De nuevo muchas gracias a todos los que habéis comentado la historia y la estáis siguiendo o marcado como favorita. Muchas, muchas gracias, me alegro que os está gustando de momento la historia. En todo caso, si deseáis tirarme algún tomatazo o pimentazo, estoy a vuestra total disposición.
Los distintos personajes, historias etc.. pertenecen a sus dueños legales Sir Arthur Doyle,a la BBC, Moffat y Gattis..., sólo me he limitado a cogerles un rato prestados y jugar un poco con ellos, sin ningún ánimo de lucro.
Esta historia es un UA, por lo que algunos personajes serán totalmente fuera de canon ( o todos seamos sinceros, sniff¡), pero voy a hacer mi mejor esfuerzo para que sean reconocibles.
Capítulo 10: El monstruo detrás del armario
...
221B, Baker Street, Londres. Siete meses después de la muerte de Moriarty.
La noche ya había visto consumirse más de la mitad de las horas que la componía, aunque parecía querer alargar su tiempo, y seguir cubriendo Londres con su manto de oscuridad más allá de él. Baker Street permanecía en silencio, pero era inusual que no pasase ningún peatón en busca de su hogar o a iniciar su jornada laboral, o un coche noctámbulo con su motor rompiendo el silencio nocturno que parecía llenarlo todo, ahogando los sonidos, como la típica calle londinense que era, sin embargo la vida parecía haber desaparecido de sus aceras y calzada. No, esa noche parecía ideal para velar las armas antes de una batalla, recordando pasado y presente y deseando un futuro distinto del que parecía que iban a tener que afrontar en el día por nacer en breve.
Sherlock estaba sentado en el sofá de la sala del 221B, con los ojos cerrados, a pesar de la tenue luz que solo daba una lámpara de pie encendida en una de las esquinas de la habitación, repasando la información que poseía del caso que parecía ocupar todos los aspectos de su vida en esos momentos. El único caso que respondía más que a una motivación de superación intelectual y mental a una superación personal y humana, al deseo de proteger lo que amaba de los peligros que parecían acechar en las sombras.
Los núcleos de datos pasaban por su cerebro, que se encontraba catalogando y filtrando sin cesar, depurando todos los conocimientos de los que disponía, incluso aquellos que de manera inconsciente habían enraizado en su córtex cerebral y podían ser la solución del misterio al que se enfrentaba.
Inmerso en su Palacio Mental parecía una estatua de cera, pero aún así sintió el ligero aroma, dulce pero con el suficiente picante para hacer promesas vibrantes y llenas de sugerencias en el aire, de la mujer. Sintió el cambio de atmósfera cuando se situó delante de él, su suave respiración mientras se inclinaba hacia su cuerpo sentado hierático e inhalaba a su vez su aroma masculino, sin duda, buscando huellas de excitación o anhelo en él.
- ¿No vas a abrir los ojos, mi querido Sherlock? Me gustaría ver cómo me miras directamente a los míos, analizándome en cada parte que me conforma. Has estado muy ocupado diseccionándome y tratando de desenterrar todos mis secretos, pero siempre mirando desde la distancia. ¿Has visto algo que te gustaba? ¿Algo qué deseabas poseer? ¿Qué fuera tuyo? Dicen que soy la mejor maestra de todos a la hora de dar placer y dolor, te lo puedo demostrar si lo deseas. – Ronroneó con su voz aterciopelada, con ese acento que la hacía tan distinguible, tan sensual, en medio del más comedido británico. Así que el juego iba a ir en ese sentido, aburrido.
- ¿Debería? ¿Me sorprendería algo de lo que tienes que ofrecer, María? ¿O debería llamarte mejor Irene a partir de ahora? ¿Cuál es tu verdadero nombre o los dos son simplemente falsos? ¿O tal vez prefieres Morgana?, como te llamaba Moriarty en sus ensoñaciones. ¿Quién eres en realidad?
La mujer se rió, mientras se encaramaba sobre sus rodillas, frotando ligeramente su cuerpo desnudo incitadoramente contra el vestido del hombre, que permanecía sentado apaciblemente bajo ella, con los ojos todavía cerrados, como si fuera lo más normal para él vivir situaciones así. Tal vez lo era, o tal vez que tenía otros cuatro sentidos para poder observar, contra una maestra del disfraz y del engaño como Irene, todos serían necesarios, incluso la vista cuando el resto le proporcionasen datos viables suficientes. La suave aspersión de su nariz junto a su oreja derecha, sin embargo, le sobresaltó y más cuando fue seguida por una lengua traviesa que trató de despertarle mientras le acariciaba el cuello con su punta y usaba su cuerpo entero sutilmente en la manera de moverse contra el suyo para llamarle, sin duda su mejor arma una vez desenfundada, para terminar de provocarle. Un ataque frontal y directo, su anterior visita la tenía que haber descolocado lo suficiente, para haber optado por él, en vez de la sutileza y astucia que parecía favorecer habitualmente en su manera de actuar.
- Siempre tan listo, tan observador, mi pequeño detective curioso. Y dime, responde tú a mi propia curiosidad: ¿Cuándo te distes cuenta de quién era? ¿O sólo ahora has llegado hasta la solución?
