-¡¿Qué demonios te ha pasado?!- exclamó Gajeel tras ver a Juvia entrar en el piso en el estado en el que se encontraba.
-Tranquilo, Gajeel, estoy…
-¡Estás fatal!
Se acercó a ella nada más verla y la obligó a sentarse en el sillón.
-Un grupo de gente la ha tomado conmigo.
-No me jodas…- se llevó una mano a la boca.- Por desgracia estas cosas ocurren en las ciudades grandes, y tú no estás acostumbrada a esto… Debería acompañarte a la universidad a partir de ahora.
-¿Pero qué dices? Ha sido algo puntual…
-Tú no sabes si es así, ¿y si la han tomado contigo y te la tienen jurada?
-Ya basta, Gajeel, por favor.
-De todos modos, ¿cómo has llegado hasta aquí?
-Cuando se cansaron de pegarme te llamé pero no contestabas…
-¡Maldita sea, joder, estaba dormido!
-No importa porque Gray ha venido a ayudarme.
-Bromeas.
-No. Hemos arreglado las cosas al final.
-¿Y…?
-Seremos amigos.
-No creo que ese merezca que…
-Ha venido a ayudarme sin pensarlo dos veces, creo que puedo considerarlo mi amigo.- dijo ahora seria.
-Supongo que tienes razón.- admitió a regañadientes.- ¿Te apetece comer algo en especial?
-No estoy enferma ni nada de eso, no me trates como si fuese una inútil.
-¡Déjame hacerlo, maldición!- gritó él realmente enfadado.
Gajeel se sentía peor que nunca al ver el estado de su única amiga y la poca ayuda que le había prestado cuando le necesitaba. No se lo perdonaría jamás. Juvia entendió también que era una cuestión de no herir su orgullo, así que por una vez en su vida, se dejó mimar.
-Lo que a ti te apetezca está bien…
-¿Quieres que pidamos comida de algún restaurante? ¡Voy a bajar al buzón a ver si han dejado folletos publicitarios!
Bajó a la velocidad del rayo y regresó con un montón de papeles en la mano.
-Hala, cuántos traes.
-Algunos los he cogido del buzón de los vecinos, no les importará, supongo.
Se sentó a su lado y ella se incorporó cuidadosamente y conteniendo el dolor para revisar los folletos.
-Este podría estar bien.- decidió ella cuando revisó por encima uno de comida italiana.
-¿Espaguetis a domicilio?- dudó Gajeel escéptico.
-Por probar… ¡Oye! ¿Por qué no invitas a Levy?
-¿¡Cómo!? ¿Por qué debería?- dijo avergonzado.
-Por que es tu novia, ¿no?
A Gajeel le seguía sonando raro eso de "novia".
-¿Tú quieres que venga?
-Eso he dicho, además, se alegrará de que le des una sorpresa así.
Aceptó mientras se hacía el indiferente y le envió un mensaje.
"Tiene vergüenza de hablar con ella" pensó Juvia sonriendo.
El móvil de Gajeel sonó y leyó el mensaje.
-No puede venir, tiene trabajo y comerá en la biblioteca.
-Qué lástima. Entonces pide para los dos.
Él llamó al restaurante, y tras preguntar más o menos los platos que ofrecían, pidió para los dos.
-Llegarán en 20 minutos.- le confirmó a Juvia tras la llamada, y aprovechó para poner la mesa.
El resto del día fue bastante tranquilo. Gajeel obligó a Juvia a meterse en la cama y le entró la televisión del salón para que estuviese entretenida. También entró un pequeño mueble lleno de películas. Ella insistía en que estaba bien y no era necesario tantas atenciones, pero Gajeel era muy obstinado e ignoró todo lo que le decía.
Cuando empezó a hacerse tarde hablaron de nuevo.
-Hoy no vienes a trabajar, ¿verdad?
-Bueno…
-¿¡No estarás pensando en venir!? Tú te vas a quedar aquí, ve olvidándote de…
-Lo sé, lo sé. Tienes razón, me quedaré.
-Voy a llamar a Mot para avisarle.
-¿Crees que se molestará? Después de todo es mi segunda noche y…
-Si tiene algún problema que se las vea conmigo.
-Deja que hable yo con él al menos.
-No, yo lo haré.
-Gajeel, esto ya es demasiado, creo que tan mal no estoy como para no poder hablar con mi jefe.- contestó ella empezando a molestarse.
Él la ignoró y marcó el número de Mot. No tardó mucho en descolgar.
-¿Qué quieres ahora?
