremos algunas camisas más antes de irnos. ¿Qué más tienes para ofrecernos en ese frente?

Sean salió de golpe de su mundo de ensueño y llamó a Cheryl. Juntos mostraron las diferentes camisas, cuellos tortuga, y camisetas que tenía la tienda. Para cuando Lucius había hecho su selección, había una gran pila esperando frente a Harry, que la ojeó cansinamente. Pero no protestó cuando Lucius ordenó a dónde enviar la ropa y la cuenta. Iba a tener una tranquila charla con el hombre cuando estuvieran en privado.

- ¿A dónde ahora? -preguntó Lucius cuando hubieron dejado la tienda.

- Necesito botas -dijo Harry rápidamente, mirando alrededor como si una tienda llena de botas fuese a aparecer mágicamente ante sus palabras.

Lucius rió suavemente entre dientes y dirigió el camino.

El fabricante de botas le echó un vistazo a Harry y casi empezó a babear. Draco frunció el ceño y tuvo que ser retenido por Lucius, para que no interfiriera. Harry era ajeno a todo, solamente enfocado en conseguir un calzado que entrara exactamente en sus estándares.

Aún así, Draco soltó un suspiro de alivio cuando dejaron la tienda. Tendría que mantener un ojo en su pareja cuando regresaran al colegio. Si era capaz de obtener tal reacción de un hombre de cien años, ¿cómo reaccionaría un colegio lleno de adolescentes? De pronto la idea de conseguirle a Harry todo un ropero nuevo no parecía ya muy inteligente. Era muy tarde para regresar ahora, sin embargo.

- ¿Hay una tienda que venda piedras preciosas por aquí? -preguntó Harry levantando la vista a Lucius, trayendo a Draco de regreso de sus sombríos pensamientos de venganza a cualquiera que siquiera mirara a su pareja.

- Sí, lo hay. ¿Puedo preguntar qué es lo que necesitas?

Harry miró en derredor y se inclinó para susurrar-. Es un secreto. ¿Una pequeña, digamos, sorpresa para un anciano entrometido?

Lucius reprimió una sonrisa y caminó de regreso al Callejón Diagon. Estaba empezando a gustarle más y más este nuevo Harry Potter. Parecía ser la perfecta pareja para su hijo. Tal vez eso no sería un desastre después de todo.

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Harry salió de a tienda casi una hora después cargando varias bolsas con piedras preciosas y minerales raros. La tienda poseía una selección más larga de lo que se había imaginado, y por ello había decidido sobrepasarse un poco. Tenía dinero para derrochar después de todo, ¿y quién sabía cuándo sería capaz de regresar? Esas cosas realmente no podían ser compradas por lechuza. Tenías que sostenerlas y sentirlas para asegurarte de que eran lo que necesitabas. Sintiéndose muy complacido consigo mismo, Harry no era consciente de estar tarareando suavemente mientras consideraba las cosas que quería probar. Los dos Malfoy lo notaron no obstante, y compartieron una mirada de satisfacción por hacerle feliz.

- ¿Ustedes dos necesitan ir a algún lado? -preguntó Harry llegando a un repentino alto. Hasta ahora, los otros dos se habían dedicado a él, pero sentía que era hora de dejar que los demás hicieran lo que necesitaban hacer.

- No realmente -replicó Lucius-. Tenemos que ir a Flourish y Blotts para conseguir los libros extra que tú y Draco necesitan, pero eso es todo.

Harry parpadeó, incapaz de comprender que habían arreglado esa salida sólo para él-. Ah. No me di cuenta... No importa. ¿Hay alguna otra librería además de Flourish y Blotts? -preguntó, cortando abruptamente lo que iba a decir.

- No realmente. Hay una tienda de segunda mano no lejos de aquí, pero en su mayoría tienen antiguos libros escolares. Pero hay un anticuario bajando el Callejón Knockturn.

- ¿Podemos ir ahí? ¿Por favor? –preguntó Harry mandándole una mirada suplicante al señor Malfoy.

- Muy bien.

- ¡Gracias! –dijo Harry, iluminándosele todo el rostro de alegría.

"Debería ser patético lo fácil que es complacer a ese chico y aún así sólo puedo encontrar trágico que algo tan pequeño lo haga tan feliz" pensó Lucius, dirigiendo el camino de regreso al Callejón Knockturn. "¿Realmente ha tenido una vida tan miserable? Creí que esos muggles lo mimaban. Eso fue lo que nos dijeron después de todo. ¿Será Dumbledore un tonto más grande de lo que yo creí? Pero el chico dijo que lo encerraban en una alacena. ¿Por qué tengo el presentimiento de que eso no es todo lo que le hacían? Creo que necesito tener una charla con Severus".

