Capítulo 9
Envuelto en oscuridad
El viaje de vuelta hacia Celeste fue aún más rápido, aun a pesar de su cambio de dirección. Aunque el viaje se había alargado un poco más de manera completamente imprevista, de alguna forma Rojo se sentía con ganas de seguir aun a pesar de las circunstancias, haciéndole caminar más rápido y con más ganas.
Esta vez la vía subterránea no se le hizo tan larga y la subida de la vaguada no fue tan fatigosa como en un principio pensó. Acabó matado igualmente, pero aun así ver a ciudad Celeste desde la lejanía una vez que alcanzó la cima de la vaguada, le animó un poco más a seguir.
Una vez allí decidió hacer un alto en el camino para descansar un poco, comprar provisiones para el viaje, comer y luego seguir hacia el este. Aprovechó también para pasarse por la tienda de bicis y cambiar su bono por una bici sin gastarse un dineral, consiguiendo de esta manera una muy chula y practica bicicleta plegable fácil de transportar y llevar; había varios modelos, pero él escogió una de color rojo, como debía de ser, ya que conjuntaba con su nombre.
Una vez con ella la estuvo probando un rato, corriendo con ella por la ciudad y dirigiéndose al supermercado rápidamente para comprar provisiones antes de ir a comer. No sabía si de Celeste hasta pueblo Lavanda tendría que acampar, supuso que si, por lo que estuvo abasteciéndose con todo lo necesario para poder parar en el camino. Pasando por la sección de entrenadores, donde solían vender productos relacionados con el entrenamiento, las batallas y los pokémon, se reencontró con cierta persona con la que no se esperaba volver a ver.
-Hombre, Rojo, cuanto tiempo…
-Anda, hola Misty ¿Qué haces aquí?
-He venido a comprar comida para mis pokémon. Hace casi ya una semana desde que te fuiste ¿cómo es que has vuelto por aquí?-inquirió ella, curiosa.
-Gané mi tercera medalla en ciudad Carmín y ahora me dirijo a ciudad Azulona para retar el siguiente gimnasio-explicó él, enseñándola su medalla.
-Ah, así que derrotaste al teniente…
-¿Le conoces?
-Pues claro, es uno de mis compañeros, todos los líderes de gimnasio nos acabamos conociendo cuando nos reunimos en la liga pokémon cada año-reveló Misty.
-Ya veo… en ese caso conocerás al líder de Azulona, me vendría bien saber quién es y en qué se especializa para ir montando una estrategia-comentó Rojo, como quien no quiere la cosa.
-Ah, eso es lo que quieres ¿verdad? qué listo eres…
-Hombre, digo yo que no tendrás ningún problema en decírmelo ¿no?-supuso Rojo, algo echado para adelante.
-¿Y por qué se supone que tengo que decírtelo?-inquirió Misty, mirándole ceñuda.
-Bueno, porque somos amigos…
Ante eso la líder de miró arriba abajo, sopesando el si decírselo o no, hasta que finalmente decidió.
-Bueno, podría, aunque si te lo digo perdería la gracia ¿no crees? A veces es mejor no saber nada sobre tu futuro oponente para rendir mejor en batalla…-argumentó la chica, con gesto divertido.
-O sea, que no me lo piensas decir…-resumió él, con gesto resignado.
-Pues no.
-Gracias, Misty…
-Oh, de nada-murmuró ella, guiñándole un ojo.
Terminaron el resto de sus compras los dos juntos y se separaron en cuanto salieron del supermercado.
-Bueno, Rojo, buen viaje hasta Azulona y mucha suerte en su gimnasio, la necesitarás-le deseó la chica, con alegría.
-Oh, sí, con todos tus consejos y recomendaciones ganaré seguro-asintió Rojo, cargando de ironía cada sílaba.
-Pues claro que sí.
Aun y con todo Rojo dejó escapar una risita tonta y se despidió de ella, dirigiéndose hacia el centro pokémon para comer.
No gastó mucho tiempo comiendo, en cuanto terminó recogió sus cosas y partió hacia el este, para continuar con el viaje.
La ruta 9 era una de las pocas rutas, junto con la ruta 3, que eran de montaña, aunque en el caso de la 9 el apelativo no llegaba a tanto en realidad; de camino hacia el túnel Roca el relieve cambiaba de forma progresiva, aunque no a unas alturas tan prominentes ni accidentadas como las de la ruta 3. Esa zona de la prefectura era de las menos altas, siendo superada ampliamente por la del monte Moon. Colinas no muy abruptas, elevaciones mucho menos prominentes y algún que otro precipicio salpicaba toda esa zona, con algún que otro llano en las cuotas más bajas. No era una ruta tan pedregosa ni peligrosa como la 3, pero el terreno favorecía la aparición de muchos tipos de pokémon, además de muchos entrenadores con los que Rojo estuvo luchando para entrenar para el siguiente gimnasio, del cual no sabía nada, yendo esta vez a ciegas, por así decirlo.
