Último capítulo, no les diré nada, sólo que disfruten la lectura y espero que lo disfruten tanto como yo lo disfruté al escribirlo.
Disclaimer: No soy dueña de Digimon, aunque tal vez, un día...
Capítulo X: Donde todo empieza, todo termina.
Fue como si un fierro hubiera atravesado su cerebro con tanta fuerza que lo haya dejado completamente aturdido. Intentó abrir sus ojos, pero vio tan borroso que le causo un miedo extraño. Oía ruidos distorsionados y lejanos, sirenas y gritos… La oyó a ella pero tan lejana, tan… rota, que no sabía qué diablos había dicho. Sintió unas manos y se quejó, un gritó que oía cada vez más lejos, unos susurros que le decían que todo estará bien. Sin embargo, ¿cómo puede estar todo bien si le dolía desde la punta del cabello hasta el último dedo del pie?
No supo cómo fue qué pasó. Sólo supo que todo fue muy rápido, las luces cegadoras y luego ¡Pum! El impacto.
Doloroso, ciego, fuerte, perturbador, horrible.
Luego no sintió mucho, los ruidos desaparecieron, intentar abrir los ojos y encontrarse ciego. No recordar nada. Como si estuviera dormido sin estarlo, sin quererlo.
Era ciego y pareciera como si se hubiera perdido del mundo. ¡Puf! Desaparecido. Tai ya no vivía. Quizá…
Eso era lo más doloroso después de todo. Desaparecer y saber que dejaba a su familia, su madre, su padre, su hermana, a Matt, a Mimi… A ella… A Sora, su Sora. ¿Qué pasará si él no está ahí?
No lo sabía y dudaba que pudiera saberlo, después de todo… Estaba en una oscuridad que no le provocaba paz, si no miedo, desazón. Lejano, así se sentía, lejano en un lugar remoto, en donde nadie pudiera verlo y él no pudiera ver a nadie.
Solo.
Estaba solo, sin ella… Eso era lo peor.
(*)
Tomo su mano entre las suyas y entrelazó sus dedos con delicadeza.
Él elevó sus ojos azules y la miró fijamente. Sonrió. Sabía que para ella también era difícil y doloroso, sin embargo, ella se preocupaba por él, por su reacción, por sus sentimientos. ¿Es que podría haber alguien mejor que ella? Lo dudaba, ella era tan… Pura.
Tan Mimi.
— ¿Estás bien? —Le preguntó en un susurro.
Matt asintió y sonrió a duras penas.
— ¿Tú? —Su voz le sonaba ronca, como si no hubiese hablado en varias horas. Y así era, desde que se enteró de lo sucedido no ha podido decir palabra, claro, hasta ahora.
Mimi asintió con suavidad.
— Me preocupa Sora —Susurró ella.
Matt creyó que sentiría una punzada de dolor en el pecho. Pero no fue así. Le dolía el pecho, se sentía ahogado, pero ya no era por Sora, ya no era por que se sentía traicionado, engañado. No. Ahora era por Tai, porque Tai estaba en coma, porque Tai en cualquier momento podría morir y dejarlos para siempre. Porque las últimas palabras que le dijo a su mejor amigo destilaban odio, rencor, rabia… Jamás llego decirle a Tai cuán importante era para él. Y quizá, jamás llegaría a decírselo.
Supo gracias a Mimi que en realidad había sido un imbécil.
Sí, él lo sabía, Tai amaba a Sora pero… Él también la quería, quizá no como Tai a ella, pero sí le gustaba, le atraía, le quería. Luego ella le llevó esas galletas de navidad y creía que Tai estaba de acuerdo. Que no le importaba.
Se equivocó. Pero todos nos llegamos a equivocar alguna vez en la vida. Hay que tropezar para volverse a levantar y saber que hay que tener cuidado. Basta que las cosas pasen una vez para aprender la lección.
Miró a Mimi, quien estaba en su apartamento. Sentada a su lado, mirando sin ver, perdida en sus pensamientos.
Sonrió sin poder evitarlo.
¿Quién diría que ella sería quien lo comprendiera de verdad? Ella fue, sin mentir, quien lo saco de aquella absurda depresión.
Rio sin poder evitarlo. Una risa ronca, falsa, estúpida. Recordó donde estaba Tai ahora y apretó sus ojos. Mimi lo miró fijamente.
— ¿Matt?, ¿estás bien? —Preguntó nuevamente Mimi, sin embargo, ella se sabía la respuesta.
— No.
Y ella lo sabía.
No.
Nadie podía estar bien en un momento como eso. Cuando un hermano, hijo, amigo… Estaba muriendo en un hospital.
Un choque eléctrico recorrió su espina dorsal cuando Matt sin previo avisó soltó su mano para luego pasar ambos brazos por el cuello de la castaña y abrazarla. Estrecharla entre sus brazos. Sentir su aroma.
Era su única forma para sentirse en paz. Para que el pesar y el dolor menguaran, aunque sea por un mísero momento. Aunque luego, vuelvan con más fuerzas.
(*)
Observó el largo pasillo blanco.
Vacío.
Las incomodas sillas de hospital estaba todas ocupadas.
