Hakuoki no me pertenece (brincos diera, pero sólo mis personaje originales son de mi propiedad). Esto lo hago sólo por satisfacción personal y con el sincero deseo de entretenerles. Espero que lo disfruten.


El temblor de su cuerpo era incontrolable. "Corre" decía su mente pero sus piernas no respondían a esta orden. Estaba paralizada a causa del terror. Sólo reaccionó al ver que el demonio avanzaba hacia ella. Yoko dio un paso hacia atrás tratando de alejarse pero tropezó con una piedra y cayó al suelo.

- Sed… sangre…

El demonio extendió su mano para atraparla. De sus colmillos afilados colgaban finos hilos de saliva que le daban la apariencia de una bestia salvaje a punto de dar el golpe final. Yoko se levantó e intentó huir sólo para ser tomada por el brazo y acorralada contra una pared.

La furia la tenía sujeta por el cuello. Las lágrimas asomaban en los ojos de Yoko para correr por sus mejillas mientras intentaba, inútilmente, liberarse del agarre del monstruo. La mirada de la criatura estaba fija en la yugular de su víctima. Sus ojos rojizos se desorbitaron ante la visión de lo que había estado buscando desesperadamente con la esperanza de finalizar sus tormentos. El preciado elixir que corría por las venas de esta mujer estaba a pocos centímetros de él. Emitiendo un gruñido abrió su boca mostrando sus colmillos para clavarlos en el cuello de su presa.

- ¡NOOOOOO! – gritó Yoko con las fuerzas que le quedaban.

De repente un movimiento, el sonido de una hoja de metal cortando el aire y una lluvia de sangre que empapó su rostro y ropas. La cabeza del demonio yacía a sus pies, con la misma expresión que tenía hacía tan sólo unos instantes. El cuerpo inerte yacía en el suelo tiñéndolo de escarlata.

Yoko no podía moverse o gritar. Tan sólo permanecía de pie mirando al demonio muerto y al hombre frente a ella. Era alto y musculoso con penetrante mirada azul. Su cabello cobrizo bajo la luz de la luna le daba un aspecto irreal. Junto a él apareció otro sujeto con un extraño tatuaje en un brazo y su largo cabello índigo sujeto en una cola de caballo que se mecía con el viento.

Los sonidos a su alrededor enmudecieron, la adrenalina que la había mantenido en pie desparecía, dejando en su lugar una sensación de vértigo y fatiga, seguida por las tinieblas del desvanecimiento. En un parpadeo, el hombre del tatuaje se había colocado a su lado atrapándola antes de que su cuerpo tocase el suelo.

- Tu deber era vigilarla ¿no? – preguntó a su compañero de cabellos cobrizos.

- Sí.

- ¿Acaso te dijeron que podías intervenir?

- No.

- ¿Por qué lo hiciste entonces?

Pero su compañero no respondió, haciendo que el hombre emitiera un bufido de disgusto. El sujeto que tenía a Yoko en sus brazos, puso su mirada azul grisácea en la faz inconsciente de la mujer.

- Bueno la verdad es que habría sido un desperdicio que hubiese muerto. Es una humana tan hermosa que con gusto yacería con ella un rato.

Su compañero colocó su mano en el mango de su espada, en un gesto que claramente le indicó que no debía intentarlo.

- Eres un aburrido, Amagiri – dijo sonriendo al tiempo que colocaba a Yoko en el suelo.

Ambos sujetos miraron el cuerpo de la furia.

- Esto no va le va a gustar a Kazama. Nuestras sospechas eran ciertas. Yukimura ha estado haciendo experimentos con los humanos, y esa mujer lo ha ayudado.

- No creo que ella esté al corriente acerca de los experimentos, Shiranui – contestó Amagiri – La he estado vigilando. Yukimura-sensei la mantiene aislada en ese cuartel. Es como si no quisiera que ella supiese de sus actividades.

- Lo que no entiendo es que si esta mujer es tan importante como para mantenerla custodiada de esa manera, ¿por qué Yukimura-sensei permitiría que corriese este peligro? Y ¿qué es lo que él pretende hacer con esos experimentos?

- Vámonos Shiranui, alguien se acerca.

Amagiri desapareció ante su compañero. Shiranui se arrodilló junto a Yoko, acariciando sus cabellos.

- Volveremos a vernos preciosa – y con un rápido movimiento pareció disolverse como la bruma en el aire.