La ruta 10 era algo más llana y precedía al túnel Roca, pasando al lado de un río que bordeaba esa zona y que llevaba hacia una cuenca escondida donde, en su momento, se construyó una central de energía que abastecía toda la prefectura de Kanto, pero que acabó cerrando debido a que el suministro acabó dependiendo de otros proveedores, convirtiéndose en un recinto abandonando. Aunque algunos de sus alternadores seguían funcionando, provocando algún que otro apagón en pueblo Lavanda cuando la tensión subía mucho.
El resto de la tarde se pasó en un suspiro y comenzó a anochecer enseguida; Rojo comenzaba a considerar el acampar por allí cerca cuando un tejado que le era familiar se recortó cerca de la entrada al túnel.
-¡Ah, un centro pokémon de paso, qué suerte!-pensó él, apretando el paso.
Y le venía muy bien, pues hasta ahora había estado entrenando con todos esos entrenadores y sus pokémon necesitaban un descanso, al igual que él.
Dejó a sus pokémon en tratamiento y se fue al salón para repasar un poco su agenda y la situación; dado que ya estaba anocheciendo no estaba seguro de si continuar o bien quedarse a pasar la noche allí y seguir con el viaje mañana. Dado que el túnel Roca era un paso montañoso que, a diferencia del monte Moon, no poseía ningún tipo de iluminación artificial, siendo un paso complicado de cruzar, prefirió esperar a mañana para prepararse bien. Por suerte se había comprado desde hacía tiempo una linterna con la que podría alumbrarse, por lo que sus problemas se solventaron rápidamente. Quizás se retrasaría un día, pero al menos viajaría con mayor seguridad.
En cuanto abrieron el comedor fue a cenar y, una vez que terminó, se dirigió al salón para pasar allí el resto de la noche antes de retirarse a dormir. Estuvo viendo un rato las noticias, en las cuales se hablaba del reciente y aún vigente cierre de accesos a ciudad Azafrán.
-En otro orden de asuntos, aún continúa dándose el por ahora permanente cierre de accesos a ciudad Azafrán por cuestiones de seguridad; hace pocos días hubo una reapertura temporal para reabastecer los servicios de la ciudad que tan solo duró un par de horas, pero los accesos se volvieron a cerrar una vez que el proceso terminó.
Hasta ahora el cierre sigue vigente, a lo que muchos ciudadanos han estado protestando ya que está dificultando la circulación en toda la prefectura; muchos entrenadores pokémon han visto su viaje afectado por la misma razón, así como otras personas que necesitan pasar por la ciudad por diferentes razones. El alcalde de la ciudad se ha pronunciado para pedir paciencia a la población.
En ese momento las imágenes de la ciudad cambiaron para mostrar una rueda de prensa en la que el alcalde, un tipo de mediana edad, de facciones redondas, bajito y algo rechoncho, se dirigía a los medios.
-Sabemos las dificultades que entraña esta decisión, pero créanme que lo hacemos por la seguridad de los ciudadanos, tan solo dennos un poco más de tiempo para asegurar que la ciudad está a salvo.
-¿No puede establecer ninguna fecha concreta en la que se levantará el cierre?-inquirió en ese momento un reportero de los que allí había.
-Me temo que eso no es posible, es preferible asegurar que las medidas sean cien por cien fiables antes que ponernos a fijar fechas sin saber del todo si se podrían cumplir o no-argumentó el alcalde.
-En parte comprendemos el cierre, pero algunos tenemos dudas sobre los motivos en sí; según el comunicado oficial fue por seguridad ante la actual ola de crímenes, pero no se especificó exactamente la causa de tales hechos ¿tiene el Team Rocket algo que ver con la decisión?-preguntó otro periodista.
Esta vez el alcalde dudó por unos breves segundos, pero enseguida se repuso y contestó de seguido.
-La decisión en sí responde al deseo de hacer ciudad Azafrán más segura, ya sea de cualquier malhechor que se precie.
Para entonces, el ceño de Rojo se torció hasta el punto de parecer una persiana mal subida. No podía entender a qué venía semejante cambio de tema. Claramente había evitado tener que responder específicamente a la pregunta, sobre todo en cuanto oyó que se trataba del Team Rocket. No pudo evitar opinar en voz alta.
