Hola amigos lectores. Aqui el decimo capitulo ya de esta historia. Muchas gracias a todos por sus comentarios,nos vemos en la proxima actualizacion que estara IMPACTANTE! PERO MUUUYYYYYYY IMPACTANTE,NO SE LO VAN A CREER! Saludos y buena vida a todos


Capitulo 10 - "La identidad de Lady Mimet"

Queridos lectores: Es con un corazón sorprendentemente sentimental que escribo estas palabras. Después de 4 años de informar acerca de la ida y actividades del bello mundo, esta cronista abandona su pluma. Si bien el desafío de lady Jazmin ha acelerado mi retiro, en realidad no se puede poner (enteramente) la culpa sobre los hombros de la dama. La redacción de la revista se me ha hecho pesada este último tiempo, menos gratificante y, tal vez menos entretenida de leer. Esta cronista necesita un cambio; esto no es difícil imaginárselo. 4 años es mucho tiempo. Y, la verdad, la reciente renovación del interés por la identidad de esta cronista, se ha hecho inquietante. Amigos se vuelven contra amigos, primos contra primos,hermanos contra hermanas, todo en el inútil intento de resolver un secreto irresoluble. Además, los métodos detectivescos de la alta sociedad se han tornado claramente peligrosos. ¡Me despido de ti, Tokio! Ha sido un placer servirte.

"Ecos de la Sociedad"By

Lady Mimet


Michiru se encontraba en el club hipico, aquel donde hacía ya 4 años había conocido al "hombre" por así llamarlo de su vida, había ido por pedido de su molesta prima Felicity. Cuando a lo lejos vio a la madre de Haruka que estaba ahí junto a Serena,la esposa de su sobrino Darien. La Sra Tenoh la vio a lo lejos, la saludo con la mano y cuando Michiru se iba acercando le dijo:

¡Lady Mimet se ha retirado! Una mujer que estaba cerca al escuchar aquello se desmayó, y casi se rompió la cabeza en el borde de una mesa al caer desgarbadamente al suelo. Al parecer no había leído la revista esa mañana y se enteró de la noticia allí, cuando la Sra Tenoh lo grito. La reanimaron haciéndola oler sales, pero pasado un momento volvió a desmayarse. —Eso es fingido —comentó Serena a Michiru, Felicity y a la Sra Tenoh. Las cuatro estaban paradas cerca —El primer desmayo fue de verdad —explicó Felicity—. Eso le quedó claro a cualquiera por la forma torpe como cayó. Pero eso… —Hizo un gesto de disgusto con la mano hacia la dama que estaba en el suelo—. Nadie se desmaya como una bailarina de ballet. Ni siquiera las bailarinas de ballet. Michiru solo escuchaba, así que sin dejar de mirar a la infortunada mujer, que en ese momento estaba volviendo en sí con un delicado movimiento de pestañas mientras le sostenían las sales bajo la nariz, le preguntó: —¿Te has desmayado alguna vez? Pregunto Serena —¡Nooo, desde luego que no! —contestó Felicity, no sin cierta medida de orgullo—. Los desmayos son para las tontas tiernas de corazón, aunque debo de reconocer que estamos perdidas sin lady Mimet —dijo, sorbiendo por la nariz. Michiru miró incrédula a su prima. —Vaya, sí que estás melodramática. Felicity hizo un exagerado encogimiento de hombros, digno de un escenario.

Michiru decidió que ya era hora de cambiar de tema. —¿Dónde está Set? Enferma, me temo. Con dolor de cabeza —explicó la Sra Tenoh, con un pequeño ceño arrugando su cara por lo demás tersa—. No se ha sentido muy bien desde hace varios días. Estoy comenzando a preocuparme. Michiru, que había estado mirando distraídamente hacia un caballo hermoso parecido al de Haruka, volvió inmediatamente la atención a Sra Tenoh. —¿No es nada grave, espero?No es nada grave —contestó la Sra Tenoh antes de que su nueva sobrina Serena alcanzara a abrir la boca—. Set nunca cae enferma. —Justamente por eso estoy preocupada —dijo la Sra Tenoh—. No ha comido muy bien estos días.

Eso no es cierto —rebatió Serena—. De hecho, esta tarde Reizo le llevó una bandeja bien pesada. Panecillos, huevos y me pareció oler jamón. — Hizo un gesto irónico, sin dirigirse a nadie en particular—. Y cuando Setsuna dejó la bandeja en el corredor, estaba totalmente vacía. Serena tenía un ojo sorprendentemente bueno para los detalles, decidió Michiru. —Ha estado de mal humor desde que se peleó con Haruka —continuó Serena. —¿Se peleó con Haruka? —preguntó Michiru, empezando a sentir una desagradable sensación en el estómago—. ¿Cuándo?