- Son siempre los pequeños detalles los que nos hacen caer, los que desvelan lo que queremos que permanezca oculto a los ojos de quienes nos rodean. – Irene había abandonado totalmente ya el papel de niñera por el de mujer fatal¸ papel que dominaba. Jugaba y hacía suplicar a los pobres incautos que capturaba en sus redes de seda y cuero, la dominatrix que hacía enloquecer a los que caían bajo su influencia, pero también era un rol que interpretaba, más asumido que el anterior, pero una simple capa más. Red tras red, como una copia en diminuto de las que fabricaba Moriarty. - Era obvio para quién de verdad observase, que eras algo más de lo que querías aparentar ser y era mucha casualidad que alguien de tus cualificaciones tan excelentes fuese ofrecida para cuidar de John casi de una manera tan fortuita en el tiempo cómo cuando la íbamos a necesitar nosotros. En mi línea de trabajo, no existe nada casual, todo tiene al final una razón de ser.
- ¡Uhmmm!- La mujer se sentó recta sobre él, observándole atentamente. Fue casi durante un microsegundo, pero Sherlock sonrió al sentir como se estremecía, cuando sus manos empezaron a acariciar suavemente su cuerpo, empezando desde sus caderas, subiendo por todo su torso, hasta acabar en su cabello donde empezó a jugar con un mechón retorciéndolo como un tirabuzón, acariciando a su vez la suave piel de debajo de la oreja. Todavía no quería perderla, debía almacenar más datos, más debilidades y fortalezas.
- Pero lo que de verdad te ha descubierto es el sentimiento. Siempre es la piedra de toque donde todos fracasan. El sentimiento, tonto e inútil sentimiento…- Sherlock arrastró el sonido de la palabra, como si sólo su sonido lo hiciese contagioso de una enfermedad horrible.- No dudó que en la nómina de Moriarty habría muchas mujeres que poseían tus mismas capacidades y talentos, pero sólo una que no viese todo éste asunto como una simple transacción de negocios más. Sólo Irene Adler tenía razones para erizarse hoy ante el profesor Magnussen, como una gata protegiendo a su cría. Sólo Irene Adler mostraría devoción hacia el hijo de Moriarty, hasta el punto de meterse en la boca del lobo para poder llegar a él.
- Muy listo, señor Holmes. Y yo pensé que era una conexión más profunda entre nosotros la que habíamos forjado estos meses, la que le había hecho ver detrás del pelo rubio, las lentes y la imagen de la perfecta niñera.
Sherlock se rió y le agarró suavemente de la muñeca, su gesto, aunque a primera vista parecía muy sensual, cargado de erotismo con la suave caricia de su pulgar sobre la piel nacarada de la mujer, algo en la manera del agarre del detective parecía más como un grillete de metal que se cerraba sobre la delicada articulación si se observaba en vez de ver simplemente. Los ojos oscuros de Irene se entrecerraron mientras observaba los grises, como si sólo entonces se diera cuenta de la trampa en la que había metido, como un pájaro al sentir cerrarse la jaula detrás suyo.
- Mi querida Irene, aunque has conseguido atraer lo suficiente mi atención tratando de resolver quién eras, eliminada la premisa de tu supuesta muerte ya no hay misterio alguno en ti, sólo conservas el atractivo de una mente que brilla un poco más que la media. Pero de esas, querida, hay bastantes como tú como para ser única y especial.
- ¿Nada más? ¿Sin embargo, acaso no hay un hombre de sangre caliente debajo de tanta frialdad, detrás de la mente? ¿No deseas saber lo qué puedo ofrecer?- A pesar de la fina ironía presente en la voz de la mujer, la incertidumbre bullía en el fondo, escondida pero presente. El general que ve planteado el esquema de una batalla que cree ganar fracasar en los primeros envites y todavía busca una salida para lograr su victoria.
Sherlock sonrió con frialdad, mientras su mano recorría de nuevo la cadera de la mujer y se entretenía en el pequeño tatuaje negro que rompía la delicada piel de porcelana en el hueso del lado derecho. Lo repaso con cuidado con el dedo índice, y lo dejó pasar, para centrar de nuevo en exclusiva su atención a los ojos oscuros, leyendo sin dificultad sus secretos ya desvelados en su totalidad a sus ojos siempre atentos. No le mentía cuando le decía que había perdido su atractivo para él, que nada quedaba ya de su anterior halo de misterio.
- El problema, Irene, es que me ofreces lo que tú deseas para ti, ya no como un trabajo para conseguir un fin, si no como resultado de tu propia fascinación hacia mí, que supera incluso tus propias preferencias personales. Tu pulso, tus pupilas dilatadas, el pequeño movimiento de las aletas de tu nariz, todo me dice que tu atracción te ha hecho cruzar el límite del trabajo al sentimiento. Ya no soy el objetivo de tu seducción si no tu anhelo, y eso, mi querida Irene hace que pierdas las bazas que creías tener en tu poder para poder controlarme.
La joven se levantó violentamente de las rodillas del hombre y se tapó con la bata que había posado en el brazo del sofá, mientras le miraba con más emoción de lo habitual, aunque trató de encubrir lo que sentía recuperando su compostura lo más rápidamente que pudo. El detective no dudaba que le había hecho daño con su rechazo, pero había sido su error, no el suyo, caer en las redes que le gustaba tejer. Ese sentimiento debía desaparecer antes de crecer más allá, ya que sólo debían tener un objetivo claro, y sólo les entorpecería si la mujer se dejaba llevar por esperanzas infundadas. Sólo podían tener en mente a una persona, y era el niño que dormía arriba plácidamente en esos instantes. Podría haber sido úti,l incluso divertido, en otro momento o lugar, pero Irene tenía que mantener su mente limpia para ser el instrumento que necesitaba que fuera. El instrumento que Jim había forjado hace años para cumplir la única tarea verdaderamente importante llegados esos momentos: proteger a John.