-¿Pero por qué demonios no admite que es por el Team Rocket?
-Pues porque se trata claramente del Team Rocket-anunció en ese momento una voz a su lado.
Rojo giró la cabeza y vio sentado en un sillón cercano a un hombre de avanzada edad, de calva prominente, con pobladas cejas blancas, facciones redondas y con un gesto de gran molestia dibujado en su rostro.
-No quieren admitir que se trata de ellos, por lo que evaden el tema para evitar que cunda el pánico. No se restringe el acceso a una ciudad entera sólo por simple seguridad, eso por descontado.
-¿Qué sugiere entonces?-inquirió Rojo, curioso.
-Que el cierre se haya hecho no para evitar que alguien entre, sino que salga-argumentó el hombre.
-En ese caso es que hay alguien dentro-obvió el chico.
-Exactamente.
Por un momento hubo un breve silencio en el que el chico y el anciano se mantuvieron la mirada por unos segundos hasta que, finalmente, el anciano habló.
-Pero bueno, no hagas mucho caso de los seniles desvaríos de un anciano como yo…
-Oh, no, para nada, de hecho eso tiene mucho sentido.
-Eres muy amable, jovencito. Me llamo Fuji, dirijo la casa de voluntarios de pueblo Lavanda, donde cuido de pokémon sin familia ni hogar-se presentó el anciano.
-Encantado, yo soy Rojo, entrenador pokémon-hizo lo propio el chico.
-Ah, así que debes de estar viajando… bien, eso es bueno, el viaje siempre fortalece tanto el cuerpo como el espíritu, y en compañía de tus pokémon es aún más enriquecedor. Asumo entonces que cruzarás el túnel Roca-supuso Fuji, con mirada segura.
-Sí, me dirijo a ciudad Azulona y he de cruzarlo para continuar.
-Yo también he de cruzar el túnel, he estado fuera del pueblo por un par de días y ahora he de volver. Sé que no es fácil cargar con un peso muerto como yo, pero me preguntaba si serías tan amable de acompañarme-pidió el señor Fuji.
-Por supuesto, señor Fuji, con mucho gusto, usted no es ninguna molestia-aceptó él.
-Gracias, muchacho, a mi edad viajar ya no es tan sencillo y a veces me siento un poco solo-argumentó Fuji, con melancolía.
-En ese caso yo le haré compañía.
Estuvieron hablando durante un rato más hasta que finalmente se retiraron a sus respectivas habitaciones. Como el tratamiento iba a durar durante toda la noche Rojo se fue directamente a su habitación, para descansar para mañana. Había quedado con el señor Fuji a primera hora de la mañana, después de desayunar, por lo que tendría que estar despierto y lucido.
A la mañana siguiente, y nada más despertar, Rojo fue a recoger a sus pokémon y después a desayunar algo rápidamente, para luego reunirse con el señor Fuji en el vestíbulo. En cuanto llegó se encontró con él justo al lado de la puerta.
-Ah, buenos días Rojo-le saludó Fuji en cuanto le vio.
-Buenos días señor Fuji-hizo lo propio él.
-¿Estás preparado?
-Sí, podemos irnos.
-Vayámonos pues.
El acceso al túnel estaba justo al lado, nada más salir del centro pokémon torcieron a la derecha, siguieron un sendero cercano y en menos de cinco minutos se presentaron ante la entrada; la montaña que albergaba el túnel no era muy alta, apenas llegaba a los quinientos metros de altura, y era una de las pocas formaciones rocosas de la prefectura. Nada más cruzar el umbral, una oscuridad envolvente se echó sobre ellos.
-Vaya, sabía que era oscuro, pero no tanto-murmuró Rojo.
-Es un solo túnel en el primer tramo pero luego se bifurca hacia varios lados justo por la mitad, perderse es más fácil de lo que parece. Menos mal que yo voy preparado-comentó Fuji, sacando una linterna de las gordas.
-Vaya, señor Fuji, está usted en todo-observó el chico.
-Viaja siempre con algo encima.
Por su parte Rojo sacó su propia linterna, además de optar por sus pokémon, ya que la llama de charmeleon podía alumbrar sus alrededores y las descargas de pikachu podrían iluminar el interior del túnel por unos breves pero útiles segundos.
El interior del túnel era amplio, un largo, oscuro y hasta claustrofóbico camino serpeaba durante varios minutos en los que el trayecto apenas varió. El ambiente estaba un tanto cargado, la humedad era bastante alta, lo que hacía que la temperatura fuera baja; en todo momento guardaron silencio, siendo sus pisadas el único sonido cercano, aparte de los pasos de charmeleon que iba al lado de Rojo alumbrando el camino con la punta de su cola. Pikachu permanecía quieto y vigilante en el hombro derecho de su entrenador, aguzando el oído. Los haces de luz de ambas linternas conseguían alumbrar varios metros por delante de ellos, sobre todo la del señor Fuji, que era la más potente.