Su madre, su padre, su abuela, su tío, Sora, T.K. Estaban Izzy y Jou. Yolei y Ken. Davis.
Sollozó. No había notado hasta ese momento que ella aun lloraba. Tal y como lo hacía Sora y su madre. Lloraban, las tres, como si no hubiera un mañana.
T.K se apresuró a rodearla con un brazo. Debían tener cuidado. Kari no podía pasar por tanta presión. Paradójico. ¿Cómo pedirle que se tranquilizara cuando su hermano se debatía entre la vida y la muerte?
Apoyó su cabeza en el hombro de su novio y volvió a soltar un sollozo.
Estúpidamente. Esto resultaba gracioso.
Estaba todo perfecto. Todos felices. Un minuto y luego, todo se transforma en un infierno, en el infierno más caluroso y terrorífico de todos.
Gimió con dolor. Soltó un quejido lastimero, apretó la camisa de su novio y nuevamente sollozó.
Se sentía horriblemente mal. Mala madre. Mala hermana. Mala hija y mala novia.
Debía cuidarse, ella lo sabía. Sin embargo, no importaba todas las veces que Yolei, su madre, su padre y T.K le dijeran que debía ir a descansar. Ella contestaba con un tajante "no" a todos. Es que… ¿Lograría descansar sabiendo que su hermano estaba en ese estado?
Lo dudaba.
Para qué levantarse de aquella butaca e irse a casa si estaría igual. Incluso peor. Sabiendo que no en casa sería la última en enterarse de las cosas.
— Kari… —Susurró T.K a su lado. Mientras acariciaba su espalda con dulzura.
— No —Se apresuró a contestar.
T.K frunció el ceño ligeramente. Por un lado se sentía completamente egoísta. Sabía que Tai estaba apunto de morir, sin embargo, él no podía dejar de pensar en que Kari estaba embarazada y además, en la última etapa, podría pasarle algo a ella y al bebé y eso le asustaba. Quizá era egoísta, sí. Pero no podía permitirse que a la chica le pasase algo, ni a ella ni a la niña que llevaba en su vientre. Eso, jamás se lo perdonaría.
Kari sollozó nuevamente. T.K besó su coronilla. Intentó una última vez.
— Kari, vamos. Dormimos un poco, comes algo y luego volvemos.
La castaña elevó su rostro y miró fijamente a T.K. Se quitó con la manga de su suéter una lágrima y luego negó con la cabeza.
— ¿Y si Tai muere mientras yo hago alguna de esas cosas? —Preguntó y volvió a soltar nuevamente un hipido para luego largarse a llorar.
El rubio chasqueó la lengua y negó con su cabeza con suavidad.
— No pienses así, amor. Tai es fuerte, saldrá de esto. Tú tienes que pensar también por la niña, Kari. Por favor —Sonó como un ruego más como una insistencia. Kari lo observó fijamente y asintió.
T.K tenía razón.
Debía cuidarse. No por ella, por la niña. Además… Tai era fuerte, no iba a morir, él saldría adelante.
[…]
Dos días. Han pasado dos días.
Tai necesitaba sangre.
Y parecía como si todo estuviera en contra de ellos.
Rh negativo.
¿Quién demonios tenía ese tipo de sangre?
Kari. Pero ella no podía donar sangre porque estaba embarazada y el medico la descartó de inmediato, tan sólo porque podía ser un riesgo para Kari como para el bebé.
¿Rh Negativo?, ¿quién diablos tendría también ese tipo de sangre?
Yolei, Davis, Ken, Jou, Izzy, Mimi, T.K, sus padres, los padres de Tai, los tíos y la abuela de Tai… Nadie. No había nadie con ese tipo de sangre.
¡Diablos!, ¿por qué mierda pasó esto?
Un pesar muy grande se instaló en su pecho.
Si ella tan sólo le hubiera pedido a Tai que se quedara aquella noche junto a ella. ¿Qué hubiera pasado si ella le hubiera dicho a Tai que estaba embarazada en vez de haberle dejado la eco en la guantera? Hubiera sido mejor hacerlo así. Si hubiera sucedido, Tai de seguro la abraza y el camión, el jodido camión hubiese pasado unos minutos antes, y no se hubiera topado con Tai quien hubiese querido doblar.
Era su culpa.
Sollozó y tomó la mano de Tai entre sus manos.
Era la imagen más horrible que haya visto en su vida. Y no creía poder olvidarla.
El chico tenía una mascara de oxigeno tapando su boca y nariz. Agujas le pinchaban el dorso de sus manos y una en su cuello. Suero bajaba por un conducto para luego llegar a las venas de Tai por medio de una fina aguja implantada en el doblez de su brazo.
Sora cerró sus ojos y dejó caer su cabeza en la orilla de la cama de Tai. Soltó un suave bostezo y volvió nuevamente a sollozar. ¿Qué hubiera pasado si…? Ya no importaba… Ya sucedió y nada haría regresar el tiempo y evitarlo.
Eran el uno para el otro. Ella estaría ahí junto a él por siempre. No le importaba. No. Que pasaran diez años y Tai aun en coma, no importaba… Ella estaría ahí, junto a él. Porque nadie más le haría sentir como le hacía sentir él. Lo esperaría. Por siempre.
— Tai —Gimió. —Despierta.
