Capítulo 10, ¡disfrutad!
10. Se cuidadoso
Se mantuvo platicando con Aioros lo que le pareció una media hora discutiendo el tema que llevaba acomplejándolo una semana entera. Por no decir más tiempo.
Después de explicarle la situación a Aioros este se quedó pensando durante unos cuantos minutos.
—Supongo que podría ir a pedirle a DeathMask si podría preparar algo. —Respondió dubitante, —aunque, digo que lo mejor sería desechar aquella idea. —Afrodita no lo corrigió.
Pasaron un gran rato hasta que escucharon a Kanon ir con ellos.
— ¿Saben en dónde se encuentra Saga? —Ambos negaron con la cabeza. —Llevo buscándolo desde el almuerzo y no lo he visto desde entonces. ¿Saben a dónde pudo ir?
—Es probable que se encuentre recolectando leña. —Fue el primer pensamiento que salió de los labios del chico de ojos celestes.
—No lo creo, porque ese trabajo le corresponde a Aioria y…
—Tranquilízate Kanon. —Dijo muy serio Aioros. —Sabemos que no pudo ir a recolectar leña pero, ¿qué hay de pasear un rato? Hay veces en las que una persona se aburre de estar encerrada en un campamento, y luego de todo lo sucedido necesita un… respiro.
El menor de los gemelos, realizó una mueca cuando sintió que le decían "histérico" con palabras dulces. Sin embargo soltó un exhalo y continuó caminando por el campamento.
Aioros observó a Afrodita.
—A pesar de no ser de mi incumbencia, también ha desaparecido Mu durante todo el rato, ¿sabes a dónde pudieron ir exactamente? —Cuestionó el menor de ambos.
—Hay una posibilidad. —Mencionó pensativo.
Caminaron por el bosque en un silencio inquietante. A pesar de que Aioros quiso abrir un tema de conversación al final llegaron a un mutuo acuerdo de que lo mejor sería permanecer en silencio para tener mejor el sentido del oído por si escuchaban algo inusual.
De forma inevitable llegaron al lago en el que se encontraban Saga y Mu nadando, vieron como el menor le escupía agua a modo juguetón, la forma en la que el otro parecía haber tomado su mano y como Mu se quedaba quieto.
También se quedaron unos momentos para apreciar el cómo el mayor tomaba posesión de los labios de Mu, y justamente en ese momento decidieron que lo mejor sería alejarse del lugar.
Finalmente, cuando llegaron al campamento, Aioros exteriorizó el pensamiento que llevaba rondando su mente durante todo el trayecto de regreso.
—Bueno, al menos el plan de festejarle ya quedó resuelto.
Afrodita soltó un bufido. Sin embargo, internamente le dio la razón.
—.—
Pasó menos de media hora hasta que Mu se dignó a salir del lago mientras pensaba en lo que debía hacer.
¿Qué es lo que debía hacer exactamente? Sin duda, una cuestión sin resolver como muchas tantas en su cabeza. ¿Qué era lo correcto y qué era lo incorrecto? ¿Aquello que se veía bien moralmente o lo que le guiara su instinto? ¿Aquello que se encontrara lleno de luz o de oscuridad?
Tuvieron que pasar otros diez minutos hasta que decidió tomar el brazo del mayor. Quien le observó extrañado por la acción sin embargo no dijo nada.
—G-gracias por… traerme al lago. —tartamudeó con algo de dificultad. Esperaba que el mayor no mencionara el beso de hace rato y para su suerte ni pareció querer hablar de él.
Se vistió rápidamente y siguió al mayor en dirección al campamento.
Ahora, el silencio entre ambos era incómodo. No podía decir que quisiera que hubiese ruido o al menos que el otro quisiera abrir una conversación debido a que sabría que de su boca sólo saldrían ligeros e inentendibles tartamudeos.
Al menos, se podía decir, se encontraba mejor que antes. De alguna u otra forma el poder caminar en compañía del general era, sin dudas un gran logro después de lo ocurrido.
