El viento barrio las hojas que caían silenciosamente de los arboles, el sol caía lentamente sobre el horizonte coloreando la imagen del castillo. De repente una voz se escucho en el bosque encantado.
-¡!Sophie corre!-
3 Sophie palpo las hojas secas debajo de su mano, buscando a tientas su varita que en el empujón de su amigo había volado de su mano. Levanto la cabeza del suelo, incorporándose trato de divisar algo, pero los nervios no la dejaban pensar con claridad. El grito de su compañero la hizo voltear y detenerse en la imagen que se desarrollaba escasos pasos de donde se encontraba.
Severus estaba sobre sus espaldas en el suelo, su capa negra se confundía con el animal que ferozmente buscaba su cuello.
Sophie sentía el corazón como un tambor africano dentro de su pecho, cerró los ojos y se concentró.
-¡Accio Varita!-
Su varita llego a su mano, mientras la dirigía hacia el animal, apretó los dedos y se concentró.
¡Desmaius!- El perro salió volando por el aire, mientras ella corría hacia Severus.
-Estas bien?-pregunto jadeando La imagen del hombre que estaba en el suelo no era alentadora, sangre manaba de su mano derecha, filosos dientes le habían desgarrado parte de su túnica y varios rasguños se adivinaban en su cuello y mejilla izquierda. Severus no parecía poner atención a esto, fijo sus ojos en ella mientras se levantaba del suelo.
-¡Te dije que corrieras!- le grito dirigiendo una mirada reprobatoria a la joven que tenía en frente.
Ella no pareció haberse dado por aludida, mientras le alcanzaba su varita, que en el forcejeo se había caído al suelo. De pronto un rayo de luz roja asesto en el tórax de su amigo, quien voló por los aires, un segundo más tarde su cabeza golpeaba una gran roca que yacía en el suelo.
Sophie tomo conciencia entonces de que se había olvidado de la bestia por el miedo a que él estuviera herido.
Al momento de intentar hacer otro hechizo la varita salió volando de sus dedos.
No pudo moverse, comprendió que no era un animal salvaje lo que los había atacado.
Un hombre se acercaba a ella, apuntándola con su varita, Sophie resoplo.
-Que quieres Black?- le grito con una voz que tenía algo de navaja de afeitar.
Sirius Black se acerco a ella, temblando de rabia intento serenarse, dominando el temblor de sus manos, saco la voz que necesitaba en aquel momento.
-¿Qué haces con él? ¡¿Dime porque estás sola con esa bola de pelo grasiento?- las palabras salían serenas, pero se podía adivinar la cantidad de odio que había en ellas.
-Eso no es de tu incumbencia, ahora vete por favor!- Sophie trato de calmarse, reuniendo la concentración necesaria para poder recuperar su varita. Tres metros más allá Severus intentaba sin éxito liberarse del letargo producido por el golpe en la cabeza y la maldición.
-Slytherin es un nido de culebras ponzoñosas, todos sueñan con ser Mortífagos, la diferencia es que "amigo" aquí presente no tiene que soñar, el es un Mortífago, y se salvo por un pelo de pasar el resto de su miserable vida en Azkaban.
-Te lo voy a pedir una vez más Black, lárgate!- Sophie reunió las fuerzas y coloco su mano derecha detrás de su espalda, mientras su varita volaba hacia su mano, pero su atacante estaba tan ocupado con lo que tenía que decir que no se dio cuenta.
-Tu niña tonta, con tu fascinación sin sentido por esas víboras venenosas, todos son malvados, hasta mi hermanito era un asesino lamebotas de tu sabes quién.
Una fuerza enorme, peligrosamente regulada arranco a Sirius del suelo, suspendiéndolo en el aire, el hombre del cabello castaño y ojos grises no comprendía lo que sucedía, no podía moverse, ni hablar. Hubiera esperado algo así de parte de Snape, pero este se encontraba de rodillas en la tierra tratando de incorporarse lentamente hacia la mujer, y era esta la que tenía su varita levantada hacia él.