Al escuchar el grito, Okita corrió en esa dirección. Ryunosuke quedó paralizado por un momento, incapaz de reaccionar.

- ¡Ibuki, vamos! – le dijo Saito sacándolo de su aturdimiento.

"Esta furia la voy a matar yo, Hajime-kun" pensaba Okita.

Iba tan rápido que pronto dejó atrás a Saito y Ryunosuke. A la distancia vio dos cuerpos tirados en el suelo. Al acercarse no pudo esconder su sorpresa. La furia a quien él pensaba eliminar estaba decapitada en el suelo y próxima a él, Yoko cubierta de sangre.

Se arrodilló junto a Yoko, temiendo que hubiese corrido la misma suerte que la furia. Okita exhaló aliviado al sentir que ella tenía pulso y aún respiraba.

- Debería matarte por darme este susto Yoko-san- dijo Okita mientras volteaba la cabeza al escuchar el sonido de los pasos de Saito y Ryunosuke que se acercaban corriendo por el callejón.

- ¡Souji!... - dijo Saito - Amamiya-san está…

- Tranquilo Hajime-kun, Yoko-san no está muerta y tampoco está herida. La sangre sobre ella es de la furia.

- Hiciste un buen trabajo, Okita-san – continúo Ryunosuke.

- Yo no hice nada.

- ¿Qué quieres decir Souji? – preguntó Saito.

- Que no puedo llevarme el crédito del trabajo de otro. La furia estaba muerta para cuando llegué y Yoko-san estaba sin sentido.

- Pero entonces, ¿quién mató a la furia? – preguntó Ryunosuke.

- Eso tendrá que esperar, ahora debemos llevar a Amamiya-san al cuartel y disponer de los cuerpos– dijo Saito.

Okita que aún estaba arrodillado, se levantó tomando a Yoko en sus brazos.

- Yo llevaré a Yoko-san al cuartel. Hajime-kun ¿te encargas del resto?

- Sí. Ibuki y yo vigilaremos para que nadie se acerque. Pide que manden ayuda del cuartel.

Ryunosuke vio cómo Okita se alejaba mientras que Saito se inclinaba sobre los restos de la furia.

- Quien hizo esto es un hábil espadachín. La furia nunca sintió a su asesino –dijo Saito – Iré a vigilar el otro lugar. No te muevas de aquí hasta que lleguen los demás.

- Sí.

Saito se alejó por la calle. Ryunosuke volvió a mirar al cadáver cuando descubrió que tenía algo apretado en su mano. Retiró el objeto y vio que era un pañuelo. No lograba entender por qué una furia tendría algo así.


Los hombres estaban cenando en el cuartel. Sabían que Saito y Okita estaban patrullando, pero les extrañaba que Ryunosuke y Yoko no hubiesen regresado aún.

- Kondou-san ¿a dónde iban Ryunosuke y Yoko-san? – preguntó Heisuke.

- Amamiya-san iba a ver a un paciente que atendió antes de venir al cuartel. Ibuki-kun la está escoltando – respondió Kondou.

- Es raro que Niimi-san no la acompañase siendo el hombre de confianza de Serizawa y el colaborador de Yukimura-sensei – comentó Sanosuke.

- Fue el propio Niimi-san quien propuso que Ibuki-kun acompañase a Amamiya-san – respondió Sannan.

- Pero los dos se fueron hace mucho tiempo ¿no creen que Ryunosuke y Yoko-san ya se han demorado demasiado? – preguntó Heisuke.

- Oye Heisuke ¿acaso estás celoso de Ryunosuke? – preguntó Shinpachi maliciosamente.

- ¿Ce… celoso? –tartamudeó Heisuke, mientras que los demás suspiraron al darse cuenta que Shinpachi y Heisuke iban a iniciar una nueva discusión.

- ¿Te atraen las mujeres mayores? Siento decírtelo Heisuke pero Amamiya-san está fuera de tu alcance. – continuó Shinpachi.

- ¡Deja de decir estupideces Shinpachi!

- En serio Heisuke, estás perdiendo tu tiempo con Amamiya-san. Dudo que ella sea del tipo de mujer que se sienta atraída por un niño. Mucho menos cuando puede elegir a un hombre con una anatomía perfecta como la mía – dijo Shinpachi haciendo un despliegue de sus bíceps.

- ¡Shinpachi no eres más que un viejo pervertido!

- ¿A quién le dices viejo Heisuke?

- Pues al único viejo que está en este salón, tú Shinpachi.