Sin embargo, a pesar de que aquello no era lo mejor que podía hacer para rendirle tributo a Albafica, se quedó con ganas de hacer algo más.
De forma disimulada, entrelazó su propia mano con la del mayor. Dejándolo sorprendido, sin embargo el otro no dijo ninguna palabra.
Un toque ridículo, casi rayando en lo infantil. Sin embargo, es algo que sólo había realizado con Albafica y quería ver si aquello se sentía relajante al lado del comandante.
Era un poco tenso, al menos hasta que sintió como la mano de Saga apretaba levemente la suya, de forma tan leve pero a la vez amistosa. Juguetona.
Se sentía un niño, casi nada sabía de ese tipo de cosas y poco había aprendido al lado de Fica. Sin embargo la experiencia adquirida le serviría sin duda como teoría práctica. Al menos sabría lo suficiente como para dejar de reaccionar en una situación requirente.
Se quedó unos minutos pensando en cuál sería la siguiente acción que realizaría. ¿Debería besarle, cómo en el lago? ¿O simplemente mantenerse cogidos de la mano? ¿O fingir que nada ocurría entre ellos?
Ni si quiera sabía la razón por la que actuaba, ¿será por el lago? Recuerda que en algún lugar había escuchado que los lagos creaban un ambiente romántico pero, era más allá de todo aquello. Entonces, ¿qué era?
Se quedó pensando por unos cuantos minutos, probablemente la última caída le había afectado el razonamiento y es, quizá por aquello que actuaba de forma tan aventada.
¡Oh, es cierto! La última caída que había sufrido… parecía tan lejana cuando no había pasado ni un día de esta.
¡Aioros! ¡Ayúdame a voltearlo! ¡Se está sofocando! recuerda haberle escuchado decir cuando estaba en la semi inconsciencia, ¿por qué le importaban tanto aquellas palabras? ¿Por qué las recordaba con claridad, y de igual forma lo hacía con la primera vez que se había desmayado frente a él? ¿Por qué? ¿Por qué lo hacía todo tan difícil su mente?
En tal caso, ¿aquel sentimiento que albergaba por el general, no era nada más que agradecimiento? Ni si quiera sabía si tenía un sentimiento específico para calificar su relación con el comandante pero, se encontraba en una situación complicada.
También se encontraban las varias veces que había intentado parársele orgulloso y había fallado debido a su estado fallido de nutrición balanceada. Es por aquello que no había podido hacerle frente antes. Además de su estúpido orgullo que se interponía entre él y una buena estrategia para lograr asestarle al menos un golpe al comandante.
¿Y qué fue lo que cambió después de haberse desmayado, y vomitado frente a Saga, haciéndole frente a toda la situación? El hecho de que había comenzado a apreciarlo. A algo más que un enemigo que le había humillado y hecho mil y una maldades… las cuales, se dio cuenta cuando comenzó a verle desde otro enfoque, que él no era su verdadero enemigo. Que él no había hecho todas esas cosas malas de las cuales le calificaba, que hacía. Que nadie que ahora se encontrara cerca de él era el inmediato responsable de todo aquello.
Ni siquiera de la muerte de Fica.
Abrió los ojos al darse cuenta que de nuevo, sus pensamientos iban directamente a pensar en su primer amor. En la persona a la que le dedico casi diez años de su vida.
Se separó de abrupto de Saga. Cerró las manos en su pecho, en un vano intento de detener aquella herida que, recordaba, había atacado a Albafica. La sentía atravesar su pecho, de nuevo.
Y de la misma forma que en la otra ocasión, le dolía. Pero dolía peor que la que había atravesado a… él.
Tardó poco en comprender, que aquel sentimiento opresor en el pecho no fue nada más que una premonición. Un intento de parte de Albafica para ayudarle desde "El Otro Lado del Río." Increíble lo acertado que había sido el detenerse. Pero no tanto.
Puesto que una flecha surcó su estómago, no completamente, sino uno de los costados y sintió que el mundo se volvía de un color negro y la voz de Saga en la lejanía gritando su nombre inundaba sus oídos.
