La declaración obligada :P Los personajes pertenecen a Sthepanie Meyer y la increíble historia es de Drotuno, yo solo soy la traductora.
De nuevo me acompaña mi Beta y amiga Erica Castelo, y por ello gracias a ella también.
CAPÍTULO 10
BELLA
Joder, no podía dormir. Cuando cabeceaba, mis sueños eran horribles. Estaba malditamente agradecida que, finalmente, el día había comenzado.
¿Dime quién demonios pudo haberte encontrado, perra?
Cerré mis ojos con fuerza ante el recuerdo de la voz de Miller, soltando lentamente un prolongado y relajante suspiro y mirando a Christopher cuando resopló en su profundo sueño. Tal vez era el estar bajo tierra, tal vez era la espera, o tal vez solo era el estar lejos de casa, lejos de Edward y Bethy. Nunca me sentí más poderosa y bajo control que cuando Edward estaba allí respaldándome. Sin él y cuando estaba sola con mis pensamientos, me sentía un poco vulnerable.
Le di vueltas y vueltas a la idea de decirle a Walter lo que se avecinaba. No estaba bromeando cuando le dije una vez que no tenía idea de lo que había hecho. No tenía ninguna pista de lo que había desencadenado, porque la identidad de mi esposo y la de su padre nunca existieron realmente. Walter había encabronado al grupo de gente que literalmente podía demoler este complejo en un parpadeo, apenas derramando una gota de sudor. Había decidido esperar o no decirle a Walter en lo absoluto, porque podía entrar en pánico y llevarme a otro parte. Donde estaba era el mejor lugar, porque sabía que en ese momento, había un grupo de hombres y mujeres enojados estudiando este lugar por un lado y por el otro. Tenía que confiar en ellos.
Kurt por fin me había traído mis zapatos y calcetines, arrojándolos a través de los barrotes de mi celda. Una vez que me los puse y él se había ido, activé el chip GPS. Pensé en las herramientas que tenía conmigo, en usarlas para escaparme, pero no era estúpida. Había visto lo que enfrentaría con solo intentar salir del complejo, ni hablar de bajar la puñetera montaña. Constantemente se escuchaban pasos en la cima de las escaleras, había guardias en casi todos los puntos del terreno, y las cercas no solo tenía alambré con cuchillas en la cima… iba de arriba hasta abajo. No tenía herramienta para cortar esa mierda, y no habría dónde esconderme si lograba salir de mi celda.
Luego estaba el problema de Christopher, que resopló de nuevo y se dio la vuelta mientras dormía. No era mi nuevo mejor amigo, pero lo tenían encerrado contra su voluntad. Abusaban verbalmente de él casi en todo momento, y estaba empezando a sentir lástima por el pobre bastardo. Había pagado su deuda con la sociedad concerniente al incidente de conducir en estado de ebriedad, pero mantenerlo aquí como rehén era solo la enferma adición de Lilith a este juego.
La puerta principal de las celdas se abrió lentamente, y levanté la vista, poniendo los ojos en blanco. "Hablando del diablo," murmuré para mí misma cuando Lilith entró sola. "Deberías tener una correa," le dije. "Walter debería amarrarte a un árbol para asegurarse de que no te metas en problemas o no vayas a donde no debes."
"Perra," dijo con desdén, sacudiendo su cabeza. "Si no necesitáramos el dinero, ya te hubiera pateado el trasero."
"Podrías intentarlo," me reí entre dientes, sacudiendo mi cabeza y sentándome en mi catre. "Dudo mucho que tengas éxito."
"Christopher," canturreó, sin quitarme los ojos de encima. "Dile que no soy una mala persona."
Ni siquiera me di cuenta que había despertado, pero sus cejas se elevaron en su frente.
"Estoy en una jaula," soltó un resoplido, viéndola como si estuviera loca. "¿Qué hay de bueno en eso?"
"Es su culpa que estés aquí," dijo Lilith haciendo un dramático puchero, señalando en mi dirección. "Ella fue quien me dijo lo que le hiciste a mi bebé."
No podía contener mi resoplido aunque quisiera. "¿Quieres jugar a eso, Lilith? ¿Quieres ponerlo en contra de mí? Bueno, está bien," dije con brusquedad, poniéndome de pie y agarrando dos barrotes de frente a la celda vacía entre la mía y la de Christopher. "Sí… toda esa mierda fue mi culpa. Lilith, aquí presente, tenía dos hermosas niñitas, Chris. Dos." Levanté dos dedos, levantándole una ceja a Lilith cuando iba a interrumpirme. Las más pequeña era Bree. Con dos años de edad, jugaba en una bañera llena de burbujas. En lugar de cuidar de su hija, ella se fue. Adivina que pasó después…" Canturreé, mirándolos a los dos. "Bree se resbaló y golpeó la cabeza contra el plato de cerámica para el jabón. Estaba inconsciente cuando cayó al agua. Se le podría haber salvado, pero al parecer, la llamada telefónica que Lilith tomó era más importante."
"¡Era sobre un trabajo!" Gritó Lilith.
"Era para una compra de crack, perra," dije con un suspiro, rodando los ojos. "Le saqué información a la gente todo el puto día. Leí tu registro de llamadas. Hablé con Sharky, tu distribuidor. Crack… ni siquiera trates de voltearlo de otra forma." Me volví de nuevo hacia Christopher. "Bree tenía una hermana mayor—Ashley. Tenía cuatro años para entonces. A los cuatro, era más lista que su madre y trató de sacar a su hermanita del agua—por supuesto, falló miserablemente. Así que en lugar de eso, una niñita de cuatro años salió disparada del departamento, por el pasillo y tocó con fuerza en la puerta de un anciano; un anciano que le daba a ella y a su hermanita flores de papel y avioncitos como regalos.
"Llamaron a la policía, llamaron al Departamento de Servicios Sociales para Niños, y Lilith fue arrestada. Entonces Ashley fue colocada en el sistema de acogida temporal," continué, rodando los ojos. "Lilith alegó abuso de sustancias."
Lilith se encogió de hombros, como si no fuera importante, pero al menos permanecía en silencio.
"Jason y Amber Greene eran los padres de acogida que tomaron a Ashley," le dije a Christopher. "Trabajaron con Ashley, trabajaron con los doctores de Lilith, pero Lilith les tomó el pelo a todos. Pretendió que mejoraba. Pasó rápidamente por rehabilitación, y en la primera oportunidad de mierda que tuvo para ver a su hija, se la llevó."
Lilith sonrió, pero no llegó a sus ojos. Fue lenta y malvada. "¡Era mi hija!"
"La que olvidaste el momento que esnifaste heroína," repliqué, mirando de nuevo a Christopher. "¿Ya viste hacia donde se dirige esto, Chris?" Le pregunté, y asintió despacio. "Soy una investigadora privada, y cuando Ashley desapareció, un amigo mío de una firma de abogados me contó de un asociado suyo—alguien con quien había ido a la universidad. Me pidió un favor, que ayudara a encontrar a Ashley. Así que lo hice. Y no fue difícil," añadí, fulminando a Lilith con la mirada, que parecía más interesada en sus uñas sucias. "Encontré a Ashley deambulando en el estacionamiento de un destartalado hotel donde consumían drogas. Estaba sucia, hambrienta y lloraba. Cuando la llevé de vuelta con los Greene, Lilith—después de un montón de persuasión de parte de todos—finalmente cedió la custodia," gruñí las últimas tres palabras.
"Los Greene y yo nos hicimos amigos, Chris," dije con un suspiro, inclinando mi cabeza hacia él. "Estaba tan enojada contigo por matarlos, conmigo misma por relacionarme demasiado con ellos, y con Lilith por iniciar esta mierda en primer lugar." Suspiré de nuevo, apoyando mi frente contra los barrotes. "Así que… sí. Es mi culpa que estés aquí. El día del funeral de los Greene, le hice una visita a Lilith en el hospital mental."
"Oh, Dios," gimió Christopher.
"Le dije todo," le susurré, mirándolo y evitando la furiosa mirada de ella. "La culpe a ella de todo… a ti…"
Christopher se levantó y estudió mi rostro. "No puedo decir que te culpo," dijo en voz baja y encogiéndose de hombros. "He asistido a suficientes reuniones, escuchado suficientes historias para saber que lo que hice fue devastador… para todos." Se volvió hacia Lilith, su rostro frío y enojado cuando dio un paso hacia ella. "Tú, en cambio, no tienes derecho a hablar," dijo con firmeza, mirando a Lilith. "Esas niñas eran tu responsabilidad. Entiendo la adicción—joder, la vivo—pero debiste buscar ayuda… y ahora, no tienes a nadie. Estás completamente sola."
