Buenas! Tras casi un año sin actualizar (la Uni ocupa mucho tiempo x.x) y muchos reviews que me han ayudado a no olvidar la historia (gracias :3), os traigo el siguiente capítulo de este fic. Que lo disfrutéis ;)
Disclaimer: Los personajes y la historia original son de J. K. Rowling y mía solo es esta trama.
Superando obstáculos
Se la habían jugado. Un niñato de 18 años le había tendido una trampa y él había caído. Ahora estaba enfrente de su rival, ambos desarmados y en tensión. Lo peor de todo era que su varita la tenía Potter y ahora le estaba apuntando con ella. Apretó aun más la mandíbula y miró de reojo a los adolescentes de la puerta.
-Devuélvemela- exigió con un susurro de voz. Se sentía desnudo sin ella- Es una orden, Potter.
-Lo lamento, profesor- su tono se asemejaba demasiado a la burla como para sentirse cómodo. ¿Cómo se atrevía el mocoso a desafiarle?- Pero es necesario que ambos hablen primero entre los dos y luego con ella.
-Yo no tengo nada de lo que hablar- replicó crispado- No tengo tiempo para estos juegos. Si ella duda es porque no tiene claros sus sentimientos, por lo que no merece la pena hablar nada.
-No digas eso Severus. Ella está confundida, pero no es su culpa, eso no quiere decir que sea menos fuerte lo que siente- intervino Lupin.
-Cállate, estúpido. Pareces un colegial pendiente de tales ilusiones. En el fondo mi posición te beneficia, así que mejor cierra la boca.
-Por supuesto que me beneficia, pero a diferencia de ti pongo por delante sus intereses a los míos y quiero su felicidad.
-¡Oh! Por favor, no vengas haciéndote el santo ahora. Esta situación te gusta igual de poco que a mí- respondió mordaz.
-Claro que no me gusta. No quiero tener ningún rival en esto, y menos a ti. Pero quiero que sea feliz, porque se lo merece y porque ella no ha elegido dividir sus sentimientos voluntariamente- se exasperó Lupin.
Severus respiraba furiosamente, la sangre le martilleaba los oídos y sus uñas le estaban marcando las palmas. No quería escuchar, no quería llegar a descubrir que Lupin tenía razón, por lo que se dio la vuelta y se quedó mirando a la chimenea, intentando tranquilizarse y pensar con frialdad.
La Sala de los Menesteres se había ambientado en una sala de estar de tonos cálidos y con muchos sofás y sillones. La chimenea rústica caldeaba el ambiente y en varias mesitas algo apartadas había una gran cantidad de teteras y jarras con distintos contenidos y bandejas con pastas, postres y aperitivos salados. Todo de su gusto, del de Lupin y del de Granger. De hecho, las paredes eran de un suave tono verde, pero las alfombras y los asientos eran rojizos y dorados. Muy a su pesar, la mezcla le gustaba, pero jamás lo admitiría delante del sensiblero de Lupin. Apretó la mandíbula con desagrado. Realmente quería solucionar aquella situación lo antes posible, pues no le gustaba las que le hacían sentir vulnerable, y últimamente estaba viviendo demasiadas. Pero ponerse de acuerdo con Lupin no entraba en sus planes.
Escuchó a Potter decir que debían hablar antes de que ella regresase y, si no se ponían de acuerdo, la puerta no se abriría y no les devolverían las varitas. Se giró con rapidez para reclamar que le dejaran salir de allí, pero solo le dio tiempo a ver la cara sonriente de los dos leones desvergonzados a través del resquicio de la puerta justo antes de que ésta se cerrase por completo. Soltó un gruñido y observó a Lupin iracundo. El otro se limitó a suspirar y a desplazarse hasta uno de los carritos de té para luego llevarlo y servirlo en la mesita de centro de caoba que había en frente de los sofás.
