CAPÍTULO 10

POV ELENA

- Oye.- Le alcancé y rodeé su cuerpo con mis brazos, apoyando la cabeza en su dura espalda.

Le sentí tensarse contra mí, pero me permitió seguir tocándolo.

- Eres la persona más masoquista que he conocido en la vida.- Me dice.

- Podría decir lo mismo de ti.- Respondo.

- No me has dejado terminar. Iba a decir, eres la persona más masoquista que he conocido en la vida aparte de mí.- Su risa hizo temblar mi cabeza y mi sonrisa se unió a la suya.

- ¿Por qué no te dejas llevar?.- Le pregunté sin pensar. Él soltó mis manos, se dio la vuelta y me agarró por las muñecas, acercando su cara a la mía.

- ¿Dejarme llevar?

Su rostro reflejó la confusión que le provocó mi pregunta y pareció pensarlo unos instantes antes de decir algo, sin realmente a contestar nada.

- Sé que me odias, porque se supone que mi padre te hizo algo terrible.- Vi que iba a interrumpirme ahora enfadado pero me adelanté.-Déjame terminar. Mi padre no sería capaz de matar ni a una mosca, pero, si hipotéticamente lo hubiera hecho, entiendo tu odio hacia mí, o hacia cualquier cosa que tuviera que ver con él. Pero estoy aquí encerrada contigo y te...- Estuve a punto de decir que le deseaba. Me contuve.- Solo digo que podríamos llevarnos bien. No sabemos cuánto tiempo tendremos que permanecer el uno al lado del otro, esto podría ser un poco más agradable.

- No pretendía que tuvieras un viaje agradable, Cara.

- ¡Deja de decirme eso! O al menos dime qué narices significa.- Él se rio, divertido.- Por favor, solo vamos a llevarnos bien. Ya es suficiente castigo para mí todo esto.

- ¿Y qué me darás a cambio si soy amable contigo?.- preguntó ahora realmente interesado, regalándome una más de sus estúpidas y seductoras sonrisas suyas.

- Me portaré bien, no rechistaré, me comeré hasta la última miga del plato, haré todo lo que tú...- sus ojos se oscurecieron de deseo al escuchar mis palabras.- Me pidas.- Terminé de decir, queriendo decir exactamente lo que había dicho.

Sabiendo que perdía la cabeza cuando estaba entre sus brazos y admitiéndome a mí misma que me importaba menos que nada lo que pudiera ocurrir si nos "dejábamos llevar". Estuvo meditándolo unos segundos antes de aceptar mi extraña propuesta, pero lo hizo finalmente.

- Bueno... podría funcionar, no me gustaría que no supieras comportarte a dónde nos dirigimos.

- ¿Y a donde es eso?.- Creí que no respondería, porque sería demasiada información, pero me sorprendió.

- A mi casa.- Bueno, eso era una respuesta. Y un avance.

Se alejó unos pasos de mí, distanciando levemente nuestros cuerpos. El mío se movió con él, siguiendo sus pasos, acercándome de nuevo, como si una fuerza magnética lo atrajera al suyo irremediablemente.

- Entonces ¿Hay trato?

- Hay trato.- Aceptó la mano que le tendía y tiró de mí más cerca de su pecho un segundo después.- Pero una cosa más.

- Lo que quieras.- Acepté, antes de oír lo que quisiera pedirme.

- Ric está fuera. Apártalo, mantenlo alejado de ti. A él, o a cualquier otra persona que forme parte de mi tripulación.

No entendí por qué me pedía aquello. Alaric me trataba bien y los demás hombres que habían estado conmigo no habían intentado incomodarme de ninguna forma, solo hacerme sentir segura y procurar que me divirtiera. Inmediatamente descarté la posibilidad de que pudiera estar celoso. Sería totalmente imposible.

- Pero él es bueno conmigo.

- Esa es la cuestión. No quiero que nadie interfiera en mis planes por ti. Confórmate con Stefan. ¿De acuerdo?

- Sólo si me dices que significa eso que me llamas.- Su sonrisa burlona volvía a estar estampada en su cara, sus ojos centelleando de diversión.

- Bien, pero voy a castigarte cuando lleguemos al camarote, querida.

