Notas de autor: Hi! si al fin traje el nuevo capi, y sorry por no haber actualizado antes pero en recompensa es un capi mas alrgo y bueno también tiene que ver con que es el ultimo capi ahora solo nos queda epilogo que lo estoy preparando con mucho cariño gracias a un pa rde sugerencias en algunos reviews y de mi beta... bueno espero que les guste este capi final... bye!
Abrió sus ojos con lentitud, a diferencia de la noche anterior la imagen que tenía, era hermosa. Estaba aprisionado en los brazos de esposo y eso le daba una sensación placentera de saber que la noche anterior, no fue un sueño, sino una gran verdad.
Podía afirmar que era uno de los despertares más hermosos en su vida. Quiso levantarse, pero, aparte de un dolor en sus partes bajas, un brazo posesivo rodeaba su cintura. Sólo soltó un suspiro, si quería que funcionase no podía quejarse por todo; sabía que lo que haría sería cursi pero eso ya no importaba.
Beso suavemente los labios de Yu, unas lágrimas escarparon de sus orbes paletadas, pero antes de que estas pequeñas lágrimas cayeran, una mano las limpió con cuidado.
-Moyashi- Para Kanda fue el despertar más hermoso en mucho tiempo.
-Estoy feliz Yu, te amo.
-Has vuelto a ser cursi como antes.
-Baka- El albino le dio un almohadón haciendo un puchero.
Yu se quitó la almohada y al ver ese puchero no pudo resistirse, con rapidez hizo que giraran, quedando sobre Allen, quien se sonrojo en el acto.
-Aún me duele- comentó con un adorable sonrojo.
-No pensaba hacer eso pero si lo deseas.
-Idiota- culminó para unir sus labios con los de su esposo.
Se besaron durante un largo momento no notando que se escuchaban pasos, pues estaban encerados en su mundo mientras se besaban con amor y sus manos acariciaban el cuerpo del otro.
-Te lo dije Tyki, se iban a reconciliar aunque no pensé que tan pronto follarían, pero es Yu después de todo.
Allen y Kanda se separaron al escuchar aquella voz.
-Tú, maldito pervertidor de menores.
-Suelte a mi hijo.
-¿Papá? ¿Qué hacen aquí?
-¿Qué demonios hacen aquí?
Kanda, molesto, tapó a Allen y los vio asesinamente.
-Es que como no volvieron a llamar pensamos que se habían matado entre ustedes, pues ya amaneció hace un buen rato.
-Lárguense ahora- dijo con autoridad.
-¿Eso significa que se reconciliaron?- preguntó feliz Alma.
-Joder, no me digas que aceptaste a este bastardo de nuevo, Chico- murmuró fastidiado, Tyki.
-Estoy feliz por ustedes, pero no me gusta ver a mi precioso niño así.
Allen se sonrojó más porque su padre estaba entre ellos.
-Ya váyanse todos ustedes.
-Pero aún no se le han quitado lo celos- volvió murmurar Tyki.
-¡Váyanse!- gritó todo sonrojado el albino, lazándoles una almohada.
Los presentes se retiraron de la habitación, pero al parecer no de la suite.
Allen se cubrió con la sábana tratando de ahogarse.
-Yu, tu amigo está demente- hizo un puchero.
-Aunque le debo una a Alma.
-Umm- esbozó otro puchero-, sí, yo también. Supongo.
Kanda lo descubrió y acarició una mejilla, no podía creer que tenerlo así, era real.
-Te amo- susurró Allen, despacito mientras se dejaba acariciar por su esposo- Mucho, nunca lo dudes, nunca podré mirar a alguien de esa manera. Nunca, sólo a ti.
Kanda por primera vez en su relación con Allen, se sintió satisfecho y seguro totalmente, pero aun así haría pagar a Tyki y Alma por haber visto a su albino semidesnudo.
-Vamos a bañarnos.
-Umm.
-¿Sientes vergüenza después de ayer?- pregunto con ironía.
-Baka Yu. Vamos, pero no te atrevas a tocarme. Quiero estar ahí cuando los niños despierten.
Yu asintió y tomados de la mano fueron a bañarse.
Sentía su pequeño cuerpo adormecido por el cansancio y el sueño, pero suponía que pronto vendría su papi a despertarlos. Quiso estirarse pero sintió el cuerpo calidado de otro, recordó que era su hermanito. Quiso sonreír, pero recordó todo lo que les había pasado, su pequeño corazón se estremeció de miedo y tristeza.
No sabía si quería que sus papis estuvieran juntos. Era egoísta pero no podía evitar que su pequeño corazón deseara eso y que su mente todas las noches le hiciera soñar estar con su familia unida, ver a sus papis sonriéndose uno con el otro y mimándolos a ellos, felices.
Sintió el otro cuerpo removerse.
-Ne-san… tengo miedo, ¿crees que se hayan molestado?
-No lo sé.
Se acercó más al pequeño abrazándolo. Sabía que él era más débil que ella, que le afectaba más, no sabía qué sentir ni a quién apoyar. No querían escoger bando, no querían decidir si Oto-chan o Oto-san eran mejor. Solamente querían estar en casa con sus dos padres al lado. Querían tener a su familia devuelta, no tener que ir a visitar la casa de su otro padre, no querían ser acurrucados nada más por uno y que ellos se miraran con odio o indiferencias, querían verlos sonreír.
¿Eso era egoísta? Tal vez sí, pero sus mentes no comprendían aquello.
Se abrazaron, sus lágrimas cayeron, sus sollozos se hicieron más audibles.
Pero pronto sintieron algo cálido, era alguien abrazándolos, pero aun así tenían miedo de abrir sus ojos. Tal vez su corazones se equivocaban y era un sueño o tal vez sólo era su abuelito; no es que no lo quisieran pero necesitaban el calor de sus padres, se sentían desprotegidos.
-Niños, abran los ojos, estoy aquí- sintieron ese suave susurro y sus pequeños corazones latieron mas apresurados.
-Kyohei, abramos los ojos- comentó insegura.
-Tengo miedo.
-No lo tengan, lo siento, nunca más los dejaré solos, nunca.
Más lágrimas salieron y sintieron más fuerte el contacto de los suaves brazos de su padre menor.
Decidieron abrirlos y se toparon con los ojos humedecidos y culpables de su Oto-chan.
-Lo siento tanto niños, lamento haberme portado así, los amo y son lo más importante para mí, daría mi vida por ustedes.
Más lágrimas caían, pero esta vez venían de los ojos plateados de Allen. Él también sentía miedo y expectación, se separó lentamente y los niños asustados se lanzaron sobre sus brazos, sorprendiendo a Allen, y los tres lloraron.
-Lo sentimos Oto-chan, sé que tú… Nosotros ya no queremos que estén tristes, si ustedes aún…
Allen cayó sus pequeñas boquitas y les dio una sonrisa dulce y tierna, se sentó y les acaricio sus cabellos.
-Ustedes no deben disculparse, nosotros fuimos muy cabezas huecas- sonrió y giró su vista alzando su mano.
Los niños siguieron con la mirada el movimiento de su Oto-chan y sus lágrimas volvieron con más fuerza, pero esta vez fueron cuatro brazos los que los abrasaron. Haciéndolos sentirse seguros y protegidos, dejando que sus pesadillas se diluyeran con cada caricia que sus padres les regalaban en sus cabellos.
Después de aquél momento íntimo de llanto y de reconciliación con su familia cada uno se sintió mejor.
Allen peinaba los cabellos de su hija mientras ella sólo cerraba sus ojitos dejándose llevar por el suave tacto de su papi y de lo relajante que era aquello.
-Ne-san no te duermas- el menor hizo un adorable puchero.
-No me duermo, sólo disfruto.
-Umm pero es mi turno- de nuevo hizo un adorable puchero.