-Oye Mot, Juvia no vendrá esta noche a trabajar.
-¿Eh?.. ¿A qué se debe?
-Se encuentra indispuesta.- miró entonces a Juvia y ella asintió- Tiene que quedarse en casa.
-¿Es algo grave? ¿Está bien? ¡No me dejes así, gilipollas, dime cómo está!
-Sí, sí, está bien, no te pongas así. De todas formas voy hacia allá ya, ahora nos…
Mot colgó sin dejar que terminara de despedirse.
-¿Qué le pasa a este tío conmigo?- dijo Gajeel.
-¿Qué ha dicho? ¿Se ha molestado?
-No, puedes estar tranquila… Contigo no se comporta como un capullo. Se ha preocupado bastante.
-Mañana le daré una explicación…
-Como veas. Bueno, yo me voy marchando.
-Buena suerte con la actuación, y no te pongas nervioso.
-¡No me pongo nervioso!
-Menos mal, porque el sábado por la noche habrá mucha más gente viéndote.
-Cállate ya, no me estás ayudando.
-Vale, vale. Pásalo bien.
-Cualquier cosa y me llamas, ¿de acuerdo? Y ni se te ocurra moverte de la cama.
-Que sí…- contestó ella cansada de tanta insistencia.- Adiós.
-Hasta luego.
Lo primero que hizo Juvia al quedarse sola fue levantarse de la cama, deshacerse de las capas de mantas que le había puesto Gajeel por encima, y ponerse cómoda.
Se quitó la ropa, sustituyéndola por una vieja camisa que le venía enorme y le llegaba por encima de las rodillas. Luego fue al baño y se observó en el espejo. Su pierna estaba llena de moratones y arañazos. Se levantó la camiseta y vio que su vientre no estaba mucho mejor. Por suerte su cara solo tenía un pequeño arañazo en la frente.
Seguía sintiéndose dolida, aunque no físicamente. No volvería a dejar que nadie le hiciera pasar por aquello de nuevo.
Le entraron ganas de llorar, y fue deambulando a la cama, done se cubrió la cabeza con la almohada.
Entonces llamaron al timbre.
-¿Gajeel? ¿Eres tú?- se sobresaltó ella, limpiándose las lágrimas de sus mejillas.
Fue a abrir la puerta algo temerosa.
-¿Se te han olvidado las llaves?
El timbre seguía sonando, ahora acompañado de dos golpes secos a la puerta.
Cogió aire y abrió lentamente.
-Mot…
Allí estaba su jefe, ataviado con un gorro de lana oscuro, unos vaqueros rotos y una cazadora vieja.
-¿Qué te ha… pasado?- dijo él entrecortado, pues pudo ver las heridas que presentaba Juvia.
-¿Qué hace aquí?
-El imbécil de tu amigo me ha dejado preocupado.
-¿Estabas preocupado por mí? ¿Y qué hay del bar?
-He dejado a mi hermano al cargo, por eso olvídate, tranquila.
-¿Quieres sentarte?- le ofreció sin saber qué hacer o decir.
Mot asintió y ambos ocuparon el sofá.
-Nada más ha llegado Gajeel al Panther he venido yo, y me ha contado qué te ha pasado y también me ha dicho que te dijera que te metieses en la cama inmediatamente.
-Gajeel exagera.- rió Juvia.- No estoy tan mal, hasta hubiera podido ir a trabajar hoy.
-Ni de coña, debes quedarte a descansar, es tu derecho por contrato, que por cierto, ¿me has firmado?
-Oh sí, lo tengo.- dijo ella levantándose para coger su contrato de su habitación.- Aquí tiene.
-Pues perfecto entonces.
-Sí…
Se quedaron en silencio, no sabían de qué hablar ni cómo comportarse.
-Deja que te lleve a tu cama.- dijo Mot repentinamente.- Debes reposar adecuadamente.
-No hace falta que…
La ignoró, tal y como le hacía Gajeel, y la cargó en brazos con cuidado.
Ambos se sonrojaron.
-Yo… puedo caminar, antes me he levantado, ya lo has visto.- le comentó Juvia.
-Me da igual, deja que me comporte como un caballero por una vez en mi vida.
-Conmigo siempre actúas así…
Mot no contestó y la dejó lentamente sobre su cama.
-Oye Juvia, ¿te importaría si… bueno, si me quedara contigo un poco más de tiempo?
-Oh, bueno, claro, no hay… ningún problema, creo.