Negro. Oscuridad. Frío. Había demasiadas formas de describir aquel sitió pero faltaba mencionar que el paso del tiempo era nulo. Minutos, horas, segundos, ¿qué más daba, si era uno de los tres si estos se sentían igualmente pasantes? ¿Qué importaba?
Tampoco había un cuerpo, ni siquiera recordaba tener uno. O la forma en la que se tenía que mover, o la manera en la que se debía respirar. Ni siquiera había un pensamiento coherente en su cabeza, sólo pensaba en lo negro que se encontraba todo.
¿Estaba muerto? ¿Acaso, así se veía el inframundo? ¿Sin tiempo que lo cruzase, por miedo a perderse en las profundidades de su laberintos, de forma permanente? Sin lugar a dudas, debería felicitar al creador de aquel lugar por haber tenido la mejor idea de tortura en todos los tiempos…
Soledad.
Un ligero roce en sus, adormilados labios fue más que suficiente para devolverlo a la realidad y hacer que pestañeara pausadamente. Entreabriendo apenas los ojos y sintiendo de repente a sus extremidades despertarse.
Su estómago, se sentía muy adolorido. Justo como si mil dagas le hubiesen cruzado e incrustado de tal forma que ya no se podían sacar, pues su hendidura era demasiado estrecha y estas habían pasado apenas debido a la fricción.
Pocos segundos después, su vista se centró y pudo enfocar su vista en lo que supuso era el frente de la tienda. Y a uno de sus lados, se encontraba una ligera mancha de lirones color zafiro que le hacían cosquillas en una de las mejillas.
Confundido, intentó enfocar la vista hacía los hilos color azul y de repente recordó al dueño de ellos.
—Saga. —susurró, muy débilmente como para ser entendido por el mayor.
Sin embargo, el otro sintió un alivio inmenso al saber que, al menos el otro no se perdería para siempre.
Archí iba a agregar algo pero entró otro bulto que Mu logró reconocer debido a los cabellos color celeste que le adornaban la coronilla.
—Ge. —Murmuró. 'Hermano' era algo demasiado sencillo, sin embargo no encontró algún otro adjetivo para describirle perfectamente.
—Di-ta.
Afrodita, a diferencia de Saga se mantuvo apenas en los pies de la cama, sintiendo que si se acercaba un poco más, le pasaría algo malo al otro.
Mu, soltó un suspiro antes de recargar sus antebrazos e intentar levantarse, más al instante sintió un inmenso dolor en el área que supuso, antes había adornado una hermosa flecha sanguinolenta.
— ¡No te muevas! —Dijeron Afrodita y Saga al mismo tiempo, logrando desconcertar a Mu. Sin embargo hizo caso a la doble advertencia y se quedó como había despertado. Acostado con la vista en dirección al techo de la carpa que supuso, era de Saga.
Sí. Las sábanas que la cubrían olían a Saga, inclusive pudo aspirar la almohada sin necesidad de mover la cabeza puesto que el aroma era tan profundo que desde un kilómetro de distancia podría sentir aquella esencia tan encantadora.
Al instante se sintió relajado. Optó por observar un poco a Afrodita y después posar su mirada en Saga, para después volver a ver Afrodita.
Repitió aquello un par de veces cuando preguntó algo que sin duda llevaba tiempo guardándoselo debido a la poca energía que tenía para hablar.
— ¿Cuánto, tiempo? —Intentó explicarse con dos míseras palabras. Sin embargo, aquello fue más que suficiente para que su hermano y Saga supiesen a que se refería.
—Tres días. —Dijo Di-ta. Suspiró un poco para serenarse y comenzar a hablar. —Saga, te tuvo que operar junto con la curandera del escuadrón, Marin. Y yo tuve un poco de relevancia en aquel procedimiento debido a mis conocimientos heredados en plantas.
—De no ser por ti no habríamos encontrado las plantas adecuadas para sedarlo. —Acotó Saga recordando que, a pesar de estar en la inconsciencia el menor seguía gimiendo de dolor cuando tocaban la flecha. —Y el procedimiento de curación hubiese sido aún más doloroso.