- Aclarado esto y qué los dos tenemos claro quién eres en realidad, sólo falta qué me digas quién es Magnussen y porque le temes, porque Moriarty mismo le temía. Supongo que su visita es lo que ha motivado toda esta actuación. Parece un simple profesor preocupado por su trabajo de investigación a simple vista, la imagen que nos quiere vender. Pero a la vez es demasiado frío y controlado, consciente de todo lo que hay en su entorno para que esa sea toda la realidad.
Irene se sentó en el lado opuesto del sofá, con las piernas cruzadas, y le observó, las emociones que bailaban anteriormente suprimidas de sus ojos, tratando de ser impenetrable. Pero aún visible cierto dolor en ellos, hasta el instante que se encontraron con una foto de John jugando en el parque y se cubrieron de determinación. El sentimiento, tan debilitante pero a la vez tal fuerza motivadora para las personas, pensó con ironía para sí Sherlock.
- ¿No sabes quién es, contra quién te enfrentas en estos momentos, verdad? El gran Sherlock Holmes no sabe algo, debería mandar una nota a la prensa anunciando tal portento de la naturaleza. – Se rió suavemente ante el gesto de contrariedad que Sherlock no pudo dejar escapar ante la crítica de sus palabras.- Siempre ha estado allí Magnussen. Jim era un maestro en tejer redes y hacer bailar a los títeres, pero siempre con un foco pendiente de él, como una figura melodramática que se ve en el fondo del escenario brillar en medio de las sombras durante las actuaciones dramáticas. Magnussen vive en la oscuridad total, en cambio, no necesita luz para subsistir y nutrirse de los miedos y las bajezas de la humanidad. Sólo se arrastra fuera cuando su premio es lo suficientemente jugoso para merecer el esfuerzo de hacerlo. Es el monstruo de pesadilla que vive detrás del armario, que respira debajo de la cama, pero que lo devora todo sin dejar nada detrás de él. Es el monstruo que crea a otros monstruos para nutrirse del daño que provocan.
- ¿Le respetas? No es muy distinto a tus juegos de poder con la gente que caía en tu poder. – Sherlock intercaló una pregunta, mientras se preguntaba si todos los villanos y malvados con los que se encontraba tenían un gusto por ser melodramáticos y contar hermosos cuentos de hadas. Una voz en el fondo de su mente, parecida lamentablemente a Mycroft, le recordó que a él mismo no le faltaban sus dosis de histrionismo.
- ¿Respeto? No, nunca. Le temó, eso sí, incluso podría decir que le odio por todo lo que representa, a pesar de que, como tú dices mi línea de trabajo se puede comparar a la suya. Aunque desde luego, te puedo asegurar, qué no soy como Magnussen. Tu mismo lo has dicho, su imperio se trata del poder y el control, de dominación a través de una serie de datos sobre unas determinadas personas claves en todo mundo, para tener acceso a la información que desea y moverla a su gusto. No necesita una red de criminales para subsistir, lo que le permite una mayor capacidad de invisibilidad a ojos de gente como tu hermano, y aún así su mano llega muy lejos, más de lo que te puedas imaginar.
Sherlock había apoyado los codos en las rodillas y llevado las palmas hacia su cara, en un símil de gesto de plegaria, la postura habitual en él cuando quería asimilar lo que escuchaba de sus interlocutores. Absorbía cada palabra de la mujer, cada gesto, estaba seguro que era sincera en sus palabras y en el juicio que estaba emitiendo, aunque sabía que estaba omitiendo cosas en su beneficio o en el de alguien más. Posiblemente Moriarty, de alguna manera la mujer le seguía siendo fiel. Pero había demasiadas piezas sueltas para ver todo el tablero de juego, las motivaciones que movían a los jugadores, lo que les había llevado a los últimos movimientos.
- Si no le hace falta salir a la luz ¿por qué lo ha hecho? ¿Por qué desea el control del Imperio de Moriarty? Si no necesita los restos ¿qué busca en realidad? Debe ser lo suficientemente importante para cambiar su modus operantis habitual.
- El núcleo de todo, la verdadera clave desde dónde Jim había levantado todo el edificio de su organización. ¿De verdad crees qué habéis llegado a él? ¿A lo qué verdaderamente convirtió a Jim de un simple psicópata más a un genio criminal qué dominaba una vasta red? – Irene volvió a reírse, pero era un sonido sin humor, lleno de nubes tristeza y resignación. El estudio de las emociones de la mujer debería ser hecho más tarde, algo picaba para llamar su atención.- Es lo que busca el profesor, lo que le puede dar el control total sobre todos nosotros. Lo que siempre ha buscado, la capacidad de subyugar, de dominar, de aplastar. Y si el premio incluye la destrucción de la obra de Jim, es un premio añadido para su diversión.
- Enemigos mortales haces que suenen que eran. – Esa información parecía ser correcta cotejándola con los datos de los que disponía anteriormente. Pero se daba cuenta de nuevo de los vacíos existentes en la declaración de Irene, no más María en esos momentos.
