Hola, sé que me he tardado, ejem… bastante pero pues es que nada mas no se puede, jaja demasiadas cosas, pero no pienso abandonar este fic mauajajaj al menos por ahora.
Quiero agradecer sus reviews, su buena vibra, que me pongan en su lista de favoritos y que pongan esta historia en favoritas así como sus alertas, gracias en verdad, no saben cómo me ponen feliz. Espero que disfruten este capítulo, lean y déjenme reviews
PD.- lamento mis faltas de ortografía
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Con gran cuidado Sirius se acomodo, lentamente mientras dejaba que su respiración se tranquilizara y su pulso se normalizada, miro a la derecha, justo donde se encontraba su amigo de pelo castaño.
Remus lucia bastante lindo, con el cabello castaño revuelto, las mejillas rosas, labios semiabiertos, piel brillosa y con su pecho que baja y subía con rapidez. Instintivamente se giro, acomodándose de costado, centrando sus ojos grises en el pequeño cuerpo a su lado, con lentitud coloco su mano sobre el pecho blanco del otro, comenzando a formar diseños sobre su piel, sonriendo de manera sincera.
-Venga Lunático, respira- murmuro muy bajo, contagiándose de la bella sonrisa que le dio el castaño, ambos se miraron por unos segundo, al menos hasta que sintió como Remus tomaba su nuca y lo jalaba para darse un delicado beso.
Sin prisa los chicos se levantaron y se arreglaron, cambiándose de ropa sin dejar de dirigirse breves pero intensas miradas. Compartían experiencias que serian un secreto entre ambos y aquello les hacía reír de improviso y de vez en cuando negaban con la cabeza sin apartar las sonrisas de sus rostros.
-¿Quieres ir a buscar a los demás?- murmuro Sirius una vez que había terminado de acomodarse los zapatos. El licántropo se quedo collado unos segundos, poniendo en una balanza sus opciones. No era que no deseara estar con sus amigos, solo quería alargar un poco mas su complicidad con Canuto.
Entonces negó sutilmente con la cabeza, esto hizo que una sonrisa aun mas grande adornara le rostro del joven Black – Entonces, ¿qué te parece si bajamos por unas cuantas golosinas a las cocinas, ponemos ese rotadiscos tuyo y nos quedamos todo la tarde en la habitación?- pregunto el pelinegro.
-Jajaja, suena bastante bien. Entonces bajemos- contesto el otro abriendo la puerta de su dormitorio y bajando lo más rápido que podía, sintiendo como solo unos pasos atrás le seguía su musculoso amigo. La sala común estaba desconcertantemente vacía, peor poco se fijaron en ello, solo continuaron empujándose ligeramente y riendo con soltura.
Cruzaron el retrato de la Dama gorda dispuestos air en busca de comida, principalmente bocadillos dulces, cuando los ojos del castaño se abrieron en sorpresa. Recargado contra una pared se encontraba Kingsley, con los brazos cruzados y una expresión de completa concentración.
Rápidamente el moreno alzo la vista, camino con fluidez hasta llegar al lado del castaño – ¡Remus!, lamento muchísimo lo que sucedió, en verdad no quería hacerte sentir incomodo, me deje llevar y yo… lo lamente si me apresure es solo que…en verdad me gustas, ¡Me gustas mucho!-murmuro tomando entre sus manos una de las del licántropo.
Con rapidez noto como sus mejillas se calentaban, bastante sorprendido por la expresiva confesión, no sabía cómo responder ante aquellas dulces palabras, pero lo que más le inquietaba era la brillante mirada que el otro prefecto le sostenía.
-Yo…lamento mucho todo esto Kingsley per-
-Dame otra oportunidad, te juro que esta vez no me comportare como un tonto- sonrió cálidamente el otro, interrumpiendo al licántropo, haciéndolo sentir verdaderamente atrapado, instintivamente retrocedió un paso, señal suficiente para que el cuerpo de Canuto se tensara y mirara bastante mal al otro prefecto.
-Lo lamento Kingsley pero parece que Remus no está interesado, no por el momento, no creo que debas incomodarle de esta manera- dijo el moreno, sintiéndose molesto y a punto de sacar su varita para hechizar a su compañero, en ese momento algo dentro de él le hacía gruñir, apretar los puños y saltar frente a su pequeño lobito, no dejaría que nadie le incomodara, le importaba un carajo que el otro amara a Remus.
El moreno de la casa azul, fijo sus ojos en los grises de Sirius, noto su pose agresiva y su instinto le advertía que no debía tensar más las cosas o saldría peleado con el primogénito de los Blacks pero su corazón le decía otra cosa, le exigía que enfrentara a ese chico, Remus en verdad le gustaba y no se dejaría amedrentar por aquel perro rabioso que tenia por amigo.
-Creo que este asunto es privado, Sirius- respondió con un tono algo acido, intentando acercarse más a Remus después de dirigirle a Sirius una mirada amenazadora.
Sirius bufo – Es asunto publico al venir a buscarlo aquí, en la salida de la sala común, además de que creo que es obvio que Remus no quiero tenar algo que ver contigo-
Remus miraba de uno a otro, notándoles tensos y a punto de saltar a la yugular del otro, así que se puso de espaldas a Kingsley y tomo el brazo de Canuto con ambas manos, haciendo que ambos le miraran. – No te preocupes Sirius, esto lo tengo que arreglar con Kingsley, por favor, déjanos solos-
Una sonrisa apareció en el rostro del otro prefecto, sintiéndose repentinamente alegre por ver como su castaño alejaba a Sirius Black, para poder aclarar las cosas con el. Noto enseguida como Sirius lucia desubicado, pero se compuso soltando un bufido y alejándose de ellos con velocidad.