Afrodita se encogió de hombros.
—Supongo que finalmente para algo han servido tantos libros de herbarios que guardaba mi madre.
Mu sonrió al saber que ambos habían colaborado con el fin de salvarle, le hacían sentirse querido.
—Gracias. —Pestañeó. Después de aquel abrir y cerrar de ojos todo volvió a ser muy claro, de forma que ya no tenía que adivinar quién era quién debido a su color de cabello.
Movió su cabeza al lado en el que recordaba, se encontraba Saga. Confundido, preguntó.
— ¿Qué fue lo que ocurrió?
Sí, recordaba haber visto una flecha en su estómago, pero no recordaba haber visto a nadie dispararla. De hecho, ni siquiera recordaba haber escuchado una cuerda tensarse.
—Fue una de las trampas que se nos ocurrió poner a Aioros y a mí cuando pusimos el campamento aquí. Pensábamos que sería una buena idea el armar el campamento desde fuera, para evitar en la mayor cantidad posible las bajas. —Soltó un pesado suspiro y se sobó las sienes con ambas manos, intentando adivinar qué era lo que pasaba por su cabeza cuando pensó en aquello. —No pensamos en la posibilidad de que se nos olvidara la localización de una de estas y, antes de poder decirte ya la habías pisado. Lamento que aquello haya ocurrido, en gran parte fue mi culpa.
Mu se quedó observándolo al tiempo que el otro se cubría el rostro intentando de esa forma reducir el dolor de cabeza.
—Aun así, algo bueno salió de aquello. —Acotó Afrodita pensativo. —Si no mal recuerdo Mu tenía algo en el estómago…
—Ajá. Un par de piedras en el estómago que no hacían sino hacer más lento el proceso de digestión. Quizá por esa razón comía muy poco. —Dijo aquello último dirigiéndose a Di-ta quien no hacía sino darle la razón.
Mu bufó al saber que aquello no sólo iba hacía aquel chico de cabellos color celeste, más bien también era una especie de indirecta que iba en su dirección. Odiaba que hiciesen eso.
—Como sea, el punto es que ya has despertado, —le sonrió Afrodita al tiempo que sacaba un par de segundos la cabeza de la tienda, para después, sostener entre sus manos una charola que contenía un plato con un contenido espeso y gangoso. — y volviendo al tema anterior, necesitas comer algo.
Mu se lamentó internamente aquello, a pesar de que, por primera vez desde que había sido capturado… sentía a sus tripas rugir por comida.
—De acuerdo. —Intentó que sonara murmurante, a pesar de que aquel gesto era vano.
Afrodita sonrió y dejó la charola entre sus piernas para que de esa forma comiera el contenido alimenticio de estas. De una forma u otra, acercó el platón a su boca y sorbió un poco.
A pesar de su vomitiva apariencia, en realidad sabía delicioso y encantadoramente dulce. Una especie de papilla que contenía el sabor dulce de la fresa y las moras, conjuntándose con la zanahoria y un poco de trigo —que, era lo que Mu sospechaba como el ingrediente principal de la mescla—. A pesar de la variopinta mescla, era delicioso el resultado y sabía que lo habrían preparado pensando que era nutritivo.
—Fue hecho por el mejor cocinero del campamento. —Dijo Di-ta sin que el menor de ahí tuviese la necesidad de preguntarlo, —su nombre es DeathMask o-algo-así. —Murmuró pensativo.
Saga asintió a su afirmación dejándole en claro a Mu que el otro no jugaba.
—Eso es cierto. No hay mejor gastrónomo que él, siempre sabe equilibrar la nutrición con el buen sabor en la comida. Es por eso que le designo la mayor parte del tiempo el cocinar para el campamento.
Apenas y los oídos de Mu habían captado las ondas sonoras producidas por las voces de los otros dos en la habitación. Puesto que la mayor parte de su atención se encontraba en lo apetitoso que resultaba aquella comida, después de tanto tiempo sin apetito el sentir que el estómago rogase por comida le hacía darse cuenta de lo desnutrido que pudo haberse puesto.