-Gracias, yo estoy de adorno- espetó Kanda, haciéndose el molesto asustando un poco a su pequeño.
Dio un suspiro, le recordaba mucho a Allen. Así que suavizó sus facciones y le acarició con ternura los cabellos, haciendo que las mejillas de éste se volvieran tenuemente rosadas, haciendo feliz al padre.
-Ne, y anda peinándole ¿sí?
"Otro manipulador", pero sonrió y tomó un cepillo para comenzar a desenredar aquellos mechones bancos. Los cabellos de su hijo eran suaves, así que trataba de ser paciente, y cuidadoso.
-Oto-san, ¿tú nos quieres?
Esa pregunta sorprendió mucho a los padres.
-Por supuesto, Kyohei.
-¿Y quieres a Oto-chan?
-Por supuesto- miró con amor al albino mayor y éste se sonrojó levemente mientras aún cepillaba los cabellos de su hija con cuidado, pensando en qué peinado hacerle a la pequeña.
-¿Entonces viviremos juntos de nuevo?
-¿Te gusta la idea?- interrumpió Allen- ¿Quieres que vivamos juntos, mi niño?
-Pues yo… no lo sé- admitió el menor.
-Kyohei. no digas eso- interrumpió la azabache asustada- Nuestros padres deben estar juntos, por eso le dimos el regalo- las lágrimas caían de la pequeña.
-Yo sí quiero, pero creo que los estamos forzando, porque ustedes no se quieren. Oto-chan le pegó a Oto-san y ustedes nos dijeron que no se pega a quien se quiere- puso una carita triste que hizo que las culpa cayeran.
-Oto-chan, oto-san no le hagan caso, yo sí quiero que usted vuelvan, sé que se quieren ¿verdad?
Los padres estaban sorprendidos pero sabían que tenían que aclarar las cosas de una vez.
-Kyara, Kyohei, lo siento lo que estuvieron observando, lo sentimos y les prometemos que haremos que eso triste se quede en el pasado. Yo amo a su padre y los amo a ustedes mucho- decía el albino, con toda la dulzura que podía.
-Yo también los amo- para Kanda siempre era difícil expresarse pero sus hijos eran muy pequeños para entenderlo sin palabras, porque a un niño hay que demostrarle tu amor de todas las maneras posibles.
-Pero entendemos si tienen miedo a que vivamos juntos de nuevo, no queremos lastimarlos.
-¡No!- interrumpió asustado.- Yo si quiero vivir junto a ustedes, pero no quiero que... No quiero que me odien por haberlos obligado- el pequeño lloró desconsoladamente.
-Lo sentimos Oto-chan, Oto-san por el video...
Ambos niños temblaban como hojas de papel. Kanda y Allen se sentían impotentes, querían que su amor borrara toda las cosa que habían hecho mal, pero sabían que eso sólo se podría hacer con el tiempo.
-Ambos se sentaron en la cama y los niños se acercaron a ellos.
-Ustedes no tienen la culpa de nada, ése fue sólo problemas entre nosotros- Kanda trataba de expresarles su amor, se sentía culpable pero estaba decidido a hacerlos feliz.
-Les prometemos que ya no pelearemos así, yo no quería darle ese golpe a su padre, era sólo que pasaban cosa difíciles entre nosotros, era una situación complicada que no comprendíamos, pero a veces los adultos en vez de sentarse a conversar reaccionan así porque también sentimos miedo. Nunca haría daño a Yu. De verdad lo siento niños, los quiero.
-Yo quiero mucho a su Oto-chan, ¿nos darían la oportunidad de probarles que podemos ser una familia de nuevo?
Los niños se apretaron más contra sus cuerpos y los miraron con unos ojitos muy brillantes y una pequeña sonrisa se formaba en sus rostros, iluminando la vida de ambos adultos.
-Por supuesto que sí- dijo encantada la niña mientras abrazaba a sus dos padres, quería sentirlos así, cuidando de ella siempre.
-¿Y tu Kyohei? Di lo que de verdad sientas en tu corazón.
-Sí, pero tienen que prometer que no pelearan- hizo un puchero.
-Estoy de acuerdo con Kyohei y…- la niña les miro con alegría.
-¿Y?- preguntaron los padres ansiosos.
-Y tendrán que concedernos algo.
Kyohei la miró preocupado, tampoco entendía pero ella con la mirada le pidió que accediera y él así lo hizo.
Los adultos se miraron entre sí pero sonrieron y aceptaron.
-¿y que será, pequeña?
-Umm eso lo sabrán después- miró con cierta malicia infantil a sus padres que sintieron que realmente su hija podía ser manipuladora.
Terminaron de arreglarlos con cuidado.
-Sentimos no haber estado ahí con ustedes el día de ayer, pero les dedicaremos estos días a ustedes.
-¿Pero ya no firmaran eso papeles que los separará verdad?
Sabían que pasaría algo de tiempo para que los niños entendieran que ya no se separarían pero ellos estaban felices con que sus niños ya no lloraran.
-Por supuesto que no.
-Yo mismo los romperé- argumentó Kanda.
Y sus hijos asintieron felices.
-Pero dentro de pocos días es su aniversario- la niña hizo un puchero.- Tienen que celebrarlo de forma romántica.
Kanda se acercó a ella y le acaricio sus mechones que caían de las dos coletas que su Oto-chan le había hecho.
-Mi pequeña niña, no te preocupes por eso, te aseguro que tu Oto-chan estará más enamorado de mí después de ese día, más bien de esa noche. No te preocupes por nada, dejen todo en mis manos- dijo refiriéndose a ambos niños.
Y los niños volvieron a depositar su confianza en su padre, estaban seguros que esta vez todo saldría bien.
Se dirigieron al comedor del hotel y ahí estaba Mana esperándolos con una sonrisa amble. Ya había pedido para todos.
-¿A dónde vas?-preguntó Allen, observando que se retiraba.
-Pienso que ustedes cuatro deben pasar tiempo juntos, así que por ahora me iré con el chico Alma y Tyki a la casa de playa de Lenalee.
-Pero papa, tú también eres parte de nuestra familia
-Sí pero ¿unas vacaciones me vendrían bien no?- le guiñó un ojo y se cercó su hijo.
"Ustedes son mi familia, pero ahora necesitan darle todo su amor a estos niños, darles mucha seguridad y es mejor que tengan más intimidad como familia".
Allen sonrió ante el comentario de su padre y asintió gustoso. Mana supo que había hecho lo correcto porque notó que los ojos de su hijo destellaban de felicidad.
Los días de las semanas se pasaron. Mientras en las tardes paseaban por toda la playa entre juegos de familia junto con la familia de Lenalee, por las noche se rendían a su amor y pasión de pareja; recuperando los momentos que desperdiciaron en discutir y pelear.
Kanda lo disfrutaba más que nunca, lo había extrañado y nunca era suficiente. No paraban hasta quedar dormidos, pero al despertar los rostros de ambos eran felices, algo cansados pero felices, tratándose con amor y mucho respeto, radiantes por despertar abrazados.
-Ne, ¿a dónde llevaras a Oto-chan? –preguntaban los niños por tercera vez en la mañana.
-Ya les dije que eso solo lo sabrá su Oto-chan.
El albino se sonrojó y desvió la mirada. Kanda sólo miraba feliz las reacciones del otro, todo parecía miel y más miel. Y sus hijos en sus bellos ojos no había rastro de resentimiento o tristeza.
-Niños ¿a dónde quieren ir hoy?
-Uhh… ¡pues a la playa!
-Pero hemos estado toda la semana en la playa.
Los pequeños hicieron pucheros.
-Pero Kei nos venció en vóley de playa ayer y en hacer castillo. Buhh, su papá sabe hacer mejor castillos que papá Yu- se quejó.