En un momento dado el señor Fuji se paró de golpe, haciendo que Rojo también se detuviera.
-¿Qué ocurre?
-Mira ahí-indicó de repente el señor Fuji alumbrando hacia delante.
El chico giró la cabeza y siguió el haz de luz que iluminaba la estancia, llegando a ver a dos pokémon muy extraños junto a una bifurcación cercana. Ambos les miraban de forma inquisitiva, el primero se interponía entre ellos y el más pequeño, en actitud defensiva.
-¿Qué son?-inquirió Rojo.
-Un cubone y un marowak, a juzgar por su comportamiento hacia el pequeño la marowak debe ser su madre; aunque es extraño, ya que normalmente cuando los cubone nacen su madre fallece-explicó Fuji.
-Vaya…-murmuró el chico, un tanto apenado.
Los dos eran pequeños, apenas les llegaban hasta las rodillas, y portaban en sus manos un hueso parecido al de un fémur; desde donde estaban apenas les quitaban ojo de encima, mirándoles fijamente a través de los orificios de una especie de calavera que llevaban puesta a modo de casco.
-Nunca se quitan su calavera, por lo que nadie les ha visto la cara; como objeto es muy raro y valioso, hay gente que pagaría millones por ellas-explicó Fuji.
Sin decir nada más, el anciano sacó un poco de comida y se la tendió a los dos pokémon; cubone se aventuró un poco, comiendo de su mano y probándola. El pokémon dejó escapar un suspiro satisfecho y siguió comiendo, perdiendo el miedo enseguida. Su madre le siguió al poco rato y se acercó a ellos, probando también un poco.
Fuji tan solo sonreía sin decir nada, llegando a acariciarlos de vez en cuando, aunque en momento dado comentó.
-Esto es lo que falta en este mundo, un poco de cariño y comprensión por nuestra parte. Los pokémon son criaturas extraordinarias de las que podemos aprender grandes cosas, no instrumentos de poder o máquinas de hacer dinero. Sin embargo, hay gente que no comprende esto y se dedica a enriquecerse a costa suya, como ese despreciable Team Rocket. Por eso me dedico a cuidarlos, para que evitar que gentuza como ellos se aprovechen de tan fascinantes criaturas-explicó el anciano.
-Eso es muy noble de su parte, señor Fuji-le alabó Rojo, tocado por la actitud del anciano.
-Eres muy amable, Rojo, y sé que tú también coincidirás conmigo. Los entrenadores no luchan por querer mostrar cuán poderosos son, sino para mostrar lo únicos que están con sus pokémon.
-Completamente de acuerdo, mi fuerza es la de mis pokémon y viceversa, sé que ellos son capaces de todo y ellos también lo saben ¿verdad?-inquirió el chico, mirando a sus pokémon.
Ambos dejaron escapar un grito de aprobación, coincidiendo con él; pikachu se bajó del hombro de su entrenador y saludó tanto a cubone como a marowak, uniéndose charmeleon también al saludo. Madre e hijo hicieron lo propio.
-Qué sociales son…-observó el chico.
Tras el encuentro continuaron con el viaje, esta vez siendo acompañados por cubone y marowak, la cual seguía a Fuji de cerca; no lo parecía pero el viaje se alargaba con cada paso que daban por aquel oscuro túnel. Aunque esa vez Fuji y Rojo estuvieron hablando para matar el rato y hacer más corto el viaje.
-¿Y qué fue lo que hizo exactamente que se dedicara a cuidar de los pokémon, señor Fuji?-preguntó el entrenador, con curiosidad.
Antes de contestar el anciano se quedó callado por unos breves instantes, hablando poco después.
-Bueno, la verdad es que mi pasado no es algo que cuente así sin más, pero te puedo contar que, tras jubilarme, decidí dedicarme a esto para que ningún pokémon sufriera más daño-explicó secamente el señor Fuji
-Lo comprendo, lo siento señor Fuji, no pretendía inmiscuirme-se disculpó Rojo.
-No pasa nada, Rojo, yo también era un chico curioso como tú… demasiado curioso.
Rojo se quedó un tanto extrañado por ese último comentario, aunque prefirió no hacer ninguna pregunta al respecto. Después de todo era una persona encomiable, dedicándose así sin más al cuidado de pokémon sin familia no hogar. De repente, en ese justo momento, un temblor sacudió brevemente la parte del túnel donde estaban.