Entonces el lobo levantó la vista y le miró significativamente. Ninguno de los dos parecía dispuesto a hablar, por lo que Severus decidió que no se lo iba a poner fácil y se limitó a arquear una ceja. Lupin apretó los labios, se pasó la mano por el pelo, alborotándolo, y le miró de nuevo fijamente en lo que, suponía, debía de ser alguna súplica. El pocionista levantó la otra ceja.
-¡Oh por favor Severus!- estalló el profesor de DCAO- ¿Podrías dejar de ser tan absurdo y cabezota?
-¿Absurdo? Esta situación sí que es absurda- contrarrestó el moreno- Dos hombres de mediana edad pendientes de los caprichos de una adolescente. Me parece muy bien que tú quieras perder el tiempo con esto, pero yo no estoy por la labor- añadió con frialdad. A pesar de que había dicho aquello completamente en serio, también era consciente de que había caído en aquel juego por la joven y que no iba a ser capaz de escapar de él, pero eso no lo reconocería nunca.
-¿En serio crees que esto es una tontería? Porque entonces no entiendo por qué te has estado peleando conmigo por ella cada dos por tres- atacó su oponente altivo- Y dudo mucho que solo fuera por pasar el rato porque, tú mismo lo has dicho, tienes mejores cosas en las que perder el tiempo.
El profesor de pociones no respondió, sino que se limitó a mirar la chimenea de nuevo, con las facciones endurecidas por la ira. No quería vivir aquello, pues ya bastante humillación le suponía que Lupin pudiese acercarse a la chica con mayor facilidad que él, como para encima exponerse de esa forma a que ella eligiera al lobo delante de sus narices. No creía que fuese capaz de soportarlo.
-Lupin, si tanto la quieres, es tuya- dijo de pronto con amargura. No había más que pensar, pues sabía como acabaría la situación- Ya tenemos un acuerdo. Hermione es para ti, ahora quiero salir de aquí.
Esperó un segundo en silencio, pero la puerta no se abrió.
-Maldito Potter- pensó con furia- ¿No dijo que nos devolvería las varitas cuando nos pusiésemos de acuerdo? ¿A qué narices está jugando?
-No vas a ninguna parte, Severus- como no, el culpable de que aun permaneciese allí era el dichoso lobo- No me hace gracia compartir a Hermione contigo y es cierto que todo sería mucho más fácil si tú no estuvieras, pero ella tiene sentimientos por ti y lo justo es que le dejes elegir.
-¿Para qué pueda decirme en la cara que te prefiere a ti?- le encaró de pronto- No gracias, no soy tan masoquista.
Lupin le miró entonces con tal intensidad que sintió, con mayor vergüenza todavía, cómo sus orejas se encendían bajo su densa mata de pelo. Supo entonces que no le iba a gustar nada lo que escucharía a continuación y la dificultad por mantener el contacto visual se tornó bastante más seria.
-No eres el único que tiene miedo, Severus- habló Lupin- Yo también temo que Hermione simplemente decida no estar conmigo o con ninguno. No sabemos lo que piensa ni cómo va a reaccionar. Lo único que tenemos claro es que ella quiere huir de sus sentimientos como sea y eso no podemos permitirlo porque nos hace daño a los tres. Nos guste o no, tenemos que colaborar por ella y guiarla.
Genial, ahí estaba. El lobo sentimentaloide echaba de menos la luna y se dedicaba a soltar bombas de cursilerías por todas partes. Y lo peor de todo era que él, Severus Snape, un profesor más frío que las mazmorras en las que vivía, había caído. Maldiciéndose a sí mismo, se dejó llevar por sus pies hasta el sofá frente al tipejo que le había convencido de aquella locura y se sentó cruzándose de brazos.
-¿Y cómo propones que lo hagamos exactamente, príncipe azul?- preguntó con burla, a pesar de que por dentro estaba terriblemente tenso- Porque tú mismo lo has dicho, ella no va a querer aceptar sus sentimientos.
