Capítulo 10
No siempre obtenemos lo que queremos
- "¡Después de todo, no soy el único, que no tenía ganas de dormir la siesta!", le dijo en tono alegre Archie a Tom, en el momento en que lo encontró encendiendo un puro en el pequeño salón al lado del comedor.
- ¡¿Nunca te han dicho que a medida que envejecemos, dormimos menos?! respondió Tom, riéndose tras sus bigotes.
- "¿Tu esposa sabe que todavía fumas puros...? ¡Tú, anciano!"
- "¿La tuya sabe que sigues actuando como... ¡Un joven dandy?!"
"... Dandy…" Por un momento Archie tuvo un déjà vu, pero finalmente sonrió sinceramente a su amigo; se sentó junto al sillón y aceptó el puro que Tom le ofreció.
- "Hmm... muy bueno."
- "Lo sé..." murmuró Tom a través de una bocanada de humo.
- "¿Dónde los conseguiste?"
- "Un regalo de Candy, en mi cumpleaños del año pasado."
- "¡No me digas! Déjame adivinar... ¡¿Ella te los dio en secreto de Patricia...?!"
- "¡Por supuesto!''
Ellos rieron ruidosamente.
- "¡Siempre tan traviesa nuestra Candy!" Dijo Archie riendo.
- "... ¡Y testaruda! ¡Si tiene algo en mente, nadie puede quitárselo de ninguna forma!", añadió Tom, "... Sin embargo, no desperdiciemos estos maravillosos puros ¿Puedo ofrecerte un poco de brandy Archie?"
- "¡Por supuesto, si aún nuestra buena enfermera permite algunos malos hábitos!"
Tom sirvió brandy en dos vasos de cristal y le ofreció uno a su amigo.
- "Gracias... Y volviendo a la terquedad" dijo Archie ¿No fue esa la razón que la hizo ser capaz de lidiar con todo? ¿Conoces a una mujer más fuerte que Candy?"
- "Definitivamente no, nunca olvidaré su llanto el día en que la hermana Lane la encontró; una pequeña bebé, que tenía tanta voluntad de vivir..." dijo nostálgicamente Tom.
- "Alguien más en su lugar pudo haberse rendido, especialmente después de la muerte de Albert... Ella perdió el amor de su vida y, sin embargo, continuó, apretó sus dientes y continuó..."
Tom empezó de pronto a reír.
- "Archie, mi amigo, tú debes estar profundamente perdido, si crees que Albert fue el amor de su vida!''
Archie miró a Tom y levantó las cejas con asombro. Tom rió de nuevo con la reacción de su amigo.
- "¿De verdad crees eso?" Preguntó nuevamente entre risas.
- "¡Por supuesto Tom! ¿Qué es tan divertido, y te hace creer lo contrario?"
De repente Tom se puso serio.
- "Yo amaba y respetaba a Albert, Archie mi amigo, y me alegré de que hubiera empezado una familia con ella, con mi hermana Candy y ella definitivamente lo amaba mucho, pero... ¡En realidad no creí, ni siquiera por un momento, que hubiera sido el amor de su vida!"
- "¡Tom me parece que, o has perdido la cabeza, o los cigarros de La Habana están nublando tu cerebro!" Dijo Archie con un gesto de diversión.
- "Bueno, aquí está mi opinión... En nuestra vida, afortunada o desafortunadamente, no siempre conseguimos lo que queremos, sino lo que se nos ofrece ¡Porque de lo contrario terminaríamos solos! ¡Es egoísta, lo sé! Pero así es la naturaleza humana, no queremos estar solos, necesitamos un compañero... Hay muy pocas personas que pueden soportar la soledad, si no tienen a su lado a la persona que realmente quieren…"
- "No puedo estar de acuerdo contigo Tom."
- "Podrías estar de acuerdo, cuando termine mi razonamiento."
- "De acuerdo, entonces déjame escucharlo..."
- "Simplemente... hablaré primero de mí mismo... ¡Yo, Archie mi amigo, quería Annie y me dieron a Patty! ¡Ah! ¡No me mires así Archie! ... ¡Sí, tal vez yo soy el único hombre que no estaba enamorado de Candy! ¡Y sí! Estaba enamorado de Annie; esto no quiere decir que no amara o no ame a mi esposa... Sólo Dios sabe las pruebas que pasamos cuando perdimos a nuestro hijo en la Segunda Guerra... Pero nos quedamos juntos, porque hay amor entre nosotros... Pero eso es algo diferente de los sueños y los deseos de nuestra juventud... Respectivamente, Patty quería a tu hermano Stear, él era el amor de su vida... Pero aceptó, e hizo bien, cuando se le entregó ¡A mí! Y completando... mi idea... Obtuviste a Annie, mientras estabas locamente enamorado de Candy, y Candy... ¡Ah! Nuestra Candy..." Tom hizo una breve pausa.