Kanda sintió su interior arder, un sentamiento bastante conocido. Orgullo y arrogancia.
-Claro que no, hoy ganaremos, ese mocoso y su padre rubio no van ganar a los Kanda.
-Hey, yo soy Walker.
Se cayó al ver la mirada intensa de su familia.
-Vale, también soy un Kanda- suspiró derrotado.
-Moyashi, termina rápido e iremos de una vez la playa.
Los niños gritaron emocionados apurando su comida.
-No es bueno que les haga ser muy rivales, Kei es su amigo y se llevan muy bien.
"Mejor si ese mocoso aleja sus manos de mis niños".
-Yu, Kanda, ¡Bakanda!- chilló con voz aguda.
-Moyashi, ya te dije que sólo me gusta tu voz chillona en situaciones más privadas- lo miró de manera lujuriosa.
-Eres un pervertido idiota- murmuró molesto, tomando su jugo.
Kanda sonrió de lado, comiendo, mientras sus hijos terminaban su desayuno y miraban de rato en rato a Kei con ojos de rivales.
Kanda se sintió satisfecho de que sus hijos sean así de orgullosos.
Y ahí estaban, en el mar jugando ferozmente vóley. Kanda hacía equipo con Kyohei versus Key y su padre rubio. Éstos no podían contra la fuerza y la agilidad propia de Kanda, quien tenía a todas las féminas y uno que otro chico suspirando por cada golpe. Eso no agradaba a Allen, porque no sólo miraban a su esposo sino también a su pequeño hijo. La imagen de ambos era tentadora para todas las mujeres que iban con sus maridos y la comparación les hacía sentirse tristes por su destino.
Terminaron el juego y los Kanda vencieron, el niño sonrió y su padre lo cargó.
-Quiero mi premio- susurro mirándolo de forma intensa.
Aún no se satisfacían lo suficiente y no era para menos, habían estado alejados mucho tiempo que ahora se había desatado una verdadera fiebre de atracción entre ambos.
-Será en la noche, hoy es un día especial- susurro bajito.
Kanda asintió pero le robó un pequeño beso.
Ahora era turno de Lenale con su Kei y Allen junto con Kyara.
La niña se desenvolvía genialmente, Kei ya estaba muy cansado pero no se dejaba. Kyara resultaba ser toda una Kanda mandando su papi, diciéndole dónde y a qué hora responder. Pero Allen se cansaba, en cambio su niña sentía adrenalina subir por su pequeño cuerpo, era el sabor a obtener la victoria. Su papi falló una vez ya que Lena tenía una gran agilidad para los deportes, su esposo la miraba orgulloso, Kanda gritaba:
-¡Moyashi muévete más rápido! ¡Demonios, no pierdas!
-Papá más rápido uhhh- hacía pucheros de enfado.
Y los resultados finales fueron: por supuesto, Lenalee venció.
-Uh, Oto-chan perdió, no es justo.
Renegaba la pequeña, Allen sólo la cargaba algo sonrojado.
-¿Estás molesta, Kyara?-preguntó un tanto temeroso y la niña lo observo.
-Claro que no Oto-chan, pero odio que Kei gane- gritó con malicia.
-Y no lo hará, hoy ganaremos- sentenció Allen.
Pues en lo siguiente que era hacer castillos, quien lo ayudaba era él, ya que Kanda no tenía mucha paciencia. Prefería sentarse a apreciar a las personas más valiosa que tenía en su vida mientras se untaba más bloqueador y cuidaba que ningún desagraciado viera lo que era suyo.
Allen le había prohibido golpear a alguien pero eso no significaba que les diera una mirada de advertencia y vaya que funcionaba, pues ya lo había hecho y había tenido satisfactorios resultados. Sonrió complacido.
Y por qué no, también se sentaba degustar con la mirada el cuerpo pálido y delgado de su esposo, no podía dejar marcas en su cuerpo porque estaban en la playa, pero sí que lo disfrutaba durante las noches.
Comenzó a calentarse y su mirada se tornó lujuriosa y el albino notó. Hizo un puchero y le miró con advertencia, Kanda sólo dirigió su mirada a otro lado, distrayéndose, antes de terminar corriendo hacia Allen y tomarlo ahí mismo. Debía tranquilizarse pues hoy saldrían solos los dos por su aniversario.
Ya lo tenía todo planeado y sabía que a Allen le gustaría.
Para suerte de los pequeños Kanda, esta vez ganaron y se retiraron felices.
-Papi Yu, quiero ir nadar- pidió Kyohei.
Sí, aquellos pucheros en ambos niños, junto con esos ojos inocentes. Sabía que lo habían aprendido de su Moyashi. Suspiró derrotado, no podía hacer nada ante ello.
Para deleite de muchas y muchos, se sacó la polera quedando sólo con el bañador, algo suelto pues estaba con niños pequeños.
Allen sólo se sonrojo al verlo pasar con el torso desnudo.
-¿Te gusta, Moyashi? Ya sabes que más tarde lo podrás tocar.
-No digas cosa así en frente de los niños.
Ambos giraron sus miradas, pero los niños los veían felices como sus padres ya no discutían sino que solamente se daban caricias y pequeños besos.
-Papi Allen, vamos también- susurraron.
-¿Eh?, pero me han matado hoy haciendo los castillos, pero… ¡Hey, no...!
Yu le quitó rápidamente la polera y, conteniéndose, paseó sus manos por la espada del otro. Realmente preferiría un lugar más privado, "por eso prefiero las piscinas". Ya sabía que muchos lo mirarían con deseo, hasta él mismo lo hacía, mirando sus botones rosa que lo llamaban a que las mordiera suavemente y…
Sacudió su cabeza y lo tomó del brazo.
-Yu, estoy cansado – hizo otro puchero.
-No, vamos- los niños también jalaron.
El albino sólo dio un hondo suspiro y los siguió derrotado.
Terminaron chapoteando sobre el mar, dejándose arrastrar por la corriente, jugando entre los cuatro disfrutando del calor que comenzaba a disminuir. Las risas se escuchaban, se perdían entre muchas otras risas de diversas familias y parejas que iban a vacacionar.
Pero para Allen el momento era único y siempre lo guardaría en su corazón. Para sus hijos era felicidad pura, sentían que todo podría ser un hermoso sueño, ya que habían rogado tanto para un momento así, pero aceptando que era realidad disfrutaron de los juegos y del hermoso atardecer que aquel lugar les regalaba.
Llevaban en brazos sus hijos a su habitación, totalmente relajados, los recostaron en sus camas arropándolos y cubriéndolos bien y salieron.
-¿A dónde me llevarás?- preguntó Allen, colgándose del cuello de su esposo.
Kanda esbozó una sonrisa de deseo.
-Cámbiate de ropa y te llevaré- le sonrió mientras lo abrazaba por la cintura acercándolo.
-Heh ¿no te gusto así?- le respondió casi rozando su labios.
-Umm... no es eso, pero quiero que estés relajado, así que toma un baño y vístete- lo observó con detalle- Aunque debo decir que sin ropa te veras más hermoso.
Allen se sonrojó pero le siguió con juego.
-Entonces... ¿por qué no me acompañas a tomar un baño?- se acercó a su oído y le dio una mordida.
-Porque…- aspiro su dulce aroma- si entro contigo en la bañera no saldremos en toda la noche… te deseo tanto- suspiró en su níveo cuello.
El albino sabiendo, que su esposo no tardaba en caer, se separó, desasiendo el abrazo.
-Entonces ya vengo, estoy muy agotado por toda la tarde- se relamió los labios.
-Eres un pervertido, Moyashi. Si quieres no salimos y...
-Claro que no- le giñó un ojo y se volteó caminando despacio tentándolo aún más.