Lupin sonrió con cansancio, aunque Severus pudo encontrar un punto de esperanza en sus ojos amarillentos. El maldito lobo sabía que había logrado convencerlo a pesar de su actitud distante y ello suponía que ahora eran dos para tratar de hacer que la chica les escuchara.
-Propongo que salgamos ambos con ella, por turnos y que ella compare y decida- dictaminó el castaño mirándole con atención.
-Eso la va a dejar muy cansada en ciertos ámbitos, ¿no crees?- la reacción del lobo no se hizo esperar, pues se levantó hecho una furia y con los puños apretados, pero Severus le desestimó con un vago movimiento de mano- No seas ridículo Lupin. ¿Cómo pretendes que nos comportemos cuando estemos pensando constantemente hasta qué punto habrá llegado con el otro?
-¿Y por qué tienes que pensar eso? Cuando esté contigo lo que haga no me incumbe, y lo mismo será para ti.
-Lamento decirte Lupin que dudo poder evitarlo, y no me hace mucha gracia que mi chica pueda estar ciertas situaciones con otro; es una manía mía, quizá soy un poco exagerado, pero no sé- añadió poniendo los ojos en blanco.
-Bueno, pues a mí no me parece natural que ella escoja estando confusa y sin conocer bien a su elección- se defendió el otro alterado- Así que, tenemos esa opción o… formar una pareja de tres.
Esto último lo dijo en un tono más bajo y apartando la vista avergonzado, lo cual Snape agradeció enormemente puesto que se puso como la grana sin darse cuenta. No quería ni imaginarse las actividades que realizaría una pareja de tres, ya que toda situación de ese tipo que incluyera a Lupin le resultaba desastrosa y muy desagradable.
-Eso, ni en broma- susurró con el poco aliento que le había dejado el impacto.
-Hasta donde he escuchado, nunca has tenido ningún problema con la identidad sexual de quien te llevabas a la cama- saltó el otro con gesto despectivo.
-Ni tú tampoco, ni siquiera cuando podían tener pulgas- contraatacó, satisfecho de la expresión tensa que aparecía de repente en su adversario- Pero de cualquier forma, Lupin, digamos que no eres mi tipo.
-¿Y crees que tú el mío sí?- el lobo soltó una carcajada que retumbó por toda la sala- Solo lo he propuesto por Hermione. Pero si te parece mejor, podemos simplemente intentar llevarnos bien por ella y, sí, aconsejarnos y ayudarnos en nuestras respectivas relaciones en vez de ponernos trabas. Hermione nos lo agradecerá- terminó acentuando el tono de su voz al ver la mueca de desagrado en el otro profesor.
Con un resoplido, Severus se levantó del sofá y se puso a dar vueltas por la sala, reflexionando sobre lo que Lupin le había dicho. No le hacía gracia tener que compartirla, pues no estaba acostumbrado a compartir nada, pero le hacía menos gracia todavía la idea del trío que había iluminado como si fuera opio la mente de su colega por décimas de segundo. Si había algo que tenía muy claro era que él no iba a tener una cita con Lupin, o algo más, ni aunque volviera Voldemort y le amenazara de muerte. De hecho, prefería mil veces el retorno del Señor Oscuro a tener que enfrentarse a las dudas de una joven de 18 años y al desarrollo de sus sentimientos. Sin embargo, también era muy consciente de que, en ese momento, tenía las de perder, pues ella era mucho más cercana al lobo que a él y tenía que hacer lo posible por recuperar todo ese terreno que le llevaba ganado. Por tanto, cuando se giró de nuevo ya había decidido. No le hacía gracia, pero no quedaba otra.
-De acuerdo, acepto tú "fantástica" idea de la poligamia, aunque no me haga ninguna gracia- para que quedara claro, se volvió a cruzar de brazos dramáticamente.