(*)
— ¿Y?, ¿cómo llamarán a la bebé?
El doctor miró fijamente a Kari mientras seguía pasando aquel gel azulino por su vientre extendido. La castaña miró a T.K por el rabillo del ojo. ¿Cómo diablos le pondrían?
Con todo lo que había pasado, siquiera habían pensado en algún nombre para la niña que crecía dentro de ella.
Negaron al unísono. El doctor rodó los ojos.
— Como adolescentes. A última hora siempre.
Kari quiso gritarle al doctor. Pelearle. Decirle cosas, que estaba muy segura que no diría estando en un estado de "normalidad". Ahora se sentía como loca. Desesperada. ¡Dios! Ni siquiera sabía cómo era que podía estar viendo al ginecólogo sí su hermano moría en una clínica…
Calló. Guardó silencio el resto de la consulta. Al menos, su bebé crecía sano y muy rápido.
Le dieron el día para su parto, aunque le advirtieron que por ser primeriza podría adelantarse o atrasarse. La técnica era caminar para que el bebé bajara luego.
Suspiró.
Apenas salió de la consulta olvidó cuándo sería el día de su parto. Se subió al auto de su novio y se sentó con suavidad. Cada día se cansaba con más rapidez y se sentía más ahogada. Soltó un suspiro largo y luego miró hacía el frente.
T.K tomó una mano de la chica y la apretó con suavidad. Kari lo miró fijamente.
— Tengo un nombre que me gusta mucho, Kari… —Susurró T.K con suavidad.
Kari contrajo el gesto y miró al chico sin entender. T.K la miró por el rabillo de los ojos y soltó un suspiro suave.
— ¿Nombre de qué? —Preguntó la castaña, confundida.
T.K aguantó un bufido, debía ser paciente. Kari no estaba pasando por un buen momento.
— Un nombre para la bebé —Respondió usando todo su autocontrol por no gritarle.
Kari asintió, desganada.
— Juno… Juno Takaishi.
La castaña sonrió, sonrió como hace dos días no lo hacía. Su hija había pateado su vientre con alegría. Sonrió aun más y asintió. Sí, Juno Takaishi. Era perfecto para ella.
(*)
Caminó por los largos pasillos con lentitud.
Odiaba los hospitales, siempre eran tan… Fríos. Oscuros. Aterradores.
Siguió con su camino sin girar su rostro hacía ningún lado. Subió por el ascensor hasta el piso siete.
Unidad de cuidados intensivos.
De tan sólo leer el nombre del lugar le daban escalofríos. Quizá, había sido mala idea ir a ver al moreno. Pero se sentía pésimo al no ir.
Caminó hasta encontrarse con Izzy sentado en una de las butacas, frente del pelirrojo estaba la madre y el padre de Tai. Ambos se veían… Agotados, más que eso, deshechos.
Se acercó hacía ellos y los miró fijamente. La madre de Tai siquiera le sonrió, el padre, hizo una mueca que se le acercó a una sonrisa.
— Hola —Les saludó, pero ninguno de los dos le devolvieron el saludo.
Mimi suspiró y caminó hacía el pelirrojo. Izzy se veía sumido en sus propios pensamientos. Se sentó a su lado.
— Hola, Izzy —Saludó Mimi en un susurro. El pelirrojo salió de su ensimismamiento y pegó sus ojos negros en el rostro atormentado de la castaña.
— Hola Mimi… ¿Cómo está todo? —Preguntó.
Mimi suspiró con pesadez. Izzy sonrió amenamente y pensó de inmediato en lo estúpido que había sido su pregunta. ¿Quién podría estar bien con todo esto?
— ¿En qué pensabas, Izzy? —Preguntó la castaña en un susurro, pasando de la pregunta de Izzy.
El chico soltó un suspiro y cerró sus ojos. Agotado.
— Pensaba en algún conocido que tenga el tipo de sangre que tiene Tai —Soltó Izzy, —pero no sé de nadie…
Mimi ladeo sus labios en una extraña mueca. Rh Negativo. Estúpido Tai, debía tener ese tipo de sangre. Estúpido Tai, mil veces.
Se levantó de la butaca con suavidad y miró dentro. Luego se giró a ver a Izzy.
— Sora está dentro, no ha querido salir en todo el día…
Mimi frunció el ceño. ¿No ha salido…?
— ¿Ha comido algo? —Preguntó la castaña.
Izzy negó con lentitud. Mimi apretó sus labios y miró nuevamente hacía dentro. Se giró sobre sus talones y se marchó del lugar. Sin despedirse de nadie. Ni de Izzy, ni de los padres de Sora, siquiera entró a ver a Tai…
Salió del lugar con rapidez. Se subió a un taxi y fue directamente al departamento del rubio. Últimamente se pasaba los días enteros en ese lugar.
Pagó y luego se bajó. Subió con aparente tranquilidad las escaleras y luego llegó hasta la puerta en donde vivía el susodicho. Golpeó.
Matt la recibió con el mismo rostro de siempre. Serio. Acojonado. Por Tai. Todos lo estaban.
Entró sin esperar un "pasa". Se sentó en el sofá, en la orilla y luego soltó el aire que había estado guardando para decir las siguientes palabras.