Parpadeando ante la repentina oscuridad, Lucius se dio cuenta de que estaba dentro de la librería sin recuerdo de cómo había llegado allí. Eso era demasiado peligroso y se amonestó mentalmente a sí mismo. Incluso con el Señor Tenebroso de su lado, por el momento, siempre estaba el riesgo de ataques aleatorios de mortífagos, seguidores de Voldemort, o aquellos leales a Fudge.

- ¡Ah! Sr. Malfoy, es un placer verle otra vez. Tengo algo en la parte de atrás que creo que puede interesarle, ¿tiene un momento?

- Muy bien, Blackshaw, pero será mejor que no desperdicie mi tiempo –declaró Lucius siguiendo al propietario. Mirando por encima de su hombro, vio a los chicos mirando alegremente las estanterías y tuvo una pequeña duda sobre dejarlos solos. Esa era una de las mejores tiendas y era improbable que algo sucediera en el corto período de tiempo que se iría.

- Aquí estamos, Sr. Malfoy. Recién recibí esta entrega ayer –dijo Blackshaw con una inclinación, dirigiendo al aristócrata a una mesa con algunos libros encima. Levantando el primero, Lucius lo rechazó de la opción. Era un raro libro de pociones, pero él ya tenía una copia en la Mansión. Recogiendo el siguiente, arqueó una ceja. Era un libro raro de herbología, no un área en la que él estuviera usualmente interesado, pero tenía un presentimiento de que a Harry le interesaría. Después de todo, su nueva elección de carrera debía ser alentada, especialmente porque no podría convertirse en auror siendo la pareja de Draco. Poniéndolo a un lado, recogió el que estaba al lado del último libro y su ceja trepó incluso más alto. Si no estaba equivocado, el libro estaba escrito en parsel. Harry definitivamente estaría interesado en ese.

Poniendo ese a un lado también, recogió el último libro de la pila y asintió con satisfacción. Era el libro que él y Severus habían pasado meses buscando. Abriéndolo cuidadosamente, pasó las páginas. Parecía estar en buena condición y no encontró ningún hechizo, ni ninguna otra sorpresa desagradable-. Lo llevaré –dijo-. Junto a estos otros dos.

- Gracias, Sr. Malfoy. Es un placer hacer negocios con usted. –Blackshaw se inclinó y sonrió de una forma que él creía ser agradecida, pero Lucius encontró repulsiva, haciendo que el propietario pareciera un idiota en su opinión. No que alguna vez le hubiese dicho al hombre tal cosa.

Regresando al frente del local, se alivió al encontrar a los dos chicos examinando todavía alegremente, sin señal de otros clientes o problemas.

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- ¿Por qué estás interesado en estos libros viejos? –preguntó Draco, viendo cómo Harry seleccionaba muchos textos viejos de leyes de la estantería-. Esos libros estaban desfasados en los tiempos en que mis abuelos eran jóvenes –se mofó.

- Lo sé, pero quiero ver qué cambios han sido hechos en los años. La mayoría de las leyes hoy son basura y tengo curiosidad por ver cuándo el Ministerio se volvió semejante parodia. Con suerte, tal vez descubra qué pasó también. Además, yo no tengo una gran Mansión vieja con libros que mis antecesores coleccionaron antes de mí. Descubrí hace mucho tiempo que si quería una biblioteca bien suministrada tenía que conseguir los libros yo mismo –dijo Harry encogiéndose de hombros, mirando un viejo libro de Defensa y agregándolo a la pila en sus brazos.

- ¿Qué quieres decir con que no tienes una vieja Mansión? –preguntó Draco con curiosidad-. Los Potrees son una familia vieja, casi tan vieja como los Malfoy. Deben tener montones de propiedades, llenas de libros y otros artefactos.

Harry se encogió de hombros una vez más-. No lo sé. Si los Potter tienen una Mansión, seguramente ellos se hubiesen escondido allí cuando tuvieron que hacerlo. Mis padres, quiero decir. ¿Por qué eligieron vivir en una pequeña cabaña en el Valle Godric? Y no me des esa porquería del encantamiento Fidelius. Por lo que he leído, y por lo que los Black me han dicho, una vieja Mansión resguardada con Barreras de Sangre habría sido imposible de ser entrada a la fuerza. Incluso por el Señor Tenebroso y sus seguidores cuando estaba en la cima de sus poderes. Ellos habrían estado seguros allí, y nadie no autorizado podría haber entrado. Pettigrew no podría haber dirigido a su amo allí, sin importar cuánto lo deseara. ¿Por qué no se escondieron allí? Habría sido la opción lógica, ¿no crees? No, algo me dice que no hay Mansión Potter. Por eso estoy construyendo mi propia biblioteca desde donde puedo. Nunca sabes cuando un libro y su conocimiento resultarán convenientes. E incluso sí sólo se quedan en una habitación y juntan polvo, para mis hijos será más legado de lo que yo nunca tuve –dijo Harry un poco tristemente, agregando algunos libros más a la creciente pila.