-Bien- suspiró el otro adoptando una posición más relajada en su asiento- Ahora a esperar a Hermione. ¿Quieres té?
Pero, antes de que pudiera contestar cualquier bordería que le viniese a la mente, la puerta se abrió de pronto y ambos contuvieron el aliento. Sin embargo, solo se trataba de Potter, que venía a devolverles las varitas y a avisarles de que Hermione llegaría en 10 minutos. Al marcharse de nuevo, Lupin se había olvidado del té y él volvía a mirar la chimenea, a la espera de que la muchacha llegase y poder solucionar aquello lo antes posible.
Se sentía ansioso y, en cierto modo, bastante inquieto porque, aunque había sido Lupin el que había insistido tanto en que era eligiese adecuadamente, no paraba de pensar en que el castaño había pasado más tiempo con ella. Además, él siempre había sido muy cerrado con sus sentimientos y le costaba demostrárselos a otra persona, por mucho que ésta le importara. Sin embargo, puesto que ya había decidido aceptar la nueva situación que empezaba a desarrollarse, también se esforzaría en que Hermione le conociese bien para poder llegar a ser su mejor opción.
Estaba tan inmerso en sus reflexiones, que le sobresaltó el chasquido de la puerta al abrirse de repente por segunda vez aquella tarde, con la diferencia de que en esta ocasión no se trataba de ningún muchacho desgarbado quien iba a aparecer por ahí.
Hermione entró rápidamente sin fijarse en quién estaba dentro. Fue bastante obvio que esperaba encontrar a sus amigos y no a los dos hombres que aguardaban allí. Su primera reacción en cuanto se dio cuenta de lo que ocurría fue darse la vuelta y tratar de salir, pero no pudo hacer más que quedarse pálida al ver cómo Potter convocaba su varita y le cerraba la puerta delante de las narices. Después de eso, Severus se debatió por momentos entre la risa de ver a la joven tan perdida en una escena en la que los libros y la magia no podrían ayudarla y la angustia al darse cuenta de lo mal que lo estaba pasando la chica.
Finalmente, se inclinó por este último sentimiento y se aproximó a Lupin, que ya se había puesto de pie, para demostrarle a la leona que ambos estaban de acuerdo con una misma posición. Ella todavía no se había dado la vuelta y permanecía cabizbaja y con los puños apretados a sus costados, sin querer enfrentar a aquellos a los que llevaba tanto rehuyendo.
Severus miró a Lupin y recibió un seco movimiento de cabeza por respuesta que le indicaba que se acercase a ella, pero no él no creía que fuese lo más adecuado ya que la chica tenía más confianza con el otro profesor. Trató de introducirse en la mente del licántropo para decírselo, pero la única respuesta de éste fue que debía mostrarle a la chica que la última conversación que tuvieron había quedado olvidada. Al principio no entendió de que le hablaba, pero luego recordó la última escena que habían vivido a solas en el parque y comprendió que había sido muy duro con ella.
Por eso, tomó un poco de aire y se adelantó decidido, pero cuidadoso, hacia ella. Miró de nuevo algo nervioso a su compañero cuando estuvo justo detrás de la joven, pero éste se limitó a asentir de nuevo. Entonces inspiró de nuevo en silencio y habló:
-Señ… Hermione, ven por favor. Queremos hablar contigo- intentó sonar lo más dulce que podía, pues lo que menos quería en ese momento era asustarla- Es necesario y lo sabes.
Al principio no obtuvo respuesta, pero luego salió de la chica una voz algo tensa e impersonal que dijo lo que ambos ya se imaginaban:
-No hay nada de qué hablar, profesor Snape. Lamento que mis amigos les hayan hecho perder el tiempo a usted y al profesor Lupin, no volverá a ocurrir.
-No mientas- Severus no se iba a dar por vencido tan fácilmente- Sabes que no podemos obviar lo que ha ocurrido, ni tú ni nosotros- y, dicho esto, la tomó de la mano con una delicadeza que ni él mismo esperaba e hizo que se diera la vuelta.