Mi boca se abrió cuando le hizo frente. Había mostrado una personalidad tímida desde que había estado atrapada en este bunker con él.
"No estoy sola," dijo con los dientes apretados. "Tengo a Walter."
Sonreí con suficiencia, mi frente arrugándose, porque me di cuenta que estaba mintiendo. No estaba segura si era porque en realidad no necesitaba a Walter, o ella misma no creía lo que estaba diciendo. Pero lo que sea que fuera, sabía que Chris tenía razón. Estaba completamente sola.
"Estoy muy segura que Walter solo reconoció mi nombre cuando le contaste la historia," me reí entre dientes. "Todo lo que él ve son signos de dólar."
"Entonces, ¿por qué estoy aquí?" Preguntó Chris, su voz algo quejumbrosa al mismo tiempo que rodaba los ojos. "No tengo dinero, y no puedo revivir a los muertos…"
"Ven aquí, y te lo diré," sonrió Lilith, y yo estaba negando antes de que diera su primer paso.
"No lo hagas, Chris," le advertí, pero Lilith se movió más rápido de lo que esperaba.
Agarró su camisa a través de los barrotes, haciendo que perdiera el equilibrio. Cuando cayó contra el acero, un destello y un fuerte disparo hicieron eco por el pequeño cuarto, provocando que zumbaran mis oídos. Christopher cayó redondo al suelo, sosteniendo su gran estómago.
La reja en la cima de las escaleras se abrió de golpe, y Walter, Kenny, y Kurt entraron disparados al cuarto, sus ojos evaluando la situación rápidamente con las armas en sus manos.
"Cristo, Lilith," dijo Walter con un suspiro exasperado. "¿No podías esperar? Dije que podrías tenerlos a ambos cuando tuviéramos el dinero."
"¡Estaba escupiendo mentiras!" Gritó, y por primera vez vi de lo que hablaba el doctor Vernon en el expediente médico de Lilith. No tenía conciencia en lo absoluto, y todo lo que decía o hacía era hecho con un cálculo preciso.
Le entrecerré mis ojos y me pregunté, no por primera vez, si en realidad no había matado a Bree ella misma. No sería improbable cuando se trataba de esta mujer.
"Lilith, sal de una puta vez de aquí," dijo Walter con un suspiro, sacudiendo su cabeza mientras ella subía dando de pisotones las escaleras.
Me volví contra Walter. "¿Tenerlos a ambos cuando tengan el dinero?" Le repetí, mi boca abierta. "Los engañas esta vez, y no vivirás para ver otro día," gruñí, aferrándome a las barras frente a mí.
"Ustedes siguen repitiendo eso," se rio Walter, rodando los ojos. "Simplemente no veo que eso vaya a suceder."
Le sonreí. "Es obvio que averiguaste quién soy, ahora investiga a mi esposo, a mi suegro. Entonces vuelve y dime lo que encontraste. Tal vez pueda… ayudarte a llenar los espacios en blanco."
Walter sonrió con suficiencia y asintió. "Bien, Isabella, voy a darte gusto," me dijo, volviéndose hacia Kenny. "Levanta ese gordo trasero del piso y ve si puedes detener el sangrado."
"¡Necesita un doctor!" Gruñí.
"Bueno, pues que se joda, princesa," dijo Kenny con desprecio, encogiendo un hombro, antes de abrir la puerta de la celda de Christopher. "Se acerca una tormenta, y nadie va ir a ningún lado. El camino no lo permitirá."
Absorbí esa pieza de información como una esponja absorbe el agua. Mis cejas se dispararon hacia arriba mientras miraba de Kenny hacia Kurt, el último asintiendo a forma de disculpa. Si el camino estaba cerrado, entonces Walter no me podía llevar a ningún lado. Una tormenta no detendría a Edward y a mi equipo, y que me jodan si detenía a Carlisle o a Eleazar. Demonios, Eleazar era un ex Navy Seal, por lo que un poco de lluvia ni siquiera le preocuparía.
Vi a Kenny batallar con Christopher, sin perder una oportunidad de regañarlo o insultarlo. Una vez que puso al enorme hombre en su catre, hizo un pobre intento de colocar una manta sobre su herida. Por lo que podía ver, Lilith le había dado en un costado, pero no podía ver qué tan grave era su herida.
"Hey," me llamó Kurt desde la puerta de mi celda. "Intentaré pasarte algo de comida sin que se den cuenta. ¿Está bien?"
"Necesitas conseguir algo para ejercer presión en esa herida, o se va a desangrar," susurré en un siseo.
"Veré que puedo hacer, pero dame algo de tiempo," me respondió, girándose sobre sus talones.
Sacudí mi cabeza, y me dejé caer en mi catre. Mi cabeza cayó hacia atrás cuando me dejaron con un hombre gimiendo, posiblemente por una herida mortal. Esta situación se estaba poniendo cada vez más jodida conforme pasaba el tiempo.
~oOo~
EDWARD
Levanté la puerta de mi carpintería, sacando las llaves de mi bolsillo. A lo largo de la pared del fondo estaba una línea de armarios dobles cerrados con llave—armarios que nada tenían que ver con mi hobby de trabajar la madera.
"Muy bien, carguen," les ordené, apartándome de mi propio almacén de armas, chalecos kevlar, y municiones.
"Excelente," siseó Emmett, esquivándome y pasando junto a mí para darles equipo a todos.
Agarré mis propias cosas, incluyendo un rifle automático, municiones, y un largo y filoso cuchillo Bowie (1). Le arrojé mis llaves a Emmett, diciéndole que lo cerrara de nuevo cuando hubiera terminado. Entré de nuevo a la oficina de Gravity, poniendo mi mierda sobre la mesa de conferencias. Estaba sacando mi Glock de la caja de seguridad cuando Benny habló.
"Tenemos un problema," me dijo, girándose desde su computadora. "Bueno, dos problemas."
"¿Qué pasa?" Le pregunté, mirando a mi padre y Eleazar, que estaban preparando sus armas personales, pero todos le dimos a Benny nuestra atención.
"Tenemos una tormenta moviéndose a esa área," nos dijo, señalando la pantalla. "Fuerte lluvia, muy poco viento, posible granizo. Va a hacer difícil atravesar esa montaña."
"Así que nos vamos a mojar," gruñó Eleazar, encogiendo un hombro y fijando las correas de su arnés al hombro. "¿Cuál es el segundo problema?"
"Todavía no hay señal del chip GPS de Bella," dijo con un suspiro, viéndose bastante triste. "No sé si es porque todavía no lo ha activado, o si la señal no está pasando a través del plomo de ese refugio antibombas."
"¿Todavía hay actividad alrededor?" Le pregunté, metiendo mis pantalones cargo color negro dentro de mis botas y apretando las agujetas.
"¡Sí!" Dijo Alice por encima de su hombro desde la sala de computadoras. "De verdad creo que está allí dentro, Edward."
Asentí, atando las agujetas de mi otra bota, y me enderecé. "Confío en ti, Alice. Es el destino primario de Emmett y mío. Jasper, Mickey, y Alec van a tomar el granero."
"El, Eric y Spike comenzarán en las chozas en el extremo oeste de la propiedad," dijo mi padre, señalando en la toma aérea en la pared. "Sam, Elam, y Felix se encargaran de la barraca de seguridad y la puerta, y Nec, Harry y yo nos encargaremos de la casa principal."
"Vamos a llegar por todos lados," explicó Eleazar. "Ustedes chicas, tienen que saber esto, para que entiendan lo que van a ver en esas cámaras de visión nocturna con la que equiparon a un miembro de cada equipo."
Makenna, Alice y Rose, todas entraron al área principal para escucharlo.
"Vamos a llegar por todos lados de la propiedad," dijo de nuevo. "Alice, vas a cortar la electricidad y la comunicación a nuestra señal, asegurándote de que no nos tropecemos unos con otros." Una vez que Alice y Benny asintieron, continuó. "Vamos a entrar tan silenciosos como podamos. Tan pronto como se vaya la electricidad, van a reaccionar."
A esas alturas, toda la oficina estaba llena de hombres vestidos con camisas de manga larga negras, pantalones cargo de color negro, y botas negras de grado militar. Algunos ya se habían puesto sus chalecos, algunos estaban sujetando con correas cuchillos y granadas, y otros solo estaban escuchando.