— Sora está embarazada.
Matt palideció de inmediato. Cerró la puerta de la casa y con rapidez se acercó a la castaña. Se puso en cuclillas y la miró fijamente a los ojos.
— ¿Qué? —Preguntó el rubio. Mimi suspiró nuevamente.
— Sora está embarazada…
— Juro que no es mío, Mimi —Extrañamente se sintió con el deber de decirle aquello. Como si sintiera que si ella pensara que el bebé era de él, ella podría alejarse de él, y eso no podría… Soportarlo. Extrañamente. No quería volver a hundirse en esa absurda depresión y sin ella, se veía nuevamente envuelto en una soledad completamente aterradora.
Mimi –ante todo pronostico –sonrió con diversión.
— Sé que no es tuyo, Matt. Pero no me refería a eso cuando te lo dije —Soltó la castaña ya no pareciendo tan divertida, —me refiero a que Sora no come, no se separa de Tai… Puede perder al bebé, ¿entiendes?
Matt bajó su mirada y asintió.
— Tú puedes ayudarla… —Susurró ella. Matt la miró nuevamente y frunció el ceño ligeramente.
— ¿En qué?
Mimi sonrió levemente y miró fijamente al rubio. Intentó poner el rostro más convincente que encontró.
— Ve a ver a Tai, Matt —Pidió la castaña. —Háblale a Sora, si, tal vez.
— No, Mimi —Le cortó Matt.
La castaña lo miró con desespero. Matt bufó.
— Matt, por favor. Sora no puede perder a este bebé, debes ayudarla, sé que tú puedes hacerlo… Además, están todos con el alma en el hilo porque no hay donante de sangre para Tai —Mimi soltó un suspiro cargado de frustración — El muy estúpido necesita sangre pero es tan "especial" que casi nadie tiene ese tipo de sangre…
Matt frunció ligeramente el ceño.
— ¿Qué?...
— Eso, que Tai tiene un tipo de sangre escaso en las personas. ¿No te lo había dicho? —Preguntó la castaña, Matt negó.
— Yo también —Susurró Matt levantándose para luego sentarse a un lado de la chica.
Mimi lo miró interrogante. Matt parecía hundido en sus pensamientos, en quizá qué clase de pensamientos.
— ¿Tú también qué, Matt? —Preguntó al fin.
— Yo también tengo un tipo de sangre poco común.
Los ojos de Mimi brillaron con algún tipo de emoción.
(*)
Pasó su mano con suavidad por la frente cálida del moreno. Soltó un suspiro ahogado y quebradizo. Tragó saliva con pesadez y luego volvió a hacer lo mismo que hacía cada vez que estaba a solas con él.
— Despierta —Rogó con la voz rota. Ya no podía más. Estaba cansada, destrozada, rota.
Tomó una de las manos del moreno entre las suyas, se la llevó a los labios y besó el dorso con delicadeza. Sollozó.
— Despierta, tienes que despertar, maldita sea, Tai… ¡Despierta! —Un quejido, un llanto y el dolor. Todo se entremezclo de la manera más cruda de todas…
Unos pasos acelerados, llegó al madre de Tai. Todo se nubló de pronto. La sacaron de la sala del moreno. Ella no quería, ella quería quedarse junto a él. No dejarlo. No dejarlo como en un principio. ¡Cuánto se odio en estas circunstancias! ¿Por qué no se quedó en Estados Unidos junto a él? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Por qué!
Ahora estaba en la sala. Sola. ¿Qué diablos iba a hacer aquí en la sala? Ella quería estar junto con Tai.
Ni siquiera se había dado cuenta que la habían sentado en una banca y que la habían dejado completamente sola.
Se abrazó a si misma y se largó a llorar largamente. ¡Por Dios como dolía! Sin Tai… Se sentía vacía, sola, nadie la entendía, eso ella lo sabía… Nadie podría llegar a entender lo que sentía en esos momentos, si quiera una persona que haya pasado por lo mismo que ella.
Nadie sabe lo que uno siente. Nadie. Ni aunque alguien ya lo haya pasado. Porque nadie siente como lo haces tú.
Sollozó.
No había oído los pasos que se acercaban, quizá por el sollozo que inundó los pasillos, quizá porque no oía nada a su alrededor desde que aquello le había pasado a Tai. Todo alrededor era tan borroso, a excepción cuando se encontraba a un lado del moreno.
— ¿Sora?... ¿Qué pasó? —La voz de Mimi sonó algo ahogada, estaba segura que la castaña se imaginaba lo peor.
Sora pensó seriamente lanzarse a los brazos de su amiga. Se levantó de golpe, pero no porque quisiera ir a abrazar a Mimi, si no porque sintió una extraña sensación de ira colarse en su interior al ver a un rubio caminar detrás de la chica con una mano metida en el bolsillo de su chaqueta y la otra… Sobre la mano de Mimi.
Apretó sus puños, Matt al ver la expresión en el rostro de la pelirroja tensó su mandíbula.
— ¿Sora qué…?
— ¿Qué haces aquí? —Chilló la chica con la voz quebrada.
Matt frunció ligeramente el ceño, aun tenía la mandíbula tensa y su corazón había comenzado a latir desesperadamente. Mimi apretó su mano y extrañamente los latidos cardiacos aumentaron, pero de una manera más… placentera.