Un día de la semana pasada —contestó Serena. ¡¿Qué día?!, deseó gritar Michiru, pero seguro que parecería raro si pedía que le dijeran el día exacto. ¿Sería el viernes? Siempre recordaría que su primer beso, y muy probablemente el único de su vida, lo había recibido un viernes. Tenía esa rareza. Siempre recordaba los días de la semana. Conoció a Haruka un lunes. Él la besó un viernes. 4 años después. Suspiró. Más patético imposible.

¿Te pasa algo Michiru? —le preguntó la Sra Tenoh. Michiru miró a la tia de Setsuna. Sus ojos azules eran todo cariño y preocupación, y algo en su manera de ladear la cabeza le produjo deseos de llorar. Sí que se había puesto emotiva; llorar por un ladeo de cabeza, desde luego. —No me pasa nada —contestó, con la esperanza de que su sonrisa pareciera sincera—. Sólo estoy preocupada por Set. Serena asintió. Michiru decidió que necesitaba escapar. Todas esas Tenoh, bueno, dos en todo caso, le hacían pensar en Haruka.

Lo cual no era nada que no hubiera hecho casi cada minuto de los tres últimos días. Pero por lo menos esos habían sido momentos secretos, en que podía suspirar, gemir y gruñir a plena satisfacción de su corazón. Pero esa debía de ser su dia de suerte, porque justo en ese instante oyó a lady Jazmin ladrar su nombre. (¿Hacia dónde iba su mundo que consideraba una suerte quedar atrapada en un rincón con la lengua más mordaz de todo Japon?) Pero lady Jazmin le ofrecía la disculpa perfecta para dejar su pequeño cuarteto de damas; además, estaba llegando a comprender que, de un modo muy extraño, aquella dama le caía bastante bien. —¡Señorita Kaio! ¡Señorita Kaio! Felicity retrocedió un paso. —Creo que te llama a ti —susurró, apremiante. —Por supuesto que me llama a mí —dijo Michiru, con un cierto toque de altivez—. Considero una muy querida amiga a lady Jazmin. Srita Kaio puedo hablar con usted?Pasa que es la unica inteligente en este grupo de personas— Dijo Lady Jazmin

Eh… esto… le aseguro que la Sra Tenoh… Lady Jazmin la interrumpió negando enérgicamente con la cabeza. —Está demasiado ocupada intentando casar a su hijo —declaró—. No se puede esperar que sepa llevar una conversación decente últimamente. Espantada, Michiru miró con disimulo a la Sra Tenoh para ver si estaría ofendida por ese insulto: al fin y al cabo ya llevaba cuatro años intentando casar a Haruka y sus primos, aunque con Darién ya lo había conseguido. Pero la Sra Tenoh no se veía ofendida en lo más mínimo; en realidad parecía estar reprimiendo la risa. Reprimiendo la risa, alejándose y llevándose con ella a Serena y Felicity. Traidoras, las tres. Ah, bueno, no debería quejarse. Su deseo había sido escapar de las Tenoh, ¿no? Pero no le agradaba particularmente que Felicity y Serena creyeran que le habían gastado una mala pasada. —Se fueron —cacareó lady Jazmin—, y mejor, también. Esas dos niñas no tienen ni una sola cosa inteligente que decir

Oh, vamos, eso no es cierto —protestó Michiru, sintiéndose obligada —. Felicity y Serena son muy inteligentes las dos. —No he dicho que no sean inteligentes —replicó lady Jazmin ásperamente—, sólo que no tienen nada inteligente para decir. Pero no se preocupe —añadió, dándole una alentadora palmadita en el brazo (¿alentadora? ¿alguien podía decir que lady Jazmin dijera o hiciera algo alentador?)—, no es culpa de ellas que su conversación sea tan sosa. Ya crecerán. Las personas son como los buenos vinos. Si comienzan siendo buenos sólo mejoran con la edad. Michiru había estado mirando ligeramente por encima del hombro derecho de lady Jazmín, a un hombre que pensó que podría ser Haruka (pero no lo era), y eso le llevó inmediatamente la atención hacia donde quería Lady Jazmin. —¿Buenos vinos? —repitió. —Jumjum. Y yo que creía que no estaba escuchando. —Sí que estaba escuchando —dijo Michiru, notando que se le curvaban los labios en algo que no era exactamente una sonrisa—. Sólo que… me distraje. —Buscando a ese muchacho Tenoh, sin duda