-Me alegra tanto que…- intento hablar pero rápidamente perdió la voz, al ver la intensa mirada de Remus, parecía que en verdad su castaño estaba serio y por alguna razón, aquello le hizo sentir escalofríos y un hueco en el estomago.
Inhalo unas veces de forma rápida, dejando salir el aire por la boca antes de hablar – Lo lamento, siento que las cosas fueran de esta manera, no puedo salir contigo por qué no…no puedo mentirte, yo no siento lo mismo y yo..-
-Lo sé, sé que necesitas tiempo, solo quiero que entiendas que mis sentimientos son sinceros, que en verdad quiero que estemos juntos- murmuro acercándose lentamente al castaño, regalándole una cálida sonrisa.
Suavemente, Remus sintió como sus labios eran tocados por los del moreno, con un gran cariño, tan lento como pidiendo permiso y tan certero como un asalto. El contacto duro solo unos segundos y le dejo un escalofrió en su espina y calor en la punta de sus labios, sus ojos chocaron con los azules de Kingsley.
Con una sonrisa en sus labios, el prefecto azul se alejo, cruzando la esquina y perdiéndose entre la gente.
Le costó unos segundos recomponerse y recordar donde estaba, así decidió correr al encuentro de su amigo, recargado en la pared le esperaba, con sus brazos cruzados y su entrecejo fruncido. Parecía molesto. Remus le conocía a la perfección y eso le puso más inquieto, intento acercarse pero enseguida Sirius le sonrió y se aparto comenzando a caminar.
-Venga lunático, vamos a las cocinas- murmuro sin girarse; la rabia estaba en la boca de su estomago pero prefería no montar una escena, no quería que el castaño se enfadara ni nada por el estilo, además de que aun no lograba descifrar aquella pequeña molestia en su estomago.
Cuando entraron a las cocinas, se acercaron a los elfos que comenzaron a proporcionarles la comida que le pedían, la mayoría postres, frutos, panes y alguna dotación de jugo de calabaza. Desde que encontraron la forma de entrar en las cocinas, ese lugar era uno de los más visitados por los merodeadores y aun mas en los días de luna llena, en los cuales alimentaban a cierto lobito con delicias hechas de chocolate; ante el recuerdo Remus sonrió con verdadera alegría.
Con ayuda de un hechizo levitador lograron cargar con todas las cosas, riendo mientras se escondían para no ser descubiertos por los pocos alumnos que aún rondaban el castillo, con una rapidez subieron a la torre aun entre risas, empujones y miradas fijas.
En la entrada de la torre fueron vistos con reproche por la Dama Gorda, poco les importo, subieron en pocos pasos a su habitación, cerrando tras ellos y recargados contra la puerta se carcajearon, mirándose el uno al otro, Sirius coloco su mano en la nuca del castaño, jalándolo hasta que sus labios se juntaran.
Su beso fue breve pero lleno de un extraño sentimiento que hacia sus estómagos retorcerse. Con lentitud se separaron y sentándose en la cama comenzaron a comer algunas golosinas. Sirius al poco tiempo prendió el aparato muggle de Lunático, las notas llenaron el lugar mientras comían en silencio. Al menos por poco tiempo ya que Canuto le miraba con interés.
-Entonces… Remus, ¿Qué piensas hacer con el prefecto empalagoso?- pregunto como quien no quiere la cosa, fingiendo desinterés. Era claro que la respuesta le era de vital importancia pero jamás, jamás, jamás lo aceptaría.
El castaño mordió un trozo de chocolate, masticando lentamente sin dejar de ver los azulados ojos de su acompañante – Pues, ya te lo dije, no puedo seguir acercándome a él, no siento lo que él- respondió sin apartar sus ojos, queriendo saber si su respuesta había sido acertada.
Sirius le miro con confusión, aquello se le hacía tan irreal, ahora su castaño amigo no quería continuar con lo que habían empezado, al menos no teniendo a una persona como objeto de estudio y no entendía por qué aquello no le molestaba en lo absoluto. – No se rendirá- murmuro de golpe.
-Ya lo sé Sirius, pero mi respuesta no cambiara. Seguirá siendo un no- Remus se incorporo para ver al ojigris aun más de cerca. Extendió su mano y aparto un mechón de cabello del rostro de su compañero, mordiéndose el labio conteniéndose las ganas de volver a besar a Canuto.
El otro adivinando sus pensamiento sonrió, disminuyendo la distancia entre ellos y atrapando los labios del lobo con cariño, al poco tiempo los besos eran cada vez más apasionados, cada vez más exigentes, sin miramientos Sirius se coloco encima del otro, comenzando a recorrer su cuerpo con su mano libre ya que la otra estaba enterrada en los cabellos de Lunático.
Se alejo sonriendo, permitiéndole respirar a su despeinado castaño, tomo de un cuenco un trozo de manzana y colocándoselo en los labios volvió a acercarse. Remus sonrió sonrojado, acercándose aun mas, comenzando a degustar la fruta en los labios de su amigo.
-Delicioso- murmuro Canuto cuando sus labios se separaron. Mirándose el uno al otro con verdadero cariño, casi embelesados. Volviéndose a fundir en un suave beso.
-Canuto, no vas a creer lo…que… ¡QUE RAYOS!
CONTINUARA…
Gracias a todos por leer, los quiero mucho, adoro sus comentarios así que espero me digan que les aprecio, un gran abrazo y nos leemos pronto.