Las lágrimas corrían por el rostro de Sophie Smirnov, y una mirada de odio y resentimiento hacían gala en ella, acerco a Sirius levitando muy cerca de su cara, inmóvil, le susurro con voz ronca todo el peso de su desprecio.
-Jamás en tu vida te atrevas a mencionar el nombre de Regulus, tú no eres ni la mitad del hombre que él era, que supo ser. Ahora lárgate o te mostrare una prueba de la magia negra que nos enseñan en Durmstrang.
Con un movimiento dejó caer a Sirius sobre la tierra, mientras avanzaba hacia Severus que parecía algo aturdido. Lo miro a los ojos para preguntarle si estaba bien, tras un asentimiento, ambos tomaron su camino entre los árboles.
Sirius Black se quedo solo, la oscuridad caía sobre el bosque, viendo como las dos figuras se alejaban alcanzo a gritar.
-¡Estas cavando tu propia tumba Sophie, todo lo tiñen de desgracia, todo!
Sophie lo escucho pero no volvió la mirada, ocupada en dominar las lágrimas que salían de sus ojos, se apresuraron a llegar al castillo.
La noche caía sobre Hogwarts, los estudiantes de extranjeros se encontraban en sus respectivas naves mientras que los del castillo se habían retirado a sus salas comunes. Un par de pasos se dirigían por la escalinata cerca del sauce boxeador. Estaba oscuro pero la luz proveniente de la casa de Hagrid alumbraba lo suficiente para que Sophie y Severus vieran sus pies. Ninguno de los dos se había dado cuenta del silencio del otro, inmersos en sus propios pensamientos. Sophie había dejado de llorar, avergonzada de ese desplante de sentimentalismo delante de su antiguo compañero de juegos, enjugo sus lágrimas mientras se sentaba en un escalón de piedra.
La mujer tomo la mano de su amigo, examinando las heridas que tenia, varios dedos rotos y una hinchazón que ya se hacía notable.
-No es necesario que hagas eso- dijo él retirando su mano abruptamente de entre las de ella, con un tono visiblemente enojado.
-No te hagas el valiente, dame tu mano ahora, solo será un segundo-dijo ella
Con un gesto de impaciencia, Severus volteo los ojos y resoplo, vencido ante la insistencia ella.
Sophie saco su varita, mientras apuntaba a los tres últimos dedos de la mano izquiera de su amigo-Episkey!.
El dejo escapar un quejido ronco, mientras ella sonreía por su expresión.
-Vamos de vuelta, tenemos que sumergir tu mano en díctamo-
-No! Antes quiero que me digas porque no corriste cuando te pedí que lo hicieras.-
-Tenemos que curar tu mano Sev, y no tengo ánimos para discutir lo que paso-
-Por favor quiero que me digas hoy, ahora, porque no tomaste mi consejo, fue algo muy estúpido lo que hiciste hoy, si hubiese sido un hombre lobo….
-Pero no fue, aunque aun no puedo creer que se atreviera a atacarte, casi te mata.
-No sería la primera vez que hace algo así-
-Como? Ya esto había pasado antes?-
-No me cambies el tema Sophie, No fue muy inteligente de tu parte quedarte ahí-
- Ya que insistes tanto en recibir una respuesta te la daré: ¡no te iba a dejar solo! ¿Contento? Ahora vamos al castillo, se te puede infectar.
-Sophie?- De pronto sus ojos dejaron a la mujer para vagar por el bosque prohibido
-Si?
-Crees en lo que Black te dijo sobre los Slytherins?
Ella medito un momento, preguntándose porque de pronto Severus había pasado de molesto a pensativo.
-Claro que no, es obvio que lo que dice es mentira, ahora vámonos que tengo frio y mucha hambre.
Ambos caminaron de vuelta al castillo
