Bella, deja ya de mirar esa playerita y cómprala – dijo entre risas.

Me sonrojé – ya llevo casi media tienda Alice, no quiero gastar de más – expliqué.

Frunció el ceño – pues a mí, Edward me dijo que no permitiera que repararas en gastos, que compraras todo lo que tú y el bebé necesitaran – sonrió.

Suspiré – de acuerdo – acepté.

Mi Edward, era tan maravilloso, como ningún hombre que hubiese conocido, estos 7 meses que habían pasado en mi embarazo, no había parado ni un momento en dejar de consentirme y mimarme.

Era como siempre había soñado un embarazo, con el hombre que amo apoyándome a cada momento, verlo tan feliz como yo, esperando a nuestro pequeño… sí, hacia ya varios ultrasonidos que nos habían dicho que tendríamos un varoncito, yo estaba feliz quería que fuera igualito a Edward con su cabello y sus ojos verdes.

Bella, yujuu – Alice me sacó de mis pensamientos.

Lo siento, ven paguemos todo esto – le dije.

De acuerdo – aceptó.

Preferí no ver a cuanto ascendía la cuenta, porque comenzaría a devolver cosas, sólo entregue la tarjeta de crédito que Edward me había dado.

Me despedí de Alice cuando Patrick la dejó en su casa, ella era una buena amiga, y no perdía el contacto con ella, estaba entusiasmada con el nacimiento de su sobrino.

Patrick me llevó a un restaurante donde Edward me estaba esperando, hacía unos meses que me costaba más trabajo moverme y hacer cosas, Edward había contratado personal de limpieza y una cocinera, aunque salíamos mucho a comer fuera.

Se abrió la puerta del auto y mi Edward me abrió la puerta, ayudándome a salir.

¿Cómo está la mujer más hermosa del mundo? – dijo mientras me besaba suavemente en los labios.

Bien mi amor – dije feliz.

Se inclinó besando mi abultado vientre – ¿y mi campeón cómo está? –dijo con ternura.

Tu campeón está muy hambriento – bromee.

Sonrió – vamos mi amor – me tomó de la mano.

Era un hermoso restaurante en el centro, nos asignaron una mesa en una esquina apartada.

Cómo fueron las compras – preguntó.

Bien amor, aunque creo que me he excedido un poco comprando – acepté – pero cuando veas todas las cosas tan hermosas que he comprado… – dije feliz.

Tomó mi mano y sonrió – Sabes que todo lo que tengo es tuyo y de nuestro bebé, puedes comprar todo lo que desees, y ya quiero ver todo lo que compraste – dijo tiernamente.

Gracias amor – dije de corazón.

Ordenamos el almuerzo, cabe más decir que pedí un enorme plato de pasta ahora que comía por dos lo hacía muchísimo.

Veo que si están muy hambrientos mis amores – dijo Edward sonriendo.

Fruncí el ceño – ya sé que estoy gorda…

Ey, qué dices, estás preciosa mi amor – dijo serio – y tienes que comer muy bien por nuestro bebe, para que nazca muy sano y hermoso como su mamá – tomó mi mano.

Sonreí y continué comiendo, cuando terminamos veía a Edward un poco nervioso.

¿Pasa algo Edward? – pregunte.

Yo… tengo una sorpresa para ti, mi amor – comentó y lo miré expectante.

De su maletín sacó unos documentos y me los tendió.

¿Qué es esto? – pregunté.

Míralo tú misma, amor – me pidió.

Comencé a leer los documentos y sonreí sin pensarlo, era la sentencia de mi divorcio con Jacob, habían pasado tantos meses que hasta me había olvidado de ellos.

Pero como…

Bueno, tuve que hablar con algunos conocidos para agilizar el proceso que estaba tardando demasiado, no quería que nuestro bebé naciera y aún continuaras casada con Jacob –dijo frunciendo el ceño.