Michiru ahogó una exclamación de sorpresa. —Ah, no se sorprenda tanto. Lo tiene escrito en toda la cara. Lo único que me sorprende es que él no lo haya notado. —Me imagino que sí lo ha notado —masculló Michiru. Lady Jazmin frunció el ceño y las comisuras de los labios se le curvaron hacia abajo, formando dos surcos verticales que le bajaban hasta el mentón. —¿Sí? Humm. No dice mucho en su favor que no haya hecho nada al respecto.

A Michiru se le oprimió el corazón. Encontraba algo tan extrañamente dulce en esa fe de la anciana en ella, como si fuera de lo más normal que Haruka se enamorara de mujeres como ella. Había tenido que rogarle que la besara, por el amor de Dios. Y luego, cómo acabó todo; él se marchó de la casa con un ataque de rabia y ya llevaban tres días sin hablarse. —Bueno, no se preocupe por él —dijo lady Jazmin de repente—. Le encontraremos otro. Michiru se aclaró delicadamente la garganta. —Lady Jazmin, ¿es que me ha convertido en su «proyecto»? La anciana sonrió de oreja a oreja, su sonrisa alegre y radiante en su arrugada cara. ¡Pues claro! Me extraña que no lo haya descubierto antes.Pero ¿por qué? —preguntó Michiru, sin lograr comprenderlo.

Lady Jazmin suspiró. El suspiro no sonó triste, sino más bien reflexivo. —¿Le importaría que nos sentáramos? Estos huesos viejos ya no son lo que eran. Michiru se sintió fatal por no haber pensado en la edad de lady Jazmin mientras estaban ahí de pie en medio del club. Pero claro, la anciana era tan vibrante que era difícil imaginársela débil o adolorida. —Por supuesto —se apresuró a decir, cogiéndole el brazo y llevándola hasta un banco cercano—. Aquí. —Una vez que lady Jazmin estuvo instalada, ella se sentó a su lado—. ¿Se siente más cómoda ahora? ¿Le apetece beber algo? Lady Jazmin asintió, agradecida, de modo que Michiru le hizo una seña a un mesero para que les trajera dos vasos de limonada. No quería dejar sola a lady Jazmin, que estaba muy pálida. —Ya no soy tan joven —dijo lady Jazmin una vez que el mesero partió en dirección a la mesa de refrescos.

Me cae bien, señorita Kaio —explicó después—. Y son muchas las personas que me caen mal. Es así de simple. Y quiero verla feliz.Pero es que soy feliz —dijo Michiru, más por reflejo que por otra cosa.

lady Jazmin arqueó una arrogante ceja, gesto que hacía a la perfección. —¿De veras? —preguntó. ¿Era feliz?, pensó Michiru. ¿Qué significaba que tuviera que pararse a pensar la respuesta? No era infeliz, de eso sí estaba segura. Tenía una amiga maravillosa, una verdadera confidente. Tenía a sus padres, a su hermano y hasta la pesada de su prima. Pero contento no es lo mismo que felicidad, y sintió una fuerte punzada en el pecho al caer en la cuenta de que no podía contestar afirmativamente la pregunta de lady Jazmin. —He criado a mi familia —dijo lady Jazmin—. Cuatro hijos, y todos se casaron bien. Incluso le encontré esposa a mi sobrino, el cual, la verdad sea dicha —se acercó a susurrarle el final en el oído, como si se tratara de un secreto de Estado—, me gusta más que mis hijos. Michiru no pudo evitar sonreír. Lady Jazmin se veía tan furtiva, tan pícara. Muy cuca, en realidad.

Puede que la sorprenda —continuó lady Jazmin—, pero por naturaleza soy algo entrometida. Michiru mantuvo la expresión escrupulosamente seria.