"Esta es mi misión, así que van a advertirles, decirles que arrojen sus armas, pero si no lo hacen, entonces tienen mi permiso para defenderse. Spike," lo llamó, y un caballero bastante grande y robusto con su cabeza calva, más o menos de la edad de El, dio un paso hacia adelante. "Ten cuidado con esas chozas, porque puede que haya más gente dentro. Sam, esa barraca de seguridad puede que sea donde se activa la alarma, de modo que si tú… eliminas a los guardias, entonces, que así sea." Se volvió hacia mi padre. "Lo mismo va para ti, Carlisle. Puede que la casa también tenga un interruptor, de modo que haz lo que tengas que hacer." Suspiró, mirando alrededor de la habitación. "Si por alguna razón, se acciona alguna alarma, estaremos en guerra."
Todos asentimos, porque todos sabíamos por experiencia que esa mierda podría hacer que todo saliera mal en malditas misiones como esta.
"El objetivo principal aquí es sacar a Bella de allí," continuó El, haciendo un gesto hacia Emmett y hacia mí. "El objetivo secundario es la captura y arresto de Lilith Laray, Walter Bridges, Kenny Porter, y Kurt Vernon," nos dijo, señalando las fotos a lo largo de la pared. "Aunque no derramaré una lágrima si sucede que alguno de ellos se convierte en una baja." Una vez más, miró a todo el grupo. "Aquellos de ustedes que no están bajo mi legítimo mando, esto nunca sucedió. Aquellos que lo están," dijo, mirando a Felix y Eric, "Bueno… ya saben cómo funciona esta mierda. Hagan su trabajo y mantengan la boca cerrada sobre todo lo demás." Aplaudió una vez. "Tenemos que irnos…"
La puerta de la oficina se abrió de golpe, y Bethy esquivó a la derecha y a la izquierda piernas cubiertas de negro a fin de llegar a mí. "P-Papi," dijo con un bufido, y la atrapé en cargándola en mis brazos cuando corrió con todas sus fuerzas hacia mí. "Todavía no te p-puedes ir," jadeó, y me imaginé que había corrido todo el camino desde la casa.
"Tengo que irme, pequeña dulzura," le dije, besando su palma, que estaba a un lado de mi rostro.
"Olvidaste tu gorra," me dijo, levantándola con su otra mano.
Sonreí, ignorando las risitas en la habitación. "Adelante, niña bonita," le dije, dejando que me la pusiera en la cabeza. Hacia atrás, por supuesto. "Gracias," le susurré, guiñándole un ojo. "¿Ahora puedo irme?"
"Sí," murmuró, asintiendo una vez.
"Dime que me amas," le ordené, inclinando mi cabeza hacia ella.
"Te amo," canturreó, alargando la última palabra y besando mi mejilla. "Ten cuidado."
"También te amo, Bethy," le susurré contra su frente, viendo a mi padre caminar hacia nosotros.
"Ven aquí, pequeña," se rio entre dientes, extendiendo sus brazos hacia ella. "Dame abrazos y besos."
Se fue voluntariamente con una risita, y pronto, mi hija estaba recibiendo cariño de todos sus "tíos."
Emmett la cargó y la volteó de cabeza, sonriendo cuando chilló en un ataque de risa. "Solo me estoy asegurando de que seas mi amuleto de la suerte, eso es todo," se rio entre dientes, enderezándola de nuevo de manera que pudiera verla a la cara ahora muy roja.
"¿Cómo lo sabes?" Le preguntó.
"Está sellado en la parte de atrás de tu rodilla," le respondió, haciéndole cosquillas en su rodilla haciendo que se retorciera.
Vi como los hombres que no la conocían se sorprendían sonriéndole, pero las que la amaban indudablemente tenían que abrazarla antes de que dejaran la habitación. Su última conversación fue con Alec.
"Bambina," se rio cuando corrió hacia él. "Un beso para la buena suerte, ¿sí?" Le pidió, señalando su mejilla, sonriendo como un tonto cuando fue ruidoso y mojado. "Vas a estar muy ocupada cuando nos vayamos, ¿sabías?"
"¿Con qué?" Le preguntó, jugando con el velcro de su chaleco kevlar.
"Tienes que cuidar del bebé Caleb, de tu Nanny, y tienes que pensar en cosas bonitas en tu mente todo el tiempo que no estemos," le dijo. "¿Puedes hacer eso? ¿Todo eso?"
"¡Sip!" Le dijo con una sonrisa.
"Buena niña," le dijo él, besando sus dedos antes de entregármela de nuevo.
"Ven, cariño," me reí entre dientes, sacudiendo mi cabeza y cogiendo mis cosas. "Vamos a encontrar a Nanny. ¿Sabe que saliste de casa?"
"Me dijo que te trajera tu gorra," respondió. "Ves, allí está," me dijo, señalando a la parte trasera de la camioneta en la que todos íbamos a viajar—la vieja camioneta militar que Ned y Harry habían conducido.
Esme tenía el rostro de mi padre en sus manos, y él asintió solemnemente a lo que sea que le estuviera diciendo. Se volvió hacia Bethy y hacia mí cuando nos acercábamos. "Ven, Bethy," le dijo, tendiéndole sus brazos.
"¿P-Papi?" Lloriqueó, aferrándose a mí.
"Ve con ella, cariño," la tranquilicé. "Estaré de vuelta antes de que me eches de menos, ¿está bien?"
Frunció el ceño, pero se fue con Esme. Sus ojos se hicieron amplios cuando su Poppy y yo subimos a la parte de atrás de la camioneta.
"Tenemos que irnos, o va a ponerse a llorar," le murmuré a mi padre, que asintió y le dio un golpe a la parte de atrás de la cabina.
"Ned, ponte en marcha," le ordenó, y la camioneta rugió a la vida cuando me sentaba junto a Jasper.
Le dije a Bethy adiós con la mano una vez más, antes de ponerme mi chaleco y ver a Esme calmarla. Escuché un grito más de "¡Papi!" antes de salir.
"Joder," siseé, frotando mi rostro.
"Estará bien," dijo Jasper. "Va a estar horneando galletas antes de que termine la noche."
Sonreí y asentí. "Sí, eso espero," dije con un suspiro, recargándome.
Una risa estruendosa y profunda llegó a mis oídos, y levanté la vista para ver a Spike sacudiendo su cabeza calva. "Maldita sea, no envidio al primer novio que esa niña traiga a casa. Este maldito grupo haría que cualquiera se cagara del susto."
"No jodas," resopló Alec.
"No, está bien," dije despreocupadamente, "porque no tiene permitido salir con nadie hasta que tenga treinta."
La camioneta estalló en carcajadas, mi papá pateó mi zapato. "Sí… buena suerte con eso, hijo."
~oOo~
BELLA
Christopher no iba a lograrlo. Lo miré, sintiéndome inútil por no poder al menos reconfortarlo. Se quejaba de tener frío, pero podía ver sudor cayendo por su rostro. El hecho de que era un hombre grande puede que lo hubiera estado ayudando, porque le pedí que me mostrara su estómago, que me mostrara dónde lo habían herido.
Kurt me había dicho que Lilith había usado una veintidós, de manera que la bala de pequeño calibre entró por el lado izquierdo de su estómago inclinada, y si tuviera que adivinar, diría que se alojó en alguna parte de su lado derecho. Al parecer así era, por cómo se sostenía. Kurt entró con comida para mí y un estuche de primeros auxilios para Christopher, limpiando al hombre lo mejor que pudo.
Todo el día había escuchado a Chris, hablando con él, pero su dolor era abrumador. Dejó de responder mis preguntas hace como una hora, y mi corazón se rompió al pensar que el final estaba cerca para él. Esa mierda también me encabronaba, porque Lilith no había tirado a matar a propósito. Más de una vez vino a la puerta de la celda, solo para observarlo, con una fascinación malvada pegada en el rostro. Mis manos temblaban con el deseo de noquearla de una puta vez.
Sabía a ciencia cierta que si no hubieran necesitado el dinero, yo sería la siguiente.
Comencé a pasearme de un lado al otro como al atardecer, porque Christopher comenzó a lloriquear, su respiración era superficial, hasta que finalmente me llamó.
"¿Bella?" Dijo con voz rasposa, tratando de mirar en mi dirección.
"Sí, Chris," le dije, usando una voz calmada que no reflejaba nada de lo que estaba pasando dentro de mí.
"Siento lo de tus amigos," susurró. "Era mi cumpleaños… nunca debí conducir a casa."
Suspiré, cerrando mis ojos y apoyando mi frente contra los barrotes de mi celda. "Te perdoné hace mucho tiempo, Chris. Tú tienes que perdonarte a ti mismo."
