Holitas!

Un capitulo que dará algunas luces sobre la vida de Malfoy en el mundo muggle. Y también un interesante

Secreto develado.

Enjoy it!

Gise.


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CAPITULO 10 : "ERRORES DE CALCULO"

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La casa siempre tenía una luz encendida. Una lámpara en el pasillo, una vela en la cocina o en el alfeizar de la entrada, lo que fuera para dar una cálida acogida a cualquier visitante. Aquel era el dicho de Molly Weasley y lo había mantenido por años. Salvo esas últimas semanas por los preparativos del nacimiento del bebe de George que ocupaban todo su tiempo y el de la familia Weasley entera. Muchas noches Molly y Arthur habían volado hacia la casa de su hijo, nerviosos por el alumbramiento y regresado después por la falsa alarma por lo que decidieron mudarse unas semanas allí para evitar viajes innecesarios.

Cuando Ron apareció justo sobre la mesa de la cocina y rozando el viejo candelabro con la pelirroja cabellera se percató de este detalle. La casa a oscuras le parecía todavía más grande y más solitaria que nunca en su vida. Maldijo por lo bajo mientras bajaba con torpeza de la mesa y se servía una infusión guardada por su madre para bajar el alcohol en la sangre. Continuó meditando todo el camino hacia su habitación.

Quizás por ese sentimiento apuró el gran paso. La soledad le había caído como un guante pesado e inesperado y la ausencia de atenciones, bulla y gritos se le hacía tan necesaria como el aire que ingresaba por sus pulmones.

Subió las crujientes escaleras hasta llegar a su habitación. Ingresó aún a oscuras y encendió la luz. Su habitación no cambió sustancialmente en todos estos años. Aún conservaba el viejo afiche de los Chudley Cannons sobre la desgastada pared y el guante de guardián dentro de un estante lustroso, tal vez el único detalle es que no debía compartir más la habitación. Pues era el único hijo que aún vivía con sus padres.

La cabeza todavía le daba vueltas a pesar de que la poción empezaba a actuar. Una ligera náusea le subía por la garganta, más lo que le incomodaba sobremanera era el hecho repetitivo y amargo para él, volviendo una y otra vez en su cabeza: Hermione lo había relegado una vez más.

—Me sentiría mejor si me hubiese dejado plantado por otro hombre y no por un simple expediente de oficina —musitó resentido.

No pudo contenerse en aquella idea. Era vergonzoso para él pensar así, pero se sentía más humillado aún con la idea de que un simple empleo fuese más importante para ella que tenerlo a él a su lado. Después de cuatro años juntos y de casi la mitad de sus vidas conociéndose.

Pero a la par de éste pensamiento, la imagen de Hermione divirtiéndose con otro, irrumpió en su mente como un torbellino tan impactante que lo hizo tambalear.

—Eso no sucederá jamás —masculló con tono bravucón alentado por el alcohol que aún quedaba en su sangre.

Se levantó de la cama donde se había sentado de un salto. La idea cobró realismo en su aún obnubilada mente. Sentía que debía asegurarse al respecto.

Aunque ella jamás le había dado motivo.

Aunque la conocía muy bien.

Aunque la amaba.

Su inseguridad era más fuerte que cualquier pensamiento racional hacia ella.

Con algo de trabajo tomó la varita para desaparecer más percibió la humedad pegajosa en el zapato derecho. Contempló su habitación asqueado pues restos de cereal y leche estaban esparcidos por la habitación en forma de pisadas. Minutos antes había aterrizado sobre el cuenco dejado por él mismo en el desayuno de la mañana. Una mezcla de leche y jugo de naranja rancio le llegó a los pulmones y lo despertó todavía más que la poción anti alcohol. Decidió que tomaría una ducha rápida y luego iría a buscar a Hermione.

Y así lo hizo.

Quince minutos.

Media hora.

Cuarenta y cinco minutos más tarde.

Una hora después de haber llegado a la entrada del ministerio de magia, Ron Weasley, completamente muerto de frío y rumiando una indignación latente, aguardaba la salida de Hermione. Supuso que Hermione aún continuaba trabajando en su oficina pues tendría que haberlo llamado para comunicarle, en el improbable caso, de una salida inesperada. Pero con el correr de los minutos y a pesar del apocamiento por ir a averiguar sobre ella tuvo que reunir valor para acercarse al vestíbulo del ministerio y preguntar. Y el resultado fue la exacta confirmación de sus miedos: Hermione no estaba. Hacía horas que había salido de su oficina.

Ron decidió tomarse un nuevo trago para quitarse el sabor amargo que empezaba a formarse en su boca. Maldijo el haber bebido la poción anti alcohol de su madre pues en ese instante lo que más deseaba era estar ebrio para que los pensamientos se ralentizaran y volatilizaran. Llegó a la calle lateral del Caldero Chorreante dispuesto a perderse en algún bar del Callejón Diagon.

Más una visión logró acelerar su corazón y revivir viejos miedos que creyó olvidados: en el callejón, en medio de la semi oscuridad había varios cuerpos desfallecidos regados sobre el frío pavimento.

En el acto empuñó la varita y la sujetó con fuerza para evitar el ligero temblor que lo dominaba. Secretamente pensaba que los mortífagos podían volver en cualquier momento e intentar vengarse de él y esa visión podía confirmarlo. Pero no quiso especular más sobre aquellos cuerpos ni arriesgarse a nada más. Sin dejar de apuntar con la varita apuró el paso hacia la puerta del caldero chorreante, con la mirada fija en los cuerpos que hasta tropezó con una mancuernilla de acero y la hizo volar hacia los botes de basura del lugar. El ruido sonó en el callejón logrando que Ron contuviera la respiración por unos segundos.