Me encuentro sin nada que hacer —continuó lady Jazmin, levantando las manos como en señal de derrota—. Quiero ver felizmente establecida a una última persona antes de marcharme.No hable así, lady Jazmin —le dijo Michiru, cogiéndole impulsivamente una mano, y apretándosela un poquito—. Nos sobrevivirá a todos, no me cabe duda.Pffs, no sea tonta —dijo la anciana en tono de no tomárselo en serio, pero no hizo ademán de retirar la mano de la de Michiru—. No soy una persona depresiva —añadió—, simplemente soy realista. Ya he pasado de los setenta, y no voy a decir cuántos años hace de eso. No me queda mucho tiempo en este mundo y eso no me importa ni un ápice. Michiru deseó ser capaz de enfrentar su mortalidad con la misma ecuanimidad. Sabe Srita Kaio no voltee a ver pero se viene acercado el Joven Tenoh— Pero Michiru no pudo evitar ponerse nerviosa de pronto e hizo todo lo contrario de lo que le dijo Lady Jazmin y volteo a mirar— Srita Kaio no permita que el se sienta unico e importante,controlese— Le sugirio Lady Jazmin. Cuando Michiru lo vio,Dios,estaba hermoso con ese traje de montar color negro que contrastaba con su piel,su cabello rubio que le sacaba destellos al sol,era realmente un principe. Buenas tardes Lady Jazmin, Buenas tardes Srita Kaio — Dijo Haruka con esa educacion tan caracteristica de los Tenoh y continuo:

—Tenía la esperanza… —dijo se interrumpió y frunció el ceño, mirando hacia el estrado—. ¿Qué mira todo el mundo?

La esposa de su primo Darién va a hacer una especie de anuncio —contestó lady Jazmin. La expresión de Haruka adquirió un leve ceño de molestia. —No me imagino qué podría tener que decir que yo desee escuchar — masculló. Michiru no pudo evitar sonreír. Serena se había convertido casi líder en la sociedad Japonesa desde que se caso con su primo Darien.

Una ola de suaves murmullos se extendió por todo el salón mientras Serena daba un paso adelante y hacía una majestuosa venia a la multitud. Esperó a que todos se callaran y entonces dijo: —Señoras y señores, muchas gracias por tomarse un tiempo en venir este dia al clubHe llegado a la conclusión de que ya no puedo continuar el engaño que ha regido mi vida estos años. Todos sabían lo que iba a decir, pero nadie se podía creer que fuera cierto. —Por lo tanto —continuó Serena, elevando el volumen de su voz—, he decidido revelar mi secreto. Señoras y señores, yo soy lady Mimet.


No sabía en qué momento sucedió, ni si alguien lo había notado aparte de él, pero Michiru Kaio no era la misma mujer que había conocido. O tal vez sí lo era y era él el que había cambiado. Pensar eso lo hacía sentirse peor aún, porque si era cierto, quería decir que Michiru había sido interesante, hermosa y digna de besar desde hacía años y él no había tenido la madurez para notarlo. No, mejor pensar que había cambiado ella. Él nunca había sido muy partidario de la autoflagelación. Fuera como fuera tenía que presentar sus disculpas, y debía hacerlo pronto. Tenía que pedirle disculpas por ese beso, porque ella era una dama y él un caballero (al menos la mayor parte del tiempo y las personas lo creian asi). Y tenía que pedirle disculpas por haberse portado como un idiota loco de atar después, simplemente porque eso era lo correcto. El sabía que Michiru iría al club ese dia, porqué Saika la ama de llaves se lo había dicho.

Sólo Dios sabía qué creía Michiru que él pensaba de ella. Una vez que entró en el club no le fue difícil encontrarla. Ni se molestó en mirar hacia las competencias que habían. Centró la atención en las paredes y, cómo no, ahí estaba ella, sentada en un banco al lado de, ay, Dios, lady Jazmín. Bueno, no tenía otra cosa que hacer que ir allí derecho. A juzgar por la forma como Michiru y la vieja entrometida estaban cogidas de la mano, no cabía esperar que ésta se esfumara muy pronto. Cuando llegó hasta ellas, saludó primero a lady Jazmin, inclinándose en una elegante reverencia («Lady Jazmin»), y luego volvió su atención a Michiru («Señorita Kaio»). —Señor Tenoh —dijo lady Jazmin, en un tono sorprendentemente dulce—. Cuánto me alegra verle.

Él asintió y miró a Michiru, tratando de imaginar qué estaría pensando ella, pensando si lograría verlo en sus ojos. Pero fuera lo que fuera lo que ella estaba pensando, o sintiendo, estaba oculto bajo una gruesa capa de nerviosismo. O tal vez sólo era nerviosismo lo que sentía. No podía dejar de comprenderla. Él había salido a toda prisa de su casa sin darle ninguna explicación; ella tenía que estar confundida. Y según su experiencia, la confusión siempre lleva al nerviosismo. —Señor Tenoh —dijo ella al fin, toda su actitud escrupulosamente amable. Él se aclaró la garganta. ¿Cómo sacarla de las garras de lady Jazmin? No le hacía la menor gracia la idea de mostrarse humilde delante de la fisgona mujer. —Tenía la esperanza… —empezó.