"Le dirás a mi mamá, ¿verdad?" Me preguntó. Tratando de respirar hondo, pero al parecer fallando, provocando que una tos dolorosa saliera de él. "Decirle que no solo… la dejé."
Mi nariz se arrugó, y cerré mis ojos con fuerza. "Lo prometo, cielo."
"Bien, porque… ella fue la única que… me apoyó," resolló. "No merece estarse…"
"Preguntando," terminé por él.
"Sí," dijo con un suspiro, y fue el último aliento que tomó.
Una lágrima cayó por mi rostro por el desperdicio de vida que acababa de dejar la habitación. No era un tipo malo; solo había cometido un error. Me había parecido bastante agradable y de alguna forma, sarcástico. En otro tiempo y lugar, pudiéramos haber sido amigos. Me había contado que tenía planes de volver a la escuela—computadoras o algo así—y mudarse con su mamá de Seattle a Olympia.
Nadie vino a vernos en putas horas, algo que solo hizo que mi temperamento saliera a flote. Para cuando todos bajaron sus felices traseros por las escaleras, prácticamente era una leona paseándose en su jaula.
"¡Puta desgraciada!" Le grité a Lilith. "Joder, lo mataste. ¿Y por qué?"
"Porque podía." Su respuesta fue rápida, sin remordimiento. De hecho, apenas miró a Christopher una vez que Kenny lo pronunció muerto. "Contigo… me voy a tomar mi tiempo."
"Buena suerte con eso," le advertí con una ceja levantada. "De verdad me subestimas."
"Vamos a llamar a tu esposo y decirle donde encontrarnos," dijo Walter, sacando el teléfono de su bolsillo. Una vez más, activó el altavoz.
"Cullen," respondió Edward con brusquedad, y por un momento, escuché gente en el fondo.
"Mañana, Cullen. En el centro comercial de Olympia… a las dos en punto," dijo Walter, sus ojos nunca dejaron los míos.
"Esos términos no son buenos para mí, porque no voy a entrar en una trampa. Mi dinero, mis términos," respondió Edward, su voz tranquila, suave, pero podía escuchar una ira subyacente bullendo justo bajo la superficie. "Portland… la estación de autobuses… al mediodía," replicó.
Walter cerró los ojos, soltando un respiro de golpe en un silbido. "Bien, pero será mejor que traigas ese dinero, o le dispararé a Isabella en la cabeza en la puta esquina de la calle."
"No, no lo harás," dijo Edward. "Pero puedes intentarlo."
"Si traes a alguien más contigo, Cullen, no saldrá del coche," replicó Walter.
Edward se rio. Se rio. Me hizo sonreír y le levanté una ceja a mi captor.
"No estoy particularmente preocupado," dijo Edward riéndose. "Estoy muy seguro que puede pelear contra ti y ganar. Demonios, apostaría a que más de uno de ustedes tiene un moretón por ella."
Oh maldita sea. Mis cejas se dispararon hacia arriba, porque no había forma de que supiera eso. Tiene que estar adivinando… o simplemente me conocía malditamente bien.
Walter soló una carcajada. "De hecho… así es," se rio con un resoplido, mirando a Lilith y a Kurt, aunque Walter no sabía que el de Kurt fue a petición suya.
"Antes de que haga una mierda, quiero escuchar su voz," dijo Edward, y Walter me hizo un gesto con su mano.
"Edward," dije con un suspiro, simplemente feliz de poder decir su nombre.
"Dulzura, aguanta por mí. Ya no falta mucho tiempo. La hora se acerca," me dijo de forma críptica, pero dio énfasis en la palabra "hora", así como había enfatizados las palabras "un día" durante la última llamada por teléfono.
Maldición, Edward estaba aquí. Estaba tan cerca que lo vería en una hora. Mi corazón se me salía del pecho por la euforia, pero latió con fuerza por la preocupación, porque esta sería una verdadera lucha.
"Te amo," le dije. "Ten cuidado."
"Tú también, Bella," canturreó, pero su voz cambió de nuevo a brusca cuando se dirigió a Walter. "Mañana… Portland."
Con eso, terminó la llamada, y Walter sonrió con suficiencia, acercándose a mí. Un montón de páginas aterrizaron en mi regazo. Walter me las había lanzado a través de los barrotes. "Nada," me dijo. "Tu esposo y su padre no son nada más que hombres de negocios."
Bufé una carcajada, sin siquiera molestarme en mirarlas. Dejé que cayeran al piso, con la excepción de una que atrapó mi atención. El expediente de mi esposo. Lo agarré, caminé hacia las barras, y lo empujé hacia el rostro de Walter.
"¿Ves ese periodo de tiempo entre su salida de la Fuerza Aérea y el día que se casó conmigo? ¿Ves esa mierda?" Le grité, esperando hasta que todos asintieron. "Carlisle tiene un periodo mucho más largo de tiempo que eso. ¿Eso ni siquiera te preocupa? ¿O eres demasiado pomposo para siquiera considerar la puñetera idea?"
No respondieron, ninguno de ellos.
"Eran fantasmas, Walter," le dije, manteniendo calmada mi voz. "Vivieron bajo el radar, pero nunca, jamás dejaron de ser soldados." Se quedaron callados, así que finalmente decidí dejarles saber lo que se avecinaba. "No los escucharás, ¿sabes?... cuando vengan. Será silencioso cuando suban aquí. Cortarán la electricidad, sus comunicaciones, y probablemente las gargantas de los guardias en la puerta, sin mencionar ese alambre de cuchillas. Van a ir de cacería, buscando a cada individuo que de alguna manera haya desempeñado un papel en esta mierda. Todos los hombres serán castigados por simplemente conocerte, Walter. Son expertos en sigilo, armas, explosivos, y tortura. Llevan consigo un intenso sentido de la familia, de la lealtad. Si crees que has escapado, es entonces cuando el francotirador te alcanza, o cuando el hombre oculto en la maleza pone un cuchillo en tu garganta. Son rápidos, inteligentes, y extremadamente mortíferos. No tienen ningún problema matando, porque es lo que ellos hacen. Son Navy Seals, especialistas en operaciones en cubierto, y pilotos de Apache. Son del FBI, la CIA, y vienen por mí. Joder, no te estoy mintiendo. Y puedes prepárate todo lo que quieras, pero no los detendrás. Conocen los planos de este lugar por dentro y por fuera. Sabrán exactamente lo que están buscando, y la lluvia ni siquiera los retrasará."
Kenny se movió sobre sus pies cuando gotas salpicaron contra las escaleras de concreto, pero Walter se mantuvo firme frente a mí. Kurt sacudió su cabeza, viéndose un poco enfermo, y tenía que asegurarme de que siguiera con vida, porque me había ayudado cuando no tenía que hacerlo. Lilith sonrió con suficiencia, rodando sus ojos, y mirando a Walter.
Sin quitar los ojos de mí, dijo, "Kenny, ve a despertar a los refuerzos. Tenlos listos. Si está mintiendo, entonces no es gran cosa, pero si no, entonces estos… soldados tendrán que pelear para entrar. Y manda alguien aquí por esta… mierda." Hizo un gesto hacia Christopher, dándole a Lilith una mirada de soslayo.
Me reí en voz baja y sin humor, rodando mis ojos y encogiéndome de hombros. "Kenny, despiértalos a todos. Les será más fácil encontrarlos." Le señalé a Walter. "Mi esposo no te estaba mintiendo, Walter. Va a hacer esto personal."
~oOo~
EDWARD
Edward.
Pasé una mano por mi cabello a medida que nos acercábamos a nuestro destino. Nos tuvimos que detener cuando Walter llamó, apagando todo el ruido del motor de la camioneta. Mi nombre nunca había sonado tan dulce, sin embargo, tan aterrador, viniendo de Bella. Jamás.
Sonaba agotada y asustada. Sonaba encabronada y simplemente harta de esa mierda. Por encima de todo, sonaba como que me necesitaba.
Una mano descendió en mi hombro, y levanté la vista para ver a mi padre dándome la pintura para la cara. Íbamos a entrar lo más silencioso posible, recorriendo una buena cantidad de bosque, por lo que no tenía alternativa más que pintar negro, verde, y marrón en mi rostro. Daba la sensación de algo grueso y grasoso, añadiendo el sudor que ya estaba acumulándose en mi frente y el labio superior, pero lo unté de todos modos.
"¿Recuerdas que robaste la mía cuando eras pequeño?" Me preguntó papá, riéndose un poco. "Tenías más o menos la edad de Bethy."
Sonreí y asentí, y miré en su dirección. "Sí, lo recuerdo. Mamá dijo que se necesitó todo un tubo de su crema para la cara para lograr quitar esa mierda."