Percibió el murmullo de voces y la silueta de dos personas a lo lejos pero la oscuridad reinante y la perturbación por la misma situación en sí, lo apremiaron a continuar sin detenerse para conocer quien eran aquella pareja y si sabía algo sobre la lucha ocurrida allí. Entró al pub satisfecho de si mismo por haber salido de la situación sin contratiempos.

Caminó minutos más tarde con el pecho inflado y pagado de si mismo por la adrenalina que aún corría por su organismo. Buscaba a algún conocido para relatarle el asunto pero no lo consiguió. Y aquel sentimiento de euforia fue apagándose como una vela mortecina mientras caminaba distraído por el lugar. Volvió a su mente el desplante de Hermione y la desazón lo cubrió pesadamente.

Hurgó en sus bolsillos y con los dedos acarició la cajita aterciopelada. Caminaba sin rumbo y concentrado en sus emociones, meditando cual sería su siguiente paso con Hermione. Acarició nuevamente la caja, procedió a abrirla y observó la sortija con el pequeño diamante. La tomó con cuidado y la observó con gesto triste.

Hasta que tropezó con una grieta de la calzada y cayó de bruces sin poder evitarlo, por intentar mantener el anillo entre sus manos. Pero éste había volado a unos metros de allí y aterrizado a los pies de una joven que venía en sentido contrario. Ron se levantó abochornado por su torpeza y como pudo se sacudió el polvo de los pantalones mientras lanzaba miradas en rededor para encontrar el anillo perdido.

El anillo con un pequeño diamante engarzado brillaba a pesar de la oscuridad con el reflejo de la luna, como si fuese una señal. Ella lo divisó a pesar de la noche, éste había aterrizado a sus pies, quizás para confirmarle los designios de su futuro. Sonrió feliz mientras fijaba sus hipnotizantes ojos azules en Ron.

Ron detuvo en el acto el movimiento de sus brazos y sintió como las orejas empezaban a encenderse. Ella era realmente hermosa. Contuvo el aliento cuando se acercó hacia él y con gracia le tomó de la mano para depositar en ella el anillo perdido.

—¿Matrimonio?

—¿Eh?.... sí.

—¿Cuándo se lo propondrás? —inquirió curiosa—. ¿Esta noche? Debes estar feliz aunque también ansioso.

—No diría exactamente feliz.

La respuesta le salió sin pensar.

—El matrimonio es algo muy serio y es lógico que nos genera ansiedad más que felicidad. Pero no hay que temerle cuando es la persona correcta —suspiró sumergida en sus propias sensaciones.

—En teoría…

Ella enarcó una ceja confundida.

—No me escuches — masculló Ron—. Tuve un pésimo día y la noche fue peor.

Ella recordó la suya muy a su pesar.

—Igual yo. Esta noche no fue lo que esperaba.

Un gran suspiro, solemne y algo recargado, salió de los dos al mismo tiempo.

Ambos se miraron asombrados por aquella coincidencia.

Y segundos después se echaron a reír.

—Me parece haberte visto en algún lado —ella se limpió las pequeñas lágrimas de risa con un pañuelo segundos más tarde—. Estoy casi segura que fue en…

—Hogwarts —completó Ron exhalando ruidosamente y con el semblante relajado.

—Iba a decir en el ministerio —volvió a sonreír.

—Por cierto, me llamo Ronald Weasley —dijo con tal aplomo que a el mismo sorprendió—, pero mis amigos me llaman Ron.

—Soy Astoria Greengrass. De los Greengrass de Leicestershire.

—Wow. No podría ni deletrearlo.

Ella sonrió una vez más.

—¿Vas a algún lugar en especial? —inquirió Ron comedido

—En realidad no. Estaba buscando a alguien, pero creo que no lo encontraré aquí —arrugó el ceño ligeramente al responder.

—Me ocurre exactamente lo mismo…

Volvieron a mirarse sorprendidos.

—Iba a tomarme una bebida de frambuesa antes de marcharme…

—Si no te molesta, puedo acompañarte con una cerveza de mantequilla. Digo, si te apetece compañía, podríamos, no sé, tomar algo juntos. No juntos, en compañía, si no te molesta tomar algo…

Astoria lo estudió y en ese intervalo las orejas de Ron parecían querer estallar, quien arrepentido de su audacia se movía incómodo. Finalmente una media sonrisa apareció en el rostro alabastrino.

—Creo que tomaré una cerveza de mantequilla como tú, Ron.

Ambos caminaron con dirección sur, directo hacia uno de los locales más emblemáticos del lugar.

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—No lo puedo creer, te besaste con Draco Malfoy. Y tuve que verlo sin hacer nada.

Harry apenas podía recordar la escena en el callejón sin que sintiera una incómoda nausea subiendo desde su estómago.

—En realidad me alegro que nos vieras y hayas podido conservar la calma —musitó Hermione.

Ambos se encontraban sentados en una mesa del Caldero Chorreante bebiendo un par de cervezas de mantequilla.

—A pesar de todo lo que me has contado, todavía no puedo comprender lo ocurrido. Es perturbador.

Hermione tragó y desvió la cara de la vista de Harry —Tampoco puedo hacerlo —y ocultó la cara entre los brazos.

—Debes decirle a Ron —irrumpió Harry minutos más tarde—. El puede ayudarnos.

—¡Estás demente, Harry! —saltó Hermione horrorizada—. ¿Quieres que Ron mate a Malfoy?