Perturbado por lo que le habían dicho, Draco miró los libros con nuevo ojo y empezó a examinar los estantes con más interés, encontrando muchas tumbas viejas que lucían interesantes. Todavía las cosas que Harry había dicho se arremolinaban en el fondo de su mente y no podía sacudirse el sentimiento de que había más de lo que se veía a simple vista. Necesitaba tener una seria charla con su padre, y pronto.

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- ¿Estás seguro de que no quieres el resto de la tienda? –bromeó Lucius cuando los jóvenes finalmente habían seleccionado los libros que querían. Debían haber vaciado una buena parte del inventario de la tienda, pensó el aristócrata con un estremecimiento interno. No que muchos de los libros allí tuvieran algún valor. No obstante, guardó su lengua y pagó por los libros, ganándose una mirada sombría de Harry, que parecía estar por protestar, pero un codo de Draco hizo que guardara su lengua.

Fuera de la tienda, Lucius dirigió a sus cargas a Flourish y Blotts. Se estaba haciendo tarde y quería regresar al castillo. Primero porque empezaba a darle hambre. Además los chicos debían estarse muriendo por comida. Y segundo, la unión Veela empezaría a forzarse por estar en contacto con tantos extraños. Ojalá hubiese esperado algunas semanas más antes de hacer ese viaje. Pero para entonces los chicos estarían inmersos en sus tareas escolares y habría sido mucho más difícil conseguir el permiso del Director para dejar el castillo. Además, no iba a dejar que Harry anduviera por ahí con ropa horrorosa ni por un momento más. Porqué nadie había ayudado al chaval a vestirse adecuadamente iba más allá de él, pero estaba empezando a encontrar que muchas cosas concernientes al Niño Que Vivió iban más allá de él. O de cualquier otro mago decente.

Dumbledore tenía mucho por lo que responder y Lucius iba a asegurarse de que el hombre lo hiciera.

- Um, señor, ¿está bien si entro a una de las tiendas de ahí abajo? Prometo que no serán más de cinco minutos, diez como mucho. Draco sabe qué libros necesito y así no tendrán que esperar por mí. ¿Por favor?

Lucius parpadeó y se encontró a sí mismo en los escalones de la librería. Nunca antes había tenido tantas dificultades en mantener su mente en lo que estaba haciendo. De mala gana miró a donde Harry estaba indicando. Había una dulcería, una tienda de trastos y un salón de belleza. Pensando que Harry querría comprar algunos dulces, asintió su consentimiento de mala gana. Tal vez el chico sólo quería algo de privacidad, Merlín sabía que no había tenido mucho de eso últimamente. O tal vez quería darle una sorpresa a Draco, algo que debía ser alentado.

- Muy bien, pero no más de diez minutos, si te encuentras con problemas, no dudes de llamarnos.

- Lo prometo. Gracias –dijo Harry corriendo por la calle. Sólo entonces Lucius recordó que Harry no cargaba uno de los collares Malfoy. Algo que tendría que rectificar a la primera oportunidad. Después de ver a Harry entrar a la dulcería, Lucius siguió a su hijo a Flourish y Blotts. Por alguna razón su piel escocía, una sensación muy desagradable. Esforzándose por sacudírsela de encima, ayudó a Draco a seleccionar los textos faltantes y algunos libros extra sobre Defensa y Ley Mágica.

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Harry entró a la dulcería y se apresuró al mostrador.

- ¿Puedo ayudarle, señor? –preguntó una chica joven con una expresión rara en la cara. Harry hizo a un lado la apariencia rara y asintió con la cabeza.

- Sí, me gustarían cincuenta cajas de Grageas Bertie Botts de todos los sabores, por favor.

- ¿Cincuenta?

- Sí. ¿Eso es problema?

- Um, no, sólo un poco inusual. Por favor espere un momento –dijo la chica, aturdida, caminando hacia la parte de atrás y gritándole a alguien llamado Charlie.

Saltando de un pie a otro, Harry espero impacientemente a que trajeran su compra, pero finalmente estuvo hecho. Saliendo rápidamente de la tienda, corrió a la tienda de trastos de al lado y entró de golpe.