Se rio, como lo hizo Jasper y Emmett, que estaban sentados cerca de nosotros.
"¡La usaste toda, por eso!" Mi papá soltó una risita, todavía sacudiendo su cabeza al recordarlo. "Me envió una foto."
Asentí y me miré en el espejo que Emmett estaba sosteniendo. Me aseguré que mi cuello, alrededor de mis ojos, y mis orejas estuvieran cubiertos. "Ni siquiera pudo castigarme, porque se estaba riendo a carcajadas." Miré a Jazz y Em y les dije, "Él tenía toda esa reserva de la mierda más genial en el fondo de su armario. Estaba buscando mi regalo de cumpleaños, pero en lugar de eso encontré sus cosas. Salí de su habitación usando las botas de papá, su chaqueta, y un todo un tubo de pintura para la cara. Tenía esa mierda por todos lados… incluyendo las paredes de su armario y su ropa."
Emmett y Jasper se partían de la risa.
"Oh, por favor dime que todavía tienes una foto de eso," rogó Jasper.
Mi papá se rio y asintió. "Sí, acabo de encontrarla de nuevo el otro día. Tenía la intención de mostrársela a Bethy y a Bella. Creo que les gustaría."
Gemí, negando. "Oh, estoy seguro que sí. ¿Dónde estaba?"
"En una caja en la casa de Forks," se rio entre dientes. "Colgué esa foto en cada casillero que tuve alguna vez. Viajó más que cualquier otra foto que tu mamá me haya enviado. Vio varios períodos de servicio y más países de los que puedo contar."
Le sonreí, pensando que Bella y Bethy habían ablandando al viejo, porque hace unos años, nunca me hubiera dicho esa mierda. Sabía que me amaba, que estaba orgulloso de mí, pero no era algo que demostrara cuando era más joven. Después que muriera mi madre, se había retirado de la Fuerza Aérea para estar conmigo, y nos hicimos cercanos en nuestro dolor, en nuestros sentimientos de pérdida. Me enseñó sobre armas, y yo le enseñé a cocinar, a fin de evitar la comida rápida y la pizza todos los días. Él me enseñó a amar los coches, los helicópteros, y alimentó mi pasión por construir cosas, diciéndome que todo hombre necesitaba un hobby para escapar de la mierda. Decía, "Estoy orgulloso de ti, hijo," más rápido de lo que decía, "Te amo," pero sabía que significaban lo mismo. Y apretaba mi hombro en lugar de darme un abrazo.
Teníamos una buena relación, y lo conocía lo suficiente para saber lo que estaba haciendo. Estaba tratando que dejara de pensar en Bella, que me centrara en algo más. Pero una mirada a su rostro, me decía que lo estaba haciendo tanto para él como para mí.
"Oh, apuesto a que a la pequeña le encantaría ver a papá cuando tenía su edad," reflexionó Jasper, una pequeña sonrisa en su rostro.
Bueno, esa idea me hizo reír, volviéndome hacia mi padre. "Sí... trae esa mierda," le dije. "A ella le va a encantar."
Papá sonrió, pero desapareció rápidamente cuando la camioneta se sacudió al detenerse. Alec levantó la lona de atrás de la camioneta, y estábamos en lo profundo del puto bosque, pero bastante lejos de la cima de la montaña. Todos salimos a tropel al mismo tiempo que Benny y Wes detenían su van de comunicaciones detrás de nosotros, la lluvia reflejándose en sus faros.
Ned cerró con fuerza la puerta del lado del conductor, haciendo un gesto con su mano en torno a él. "Este parecía el mejor lugar," dijo, su acento sureño más marcado que el que Jasper jamás pensó tener. "Estamos fuera del camino principal, así que si alguien siquiera viene a buscar, no la verán."
Todos tomaron una respiración profunda y colectiva y la dejaron salir cuando Eleazar se paró frente a nosotros. "Quiero comunicación constante," nos dijo, dejando que sus ojos nos recorrieran mientras todos nos poníamos nuestros auriculares. "Aquellos que Alice equipó con una cámara, enciéndanla y asegúrense que pueda verlos antes de salir."
Un miembro de cada pequeño equipo había sido designado para llevar una cámara. Emmett encendió la suya al mismo tiempo que Spike, Sam y mi padre siguieron su ejemplo.
La radio pitó en nuestros oídos. "Hola, chicos," canturreó Alice, y no pudimos evitar responderle igual. "Carlisle, necesito que ajustes la tuya, por favor, Poppy," le dijo, y él se la puso más arriba, sonriendo como un tonto al escuchar el apodo que todos le habíamos dado en el instante que Bella anunció que estaba embarazada. "Perfecta. Emmett, la tuya está borrosa. Spike, la tuya está perfecta. Sam, necesito que bajes un poco la tuya." Una vez que todos habían obedecido sin preguntar, nos agradeció.
Harry abrió la caja de herramientas de la camioneta, diciendo, "Vamos a necesitar esto." Pasó cortaalambres a un miembro de cada equipo. "¿Quién es el experto en demoliciones?"
"Es Em," habló Mickey, la más pequeña entre nosotros, pero ella, igual que Bella, usaba eso de ventaja. Para ellas, más pequeña significaba más poderosa.
Harry le dio a Emmett cuatro cartuchos de dinamita, diciendo, "Por si acaso."
Las guardó en su mochila sin siquiera parpadear. "¿Están planeando volar este lugar?" Preguntó, mirando a mi padre por una respuesta.
"No estamos seguros, Em," le respondió. "Alice ha visto este lugar subiendo por un lado y bajando por el otro y dice que no hay otra forma de salir de la montaña que por el camino, pero no vamos a tomar ningún riesgo."
"Entendido," dijo Emmett, asintiendo una vez.
Eleazar revisó su reloj. "La hora bruja ya casi está aquí, muchachos," nos dijo, refiriéndose a ya casi eran las tres de la mañana en punto, la hora perfecta para atacar, porque nadie lo espera. Desenrolló el mapa del lugar que cada uno de nosotros llevaba y nos reunió en torno a él. "Saben hacia dónde se dirigen. Los cuatro lados de este lugar. Edward, Em… en el momento que alcancen a ver a Bella, quiero saberlo. Eso va también para Bridges, Laray, Porter y Vernon. ¿Está bien?"
"Señor," todos gruñimos, cogiendo nuestras armas, ajustando las correas en cuchillos y fundas de armas, y apretando chalecos.
Deslicé mi cuchillo dentro de mi bota, me enderecé, y me encontré cara a cara con Mickey.
"Si me necesitas, házmelo saber. Si está encerrada en alguna parte en la que necesites entrar, solo grita, niño bonito. No estoy bromeando," me dijo, sus ojos moviéndose rápidamente hacia mi padre y Eleazar. "¡No lo hagas explotar!" Dijo con brusquedad, apuntando un dedo hacia Emmett. "Esa mierda podría lastimarla."
Sonrió, levantando las manos en señal de rendición, pero él nunca nos pondría en peligro a ninguno de nosotros, en especial Bella.
"¿Qué hace ella?" Preguntó Spike en un susurró mientras la veía checar sus herramientas.
"Esa chica puede abrir cualquier maldita cosa," me reí entre dientes. "No hay una cerradura o caja fuerte que no pueda abrir."
"¡No jodas!" Soltó una risita. "¿Puede pelear? O sea, es tan… pequeña."
"Y puede derribar a hombres más grandes que Emmett y El," añadí. "No dejes que te engañe. Más mala que el pecado, ¿no es así, niña salvaje?" Le pregunté, guiñándole un ojo.
"Y algo más," se echó a reír, empujándome. "Vamos, extraño a mi amiga."
Todos nos callamos con esas palabras, porque nos dejó claro la verdadera razón por la que estábamos parados en medio del puñetero bosque en una noche lluviosa.
Emmett me golpeó el pecho con el dorso de su mano. "Vamos, Eddie. Tenemos que correr más, porque va vamos a entrar por el lado opuesto de la cerca desde aquí."
"Verificación de radio. Empiecen," ordenó Benny cuando nos separamos en el bosque a un ritmo silencioso, pero rápido.
A medida que todos nos reportábamos, el terreno se hizo más escarpado. Los árboles eran grandes y crecieron muy juntos. Un búho ululó en alguna parte encima de nosotros, su llamado era un sonido escalofriante en la oscuridad de la noche. Un ciervo se fue corriendo al vernos, saliendo disparado hacia el bosque mojado por la lluvia. Después de eso, los únicos sonidos que escuchábamos eran los sonidos de nuestra respiración y la lluvia salpicando al caer alrededor de nosotros.