- Declarados, desde hace años. Los dos jugando su canción uno entorno al otro, buscando como hacerse con el poder de su adversario, hacerle caer de rodillas y provocarle el mayor dolor posible.
- Me extraña que Jim no hubiese buscado su caída hasta lograrlo, como busco la de mi hermano y la mía. No era una persona que dejase sobrevivir a los que le desafiasen.
- Poder, conocimiento, control. Incluso él tenía cosas que esconder e ir directamente contra Magnussen hubiera significado una guerra en dos frentes demasiado amplios, que sólo hubieran sangrado su imperio hasta hacerle desmoronar y hundirse en cenizas. Tú lo sabes muy bien, Jim lo veía todo como un amplio campo de batalla, donde cada hilo se apoya en el anterior hasta formar una urdidumbre que lo cubría todo. Al final, fue el tener dos frentes de lucha, como se temía que sucedería, lo que le llevó a su final. Debería haber sabido que Magnussen le atacaría hasta destruirle cuando viese sus esfuerzos centrados en vosotros, relajando su vigilancia sobre él.
- ¿Y qué tenía que esconder Jim? ¿Qué elemento de control en su poder que quisiese para sí lograr Magnussen? – Se preguntó en voz alta Sherlock, ahí se encontraba el elemento difuso que lo encadenaba todo y parecía reacio a mostrársele.
- Eso sólo podría habértelo contestado él, eran sus secretos y sabía guardarlos bien de ojos curiosos. – Irene se limitó a encogerse de hombros.
- Pero tú sabes demasiado, más de lo qué deberías conocer. – El detective la confrontó, dispuesto a tratar de socavar aún más sus defensas aunque era consciente que la mujer no le diría más de lo que creyese necesario, pero había dejado ver su mano y que en el fondo era vulnerable a dejar escapar conocimientos, tal vez innecesarios en ese momento, pero claves en el futuro. También sabía que ella conocía la información que estaba dando, tal vez buscando su confianza.
- Jim y yo nos conocimos muy jóvenes y aliamos fuerzas contra los enemigos que teníamos en esos momentos. Fue una alianza de supervivencia, lo suficiente para conocer algunos datos uno del otro, pero nada que fuese más profundo. Jim ya entonces movía las piezas como un maestro de títeres y yo no era más que otro, tal vez mejor situado que los demás, pero un simple instrumento en sus planes.
- ¿El enemigo de Jim ya era Magnussen en esa época? Por lo que dices, parece ser así.
- Siempre lo fue, los dos querían el control y los dos eran lo suficientes fuertes para conseguirlo y luchar por él. En algún momento, incluso parecía como si el profesor viese a Jim como un alumno díscolo que se había escapado a su control y al que fuese necesario castigar.
- Control, venganza, una historia de las de antes con dos villanos enfrentados por hacerse con el poder. Sólo hay que encontrar antes que el profesor lo que busca con tanto ahincó. ¿Es lo qué me tratas de decir? ¿O hay algo más que debería saber?
Irene se mordió los labios, y Sherlock observó la lucha de la mujer para decidirse a hablar. La mirada que dirigió hacia las escaleras, en dirección a la habitación de John le alertó de hacía donde se iba a dirigir la conversación. Cerró su mente al ligero estremecimiento de preocupación que sintió su corazón. Datos, alejamiento, distancia era lo que necesitaba si quería saber y ganar. Debía ganar.
- Temo que ya no sea lo único que quiera, que haya descubierto otro premio que desee lograr para sí. Algo que Jim había logrado ocultarle hasta estos momentos a sus ojos siempre atentos. Algo que sabía que incitaría el apetito de Magnussen. – El ligero temblor de su voz al expresar su preocupación le dijo que era genuina, que era lo que la había motivado a exponerse directamente en el juego, y más para hacerlo de una manera tan burda. – Su hijo, a John.
- ¿John? ¿Qué puede querer de él? Nada, salvo que piense que Jim le dio las claves de lo que busca, qué sepa lo busca y dónde encontrarlo. Pero dudó que Jim hubiese puesto en peligro a su hijo de una manera tan obvia e innecesaria. Y más si tienes razón y temía a Magnussen, con más razón hubiese evitado que John estuviera cerca de lo que busca.
- Poder, control de nuevo, una herramienta para conseguirlos. Toda la vida de Magnussen ha girado en conseguirlos, en obtener las herramientas que posibiliten esa obtención. – Irene se calló unos instantes, con la mente en otro lugar, antes de continuar hablando. Sherlock vio la lucha por poner en voz alta los motivos de su preocupación.- ¿Qué ves cuándo miras a John? ¿Un niño brillante, dulce, cariñoso al qué es difícil no amar? ¿A un niño con un abanico de posibilidades delante de él en su futuro? ¿Ves un científico, un poeta, un artista en ciernes? ¿Ves al niño qué has llamado tu hijo y al qué quieres cuidar y proteger? Magnussen no ve nada de eso cuando fija su mirada en él. Ve un instrumento, un arma que bien forjada puede ser la clave para conseguir aún más de lo que ambiciona, y su venganza última contra Jim, desde luego, al hacerse con su hijo. Su sonrisa hoy a verle era la de una hiena al ver su presa.
- ¿Qué?- Sherlock no pudo evitar la confusión por las palabras de Irene, pero los distintos escenarios que se abrían ante él no eran nada halagüeños.