La muchacha no le miró más que una fracción de segundo antes de apartar la vista, asombrada al principio del gesto del hombre y avergonzada después por sentirse tan débil, pero fue más que suficiente como para que el moreno viera el dolor que latía en sus ojos. Ahora sí que tenía claro que no podían seguir así.
-Ven, Hermione, tenemos que hablar los tres- la guió despacio hacia el sofá en el que les aguardaba Lupin con el té y algunas pastas servidos.
La sentó en medio de ambos y ella se limitó a quedarse muy quieta, mirándose las manos que tenía apoyadas encima de las rodillas. Ni siquiera se había recostado contra el respaldo, sino que permanecía en una posición tan tensa que Severus temió que empezara a temblar en breve. Levantó la vista de la joven al sentir que la mirada angustiada del otro le requería. Ninguno de los sabía muy bien que hacer, pero Severus le indicó a Lupin que era su turno.
-Hermione, me gustaría que escuchases lo que tenemos que decirte- comenzó el licántropo- El prof… Severus y yo hemos estado hablando sobre todo lo que ha pasado estos días y hemos llegado a la conclusión de que no podemos seguir así, porque esta situación nos hace mucho daño a los tres y a ti la primera.
-No tienen porque preocuparse por mí, yo estoy bien y esta conversación no tiene sentido- musitó ella sin despegar los ojos de sus uñas- El profesor Snape ya dejó claro que solo soy una niña y tiene razón. Me he estado informando sobre ello y creo que realmente no los amo a ninguno, solo es un capricho.
-Oh, por favor Hermione. Sabemos perfectamente que no nos amas- resopló Severus. Lupin le dirigió una mirada acusadora por su falta de tacto, pero también logró que la muchacha le observara con atención, contrariada por lo que acababa de escuchar- No nos conoces, por lo que no puedes amarnos, y lo mismo nos pasa a nosotros contigo. Pero sí que tienes sentimientos por nosotros y no encontramos lógico que no los desarrolles cuando son plenamente correspondidos.
Ahora fue el turno de Lupin de sorprenderse por la facilidad con la que había salvado la situación sin dejar de decir la verdad. Severus notó cómo le felicitaba mentalmente y le decía que a él nunca se le hubiera ocurrido que Hermione no supiera diferenciar entre el amor real y simplemente el hecho de que alguien le gustase.
-Claro que no sabe la diferencia. Ha vivido una guerra que le ha mantenido la mente lejos de esos temas y no le ha dado tiempo a experimentar y comparar, lobo idiota- le contestó exasperado.
Pero sus intercambios mentales de impresiones fueron interrumpidos de pronto por la débil voz de la chica, que vibró levemente entre ambos con una réplica que, obviamente, le atormentaba.
-Pero, he estado jugando con los dos y, por mucho que confunda entre el amar y que me guste alguien, nada me da derecho a hacer algo así.
Severus miró a Lupin, éste le devolvió la mirada y la joven gryffindor se limitó a inspirar consternada. Entonces Severus movió ficha.
-Sí, te has equivocado Hermione. No deberías haberlo hecho, puesto que jugaste con nuestros sentimientos y nos diste unas esperanzas que bien podrían haber sido falsas- el pocionista no creía que alguien pudiera encogerse tanto como estaba ella en ese momento. Realmente, parecía una gatita asustada- Pero, has tenido suerte, pues ese par de amigos tuyos vino a hablar con nosotros y nos contó cómo te sientes.
-Y nosotros hemos decidido que no es justo que te niegues el ser feliz y nos lo niegues a uno de los dos por el simple hecho de que estés confundida- intervino Lupin. La chica les miró de hito en hito- Queremos que salgas con los dos durante un tiempo, que aprendas a conocernos y, cuando sea el momento, decidas.