—Bueno, no digo que sea fácil…

—Conoces bien a Ron como yo, Harry —parecía como si Hermione iba a descargar un largo discurso, pero entonces, en el último momento pareció pensarlo mejor y se conformó con dirigirle una mirada cansada y entonces habló despacio, en un tono ecuánime: —Pensará que es un plan de Malfoy para vengarse o burlarse. No lo razonará y puede cometer alguna tontería que finalmente terminará perjudicándolo. No quiero que Ron se vea involucrado en nada lamentable.

—Tienes razón, Hermione. Ron creerá que es una venganza de Malfoy.

—Fue lo que primero se me vino a la mente —continuó haciendo un gesto con la cabeza—. Pero obviamente analicé los hechos con más detalle y las variables de este gran problema no encajaron. Malfoy sería la última persona beneficiada con este accionar. Aunque Ron no lo creería.

—Ron da por sentado que Malfoy no es la mente del siglo, ¿lo recuerdas?

—Es obvio, Harry. No por algo tuvimos que ocultarle nuestro plan en el tribunal. Se que todavía piensa que Malfoy no debería volver a la comunidad mágica. No dudaría en hacerlo culpable de la autoría de la poción. Por lo demás ¿Qué sacaría Malfoy dándome una poción para que me vuelva loca por él?

—Pues supongo que Ron diría que lo haría para hacerte ver en ridículo o para molestarlo directamente.

—Digamos que es así —sentenció Hermione acercándose más a Harry—. Digamos que quiere burlarse de mí o de ti o de Ron. ¿Por qué tomaría el mismo la poción? No tiene sentido.

—¿El tomó la misma poción? —exclamó Harry abriendo los ojos desmesuradamente detrás de sus gafas redondas.

Hermione levantó los ojos para mirar a Harry directamente.

—No creo que hayas olvidado que los seis años que estuvimos en Hogwarts, Draco Malfoy se encargó de dejar bien en claro la antipatía hacia los muggles y a las personas como yo, una sangre sucia.

Harry arrugó el ceño al escuchar la hiriente palabra.

—Draco odiaba a todos los muggles y los hijos de muggles en Hogwarts. Te odiaba.

Hermione vaciló en busca de las palabras correctas.

—Corrección Harry. Él no me odiaba.

Harry sacudió la cabeza, desconcertado por aquella respuesta.

—Malfoy no me odia, porque para odiar a otra persona debes considerarlo por lo menos de tu propio nivel o haber considerado alguna clase de conexión. Puede que se haya encarnizado conmigo pero como un mero sentimiento negativo en general. Para Malfoy soy menos que basura por lo tanto no puede odiarme, simplemente le soy indiferente como persona, salvo más que para ser insultado o despreciado.

Con movimiento calculado, Harry se levantó de su lugar y fue a sentarse junto a Hermione y la rodeó con el brazo sobre los hombros. Luego dijo despacio, marcando cada palabra y mirándola con ojos serios.

—No me agrada escuchar como te expresas de mi mejor amiga. Tengo un gran concepto de ella y se que ella está por encima de todas esas cosas negativas.

Ella lo miró enternecida mientras le tomaba la mano suavemente dándole unas palmaditas.

—Como sea, sería ilógico pensar que Malfoy a cambiado de la noche a la mañana y ahora de pronto le guste y me por ese motivo me da una poción para que yo termine enamorada de él. Es irracional y hasta de mal gusto. Nadie puede cambiar tan diametralmente.

—¿Porqué todos insisten en que Malfoy no puede siquiera mejorar un poco? ¿Acaso lo han visto de cerca estos años? —Harry habló instintivo.

Hermione lo observó con aquellas miradas evaluadoras de toda la vida. A Harry le sofocó en secreto lo perceptiva que podía ser.

—¿No deseas contarme sobre algo, Harry?

Harry hizo una mueca y desvió la mirada.

—No imagines cosas, Hermione, ni nos alejemos del tema. ¿Por qué decías que él tomó la misma poción?

Ella lo miró otra vez, larga y calculadoramente. Sabía que había algo pero debía dejar que fluyera sólo. Decidió continuar y obviarlo.

—Me viste besarlo. Pero él…también me besaba. A mí. Malfoy besaba a Hermione Granger, la sangre sucia ¿Entiendes?

Harry suspiró pareciendo genuinamente preocupado.

—Es imposible que haya sido él.

—Exacto —sentenció Hermione—Y eso me lleva a concluir la improbabilidad de que Malfoy sea el autor. Además él sería el más perjudicado de los dos.

—Por lo que Ron le haría si se entera…

Hermione blanqueó los ojos.

—No Harry, por el riesgo de arruinar su regreso a la comunidad mágica. Ya te lo conté, estaba aterrado de que hiciera magia en él. Y su temor me pareció genuino. Lo pude ver en sus ojos. ¿Sabías que son grises pero con diferente tonalidad? —se abrazó los costados frotándose los brazos con nerviosismo. Aún estaba fresco en su memoria el recuerdo de aquellos insondables ojos—. Cualquiera diría que son simplemente grises, pero cuando está enfadado burbujean como mercurio líquido, cuando la ira lo domina se tornan de un gris profundo y tan insondables como los mares tormentosos. Más cuando el deseo llena la cuenca de sus ojos, el color plata retrocede y pequeños hilos de color del acero fundido toman su lugar y van formando una sombra perturbadora e impetuosa. Sus pómulos se colorean ligeramente mientras que su sangre fluye salvaje hacia sus labios inflamándolos y…

—Por favor, evítame los detalles —se quejó Harry, moviendo la mano en un gesto desdeñoso, más luego se puso serio—. ¿Qué vas a hacer ahora? No puedes actuar así delante de Ron. Sabemos que no es muy perceptivo pero creo que notará el cambio en ti. Y no me extrañaría que mate a Malfoy y luego le pregunte que te hizo.