- ¿Castigarme? ¿Qué ha querido decir?

- ¿Qué quieres decir con castigarme?. La revelación de su mote "cariñoso" había pasado a segundo plano. ¿He dicho Damon y cariñoso en la misma frase?

- Exactamente.

- Pero... ¡Acabamos de hacer las paces!.- Le recordé. Maldito pirata.

- Sí, me has prometido que te ibas a portar bien y blablablá, pero antes de irme del camarote te advertí que lo hicieras, que no te escapases, o te mantendría atada a la cama el resto del viaje y te he encontrado en tierra, con nada menos que mi segundo al mando y parte de mi tripulación, bebiendo ron cual pirata desvergonzada e ignorando mis órdenes. Además, me has hecho revelarte como me gusta llamarte.

- No creo que un castigo vaya a mejorar nuestra relación.- Llegué a la conclusión. ¿Para qué diablos había sido toda esta charla si no?

- Eso ya lo veremos.- Dijo, seguro de sus palabras.

- ¿Y qué vas a hacer, atarme a la cama?.- Pregunté irónicamente, cruzando los brazos sobre mi pecho de manera defensiva. Me iba a arrepentir de haber intentado llevarme bien con ese cavernícola.

- Precisamente.

POV DAMON

¿Quería que nos lleváramos bien? Bien. Pues esta era la única forma que se me ocurría para mejorar ésta relación tan llena de tensión sexual, porque sería imposible que pudiésemos "convivir" de manera apacible hasta que no se resolviera. Solucionaría un poco de ello y, con suerte, no tendría que preocuparme más ni por el comportamiento de Elena, ni por sus intentos de escapar.

No quería admitirle que también me parecía buena idea y que me gustaría ver a donde lleva todo esto. Solo sabía con certeza que cuando tuviera que dejarla marchar, iba a lamentar ésta decisión. Ya estaba comenzando a hacerlo. Esto solo será "agradable" momentáneamente, después será peor, tanto para ella como para mí. Pero ahora mismo no me importaba. Ya me preocuparía por ello después.

El rostro de Elena reflejaba una clara ansiedad. Iba a atarla a la cama. Era cierto que no podía hacerla mía, no podía tocarla, al menos en ese sentido, pero eso no impedía que pudiéramos divertirnos un rato ¿O no?.

Algo me decía que iba a arrepentirme de lo que estaba a punto de hacer, siempre que ella estuviera dispuesta, que lo estaría, pero me moría de ganas de ser el primer hombre al que le regalase un gemido de placer. No quería que nadie más en el mundo pudiera ser el primero en obtener ese regalo, y tan solo de pensar que hubiera un segundo hombre que pudiera rodear su cuerpo caliente entre sus brazos, me hervía la sangre pero, por el momento, lo ignoraría. Después de todo, ya había aceptado que ella era inocente y que la deseaba.

Terminé de revisar que todo estuviera en orden antes de partir y di indicaciones a mi tripulación de que poníamos rumbo a casa.

Cuando regresé al camarote, la intranquilidad de Elena era palpable. Ella sabía que yo no iba a hacerla daño, pero era eso mismo lo que le preocupaba, porque entonces ¿qué iba a hacer con ella?

Ni yo mismo lo sabía con exactitud.

Me acerqué a ella todo lo lentamente que pude y sonreí interiormente cuando no se alejó de mi presencia amenazadora. Acerqué su cuerpo a la cama haciéndola caminar hacia atrás y la insté a tumbarse y a alzar los brazos sobre su cabeza. Me senté a horcajadas sobre su pelvis y esperé que se moviera.

Elena unió las muñecas y me las ofreció inocentemente. Era tan ingenua y estaba tan dispuesta a todo lo que quisiera hacer con ella que me parecía increíble. Debería temerme, llorar, gritar histérica por estar delante de un hombre que la ha amenazado mil veces, que le ha confesado que quería matarla y que, probablemente, fuera a asesinar a su padre. Pero ella estaba ahí, solo para mí, para la persona que había hecho planes para destruir su vida. Un hombre que ahora solo quería terminar de construir su mundo, no derribarlo.

- Te dije que si no te comportabas lo haría.- Susurré.

- ¿De verdad esto va a mejorar nuestra relación?