— V-vengo a ver a Tai —Tartamudeó el rubio. Sora acrecentó su ceño y su respiración comenzó a hacerse cada vez más pesada, como si le faltase el aire.
— Pues no te necesitamos, después de las cosas horribles que nos dijiste sin siquiera escuchar una excusa. Vete, Matt. Tai no te necesita —La pelirroja intentó que su voz sonara completa, sin tiritar, firme. Quería a Matt lejos de Tai y no sabía el por qué de aquello.
Matt frunció el ceño e intentó controlar el remolino de emociones que se habían agolpado en su pecho en aquel momento para no demostrarlos, aunque se le hizo imposible ya que en ese momento Mimi soltó su mano y lo dejó casi sin "protección". Porque era así, con Mimi se sentía protegido, aunque sonase ilógico y bastante... extraño, pero así era, ella se estaba transformando en aquello que te hace sentir bien, como un talón de aquíles irrompible. Extraño pero cierto, y daba miedo.
— Sora, cállate —susurró la castaña mientras caminaba hacía la pelirroja.
Sora sollozó.
— ¡No!, ¡Tai está muriendo allá dentro y no sé qué es lo que hace Matt aquí!, ¿vienes a burlarte?, ¿vienes a reírte y decirnos que todo esto es producto del Karma? —Los ojos de Sora estaban impregnados en odio, rabia y rencor —¡Vete, Matt!, ¡no quiero...
Y de pronto guardó silencio. Su rostro girado y su mano sobre su mejilla le demostraba lo obvio de la situación. Mimi frente de ella aun tenía su mano en el aire. Le había abofeteado.
Sora sollozó nuevamente, sin embargo, extrañamente... Se sentía mejor.
— Matt tiene una solución para esto Sora... Matt también tiene algo que decir, déjale hablar, no seas hipócrita y deja que él también de sus explicaciones... —Para sorpresa de ambos Mimi habló tranquilamente, de lo más serena.
Sora no dijo nada y aun con su palma en su mejilla miró a Matt, como si esperase que él le diera la explicación que tanto alegaba Mimi que él tenía. Matt tragó saliva en seco y carraspeó.
— Tengo el mismo tipo de sangre que tiene Tai...
[**]
Y esperar...
Eso era lo que le había dicho el médico.
Esperar...
Al menos, Tai ya no moría con cada segundo que pasaba. Ya tenía toda la sangre que necesitaba en su cuerpo. Paradójicamente gracias a Matt.
Y debía seguir esperando...
¿Cuánto tiempo?
Nadie lo sabía.
Tai estaba atado a la vida por algunos cables, mientras tanto, por el otro lado tiraban de él, para llevarlo hacía el fin. Su fin. Para que descanse en paz. Lejos de ella, lejos de su familia y amigos. ¿Tai estaría luchando en estos momentos por su vida? Esperaba que si... Por muy egoísta que sonara, ella lo quería ahí, lo necesitaba...
— Tai... —Le habló en un susurro, como siempre le hacía —Debes despertar. Maldita sea... No me puedes dejar nuevamente. ¿Lo recuerdas? Lo prometiste, estarías conmigo... —Soltó un poco de aire de sus pulmones y luego inhaló, repitió la acción algunas veces, para calmarse y luego volvió a hablas; —Te necesito conmigo Tai... Te necesitamos.
Sonrió sin poder evitarlo mientras acariciaba la frente del moreno. Había pasado ya un día y en tan poco tiempo había ocurrido de todo. Había vuelto a comer junto con Matt... Y Mimi, Matt en la mañana había sido sometido para quitarle sangre. Exitoso, el cuerpo de Tai lo recibió con éxito. Se enteró de la fecha de parto de Kari, el nombre de la niña. Juno. Se enteró de que Tai sería el padrino del bebé. Porque él iba a despertar. ¡Dios! Él debía despertar.
— Tai... Despierta. Ahora más que nunca, te necesitamos. Estoy embarazada y tú lo prometiste, ¿lo recuerdas? No me harías pasar por lo mismo otra vez...
Y ahí fue cuando todo cambió, o se podría decir que terminó o, tal vez y lo más probable... Se inició algo nuevo. Porque siempre cuando algo termina comienza algo nuevo, mucho mejor que lo ocurrido anteriormente.
(*)
Despertó al fin. Sentía su cuerpo pesado y su garganta reseca.
Abrió con lentitud sus ojos y no pudo evitar sonreír cuando la dulce voz de Mimi le llamó.
— Matt —Susurró la castaña con una sonrisa radiante en su rostro. Radiante, como solía ser siempre ella.
Irradiaba energía y felicidad siempre, era imposible no contagiarse, aun cuando seas un chico bastante reacio a todo aquello.
— Tengo sed... —Dijo él con la garganta raspando. Dios, le dolía todo.
Jamás creyó temer a una simple aguja. Claro, una gruesa y gran inyección que inyectaban en tus venas y te quitaban casi un litro de sangre, por no decir más. Más bien sangre que él había regalado. Por una buena causa, claro. De igual manera, ¿quién diría que se desmayaría? Creía que se sonrojaría, sin embargó no llegó a tal punto. Tal vez estaba muy debilitado, aun así, se avergonzaba de sobremanera al recordarlo. Dios... ¡Se había desmayado!