—También pensé en ese detalle, Harry —empezó a abanicarse el rostro encendido con el menú del pub—. Tengo algunas opciones: Una venganza, una broma de mal gusto o una equivocación.

Harry pasó una mano a través de su cabellera rebelde en signo de desesperada frustración.

—Si es una venganza o broma estúpida, sería prácticamente lo mismo pues procedería de alguien que nos odia o nos aborrece a los dos por igual, o al menos a uno de nosotros con más ardor como para cometer un acto semejante y perjudicarnos no sólo a Malfoy y a mí, si no también a las personas de nuestro entorno. En mi caso, que deteste a los Weasley o que te odie a ti. Aunque esto último lo veo poco probable, después de todo, la gente te quiere y después de que derrotaste a Voldemort, simplemente te adoran.

Harry se movió avergonzado sobre el asiento.

—Y por el lado de Malfoy, pues cabe la posibilidad de que no deseen el regreso de su familia a la comunidad mágica. Quizás un mago ultra conservador o una fanático anti Voldemort, como algunos casos que ya hemos visto. El complicar a Malfoy en este asunto, utilizando magia y envolviendo a una funcionaria del ministerio sería la excusa perfecta para acusar a su familia y desterrarlos de por vida.

—Un accidente no podría dejarse de lado —se apresuró en acotar esperanzado, Harry.

—¿Quién podía ser tan estúpido y con tal mala suerte de errar con una misma poción en dos personas distintas?

Harry suspiró encogiéndose de hombros por toda respuesta.

—Por lo pronto, necesito investigar una muestra de mi sangre para rastrear la poción. Lo usual es que esté en nuestro sistema un día o dos como máximo y luego se absorba en su totalidad sin dejar rastro. Por ello debo buscar a Malfoy y conseguir una muestra de su sangre —no me mires así—, para estar seguros que es la misma poción, que intuyo lo es. Es el procedimiento lógico en estos casos, pero tendrá que esperar para mañana pues el exceso de alcohol en su sangre alteraría el resultado. Una vez hecho podría detener el grado de acción o eliminar los efectos, si hablamos claro está de una poción conocida y reglamentada. Prepararía el antídoto y eso sería todo. En el mejor de los caso me tomará un par de días.

—Como dices, Hermione, en el mejor de los casos. Pero si no es una poción original o es un invento o resulta ser dañina —cerró los ojos y se frotó las sienes con los dedos al considerarlo—, o mortal.

—Lo he considerado, Harry. Pero no puedo hacerlo público si hay la posibilidad que sea algo inofensivo o leve. No puedo arrastrar a todos a un escándalo. Debo hacer esto en secreto hasta resolverlo. ¿Me comprendes?

—Lo hago, pero no comparto el ocultar algo tan grande. Al menos Ginny y Ron deben saberlo.

—Por favor no les cuentes nada. Se que no debería pedirte algo así, pero trata de entender la situación. Además, Ginny tiene demasiadas cosas más importantes para preocuparse y en cuanto a Ron… yo pensaba decirle que se me presentó un caso de urgencia y por ello deberé quedarme unas horas más en la oficina estos días y que no podremos vernos.

—¡No puedes dejar de verlo estos días! —exclamó Harry preocupado, pensando en la propuesta de Ron.

Hermione le dedicó una mirada inquisidora.

—Insisto que deberías confiar en Ron, pero no puedo obligarte a ello. Aún así no creo que debas mentir más de lo necesario. Al menos con lo de las horas extras. ¿No podrías pedir permiso y verlo aunque sea dos horas al día?

—Mi trabajo es importante, Harry —ella le lanzó una mirada adusta—. Contribuyo a la comunidad mágica, me siento bien profesionalmente y eso debería alegrar a Ron en lugar de contrariarlo. Me gustaría que se sintiera orgulloso de mí por lo que hago y no molesto porque hay momentos que no podemos compartir juntos.

—No me malinterpretes, no dije que Ron…

—No lo defiendas. Lo conozco bien, Harry —Hermione hizo un gesto de fastidio

—Lo lamento. No quise…

—Tranquilo, Harry —levantó la vista y lo miró fijamente—. Ron tiene defectos que he aceptado, pero también es cierto que tiene virtudes. Y justamente de ellas me enamoré. Sé que muchas veces me concentro sólo en sus defectos y no veo lo bueno que es…

—Yo lo veo.

—También yo, Harry. Intento ver lo bueno de Ron y…

—Digo que veo a Ron. Allá en la mesa detrás de la barra —exclamó Harry sorprendido.

Hermione se levantó intentando ver que hacía Ron sólo en aquel pub. Harry que ya había divisado a Ron intentó detener a la chica, pero fue en vano. Ella caminaba con paso resuelto hacia el lugar intrigada por la presencia de Ron.

Harry llegó un par de segundos después a la mesa y contempló el espectáculo. Hermione tenía una expresión seria, Ron empezaba a convertirse en un tomate humano y la joven de cabellos rubios miraba a Harry y a Hermione con una expresión irritada en el rostro.

Carraspeó incómodo para cortar la tensión pero nadie habló ni se movió.

Esta será una cansada noche, pensó Harry. Y aún me falta llegar a casa.

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El taxi se estacionó en la puerta de emergencia del Chelsea and Westminster Hospital y ya lo esperaban dos enfermeras, una silla de ruedas y un médico de guardia. Todo gracias a la llamada que había efectuado Draco mientras iba camino al Hospital.