Me separé de su cuerpo y le saqué las botas una por una antes de responderle. Las lancé al suelo y volví a subirme encima de Elena sin apoyar demasiado peso sobre su frágil cuerpo.

- La incrementará hasta tal punto, que no sabrás distinguir entre amigo o enemigo.

- ¿Qué...?

- Shh, déjame mostrarte.

Saqué unas cintas de seda que había comprado antes de partir del bolsillo trasero de mi pantalón y las envolví alrededor de las muñecas de la dulce chica que tenía entre mis piernas, y las uní con el cabecero de la cama, dejándolas juntas para no hacerla daño.

Ella me miró de manera interrogante y entre abrió los labios para decir algo, pero no rompió la mágica tensión que estaba comenzando a aumentar entre nosotros.

Me aseguré de que las cintas fueran seguras y las estiré un poco más para cerciorarme de que no podría moverlas.

- Me haces daño.- Susurra con voz ronca. Carraspea y vuelve a clavar su mirada en la mía.- ¿Por qué haces esto? Pensé que habíamos quedado en que esto iba a ser agradable para los dos.

- Esto va a ser más que agradable para ambos, créeme.

Interrumpí su pregunta uniendo sus labios con los míos y besándola de forma que no le quedase ninguna duda de ello. Mi lengua invadió su boca y la suya se unió con la mía, moviéndose como había aprendido imitando mis movimientos.

Su pecho se elevó contra el mío y noté las cintas tensarse sobre mi cabeza.

- ¿Me crees ahora?

Su mudo asentimiento me dio el paso para continuar. Mis manos viajaron a su cintura, deshaciendo el botón de los viejos pantalones que llevaba, que una vez me hubieron pertenecido. Era irónico que fueran los mismos con los que había escapado cuando era un niño y que había guardado celosamente para que no se me olvidase de donde venía. El escudo de mi familia seguía grabado en el botón superior y estaba seguro de que las iniciales de mi nombre seguían cosidas en el interior.

La cautivadora sonrisa de Elena me cautivó, haciendo que me olvidara del pasado y haciéndome dudar antes de deshacerme de ellos. La expresión adorable de pura inocencia provocó que me temblase la mano con la que comencé a bajarle los pantalones, intentando despojarla de ellos.

La besé de nuevo mientras me deshacía de los botones que cerraban la camisa sobre su abdomen y comencé a desperdigar besos bajo su abdomen, haciendo un camino húmedo de besos hasta sus pechos, que lucían expuestos y sensibles, sintiéndolos del tamaño perfecto cuando acuné uno de ellos con mi mano izquierda.

Deslicé el pulgar por el pezón que ya había comenzado a arrugarse y observé la cara de Elena, para comprobar si todo iba bien y podía continuar. Ella mantenía los ojos cerrados, respirando por la boca entre abierta. Introduje la lengua en su boca haciéndola devolverme la mirada.

Tragó y apartó el rostro cuando comencé a juguetear con sus pechos, besándolos y mordiéndolos. Gimió y se revolvió debajo de mí. Le aparté el pelo que había caído sobre su frente y le acaricié la mejilla antes de besarla y tomar con mi boca posesión de su cuello, en tanto que seguía acariciando sus rosados y erguidos pezones.

Volvió a forzar su garganta en un sonido estrangulado que fue enviado directamente a mi entrepierna, apretándome contra los pantalones que llevaba. Le arrebaté los suyos, que había dejado ya abiertos, resbalándolos lentamente por la suavidad de su piel y llevándome con ellos los pequeños pantaloncillos que protegían su feminidad de mí.

Besé su estómago, deleitándome en la sensación de tenerla tan descubierta, expuesta y entregada por entero a mí y a mis deseos. Necesité de todo mi autocontrol para no terminar haciendo algo que aunque deseaba, casi a la par que cumplir con mi venganza, no debía hacer. Y deslicé mi boca por su piel hasta encontrarme con su pubis y la miré antes de continuar mi camino más abajo.

Sus ojos, abiertos como platos no terminaban de decidirse. Veía como dudaba en pedirme que siguiera o que parase. El terror, la timidez, el deseo y la curiosidad mezclándose en ellos.

- ¿Confías en mí?