- John no es cómo Jim, como Mycroft o cómo tú mismo. Desde luego, no tiene vuestra mente maravillosa, vuestras capacidades a la hora de utilizarla y de mover las piezas de lo que os rodea. Nunca verá el mundo como lo veis vosotros. Pero está lo suficientemente cerca, es lo bastantemente brillante por sí mismo para ser acondicionado en un instrumento de manipulación y control listo para servir a los propósitos de quién lo maneje.
Irene centró sus ojos oscuros de nuevo en Sherlock y trató de hacerle ver la situación al hombre. No le hacía falta, lo había vivido de niño, de adolescente, cuando le habían empujado para ser no lo que quería ser él, si no lo que quienes le rodeaban deseaban que fuera, como querían que fuese sólo una pieza de su juego. Sólo su propia naturaleza rebelde, y el apoyo de Mycroft, que también se había rebelado, aunque de una manera más silenciosa pero letal, le habían permitido ser libre al final. Aunque el camino nunca había sido fácil para lograrlo, demasiadas caídas y recaídas por el medio, hasta llegar a ser la persona que era en esos momentos. Pero lo que estaba insinuando Irene iba más allá del egoísmo de unos padres que querían sacar provecho de las habilidades de sus hijos. Frunció los labios y se centró de nuevo en las palabras de la mujer, a pesar de la ira que empezaba a crecer en su interior, dominándolo.
- Piensa en lo que sois capaces de hacer, en los datos y conocimientos que manejáis, mira el trabajo de tu hermano tejiendo a través de la política no sólo de Inglaterra, si no del mundo entero. A Jim y a ti, moviéndoos por el mundo criminal, en distintos lados, pero los dos comprendiendo sus profundidades y usándolas en vuestro provecho. Pero la base de lo que sois, de lo que os mueve, se encuentra en vuestra infancia. Fue allí dónde os dieron lo que sería el cimiento de vuestra ética, de vuestra moral, la que os hace ser lo que sois y luchar por vuestras causas ahora como adultos.
- ¿Crees que Magnussen acondicionaría, lavaría el cerebro de John para convertirle en lo qué él desee? ¿Qué puede ganar con ello? – Veía lo que trataba de decirle Irene, pero no lo quería creer, incluso él, en sus momentos más desapegados de la raza humana había tenido unos límites de actuación y pensamiento. Desde luego nunca hubiese dañado a un ser inocente.
- Estamos en un mundo donde todo está sujeto a datos: la información, la política, internet, la economía. Encuentra un niño con una mente brillante, alejada de la media, y edúcale desde pequeño para leerlos y manipularlos en tu provecho. Hazle olvidar el amor y la diferencia entre el bien y el mal y tendrás un arma perfecta entre manos, capaz de hacer temblar los cimientos del mundo que nos rodea. Desde luego sería mejor si contará con vuestras características, pero sois excepcionales, y cómo habéis demostrado muy poco manipulables cuando alcanzáis vuestro pleno potencial. John se encuentra en el arco de lo que busca Magnussen, tal vez en el lado inferior, pero, tal vez esa misma desventaja sea lo que le haga más adecuado al acondicionamiento que vosotros. Y algunos aspectos de su propia personalidad pueden ser usados en esa tarea: su propia capacidad de manipulación, que aunque sepa que existe no tenga claro la línea entre lo que está bien y mal, la propia capacidad de empatía puede convertirse en algo oscuro si se pervierte lo suficiente…
- Parece algo sacado de una mala película de ciencia ficción, cuesta imaginarse a ese profesor de matemáticas de Oxford con esas ideas. – Se burló el detective, aunque de una manera escalofriante se daba cuenta de las implicaciones reales de lo que estaba escuchando.
- Más que de una película de ciencia ficción de las fantasías del Tercer Reich.- Sherlock alzó la ceja ante ese nuevo dato, Irene sonrió, segura de haberle descolocado con esa información antes de seguir hablando.- Magnussen era hijo de un oficial alemán, Franz Conrad von Hötzendorf, un científico totalmente consagrado a los ideales que defendía el régimen nazi. Conrad huyó a Dinamarca acabada la guerra y logró tener los contactos suficientes para evitar ser detenido y juzgado por sus crímenes de guerra, y cambio su nombre a Jan Magnussen. De su padre, sin duda, nuestro buen profesor aprendió la conveniencia de un buen chantaje para lograr sus objetivos. Creía en la idea de poder crear al ser humano perfecto, de potenciar su mente y su cuerpo, para hacerles la máquina perfecta. Trabajo en el acondicionamiento de niños para "mejorarles" hasta casi el final del conflicto mundial. Al huir debió de llevarse los resultados de sus experimentos, ya que nunca se encontraron.
- Y Magnussen recogió el relevo en sus investigaciones. – Finalizó Sherlock lo que estaba diciendo Irene, con el ceño fruncido, más sueños corrompidos de un régimen megalómano.
- Hasta dónde pude averiguar así fue. Pero no pude obtener más información sin caer en su radar y era algo que no deseaba entonces, conociendo lo que sabía del hombre que llegase a interesarse en mí o en mis negocios.
- Puede ser posible que sean las intenciones del profesor, pero te puedo asegurar que si eso forma parte de sus planes le va a costar realizarlos. No volverá a estar más cerca de John que lo que ha estado hoy.