- ¡Estúpido mocoso!

- ¡Viejo solterón y senil!

- ¡Ya cállense ustedes dos! – gritó finalmente Hijikata, aburrido de la pelea.

- Hijikata-san, no es mi culpa. El que siempre empieza es el cabeza hueca de Shinpa… - Heisuke enmudeció al tiempo que dejó caer los palillos al suelo.

Los hombres voltearon en la dirección de su mirada. En la entrada del salón estaba Souji y traía a Yoko inconsciente en sus brazos.

"Yoko…" pensó Sanosuke.

- ¡Yoko-san!, – empezó a gritar Heisuke histérico, acercándose a Okita, al igual que los demás – ¡Está herida hay que buscar un doctor!

- Tranquilízate Heisuke-kun – empezó a decir Okita – no está herida; esta sangre no es de ella.

- Souji ¿qué sucedió? – preguntó Kondou.

- La atacó una furia.

- ¿Una furia? – preguntó Sanosuke.

- En realidad eran dos furias, pero creo que es mejor que Ryunosuke explique lo sucedido y responda a sus preguntas.

- ¿Dónde está Ibuki-kun? – preguntó Hijikata.

- Con Hajime-kun, evitando que algún curioso se acerque a los cuerpos.

- Souji, lleva a Amamiya-san a su cuarto. Inoue-san por favor atiéndela y quédate con ella. Heisuke, tú ayudarás a Inoue-san. No quiero que la dejen sola. Tendremos que interrogarla para saber qué fue lo que sucedió. – dijo Hijikata – Shinpachi, Harada ustedes vendrán con Souji y conmigo.

Okita asintió y llevó a Yoko al cuarto de ella seguido de Inoue y Heisuke.

- Hijikata-san debemos comunicar lo sucedido a Serizawa-san – dijo Sannan.

- Niimi y él están en Shimabara. Cuando ellos retornen reúnanlos en el salón. Esperaremos a que Ibuki regrese y nos explique lo sucedido -respondió Hijikata.

- Toshi, ¿qué piensas hacer con Amamiya-san? – preguntó Kondou.

Shinpachi, Sanosuke y Sannan permanecían en silencio esperando la respuesta.

- No lo sé, pero esto podría ser una complicación.

- ¿Por qué debería serlo? – preguntó Sannan

- ¿Qué quieres decir Sannan-san? – preguntó Kondou.

- Aunque Amamiya-san haya visto a la furia, ella no tiene forma de saber que el Roshigumi está vinculado y tampoco sabría nada acerca del ochimizu.

Okita se reincorporó al grupo y juntos salieron en busca de los cuerpos.


Al regresar de Shimabara, Sannan les pidió a Serizawa y Niimi que los acompañara en el salón pues había sucedido algo grave.

"La perra está muerta –pensaba Niimi con satisfacción- Yukimura-sensei le daba demasiada importancia. Nosotros podremos continuar con la investigación sin su molesta presencia."

Sannan, Serizawa y Niimi entraron en el salón, en el cual ya se encontraban Kondou, Hijikata, Sanosuke, Saito, Shinpachi y Okita. Los hombres tomaron asiento, los comandantes a la cabeza y los demás a los lados.

- Esto parece un interrogatorio, Hijikata, ¿qué ha sucedido?

- Lo explicaremos en un momento, Serizawa-san.

- Permiso, podemos pasar.

- Sí Inoue-san, pasen. – respondió Hijikata.

La puerta volvió a abrirse y entraron Inoue, seguido de Heisuke y Ryunosuke.

"¿Ibuki?" – pensó Niimi tratando de ocultar su sorpresa.

Inoue y Heisuke tomaron asiento en los laterales, mientras que Ryunosuke se ubicaba en el centro frente a los comandantes.

- Amamiya-san sigue inconsciente, Hijikata-san. Yamazaki-kun la está vigilando– informó Inoue.

"¡Imposible! Esa perra no pudo haber escapado de dos furias y menos con el inútil de Ibuki como guardaespaldas. Debería estar muerta" – cavilaba Niimi desconcertado.

- Ibuki-kun – dijo Hijikata – todos los que estamos aquí conocemos el secreto del ochimizu y las furias. Necesitamos que nos digas qué fue lo que sucedió esta noche.

Ryunosuke asintió y relató lo sucedido.