Lo ayudaron a bajar y de inmediato lo llevaron al tópico de guardia para determinar sus lesiones. Draco aguantó estoicamente las revisiones, placas y controles. Pero en cuanto la enfermera se acercó para extraerle las muestras de sangre con una pequeña jeringa, el autocontrol de Draco llegó a su fin. Intentó bajarse de la camilla para largarse del lugar.

Las enfermeras y el joven médico de guardia intentaron controlarlo pero al ver que no podían decidieron sedarlo. Con otra inyección más. Draco casi estampó el puño en la mandíbula del joven médico que logró esquivar el golpe por unos centímetros, mientras Malfoy exigía a gritos la presencia de otra persona.

Unos segundos después hizo su aparición el doctor Gregory Sloan. Era el jefe del Hospital y acudió lo más pronto al llamado de Draco. Hombre de mediana edad, ágil para su edad y de carácter amigable. Bajo la bata blanca se apreciaba que era algo delgado, cabellos negros, cortos y rebeldes, sus ojos eran de azul intenso, tenía tez blanca y una nariz grande y recta que le confería un aspecto singular.

El doctor Sloan ordenó trasladar a Draco a una sala privada para que él mismo lo examinara. Draco dejó de luchar en el acto, extenuado por la última sobrecarga de adrenalina en su cuerpo y casi cayó fuera de la camilla.

Ya instalado allí, el mismo doctor Sloan se encargó de colocarle una vía a Draco, previa anestesia sobre la piel y sin dejar que Draco mirara el procedimiento. Procedió a tomar las muestras con la mayor rapidez. Terminó su evaluación en silencio hasta que ordenó a la enfermera a llevarse las muestras.

—¿Qué te sucedió esta vez, Draco? No es grave, pero si de cuidado.

—Ya sabes, Sloan. Fue un…

—…error de cálculo —terminó Sloan casi reprendiéndole—. Debes tener más cuidado, Draco. Un error de cálculo más y me quedaré sin el mayor benefactor de mi hospital—. Le dirigió ahora una mirada de preocupación genuina.

—Pues no parece que hagas mucho con mi dinero. Ese idiota interno tuyo intentó inyectarme con una aguja de 5 pulgadas.

—No todos están al tanto de tus requerimientos particulares, Draco —Sloan empezaba a cubrir con gasa la zona de la cabeza para proceder a coser la herida.

—Para eso pago muchas libras. Exijo una atención de calidad —se burló.

—Por supuesto señor benefactor anónimo. Por cierto —y Sloan adoptó un tono más serio—, debo informarte que los aceleradores lineales que enviaste funcionan a la perfección. El sistema Moduleaf, tal como lo anunciaste, accede a los contornos irregulares de los tumores con mayor exactitud. Gracias nuevamente, Draco.

—No te pongas melodramático y duérmeme de una buena vez. Ya vi que ensartaste esa cosa y empiezo a incomodarme.

Gregory Sloan sonrió de lado y procedió a calibrar la bomba de anestesia para dormir finalmente a su paciente. Preparo la solución que debía inyectarle por la vía que tenía en el brazo. Debía vendarle las costillas, poner un par de puntos en la cabeza, unas grapas en la mejilla, enyesar el brazo derecho, darle unos calmantes y quedaría como nuevo. Como hacía unos años atrás.

—¿Deseas que llame a alguien en particular? ¿Tal vez a Roger? Creo que te gustaría tener a un amigo al lado al despertar —preguntó por última vez antes de colocar la aguja en la vía.

—No llamaré a Roger. Deja de preocuparte, Sloan. No soy un crío.

—Pienso que deberías llamar a Roger, si es que no hay alguna linda chica por ahí que quiera cuidarte—la anestesia empezaba a llegar a Draco quien empezaba a dormirse.

—Ni a Ro Roger ni a chica a alguna…

—No entiendo todavía como es que no tienes a alguien a tu lado. Eres dueño de una empresa, rico, joven y apuesto; y no te conozco relación en tantos años.

—No-No me gustan los hombres, por por si t-te me estás declarando, Sloan —balbuceó Draco mareado—. Además no sabes todo sobre mí. Nadie lo sabe…

—Entonces si hay una chica —concluyó Sloan complacido.

—Sssii —le costaba mover los labios ya al borde de la inconciencia —su nombre es... su nombre es…

Y a pesar que quería pronunciar su nombre y tenía la imagen de Astoria, con sus ojos color cielo y sus cabellos como el sol irrumpiendo grácil en su mente, de su boca emergió el sonido prohibido:

Hermione

Y cayó dormido.

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Ella continuaba silenciosa batallando consigo misma. Ron la miraba de soslayo por momentos y se mantenía también callado. Sólo Harry intentaba inútilmente entablar una conversación sin éxito.

Los tres amigos dejaron el Caldero Chorreante hacía varios minutos y caminaban por las frías calles de Londres, cada uno ensimismado en sus pensamientos. En lo que les había ocurrido a cada uno de ellos.

Harry preocupado no solo por sus dos amigos, si no por la renuncia de Ginny a las Arpías. No quería que su esposa se arrepintiera algún día de no haber cumplido sus sueños por permanecer a su lado. Conocía la capacidad de Ginny para el quidditch y lo que menos deseaba era destruir su brillante futuro. Anhelaba secretamente tenerla más cerca y más tiempo, pero entendía que los pequeños sacrificios y el simple hecho de ver feliz a la persona amada es la esencia del amor verdadero y no quería perjudicar a Ginny de modo alguno. Pero conocía igualmente tan bien a Ginny que estaba seguro de no poder cambiar esa decisión. Amaba el carácter fuerte y decidido de la pelirroja y por eso sus sentimientos estaban embrollados buscando lo mejor para ambos, pero sobre todo para ella.

