Queridísimas Potter Fans!

Disculpen mi ausencia, pero entre las vacaciones y rendir finales el tiempo y la inspiración se me acortaron. ¡Pero aquí está!, el décimo capítulo. Espero que el segundo cuatrimestre no me dificulte tanto seguir con los capítulos restantes, porque debo decirles que ya muy pronto estarán leyendo el final, no le queda mucho camino a esta historia. Pero me adelanto a la despedida agradeciéndoles por acompañarme hasta aquí, y espero que lo hagan con el resto de Mascarade y los demás fics que escriba.

Un abrazo grande! Nos leemos pronto :3 .

Capítulo 10: ¿Cómo olvidarte?

El Sol lastimaba sus párpados por lo que tuvo que necesariamente abrir los ojos. Todo era de color blanco, con sabanas perfectamente dobladas. Era evidente, se encontraba en la enfermería. Desde que cayó de su escoba yacía allí, pero la gran pregunta era desde cuándo. No tenía noción del tiempo, solo del fuerte dolor de cabeza que sentía. Con dificultad giró su cabeza para ver si alguien se encontraba en la habitación, pero lo único que pudo distinguir fue una cabellera castaña asomada por la ventanilla de la puerta. Le sonaba familiar, pero en realidad podría ser de cualquiera, incluso de alguien no conocido, pero el hecho de ser el único internado le daba la leve sospecha de que esa visita fuera para él.

Intentó mover su brazo para llamar la atención de alguien, pero pudo notar que ambos se encontraban vendados y con dificultad podía agitarlos. Comenzó a desesperarse y a llamar a la enfermera, pero para ese momento esa cabellera castaña ya se había aproximado. De todas las personas que conocía, nunca pensó que él fuera a visitarlo, quizá era una alucinación o más bien una especie de pesadilla. El chico miró con gracia ante el desconcierto del rubio, y se sentó en el banquito que se hallaba al lado de la camilla.

-Te sorprende, ¿no?- preguntó James tomando uno de los chocolates que habían dejado en la mesa de luz.

- Lo siento, pero sí- intentó reír, pero el dolor abdominal se lo impidió.

-Mi prima está hecha toda una psico por como estabas y bla bla, tus amiguchos se cansaron de escucharla, así que yo vine a mandarle un reporte- le conto, mientras masticaba el segundo dulce.

-Dile que estoy bien- dijo con sequedad- ¿Ya jugaron con la final?, ¿Qué pasó?- le pregunto, dando un giro a la conversación.

- Ok, la cosa está áspera, lo entiendo- comentó con tono chistoso- Sí, fue hace una semana, y … ¿Tú que crees?- cuestionó dejando relucir una fuerte carcajada- con ese buscador no tenían mucho futuro, incluso contigo- finalizó señalándolo con el dedo.

-¡Soy un desastre!- se lamentó- por mi culpa perdimos.

- Aunque hubieras jugado iban a perder, pero es verdad que habrían tenidos más posibilidades- acotó James- Ahora sí, si me disculpas, iré a avisarle a Rose de que ya estas consiente, así podré irme a clase- anunció parándose- ah, por cierto, me contó todo, y la verdad es que no entiendo lo que debe ser querer tanto a alguien como para hacer eso- comenzó a decir posando una de sus manos sobre el hombro de Scorpius- pero no sé si vale la pena, digo, ella debería querer estar con vos por lo que eres en verdad, no por fingir ser otra persona, eso es lo que ambos se merecen- concluyó dándole unas palmadas, y salió de allí.

¿Desde cuándo James era maduro? Se preguntó mientras observaba como se cerraba la puerta tras él, quien sin duda se convirtió en un total enigma. Pero lo que en verdad le perturbaba era cuánta razón tenía. Y para su desgracia, toda. Rose conoció a Lion y a Scorpius, y sin decirlo, escogió al primero, al proclamarlo, falsamente, su novio. Le dolía el hecho de que James tuviera razón, y mucho más en ello, pero así era, Rose y él no estaban predestinados para estar juntos, y esa era una herida que tardaría en sanar aún más que las de su cuerpo. ¿Cómo olvidar esas pecas que danzaban en su rostro?, ¿Cómo olvidar esos ojos que se adueñaron de sus pensamientos?...

-¿Cómo olvidarte Rose?- susurro con la voz entrecortada.

Luego de una semana, el Slytherin fue dado de alta, aunque se le prohibió el Quidditch por lo que restaba de año. Un poco cansado, y con los músculos debilitados por tanto reposo, sus amigos lo llevaron hacia la sala común, donde le tenían preparada una pequeña sorpresa de bienvenida.

Por detrás de los sillones y las mesas, saltaron alegremente muchas serpientes, con inmensa alegría, por el regreso de un miembro muy especial de la casa. Aunque al comienzo le irritó tanta gente, y aún más el ruido, le terminó por caer bien el recibimiento, nada mejor para la depresión que sentirse amado.