Archie continuó mirando incrédulo a Tom, pero no lo interrumpió.
- "... Y para concluir Archie, de nuestra Candy muchos se han enamorado... Y fueron muchos sus pretendientes... Pero uno fue el amor de su vida, y él, no fue Albert; siento decirte esto y decepcionarte, Archie."
- "Tom... ¡No me digas que te refieres a ese tipo Grandchester, porque me volveré loco!"
Tom rió entre dientes.
- "Nunca te agradó ¿Cierto?"
- "¡Naturalmente! ¡Era un esnob, un aristócrata vago y lo sigue siendo! ¡Se aprovechó del corazón de Candy, a una edad tan tierna e inocente, y finalmente le rompió en pedazos!"
- Archie, ¿Puedo hacerte una pregunta?"
- "¡Claro, lo que quieras!"
- "¿Tú crees que él no la amó?"
- "Bueno, no lo sé ... Tal vez ¡Sin embargo, no lo suficiente!"
- "¿Sabes que nunca formó su propia familia?"
- "¡Le convenía la vida de un playboy obviamente!"
- "¿Tienes una respuesta para todo, eh?" Dijo Tom riendo "¿Y qué tienes que decir sobre el hecho de que desapareció de América, en el mismo período en que Candy se casó?"
- "¡Coincidencia!"
Tom se echó a reír.
- "De acuerdo... Tú ganas Archie ¡Me doy por vencido!"
- "¡Ay, mi amigo Tom! ¡Me costó caro el precio de este puro!" Dijo Archie, supuestamente burlándose y riendo.
- "Lo único que trataba de hacer era ponerte a pensar de una forma realista, para no tener sorpresas, más tarde..."
Archie miró a Tom y por un momento trató de preguntarle qué quería decir, pero entró en la habitación su hijo Stear.
- ¡Papá, tío Tom! ¡Veo que empezaron muy temprano los malos hábitos!
Como un par de niños que fueron atrapados con la mano en el frasco de galletas, Tom y Archie se miraron y sonrieron conspiratoriamente; Tom le ofreció un cigarro al hijo de Archie. Empezaron a charlar alegremente, y aunque Archie parecía concentrado en su conversación, su mente no podía alejar la última frase de Tom con respecto a las sorpresas...
La pequeña voz
Como si fuera ayer, Archie aún recordaba su sorpresa cuando un día Candy lo llamó desde su oficina, tres años después de la muerte de Albert, para informarle su decisión de hacerse cargo de la empresa en Londres.
Esos tres años Candy los había pasado trabajando incesante e incansablemente, desde el día en que decidió trabajar para la compañía Ardley. Al principio comenzó su entrenamiento con George y Archie, pero muy pronto fue capaz de manejar cualquier asunto sola y cerrar excelentes negocios. Ella podía no tener conocimiento de transacciones financieras y comerciales, pero era brillante, trabajadora y terca. Se dedicó con fiereza a conseguir su propósito y lo logró.
La sociedad de Chicago, por supuesto, inicialmente se sorprendió de que una mujer se hiciera cargo de tal posición. Los hombres vieron al principio con gran escepticismo a la Sra. Ardley, pero admiraban su coraje y muy pronto le dieron el título de la "Fría Dama de Hierro".
La combinación de belleza y su poderosa posición era una razón más de admiración, y muchos hombres intentaban cortejarla, pero siempre se estrellaban contra una pared de hielo. Por otro lado, en cuanto a las mujeres, había un grupo que compartía su pasión y en secreto deseaban tener el coraje de hacer lo mismo, pero por supuesto, otro grupo de ellas comentaba negativamente el hecho de que una mujer entrara en el campo de los hombres. Muy pronto, sin embargo, la misma Candy demostró que no era una mujer cualquiera.
Al mismo tiempo se convirtió en una de las mayores benefactoras de la sociedad local, y no sólo de ésta. Construyendo fundaciones y ayudando tanto como podía a las clases débiles, más pobres.
- "Buenos días Candy" dijo Archie al mismo tiempo que cerraba la puerta tras él.
- "Hola Archie, siéntate por favor ¿Deseas que nos traigan café o té?" dijo la típica apresurada Candy.
- "No, no gracias."
- "Archie iré directamente al punto, porque después tengo una cita con el alcalde para hablar sobre la construcción del asilo para los desamparados."
- "Sí, sí lo sé, todo indica que finalmente se convertirá en una realidad ahora que se encontró el área".
- "Hmm, así es" concordó con él haciendo una pequeña pausa, "Por lo tanto Archie, quiero comunicarte una decisión que tomé; puede parecer un poco repentina, pero he hablado con George y está de acuerdo en que es una buena idea."
- "¿De qué se trata?"
