Y con esto terminamos el fic, ¡muchas gracias por leer! Hasta la próxima :D


10# Comida.


¿Qué era ese aroma? ¡¿Qué era ese aroma?!

Daba saltitos de un lado a otro tratando de mirar lo que había sobre la repisa más alta de la cocina, ese misterioso lugar al que nunca podía llegar porque estaba al borde del abismo, ¡intentarlo significaba que sus patitas estarían heridas! Pero ese aroma era muy rico… ¿qué era?

Le parecía detectar pescado… sal… algo de aceite de olivo… y más cosas que no sabría decir, ¡eso lo hacía aún más especial! Sobre todo porque su humano llegó con esa cajita blanca luego de que fue a cenar con su hermano Glen y eso significaba que debía ser delicioso. No sabía nada de comida humana pero cada que salía con ese chico Arthur regresaba a casa con cosas curiosas o de buen sabor, ¡tenían gusto, debía admitirlo!

Lo siguió desde la sala sin duda alguna, ¡meow! ¡Quería un poco de lo que llevaba en esa cajita! Dio más saltitos en la cocina esperando que Arthur le diera un poco pero sólo recibió una mirada sospechosa… ¡jah, como si eso lo intimidara! Estaba muy equivocado si creía que lo reprendía.

Lo retó también con sus ojitos de felino lindo y decidido, ¡aquella comida sería suya!

Oh, no, ¡no, no! ¡Ni lo pienses! — le dijo frunciendo esas cejas graciosas — Esto no es para ti sino para mí. Nos lo dieron de regalo en el restaurante por elegir el paquete especial así que espero que no hagas lo que creo que quieres hacer.

¡Como si fuera a hacerle caso! Lo obtendría y les guardaría un pedazo a sus hermanos gatitos, ¡pero sólo un pedacito! Por eso estuvo al acecho unas horas pero antes de ir a dormir su humano lo puso en la repisa más alta, ¡malvado!

Ahora estaba tratando de pensar qué hacer.

Era un gatito hábil en acrobacias pero ir por la orilla del mueble era imposible, casi no había puntos de apoyo y los cristales de los huecos estaban totalmente cerrados. Por otros muebles tampoco era demasiado conveniente ya que ninguno estaba lo suficientemente cerca.

Dio unas vueltitas, bebió agua, incluso tomó una pequeña siesta inspiradora en su cojín favorito pero ya en la madrugada se despertó listo para la acción.

Aun cuando observó y contempló varias opciones sólo una era viable. Su ejecución requeriría de toda su habilidad, rapidez, y si fallaba todo el mueble se vendría abajo pero valía la pena, ¡podría comerse todo ese manjar!

Se levantó y se ejercitó un poco: se estiró, giró un poco su cabecita, también pateó para que sus extremidades se terminaran de despertar y hasta ejercitó su colita. Bien, ¡era el momento! El abrigo de la noche y el brillo de la luna estaban de su lado.

Observó muy bien el mueble. Sólo había dos puntos de apoyo, ¡debía dar los saltos más grandes de su vida! Además, con eso sólo alcanzaría para golpear la caja y que cayera, pero no le importaba lamer del piso si eso le garantizaba esa comida.

Se preparó… ¡se preparó! Se quedó quieto… y luego de hacerse pequeño para preparar su salto se estiró.

Todo ocurrió muy rápido. De su primer punto de apoyo en uno de los cajones tuvo que dar el otro salto teniendo que pisar verticalmente el frío vidrio de los huecos, ¡casi… casi lo tenía!

Enseguida estiró sus patitas delanteras y sacó sus garras… ¡Meow! ¡Dio el zarpazo más fuerte de su gatuna vida! Logró mover la caja, ¡incluso la tiró! Pero ahora su vida corría peligro al caer de esa altura, ¡Meooow!

Fue más por instinto pero logró ver a través de los muebles y… y cayó de pie, ¡de pie! ¡No podía creerlo! Estaba todo erizado y tieso por el susto, sin embargo estaba en el suelo. Se concentró para sentir cada parte de su cuerpecito… la colita estaba bien, también su cabecita, su torso pero… las patitas… trató de moverlas despacio…

¡S-Sí, estaban bien, totalmente bien! Dio unos brinquitos de victoria pero su recompensa los esperaba, ¡jah, era el mejor gatito del mundo!

Se acercó y parecía… como un estofado pero sin tantas verduras, ¿o quizá era un pastel de carne? Sacudió su cabecita porque eso no era importante, ¡a comer!

Devoró todo con mucho gusto, no les dejó ni un pedacito a sus hermanos porque era demasiado delicioso para compartirlo. Mordió las partes ligeramente duras y casi se deshacía en su boca el resto de la carne, ¡definitivamente era pescado con algo más especial! Se lo comió todo y no dejó rastro ninguno.

A la mañana siguiente, ya acostado en su cojín con las patitas arriba, escuchó a Arthur bastante frustrado y recogiendo la cajita vacía. No se molestó siquiera en huir, enfrentó sus reclamos lamiéndose el resto de la salsa de almendras de sus bigotes.

Esperaba que su humano trajera algo dulce la próxima vez.