- Cuando nos estábamos acercando al cuartel, escuchamos unos ruidos desde los techos, como si nos estuviesen siguiendo. Oí los gruñidos y supe de inmediato que era una furia. Traté de acortar camino para poner a salvo a Yoko-san. Fue entonces que dos furias nos salieron al encuentro. Le dije a Yoko-san que corriera e intenté detener a las furias. Una escapó y la otra me atacó. Luego llegaron Okita-san y Saito-san, quien mató a la furia. Luego escuchamos el grito de Yoko-san. Okita-san se nos adelantó corriendo hacia donde ella había huido.

- Okita-kun, ¿qué sucedió cuando llegaste con Amamiya-san? – preguntó Sannan.

- La otra furia había sido aniquilada y Amamiya-san estaba inconsciente en el suelo, así que no pudo decirme nada. No había nadie más cerca. Quizás ella haya visto a quien mató a la furia.

Se hizo el silencio. Niimi tenía el pulso acelerado. Jamás imaginó que las cosas tomarían este rumbo.

- Niimi-san, ¿no tienes nada que decir? – preguntó Hijikata.

- ¿Qué insinúas, Hijikata-san?

- ¿De dónde proceden esas furias? ¿Acaso has estado experimentado a nuestras espaldas? – continuó Hijikata

- Yo…. Yo sólo quise a hacer adelantos.

- Escucha Niimi-san –dijo Hijikata- has puesto en riesgo nuestro secreto al actuar a nuestras espaldas. Te ordenamos no hacer experimentos sin que Sannan-san lo supiese. Tu desobediencia es una violación del código del guerrero. Debes cometer seppuku.

- Eso no es cierto. Yo no los he traicionado. Lo único que he hecho es cumplir la orden del Shogun de perfeccionar el ochimizu.

Se hizo el silencio y Hijikata volvió a tomar la palabra.

- No vuelvas a actuar a nuestras espaldas Niimi-san. De lo contrario ni Serizawa-san podrá salvarte.

Niimi miró a Serizawa, quien lo miraba fríamente.

- Sí… - contestó Niimi.

- Si esto es todo, entonces me retiro – dijo Serizawa.

Niimi hizo una inclinación y se fue detrás de Serizawa. Los hombres iban a retirarse cuando Ryunosuke habló.

- Esperen…

- ¿Qué sucede Ibuki-kun? – preguntó Kondou.

- Yo…

- ¿Tienes algo más que añadir Ibuki-kun? – preguntó Sannan.

- Es una sospecha… no tengo pruebas pero siento que había algo distinto en el comportamiento de estas dos furias.

- ¿A qué te refieres? – preguntó Sannan.

- Las furias atacan por instinto e irracionalmente, pero éstas parecían que nos estaban cazando. Cuando nos cortaron el paso, las furias parecían buscar un rastro y por algún motivo fijaron su atención en Yoko-san. Sólo se movieron cuando ella empezó a correr. Me dio la impresión de que si me hubiese quedado quieto, me habrían ignorado y la hubiesen seguido a ella.

Los hombres permanecieron en silencio, hasta que alguien llamó a la puerta.

- Permiso, es Yamazaki, ¿puedo pasar?

- Pasa Yamazaki-kun – dijo Kondou.

- Kondou-san, Amamiya-san ha recuperado la conciencia.

- Gracias Yamazaki-kun – respondió Kondou al tiempo que Yamazaki hacía una reverencia y se retiraba - Ibuki-kun, gracias por habernos dado tu impresión. Ahora ve a descansar, todos vayan a descansar.

- Sí – respondieron al unísono.

Los comandantes siguieron su camino en dirección al cuarto de Yoko. El resto del grupo se retiró hasta que solamente quedaron Saito, Sanosuke y Ryunosuke.

- Saito-san.

- ¿Qué pasa, Ibuki?

- Gracias. Sin tu entrenamiento con la espada no habría podido enfrentarme a la furia. Aunque creo que mi desempeño no fue el mejor.

- Te equivocas, Ibuki. Lograste detener a la furia para que no siguiera a Amamiya-san.

- Por favor Saito-san, sígueme entrenando mientras permanezca con ustedes – dijo Ryunosuke inclinándose ante Saito.

- Lo haré – dijo Saito y haciendo una reverencia regresó a su cuarto.

- Estás madurando Ryunosuke – dijo Sanosuke dándole un golpe en la espalda.

- Quizás sí fue beneficioso que Serizawa-san me trajera a este cuartel. Así pude conocerlos a todos ustedes.

- ¿Qué es eso que tienes ahí Ryunosuke? – preguntó Sanosuke.