- "Me ocuparé de las oficinas de Londres por un tiempo."
- "¿Por cuánto tiempo?" le preguntó él sorprendido.
- "Por el tiempo que sea necesario; después del "Martes Negro" las cosas allá han ido mucho peor de lo que pensábamos, y si alguno de nosotros no va, perderemos todo."
- "Y aquí, ¿Quién quedará a cargo?"
- "¡Tú, Archie! Me llevaré conmigo a George y estaremos en comunicación a menudo para mantenernos al tanto ¿No me digas que no puedes manejar la oficina aquí?" Preguntó Candy, provocándolo un poco, de manera burlona, y por un momento, Archie pensó que había visto a la antigua Candy.
- "No, no, no es eso... Con Anthony y Rosemary, ¿Qué harás?"
- "Los llevaré conmigo a Inglaterra; ya he arreglado que asistan al Real Colegio San Pablo."
- "¡¿Qué hiciste?! ¡No puedo creerlo Candy! ¡Inscribiste a los niños en esa prisión!"
- "Hoy en día no es como solía ser; después de que la guerra terminó, la dirección cambió. La Hermana Gray se ha retirado y ahora en su puesto está la Hermana Margaret. Las clases son mixtas ahora, con niños y niñas, aunque por supuesto, no los dormitorios. Pero las clases han cambiado y mejorado mucho, definitivamente la escuela está centrada ahora en la educación ¡Y no en crear jóvenes señoritas para la alta sociedad!"
- "Candy, ¿Estás segura de esto...?" Archie, por supuesto, no estaba preguntando por el colegio, sino por su decisión de irse.
- "¡Si, absolutamente! De hecho, ya he dado al colegio una donación."
Archie se quedó con la boca abierta y luego dijo algo, tal vez por la ira, quizá por la tristeza de que Candy se fuera tan lejos, tal vez incluso él mismo no sabía por qué lo había dicho...
- "¡¿Estás siguiendo los pasos del Duque de Grandchester?! ¡¿Comprando la educación de tus hijos, como hizo el padre de ese mocoso snob?! De verdad Candy, ¡¿Por qué viajarás a Inglaterra?!"
Sus ojos de hielo verde brillaron con rabia y atravesaron a Archie.
- "¡No te atrevas a decir su nombre aquí, nunca más!" gritó Candy indignada.
Archie, en ese momento, deseó realmente haber metido la lengua en su cerebro y no pronunciar ninguna de las palabras que dijo.
- "... Candy" dijo lentamente tratando de disculparse.
- "Archie... por favor, sal de mi oficina antes de que diga algo que después lamentaremos los dos..."
Archie bajó la cabeza y salió en silencio de la oficina, dejando a Candy sola.
En el momento en que la puerta se cerró detrás de él, Candy se derrumbó en su silla; su mirada se quedó fija en un rincón de la habitación y trató de recuperar su compostura tan rápido como pudo. En vano. Una guerra había estallado dentro de ella. Las palabras de Archie habían golpeado la puerta de la torre de la Bella Durmiente y ahora ella había despertado, golpeando sus grilletes dentro de la mente de Candy. "¡¿Qué te molesta?! ... ¡¿Que él dijo la verdad?!..." - ¡Él no está diciendo la verdad!"
Ella se levantó de su silla y fue a la caja de depósito oculta a un lado de la biblioteca. La abrió y sacó una pequeña caja de madera. La colocó sobre su escritorio y se quedó mirándola como si esperase que se abriera por sí sola. "... ¡Ábrela! ..." le ordenó la tenue pequeña voz. Como una segunda Pandora, obedeció la orden de la voz y abrió la caja; dejando sueltos los recuerdos y olores del pasado que contenía.
Con dedos temblorosos, tomó el delgado sobre blanco que estaba encima. Sintió una corriente eléctrica atravesándola. "... Así que ¡¿Archie no ha dicho la verdad ?!" gritó la pequeña voz. Abrió el sobre y sacó la carta de su interior. "... ¡Eso es! ¡Bien hecho! ... ¡Ahora vuelve a leerla! ..." le ordenó de nuevo "... ¡Observa sus palabras de nuevo con tus propios ojos! ..." Allí ante sus ojos cobró vida una frase, extendiéndose por toda la habitación, envolviéndola como una cuerda e inmovilizándola.
Nada ha cambiado en mí
"... ¡Ahora observa cuándo la escribió! ¡Atrévete a ver cuánto tiempo, lo dejaste así! ..."
- "¡Oh, cállate!" reprendió a la voz y con un movimiento repentino colocó la carta en la caja y la cerró con rapidez.
La pequeña voz no volvió a hablar, pero le dejó una risita juguetona; había ganado su primera batalla, en el momento en que una solitaria lágrima rodó por la mejilla de Candy.
Continuará