Kanda soltó un suspiro de deseo y se encamino a una habitación de la suite para bañarse y cambiarse, haría que todas las inseguridades del menor se disiparan.
El lugar estaba cerca al mar, era un restaurante muy fino decorado de manera rustica y con sillas de madera tallada, el mesero los llevo al segundo piso, donde había un ambiente más privado y tenía una hermosa vista al mar, ya que su mesa estaba en el balcón de este.
Se sentaron y Allen le devolvió la mirada con mucha luz, como hacía tiempo que no lo miraba, después esos ojos que tanto amaba se cristalizaron y eso le preocupó.
-Lo siento, es que estoy feliz- se disculpo Allen.
Kanda sonrió de lado, el mesero les trajo la carta y ellos pidieron. La cena transcurrió de manera tranquila mientras conversaban de cosas referentes a sus hijos y alguna otra situación en su trabajo.
-Kanda, ¿aún no has retirado la demanda de divorcio, no?
-¿Aun así piense divorciarte de mí?- preguntó con un deje de tristeza.
-Claro que no- intervino- Es sólo que quiero que nos aseguremos de eso, aunque no crees que sería mejor darnos un tiempo.
-Moyashi, claro que no, no te voy a dejar ni a ti ni a nuestros hijos, ¿lo entiendes?
-Sí, lo siento, fue un momento de debilidad, estoy feliz, y…- sonrió de forma tierna- siento que todo es un sueño, tengo miedo de despertar.
-No te puedo asegurar que no tendremos problemas en el futuro, ¿lo sabes, no?
-Claro.
-Pero te puedo asegurar que no estarás solos –le comentó con cierta dificultad pero con mucha seguridad.
-Yo también te lo aseguro, Yu. Estaré ahí para todos los problemas que tengamos- le sonrió de forma sincera y dulce.
-¿Quieres bailar?
El albino asintió y se levantaron. La música de fondo era tranquila y les daba paz, se fundieron en un abrazo reconfortante, dándose su calor corporal, tratando de sanar todas las heridas que habitaban en ellos, se miraron y el fuego encendió sus cuerpos, se unieron en un beso apasionado.
-Nunca me dejes, Yu.
-No pienso hacerlo, Moyashi.
Se sentaron cerca al balcón y Kanda supo que era el momento. Ahí sentados, admirando el horizonte, y el sonido de las aguas oceánicas agitándose. Se sintió como la primera vez que le propuso matrimonio, dejó eso de lado. Se supone que ya no era un chiquillo, pero estar con Allen y después de todo lo que había ocurrido entre ellos, le hacía temer.
Lo volvió a observar: hermoso, con su piel blanca y sus cabellos de la misma tonalidad. Siento revueltos por la brisa marina y supo que las casualidades solamente te guían al destino que siempre quisiste porque definitivamente esto era lo que siempre quiso desde pequeño, una hermosa familia.
-Moyashi- le susurró en el oído y Allen se giró, quedando sentado frente a Kanda.
El mayor sólo se sentó a su costado y resoplo, le era tan difícil hacerlo.
-¿Recuerdas esto?
Allen dirigió su vista con curiosidad y sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Es mi anillo de matrimonio- susurró tomándolo entre sus manos.
-Así es, yo lo mantuve aun después de que me lo lanzaste cuando estaba en la celda- le contó con cierto reproche.
-Lo siento.
-Joder, no es tu culpa, gracias a ese recuerdo, soporté las largas platicas de la psicóloga.
-A la que volveremos ¿lo entiendes no?
-Tsk- espetó un tanto fastidiado con la idea.
-Pero no te preocupes, que esta vez yo estaré contigo.
Kanda asintió.
-Bueno lo que te iba a decir es que quiero que... Bueno…
-¿Quieres que nos casemos de nuevo?- sonrió.
-No necesariamente, aunque los niños les haría feliz.
-¿Y a ti no?
-Sí, la noche de bodas supongo.
-Pervertido- paseos sus dedos por el aro de oro que sostenía- Recuerdo que me dijiste que compraste este con tus ahorros, ¿aún tienes el tuyo?
Kanda asintió sacando el otro anillo.
-Entonces creo que podríamos volver a usarlo, ¿no?
Kanda le dio una caricia en la punta de su nariz en gesto tierno.
-No lo creo.
-¿Por qué?
-Porque sufriste aquella vez, este anillo me recordara siempre que no debo perderte- le quitó el anillo del las manos- Quiero que uses éste.
Sacó un hermoso aro de oro blanco que tenia grabado "Allen Kanda".
El albino rió ante ello, sabía que lo posesivo nunca se le quitaría, por lo menos no totalmente.
-Entonces tu aro debería decir Yu Walker, ¿no?
-Pues….- sacó un anillo que tenía grabado "Yu de Walker".
Allen se sonrojo ante ello.
-No pensé que…. En el viejo anillo solo decía Yu Kanda.
-Es una muestra de cambio, pero no cambiare mi apellido, Moyashi.
El albino rió mientras sus lágrimas escapaban.
-Entonces si tú eres mío, yo soy tuyo Yu… Mi corazón te pertenece.
-Eso sonó bastante cursi.
-Bastardo, engreído, tú estás comenzando con los sentimentalismos para que lo sepas- giró la vista sonrojado.
Yu tomó su mano derecha y llevó a su dedo anular el anillo, quedando exacto y destellando en la mano de Allen quien volteó la vista y de nuevo dejó salir sus lágrimas.
-Te amo- le susurró Kanda.
Y Allen se abrazo a él.
–Yo también te amo.
Y sin más Allen tomó la mano de Kanda y puso el anillo blanco en el dedo anular de su esposo.
La pasión los desbordaba; estaban cabalgando a caballo por la arena, sintiendo el aroma a mar. Pronto Kanda le incitó a bajarse y el albino presagiando lo que venía lo hizo, sin resistirse más el mayor lo abrazó y lo apegó a su cuerpo.
Pronto terminaron cerca una de las tantas cuevas del lugar, aquella playa era conocida por ello. Sus besos se intensificaban.
-De hecho, pensaba llevarte un hotel de lujo después de caminar por la arena, Moyashi- le susurró.
Allen no se resistió a ser recostado sobre la arena.
-Pues, tú mismo fuiste quien me empezó a besar así que no di…- se calló cuando sintió la lengua de su esposo cerca de un pezón.
Kanda sonrió más.
-Pero creo que esto es más erótico. ¿Lo hicimos alguna vez en una playa?
-¡Yu Kanda, cállate!- susurró, tratando de reprimir un gemido audible- ¿Cómo conseguiste que aquel hombre nos alquilara caballos?
-Dinero mi Moyashi, creo que uno bien usado porque te ves más tierno y lindo- dijo mientras lo besaba.
-Fue linda la cabalgata por la playa- le correspondió la sonrisa y la mirada de amor- Gracias Yu, fue una noche especial.
-Aunque ahora terminamos aquí ¿no?
Ambos rieron y de nuevo sus bocas se unieron en un contacto demandante. Allen paseaba sus manos por debajo de la camisa de su esposo, sintiendo toda la piel de este, dándole pequeñas mordidas en los pezones, haciendo que el albino cayera presa del placer fácilmente. Pronto siguió su camino hasta llegar al abdomen, dándole pequeños besos y succiones, marcándolo, sintiendo es suave piel de la cual por más que tocase. No podía cansarse, era simplemente deliciosa, tan suave, tan blanca, tan aromatizada; que Kanda se llenaba de lujuria con solamente acercar su nariz y olerla.
Los gemidos de su albino no contribuían nada a su autocontrol, quería que Allen recordara bien este momento, así que no podía apresurarse. Terminó de disfrutar de la piel de su esposo, bajó los pantalones de éste, dejándolo desnudo ante él, sonrió.
