-
¡Quitame las manos de encima! – le grito instintivamente al
apartar al chico lo mas que pudo -
Quizás no estés preparada para mi todavía –
argumento Dash con una aparente tranquilidad después de unos
segundos en los cuales analizo el hecho de ser rechazado por primera
vez. – Llámame, nena – le dijo al guiñarle un ojo y
salir de allí acompañado por sus amigos-clones quienes
lo seguían a todas partes a donde se dirigiera -
¿¡Qué se supone que fue eso!? – la reprendió
una molesta Paulina una vez que el grupo se había reducido a
las personas de más confianza - ¿En qué estabas
pensando? ¡El es uno de los chicos más populares! -
… - la chica no sabia como justificar su proceder, no podía
decirles que el simple hecho de que Dash la tocara, la hacia
asquearse profundamente pero tampoco podía quedarse callada –
Yo no quería… -
Ese es tu problema, no se trata de lo que tu quieras, se trata de lo
que el quiera – agrego Estrella saliendo del silencio en cual había
estado escondida hasta ese entonces - ¿captas? -
Ella tiene razón – corroboro Paulina después
dedicarle a la rubia, una furtiva mirada en la cual le dejaba en
claro que no podía interrumpirla – No hagas que me
arrepienta de haberte invitado a mi exclusiva pijamada -
¿Segura qué esta lista para pasar al siguiente nivel? –
le pregunto Natasha al mirar a la ex gótica como si fuera un
prototipo que podía llegar a tener alguna peligrosa falla en
su sistema -
Eso creo pero sigo teniendo mis dudas – contesto la morena al
cruzarse de brazos en la espera de que Sam dijera o hiciera algo que
reafirmara su respuesta. Lo que más incomodaba a la chica de
violáceos ojos, era que el hecho de estuvieran hablando de
ella de esa manera estando presente ya que le hacia pensar que aparte
de ser desalmada, las personas populares carecían de modales
-
Tengo entendido que salieron unos nuevos modelos de pijamas… –
comenzó la joven al entender la indirecta que la chica le
estaba restregando en el rostro - ¡No podemos usar algo de la
temporada pasada! -
¡Es lo más lógico que he escuchado en todo el
día! – exclamo una de las muchachas del montón al
incorporarse de la cómoda posición en la cual había
estado sentada hasta ese momento Esa
tarde, Sam había comprado una infinidad de prendas y objetos
inútiles e innecesarios tales como: una carisima bufanda
calada y con pompones color crema, un llavero con forma de pez y un
cinturón trenzado en un fino cuero… Prácticamente,
había desgastado por completo la banda magnética de la
tarjeta de crédito de su padre pero, por más que
quisiera, no podía parar de comprar. Sus compulsivas
compañeras no le permitían abandonar una tienda sin que
se llevara lo más caro que esta poseía y ya podía
ver como en su futuro sus padres la regañaban por acabar con
el crédito que supuestamente, debía durarle más
de un mes. -
¿No creen que ya es… suficiente? – les pregunto a las
jóvenes que achataban las narices contra la vidriera de una
boutique que presumía un exquisito saco de mangas largas,
cuello con solapa, bolsillos bordados en color cobre. El precio que
estimo para aquella obra maestra de la moda, fue más de lo que
había gastado en el día lo cual la desilusiono y la
alivio al saber que ya no destrozaría las pocas monedas con
las que podía contar. -
Lo quiero… - dijo Estrella ignorando su pregunta al no despegar los
ojos de la prenda en cuestión – Tengo que tenerlo… -
A menos que tengas 365 dólares, no podrás llevártelo
– con estas palabras, las trajo a la amarga realidad puesto que
ninguna de ellas poseía aquella suma de dinero – hum…
¿Podrían ayudarme con esto? – les rogó
haciendo equilibrio con las diversas bolsas que carga y no podría
seguir sosteniendo durante mucho más tiempo -
Si no hubieras despachado a Dash, el podría cárgalas
por ti – le reprocho Natasha al acercarse hasta donde se encontraba