-Contigo quiero hacer las cosas bien. Si te he de ser sincero, siempre he sido un capullo con las chicas, pero tú…
-¿¡Qué!? ¿A qué se refiere?
-Nada, no quiero decir nada que pueda molestarte, pero si me dejas decirte algo… Estoy muy feliz de que trabajes con nosotros.
-Yo también soy feliz allí, sois todos tan amables conmigo…
-Solo quiero que llegue la noche para que vengas a trabajar y pueda verte, aunque sean unos segundos. Estoy pensando en cambiar puestos con mi hermano y atender la barra contigo… Sería curioso.
-Mot, no sé qué quieres decirme…- mentira, claro que lo sabía, pero no se lo estaba creyendo.
Desde que Juvia había llegado a la ciudad se había obsesionado con un chico cuya novia la odiaba, que cuya "amiga" se había puesto a salir con Gajeel, del que cuyo jefe se le estaba proponiendo en ese mismo instante…
A modo de respuesta, Mot le dio un suave beso en la frente y le acarició la cabeza.
-¿Te ha molestado?- dijo él.
-No… No es que me haya… molestado, pero esto es… No sé qué decir.- respondió alarmada.
-Ni yo…
-¿Quieres que ponga algo de música?- se le ocurrió a ella de repente, queriendo romper la incomodidad.
-Oh, claro, sí.
-Voy a ver qué tiene Gajeel por aquí… Mira, este parece estar bien.
Juvia conectó el equipo de música y puso el disco. Se quedó regulando los ecualizadores y el volumen
La primera canción parecía lenta, pero se escuchaba bastante mal.
-Soy un desastre para esto…- se lamentó ella.
Mot se rió y fue a ayudar a Juvia a arreglar la música. Tras unos segundos tocando unos botones y girando unas tuercas, Mot desistió.
-Es problema del disco, el resto del equipo está bien.
De fondo se escuchaba casi incompresiblemente la misma canción.
-¿Debería cambiar de disco?
-No, este está bien.
Y entonces Mot se acercó de nuevo a Juvia y se pegó a ella, poniéndole una mano en la cintura y con la otra buscando su mano.
Estando los dos todavía más avergonzados, empezaron a dar lentas vueltas sobre ellos mismos.
-¿Sabes bailar?- preguntó ella.
-La verdad es que no.
Los dos rieron y afianzaron aquello que parecía un baile, que no variaba ni cesaba de realizar los mismos movimientos.
-Esta música es ideal para bailar, ¿eh?- bromeó Mot, arrancándole a Juvia una carcajada.
La canción terminó, pero ellos no dejaron de moverse.
-¿Mot es tu verdadero nombre?
-No mucha gente me pregunta eso, ahora que lo dices… No, no me llamo así en realidad.
-¿Y vas a decirme cómo te llamas?
-¿Y por qué debería?
Ella volvió a sonreír y él se aventuró a besarle la mejilla, pillándole totalmente desprevenida.
-¿Vas a decírmelo?- retomó Juvia.
-Yo… Sí, yo me llamo Robin, en realidad.
Juvia contuvo una risotada.
-¿Cómo Robin Hood?- bromeó.
-Sí, tú ríete. El caso es que me sacaron Mot vete tú a saber porqué.
-Los dos nombres están bien.
-Llámame como gustes. Por cierto, ¿no te cansas de bailar? Si Gajeel regresa y te ve levantada me matará.
-Os lleváis genial, ¿eh?
-Sí, ya ves. En el fondo no es mal chaval.
-¡Hablas de él como si fueses mucho mayor que él, y seguro que tienes su misma edad!
-¡Eso da igual! Puede que tengamos los mismos años, pero es evidente que en edad mental, le supero.
-Oh, claro, la edad mental. Pero me gustaría que no discutierais tanto, podéis acabar haciéndoos daño.
-Si la que me lo pides eres tú no me queda alternativa, así que vamos a empezar ahora mismo a hacer lo que Gajeel quiere.- concluyó Mot, volviendo a coger a Juvia en brazos.
-¿¡Qué haces ahora!?
-No debes levantarte de la cama.
La volvió a dejar sobre el colchón, y esta vez se atrevió a acostarse a su lado.
Juvia se colocó de tal manera que Mot se encontrase cómodo y no a punto de caerse de la cama. Él se acercó más a ella y la tomó de la mano.
-Duérmete.
-No tengo sueño.
-Me gusta mirarte.
-¿Por qué estás siendo así conmigo?
-Porque me apetece mucho. Me nace comportarme así cuando estás cerca… sacas lo mejor de mí, ¿es eso posible?