Ron por su parte, continuaba entre avergonzado y fastidiado por igual con respecto a Hermione. Avergonzado de haberse visto descubierto, según lo percibía él, con una chica desconocida, tomando un trago en un pub. Se imaginaba que Hermione estaría despotricando interiormente, celosa y furibunda por haberle encontrado en aquella situación. Pero asociado a este sentimiento y aún latente se encontraba la rabia por el desplante de Hermione. Iba cavilando sobre lo que le diría.

Los pensamientos de Hermione volaban como golondrinas sin mantenerse quietos dentro de su mente. Intentando concentrarse en su inesperado e increíble encuentro con Ron, trazando planes para el día siguiente en la oficina, sopesando la posibilidad de contárselo a Ginny pues Harry había mentido por ella ante Ron por aquel encuentro y no quería que su amigo tuviese más preocupaciones, calculando las repercusiones de hacer público el incidente con la poción; pero todos aquellos pensamientos aleteaban en torno a un recuerdo en especial: El último beso que dio.

Algo en su interior revoloteaba inquieto. La sensación de no saber cuál era la diferencia. Sentía como la poción le estaba socavando lentamente por dentro, confundiéndola entre ilusión y realidad. Y es que ese último beso fue tan distinto a los demás, que le asustaba el simple hecho de recordarlo.

Por más que Ron intentó hablar con ella, Hermione se negó. Arguyó un fortísimo dolor de cabeza y le pidió conversarlo después, más calmados. Incluso se paró de puntillas para depositar un beso en sus labios, pero al sentir el sabor conocido de Ron, su olor y sus fuertes manos en su cintura, retrocedió en el acto.

No era Malfoy.

Y su cuerpo le pedía los labios de él, su aroma y su fuerza sobre ella.

Avergonzada por su comportamiento entró a su departamento sin mirar atrás, dejando a Ron pasmado y a Harry más preocupado que nunca.

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El reloj de la oficina marcaba las diez y cincuenta y él aún no aparecía. Hermione le dio un gran sorbo a su café e intentó concentrarse en su trabajo. Tenía una junta a las once en el departamento de regulaciones mágicas pero continuaba sentada frente a su ordenado escritorio dándole vistazos al reloj y a la puerta.

La última lechuza la mandé hace media hora. Él ya debería estar aquí, pensó

Once en punto y las manos le hormigueaban por tomar su carpeta y salir hacia la junta, pero sus piernas se negaban a obedecer sumada a la sensación agobiante dentro de su pecho. La estaban literalmente manteniendo clavada a la silla y con la vista fija en el reloj.

Once y media y Hermione decidió actuar. Tenía lo que necesitaba en el enorme bolso y no quiso esperar más, pues ya no tenía excusa convincente para Rose ni para los demás miembros de la junta que insistían en su presencia. Minutos más tarde Rose volvió del departamento de regulaciones para confirmar que Hermione estuviera bien y se dio con la sorpresa de encontrarla abstraída en una silla junto a la puerta y aferrada a una camisa blanca.

—Tienes fiebre, Hermione. Estás ardiendo. ¡Tienes gripe!

Rose se había acercado a ella y observado el color carmesí de sus mejillas, la frente perlada de sudor y la mirada ensimismada y supuso que estaba enferma.

Si era fiebre. Pero no la del tipo viral que te echa a la cama con fiebre y malestar y que provoca tomar sopa de pollo. Ella estaba sintiendo otra clase de fiebre. Aquella que te calienta el interior, despacio y que se extiende como lava ardiendo por tus venas y que te quema viva.

Hermione estaba recordando. Las manos ágiles y posesivas de Draco asaltando y saboreando la curva de sus labios, el serpenteo de su cintura y cadera, la suavidad de su espalda y la turgencia de sus pechos. Recordaba y sentía casi dentro de su boca, el sabor a tabaco y alcohol que lejos de disgustarla la excitaba todavía más. Deseaba sentir nuevamente el sabor de aquellos labios posesivos y vehementes y el aroma varonil que él despedía. El mismo aroma de su camisa.

Así la encontró Rose y atribuyó a un catarro la fiebre y el extraño comportamiento de Hermione en ese instante y desde que llegó. Le suplicó que fuese a su casa a descansar, después de hacerle beber a la fuerza una poción para el resfrío. Hermione despertó del trance y se apresuró a guardar la camisa de Malfoy de nuevo al bolso. Decidió irse de ese lugar para continuar con su plan y fingió tomar la pócima mientras obedecía sin chistar las recomendaciones de su asistente. Tomó el bolso, fue al estante donde guardaba muestras de pociones y con un hechizo lo abrió para extraer dos botellitas pequeñas y las guardó en el bolso; y por primera vez en su vida en toda su vida profesional, pidió licencia por enfermedad.

Era medio día cuando apareció en la calle contigua a la compañía de Malfoy. Tenía el móvil en la mano y esperaba paciente que el aparato vibrara y fuese él quien devolvía al fin sus llamadas pero era obvio que esperaba inútilmente. Había mandado tres lechuzas a su departamento y todas regresaron sin entregar los pergaminos. La conclusión lógica era que él se estaba escondiendo. Y era obvio que ella no podía permitirlo. Le haría saber que la situación no era un juego y que debían aclarar y resolver todo de una buena vez.