~oOo~
BELLA
Miré con desagrado a los dos guardias que ahora estaban parados en la puerta principal de la prisión en la que estaba. Sus espaldas hacia mí, pero su conversación se escuchaba fuerte y clara. Estaban hablando de fútbol, béisbol, y mujeres—el último de los temas alargándose demasiado para mi gusto, aunque creo que lo estaban haciendo a propósito.
Si decían la palabra "coño" una vez más, iba a desmantelar mi catre y arrojárselos. Era una cosa cuando Edward la susurraba, su voz goteando sensualidad e ideas sucias. Era algo completamente diferente cuando en realidad se usaba para describir a las mujeres, como si fueran objetos. Cerdos.
Estaban vestidos como todos los demás que había visto—camisas a cuadros, jeans, botas de montaña, y camisetas viejas, y de verdad no tenían disciplina, porque no estaban prestando atención en realidad. Uno era joven, tal vez en los últimos años de su adolescencia, y el otro era lo suficientemente viejo para ser su padre. Ninguno hubiera pasado un test de inteligencia. Para nada.
Podría haber abierto mi celda y ahorcarlos por detrás, y nunca me hubieran oído venir, con lo fuerte que estaban hablando. Estaban prestando atención a sus teléfonos y el uno al otro, pero no a su entorno. Por mucho que quisiera deshacerme de ellos, tenía que esperar el momento adecuado.
Miré el cuerpo de Christopher y suspiré. Todavía no lo habían sacado, y el verlo me ponía nerviosa y triste. Nerviosa, porque no estaba segura lo que Lilith y Walter planeaban hacerme, y triste, porque se había visto envuelto en algo en lo que nunca debió haber estado cerca. Había tratado de continuar con su vida.
"Voy a orinar," el mayor dijo, subiendo los escalones, sus pesados pies chapoteando en los charcos de lluvia.
Sentí el bolsillo de mis pantalones cargo, encontrando lo que estaba buscando justo detrás del broche de metal. Saqué una de las ganzúas de Mickey, dándole al señor Hormonas Adolescentes y vistazo rápido, girando mis manos a través de los barrotes de mi celda. Era más difícil de hacer cuando no podía ver, y joder, no era tan buena como lo era Mickey, pero no pasó mucho tiempo antes de que la cerradura hiciera de nuevo clic.
Mis ojos se dispararon hacia la puerta principal de la celda, pero el chico estaba demasiado ocupado picándose la nariz para prestar atención a lo que estaba haciendo. Con cuidado, centímetro a centímetro, abrí la puerta. De ninguna manera quería que crujiera. Caminé de puntillas por detrás del chico, sacando mis manos lentamente por entre los barrotes, y agarré la parte de atrás de su camiseta. Con un tirón fuerte y rápido, lo eché hacia atrás contra los barrotes de acero dejando su trasero inconsciente. Cayó al concreto con golpe suave.
Pasé las manos por los barrotes para abrir la siguiente cerradura, tratando de apresurarme, porque el Chico de la Orinada volvería pronto. El clic de la segunda cerradura fue más fuerte, haciendo eco por la escalera, y me quedé inmóvil, esperando a ver si alguien en la cima había escuchado. Cuando nadie vino corriendo, despacio y con cuidado abrí la reja.
Subí las escaleras, manteniendo mis ojos abiertos y mis oídos atentos para escuchar cualquier cosa encima de mí. Me pegué al lado derecho del muro, asomándome hacia el terreno. Había una extraordinaria cantidad de actividad para lo tarde que era. Hombres se paseaban por el terreno con las armas al hombro. Me volví a la izquierda, y mi camino estaba bloqueado, pero cuando me asomé hacia la derecha, estaba completamente despejado.
Esperé hasta que el grupo de hombres más cercano se diera la vuelta, y entonces salí de la entrada a la escalera, dando vuelta a la esquina del refugio a toda velocidad. Estaba intentando llegar a la pared del granero—más específicamente, al pajar junto a ella—cuando se escuchó un grito.
"¡Hey!" Oí detrás de mí, junto con un golpeteo y el sonido de botas chapoteando en la hierba empapada por la lluvia. "¡Hijo de puta! ¡Deténganla!"
Fui derribada al suelo, y los dos nos deslizamos por la hierba húmeda varios metros, antes de detenernos. La lluvia estaba jodidamente fría, y estaba empapada al instante. Manos ásperas me sujetaron, tratando de mantenerme en el suelo, pero me di la vuelta levantando mi rodilla hacia la entrepierna del Chico de la Orinada y provocando que me soltara. Con otra bota en su rostro, me arrastré alejándome rápidamente de él, solo para que mi espalda hiciera contacto con las piernas de alguien.
"Mierda," siseé, cuando el sonido de un rifle automático entró en mi oído.
"No lo hagas, princesa," gruñó Kenny, sujetándome por el cabello y dando un tirón para levantarme. "Levántate."
Me hizo caminar de nuevo hacia la parte superior de las escaleras, solo para empujarme hacia abajo. Caí con un quejido, aterrizando justo a un lado del chico que había noqueado.
"¡Joder!" Dije con brusquedad, fulminado con la mirada a Kenny que descendía como si nada las escaleras.
"Levanta tu trasero," me dijo, volviéndose hacia la entrada. "¡Hey, Lewis! Consígueme algo que mantenga a esta perra en su celda."
Kenny me levantó, medio empujándome y medio arrastrándome de vuelta a mi jaula. Me empujó con fuerza, poniendo el seguro de nuevo, pero cuando Lewis apareció, suspiré y me dejé caer en mi catre.
Lewis era corpulento, sus brazos abultándose al cargar una larga barra de metal y una caja de herramientas. Sujetó un gancho a la pared frente a mi puerta, trabando la barra de metal en él. Luego sacó un candado, asegurando todo, de manera que incluso si de nuevo abría la puerta de mi celda, no habría forma de alcanzar el candado en la pared del fondo que mantenía la puerta de mi celda cerrada. Estaba atrapada.
Kenny se rio cuando le enseñé el dedo medio, pero todos se congelaron cuando se fue la luz, hundiéndonos en la oscuridad.
"Ve a revisar los interruptores," le ordenó Kenny a Lewis. "Probablemente solo sea un corto circuito por la lluvia o algo así…" Su voz apagándose cuando a la distancia se escuchó una rápida ráfaga de disparos.
"No es la lluvia," me reí entre dientes. "Y maldita sea, no son los interruptores."
Kenny y Lewis salieron disparados de allí cuando la alarma comenzó a sonar.
~oOo~
EDWARD
Podía ver el complejo a través de los árboles. Estaba bien iluminado, con un montón de actividad. Había hombres colocados en varios puntos del terreno, y algunos estaban recorriendo el mismo camino una y otra vez. Estaban armados hasta los dientes, lo noté cuando Emmett y yo nos agachamos a unas yardas de distancia.
Saqué mis binoculares, reportando lo que podía ver. "Tengo visual de lo que parecen ser… cuarenta hombres… tal vez. Al parecer todo el lugar está de patrulla, pero no puedo ver más allá de la casa desde nuestra posición."
"Bien," dijo Benny por la radio. "¿Qué hay de todos los demás? ¿Ven cuarenta?"
"Estoy en posición," dijo Sam. "Cuento más o menos esa cantidad. Están extremadamente ocupados esta noche."
"No importa," respondió mi padre. "Vamos a salir a mi señal. Espérenla."
Miré hacia mi izquierda, asegurándome que Jasper, Mickey y Alec se estuvieran preparando para tomar el granero. Estaban agachados justo al pasar la línea de árboles, donde las sombras caían sobre ellos. Si no eras consciente de que los estaban buscando, ni siquiera sabrías que estaban allí.
El pitido de una alarma sonó—no desde el complejo, sino a través de nuestro auricular.
"¿Qué demonios…" Murmuraron tanto Benny como Rose.
"Oh mierda, oh mierda, oh mierda," jadeó Alice, y podía oírla tecleando. "¡Oh, joder… el chip de Bella acaba de aparecer en línea!"
"Tranquila, Alice," mi papá la calmó. "Dinos lo que ves. ¿Dónde está exactamente?"
"Um… por lo que puedo ver, justo entre el granero y el refugio ant…" Gimió Alice, deteniéndose a mitad de la frase. Necesité de todas mis fuerzas para no gritarle. "Está bien, está bien, está bien… ha de haber intentado escapar, pero la señal se cortó de nuevo."
"Bueno, eso solo significa que teníamos razón," Eleazar nos tranquilizó a todos. "Vamos a entrar a la señal de Carlisle…"
"Si tienen el camino despejado, lleguen a la línea de la cerca. Avancen y corten su entrada," ordenó mi padre, y el equipo de Jasper se movió.