- Maldición se me olvidó mencionarlo.

- ¿A qué te refieres Ryunosuke?

- La furia que estaba junto a Yoko-san tenía esto - dijo mientras entregaba el pañuelo a Sanosuke.

Éste observaba el pañuelo y reconoció el ligero aroma a jazmines que emanaba de la tela.


Yoko abrió sus ojos lentamente, tratando de reconocer el lugar en donde se encontraba. Escuchó que alguien la llamaba. Giró la cabeza para ver quién le había hablado. Vio a Yamazaki sentado junto a ella.

- Yamazaki-kun. ¿Cómo llegué aquí?... ¡Ibuki-kun! – dijo Yoko sentándose en el futon.

- Tranquilícese Amamiya-san. Ibuki-san está bien. Se encuentra con los comandantes. Okita-san la trajo al cuartel.

- ¿Okita-san?

- Voy a avisar que ya despertó y a traerle un medicamento que le ayudará a dormir. Necesita descansar.

Yamazaki salió del cuarto. Yoko miraba sus manos. Sus recuerdos parecían sacados de una pesadilla. Trataba de racionalizarlos, pero no era posible. Simplemente nada tenía sentido.

- ¿Amamiya-san podemos pasar?

- Sí.

Kondou, Sannan y Hijikata entraron en el cuarto. Yoko observaba sus semblantes serios.

- Amamiya-san, necesitamos saber qué fue lo que sucedió esta noche – dijo Hijikata.

- Yo… no estoy segura.

- Amamiya-san – dijo Sannan- por favor cuéntenos lo que recuerde.

- Pensé que era sólo un rumor, un invento… pero yo lo vi.

- ¿Qué vio, Amamiya-san? – preguntó Kondou.

- Al… demonio nocturno.

- ¿Demonio nocturno? – cuestionó Hijikata.

Yoko asintió mientras continuaba.

- Cuando salí con Niimi-san me encontré con mi antigua casera. Ella me habló de un demonio nocturno que atacaba a las personas y bebía su sangre. Yo pensé que eran sólo habladurías pero esta noche los vi. Tenían el cabello blanco y los ojos rojos. Uno de ellos me persiguió. Estaba acorralada y yo… tomé una horca y se la clavé… Pensé que lo había matado, pero entonces me miró y empezó a reír. Él retiró la horca y la herida se cerró ante mis ojos – dijo con voz temblorosa dejando ver que aún estaba afectada por lo sucedido.

Yoko vio que los hombres se miraban entre ellos.

- Les juro que les digo la verdad. Sé que suena irracional, pero eso fue lo que pasó.

- Amamiya-san… usted es doctora sabe que eso es imposible – dijo Sannan - ¿No cree que quizás su mente le jugó una mala pasada?

- Pero… Sannan-san yo lo vi.

- Amamiya-san – continuó Sannan- nosotros encontramos el cuerpo y tenía las heridas que usted describe.

- ¿Cómo?

- Así es Amamiya-san. Es normal que ante la situación que tuvo que atravesar, su mente se confundiera. Habíamos tenido el reporte de un enajenado que estaba atacando a los ciudadanos. Me temo que ese era el demonio nocturno que usted menciona. Sólo que no imaginábamos que fuesen dos en lugar de uno. Eso explicaría el porqué de tantos ataques.

Yoko escuchaba la explicación de Sannan. Sus palabras le hacían dudar de sus propios recuerdos.

- Amamiya-san, cuando Souji llegó, usted estaba inconsciente y alguien más había matado a su atacante – dijo Hijikata - ¿Recuerda qué sucedió?

- El hombre iba a matarme y de repente alguien lo decapitó. Nunca lo había visto. Estaba acompañado de otro sujeto que tenía un tatuaje en su brazo – respondió Yoko con la voz quebradiza y colocando sus manos en sus sienes. Sentía que su cabeza le iba a estallar.

- Toshi, Sannan-san ya es suficiente – dijo Kondou colocando su mano en el hombro de Yoko –Amamiya-san debe tranquilizarse ha pasado por mucho hoy, pero ya está a salvo.

Yamazaki llamó a la puerta y entró con un vaso de agua y un sobre con medicina.

- Amamiya-san tome esto; la calmará y le ayudará a dormir.

Yamazaki disolvió la medicina en el agua y se la dio a beber a Yoko. Sus manos temblaban mientras sostenía el vaso y bebía el contenido.