Sin esperar más ingresó al local. Se sorprendió al contemplar aquella gran compañía. Se respiraba lujo y buen gusto a cada paso. Los coches lujos dispersos y las oficinas de venta con elegantes decorados. Tuvo que reconocer el mérito de Malfoy. Había triunfado en aquel mundo. Con una ayuda monetaria de sus padres pero igualmente sólo y sin experiencia.

—¿Puedo ayudarla, señorita?

La joven de cabellos rojizos se le acercó extrañada. Hermione no tenía la pinta de un comprador potencial, si no alguien que viene a curiosear. Pero igual debía atenderla como decían los manuales. Divisó a su compañera metros más allá, quien había acudido a la sala de espera ante la oportunidad de un nuevo cliente, pero que se había detenido al contemplar con aire ceñudo el aspecto de Hermione. Le hizo una mueca disimulada y esperó en el lugar.

Hermione observó el comportamiento de las dos chicas y dedujo inmediatamente la situación. Su sobrio traje de oficina no era nada costoso y no ostentaba ese aire frívolo y mundano de ese círculo social. Pero aquello no le importó, pues iba con un solo motivo.

—Busco a Draco Malfoy.

—¿Al dueño? —contestó la pelirroja Enma, mirándola con más interés.

Hermione asintió impaciente.

—Si es sobre algún auto o su financiamiento puede llevarla con alguien del departamento de post venta o créditos.

—No es un asunto comercial.

—Podría dejarme el recado y yo lo llevaría a Penny, la secretaria del Señor Malfoy.

—Te lo agradezco pero debo verlo directamente. Es un asunto personal.

—¿Es usted una clienta dorada? El dueño sólo atiende a las personas con esa categoría —escudriñó Mary Sue, quién se acercó a ellas cuando escuchó el nombre de Draco.

—No lo soy —se impacientó aún más por la demora—. Chicas no quiero parecer grosera pero es imperioso que hable con Malfoy.

—El señor Malfoy no ha llegado aún y no sabemos si vendrá hoy —Mary Sue marcó las sílabas del título en una clara afrenta al tono familiar de Hermione—. Puedes esperar en el recibidor y le avisaré a su secretaria para ver si ella puede atenderte.

Hermione la estudió unos segundos y comprendió su actitud. Eran simples celos. Quizás estaba enamorada de él, fuese un affaire o hasta su novia. Más tuvo que sonreír ante esa posibilidad. Draco enamorado de una chica muggle. Era de risa. Pero no tenía tiempo para continuar aquella plática y volvió el rostro hacia la primera chica.

—Draco Malfoy es un viejo amigo del colegio —le costó decir la palabra amigo—. Debo verlo en este instante y estoy segura que tú puedes ayudarme. Indícame donde es su oficina y puedo ir sin molestarlas más.

La rubia estaba echando chispas y estaba preparándose para responder mas por la entrada lateral de la sala de exhibición ingresó el gerente comercial de la compañía. Le llamó la atención el grupo y se acercó hacia las jóvenes.

Enma corrió a darle el encuentro y en contados segundos le puso al tanto de la situación.

Una visita para Draco. Roger se interesó aún más por aquella chica de cabellos ensortijados del color de la caoba y de expresivos ojos avellana. Debía de tratarse de ella. Debía ser la novia de Draco.

—Usted debe ser la novia de Draco. Me da gusto conocerla al fin después de nuestras poco ortodoxas misivas protocolares —sonrió—. Si pasa a mi oficina podemos esperar juntos a Draco con una buena taza de café peruano.

—¿Malfoy aún no ha llegado? —cortó Hermione ahora verdaderamente preocupada.

—Supuse que estarían juntos hasta muy tarde —contestó sorprendido Roger Caplant.

—Bien yo… yo lo vi ayer en la noche, pero yo no soy… yo —Hermione no sabía que responder ni cuanto. Tuvo el impulso de corregir el error sobre el asunto de la novia, pero pensó que podría sacar partido de aquello—. Quiero decir que, debíamos vernos esta mañana y no apareció. Él sabía que era importante y no se ha comunicado conmigo.

Además ella no tenía idea de donde podría estar. No quiso utilizar nuevamente el hechizo para ubicarlo pues se puso como enajenada sólo de oler la camisa de Malfoy y no quería volver a pasar por ello.

—¿Tuvieron un desacuerdo? —Roger miró enternecido a Hermione, pensando que su turbación era por una posible pelea entre ellos y que ella quería solucionar. Así como le sucedía a su hijo Jake y a su novia.

—No, no fue nada de eso —se apresuró a desmentir.

—Entonces ya llegará y podrán conversar y resolver sus diferencias. A tu edad las cosas se toman muy a la tremenda, no debes preocuparte por—

—Usted no entiende —cortó Hermione ahora preocupada—. Era urgente que nos viéramos temprano pues tenemos un asunto muy importante y él sabía que no podíamos aplazarlo.

—¿Sucedió algo irregular o distinto anoche que pudiera evitar que viniera temprano? —Roger se puso serio pues la visión de la joven que demostraba preocupación le confirmó que aquello no era una simple discusión de enamorados—. Draco sólo ha llegado tarde en contadas ocasiones. Es una persona en extremo puntual, casi obsesionada por la hora. No me preocupe hoy, sabía que tenía una reunión anoche y quizás demoraría pues ustedes… —carraspeó—, bueno el caso es que no está aquí y eso ya empieza a inquietarme. La vez que llegó tarde fue por la última nevada glacial que nos azotó casi con dos metros de nieve y sus ausencias siempre han sido por sus dichosos errores de cálculo.

Hermione lo miró con extrañeza.