Mimi se levantó de la silla y caminó con rapidez hacía un mueble blanco en el cual había encima un jarrón con agua y un vaso. Llenó el vaso, vaciando el jarrón y se acercó hacía el rubio. Le ayudó a incorporarse y le dio de beber en los labios con cuidado. Matt se lo bebió todo de un sorbo, sintiéndose mejor de inmediato.
— ¿Y Tai? —Preguntó Matt apenas el vaso fue separado de sus labios. Mimi sonrió, aunque no pudo saber si era una sonrisa sincera o tan solo una sonrisa de aliento. La chica se volvió a levantar y fue a dejar el vaso al mesón nuevamente. Luego se volteó y caminó hacía él hasta sentarse nuevamente en la cama junto con el rubio.
Tomó su mano casi por instinto y la apretó. Ante tal gesto ella se sonrojó y Matt juró que también lo haría si tuviera quizá más sangre en su cuerpo.
Carraspeó.
— El doctor dijo al menos que la pregunta para ellos había cambiado, pasó de ser; "¿Cuándo morirá?" a "¿Cuándo despertará?". No sé si lo entiendas, pero creo que es un avance... ¿verdad? —Preguntó Mimi intentando buscar una esperanza en los ojos azules de Matt.
El rubio asintió con una leve sonrisa en su rostro. Confiaba en Tai, él debía despertar.
— Además. Tai es fuerte, él no dejará a... —Mimi pegó sus ojos mieles en el rostro de Matt, él la miró y sonrió aun más.
— Sí, Mimi, tienes razón. Tai no dejaría a Sora, ni menos embarazada —Susurró él, no sentía dolor, ya no lo había.
— ¡Sí! —Pareció sentirse aun más animada y emocionada, —porque siempre me han dicho que las personas cuando están en coma pueden oír lo que los demás dicen, de seguro Tai está ahí diciéndonos que no nos demos por vencidos. ¡De seguro es él el que nos pide que seamos fuertes!...
Matt sonrió.
Mimi proseguía sin notar que Matt ya no le prestaba la más mínima atención. Le era imposible. Se sentía mal, pero no mal de enfermo, si no mal consigo mismo. Digamos, ¿estaba bien desear besar a la mejor amiga de la que fue alguna ves tu prometida? ¿Acaso la herida que dejó Sora en él ya había sanado...? O quizá... Sora no dejó ninguna herida en él, sólo un daño reparable, un daño leve, muy leve... Un daño de orgullo. Se preguntó nuevamente en dónde estaba su cabeza cuando él le pidió matrimonio a la mujer equivocada. ¿Cuándo fue que saco por conclusión que Sora era la chica correcta? No lo sabe, y eso ya no importaba. Porque no la amaba. Porque no se sentía asi de bien junto con Sora, no como ahora, no como ahora que la castaña estaba a su lado, sujetando su mano, hablándole y preocupándose por él. ¿Con Sora también el corazón le latía así de rápido?, ¿Sora también le causaba esos raros estremecimientos cuando la sentía cerca, muy cerca? No lo recordaba y además, ¿qué más daba? Ya no importaba ella, ya no importaba Sora, no al menos como ahora importa Mimi, porque Sora era su amiga e importaba como tal. Como amiga, no algo más, sólo amiga...
¿Y Mimi? ¿Dónde mierda entraba Mimi en toda esa ecuación tan complicada?...
— ¿Matt?, ¡Matt! —Le llamó la castaña al notar al rubio ido.
Matt parpadeó extrañado y pegó sus grandes ojos azules en los mieles de Mimi.
— ¿Te duele algo?, ¿quieres agua? —Matt abrió la boca para responder, pero no pudo, Mimi ya se había levantado e iba por otro vaso de agua. Tomó el jarro y frunció el ceño, —oh, no hay agua, iré a pedirle a una enfermera...
— Mimi —Le llamó él con suavidad. La castaña lo miró fijo.
— ¿Necesitas algo más? —Preguntó con suavidad.
Matt suspiró hondamente, se incorporó un tanto en la cama.
Asintió.
Mimi se acercó un tanto, aun con el jarro de agua en la mano.
— Dime...
— P-podrías... ¿Podrías besarme?
Y cerró los ojos.
No cerró los ojos por esperar que ella le besase, no. Esperaba un golpe, quizá igual al que le dio a Sora, aunque... No, sería peor, más fuerte, más doloroso, sería mucho peor. De seguro y dolería. Sí, dolería mucho.
Apretó aun más los ojos al sentirla acercarse. Dios, ahí vendría, aguantó el aliento.
Pero nada sucedió, esperó unos minutos y nada. ¿Y el golpe? Estuvo decidido a abrir los ojos, pero no pudo hacerlo. Los labios de ella presionaron sus labios en una presión que lo llevó lejos. A la gloria, quizá más allá. No lo supo con certeza, lo que sí supo fue que tan sólo el roce de sus labios le hizo sentir millones de sensaciones, todas distintas, todas iguales de fuertes. Lo que sí sabía con certeza exacta era que con nadie había sentido aquella sensación. Ir a la gloria. Vaya, y tan sólo con el roce de sus labios. Intentó profundizar el beso abriendo sus labios, pero no. Mimi rompió el contacto y se separó del rubio.