- La dejaremos descansar Amamiya-san – dijo Kondou al tiempo que Hijikata y Sannan salían con él del cuarto.

- Me quedaré con usted hasta que se quede dormida – dijo Yamazaki.

- Gracias… Yamazaki-kun.

Yoko se recostó en el futon. La medicina empezó a hacer efecto y sin darse cuenta se quedó profundamente dormida. Al verla dormir, Yamazaki apagó la vela y la dejó sola en su cuarto.


"¡Maldita Yoko, no entiendo cómo pudiste escapar!" pensaba Niimi quien no podía dormir del disgusto que sentía. Caminaba por el pasillo tratando de tranquilizarse. No sólo su plan fracasó por completo, también había caído en desgracia frente a Serizawa.

- ¿Insomnio, Niimi-san?

- ¿Quién está ahí?

El hombre emergió de las sombras de manera que Niimi pudiese ver su rostro.

- ¿Harada-san? ¿Qué haces aquí?

- Vine a qué me explicaras porqué intentaste matar a Amamiya-san.

- ¡Pero qué dices! – dijo riendo nerviosamente - Yukimura-sensei me pidió que la tuviésemos bajo nuestro cuidado. Me la encomendó, ¿entiendes? ¿Por qué crees que yo violaría su confianza?

- Amamiya-san iba a salir del cuartel. Debía ser debidamente custodiada. Me llama la atención que recomendaras a Ryunosuke para que escoltase a Amamiya-san aunque él no es hábil con la espada y sabes que difícilmente podría defenderse a sí mismo. Y que dos furias, con las cuales habías estado experimentando a nuestras espaldas, se fugaran esta noche… Son demasiadas coincidencias, ¿no lo crees? Sospecho que planeaste liberar a esas furias para que atacaran a Ryunosuke y Amamiya-san. Sabías que Ryunosuke no era rival contra las furias y que seguramente ambos morirían.

- No sabes lo que dices…. son sólo desvaríos tuyos...

Sanosuke tomó por el cuello de la yukata a Niimi estrellándolo contra un poste de madera.

- La furia junto a Amamiya-san tenía esto – dijo Sanosuke mostrando el pañuelo.- Seguramente se los distes para que pudiesen rastrearlos.

- Lo que dices son patrañas. Si tienes alguna prueba que me incrimine muéstralas. Si no suéltame ahora mismo.

- Escúchame bien, si vuelves a intentar hacerle daño a Amamiya-san… juro que te mataré Niimi. –dijo Sanosuke soltándolo.

Sanosuke se alejó mientras dejaba a Niimi temblando en el pasillo.


La medicina que Yamazaki le dio, hizo que Yoko durmiera toda la noche y parte de la mañana. Ya era pasado el mediodía cuando por fin despertó. Las imágenes de la noche anterior desfilaban en su memoria. Sentada sobre su futon, reflexionaba: "no puedo evitar pensar que fue real. Pero no pudo haberlo sido… ¿o sí?

- Por fin despertó Yoko-san – dijo Ryunosuke desde la puerta.

- ¡Ibuki-kun! ¿Estás bien?

- Saito-san me salvó anoche. Siento mucho no haber podido protegerla debidamente.

- No digas eso. Me alegro que no te sucediese nada malo.

- ¿Podemos pasar? – dijo otra voz desde la entrada del cuarto.

- Heisuke-kun, Nagakura-san, y… Harada-san- exclamó Yoko.

- ¿Estás bien Yoko-san? Me preocupé mucho anoche.

- ¿Preocupado? – bufoneó Shinpachi – estabas histérico Heisuke.

- Estoy bien Heisuke-kun, gracias – respondió Yoko.

- Me alegro. Oye Sano ¿no tienes nada que decir? – preguntó Heisuke.

- ¿Pudo descansar? - Preguntó Sanosuke finalmente.

- Dormí mucho Harada-san, pero descansé poco, tuve muchas pesadillas.

- Debería salir a distraerse – dijo Shinpachi – quizás así podría olvidar el mal rato que pasó. Además, así podría salir conmigo.

- Oye Shinpachi esa no es una mala idea. No eres tan tonto después de todo. Pero estás loco, si piensas que te vamos a dejar salir a solas con Yoko-san – exclamó Heisuke con resolución.

- Se los agradezco muchachos, pero no creo que sea conveniente ni que Serizawa-san lo permita.

- Yoko-san – dijo Ryunosuke - creo que Heisuke-kun y Nagakura-san tienen razón, distraerse le haría bien.