- No subestimes a Magnussen, no podrá ser tan inteligente como vosotros, como tú, pero desde luego es brillante y tiene algo que lo hace mortífero. Jim es el ejemplo más evidente, y es que es muy astuto, sabe mover las piezas de las que dispone con total letalidad en contra de sus adversarios. Y generalmente permanecen invisibles hasta que hace su movimiento, no puedes confiar en nadie y nada, porque siempre habrá alguien bajo su órbita.
- Todo el mundo tiene un punto débil, él incluido, sólo hace falta encontrarlo. – Sherlock trató de transmitir toda la seguridad que sentía en esas palabras, pero la pequeña espina que le recordaba que Jim había fracasado, le recomendaba tener paciencia, observar, no dar las cosas por hechas.
- Cierto, pero eso se aplica en los dos lados de la ecuación, todo el mundo tiene un punto de presión que Magnussen sabe explotar, incluso tu hermano y tú, y es justamente lo que desea conseguir.
- Le temes. – Afirmó el detective, aunque la mujer ya había afirmado hacerlo.
- Creo que ya te conteste a esa pregunta, pensaba que no te gustaba repetirte ni que nos repitamos los demás. – La suave burla de Irene, no mereció ni un gesto de apreciación por parte del detective. - Jim siempre fue como un depredador, listo para atacar y devorar a su presa, desde luego disfrutaba de ello. Le gustaba en ocasiones hacerles retorcerse y bañarse en su sangre, mientras les oía suplicar por su clemencia. Pero por lo general sus juegos eran más mentales, dejando el trabajo sucio para sus hombres. Y, aunque no le importaba si había víctimas colaterales, solían estar centrados en sus presas en exclusiva. Magnussen es un carroñero, se nutre de las desgracias, de las debilidades, de los cadáveres dejados por la mezquindad de la humanidad y disfruta de ello, como una hiena acechando a su presa sedienta y famélica en la sábana. Puede que no realice una orgía de sangre pero es capaz de mutilar y destrozar el corazón y el alma de sus presas, como si de su cuerpo se tratase, hasta romperles de la misma manera hasta dejarlos como muñecos vacíos.
El silencio dominó la habitación hasta que de nuevo Irene volvió a tomar la palabra.
- Los dos eran monstruos pero prefería mil veces a Jim, al menos había una especie de macabro honor en sus juegos.
- ¿No es la primera vez que trata de acondicionar a un niño, verdad?
El eco de la pregunta de Sherlock volvió a dominar la sala mientras sus dos ocupantes se miraban fijamente.
- ¿Qué crees tú? – Se limitó a decir Irene.- Creo que tienes las mismas sospechas que yo, pero es imposible de saber a ciencia cierta si se puede ir en esa dirección. Un alumno suyo se suicido hace quince años, varios con depresiones severas, pero nada que un duro y competitivo ambiente académico no propicie, ¿verdad? Todo está en la prensa, nada que parezca oculto o llame la atención, si no se busca con atención.
- Nuca tendrá a John, antes le mataré con mis propias manos que dejar en su poder a mi hijo.- Sherlock, después de soltar ese exabrupto, se levantó de su asiento y se desplazó hasta la ventana, observando como poco a poco la noche se iba iluminando, anuncio tenue de un nuevo día a punto de llegar a la vida.- ¿Quién es él jugador que está enfrentando a Magnussen? ¿El otro qué desea el Imperio de Moriarty? Pensé que podrías ser tú, pero no lo creo ya. Todo parece indicar que se trata de alguien que formaba parte de su organización, eso sí, ya que sabe utilizar su estructura y recursos.
- No lo sé. Podría ser uno de sus lugartenientes, a pesar que Morán era su mano derecha, tenía otros que ocupaban también lugares bastante elevados en la organización y que permanecían más o menos a la sombra, sólo conocidos por Jim. Mi apreciación de su organización, en todo caso, es muy vaga en realidad. Las veces que trabaje con Jim lo hice respondiendo directamente a él, era un maestro en el parcelamiento de áreas y controlar la información que fluía entre ellas.
- Puede ser un potencial aliado o buscar para sí la misma información que Magnussen, aquello que poseía Jim en su poder. En todo caso debe ser tratado y eliminado antes de que se convierta en un peligro real y tenga demasiado poder en sus manos. Debemos evitar un nuevo Moriarty.
- Os parecéis Jim y tú, sois cada uno el reflejo contrario de la misma moneda, cara y cruz enfrentadas. A los dos os motivan las mismas cosas y a los dos sólo os importa algo por encima de todo.
- Lo único que importa, no lo olvides.- Sherlock se movió con rapidez y levantó a la mujer sujetándola con fuerza de los dos brazos, nada de cariñoso o sensual en ello, sólo la fuerza bruta para poner más hincapié en sus palabras.- Tú misma puedes ser mi aliada o una simple colaboradora en la pelea que se avecina, pero si tratas de arrebatarme a John o de hacer que me odie o pierda su confianza en mí, te destruiré tan profundamente que lo que temes que podía haberte hecho Magnussen sea una bagatela en comparación.
- No me amenaces Sherlock Holmes, antes de que supieras que estaba vivo y respiraba, yo ya amaba a ese niño como si fuera mío, el hijo que nunca podré tener. Puede que fuese una manipulación de Jim, pero los sentimientos... ¡Sí! esos sentimientos que desprecias a pesar de que te los inspira un pequeño niño inocente, son los que me van a hacer protegerle cómo tú mismo dijiste como a una gata a su cría. Y si tengo que hacerlo contra Magnussen, contra tu hermano y contra ti, lo haré sin dudar, a pesar de lo que podáis hacerme si fallo. Recuérdalo siempre, lo que haga falta sin dudar.