Pero ahora soy libre mi amor – dije feliz de saber que ya no me unía ningún lazo a Jacob.

Me miró maliciosamente – no por mucho tiempo –se puso de pie.

Observé cómo movía mi silla con cuidado y me ponía de pie, sonreí al ver cómo se arrodillaba frente a mí y me miraba fijamente.

Siempre te dije que en cuanto fueras una mujer libre no tardaría ni un segundo en comprometerte de nuevo – sonrió.

Tan pronto – bromee.

No me puedo arriesgar a que cualquier hombre quiera arrebatarte de mi lado – dijo serio.

¿Así? – señalé mi panza enorme.

Estás más hermosa que nunca, jamás creí que una mujer embarazada podría ser tan sensual – sus ojos eran intensos.

Edward… - dije sonrojada.

Por eso mi amor y porque te amo con toda mi alma – sacó una cajita de terciopelo de su pantalón y la abrió, era un anillo sencillo pero hermoso, con un diamante rosa muy hermoso, mis ojos se humedecieron – Isabella Swan, mi amor, mi vida, mi compañera, me devolviste la alegría de vivir, me has dado tantas cosas buenas y maravillosas – acarició mi abdomen – preciosa, ¿quieres casarte conmigo? – preguntó.

Dejé caer mis lagrimas, era tan feliz como nunca creí serlo antes, asentí levemente – sí Edward, acepto – dije feliz.

Puso el anillo en mi dedo y lo besó, después se puso de pie y me abrazó con fuerza, y me besó con ternura, disfruté de sus dulces labios y enredé mis dedos es su cabellos, era un momento tan perfecto, no podía pedirle más a la vida que tener a mi bebé y a mi amor.

Gracias mi cielo – su sonrisa era enorme y sus ojos brillaban.

Acaricié su rostro – tendremos que esperar un poco, porque con esta enorme panza no puedo preparar nada – dije desanimada.

Sonrió – esa es otra sorpresa que tengo para ti…

Vaya mi amor, estás lleno de sorpresas – lo besé.

Mi cielo, dime algo… ¿quieres una boda por todo lo alto o algo muy intimo donde solo estemos tu y yo, por supuesto nuestro bebé y unos amigos? – preguntó.

Edward, la única persona que me importa que esté en nuestra boda eres tú… - suspiré – sabes que no tengo familia, ni muchos amigos, sólo te tengo a ti y a nuestro bebé – le dije.

Me besó suavemente con mucho amor.

Ven conmigo corazón – dijo tomándome de la mano y dejando cualquier cantidad de dinero sobre la mesa.

Edward, yo quería un postre – dije haciendo pucheros.

Comenzó a reír – tranquila mi cielo, tendrás todo el postre que quieras – prometió.

Llegamos al auto y Patrick nos abrió, no entendía a dónde me llevaba Edward, estaba muy feliz y extraño, él nunca era tan misterioso.

Edward entró y después me ayudó a sentarme en su regazo, me abrazó y comenzó a besarme con ternura mientras avanzábamos, yo aunque intrigada no dejaba de corresponder a los dulces besos de mi amado, no mirábamos fijamente y sonreíamos, Edward mi prometido, qué maravilloso sonaba.

Cuando llegamos me ayudó a salir y observé el lugar donde nos encontrábamos, me sorprendí muchísimo.

Bella mi amor, cásate conmigo ahora mismo – dijo emocionado.

Pero… cómo, ¿cuándo organizaste todo? – dije sorprendida.

Hace un par de días, le pedí a Alice que te llevara de compras para terminar con todos los preparativos hoy – explicó.

Miré nuevamente hacia el registro civil – pero mi amor… no estoy vestida para la ocasión – dije mirando mi sencilla bata primaveral.

Sonrió – no te preocupes por eso, allí dentro está tu madrina con todo preparado – me miró traviesamente.

Alice – murmuré – hagámoslo mi amor – dije feliz.