Sonrojada se levantó de la cama y dio un paso hacía atrás observando al rubio con cierta pizca de vergüenza.
— No, Matt. ¡Dios que esto es un error! —Susurró Mimi y sus ojos se inundaron en lágrimas cristalinas que cayeron por sus mejillas con lentitud, se apresuró a quitárselas con el dorso de sus manos, —tú estás enamorado de Sora. No quiero sufrir, ¿vale?
Matt negó con su cabeza contrariado. Sintió como todo se le iba de sus manos y por primera vez quiso actuar antes de pensar. El sólo hecho de pensar en no volver a sentir aquello que sintió cuando Mimi lo besó, fue la peor sensación de todas. Horrible en verdad.
— ¿Estás loca? —Le preguntó, Mimi hipó con suavidad, —yo no estoy enamorado de Sora, al menos ya no... Si quiera sé si alguna vez sí estuve enamorado de ella, ¿sabes? Todo esto es muy confuso y enredado, ni yo mismo lo entiendo. Pero sé que es diferente, ni siquiera lo creo, lo sé, tengo la certeza de que contigo las cosas las quiero hacer bien. Estoy confundido, pero no es de la manera que crees que es... —Intentó explicarse pero hasta él mismo se enredaba. —Estoy confundido porque no sé que es lo que tú me haces sentir. ¿Es que no lo sentiste?, ¿enserio? ¡Fue diferente!, especial... Diablos, no sé cómo explicártelo porque no lo entiendo ni yo pero... No quiero que me dejes, quedáte conmigo. Te necesito conmigo aunque suene bizarro porque antes no te quería ver siquiera cerca de mí... Pero ahora, ¿lo entiendes? Porque yo no, pero sé que debo estar junto a ti.
Mimi sonrió entre lágrimas y se acercó nuevamente al rubio, se sentó junto a él en la cama y tomó su mano con delicadeza.
— Arranquémonos, Mimi. Larguémonos de aquí apenas Tai despierte, los dos. Porque no sé qué haría si no estás junto a mí —Se humedeció los labios mientras sentía su corazón saltar en su pecho con frenesí.
Mimi sonrió enormemente y nuevas lágrimas inundaron sus ojos. Matt se incomodó, su idea no era hacerla llorar nuevamente. Pero descubrió que era algo bueno cuando ella nuevamente se acercó a él y unió sus labios nuevamente, haciendo que toda esas explosiones de sentimientos volvieran a crecer en él. Sentimientos que se acrecentaron cuando ella fue la quien abrió sus labios esta vez haciendo que el beso se intensificara. Lo llevó a la gloria nuevamente y una electricidad gratificante cruzó por su espina dorsal. Dios, sí que era la mejor sensación que jamás había experimentado. ¿Haberse casado con Sora? Eso habría sido el error más grande que hubiera cometido en la vida.
Quizá hasta cuándo hubiera seguido el beso, sólo saben que fue cortado por la puerta abrirse de un portazo y entrar a una agitada Sora con ojos abnegados en lágrimas.
Prudentes, se separaron de un brinco y la miraron, ambos avergonzados. No lo sabían, no sabían qué reacción habrá tenido Sora al verlos besándose. Lo próximo que dijo a ambos también le hicieron reír mientras se abrazaban sin pudor frente a la pelirroja.
Tai había despertado...
{Un mes y medio después}
Un quejido y luego un llanto agudo que impregnó la blanca habitación.
Alguien lloraba, sin embargo, todos los demás reían emocionados ante tal llanto.
El joven padre meció a la pequeña bebé en sus brazos mientras esta lloraba aun más fuerte. Kari, sentada en la cama de sedas blanca miró a padre e hija con infinita ternura. Esa imagen jamás se borraría de la cabeza.
— Creo que tiene tus pulmones, Kari —Dijo T.K divertido mientras le entregaba el bebé a su suegra para que esta pudiera conocer a su nieta. Juno, Juno Takaishi.
La castaña Kamiya se cruzó de brazos en la cama. Arrugó el ceño y frunció los labios.
T.K la miró y se acercó a ella para besar su coronilla con cariño.
— Es cierto —Soltó el moreno detrás de su madre mientras veía sobre el hombro de ella a la pequeña rubia de ojos grisáceos-azulinos —T.K salió casi llorando del pabellón, diciendo que tú le habías gritado y apretado tanto la mano que se la haz dejado morada.
Kari gruñó.
— Si alguna vez pasas por un dolor semejante al que es tener un bebé, ahí recién entraríamos de hablar, antes, cierra la boca —Murmuró Kari con molestia. T.K nuevamente volvió a besarle la coronilla, no quería que se molestara. El medico lo dijo, debía estar tranquila.
La bebé se cayó aunque se quejaba entre sueños. Suspiraba y volvía a llorar. La madre de Kari le entregó el bebé a la chica y esta se sonrojó violentamente. Debía darle de mamar, pero no lo haría con todos allí.