-¿Qué ha sido eso?-inquirió el chico, extrañado.
-Habrá sido un corrimiento de tierra, suele ocurrir en ocasiones-supuso Fuji, sin darle mayor importancia.
Aun así Rojo no se quedó convencido, puesto que a él le había parecido oír algo más, como unas voces junto con el propio temblor. Sus pokémon estaban tan en alerta como él, como si también presintieran algo extraño. Agudizó el oído y pudo escuchar una serie de ruidos como de algo suave deslizándose sobre una superficie dura.
-Me parece que no estamos solos, señor Fuji-anunció Rojo.
-Bueno, serán más personas cruzando el túnel-opinó el anciano.
Fue entonces cuando el ruido se concretó, sonando justo al lado del señor Fuji; Rojo quiso alertarle, pero en ese momento todo ocurrió muy deprisa, casi en una milésima de segundo. Algo o alguien surgió de entre las sombras, se oyeron varias pisadas y un sonido apagado. Fuji chilló y la linterna cayó, apagándose de golpe; algo se movió delante de Rojo y le arrebató la suya, apagándola y sumiendo al lugar en una completa oscuridad salvo por la cola de charmeleon. El chico trató de recuperar su linterna, pero delante de él ya no había nadie.
-¡Soltadme, soltadme!-gritaba Fuji.
-¡Cogedle, que no escape!-decía otra voz.
-¡Señor Fuji!-exclamó Rojo.
Sin embargo la cosa no acabó ahí; se oyó otro estrépito, más pisadas, marowak exclamó su nombre y cubone hizo lo mismo. Justo después se oyó a pikachu cargando energía.
-¡Pikachu, no ataques si no te lo ordeno! ¡Charmeleon, reagrúpate con él!-exclamó Rojo.
Sin embargo, la confusión era demasiado grande y apenas se podía distinguir nada, ya que su llama no alumbraba tanto como una linterna. Más voces retumbaron en la cueva, sonando de forma distinta y dispar, como si no estuvieran ahí.
-¡Un marowak, mirad!
-¡Cogedlo, cogedlo!
-¡Pika, pi!
-¡Cubone, cu!
-¡Maldita sea!
La confusión no podía ser mayor, Rojo no oía a Fuji y además no sabía dónde cayó la linterna; podía ver la llama de charmeleon oscilar no muy lejos de donde estaba, acercándose a ella.
-¡Charmeleon, aquí, conmigo!
Fue entonces cuando alguien tras él le abordó, asestándole un duro golpe en la cabeza y haciéndole caer hacia delante. Los sonidos se apagaron momentáneamente debido al golpe, convirtiéndose en ecos difusos apenas perceptibles; vio la llama de charmeleon balanceándose justo delante de él y saltándole por encima, defendiéndole de su atacante.
Rojo trató de ponerse en pie, sintiendo aún el golpe en la coronilla; llamó a charmeleon para que no se alejara, regresando con él enseguida. Estuvo esperando a que se le pasara el dolor, recuperando poco a poco el sentido y oyendo cada vez mejor. En cuanto se sintió recuperado, se encontró solo con cubone y charmeleon; pikachu no estaba, marowak tampoco, y la linterna de Fuji se encontraba tirada justo a su lado.
-¿Pikachu, señor Fuji?-llamó Rojo, encendiéndola.
-¡Cubone, bone…!-exclamó el pokémon.
-¡Pikachu! ¡Pikachu!
Su llamado resonó por todo el túnel, guardando silencio justo después y esperando un respuesta que parecía no llegar; poco después, en la lejanía, pudo oír la voz de pikachu resonar, no parecía estar muy lejos.
-¡Hacia allí!-indicó Rojo echando a correr.
Cubone y charmeleon corrían a su lado, dejándose guiar y escuchando ellos también; pikachu seguía llamando a Rojo, el cual seguía su voz mientras alumbraba el camino. Aprovechó además para llamar al señor Fuji, por si conseguía oírle a él también.
-¡Señor Fuji!
Sin embargo tan sólo se oía a pikachu; siguiendo la voz de su pokémon, llegó a un punto donde el camino se bifurcaba en dos, hacia delante o hacia su izquierda. Más adelante sólo se veía oscuridad y a la izquierda, tres cuartos de lo mismo. Fue entonces cuando pikachu enmudeció. Rojo se quedó callado y escuchó; nada. Tan solo silencio. Y oscuridad.
-Pi… ¡pikachu! ¡Señor Fuji!-llamó de nuevo en un momento dado.