seguida del resto de las chicas que asumían la idea de que
tendría que volver a casa sin ese abrigo del que se habían
enamorado -
Maldita bruja… - se quejo entre dientes mientras seguía a
las jóvenes que parecían desfilar por los pasillos del
shopping sin una ruta fija Mientras
tanto, Danny había interrumpido el paseo con Valerie gracias a
Tucker quien lo había llamado para pedirle que fuera a su casa
lo antes posible. -
¿Qué sucede, Tuck? – pregunto el chico
materializándose detrás del moreno que se encontraba
sentado en su cama sin despegar los ojos de su modernísima
laptop -
¡No hagas eso, me mataras de un infarto! – se quejo puesto
que el sobresalto lo hizo caer al piso. -
Lo siento… - se disculpo sin poder contener una maliciosa risita
provocada por el extraño sonido que produjo la caída -
¿Qué necesitas? -
Nada en particular, solo quería saber como está Sam…
¿Aborto la idea de ser "miss popularidad"? -
No lo creo… - dijo con un suspiro y la felicidad se borro de su
rostro inmediatamente – Esta peor que antes, insulto a Val… La
comparo con ganado… -
Ella no es de hacer esas cosas… - afirmo irguiendo una de sus cejas
y recordando a la Sam gótica que tanto extrañaba -
¡Exacto! – parecía que Tucker le había leído
la mente ya que el iba decir exactamente lo mismo – No esta
actuando como ella misma… parece que fuera otra persona, una muy
diferente a la que queremos… -…y
a la que amas – agrego como si nada y su amigo le respondió
con una sorprendida mirada que acompaño la incomodidad que el
momento les proporcionó – No tienes porque ocultarlo, Danny,
lo sé -
N-no sé de lo qué me hablas… - se apresuro a decir
una vez que las ideas se acomodaron en su mente -
Olvídalo – lo tranquilizo con resignación para
continuar con el tema que realmente importaba en ese momento -
¿Piensas que esto más que una simple venganza? -
Tal vez si, tal vez no… no lo sé – por más que lo
intentará, ya no podía concentrarse en la conversación,
los comentarios que le había hecho Tucker sobre sus
sentimientos lo habían sacado de eje. La
oscura noche se asomaba por el horizonte cuando Sam llego a su casa
cargada con las muchas chucherias que ese día había
adquirido, realmente estaba muy cansada y ansiaba llegar a su cama
para dormir como nunca antes lo había hecho. -
Como me duelen los pies… - se quejo al entrar a su cuarto y
deshacerse de los elegantes zapatos que la habían estado
torturando durante su larga caminata por el centro comercial Al
apoyar la cabeza sobre la almohada, los ojos se le cerraron y
automáticamente, se durmió olvidando las preocupaciones
mundanas que, últimamente, hacían de su vida un reto
cuando de repente, escucho entre sueños una profunda voz que
repita su nombre una y otra vez. Espero que la psicosis abandonara la
somnolencia que había adoptado por sus propios medios pero al
ver que la insistencia se mantenía firme, abrió los
ojos para dar por finalizado aquel aterrador sueño. Observo su
cuarto con minucioso cuidado y al ver que todo estaba en orden,
deicidio volver al descanso cuando la voz volvió a
manifestarse con más claridad. Estaba segura que estaba
despierta y decidida a acabar con aquello que no la dejaba en paz, se
levanto y recorrió la pieza buscando el lugar de donde
provenía el escalofriante sonido.
Después
de unos minutos de intensa búsqueda, lo encontró, el
espejo que le había regalado su madre era el que la había
estado llamando. Su curiosidad fue mayor que su miedo, lo tomo por el
mango y lo acerco lo suficiente como para examinarlo detenidamente.
Solo su reflejo le devolvió la espantada mirada que en su
rostro había adquirido protagonismo pero algo en el no era
normal, sus ojos, antes de un intenso violeta, eran de un inusual
carmesí.
En
ese momento, perdió la noción de donde se encontraba y
que estaba haciendo, solo le importaba una cosa: disfrutar de la
noche.