- Sí Yoko-san y Ryunosuke, Sano y yo iríamos con un usted para asegurarnos que este pervertido no intente nada - dijo Heisuke.

- ¿A quién llaman pervertido? Amamiya-san ignórenlos. Ellos saben que no tienen oportunidad contra mí y temen que si salgo con usted, quede perdidamente enamorada de mí.

- Estás delirando Nagakura-san – dijo Ryunosuke.

La discusión terminó al verse interrumpida por la risa de Yoko. Heisuke, Ryunosuke y Shinpachi suavizaron sus expresiones y terminaron uniéndose a la risa general. Sanosuke suavizó la expresión de su rostro, al ver que Yoko reía.

- Sé que están haciendo esto para animarme y se los agradezco. Sería agradable, pero Serizawa-san…

- Yo me encargo de hablar con él. Regreso en un momento– dijo Shinpachi mientras salía del cuarto.

- Yo no podré acompañarlos. Hoy tengo que patrullar – dijo Sanosuke.

- ¿Pero tu ronda no es en la noche? – preguntó Heisuke.

- Sí, pero hay algo que tengo que hacer antes.

- Todo está resuelto – dijo Shinpachi al regresar al cuarto.- Serizawa no ha puesto objeción pues le dije que yo iría y que no íbamos a regresar tarde. La voy a llevar a comer a un lugar delicioso.

- ¿Tú vas a pagar Shinpachi? – preguntó Heisuke.

- Yo voy a invitar a Amamiya-san. Ustedes partida de gorrones pagarán lo que consuman.


Serizawa estaba en su cuarto, sentado en su puesto usual. No entendía por qué últimamente Yoko aparecía en sus pensamientos. Era una constante molesta. Y luego que Shinpachi le pidiese autorización para que ella pudiese salir con él y sus compañeros, su mente le torturaba con recuerdos. Recordaba el masaje que Yoko le había dado. La sensación de sus manos en su piel y el aroma de su cuerpo.

"¿Qué estoy haciendo pensando en esa perra?" reflexionaba mientras bebía sake. Odiaba reconocer, que la presencia de Yoko en el cuartel estaba afectándolo de alguna manera.

Levantándose decidió salir de su cuarto y caminar. Quizás eso le haría pensar en otra cosa que no fuese ella. Al pasar cerca del baño, camino del jardín, sintió un tenue olor a jazmines llegar hasta él. Pensaba retirarse pero el aroma lo llamaba cual canto de sirena.

Llegó hasta el baño. Escuchó claramente el sonido de alguien bañándose en la tina. No había nadie cerca y se acercó a la pared de madera. Por una grieta, como un golpe bajo, llegó hasta él la fragancia que llevaba días trastornándolo y su curiosidad hizo que mirara a través de la grieta.

Entonces la vio. Yoko bañándose en la tina. La observaba en silencio. De repente ella se levantó y sin darse cuenta su cuerpo quedó expuesto para que Serizawa pudiese contemplarlo. Su vista recorría las curvas femeninas que las ropas le habían ocultado. Se deleitó viendo como el agua hacía brillar la piel nívea de sus piernas, sus glúteos, sus pechos redondeados.

Su cuerpo le pedía tomarla ahí en ese momento. Pero no era conveniente. Cualquiera podría escuchar sus gritos. Silenciosamente regresó a su cuarto, con la imagen de Yoko persiguiéndolo como una sombra.


Yoko había terminado de arreglarse y se encontraba en la entrada del cuartel charlando con Heisuke mientras esperaban a los demás. Un par de ojos ambarinos la estudiaban a lo lejos. Las palabras de Ryunosuke hacían eco en su cabeza: Sanosuke, si no quieres creerme está bien, pero investiga. Honestamente creo que estás equivocado con Amamiya-san.

"Estaré realmente equivocado contigo Yoko-san" pensaba Sanosuke "De ser así habría sido sumamente injusto."

- Seguro que no vienes con nosotros, Sano. Después de todo, fuiste tú quien me pidió que sacase a Yoko-san del cuartel- dijo Shinpachi acercándose a su amigo.

- Si ella permaneciese encerrada no haría más que pensar en lo sucedido. Y sabes que no puedo acompañarlos; tengo algo que hacer.

- Lo sé.

- Toma, con esto debe ser suficiente – dijo Sanosuke entregándole un envoltorio con dinero.

