Espero que os guste, muchisimas gracias por vuestros reviews :))
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no me pertenece, ni su historia ni sus personajes.
Capítulo 10- El tipo de los cuchillos.
En casa de los Sawada se respiraba un ambiente tenso. El pobre de Tsuna había recibido una muy mala notícia por parte de Reborn, y estaba digiriéndola junto a sus guardianes de la tormenta, la lluvia y el sol.
-¡Eso será EXTREMO!- Ryohei fue el primero en salir del pequeño trance y en ponerse de pie con sus ojos brillando en llamas.
Justo cuando el castaño iba a decir algo, el llamado de su madre lo sacó de su eventual trance.
-¡Tsu-kun, al teléfono!
El chico bajó con las piernas temblando y contestó algo temeroso. Gokudera le había acompañado por mantener su seguridad y escuchó como la voz de Squalo sonaba desde la otra línea. Decía cosas entre grito y grito, y lo que pudieron comprender era que querían que se presentaran en un almacén de las afueras de Namimori para tener una lucha.
-¿Y si nos negamos?- Preguntó el Décimo Vongola algo asustado.
-Shishishi...- Escucharon de fondo a Belphegor.- Creo que a vuestra amiga no va a gustarle mucho eso.
-¡Kyoko-chan!- Gritó él al instante, pero justo entonces la comunicación se cortó. Tragando saliva y terriblemente enfadado con Varia, Tsuna se dirigió hacia su cuarto para informar de la llamada y poner rumbo al edificio nombrado por el albino.
...
Habia pasado un tiempo desde que tuvo esa quedada con sus amigas, y las palabras que Fumiko le lanzó rebotaban constantemente en su cabeza, perturbándola a veces.
Tampoco habia hablado con Sawada y los demás. Se había mantenido distante, estaba confundida aún por lo sucedido en la obra de teatro que hicieron antes de terminar el año y podía comprobar que al chico le gustaba clarísimamente Sasagawa.
Dentro de ella, una vocecita infantil le repetía que ella ya no tenía nada que ver con el chico: había saldado su maldita deuda ayudándole con el guión del teatro, resignándose a un papel que ciertamente la hería.
Durante las vacacioens de Navidad habia conocido a Lambo. No sabía por qué, pero el pequeño pelinegro le habia cogido cariño. La visitaba a su casa a escondidas, a veces. En algunas ocasiones lo enviaba fuera, le decía que tenía que regresar porque era peligroso ir solo, pero no sabía por qué motivo había algo en él que le recordaba a ella misma.
-¿Qué tal está Sawada?- Le preguntó en una ocasión, mientras le preparaba un huevo frito. Aquella vez estuvieron solos, era de noche, y sus padres no iban a llegar hasta la tarde del día siguiente. Con la respuesta del niño pudo saber que, aunque se burlara de él, Tsuna era una persona respetable incluso para el ruidoso Lambo.
Y ahora se encontraba allí sentada, en el banco de madera del parque, mientras calaba profundamente y escuchaba la canción de Deadman Wonderland con los cascos puestos al máximo volumen. Habia algo que la abrumaba de esa canción. La letra era oscura, acorde con sus pensamientos. Es decir... ¿cómo no escuchar ese estilo cuando pensaba en lo sola que realmente estaba?
-Creo que ese no es el punto aquí.- Se dijo a sí misma en voz alta, aunque no lo escuchaba realmente.
Caló unas cuantas veces más antes de terminarse el cigarrillo. Estaba sola en ese parque, así que no le preocupaba que alguien la mirara mal por escuchar música. Tampoco que a alguien le molestara que hablara consigo misma.
Al poco rato, la canción terminó, y decidió quitarse los cascos, escuchando entonces el ruido de niños jugando en el tobogán que habia a sus espaldas. Era reconfortante, pero se sentía muy vacía.
-Shishishi...- Escuchó de repente cómo alguien se reía a su lado y, asustada, se giró burscamente. Un chico rubio con una corona extraña sujetaba entre sus dedos varios cuchillos de plata. Se paralizó por un momento, y justo cuando iba a alejarse el muchacho le lanzó dos de ellos, rozando apenas su cara.- Ven conmigo.- Y aunque hubiera aceptado voluntariamente, se quedó sin poder ver nada de repente y notó como la ataban. Trató de gritar, pero también se lo impidieron.
Estaba aterrada.
...
-¡Kyoko-chan!
Con su corazón desgarrado escuchó a través del audífono como la persona a la que amaba solo se le pasaba otro nombre por su cabeza en lugar del suyo. Joder, quería llorar. Tenía una venda cubriendo sus ojos, así que no podía ver nada ni a nadie. Sabía que había como unas tres personas, pero tal vez estuviera equibocada.
Y seguía atada. Tenía su boca cubierta con un trozo de tela, al igual que sus ojos. Sentía mucho, muchísimo terror. ¿Eran secuestradores? ¿Qué tenían que ver con Sawada? ¿Por qué a ella? ¿Iban a violarla? ¿A venderla en un mercado negro? Sabia por la televisión que había muchas cosas malas que la gente hacía.
Se dió cuenta de que había olvidado respirar, así que inspiró con profundidad cuando notó que le faltaba el aire. No, hablando muy en serio, jamás había sentido un miedo como aquel. Tal vez porque su pacífica vida había transcurrido siempre sin demasiadas emociones y con pocos percanzes, era que ahora sentía que se encontraba en el límite.
Porque no sabia nada. Absolutamente nada. Seguramente alguien como Sasagawa hubiera permanecido tranquila confiando en que Sawada la salvaría, seguramente no hubiera sentido todo su terror y no estaría al borde de llorar.
De todos modos, él intentaría salvarla. Porque pensaba que a quién tenían era a Sasagawa y no a ella, al despojo que lo había tratado mal en el pasado y al que había tenido que ayudar.
Despojo, repitió para sí misma.
Normalmente no pensaba así. Pero se sentía sola y todo lo que llevaba sucediéndole la abrumaba. ¿Por cuanto tiempo había permanecido ahí? ¿Una hora, dos, tres? ¿O apenas veinte minutos? No lo sabía, sólo era consciente de lo lento que le había pasado el tiempo, de lo eterno que le parecía.
-¡VOOOOOIIIIIII!- Escuchó el grito que tantas veces habia escuchado antes, y un par de golpes que dejaron a dos personas fuera de combate. Tragó saliva con dificultad y agudizó su oído. No podía ser. ¿Sawada había ido a salvarla?- ¡Tú!