Emmett y yo teníamos un poste de luz iluminando el lugar donde deberíamos estar cortando nuestra entrada.
"Quedaríamos expuestos," dijo Emmett. "Vamos a entrar con J."
"Diez-cuatro," dijo mi padre en señal de que había escuchado. "Sam, tú y tu equipo prepárense para tomar esa barraca de vigilancia. ¡Alice, necesito que cortes la electricidad y las comunicaciones a mi señal!"
"En ello," le respondió.
Emmett y yo corrimos agachados justo por dentro del bosque mientras nos dirigíamos a la posición de Jasper. Mickey ya había pasado el alambre de cuchillas y estaba trabajando en la valla de tela metálica. Cuando estaba punto de terminar, corrimos hacia ella, tirándonos de panza.
"¡Alice… ahora!" Ordenó mi padre, y el lugar quedó a oscuras con un golpe sordo. "Nadie se mueva todavía…" Nos advirtió.
"Sam, alguien se dirige hacia ti," advirtió Wes, muy probablemente porque lo vio en cámara.
"Tengo una entrada," dijo Mickey, guardando en su bolsillo el cortador de alambre.
"Estamos dentro," dijo Eleazar.
"Hemos cortado nuestra entrada," añadió mi padre. "Sam, ¿cómo está tu compañía?"
Silencio fue la única respuesta que recibimos, pero Wes podía ver.
"El guardia está orinando tan cerca de Elam que puede saber cuál es su religión," anunció.
Sacudí mi cabeza, porque esa mierda era peligrosa. Un buen destello de luz, una respiración pesada, y el tipo podría verte. Elam tenía que haber estado conteniendo la respiración en ese momento.
Las cabezas de mi equipo se levantaron de golpe cuando dos hombres caminaron hacia la parte trasera del granero.
"Joder, Kenny está loco. No está lloviendo lo suficientemente fuerte como para apagar los interruptores. ¡Ni siquiera hay malditos relámpagos!"
Uno era un hombre bastante corpulento, vestido con jeans y una camisa a cuadros. El otro hombre era mayor—diría que tenía unos sesenta—vestido de forma similar.
"También tenemos compañía," murmuró Jasper mientras todos nos quedábamos perfectamente quietos a lo largo de la línea de la cerca.
"¡Mantengan su posición!" Dijo papá con brusquedad en un siseo.
"¿Cómo se liberó esa perra?" El joven preguntó.
"No lo sé, pero Bobby le va a durar una semana ese dolor de cabeza. Sí que noqueó su trasero hasta la semana siguiente," dijo el hombre mayor con un resoplido. "Todo lo que hice fue ir a echarme una meada. Y lo siguiente que supe, es que se estaba escapando."
"Bueno, ahora no puede salir," el más joven dijo con un suspiro, sacudiendo la cabeza, "lo que es una pena, porque me la follaría con ganas antes de que Walt se la entregue a Lilith."
Mi ira destelló en un profundo rojo carmesí, y todo mi cuerpo se tensó. Alec estiró una mano para sujetarme, agarrando mi hombro con tanta fuerza que era casi doloroso, al mismo tiempo que negaba. Puso un dedo en sus labios, y luego bajó su mano para sacar su cuchillo lentamente y sin hacer ruido. Me hizo un gesto con su mano para que hiciera lo mismo, porque íbamos a eliminar a estos tipos antes de que tuvieran oportunidad de reportar cuál era el problema eléctrico. Bajé la mano a mi bota, sacando el mío.
Los dos hombres sostenían una lámpara de mano para abrir la caja de los interruptores, proyectando un único círculo de luz en la parte trasera del granero. Nadie estaba cerca de ellos, nadie los oiría, y joder, nunca nos verían venir.
"¡Adelante, adelante, adelante!" Papá ordenó por la radio.
Alec y yo fuimos los primeros en atravesar la cerca y llegar por detrás de nuestros dos objetivos antes de que tuvieran oportunidad de parpadear. La lámpara cayó al suelo cuando agarré al joven, mientras Alec controlaba al otro. Tapamos sus bocas mientras nuestros cuchillos resplandecían contra sus gargantas.
"¿Dónde está ella?" Siseó Alec en el oído del hombre, cortando su piel cuando no contestó. "Dime, y te dejaré vivir. ¿Está en el refugio antibombas?" Preguntó, sonriendo cuando el hombre trató de asentir bajo su fuerte agarre. "Bien," le dijo, mirándome a los ojos.
Con un gesto de su cabeza, los cuchillos rebanaron, y los hombres dejaron de existir, sus cuerpos golpeando el suelo con un ruido sordo. Emmett y Jasper los ocultaron detrás del granero, pero poco nos duró el silencio, porque disparos y una alarma sonaron en el aire.
"Oh joder," gimió Wes. "El hijo de puta encendió un cigarrillo, y eso fue todo. Elam quedó expuesto."
"¡Elam cayó! ¡Elam cayó!" Gruñó Sam. "Nos vieron. El cabrón le disparó, pero su compañero accionó la alarma."
"Disparen para incapacitar, disparen a matar, pero dejen a Bridges y Laray con vida," ordenó Eleazar. "Y vigilen esa ametralladora."
"Jasper, entra al pajar de ese granero. Te necesitamos en alto," ordenó mi padre.
"Vamos a meterte en ese granero, y luego voy por Bella," le dije al grupo a mi alrededor, antes de señalar a Jasper. "Puedes cubrirnos, una vez que estés arriba."
Asintió, sacando su pistola.
Se oyeron disparos desde el área de vigilancia de la puerta, gritos y voces asaltaron la noche, pero teníamos el camino perfectamente despejado para escabullirnos al puto granero. Hice un gesto con mi mano para que Jasper y Alec tomaran la puerta que quedaba más lejos, de manera que Emmett, Mickey y yo pudiéramos tomar el extremo más cercano.
"Prepárense," espeté, y todos preparamos nuestros rifles.
Estaba pegado a la pared trasera del granero y me asomé hacia un costado para asegurarme que todavía teníamos el camino despejado. No era así, pero con dos rápidos disparos, cruzamos la puerta del granero.
Al entrar me pegué a la pared, dando un vistazo rápido alrededor del granero buscando movimiento, pero no había ninguno. "J, está despejado."
"Jodida mierda," dijo Emmett en voz baja mientras observaba algo en una de las casillas. "¡Maldita sea, no disparen cerca de aquí!" Gruñó, girándose para mirarme. "¡Hay suficiente dinamita aquí para volar la cima de esta montaña! Y esa mierda está preparada."
"Mierda," siseó Mickey al ver las cajas y cajas de dinamita almacenadas junto con un extraño aparato, con lo que parecía ser un cronómetro.
Todos nos giramos cuando se escucharon disparos cerca de nosotros al otro lado de la pared del granero.
"¿Puedes desmantelarla?" Le pregunté a Emmett, haciendo un gesto con mi mano a Jasper para que tomara su posición. Subió rápidamente la escalera más cercana del pajar.
"Sí, se ve bastante sencilla…" Respondió distraído mientras lo rodeaba.
"Mick, te quedas con él," le ordené. "Jasper, dime cuando estés listo. Alec, vas conmigo."
"¡Mierda!" Siseó Benny. "¡Ed… eso me deja sin una cámara contigo, hombre!"
"Pues te jodes. Es la forma en que tiene que ser. No puedo permitir que esa mierda explote hasta que no llegue a Bella," gruñí, corriendo a las puertas del granero por las que Jasper había entrado. "Solo estás triste porque no puedes ver mi cara bonita," bromeé con él, sonriendo cuando se rio con un resoplido.
"Eres feo, amigo. Todavía no sé qué vio Bella en ti," respondió con una carcajada.
"Bueno, en eso… estoy de acuerdo contigo," gruñí, estrellando mi espalda contra la puerta del granero con Alec a mi lado. "Tampoco sé que ve en mí."
Alec se rio bajito, revisando nuestro camino al refugio antibombas.
Podía escuchar todo lo que se transmitía por el terreno, pero tenía que filtrar lo que escuchaba para captar el progreso de una persona en particular. Mi papá casi tenía a su equipo en los escalones de entrada y el porche trasero de la casa. Sam había removido exitosamente a todos los guardias de la puerta principal y conducía a su equipo—menos Elam—para ayudar a Eleazar con las viviendas. Había más de las que habíamos visto con mi misión de reconocimiento—sin mencionar los hombres ocultos en ellas.