Su voz resonó por las galerías hasta morir, regresando el silencio justo después; aun así podía oír su respiración entrecortada y el martilleo de su corazón en el pecho. Incluso oyó la llama de la cola de charmeleon centellear y la respiración de cubone. Pero nada más; ni voces ni pikachu.
Entonces, en un momento dado, cubone chilló, probablemente llamando a su madre; lo hizo varias veces y luego guardó silencio. La nada le respondió. Justo después asió con fuerza su hueso y empezó a martillear en la pared, de una forma muy parecida a la del propio código Morse, cosa que sorprendió gratamente a Rojo. Tras varios minutos martilleando con el hueso, se detuvo y escuchó; pocos segundos después se pudo oír. Un castañeo parecido al hueso de cubone, resonando por el túnel más cercano.
-Vaya, entonces así os comunicáis en esta oscuridad-observó Rojo, impresionado.
Cubone asintió y se lanzó a la carrera hacia la izquierda, mientras volvía a golpear en la pared, siendo respondido poco después; Rojo le siguió y se internaron en el corazón del túnel a través de más pasadizos y huecos que parecían nunca acabar. Comprobando él mismo lo que le llegó a comentar el señor Fuji al poco de entrar, del túnel de la izquierda salieron hacia a otro a mano derecha, luego torcieron a la izquierda de nuevo, continuaron de frente y después tuvieron que bajar por una abrupta sima. Cubone seguía martilleando en la pared, siendo respondido en casi todo momento; continuaron por ese desnivel para luego subir por una pendiente erosionada de tal manera que parecía emular unas escaleras.
-¿Vamos bien, cubone?-inquirió Rojo.
El pokémon asintió, volviendo a golpear; pero ésta vez no le respondieron, cosa que lo extrañó. Volvió a golpear con el hueso, esperando una respuesta; nada.
Por su parte el pokémon dejó escapar un preocupado gruñido, volviéndolo a intentar.
Rojo confiaba en cubone, pero de repente tuvo la extraña sensación de que no sabía dónde estaban; sólo oyeron desde que se pusieron en marcha las repuestas a cubone, nada más. La voz de pikachu había callado desde entonces, y la del señor Fuji y el resto de voces parecían haber dejado de existir. La realización le golpeó enseguida en toda la cara: estaban perdidos. Perdidos en un túnel oscuro y amplio, sin pikachu ni el señor Fuji.
-Pikachu…-murmuró Rojo, sin evitar sentirse preocupado por él.
Temía que no le volviese a ver nunca más; ¿y si se ha perdido yendo tras esas voces? ¿Y si se ha caído por alguna brecha y se había hecho daño? Pero sabía que incluso ahora no podía dejarse llevar por pensamientos así. Debía de ser fuerte, serenarse y pensar con la cabeza.
-No, no, debe de haber una forma de salir de aquí, de llegar al tunel principal-se dijo el chico por lo bajo, pasándose la mano por la cara.
Charmeleon pudo notar el nerviosismo de su entrenador, increpando a cubone justo después. Éste trató de excusarse golpeando de nuevo la pared con su hueso, pero el de tipo fuego se molestó y le empujó de mala manera.
-¡Eh, eh, basta charmeleon, todos estamos igual así que no es momento de culpar a nadie! ¿Entendido?-puso Rojo punto final al tema.
Charmeleon obedeció a su entrenador, pero miró mal a cubone, el cual dejó escapar una mirada insegura.
-Encontraremos a pikachu y los demás ¿vale?-aseguró él, sentándose.
Aunque ni siquiera estaba seguro de lo que acababa de decir; aun a pesar de saber lo que tenía que hacer no sabía muy bien cómo proceder, cosa que le inquietaba. El tiempo no parecía pasar, Rojo miró su reloj para consultar la hora y, para su sorpresa, lo descubrió parado.
-Oh, mierda…
Le dio unos toquecitos al cristal para ver si así volvía a correr, pero el segundero siguió parado; supuso que se debía de haber parado al caerse cuando le atacaron.
Aunque ahora no sabía qué hora era, temiendo perder la noción del tiempo; la linterna parpadeó fugazmente y Rojo prefirió apagarla. La llama de charmeleon iluminaba, pero no tanto como la linterna; aun así era mejor aprovechar las pilas al máximo.
-Cubone, intenta comunicarte con tu madre otra vez-pidió el chico.
El pokémon asintió y volvió a asestar golpes secos en la pared; el repiqueteo era constante y rebotaba en el túnel, perdiéndose en la oscuridad. Cada cinco minutos paraba para esperar una respuesta que no llegaba y volvía a empezar.