-De acuerdo- llamó la atención Peter, alzando una copa de wiski de fuego- ¡Este trago es por Scorpius, que nunca más nos de estos sustos, y se quede mucho tiempo a nuestro lado!-exclamó con alegría- Y también- al oírlo, todos dedujeron de quién más iba a hacer mención, por lo que la seriedad abarco todo el salón, y al unísono levantaron sus copas- … ya que estamos, por el hermano que nos dejó, pero que vivirá eternamente en nosotros, y que de seguro desde el cielo se alegra de que estés bien- las serpientes solían ser más frías y calculadoras, pero los ojos de más de una se tornaron cristalinos- ¡Salud!- exclamó, y todos lo imitaron.

El trago pasó por su garganta quemándolo, cerró sus ojos y una lágrima se escapó… Por Albus, por Rose, por los que amaba, por el dolor de los que no lo aman, por la alegría de ser amado por muchos… Por el ardor de respirar sin ella a su lado… Gotas de mar impregnadas de dichas y tristezas.

Las cicatrices sanaron con el tiempo, las vendas de pronto ya no fueron necesarias, casi no quedaba rastro del accidente, y fue retornando el rostro apuesto y reluciente que había perdido. No solo su aspecto volvía a la normalidad, sino que también ese chico seductor, y algo atrevido, que había sido en algún momento, antes de dejarse inundar por la belleza de una pelirroja. El renovado prefecto de Slytherin gobernaba los pasillos como el más temido por los traviesos y el más deseado por las jóvenes.

A la luz de todos los alumnos, Scorpius ya se había recuperado de su luto por Albus y también del contratiempo con su escoba, pero lo que no sabían es que en su interior el joven mago gritaba. Gritaba de dolor por la pérdida de su amigo, por su desamor, por su soledad. Una de las señales más comúnes de no haber superado algo, es pretender hacerlo. Aquello, era desconocido por el resto, todos pasaban su sonrisa como sincera, bueno, en realidad no todos, y eso fue su mayor problema.

-Vamos Scor- insistió Daniel, sentándose frente a él, robándole la pluma para evitar que siga escribiendo.

-Habla con nosotros, somos tus amigos- añadió Peter, tomando los pergaminos de la mesa- no seguirás hasta admitir que estas mal.

-¿Qué quieres que les diga?- cuestionó con frustración- es solo cuestión de costumbre, si finjo mucho tiempo sonreír, en algún momento me saldrá natural- les dijo intentando manotear su informe.

-Todas las mañanas me levanto con un vacío horrible cuando veo la cama de Al, pero eso es lo que me impulsa para sonreír, saber que lo conocí- dijo Peter, mirándolo fijamente- no es algo fingido, es desde lo más profundo…

-Sí, pero no es sólo eso- interrumpió, frunciendo el entrecejo- es Rose, haberla dejado ir, pero tener que verla todos los días- Scorpius se levantó y comenzó a recorrer con parsimonia la habitación- Y por eso quiero verme entero, no dejaría que ella viera lo que me hace su lejanía- finalizó posando su vista en la ventana.

-Ya verás que un buen día te olvidarás de ella-comentó animosamente Peter.

-¿Tu crees?- preguntó el rubio extrañando, volviéndose sobre su amigo.

-Sí, al igual que tus heridas físicas- asintió con seguridad- va a tardar pero tan solo tienes que averiguar cómo- al ver la expresión de Scorpius, se explicó- al igual que los médicos muchos años atrás, tardaban mucho en curar las heridas, pero una vez que supieron cómo, fue mucho más fácil- concluyo con una sonrisa cual ratón.

Daniel rio, Peter también, y al final la serpiente rubia se les unió. Rio como no lo hacía hace mucho, y aquella vez sí fue genuino. Eso le sirvió como prueba, de que fingir tan solo adelantaba el resultado de que un día todo sería un muy lejano recuerdo, y vería todo con una sonrisa, y con la misma iría para adelante.

Lo que seguía con el curso normal del tiempo eran los exámenes finales. Gracias a su intelecto, y los apuntes de sus amigos, el rubio no se retrasó con el material, pero debía admitir que sus pequeñas vacaciones del estudio habían oxidado su concentración y constancia, por lo que, tras tres horas de biblioteca, fue a dar un paso por los jardines.

La dulce brisa inundó sus poros, llevándose consigo el cansancio y el dolor de cabeza. Nada más relajante que ver cómo la naturaleza cursaba tal y como Dios lo había mandado. Que fácil parecía resultarle a la madre tierra, ¿por qué para él era tan complicado?, quizá por designio divino tuvo que pasar tales tormentos, para luego recibir el regalo más grande, y quizá, solo quizá, esas espinas no era nada con respecto al rosal que le esperaba. Pero dejarse guiar por el viento, ese susurrador maestro, invisible pero siempre latente, era lo que debía hacer, dejando de cuestionar, tan solo aceptar y vivir. ¿Fácil de hacer?, no, nadie lo dijo, pero citando al gran Peter MacGreen, algún día lo haría. Una pérdida, un desamor, la depresión, todos son pesares, y vivirlos era parte de crecer.

Mirando como las hojas lentamente caían sobre el suelo, vislumbro como con todas ellas formaron la silueta de Rose. Sonrió débilmente ante el dibujo, y presionando sus nudillos le preguntó al viento, ¿Cómo olvidarla?; el maestro, muy sabio, le respondió con un silbido. Scoprpius rio, interpretando claramente la respuesta. No sabía cómo olvidarla, pero tenía la certeza de que algún día lo descubriría.