- Merlín y su barba niño, ¿dónde es el ataque? –preguntó una anciana recogiendo su tejido del piso, donde lo había dejado caer cuando Harry entró de golpe por la puerta.

- Me disculpo por asustarla, señora, pero mis amigos están esperando y no quiero retrasarlos –explicó Harry.

- Bueno, eso es considerado de tu parte. Los jóvenes hoy sólo piensan en sí mismos –dijo ella un poco tristemente, y Harry tuvo el presentimiento de que estaba sola.

- Sí. –Asintió, pensando en algunos de sus compañeros.

- ¿Qué puedo hacer por ti?

- Quiero comprar todos sus libros –respondió Harry rápidamente.

- Están en la parte de atrás, querido, detrás de la cortina roja de allí. Elige los que te gusten y los envolveré para ti.

- No, me entendió mal. Quiero todos sus libros –le dijo Harry gentilmente.

- ¡Por todos los cielos! Esa fue una gran orden. ¿Tienes alguna idea de cuántos libros tenemos? –preguntó azorada.

- No, pero tengo un presentimiento de que son un montón. –Harry sonrió-. ¿Qué puedo decir? Me encanta leer, y muchos de mis amigos están en Ravenclaw; siempre están buscando algo que no han leído aún. –Rió entre dientes, guiñándole un ojo.

- ¿Entonces quién soy yo para interponerme entre un Ravenclaw y sus libros? –La anciana rió, luciendo años más joven-. Los libros valen un Sickle cada uno. Empacarlos llevará algo de tiempo, me temo –dijo, intentando ponerse en modo de negociación, pero fallando por estar toda confundida por la inesperada situación en la que se encontraba.

- ¿Qué tal esto? –sugirió Harry-. Yo le daré algunos Galeones y usted empacará los libros que me dará esa cantidad. Luego usted puede averiguar cuántos libros quedan y decírmelo y yo le enviaré el resto del dinero, ¿cómo está eso? –preguntó Harry, consciente del tiempo que pasaba. Por alguna razón no quería que los Malfoy supieran que estaba ahí dentro.

Sacando su bolsita de dinero, sacó manojos de galeones, poniéndolos en el mostrador-. Esto deberían ser como quinientos Galeones para empezar. Envíe los libros a Hogwarts a nombre de Harry Potter con una nota de cuánto le debo todavía. ¿Trato?

- ¡Por todos los cielos! ¡Harry Potter! –La anciana lució incluso más aturdida y por un horroroso minuto, Harry pensó que se le iba a inclinar. Al final, ella sólo acercó su tejido más a su pecho-. Será un honor, señor, pensar que Harry Potter entró a mi tienda, todo cortés nada menos. Cielos, cielos, cielos, ¿a qué está yendo el mundo?

Harry tuvo el sentimiento de que debería ofenderse por los disparates de la anciana, pero encontró hilarante toda la situación. Reprimió su sonrisa sin embargo, sin querer ofender a la propietaria del local.

- ¿Tenemos un trato? –preguntó una vez más.

- Sí, por supuesto. ¿Dónde están mis modales? Me disculpo, joven. Los libros serán enviados a Hogwarts tan pronto como los tenga empacados. Tiene mi palabra.

- Gracias. Estaré esperando el momento de regresar cuanto tenga el tiempo de examinar adecuadamente su tienda. –Sonrió y con un pequeño asentimiento se fue. El tiempo se había acabado y realmente no quería enfrentar a dos Malfoys enfadados.

¡Huuuush! Al fin he terminado este capítulo. Me ha llevado montones de fuerza de voluntad.

Me disculpo por enésima vez por no responder a sus reviews. ¿Cómo es que estoy más ocupada en vacaciones que con la prepa? Detesto tener tantos hobbies.

Bien, antes de retirarme y como este es el fic que más atención (léase reviews) recibe, pasaré a hacer la siguiente encuesta. Como todos saben, el 21 de este mes se estrena Harry Potter and the Deathly Hallows, pero ¿cómo demonios es que la traducción se tarda hasta el año que viene? Son unos desconsiderados, eso es lo que son. Así que, como bien supondrán, la pregunta no es ni más ni menos que esta:

¿Les gustaría una traducción precoz del último libro de Harry Potter a cargo de alguien que no es realmente una traductora consagrada?

Tal vez pueda parecerles una buena idea por morirse por leerlo o un disparate, y prefieran esperar al 2008 a leerlo de la editorial Salamandra. Ustedes dirán.

Bien, eso es todo. Tengan un buen día, ámenme, dejen reviews y sean felices :D

¡Review!