Pero en ese justo momento oyeron el grito característico de pikachu cada vez que cargaba y soltaba energía, sonando no muy lejos de allí.
Rojo se levantó de un salto, encendiendo la linterna, y exclamó.
-¡Pikachu!
El silencio se levantó por un momento pero luego se volvió a oír, esta vez con algo más de claridad. A eso se sumó un llamado por parte del pokémon a modo de respuesta.
-¡Pikachu! ¡Ya voy, amigo!-exclamó Rojo echando a correr hacia el sonido, siendo seguido por charmeleon y cubone.
Sus llamadas eran cada vez más claras, se estaban acercando.
-¡Pikachu, impactrueno!-ordenó Rojo.
Cerca de donde estaban pudieron ver el destello que produce el ataque; corrieron hacia la luz y se encontraron con el pokémon.
-¡Pikachu!-exclamó Rojo abriendo los brazos.
La rata eléctrica se echó a sus brazos y él la abrazó con fuerza.
-¡Estás bien, menos mal!-masculló el entrenador, feliz de volver a verle.
Pikachu tan solo se regodeó con los mimos, feliz y contento por volver a ver a su entrenador. Pero justo después saltó al suelo e indicó por señas a Rojo que le siguiera; le siguieron todos hasta una estancia bastante amplia donde pudieron ver a un grupo de personas tratando de salir por un resquicio en la roca.
-¿¡Quienes sois vosotros?!-preguntó el entrenador.
Apuntó el haz de luz hacia ellos y pudo verlos con claridad; iban vestidos de negro y con una gran erre roja en su pecho que se le hizo terriblemente familiar.
-¡Team Rocket! ¡Debí imaginar que eráis vosotros!-gritó Rojo, sintiendo cómo la furia le embargaba.
-¿Quién es ese chaval?-soltó uno de ellos.
-¿¡Y yo que sé!? ¡Llevad ya al viejo a la salida!-oyó entonces a uno.
Fue entonces cuando pudo ver que se estaban llevando al señor Fuji, el cual se encontraba maniatado y con los ojos vendados.
-¡Señor Fuji, no! ¡Soltadlo ahora mismo!
-¡De eso nada! ¡Adelante, muk!-exclamó un rocket, sacando a uno.
-¡Cubone, huesomerang!-ordenó Rojo, ya que había consultado su pokédex antes con él.
El pokémon obedeció y tiró su hueso a modo de boomerang, golpeando hacia atrás a muk, el cual empujó a los rocket que trataban de salir por el hueco en la roca.
-¡No empujéis!
-¡No soy yo!
-¡El cráneo, que se me escapa!
-¡Lo tengo!
Sin apenas pensar, Rojo trató de detenerles como fuera, ordenando lo primero que se le vino a la mente.
-¡Pikachu, impactrueno!
El pokémon eléctrico lanzó una sacudida que empujó a los rocket aún más hacia la salida, provocando entonces un derrumbe que facilitó su huida y bloqueó la entrada.
-¡Agh, maldita sea!-gritó Rojo, frustrado.
Sin embargo en ese justo momento oyó un grito lastimero proveniente del otro lado de la caverna. Rojo alumbró y vio que se trataba de cubone, el cual se encontraba echado sobre un cuerpo que le era familiar.
-¡Ah, marowak!-exclamó el chico.
Se arrodilló ante él para comprobar cómo se encontraba, pero entonces se dio cuenta de algo que le impactó; no tenía el cráneo y tampoco se movía ni respiraba. Fue entonces cuando recordó uno de los comentarios de un rocket en concreto.
-¡El cráneo, que se me escapa!
Con manos temblorosas, y temiéndose lo peor, le comprobó el pulso tan solo para confirmar lo evidente. Estaba muerto. De alguna manera, estaba muerto.
Cubone se dio cuenta y comenzó a llorar desconsoladamente; por su parte Rojo comenzó a reconstruir lo que podría haber pasado. El Team Rocket sabía que Fuji iba a cruzar el túnel, pero no que iría acompañado; los soldados se infiltraron en él, esperaron a que apareciera y lo secuestraron. Luego fueron a buscar una salida. Marowak les persiguió para evitarlo y pikachu se fue con él, separándose así. En su momento cubone, cada vez que se comunicaba con su madre, podía ser respondido por ella, cosa que delataba continuamente la posición de los rocket; entonces, para evitarlo, decidieron silenciarla. Y, de paso, se llevaron su cráneo, recordando lo que le comentó el propio Fuji acerca de su rareza y alto valor.