Irene en su ira se había acercado a Sherlock hasta que sus rostros estaban tan cerca que casi se tocaban, sus alientos se combinaban en uno, se observaron fijamente durante unos instantes retándose, hasta que el hombre sonrió fríamente, mientras le acariciaba una de sus mejillas y le susurraba al oído.
- Mantén ese espíritu indómito y cuida de nuestro pequeño. Sólo por eso te permito que permanezcas a su lado, pero, un solo intento de alejarlo y será lo último que hagas.
Con un gesto despectivo la soltó y se volvió a contemplar de nuevo el cielo que se comenzaba a teñir de suaves tonos rojos, preludio del amanecer, a través de la ventana. La mujer le miró con feroz ira, pero temblando ligeramente tratando de recuperar la compostura, cuando se giró antes de abandonar la habitación le dio una última mirada, algo de anhelo todavía en ella, pero ganando la resignación y, sobre todo, la determinación.
Sherlock jugueteó con un pelo de Irene que se había quedado prendido en el puño de su camisa cuando había enroscado un mechón en forma de tirabuzón, hasta que lo guardo en una pequeña bolsa de plástico que metió en un bolsillo de su chaqueta. Mientras se sentaba en el sofá escribió un mensaje a su hermano, con algo de furia por sus subterfugios.
- Sabias que era Irene, ¿verdad? SH.
- Sí.MH.
- ¿No podrías habérmelo dicho? SH.
- Era necesario que se confiase. Nada mejor para ello que ver cómo tratabas de averiguar su identidad. Que se divirtiese jugando. MH.
- Siempre manipulando las situaciones, hermano mío. SH.
- Te prometí que haría lo necesario para proteger a John y así lo he hecho. Irene no es más que un instrumento puesto a nuestra disposición que debemos usar. MH.
- Has escuchado todo ¿verdad?. Debemos encontrar la relación entre Moriarty y Magnussen. Irene ha dicho mucho y se ha callado más. SH.
- Si. En este momento estoy verificando la información que ha proporcionado. Te informaré de los resultados. MH.
- Bien. Es necesario que logremos averiguar por fin quién era en realidad Moriarty. Y buscar cómo sacar a la luz al otro jugador. SH.
- Correcto. Hermosa escena de seducción, debo añadir, casi me cuesta creer que no cedieses. MH.
- Nada ganaba con ello y ya sabes que no es mi área. SH.
- ¿Confías en Irene Adler? MH.
- Será nuestra aliada mientras nuestro mutuo rival sea Magnussen, pero tiene sin duda su propia agenda que seguir. SH.
Sherlock apoyó la cabeza con un suspiró en el reposa cabezas del sofá y se llevó las manos a la cara, mientras se masajeaba los ojos cansados, tratando de organizar los pensamientos dispersos que se arremolinaban en su mente tras la marcha de Irene. Con cansancio, llevó su cuerpo hacía adelante y apoyo los codos sobre las rodillas, mientras sus manos servían de soporte a su cabeza. Tal vez debería dormir un poco, recuperar fuerzas antes de que se terminase de desatar la tormenta que resonaba sordamente en el horizonte. A través de la rendija de los dedos vio el maletín con los DVD de Moriarty y la determinación ganó al cansancio, debía saber, más, todo lo que podía para descubrir lo que le faltaba para unir todas las piezas. Habría tiempo después de que acabase la tormenta para descansar.
DVD número 7
Jim se encontraba sentado en la mecedora de la habitación de John, viendo jugar a su hijo en la alfombra blanca con un puzle de madera, que trataba de hacer coincidir sus piezas. El niño, de vez en cuando, se volvía hacía su padre y hablaba en su medio lenguaje con él, que le respondía con una media sonrisa llena de devoción y cariño y palabras de aliento hacia su labor. A veces, sin embargo, su conversación infantil se dirigía al oso de peluche blanco que se encontraba a su lado como mudo compañero de juegos, y se limitaba a asentir en silencio sin comprometerse.
La habitación se encontraba decorada de la misma manera que en los videos anteriores, con los mismos motivos y muebles, sólo que más abarrotada de peluches, muñecos y juegos infantiles. Habría hecho la delicia de cualquier niño el pasar el tiempo jugando en ella.
Jim dejó el informe que estaba leyendo, para inclinarse para observar mejor a su pequeño, una pequeña sonrisa de complacencia a ver como realizaba correctamente el juego finalmente. Pero la expresión de felicidad cambio a alarma al ver como John se levantaba y caía por su propio impulso hacia delante, golpeándose con las aristas de una de las piezas de madera. El llanto del niño no tardó en llenar toda la estancia mientras su padre le recogía entre sus brazos y le trataba de consolar. Al mismo tiempo que se sentaba, con un pañuelo blanco trataba de que la herida que el niño se había hecho en la barbilla dejara de sangrar y le limpiaba los rastros de la sangre que le habían caído ya por el cuello, manchando su camiseta azul.
- No pasa nada, mi pequeño niño, mi ángel, mi Johnny Boy. Sólo es una herida pequeñita que tu papá va a curarte en un segundo y volverás a estar bien. ¡Shhhhhh!