Allen mirándolo con ojitos entrecerrados por placer, se acerco a él y comenzó besar su cuello y pecho, también dándole lamidas en todo éste, sentía toda la arena darle comezón por su cuerpo desnudo pero eso solo lo hacía ms excitante. Llegó al ombligo de este e hizo que Yu se recostara, lo miro divertido y bajó los pantalones de Yu junto con la ropa interior, quedando desnudo ambos.
Allen acercó su mano rasposa por la arena al miembro del otro y comenzó a acariciarlo, Kanda gemía más fuerte y Allen sabía lo que quería, y para él no era nada nuevo ni difícil hacerlo. Un sentimiento de familiaridad lo acompañó, se acercó y comenzó lamerlo con paciencia, disfrutando los gemidos roncos que salían de los labios de Yu.
Éste alzó su mirada luego del orgasmo en la boca de Allen y observó esa sonrisa picara y de placer de su amante menor. Lo miró con sus mechones alborotados llenos de arena, cayendo por ellos, sólo lo hacía ver más comestible, a pensamientos de Yu.
Se besaron de nuevo y el mayor invirtió lugares, pero Allen no se dejo dando vueltas mientras se besaban, haciendo que la arena se impregnara por todo su cuerpo, provocando una fricción más tosca y excitante entre sus cuerpos, que no dejaban de frotarse mientras giraban.
Al final Allen quedó sobre Yu con las piernas abierta a cada lado y una sonrisa de triunfo se alzo, más cuando comenzó a mover sus cadera haciendo que el miembro de Yu despertase de nuevo, al sentir la suave piel de sus glúteos. Kanda lo miraba extasiado, tampoco recordaba bien cómo Allen se había vuelto menos tímido, supuso que poco a poco, y sin darse cuenta ya tenían mucha confianza para hacerlo. Era algo normal, mas no aburrió porque siempre los acompañaba el amor y la pasión.
-Moya… shi- gimió, sintiendo que ya estaba excitado.
Allen también lo estaba, y mientras se seguía restregando contra el cuerpo de Yu totalmente recostado sobre éste. Yu buscaba en medio de sus glúteos acariciando el contorno haciendo que las mejillas de Allen se sonrojaran más y que su boca se llenara de gemidos guturales que lo extasiaban más. Sintió la entrada de Allen contraerse mientras removía dos dedos en su interior, mas cuando los movía en forma de tijera, metió el tercero y Allen había dejado de moverse por que ya no podía más con la lujuria.
Pero resoplando no dejó que Kanda volteare posiciones. El pelinegro entendió, así que retiró sus dedos y acarició todas las piernas blancas de su esposo. Allen sonrojado, agitado, sudoso, con una mirada cristalizada y entrecerrada, lo besó mientras poco a poco se dejaba caer encima de su miembro, cuando estuvieron unidos gimieron alto y fuerte.
Comenzaron el vaivén en su cuerpos, Allen subía y bajaba, impulsándose por el pecho duro del otro, alguna veces enterrando sus uñas. Yu acariciaba sus caderas y movía sus caderas hacia arriba para fundirse más.
Las embestidas estaban en su punto final, sentía las contracciones del cuerpo de su peliblanco, se sentía delicioso, y mientras Allen aun cabalgaba sobre él con los ojos cerrados y la boquita entreabierta dejando escapar gemidos y suspiros de placer; él lo masturbada con una mano y con la otra acariciaba su espalda y su cabello recorriendo todo ese hermoso cuerpo.
Cuando sentía que Allen apretaba más sus músculos, llevándolo a las nubes de placer, apretó con ambas manos las caderas de su esposo alzándolo más alto y adentrándose con más fuerza y salvajismo, las embestidas fueron más rápidas y más bruscas. Ambos estaban cerca del clímax, así que compartieron un beso hambriento mientras con una fuerte embestida llegaban al orgasmo al mismo tiempo.
Se recostaron respirando agitadamente, Kanda se giró observando a su esposo, sonrió de lado, limpiando un poco los cabellos llenos de arena.
-¿Yu, tenías que haber escogido hacerlo en la arena?- hizo un puchero- Está haciendo frio, ¿sabes?
-Hace un momento no te quejabas.
-Idiota- exclamó.
El albino se sentó, esbozando una ligera mueca de dolor, ya estaba familiarizado con ello y con la sensación extraña de sentir que algo bajaba por su entrada, pero eso no evitaba que se sonrojara, resopló alcanzando su ropa.
-¿Estás molesto?
-Claro que no, pero creo que deberíamos irnos, tengo algo de frío.
Kanda asintió dándole un beso suave, haciendo sonrojar más al otro.
"Parezco una mocosa enamorada", se regaño el menor, para luego sonreír sin darle importancia. Era feliz y era lo que importaba.
Salieron de la pequeña cueva, tratando de limpiarse lo mejor posible, se observaron y se dieron un suave beso. Sintieron el agua helada en sus pies, se separaron y se dieron cuenta que estaban siendo empapados, rieron y comenzaron a caminar, cogiendo sus zapatos.
Bajaron del taxi entraron al hotel, abrazados, destilando el amor que sentían.
-Hey, esta no es nuestra suite- comentó Allen sonriendo apegando su cuerpo.
- Aquí era donde en realidad teníamos que pasar la noche- observo su reloj- Ahora sólo nos queda 4 horas.
-Bueno, creo que es suficiente para tomar un baño cálido en la tina… Necesito calor- y el albino comenzó apegar más sus cuerpos.
-¿Desde cuándo tan ansiosos porque te tome?
-Ne, deberías ser menos explícito- hizo un puchero.
Kanda lo besó apresándolo entre sus brazos y pasó la tarjeta de seguridad, entrando ambos a la habitación.
Se separaron y Kanda fue al mini bar parrándose un trago.
-¿Quieres algo?
Allen asintió.
-Iré a llenar la tina- le rio en forma coqueta
Ambos por separado, en diferentes habitaciones suspiraron con alivio y felicidad.
-Yu.
Y lo vio con solo una delgada bata de baño, llamándolo desde el cuarto de baño. Sonrió, su moyashi realmente sabía provocarlo. Dejó la copa y fue por el alzándolo entre su brazos para besarlo, y su albino lo rodeó con brazos y piernas, por lo que le aprovechó para acariciar sus muslos, notó que estaba completamente desnudo debajo de la bata.
-¿Un trago?- le preguntó sin soltarlo.
El albino asintió.
Y estuvieron tomando, por momentos riendo de mucha cosa sin sentido; de cosas cotidianas, contándose anécdotas de lo que habían hecho por separado. Kanda a veces lo molestaba y tenían tontas peleas pero eso solamente los hacía feliz.
Pronto estuvieron rendidos ante la pasión, el amor y el alcohol en la tina donde se devoraban a besos y caricias, llegando ambos al orgasmo, aún sin unirse.
Comenzaron a limpiar sus cuerpos enjabonándose, y Allen jugueteaba con el jabón, rompieron el juego en más caricias.
Derritiéndose por horas a su pasión, el baño no podía continuar puesto que con cada roce sus cuerpos se calentaban y sólo querían fundirse de nuevo.
Fue el baño más largo y placentero que habían tenido en mucho tiempo.
-Papis.
Ambo sintieron un gran peso que les caía encima, literalmente, abrieron los ojos sonriendo.
-¿Qué les paso?- preguntó preocupada la pequeña niña.
-Parece como si no hubiera dormido, ¿tuvieron pesadillas?- preguntó el niño.
Allen se levantó con algo de cuidado, le dolía bastante atrás, pero de igual forma estaba feliz.
-No es eso, amores. Sólo que paseamos un rato- les acarició las cabecitas.
Se alegraba de que Kanda y el fueran a otra habitación de hotel a hacer… Bueno, a disfrutar de su aniversario. Hacía casi media hora que habían regresado y habían entrado a su propia habitación de la suite, sólo se dieron un suave beso y cayeron dormidos sobre la cama. Ni siquiera habían asegurado la puerta por lo que agradecieron no haber tenido más fuerzas para hacer algo.