Era una pregunta extraña dada la situación. La había secuestrado y la retenía en contra de su voluntad. También la había atado a la cama y, aunque no había escuchado queja ninguna y sabía con certeza de que me deseaba tanto como yo a ella y la conexión que sentía era real, también tenía dudas de si realmente respondía de esa manera porque quería o era coaccionada por mis actos, o por miedo a una represalia por mi parte. Me parecería algo normal si fuera así, quería matar a su padre y había querido matarla a ella también.

A pesar de eso, no dudó en asentir.

Entre abrió los labios dejando escapar un suspiro de anticipación mientras me deslizaba aún más abajo, besando sus muslos internos y haciéndola sentir mi aliento rozando contra su sexo. Se revolvió inquieta y desesperada, y solo entonces deslicé mi boca más cerca de su centro. Gimió de nuevo. Y aquel maravilloso sonido fue lo que terminó de decidirme. Deslicé mi boca entre sus suaves labios y mi lengua resbaló contra su húmeda hendidura.

- Oh dios, Elena.- Gruñí cuando comencé a saborearla. Estaba tan húmeda que parecía imposible sin apenas haberla tocado todavía.

Le quité las ataduras y dejé sus brazos libres para que ella pudiera tocarme si así lo quería. Comencé a atacarla con mi lengua, ella se abrió más para mí y cerró sus puños sobre mi pelo, tirando un poco de él. Aquello me enloqueció.

Enrollé su pequeño montículo con mi lengua y chupé. Duro. Como si fuera un bebé recién nacido en busca de alimento en el pecho de su madre. Ella se agitó y apretó las piernas en mis hombros, clavándome los talones en la espalda, arañándome el cuero cabelludo con las uñas de sus manos.

- Ah, Damon... por favor.

- ¿Por favor qué, Cara?

- No lo sé.- Gimoteó.- No lo sé. Solo sigue, por favor.

- ¿Sabes por qué hago esto?.- Ella negó con la cabeza y gruñó de desesperación.- Contesta o no continuaré.- Le advertí, utilizando la pequeña pausa para quitarme la camisa que había comenzado a estorbarme.

- No, por favor, por favor, no pares.

- Tú me has pedido un viaje más satisfactorio y agradable. Querías que tuviéramos una buena relación.- Mientras hablaba, mi dedo índice comenzó a juguetear en su entrada.- Ella echó la cabeza hacia atrás y la apretó contra la almohada disfrutando de la sensación.

- S-si.- dijo, presionándose todo lo que podía contra el contacto de mi mano. Coloqué la mano que me quedaba libre en su estómago para mantenerla quieta.

- Y yo no veo nada mejor para hacer este viaje agradable que follarte. Ésta es la única buena relación que sé tener con una mujer, Elena.- Al instante, sus piernas comenzaron a cerrarse automáticamente y levantó la cabeza temerosa por lo que acababa de confesarle.- Tranquila, princesa. No voy a mancharte. Lo prometo.- Terminé de tranquilizarla, utilizando las mismas palabras que había dicho el malnacido de su prometido.

Con eso, sintiendo que la tensión de su cuerpo había desaparecido, deslicé un dedo lentamente por su estrecha cavidad y la cabeza de Elena volvió a caer contra los almohadones, dejando que sus piernas se abrieran cada vez más dejándome paso.

- ¿Quieres que pare?

- Mierda. No, Damon.- Jadeó, intentando controlar su errática respiración.- Juro que te mataría.

- ¿Quién te enseñó a hablar así?.- Introduje un segundo dedo en su interior mientras hablaba, llevándolo con el otro más profundamente.- Pensé que ibas a una bonita escuela para señoritas y que te enseñaban modales.

- Llevo demasiado… Uhmmm, Damon.

- ¿Qué decías?.- Pregunté, sintiendo su respiración acelerarse cuando también lo hizo el ritmo que mis manos estaban tomando.

- Que… llevo demasiado… ah, tiempo. Uhmm.

- ¿Elena?

- Uhmm.- Sollozó.- Entre… piratas.- Logró terminar a duras penas, y solo cuando salí de ella.

Me llevé los dedos manchados de su humedad a mi boca y degusté su sabor sin perder ni un segundo contacto visual con su mirada de sorpresa y excitación. Simplemente deliciosa.