-Yo no lo sé, nunca he estado en esa situación.
-¿Y crees que podrás estarlo algún día? Es evidente… que me gustas, me gustas mucho. ¿Yo a ti te gusto?
Y volvieron a avergonzarse. Juvia, sin atreverse a pensar qué responderle, se refugió en su hombro y Mot la abrazó.
-No te muevas… Quédate así.- pidió ella cerrando los ojos.-Nunca había dormido abrazada a nadie.
-Esto también es algo extraño para mí.
-¿Te incomoda?
-Por supuesto que no. Aunque oye, Juvia… creo que debemos aclarar algo. No quiero parecer pesado, pero quiero saber que todo está claro.
-¿De qué se trata?
-Se podría decir que nos gustamos, ¿no? Pero nada más. Yo… no estoy ni enamorado ni nada así, y tú tampoco, creo.
-Así es. Es menos duro de lo que parece decir eso, ¿eh? Quiero decir, que pensaba que decirle a alguien "no te quiero" dolería más.
Mot rió ante la ocurrencia de Juvia.
-Sea duro o no, es lo que hay. Pero eso no quita a que me apetezca estar contigo, pasar tiempo juntos, divertirnos…
-Lo que se conoce con ser amigos con derecho a roce.- entendió ella.
-¿Por qué utilizas expresiones de la época de mi abuela?- se burló él.- Pero sí, sería eso.
-Pero Mot, yo no quiero dar ese paso a… bueno, yo no sé si podría…
-¿Eres virgen?
Ella asintió algo cohibida y sorprendida a la vez por el atrevimiento de la pregunta.
-Entiendo, y no voy a hacerte nada que no quieras, ¿de acuerdo?- dijo en un tono tranquilizador.
De eso estaba más que segura, y es que acababa de darse cuenta que a pesar de ir vestida con una camiseta y poco más, Mot no se había sobrepasado ni un pelo con ella.
-Te creo.
-Excelente, me alegro que lo entiendas.
-Lo entiendo, pero no es la historia que se cuenta en una novela romántica.
-Creo que ignoraré lo que acabas de decir.- se rió él a pleno pulmón.- Eres increíble, Juvia.
Mot se acercó a su cara y pegaron sus narices la una con la otra, luego se acercó más a ella y le plantó un beso en los labios.
Fue bastante prolongado, incluso enredó sus dedos por el pelo de Juvia, por detrás de las orejas. Apenas paraban para tomar aire, el corazón se les aceleraba y sus mejillas empezaron a arder.
-Tu barba me pincha.- dijo ella tras el beso.
-¿Es lo primero que me dices tras esto? Además, solo llevo un par de días sin afeitarme…
-Y también podrías peinarte un poco, ¿o es que te crees que por cubrirte con un gorro vas a disimular?-siguió ella quitándole el gorro de la cabeza.- Como imaginaba, un desastre.
-¿Solo tienes pegas para mí?
Juvia sonrió. Había perdido la cuenta de las veces que había reído con Mot esa noche.
-Tu piercing me gusta.- añadió.
-¿Cuál de todos?
-Este, el que tienes en la parte superior de la oreja…- le dijo mientras lo tocaba.
-Adivina cuántos tengo.
-¿Tienes más aparte de los que llevas en las orejas?
-Así es.
-No lo sé, ningún lugar me extrañaría… Gajeel también está cubierto de perforaciones. No me impresionas.
-Bueno, cuando quieras te enseñaré uno que tengo en un lugar muy especial.
Juvia ya no supo cómo seguirle el juego sin perder los nervios.
-Cállate ya.- dijo solamente.
-¿Mañana puedo llevarte a la universidad?- dijo él de repente, asumiendo que pasaría la noche en la cama, con ella.
-No quiero que te molestes…
-Realmente quiero hacerlo, ¿a qué hora entras?
-A las 8:00, pero que no hace falta que me lleves. De verdad.
-A esas horas no tengo nada que hacer, además, me viene bien, así iré a abrir el Panther directamente y no pierdo tiempo. Por cierto, mañana si vienes un poco antes de tu turno podrás estar en la reunión para decidir la temática de la fiesta del sábado.
-Oh, es verdad. Se lo diré a Gajeel e iremos si podemos.
-Ah claro, ese también puede venir.
Dejaron ahí la conversación y volvieron a abrazarse. Se taparon con una sábana y se durmieron casi sin darse cuenta, entre caricias y el sonido del latido del corazón del otro.