-Hey, ¿por qué hay bulla?- Kanda se levantaba algo enojado.
Pero al ver a sus lindos niños, suspiró y se tranquilizó.
-Papi, te ves más guapo con el cabello suelto.
Allen rió.
-Eso siempre le digo yo.
Kanda rió con su familia, no era una risa como la de su Moyashi, ni la de sus hijos, pero demostraba en su forma de ser, que era feliz y que estaba orgulloso consigo mismo por haber logrado unir a su familia.
El día pasó apresurado, tenía que alistarse para regresa a su antiguo hogar y solucionar todo lo que habían dejado desatendido. Además de que debían solucionar sus problemas de divorcio, sus hijos habían notado los anillos que portaban sus padres, eso les hizo sonrojarse pero a la vez le daba seguridad de que su familia ya no se desmoronaría.
Llegaban al aeropuerto, Allen se adelantaba llevando algunas maletas. Tenía que llegar a su centro rápidamente, puesto que lo había dejado cerrado y su celular apagado. Había recibido varios mensajes de la gente que trabajaba para él, muy preocupada.
"Demonios con todo esto, supongo que valió la pena", sonrió, pero en ese mismo instante chocó con alguien.
-Lo siento- dijo avergonzado.
-No, yo lo siento.
Alzó la mirada sorprendido, topándose con una verde, sintió miedo. Giró su vista rápidamente para ver si Kanda estaba detrás de él. Tenía miedo de que todo se arruinara.
-Bueno, yo ya me voy- se excusó el menor.
-¡Espera!- sintió que el otro lo tenía del brazo.
-Sólo quiero saber una cosa.
-¿Qué?- preguntó fríamente.
-¿Conseguiste ser feliz con él?
Eso le sorprendió, así que giró su vista relajando sus facciones.
-Por supuesto que sí, le amo demasiado- respondió seguro.
Lavi esbozó una débil sonrisa pero sincera.
-Entonces, te pido perdón por lo de la otra vez, en verdad lo siento.
Recién ahí pudo notar que Lavi tenía unas maletas en su mano.
-¿Tú te vas?
-Sí, logre obtener una beca en Estados Unidos, así que me voy por un tiempo allá, dos o tres años, según lo que dure el curso.
Esos sorprendió as Allen, sentía un poco de pena porque fue un buen amigo.
-Ya, mi dulce Moyashi, sólo se feliz con tu familia, estoy seguro que yo también lo seré cuando encuentre a mi persona indicada, tú no lo eras, ya estabas hecho para Kanda, supongo- comentó con algo de duda pero con una sonrisa.
-Lavi…
-¿Te sorprende el cambio?
El albino asintió.
-Bueno no tiene importancia pero, te diré que alguien me abrió los ojos, alguien que siempre cuida de ti pero que es muy molesto.
Allen le miró interrogativo, pero pronto supo a quién se refería, puesto que Lenalee, Alma y Tyki habían regresado antes que ellos.
-Moyashi- escuchó una exclamación que estaba cargado con algo de molestia.
Sintió el temor recorrer su cuerpo, pronto tuvo a su esposo a su lado, sabía que se estaba controlando y eso le entusiasmaba.
-Bueno, ahora si me puedo ir con tranquilidad- exclamó el pelirrojo, tomando con fuerza su equipaje.
Kanda lo notó y sus facciones se relajaron.
-Tienes suerte Kanda, deséenme suerte… Bueno, deséame suerte Allen, tú esposo psicópata seguro y deseara que mi avión se estrelle.
-Tú, idiota, que trataste de quitarme lo más preciado- interrumpió Kanda.
Se controlaba, el albino y el pelirrojo lo sabían.
-Aun así supongo que te debo por cuidar de él en esos momentos.
-Vaya, eso es esperar mucho de ti, eso fue casi como un gracias- sonrió mas el chico- Bueno, cuiden de sus peques y entonces Kanda de favor deséame suerte y que encuentre a alguien.
-Eso espero.
Ambos chicos asintieron.
-Tienes suerte- susurró Lavi.
Había querido despedirse y disculparse de manera correcta de aquellos dos, y había dicho la verdad. Un idiota sobreprotector de primos le abrió los ojos, casi golpeándole pero le abrió los ojos, sonrió de forma picara, porque aquel idiota parecía que se había interesado en él.
-Kanda… gracias.
-¿Por qué?
-Porque estás poniendo de tu parte.
Kanda lo besó con posesividad y el otro le respondió más suave, separándose no queriendo escandalizar a las personas del aeropuerto. Comenzaron a caminar juntos, escucharon los gritos de su hijos, cada uno tomó la mano de otro y comenzaron a caminar seguidos de Mana hacia su hogar.
Sintió el peso de esposo sobre él, que comenzaba a besar su cuello lentamente como si lo saboreara, el paseo sus manos por la espada amplia del otro y ambos se estremecieran chocando sus miradas.
-Dime Moyashi, ¿qué quieres que te haga?
-¿Qué sugieres?- le preguntó provocativo.
Kanda le miró relamiéndose, y comenzó desabotonar su camisa de dormir. Paseó sus manos por aquel apetecible pecho y jugaba un poco con los rosados pezones, haciendo que su adorable esposo se sonrojara y gimiera quedito.
-En verdad eres tan violable con esos sonidos en tu boca, gime más para mí- le susurró.
Parecía que Allen aceptaba porque sus gemidos comenzaron a ser más fuertes cuando sintió la cálida saliva de su esposo pasearse por su cuello, por sus orejas y su clavícula, mientras una mano paseaba por sus muslos.
-La pregunta seria, ¿con qué quieres que empiece?- comenzó juguetear con una de los cabellos blancos, acercando su nariz, aspirando el dulce aroma- Umm, delicioso.
Eso sonrojó más al menor.
-Pervertido.
-Entones ¿quieres que sea lento o rápido?- sonrió al escuchar el gemido gutural cuando el dio una mordida en su pezón.
Yu… ah…
Kanda deseoso de probar más, lamía y succionaba sus pezones, pero de pronto toda la pasión que se acumulaba en el ambiente se vio interrumpida por un llanto, uno bajito pero muy agudo.
Allen resopló, sonriendo girando su rostro al transmisor que había dejado en la otra habitación.
-No te levantes- sonó a casi a orden del mayor.
-Yu, nuestro…
-Nada, no te he podido tocar en una semana, quiero hacerte el amor ahora- ordenó
Allen compuso una mueca de enfado.
-Yu, ya habrá momentos y sabes que debemos atender a los bebes, son nuestros bebes- razonó.
Kanda resopló un tanto fastidiado.
-Pero no lo hemos hecho en una semana por lo mismo.
Allen acarició el cabello del otro con cierta ternura.
-Yu, son nuestros hijos ¿lo entiendes, no?
Kanda miró sus orbes preocupados y asintió, quitándose de encima, tenía un gran problema biológico.
-Adelántate, Moyashi.
Allen no pudo evitar reír, él mismo estaba algo excitado, pero Kanda se excitaba con mayor fuerza, ya que el siempre tenía un sentido puesto en sus hijos.
Yu en este tiempo se había convertido en un gran padre. Habían tenido sus discusiones una más fuerte que otra, pero lo superaban. Esta semana porque cuando intentaban tener intimidad pues no se podía… No disponían mucho tiempo y terminaban agotados durmiéndose en el acto.
Aun así con cada beso y caricia se decían lo que sentían. Pero digamos que Kanda era susceptible con el sexo. Pensar eso le daba gracia a Allen, ahora comprendía el punto débil de su esposo.