- Touché, Cara. Dime que más cosas has aprendido a decir con esa boquita tan sucia.- Le pedí, antes de sumergir de nuevo la cara entre sus muslos.

Mi lengua siguió trabajando en su hinchado clítoris, a la vez mis dedos se movían ágilmente en su interior. Ella comenzó a tirar más fuerte de mi cabellera, movió sus piernas sin control y comenzó a gemir cada vez más fuerte. Su respiración empezó a tornarse complicada y su pecho comenzó a moverse trabajosamente.

- Déjalo ir.- Le rogué, plantando un nuevo beso en su intimidad. Unos segundos después de que mi boca tocase su sensible núcleo, ella comenzó a rogarme a mí.

Terminé de derrumbar cada muro de timidez con mi lengua y la escuché gritar mi nombre entre espasmos violentos de placer.

Me aparté para observarla mientras cerraba las piernas y se acurrucaba en el hueco que ocupaba en la cama. Me mantuve quieto y distante a la espera de una reacción, ya fuera buena o mala y a un posible arrepentimiento de su parte y, si así fuera, aceptaría las consecuencias de mis actos.

El sonido de su respiración fue descendiendo rápidamente hasta que apenas se escuchaba y sus párpados habían cedido ya hacía tiempo. Las mejillas de Elena estaban adorablemente arreboladas y su cabello era un revuelto caótico y enredado esparcido por la almohada.

Trabajé mi respiración para terminar de acompasarla y grabé esa imagen de ella tan bonita en mi mente.

Su mano se movió por las sabanas hasta tocar mi pierna y se deslizó hacia arriba, tocando mi pecho hasta llegar a mi brazo. Lo agarró y buscó mi mano. Tiró de mí contra ella y me hizo caer a su lado.

- ¿Ahora sí me crees?.- Le volví a preguntar en un bajo susurro, observando sus ojos brillantes. Ella sonrió dulcemente y se sonrojó más todavía. Se acercó a mi pecho y escondió la cara en él, avergonzada.- Supongo que eso es un sí.- le dije, antes de besar su cabeza, cerrarle como pude la camisa que aún llevaba y arroparla con mis brazos.

D&E

Cuando desperté, tenía a Elena enroscada a mi cuerpo medio desnuda y estábamos cubiertos con una sábana que no recordaba habernos echado por encima. Había anochecido, dejando el camarote apenas iluminado por la escasa luz que lograba filtrarse por el ventanal de la habitación y apenas se notaba las aguas del océano golpear contra nosotros.

Me separé suavemente del cuerpo caliente de mi frágil recluida y encendí un par de velas para poder tener mejor visibilidad. Las posé en la mesa cercana y levanté la camisa que se había arrugado en el suelo.

La abotoné sobre mi pecho y retrocedí de nuevo hacia la mesa para recoger la lamparilla hecha de cera que me permitía ver a mi alrededor, pero un paquete plano, arrugado y delgado llamó mi atención.

Lo desenvolví. Era chocolate. Bueno, lo que quedaba de él. Se habían comido la mayor parte. Yo no le había traído esto a Elena, ni recordaba tener guardado en el camarote. Mi rabia fue extendiéndose por todo mi ser y fue aumentando conforme terminé de imaginarme quién había podido llevar eso hasta allí.

- ¿Qué ocurre?.- Los ojos de Elena se encontraron con los míos y su voz, algo rasposa por la falta de agua, llegó hasta mis oídos.

- ¿De dónde sacaste esto?.

La impaciencia en mi voz la hizo alterarse y se incorporó rápidamente en su sitio, sujetándose la sabana firmemente contra su cuerpo.

- Fue un regalo.- Susurró.

- ¿Un regalo de quién?.- Ella no responde.- Elena, dime. ¿Quién te lo trajo?

- Fue Ric. Me lo trajo cuando te fuiste.

- Alaric

- ¿Qué importancia tiene?.- No le contesté, solo abandoné la cómoda calidez de la habitación y de su compañía, para dejarle claro a Ric que no iba a permitirle ni un acercamiento más con ella.- Damon, espera, ¿A dónde vas?

Gracias por leer ! :)