Rojo dio un puñetazo al suelo, tratando de descargar la enorme frustración que sentía; se sentía tremendamente culpable, no sólo habían matado a un pokémon sino que le habían robado después de morir por dinero, expoliando su cadáver. Y encima consiguieron secuestrar al señor Fuji. Y no solo eso, sino que además habían escapado por su culpa. Debido a su imprudencia les ayudó en su fuga al atacar, cuando lo podría haber impedido. Pikachu y charmeleon estaban callados y apenados, sin poder evitar compartir el dolor de su compañero. Cubone no dejaba de llorar ante el cuerpo sin vida de su madre, gruesos goterones manchaban su cráneo blanco; los sollozos se clavaban en el corazón de Rojo como dagas envenenadas.
-Lo siento cubone… lo siento…-musitó Rojo, llegando a dejar escapar un par de lágrimas.
Por un momento lo único que se oyó fueron los lamentos y lloros de cubone resonando por toda la cueva mientras el resto guardaba silencio. Unas pequeñas piedras rebotaron sobre las más grandes que bloqueaban la salida y cayeron al suelo secamente.
Hacía tiempo que Rojo perdió la cuenta de los giros que habían dado; los túneles parecían no acabar, y le daba la sensación de que el ambiente se enrarecía cada vez más con cada paso que daba. La linterna destellaba cada vez con más frecuencia, pero Rojo no la apagó. Charmeleon iba a su lado y cubone al final, tremendamente silencioso, arrastrando su hueso; el solo sonido de rozamiento que producía ya hacía sentirse mal al chico, recordando los más recientes acontecimientos.
Finalmente no pudo más, se sentó en el suelo y apagó la linterna; ya no sabía ni donde se encontraban, ni qué hora era ni nada de nada. Tan solo caminaba a ciegas, sin saber por dónde ir, ni qué hacer para orientarse. Y los ánimos tampoco ayudaban.
Aunque después de tantas emociones y lo que parecía horas y horas caminando en la oscuridad, se sentía tremendamente cansado; se recostó en la pared, al tiempo que todos los demás se pegaban a él, con rostros igual de extenuados como el suyo. Cubone se acurrucó a sus pies, al tiempo que pikachu se hacía una bolita en su regazo y charmeleon se tumbaba a su diestra, dándole calor. Así, en esa pose, y con todos los pokémon a su lado, la modorra se fue apoderando de él hasta que finalmente cayó dormido.
Rojo era de sueño pesado, aunque quizás fuera por la sonoridad del túnel por lo que acabó despertándose al escuchar una voz retumbando en las galerías.
-¿Hay alguien ahí?
Las tres palabras fueron música para sus oídos, despejándose de golpe y volviéndolas a oír fuertes y claras.
-¿Señor Fuji? ¿Hola?
-¡Aquí!-quiso gritar Rojo, pero tan sólo le salió un gruñido.
El chico maldijo su suerte y a esa repentina afonía. El aire ahí estaba muy cargado y hacía frío, por lo que era normal que su garganta acabara tan tomada después de estar respirándolo tanto tiempo. Quiso encender la linterna, pero no tenía pilas. Ahora la cosa empeoraba, no tenía voz ni pilas. Pero vio una posibilidad en sus pokémon.
-Pikachu…-llegó a musitar, haciendo un gran esfuerzo.
El pokémon se despertó y le miró inquisitivamente.
-Im… impactrueno…-ordenó con voz cascada.
Pikachu lanzó la descarga hacia el techo y un destello iluminó fugazmente el lugar; la persona lo vio e inmediatamente corrió hacia él. En cuanto lo vio, esta comentó.
-Un momento, pero si tú eres… ¿Qué haces aquí?
Rojo quiso contestar, pero en ese momento sintió cómo las fuerzas le abandonaban y se dejó caer al suelo, del todo inconsciente. Lo último que vio antes de que todo fundiera a negro fue a una figura vestida de negro y con un frondoso bigote bajo la nariz acercándose a él.
Aunque en los juegos se sucede de forma distinta, siempre me pareció raro que el señor Fuji acabara siendo secuestrado por el Team Rocket. Y es aún más extraño teniendo en cuenta cierto detalle sobre él que prefiero no desvelar because trama. No he optado por destello ya que, para seros sinceros, no me apetecía nada desviar la trama hacia la ruta tres de nuevo, por lo que preferí seguir. Los más puestos puede que noten diferencias también con los sucesos de la madre de cubone y cubone, en ese sentido lo que he hecho es reordenar los sucesos y darles un enfoque distinto, aunque en esencia la historia es la misma. Y poco más, comentar que ahora iré más despacio ya que tengo más trabajo en la uni y los exámenes a la vuelta de la esquina. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