Tomó su bata y se la puso, girando la puerta, entrando a una amplia estancia con adornos infantiles, con tapiz celeste pastel y motivos de cachorros y biberones.
Sonrió con ternura y se acercó a un par de cunitas.
-Ne, Moyashi hazme recordar por qué tuvimos más hijos- comentó en voz baja.
Allen sonrió ante ello.
-Ya sabes lo manipuladores que pueden ser Kyara y Kyohei.
Kanda tomó con cuidado a un pequeño bebé de cabello azabache que sollozaba resentido haciendo pucheritos y apretadnos sus puñitos. Tan sólo eso le hacían olvidar que no había podido tomar a Allen, que no dormían la mayor parte del día, que tenía que trabajar más duro para mantener a los nuevos miembros de su familia.
Aun así, estaba satisfecho con sólo mirar a su familia feliz y los rostros blanquitos y sonrosados de sus nuevos bebés. Se sentó y le acercó un biberón el cual el pequeño comenzó a succionar, acercó un dedo a la mano del pequeño y éste la apretó fuertemente con una de sus manitos. Solamente eso le daba paz, seguridad y fortaleza para aguantar las ojeras que enmarcaban su rostro.
Allen tomaba al otro bebe idéntico al otro pequeño, pues eran gemelos. Se sentó al lado de su esposo y recordó cómo hace un año los niños se habían acercado a ellos.
-Papi, ya sabemos qué queremos de regalo.
Allen y Kanda los miraron un tanto asombrados por la mirada de seguridad de los pequeños, que no admitían un no por repuesta.
-Díganme niños- sonrío el albino agachándose, quedando a la altura de los menores.
-Pues… Kyara, diles tú- comentó inseguro el menor.
-Pues queremos… un hermanito.
Ambos mayores se quedaron petrificados, hasta pudieron sentir que algo helado les subía por toda la columna.
-Niños, eso es un tanto...
-L a repuesta es no- sentenció Kanda.
Los niños observaron la mirada fría de su padre y salieron llorando.
-Yu, bastardo, deberías ser más suave- le recriminó molesto.
El albino corrió hacia los niños pero ambos se habían encerrado en la habitación de la mayor.
El albino suspiró, tomando la puerta pero los niños no le abrían. Al final fue a Mana a quien dejaron ingresar. No los había visto en todo el día y eso le preocupaba.
-¡Yu cabeza hueca! ¿Por qué se los dijiste así?
-Allen- comentó serio- recién tenemos dos años reconciliados, no podemos tener más hijos.
Allen admitía que tenía razón, habían sido felices en esos dos años con sus discusiones y eso. Los niños ya estaban más grandes por lo que les quedaba más tiempo para ellos, incluso se habían ido de viaje por una semana como pareja durante las vacaciones ya que los niños aún querían permanecer con sus amigos, y con Kei que se había mudado junto con Lenalee y su esposo cerca de ellos.
-Tienes razón, pero Yu ellos parecían que de verdad querían un hermanito.
-No es tan fácil, Moyashi, y lo sabes.
-Ya lo sé, ninguno de nosotros puede embarazarse, tendríamos que recurrir a...
-Sí y no quiero que le pidas otro favor a Tyki.
-Hey, si lo dices por Lavi. Él no...
-No es por eso, esos dos son tal para cual, aunque me molesta que ahora tenga excusa para visitarte.
-Sólo vino un día porque regresó de viaje junto con Tyki y ellos parecen estar muy enamorados.
-Lo que sea, no me importa, no vamos a tener más niños, ¿lo entiendes?
Eso, por un momento, hizo pensar a Allen. No sabía por qué, pero sentía una extraña calidez de poder tener otro bebé más que cuidar y proteger.
Kanda lo notó, quiso abrazarlo, pero Allen sólo se dio la vuelta, un tanto resentido sin entenderse bien él mismo.
Las cosa después de aquella noche no fueron fáciles, pero Yu insistía en que no era una buena idea, alegaba que no tenían suficiente dinero, suficiente tiempo y yo lo entendía, pero no podía evitarlo. De alguna manera me hacía ilusión tener más niños, era como admitir que las cosas entre nosotros ya eran estables.
Sin darme, cuenta terminé del lado de los niños, es que ellos se veían muy ilusionados y yo nunca pude verlos llorar, nunca.
Así como mis lágrimas manipulaban a Yu. Las lágrimas de los niños me manipulaban. Además yo desbarataba cada excusa que Kanda ponía, le daba razón en algunas pero no en otras. El dinero, al principio pensaba que tenía razón pero no era para tanto, teníamos grandes ahorros cada uno por su cuenta y en una mancomunada, el trabajo para ambos estaba bien y mi clínica había crecido gracias a la buena administración de Kanda.
El tiempo, bueno; eso era un buen punto, justamente sus trabajos apenas nos daba tiempo para dedicarnos a los niños y a nosotros mismos, pero de alguna forma me sentía en deuda con los niños. Éstos me habían dicho que alguna vez nos pedirían algo y justo lo que querían era un hermanito. Y para desgracia de Yu, comenzaba gustarme en demasía la idea.
Trate de convencer a Kanda por diferentes métodos, uno más vergonzoso que el otro, al principio siendo meloso , al principio tratando de seducirlo, molestándome y privándole de lo que le gustaba, pero nada funcionaba. Incluso en la intimidad se lo pedía y nada. Me rendí pero la tristeza no me pasaba así que sin darme cuenta me fui distanciando.
Pero afortunadamente Kanda en un impulso me estrello contra la cama…
-No voy a permitir que te separes de mí por un capricho de los niños y tuyo, ¿lo entiendes?
De alguna manera me alegraba que a Kanda le preocupara cada paso que daba, cada cosa que pasaba en nuestra relación, no pude evitar sonreír; lo cual sorprendió a Kanda. Lo abracé y comencé besarlo.
-Entiende que no, hagas lo que hagas- comenzaba a debilitarlo.
Lo sabía, comencé a acariciar su intimidad y Kanda comenzaba jadear
-Por favor…
Kanda reaccionó.
-Moyashi...- suspiró cansado- ya te dije por qué.
-Pero Yu, se los debemos.
-Yo cumpliría cualquier capricho que tuvieran pero un hijo no se puede tomar de esa forma. ¿Lo entiendes no? Yo los amo pero ya ves todo lo que pasamos, cuando los tuvimos.
-Yu, las cosa van a estar bien, te lo prometo, yo podría dejar encargados en la clínica por las mañana y cuidarlo y tú en las tardes.
-Lo dices como si fuera fácil.
Allen lo abrazó de manera mimosa y eso hacía sucumbir a Kanda, siempre era malditamente débil.
¿Por qué demonios puedes controlarme de esa forma?, ya tenemos años pero nunca podré ver tus lágrimas, nunca podré verte triste, y joder me aterra que tengamos problemas y terminemos.
-El dinero.
-Tenemos una buena cuenta bancaria.
Se apretó más al pecho de Yu.
-Aun así, no quiero que nos falte algo, idiota, Kyara y Kyohei ya van entrar dentro de poco a la secundaria y luego universidad y...
-Yu, todo estará bien, la clínica crece y dentro de poco sólo tendrás que trabajar conmigo, nuestro sueño se hará realidad, tendremos un negocio juntos, los niños amaran a su hermanito y nosotros también, estamos bien Yu ¿cuál es tu problema?
No lo admitiría, pero me aterraba que un hijo complicara la situación entre nosotros. Es que joder ya todo estaba bien, teníamos una relación estable y además los niños iban a entrar en una edad complicada y aun así teníamos poco tiempo para todo. Teníamos trabajo, los gastos aumentaban y ¡demonios!, no quiero ni pensar qué demonios haremos con un bebe más. No soy de la idea de que los hijos se deban tener a diestra y siniestra. Tener un hijo para mí siempre ha debido ser bien pensado.