Su intención era añadir que deseaba hablar con Michiru en privado. Lady Jazmin se moriría de curiosidad, pero no había ninguna otra manera de actuar, y tal vez le iría bien a la anciana quedarse en la ignorancia por una vez. Pero justo cuando sus labios estaban formando la petición, notó que ocurría algo raro en el club. Todos estaban hablando en susurros y apuntando hacia un pequeño escenario. Además, ni Michiru ni lady Jazmin le prestaban la más mínima atención. —¿Qué mira todo el mundo? —preguntó. — La esposa de su primo Darien va a hacer una especie de anuncio —contestó lady Jazmin, sin siquiera molestarse en mirarlo.

No me imagino qué podría tener que decir que yo desee escuchar — masculló. Vio que Michiru trataba de reprimir una sonrisa, y lo miró como diciéndole «te pillé», pero al mismo tiempo diciéndole «estoy totalmente de acuerdo contigo».—Lo que fuera que tuviera que decir Serena no le iba a servir para solucionar el problema principal: con qué palabras se iba a disculpar ante Michiru. Había intentado ensayarlas mentalmente pero de ninguna manera le sonaban bien, así que esperaba que su famoso pico de oro lo llevara en la dirección correcta cuando llegara el momento. Seguro que ella comprendería… —¡… Mimet!

Sólo captó la última palabra del monólogo de Serena, pero era absolutamente imposible no captar la exclamación ahogada colectiva que recorrió el lugar. Seguida por el murmullo de susurros apremiantes que sólo se oye cuando se ha sorprendido a alguien en una situación muy vergonzosa, muy comprometedora y muy pública. —¿Qué? —preguntó, volviéndose hacia Michiru, cuya cara se había puesto blanca como el papel—. ¿Qué ha dicho? Pero Michiru estaba muda, como aturdida. Miró a lady Jazmin, pero la anciana estaba con una mano sobre la boca y parecía a punto de desmayarse. Lo cual era bastante alarmante, ya que él estaría dispuesto a apostar una buena suma de dinero a que lady Jazmin no se había desmayado jamás en sus setenta y tantos años.

—¿Qué? —volvió a preguntar, con la esperanza de que una de las dos saliera de su estado de estupefacción. —No puede ser —susurró lady Jazmin finalmente, con la mandíbula todavía caída—. No me lo creo. —¿Qué? Ella apuntó hacia Serena, su dedo tembloroso bajo la parpadeante luz de las velas de las lámparas. —¡Esa dama no es lady Mimet! —exclamó al fin. Haruka giró bruscamente la cabeza de un lado a otro. Hacia Serena, hacia lady Jazmin, hacia Serena, hacia Michiru. —¿«Ella» es lady Mimet? —preguntó.

Eso dice ella —repuso lady Jazmin, la duda marcada en toda su cara. Haruka estaba totalmente de acuerdo con ella. Serena era la última persona a la que habría imaginado como lady Mimet. Era fisgona, sí, eso era innegable. Pero no era inteligente, y tampoco era ingeniosa, a no ser que fuera para reírse de otros .Y no quería estar en los zapatos de su primo Darien, que por cierto, no lo veía por ahi en ese momento

Esto es horrible —susurró Michiru. Le tembló la voz, y eso inquietó a Haruka. —¿Te sientes mal? —le preguntó. Ella asintió. —Sí, creo que sí. Me siento enferma, en realidad. —¿Deseas marcharte? Ella negó con la cabeza. —Pero continuaré sentada aquí, si no te importa. —No, claro —dijo él, mirándola preocupado. Seguía terriblemente pálida. —Vamos, por el amor de… Lady Jazmin soltó una blasfemia que cogió por sorpresa a Haruka, pero luego añadió otras maldiciones, que le hicieron pensar que muy bien podrían haber cambiado la inclinación del eje del planeta. —¿Lady Jazmin? —dijo, boquiabierto.