-¿QUÉ? No, no, no. No puedo hacer eso. No sabré mucho del amor, pero estoy segura de que no comprende esto- Hermione saltó del sofá como si le hubieran quemado con una tea.
-Ciertamente no es nada común, pues una relación de amor verdadero supone solo la presencia de dos miembros y ni uno más- dijo Severus con tranquilidad- Pero tú no nos amas todavía y tendrás que conocernos al menos un poco para decidir.
-A ninguno de los dos nos hace gracia- añadió Lupin viendo cómo la joven boqueaba- pero tampoco es justo excluirnos sin contar con tu decisión ni excluirte a tú a ti misma sin contar con la nuestra.
-Pero, ¿cómo haremos para llevar esto? Sí uno quiere hacer planes y el otro se adelanta u os enfrentáis por lo que sea…
-Tú tranquila por eso, que ya lo hemos hablado y lo solucionaremos entre ambos- dijo Severus levantándose y avanzando hacia ella. Tenía algo pensado para terminar de convencerla, y así se lo hizo saber a Lupin para que fuera consciente y obrara en consecuencia- Lo más importante eres tú, Hermione. Eres nuestra prioridad ahora mismo.
Y, nada más terminar de hablar, se inclinó hacia ella para tomar sus labios con dulzura. Sintió que ella se tensaba, pero luego comenzó a corresponderle. Sin embargo, a pesar de que una parte de él sentía necesidad de prolongar ese contacto tras haber pasado tanto tiempo desde la primera vez que se besaron, se dio cuenta de que no podía hacerle eso a Lupin cuando éste había actuado con tanta deportividad al pedirle que no renunciara a ella, por lo que se separó con suavidad.
El licántropo dejó que la respiración de la muchacha se normalizara y que pasaran un par de minutos antes de hacer lo mismo que el moreno. Severus apartó la mirada cuando una punzada de celos le aguijoneó el pecho, pero aguantó el tipo como pudo intentando centrarse en que Lupin había pasado por lo mismo y lo había soportado.
Después de que el segundo beso acabó, ambos la miraron expectantes mientras que ella les observaba aturdida, aún sin creerse lo que acababa de ocurrir. Entonces, lentamente, pareció empezar a asimilarlo.
-Entonces, ¿qué se supone que debemos hacer?- preguntó de pronto. Ya no estaba tan tensa, aunque les seguía mirando completamente perdida. Era obvio que aquel asunto le quedaba grande.
-Tú nada, Hermione- la amable voz de Lupin pareció suponer un punto de referencia para ella, aunque por la cara que puso acto seguido Severus se dio cuenta de que no le gustaba no hacer nada, así que se dispuso a intervenir.
-Por ahora. No te preocupes, estoy seguro de que con el tiempo podrás manejar sola la situación, pero por el momento deja que te guiemos nosotros, ¿vale?- intentó sonar lo más comprensivo posible, pero sin perder la objetividad. Ella tendría que aprender a que la cuidasen.
Por suerte, la chica se mordió el labio y asintió. Los profesores sonrieron aliviados por cómo habían salvado los obstáculos y se acercaron de nuevo a ella para, en el caso de Lupin, abrazarla y, en el de Severus, tomarla de la mano entrelazando sus dedos. El moreno sabía que no sería fácil lo que se les venía encima, que tendrían que ponerse de acuerdo y poner normas básicas para la convivencia y para que nadie les pillara, pero tenía la esperanza de que no resultara tan complicado ahora que habían superado la mayor prueba: aceptarse.
Bueno, no tengo mucho más que añadir, aparte de mis ya conocidas disculpas por no actualizar debido, en gran medida, por mis estudios^^'' En fin, espero que os haya gustado aunque sea solo un poquito y si queréis dejar un review, por pequeñito que sea, que sepáis que me hacen mucha ilusión y me animan a continuar :3 Un saludo y muchos besos (que en estos tiempos se necesitan).
Aqua Ootori