- Gracias, y no te preocupes. Estará a salvo con nosotros. Espero que esa persona pueda ayudarte a averiguar la verdad.

Shinpachi se despidió de Sanosuke y fue hasta donde estaba Yoko. Solamente faltaba Ryunosuke, quien estaba llevando a un visitante al cuarto de Serizawa.

- Dijo que lo esperemos un momento – explicó Heisuke – para ver si puede acompañarnos.

Instantes después, Ryunosuke se incorporó al grupo y todos juntos salieron del cuartel.


Ryunosuke escoltó a Oume hasta la habitación de Serizawa. Desde la entrada anunció a la visitante. Serizawa autorizó a Ryunosuke y Oume a entrar en el cuarto. Serizawa se encontraba bebiendo sake. Levantó la vista para ver a la mujer que tan insistentemente pedía verlo.

- Serizawa-san, Hishiya-san ha venido a hablar con usted.

- Déjanos solos, me imagino que querrás ir con Nagakura a divertirte con esa perra extranjera ¿no es así?

- Pero debo atenderlos…

- Vete no te necesito.

Ryunosuke no entendía la súbita generosidad de su amo y por eso lo miraba extrañado aunque no iba a desobedecerlo.

- Permiso – dijo al tiempo que hacía una reverencia y dejaba solos a Oume y a Serizawa.

Serizawa había seguido bebiendo, después de haber espiado a Yoko. Mientras tomaba su sake, estudiaba a la mujer frente a él.

- Finalmente puedo conocerle Serizawa-sama.

- ¿Qué quieres?

- Amamiya-san le debe haber informado el motivo de mi visita. Serizawa-sama usted aún mantiene con nosotros la deuda por los uniformes. Sería deshonroso para Hishiya no poder cumplir con nuestras obligaciones si usted no cancela nuestros honorarios.

- Eso sería terrible cierto – dijo Serizawa en tono irónico - pero no puedo dar lo que no poseo.

- Seguramente usted está bromeando. Debe saber Serizawa-sama, que Hishiya me ha dado instrucciones de no volver con las manos vacías.

- No importa cuántas veces regreses, la respuesta será la misma. Dile eso a Hishiya.

- He tomado mi propia resolución si eso es lo que siente.

- Resolución… entonces muéstramela…

Atrevidamente, Serizawa tomó a Oume por el mentón. La mujer veía con horror la mirada llena de lujuria en el hombre. En un acto reflejo, Oume abofeteó a Serizawa, mirándolo desafiante. Serizawa volvió a mirar a la mujer. Oume lo miraba con terror. Serizawa había decido que al no haber podido tomar a Yoko esa tarde, lo haría con Oume. De esa manera Hishiya aprendería a no meterse con él. Lo último que recordaba Oume, era a Serizawa sobre ella mientras arrancaba sus ropas.


Sanosuke entró en el local y se sentó en una de las mesas que sabía que ella atendía. Esperaba que la chica pudiese darle respuestas. Necesitaba saber si lo que le habían dicho era cierto o no.

- Bienvenido ¿desea ordenar?

- En realidad necesito hablar contigo acerca de Amamiya-san. ¿Tienes algo de tiempo, Masako-san?


Nota de la autora: Disculpen que les haya hecho esperar tanto por esta entrega. ¿Por qué será que Diciembre es un mes que se pasa volando pero que tiene tan ocupada? Entre eso, el trabajo y otras historias que tengo que terminar (y en otros casos empezar y terminar) este capítulo me ha tomado más tiempo del pensado. No obstante, espero que les haya resultado interesante. Bueno ya se descubrió quienes eran los extraños hombres que vigilaban a Yukimura y a Yoko. Veremos cómo sigo desarrollando la historia.

Sessha Jazmín: cariño muchas gracias por tomarte el tiempo en comentar. Gracias por tus observaciones y consejos. Mil gracias.

Lizzy: Gracias por tomarte el tiempo en comentar. (Cada review y PM me hacen sumamente feliz). Lamento demorarme tanto en actualizar. Lo confieso este último capítulo me tomó más tiempo de lo que pensé. Pero espero que te haya gustado. Ya me dejarás saber.

También espero sus reviews de los demás lectores. No toma mucho tiempo y alegran mucho :-)

Finalmente, para aquellos que celebran las fiestas de la temporada, mil felicidades. Igualmente les hago llegar mis mejores deseos para el próximo año y que sus sueños y metas se hagan una realidad.

Ainhoa11