Me tomó de la mano y entramos, Edward me condujo a una especie de habitación – ahí, detrás de esa puerta esta Alice esperándote, y en esta otra puerta, estaré yo impaciente por verte entrar – dijo con ternura.

Te veo pronto amor – besé sus labios.

Entré a una pequeña especie de tocador, allí estaba Alice sentada, en cuanto me vio sonrió.

Vaya, creí que no habías aceptado – se burló.

La abracé – tonta, no me dijiste nada – la acusé, me percaté del lindo vestido azul que vestía.

Bella –enarcó una ceja –Edward me hubiese matado si arruinaba su sorpresa – dijo temerosa – y es mejor que nos apresuremos ese hombre puede ser muy desesperado cuando se trata de ti – comentó.

De acuerdo – sonreí.

Alice comenzó a arreglarme, la observaba ir de un lado a otro, me maquillaba y hacía muchas cosas en mi cabello, no sé en realidad me tenía en sus manos, yo sólo estaba ansiosa, queriendo ver a Edward, convertirme por fin en su esposa.

Listo, pero aun no puedes verte, falta lo más importante – abrió una enorme caja y sacó un vestido tendiéndolo sobre la cama.

Lo observé con detenimiento, era de un color ostión casi blanco, tenía un bordado con perlas en la parte del busto y la parte del abdomen era un poco holgada, la seda caía artísticamente hacia el suelo, era el vestido más hermoso que había visto, las lágrimas corrían por mis ojos.

¿Qué pasa bella, no te gusta? – pregunto Alice.

Negué – es que… es tan hermoso, yo… siempre soñé con un vestido así de hermoso – confesé.

¿Cuándo te casaste con Jacob no lo tuviste? – preguntó.

No Alice, mi boda con Jacob fue lo más informal y apresurado, y Edward está haciendo de ésta, todo lo que siempre soñé.

Te lo mereces Bella, es tiempo de ser feliz – dijo Alice con las mejillas húmedas.

Me colocó el vestido y unas sandalias blancas muy cómodas, pues por mi estado no podía usar zapatillas de tacón.

Me acercó a un espejo y me quedé maravillada, me veía como siempre lo había soñado, peinado y maquillaje perfecto, un precioso vestido que a pesar de mi estado me hacia lucir muy bien, y mis ojos, que nunca habían brillado tanto.

Estás lista bella, sospecho de cierta persona que debe estar muy desesperada – bromeó.

Más lista que nunca – confesé.

Salimos de la habitación y Alice me tendió algo – no olvides tu ramo – sonreí.

Me encaminé con pasos lentos por el pequeño pasillo, en el fondo vi a un hombre mayor que debía ser el juez y después distinguí al asistente personal de Edward, seguramente sería testigo, y después todo lo demás desapareció…

Qué hermoso se veía Edward con ese traje negro, estaba nervioso, se acomodaba el moño de la corbata incómodo, pero en cuanto nuestras miradas se cruzaron sólo me contempló fijamente, su mirada iba de mi rostro a mi vestido y de vuelta.

Un día cuando era niña y vivía en el internado miraba una película, una chica decía que siempre soñaba que cuando caminara hacia el altar, su novio tuviese esa mirada de cachorro enamorado al mirarla y siempre estuve de acuerdo con eso.

Y ahora mi Edward me miraba de esa manera, como si no hubiese nada más hermoso en el mundo para él.

Llegué a su lado y sonrió maravillado, tomó mis manos entre las suyas y las apretó suavemente, sólo pude mirarlo perdida y enamorada.

El juez comenzó a hablar – ¿en esta tarde, este hombre y esta mujer se ha reunido aquí por decisión propia? – preguntó.

Sí – Edward y yo contestamos a la vez.

Siendo así, este es un voto de confianza y amor, el matrimonio es una unión que debe respetarse y protegerse, hombre y mujer deben amarse y procurarse ante todo, y cuando formen una familia inculcar a sus hijos en un ambiente de armonía y cariño.