—Señorita Kaio —dijo, poniéndose a su lado—, parece que se siente mal. ¿Desea marcharse? — —dijo ella. Pero entonces ocurrió algo raro. Ella cambió cuando noto que Serena se acercaba; él no habría sabido describirlo de otra manera. Sencillamente cambió. Ahí, en ese instante, Michiru Kaio se transformó en otra persona. Enderezó la espalda, y él habría jurado que le aumentó el calor del cuerpo. —No, no —dijo—. Tengo algo que decir. Dijo cuanso Serena llego a su lado. Lady Jazmin sonrió.

Siempre me ha gustado lady Mimet —continuó Michiru, alzando el mentón, adoptando un porte casi regio. Miró a Serena y añadió—: Y se me rompería el corazón si resultara ser tu. Haruka le cogió la mano y se la apretó. No pudo evitarlo. —Bien dicho, señorita Kaio —exclamó lady Jazmin batiendo palmas, encantada—. Eso es exactamente lo que estaba pensando yo, pero no lograba encontrar las palabras. —Miró a Haruka, sonriendo—. Es muy inteligente, ¿sabe? —Lo sé —repuso él, sintiéndose inundado de un nuevo orgullo. —La mayoría de la gente no lo nota —susurró lady Jazmin, girándose hacia él para que le llegaran sus palabras, y tal vez para que sólo él la oyera. —Lo sé, pero yo sí —susurró él.

¿Qué piensa hacer respecto a las a los yenes que dijo en su apuesta? Dijo Serena ignorando las palabras de Michiru. —Necesito una prueba. Serena pestañeó. —¿Cómo ha…? —¡Una prueba! —exclamó lady Jazmin golpeando el suelo con su bastón, bastante fuerte—. ¿Qué letra de la palabra no ha entendido? No voy a entregar el rescate de un rey sin pruebas.

¿Quiere decir que no le basta mi palabra? —preguntó Serena

Haruka creyó oír atragantarse a Michiru, pero cuando la miró ella seguía a su lado, observando con mucho interés la conversación. Sus ojos azules profundos se veían grandes y luminosos en su cara, y ya había recuperado el color que le desapareció cuando Serena hizo su anuncio. De hecho, Michiru parecía estar muy interesada en lo que estaba ocurriendo. —Muy bien —dijo Serena en voz baja y letal—. Le presentaré la prueba dentro de dos semanas. —¿Qué tipo de prueba? —preguntó Haruka. Al instante se dio de patadas mentalmente. Lo último que necesitaba era embrollarse en ese desastre, pero su curiosidad pudo con él. Serena se volvió hacia él, su cara notablemente plácida, tomando en cuenta el insulto que acababa de arrojarle lady Jazmin ante incontables testigos. —Lo sabrás cuando la presente. Acto seguido se alejo

Es muy interesante —dijo Michiru repentinamente. Algo en el tono reflexivo de su voz exigía atención, y a los pocos segundos todos los que los rodeaban estaban en silencio. —Habla —le ordenó lady Jazmin—. Todos te escuchamos. Haruka supuso que esa orden pondría incómoda a Michiru, pero fuera cual fuese la infusión de confianza que había experimentado unos minutos antes seguía surtiendo efecto, porque ella se irguió orgullosa y dijo: —¿Con qué fin querría alguien revelarse como lady Mimet? —Por el dinero, por supuesto —contesto Haruka. Michiru negó con la cabeza. —Sí, pero uno supondría que lady Mimet ya debe de ser bastante rica. Todos hemos pagado por su revista durante años. —¡Pardiez, tiene razón! —exclamó lady Jazmin.

Oye, eres muy inteligente, ¿lo sabias? Dijo Felicity que acababa de llegar a su lado. Michiru se ruborizó modestamente y miró a su prima. —Tenemos que irnos, Felicity. ¿Tan pronto? —exclamó ella. Horrorizado Haruka cayó en la cuenta de que había modulado esas mismas palabras. —Madre quería que volviéramos temprano —dijo Michiru. —¿Sí? —preguntó Felicity, verdaderamente extrañada. —Sí. Y aparte de eso, no me siento bien.

Yo me encargaré de eso,yo las llevare —declaró Haruka. Pero Michiru le dijo que tomarían un taxi. Y entonces, antes de darse cuenta, Michiru había abandonado el club sin que él alcanzara a pedirle disculpas. Y por ese solo motivo debería dar por fracasado ese dia, pero dicha sea la verdad, no lograba decidirse a darla por fracasada. Al fin y al cabo, había pasado casi cinco minutos con la mano de ella en la de él.


Hasta aqui lo dejamos.. No se pierdan la proxima actualizacion.. Habra una gran sorpresa!