No quiero tener un hijo para hacerlo sufrir.
-Haya un niño más con nosotros o no, igual habrá problemas, grandes o pequeños pero yo estaré contigo siempre, así como te acompañé a la psicóloga, te acompañaré a cualquier lugar y resolveremos los problemas juntos.
Lo admiré, esos hermosos ojos, sí; joder me controlaba. Lo admito, tiene todo el control sobre mí. ¿Pero qué demonios podría hacer si me mira así? Si me mira con esos ojos cristalinos y me sonríe viéndose tan deseable. Podría tener lo que quisiera. Todo lo podría conseguir, pues consiguió que mi duro corazón y mi voluntad quedaran destrozados por su calor. Qué cursi y patético sonó aquello.
Lo abracé y aspiré su aroma que se me antojaba cada vez más.
-Está bien, tú ganas pero créeme que te costará estos 9 meses en las noches y te va a costar caro, pequeño idiota.
Bueno, si que Kanda había disfrutado noche tras noche cobrándoselas a Allen. Pero el albino fue feliz cuando les dio la noticia sus niños. Aunque hubo un momento incómodo.
-Oto-chan, en la escuela nos enseñaron que las mujeres son las que tienen a los niños, en realidad eso lo sabíamos hace mucho tiempo, pero no sabíamos cómo decírtelo y ahora que tía Lenalee está esperando un bebé pues…
Los niños se miraban nerviosos.
-¿Somos adoptados?
La pregunta que temían desde que cargaron con sus bebés.
-Pues, sólo tienen que saber que los amamos y que son nuestros hijos, de lazos y de sangre- contestó Allen.
-Los amamos es lo que importa y…- Kanda suspiro con cansancio- ¿acaso eso cambiara las cosas? Es cierto, ninguno de los dos los llevó dentro pero aun así son nuestros hijos y yo daría mi vida por ustedes y por Allen.
El albino contenía sus lágrimas pero los niños no pudieron y se lanzaron encima de su padre mayor.
-Nosotros somos felices de ser sus hijos y además no somos los únicos porque hay diversidad de familias ¿no?
Allen asintió con una sonrisa, por un momento pensó que les exigirían saber quién era su madre biológica, eso no tenía importancia para los niños porque las persona que cuidaban de ellos y que las daba su amor eran su dos padres queridos.
El albino suspiró tranquilo, realmente estaba agradecido a aquella mujer que prestó su vientre y sus óvulos, pero era egoísta y no dejaría que nadie le quitara a sus niños. Además que ni siquiera sabía quién era la mujer ni esa mujer los conocía a ellos.
-Hay familias de sólo abuelitos y nietos.
Los adultos asintieron, recostados en la cama de sus hijos y con ellos echados encima, amaban ese tipo de momentos.
Siempre veían la televisión o una película, cuando estaban de buen humor jugaban con videojuegos. Era su momento familiar.
Esperaron los 9 meses ansiosos, pero parecía que alguien se les había adelantado. A los 5 meses Lena dio a luz a dos mellizos, una niña y un niño. Eran muy bonitos, ambos eran rubios como su padre pero de un tono más bajo y con ojos oscuros como los de Lenalee, de piel blanquita.
Un mes después Tyki les llamó anunciándoles que había recibido a sus primeros hijos. Eso alarmó a Allen, pensó por un momento que había engañado a Lavi pero no, habían seguido el mismo método. Era extraño, el pelirrojo parecía feliz y eso que había pasado un poco tiempo.
Meses después, el chico mientras Allen lo ayudaba con los niños, porque habían sido dos, un pelirrojo y otro de cabello oscuro. Le confesó que cuando se metió con Tyki aún gustaba de Allen, pero el mayor lo hizo olvidarse de él, lentamente pero de forma segura. Después de todo, Lavi confesaba que solamente se sentía atraído físicamente al albino, además de tenerle un cariño de amigos. Eso tranquilizo a Allen y más aún a su esposo que cautelosamente había escuchado la conversación.
Los meses pasaron y los nueve meses transcurrieron, y toda la familia recibió a los dos nuevos integrantes de ésta. Todos, incluso Mana, estaban felices, en un tiempo la familia de Lenalee los visitaba más seguido y de Lavi de igual manera.
Y ahora, unas pocas semanas después. se encontraban ahí tratando de darles de comer. Al fin lo lograron y les golpearon la espaldita para que no se atoraran con sus gases, arropándolos con cuidado, cada uno en su cunita, los dejaron dormir y ellos con mucho sueño se dirigieron a su habitación.
Kanda se acostó y Allen se apoyó en su pecho. El mayor pasó un brazo por su espalda y comenzó a darles caricias sin ninguna otra intención, ambos estaban cansados para seguir con lo que sus hijos interrumpieron.
-Al parecer nuestra única princesa será Kyara- comentó Allen cerrando los ojos.
-Sí, pero es mejor, las niñas son bastantes celosas.
Allen sonrió y se dejaba llevar por el cansancio
-Aunque…
-¿Qué sucede?
Notó la tensión en los brazos de Kanda.
-Me parece que Kei pasa demasiado tiempo con nuestros hijos… Ese mocoso- su voz sonaba bastante molesta.
Y Allen tuvo un mal presentimiento, aun así sonrió.
-Relájate, disfruta que aún no son unos adolescentes.
Sin duda cuando llegaran a esa edad, los celos y lo posesividad de Yu Kanda llegarían a niveles insospechados pero ya no por su Moyashi. Lo sentía bastante seguro, sino por cuatro lindos pequeños que ahora podía proteger a su gusto.
Notas finales: muchas gracias todas las personas que han comentado este fic que comenzó nose se me vino ha al cabeza por un apr de situaciones y lo imagine de frente yullen, estuve tentada a hacerlo en otro fandom pero al final em puse ete reto ya que lo había imaginado como yullen ais qeu decidi que seria yullen. Bueno espero que les haya gustado este capi y los nuevos nenes que tienen, pues si querian uno mas y al final nacieron dos... compadezcan a Yu de que no puede tocar a Allen jaja pero créanme que son cosa que si pasan... aunque yo no haya sido madre lo se... puesto que tengo hermanitos muy pequeños...
Espero reviews para saber uqe tal els parecio y nos vemos en epilogo gracias a ai midori por la correccion de la historia y a todos por leerme y ponerme en sus favoritos o alerts!
LilyVongola : Hi! gracias por tu review... hace tiempo que no te leia por estos lares , espero que tambien continues con mi otro fic, creo que tambien lo leas pero bueno. volviendo a este muchas gracias, en realida siempre em procupa que salga muy ooc porque pienso que no lo haga suficiente frio y distante pero creo que en fondo no esn asi adema me lo plantee en una epoca ma real y no sufrido tanto pss, bueno tambien debo agradecer que lo autora del mkanga lo haya vuelto mas humano, pues si nuestro yu lucho por allen y por su familia y al fin lo consiguió y ahora la family es mas grande, que te parecen los bebos nuevos? y sugerencias para el epilogo? sera de en unos años mas...larihoo: lo dijiste en broam peor elos se lo tomaron ens erin y sus nuevos nenes songemelitos ... espero que te hay gustado el capi y nos estamos leyendo!Natamsha: Porque tu lo pediste mas lemon! espero ue te haya gustado jaja eso dos extendieron sur econciliacion , nose si en el epilgonhaya puede ser jiji... y ya ves el pobre Kanda esta ehn abstinencia por que ya no les quean energias despues de cuidar a los nuevos nenes, espero que te guste y eperon tus revies.. nos leemos!
anna; no entendi bien la confusion umm me la haces legar mejor please, y muchas gracias por leerme y coemntar, y espero que este capi tambien te guste y a los nuevos integrantes de la family jji y ya veran lo que pasara en epilogo