Señor Cullen – le cedió la palabra.

Isabella Swan, mi único y verdadero amor, estar aquí, junto a ti es la bendición más grande que me ha dado la vida, durante mucho tiempo creí que siempre estaría solo, que la vida se había ensañado conmigo, pero desde la primera vez que te vi, supe que no sería más así – sonreí – llevas en tu vientre lo más importante que he tenido, eres maravillosa mi amor, te amo, juro protegerlos con mi vida siempre – dijo con sinceridad.

Sequé mis lágrimas, y aclaré mi garganta, no sabía si podría decir cosas tan bellas como Edward.

Isabella – dijo el juez.

Edward, esta sorpresa es por demás hermosa, pero es sólo una más de las que me has dado desde que nos conocimos, has llenado mi vida de felicidad, creía que nunca volvería a serlo, que estaba condenada al desamor, a la soledad, yo nunca tuve a nadie Edward, pero tú me has dado tanto, que te prometo amarte siempre y cuidar de ti y de nuestra familia – le juré con toda mi alma.

Para siempre – susurró.

Para siempre – repetí.

Estaba todo dicho, Edward y yo estábamos unidos, nuestras almas era una sola desde este momento.

Si no hay nada más que decir, por el poder que me confiere la ley, los declaro marido y mujer, puedes besar a la novia – culminó el juez.

La emoción de mi esposo era tan grande que ni vi en qué momento me tenía entre sus brazos, me concentré en sus ojos verdes.

Mi esposa… señora de Cullen, qué bien suena – susurró.

Sonreí – lo sé, señor Cullen – acaricié su rostro.

Acortó la distancia entre nosotros y me dio el beso más dulce que había recibido en mi vida, lento, lleno de sensaciones y amor.

Lo abracé fuertemente cuando el beso concluyó… firmamos el acta de matrimonio y abrazamos a nuestros testigos.

Ahora sí señora Cullen, vamos por ese pastel que tanto querías – dijo Edward sensualmente en mi oído, nos habíamos despedido y no sabíamos a donde nos dirigíamos.

Mmm, me apeteces más tú – dije besando su barbilla.

También tendrás todo lo que quieras de mí – me prometió – sé lo deseosa que está mi preciosa esposa – bromeó.

Es porque tengo el esposo más guapo de todos – lo abracé.

Edward me besó suavemente en los labios y yo estaba más que dispuesta a seguirle la corriente, pero de pronto un terrible dolor me atravesó la columna vertebral.

¡Auuuch! – me quejé.

¿Qué pasa mi amor? – dijo asustado.

No sé… yo… ¡auuuchh! – otro dolor.

¡Dios santo, es el bebé, está bien amor! – tocaba mi vientre con nerviosismo.

Edward…. – sentí un líquido escurrir entre mis piernas – la fuente – dije asustada.

¡Dios! ¿Bebé, ya quieres nacer? – dijo aterrado.

Abrió rápidamente el comunicador del auto – Patrick llévanos ahora mismo al hospital – le ordenó con la voz temblorosa.

¿Está todo bien señor? – preguntó extrañado Patrick.

Mi hijo ya va a nacer – dijo revolviendo su cabello y mirándome con dulzura.

Tranquila mi amor… todo estará bien – prometió – aguanta un poco más bebé, pronto vas a nacer – susurró.

Estaba asustada y los dolores seguían recorriéndome, pero sabía que todo estaría bien y pronto podríamos ver a nuestro pequeño.


Hola niiñas!

disculpen la tardanza me he vuelto una floja jeje

no encerio estuve muy ocupada con examenes

y pues he aprvechado las vacaciones para salir

a relajarme.

prometo estar mas pronto x aqui

y que les guste el capitulo.

graciias genesis x impulsarme si no fuera x ti no hubiese escrito nada jeje

y graciias por editarlo. :D tqmm

dejen sus reviews :D