En un ángulo directo desde el refugio antibombas estaba la ametralladora, y dos hombres estaban encargados de ella.
"¡J, esa ametralladora!" Dije con brusquedad, justo cuando disparos deshicieron todo en el porche delantero. Estaban apuntándole a mi papá.
"En ello, Ed," dijo con calma. Cómo nunca entraba en pánico estaba más allá de mi comprensión, pero era malditamente bueno en su trabajo, con una mano firme y la vista de una maldita águila.
El arma giró, siguiendo los pasos de Sam y Felix, solo para girar hacía Alec y a mí. Nos arrojamos al suelo, justo detrás de un pajar, pero el tiroteo paró igual de rápido como empezó.
"Hecho, Ed. Ese nido está vacío," dijo Jasper, "pero tenemos problemas en el piso superior de esa casa y otros viniendo del bosque."
"Mantente atento, J," le ordené. "Cúbrenos. Vamos a entrar a ese bunker."
Alec y yo cruzamos rápidamente la pequeña distancia entre el pajar y un costado del refugio. Podía escuchar como cargaban un arma y la voz de un hombre.
"¡Dije, que cierres la boca!" Gritó, y podría jurar que escuché el seguro del arma.
Me dejé caer al suelo, arrastrándome al borde para mirar hacia abajo por las escaleras. De pie frente a lo que se lucía como una puerta de barrotes de acero estaba un joven prácticamente temblando de miedo. Joder, no podría tener más de diecinueve años. Por lo que podía ver, era el único que estaba allá abajo.
Utilizando señales silenciosas, le dije a Alec que había un hombre, una reja, un arma automática, pero Alec decidió joder con el chico.
"Te superamos en número, amigo," canturreó de manera que hiciera eco por las escaleras. "Sal, y no te lastimaremos."
Diez disparos rápidos pasaron volando cerca de mi cabeza, y le rodé mis ojos a Alec, que estaba sonriendo. "Tal vez se quede sin municiones."
"¡La mataré!" El chico gritó en respuesta. "¡No me importa lo que esa perra y Walter digan!"
"Oh bueno," gruñí, sacudiendo mi cabeza. "Si haces eso, me aseguraré de que estés sentado a la mesa de satanás en menos de treinta segundos."
"¡Edward!" Escuché el eco de la voz de mi esposa subir desde la oscuridad del refugio.
"Bebé, agáchate. Ponte debajo de algo si puedes," le ordené, metiendo la mano en mi mochila por un poco de ayuda extra.
"¡Bien!" Respondió.
"Hijo, te damos una última oportunidad," advirtió Alec, viendo mi mano mientras me preparaba.
"¡No soy tu hijo! ¡Mi papá era un pendejo!" Replicó y rodé los ojos.
"Supongo que eso es algo que le puedes contar a tu terapista, pero considerando que está tan jodido como tú," se rio Alec, sacudiendo la cabeza, "tu suerte es una mierda, amigo."
Sonreí, porque la dulce risita de Bella apenas podía escucharse. Le di vuelta al disco en mi mano. Era una simple, pero jodidamente fantástica arma. Un poco más grande que cincuenta centavos. Era una pequeña bomba destellante. Tenía un disparador de acción retardada, y solo suficiente fuerza para tomar a alguien desprevenido. Podría quemar a alguien, pero principalmente, solo lo cegaba temporalmente.
Presioné el botón con mi pulgar, activándola. La rodé por las escaleras, oyendo el plinc, plinc, plinc en cada escalón.
"¡Bella, prepárate!" Grité, echando a Alec hacia atrás.
Un destello brillante y un ruidoso pum salieron de la estrada, y Alec y yo nos lanzamos por las escaleras, dirigiéndonos hacia los sonidos del chico gimiendo.
"Bebé, ¿estás bien?" Le hablé, asegurándome de que Alec tuviera al chico bajo control.
"Sí," me dijo, su voz un poco amortiguada.
Podía ver que él y yo pensábamos lo mismo, que el chico solo estaba equivocado y malditamente aterrorizado. Con dedos rápidos y ágiles, Alec amarró sus manos y pies, sentándolo en el último escalón.
Metí la mano en mi mochila y saqué un puño de tubos luminosos, encendiendo su opaca luz verde. El puñetero refugio estaba oscuro como la boca de un lobo, y necesitaba ver a Bella. Los arrojé adentro y por fin vi su silueta.
"Mierda, Bella… ¿estás bien?" Le pregunté de nuevo, sujetándome de los barrotes.
"Sí," me dijo, tropezándose con algo a fin de acercarse lo más que podía. "Te daría mi ganzúa, pero al parecer la perdí en el lodo de afuera," murmuró, sonando avergonzada, pero asentí con comprensión, porque de verdad había tratado de escapar.
"Revisa al chico por la llave," le dijo a Alec, pero el tipo ya estaba negando. "¿No tienes la puta llave?" Le pregunté, pero todavía estaba negando. "Bueno, demonios," gruñí, dándome la vuelta. "¡Mick! ¡Te necesito!"
"Voy para allá," me dijo, pero escuché que le preguntaba a Emmett si estaba bien antes de empezar a correr.
Apareció en la parte superior de las escaleras, sacando su kit. Se arrodilló frente a una vieja cerradura, trabajando rápidamente en ella. Alec y Mickey añadieron unos tubos luminosos más a la cuarto, dándonos una mejor vista de lo que estábamos enfrentando.
Una barra estaba asegurada y apuntalando la puerta de la celda de Bella, pero con una fuerte patada mía y de Alec, cayó al suelo de concreto. Mickey hizo su magia con la siguiente cerradura, abriendo la puerta para que Bella pudiera correr hacia mí.
"Edward," dijo con un suspiro, envolviéndome con su cuerpo. La cargué y enterró su rostro en mi cuello.
"Joder, ¿juras que estás bien? ¿No te tocaron?" Verifiqué con un atropellado susurro.
"No, estoy bien," dijo en voz baja, echándose hacia atrás para mirarme. "Ese es un nuevo estilo en ti," bromeó, besando rápidamente mis labios.
"Silencio, dulzura," dije con un resoplido, levantando la vista cuando Alec maldijo.
"¿Qué demonios le pasó a ese tipo?" Preguntó, señalando a la primera celda, donde un enorme cuerpo estaba en un catre.
"Lilith," dijo Bella con desprecio, sacudiendo su cabeza. "Ese es Christopher Douglas… el conductor ebrio que mató a los Greene…"
Hice una mueca, mirando al hombre, pero fue la solitaria lágrima deslizándose por la mejilla de mi esposa lo que llamó mi atención. La limpié y la bajé.
"Toma," le dije, sacando un auricular de mi bolsillo. De mi mochila, le entregué un chaleco kevlar y una cuarenta y cinco. "Necesitarás esta mierda. Todavía tenemos que sacarte de aquí. Estoy seguro que nos sería de utilidad la ayuda extra."
Bella se puso el auricular mientras le ajustaba el chaleco. Revisó la cámara del arma, le quitó el seguro, y me miró esperando la siguiente orden.
En la radio, mi chica preguntó, "¿Me extrañaron chicos?"
Sonreí cuando se escucharon varias voces con un, "¡Bells!"
"Bienvenida, cariño," se rio mi padre. "Buen trabajo, hijo."
Estábamos a punto de decirle gracias, cuando la voz de Eleazar nos atravesó los oídos. "¡Tenemos otra oleada! ¡No sé de dónde vienen, pero se están dispersando!"
Respirando hondo, miré alrededor a Alec, Mickey y Bella. "¿Listos?" Les pregunté. Cuando asintieron, les dije, "Muy bien… vamos a hacer esto…"
(1) El cuchillo Bowie es un cuchillo diseñado por el Coronel Jim Bowie (aventurero y mercenario estadounidense), suele tener una hoja de más de 18 cm y de bastante espesor. Usado principalmente para labores de supervivencia y combate.
¡Mercward en acción! Me encanta verlos actuar como equipo, más que eso son una gran familia y todos se complementan. Bella ya está 'libre' pero todavía siguen en el complejo de Walter y hay trabajo por hacer, veremos como logran salir de esta. ¿Y qué opinan ahora de Lilith? Esa mujer es una asesina despiadada, pobre de Christopher Después de la vida tan difícil que había llevado por el grave error que cometió, muere de esa forma. Estoy segura que ustedes al igual que yo le desean lo peor a esa perra, ¿pero recibirá su merecido? Ya lo veremos. Espero que hayan disfrutado del capi, gracias por sus reviews, recuerden que un gracias y algunas palabras no cuestan nada. Saludos y nos leemos la próxima semana.