Los sollozos de John poco a poco fueron perdiendo fuerza hasta que acabaron finalmente, sus ojos azules, enrojecidos por las lágrimas derramadas, siguieron con curiosidad lo que hacía su padre, mientras con sus pequeñas manos sujetaba la mayor de su padre que le estaba curando todavía. Con una risa brillante, que encontró eco en las risitas entrecortadas de su pequeño, Jim le empezó a dar pequeños besos por todo el rostro al niño, hasta terminar besando la herida con suavidad, lleno de amor evidente ese gesto.
- Mi niño, nunca nada te hará daño, te protegeré de todo aunque tenga que cubrir el mundo de escombros. Nunca dudes que haré lo imposible que haga falta para ello. Mi pequeño niño, mi ángel, mi corazón y mi alma. Lo único que brilla en la tierra.
El video siguió transcurriendo mientras Jim adormecía a John hasta dormirle y le seguía meciendo, haciéndole promesas en voz baja.
221B Baker Street, Londres.
Sherlock apagó el reproductor y con desgana guardó el DVD, antes de volver al sofá y echarse sobre él, todo su largo cuerpo cubriendo toda la superficie. El antebrazo sobre el rostro le protegió de la luz diurna cada vez más creciente y de nuevo se perdió en sus pensamientos. Pudo estar horas así o minutos, nunca lo sabría, pero el sonido de los pasos que tenía programados en su Palacio Mental como interruptor instantáneo para devolverle al mundo real, le colocó en un estado de alerta instantáneo al oírlos bajar las escaleras.
John estaba adorable mientras medio dormido entraba en sala, su pijama azul le quedaba un poco grande todavía (la señora Hudson y sus ideas del crecimiento de los niños) e iba arrastrando las perneras por el suelo, medio tropezando con ellas al andar. Su pelo rubio salía disparado en todas las direcciones sin peinar, con las señales evidentes de toda una noche de sueño. Y llevaba arrastrando, sin clemencia alguna, su oso blanco agarrado por una de sus patas detrás de él. El corazón de Sherlock dio un brinco al ver así a su pequeño, y deseo que nunca tuviera que crecer, que se quedará así durante toda la eternidad.
Cuando el niño llegó a su altura, lo levantó con cuidado, colocándole encima de su pecho, y mientras le daba un beso en el pelo, revisaba el brazo herido no hubiese sufrido más daños durante su sueño. Tranquilizado de su bienestar, abrazo con cuidado su cuerpecito y sintió como su hijo apoyaba su cabeza, a la altura de su corazón. Sabía que le calmaba sentir como bombeaba la sangre a todo el cuerpo y el sonido sordo que realizaba durante esa acción. Tal vez cuándo fuese mayor se convertiría en médico, tenía un pulso ya firme, tal vez en cirujano.
- Tengo que desayunar, para ir a clase.- Dijo bajito John, rompiendo la cadena de pensamientos de su padre, medio dormido de nuevo en la postura tan cómoda que había encontrado abrazado de esa manera a Sherlock.
- Hoy no, mi pequeño, te vas a quedar conmigo todo el día. Duerme ahora un poco más, después podemos salir a comer y al parque. – Le dio un nuevo beso y observó con una sonrisa como se quedaba totalmente dormido, disfrutando de su calor y del olor que desprendía, borrando los restos que podían quedar del perfume de Irene sobre él. Con cuidado de no despertarle le mandó un mensaje a María (siempre María cuando se ocupase de John) diciéndole que hoy no harían falta sus servicios y tenía el día libre. Abrazo a su niño con cuidado y se sumergió a su vez en las oscuridades del sueño que tanto necesitaba su cuerpo.
Mycroft llegó a media mañana y al entrar en la sala se encontró con la imagen tierna de su hermano pequeño con su sobrino dormidos los dos juntos, abrazados, como si nada ni nadie les pudiera separar y sonrió. Archivo esa imagen en su cerebro, en la zona que tenía reservada para la familia. Y cogió una manta para taparles, beso con cariño a John sobre sus rizos rubios y no pudo evitar pasar la sombra de una caricia sobre los oscuros de Sherlock. El hombre mayor se recordó su promesa, nada ni nadie les dañaría, aunque tuviese que utilizar cualquier arma o instrumento a su disposición para lograrlo. Nada ni nadie.
El funcionario se sentó con cuidado en su sillón de costumbre y sacó de un maletín un informe que empezó a leer, mientras sus ojos de vez en cuando volvían a las dos figuras que dormían, velando sus sueños.
…"Mi niño, nunca nada te hará daño, te protegeré de todo aunque tenga que cubrir el mundo de escombros. Nunca dudes que haré lo imposible que haga falta para ello. Mi pequeño niño, mi ángel, mi corazón y mi alma. Lo único que brilla en la tierra."…
¡Muchas gracias por leer!
¡Irene es María!, o ¡María es Irene! Aunque algunos ya habíais visto venir a nuestra reina Morgana hace tiempo¡ pero me emociona decirlo , lo siento, estoy un poco cencerro hoy¡,
Lo siento si a alguna persona no le gusta especialmente que haya unido estos dos personajes en uno, pero me ha encantado personalmente jugar con esta idea.
Espero que os haya gustado este capítulo, nos vemos en breve. Un saludo para todos, al_dena.