— Lo mejor sería que nos vayamos —Dijo Sora apareciendo detrás de los demás, tomó la mano de su novio y la apretó con suavidad. Tai sonrió y asintió con suavidad.
Se acercaron para despedirse de los nuevos padres y felicitarlos una vez más. Luego se despidieron de los padres de Matt y de sus propios padres.
Salieron de la clínica y se subieron al auto del moreno.
Se sentaron cada uno en su lugar. Tai la miró fijo y sonrió con dulzura.
Sora no pudo evitar mirar aquel feo corte que había en la ceja, recuerdo de un mal rato, del peor. Sonrió para acercarse al chico y besarle los labios con suavidad.
— Cierra los ojos —Y le sonó como deja vú. Sora frunció el ceño, Tai sonrió, —anda, ciérralos o me harás taparte los ojos con algún pañuelo.
Sora revoloteó los ojos y los cerró.
— Sin trampas, ¿eh? —Pidió.
Sora asintió con suavidad y apretó sus ojos aun más.
El auto partió y ella sonrió. Vaya, esas locuras tan sólo las hacía Tai.
— ¿Será mucho tiempo? —Preguntó la pelirroja sintiéndose incomodo ir a ciegas tanto tiempo. Tai chasqueó la lengua y pudo jurar que él negó con la cabeza
— Será el tiempo que deba ser, tú sólo mantén los ojos cerrados —Pidió Tai con voz suave, luego, sintió el motor encenderse y poner su mano en su vientre con suavidad, acariciar y luego alejarse. —Será niño.
Sora rió entre dientes y sintió el extraño impulso de largarse a llorar.
El camino fue rápido, aunque para ella fue lento y agotador. Mantener los ojos cerrados tanto tiempo era incomodo, suspiro, siempre Tai le hacía hacer esas cosas tan... Absurdas y locas.
Frenó al fin e iba a abrir los ojos cuando Tai puso sus manos encima.
— ¡No los abras!, ¡hasta que yo te diga!
Sora soltó un suspiro.
Si en el auto había sido una pesadilla no supo como decir como fue el camino a pie. Escucho ruidos sordos y estuvo a punto de tropezar varias veces en unas escaleras si no hubiera sido por Tai. Al fin Tai le tomó la mano y la hizo subir los últimos dos peldaños, abrió una puerta y la hizo caminar unos cuantos pasos. Nuevamente puso sus manos sobre sus ojos y la hizo avanzar unos pasos más.
¿Qué diablos...?
Quitó sus manos al fin.
— Lo diré de ante mano, antes de que Matt y Mimi se fueran a España me ayudaron, me obligaron a decirlo —Soltó con un bufido suave, —Ahora... Ábrelos.
Oyó a Tai alejándose y luego abrió sus ojos.
Sonrió mientras abría los ojos con impresión.
Se giró y lo vio sonriente, orgulloso de su trabajo. Sonrió enormemente ella también y con lentitud se acercó hacía él, pasó sus brazos por su cuello y de puntillas se acercó hacía él para unir sus labios con suavidad. Tai sonrió entremedio del beso y luego de separarse con suavidad la miró fijo a los ojos.
— ¿Y? —Preguntó.
Sora sonrió aun más y volvió a besarle en los labios con suavidad. Un toque suave y perfecto.
— Siempre, Tai, siempre.
En el tejado de aquel rascacielos una pareja se besaba, mientras que en el edificio del frente, un cartel gigante de una tela azul con letras blancas, rezaba imponente.
"Cásate conmigo. Otra vez"
No sé si esto era lo que realmente esperaban como final pero, ¿qué les puedo decir? Siempre me lo imaginé así para ser sincera. Un final abierto. Porque quizá, habrá epilogo, quizá, no lo sé aun con certeza C:
Espero con sinceridad que les haya gustado, porque he pasado por todo para terminarlo, por todo ._. Horrible, no hay porqué contarlo y recordarlo.
¿Qué les puedo decir? Que enserio espero que les guste y luego de esto dejen de odiarme!
Gracias a cada una que dejó su Review, no sólo a ellas, si no a todas las que leyeron esta historia, que la siguieron, agregaron a Favoritos o alertas! Me alegro mucho que les haya gustado. Para ser sincera es mi primera historia terminada y me pone algo nerviosa, pero, di lo que más pude de mi con el final!
Gracias a cada una de ustedes que me hicieron felices los días.
Leen - RoxieKastillo - LaSraDarcy - Aria -Ivymon - CureWhite - Lucy Yagami - Kachi Potter - Neko Sandie - Sorita San - Maii Lefebvre - Takari95 - Taiora02 - Spikeuzumaki - Faty Takenouchi - -xFiddlesticks - ValeChan.
Muchas Gracias! Espero que no las defraude y les diré que tengo pensado un Epilogo, pero no tengo idea cuando lo tendré, de cualquier manera está finalizada la historia. El Epilogo es tan sólo una "secuela" que se me ocurrió, bastante estúpida pero ahí se amarrarían los cabos sueltos. De igual manera, ya todo se sabe.
Enserio! Muchas gracias por todos sus comentarios. Las quiero mucho y bueno, nos leeremos de igual manera.
Besitos y un abrazo apretadísimo.
(Me he cambiado el nombre por algo X)
Jell :A