—Gracias por la comida. —Dijo dejando el plato de lado y esperando un momento para observar a Saga y sonreírle con gratitud. Un gesto que tenía un significado más profundo, el cual Afrodita no logró identificar pero que Saga entendió perfectamente.
Aquellos ojos destellaban de felicidad como no lo habían hecho en hace ya varias semanas. Aquella chispa que Di-ta no les había visto desde que se separaran de Albafica.
Por supuesto, desde el momento en el que ambos se habían separado del escuadrón que dirigía Fica; un solo en insignificante momento había bastado para volverlos prisioneros. No había faltado nada más que eso. Un mísero y casi inexistente lapso de tiempo de cinco minutos.
A pesar de todo, ahora no se arrepentía en lo absoluto de haber sido secuestrado. Si bien, la idea de ser tratado como "prisionero" en un principio no le pareció atrayente, cuando se acostumbró a ese lugar se dio cuenta que aquello era solamente un mero título sin valor. Ya que lo trataban como igual, inclusive había socializado con algunos integrantes del pelotón y se había dado cuenta de que ellos no eran sus captores.
Tampoco quería decir que no extrañara a su madre, o a sus hermanitas. Pero no podía decir que en aquellas casi cuatro semanas había pensado mucho en ellas. Ni decir de recordar la existencia de Albafica en aquella última semana. Al menos hasta que Mu se lo había recordado con su incesante llanto y sus murmullos pidiendo su perdón.
Ahora, el hace tres días le parecía muy lejano en incierto. Como si, en vez de haber pasado tres días hubiese pasado un mes o, mínimo una estación.
Y, a pesar de no entender el significado tras la mirada que su hermano se dirigía con Saga, y la enorme complicidad que existía en esta que compartía con el mayor.
No, es cierto. No lo entendía. Sólo tenía pruebas visuales infundadas de sus propias cavilaciones y, bueno, el simple hecho de haberlos visto en el lago no tenía un significado realmente al que él había pensado en un momento.
Pensó que era despecho el de Mu el acto en el lago. No dudo de la posibilidad de que el menor actuase así después de lo que había hecho el otro día. Pero, ahora, viendo cómo el menor se perdía en los ojos zafiro del comandante Archí, supo que podría ser cualquier cosa menos su primer pensamiento.
Tampoco podría decir que existía un lazo irrompible entre ellos, puesto que sólo llevaban casi una semana de conocerse y aquello no era suficiente como para tener algo más que un respeto mutuo. Pero tampoco negaba que había algo entre ellos dos que le hacían pensar en que, ahora, su hermanito se encontraba a salvo.
—Con su permiso. —Dijo por fin rompiendo el silencio entre Mu y Saga, generando un pequeño sonrojo en las mejillas del menor y provocando la atención del mayor en su persona. —Debo ir a pedir el alimento para el comandante y para mí.
Sin mediar otra palabra o darle tiempo a Mu de replicar algo más, se alejó de ese lugar para dejar unos momentos a solas entre el menor y Saga.
El menor quiso desviar la mirada. Hace un par de minutos, el perderse en los azules del mayor parecía una buena idea. Sin embargo, ahora que Di-ta se encontraba fuera de la tienda la posibilidad de quedarse a solas con el mayor, en aquel estado le parecía poco encantadora.
—Ahora que comí un poco, me gustaría descansar. —Anunció volteándose un poco, sintiendo como de inmediato su cuerpo y la herida en su abdomen lo resentían. Aquello lo exteriorizó con un quejido.
Saga notó aquello e hizo lo que pudo para voltear su cuerpo y que quedase boca-arriba.
—La mejor forma en la que puedes descansar es así. Si apoyas demasiado tu cuerpo de un lado es probable que los puntos se te abran.
—Ya lo noté. —Soltó un bufido. —Por cierto, —agregó. —no sabía que en verdad supieses de medicina.
—En Esparta te enseñan de todo. —Aseguró.
—Ya veo. —Mencionó para, finalmente, caer presa del sueño.