—Draco se refiere a sus bizarros accidentes con maquinarias y artefactos muggles a simples errores de cálculo, eso le evita demasiadas preguntas. Aunque no sólo han sido con cosas pequeñas. Debes estar al tanto de sus verdaderos accidentes, aunque él insista en minimizarlos. A veces pienso que es un imán de problemas. Donde haya un choque, un siniestro o un asalto o pelea; Draco tiene boleto fijo.

La chica se mordió un labio pensando rápido. No había podido dormir, trazando sus planes de acción, pero también pensando en Draco y recordando lo ocurrido. Pero no había siquiera pensado que sus heridas fuesen mas serias de lo que se veían o incluso graves. Se sintió culpable por no haber acompañado a Draco al hospital o al menos asegurarse que estuviera bien, pues supuso que sus heridas no eran de cuidado. Tan solo unas puntadas y deberían haberlo mandado a su casa—. Miró al hombre que tenía enfrente, tratando de averiguar, basada en su instinto, si era una persona en la cual podía confiar. Parecía sincero en su preocupación por Draco y eso la desconcertaba más pues Malfoy normalmente no generaba ese sentimiento en otras personas y mucho menos en muggles. Era extraño contemplar una situación así, pero no tenía tiempo para analizar nada. La prioridad era encontrar a Draco y comprobar que estuviese bien.

Roger no se perdía detalle del rostro de la joven. Su boca estaba apretada en una fina línea y parecía estar entre la angustia y la indecisión. Finalmente ella respiró profundo antes de hablar.

Hermione se refirió a la pelea que había tenido Draco en el callejón pero obvió los demás detalles que pudieran comprometerla a ella y a la comunidad mágica. Lo hizo pasar como un simple asalto. Ni siquiera había terminado de hablar cuando Roger en dos movimientos había tomado su sobretodo negro y la arrastraba hacia la puerta con premura.

—Si fue a un hospital, sé a donde fue. El Chelsea and Westminster Hospital es él único lugar que pisaría en el mundo.

San Mungo si pudiera, pensó Hermione, pero obviamente no lo dijo y continuó caminando arrastrada por Roger.

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ooooooooooooooOOOOOOoooooooooooooo

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Llegaron al hospital en cuestión de minutos gracias al manejo casi suicida de Roger, que tuvo a Hermione arañando los bordes del asiento sin salir del asombro por la pericia y la preocupación de aquella persona. Se preguntaba cual era la relación que unía a Roger con Malfoy, pues pensaba que una dependencia jefe-subordinado no llegaba al comportamiento con el que actuaba el gerente de Malfoy. Tal parecía que Roger tenía una relación basada en la amistad y no sólo profesional. Su preocupación era la de un amigo en problemas.

Es imposible, pensó. El señor Caplant es un muggle. Draco no podría…eso es imposible

—¿Puedo ayudarlos? —inquirió la enfermera de turno al verlos llegar al piso de emergencias.

Roger se dirigió a la estación de enfermeras con la mujer, mientras Hermione sujetaba el suéter con nerviosismo, sintiéndose fuera de lugar. Mejor lo dejaría así. Mañana podría averiguar el estado de Draco. Con sigilo retrocedió unos pasos para marcharse de allí. Lo estaba consiguiendo.

—¡Eh, Hermione! Por allí no está la habitación —gritó Roger al suponer que Hermione intentaba buscar a Draco por sus propios medios—. Es la número 245. Ve a verlo y tranquilízalo. Debo quedarme unos minutos aquí para hacer el papeleo correspondiente. ¡Vamos muchacha no seas tímida! —sonrió.

Hermione se sentía arrastrada, como una res al matadero. Sabía que debía enfrentarse a Malfoy, pero en un hospital… era demasiado para ella. Quería salir corriendo pero algo en su interior a pesar de todo, tenía curiosidad por saber el estado de Malfoy.

—Sólo me asomaré por la ventana de la habitación sin que me vea, para asegurarme que está bien y me iré. Eso será todo —dijo dándose valor.

Frente a la puerta de la habitación número 245, Hermione intentaba divisar la figura de Malfoy pero al parecer la cama hospitalaria se encontraba junto a la ventana y no podía verlo desde allí. A regañadientes ingresó con el mayor sigilo que pudo, pues adivinó que estaba dormido al sentir el silencio reinante.

Se quedó parada un rato frente a la cama de cobertores blancos, con el corazón latiendo más acelerado. Se llevó una mano a los labios para ahogar una exclamación.

Draco estaba dormido, con un semblante tan indefenso que asustaba.

Ella se acercó despacio, frenando y luchando con su deseo inconcebible de correr hacia él sin saber exactamente porqué. Lo contempló unos segundos, el corazón se le encogió y la sensación ambigua de su último encuentro regresó.

Estaba ligeramente despeinado debido en gran medida al pedazo de gasa quirúrgica que le cubría parte de la cabeza. Algunos mechones le ocultaban la frente pálida que ya no presentaba esa típica línea que siempre se le marcaba con aquellos gestos de arrogancia o de maldad y le conferían ahora un aire inocente. Sus ojos cerrados estaban enmarcados por pestañas muy claras que contrastaban con el color púrpura del cardenal que envolvía a uno de ellos. La nariz recta, de tamaño y forma perfecta aunque con algunos arañazos, se movían sutilmente con la respiración. Tenía igualmente la mandíbula algo morada y al acercarse más, le asombró darse cuenta de la incipiente barba castaña en su rostro. Miró ahora a sus labios, y sintió una pequeña punzada al hacerlo y la inclemente necesidad de tocarlos.

Alargó la mano con dirección a ellos. Las yemas de sus dedos estaban a milímetros de aquellos maltratados labios sonrosados.

—¿Quién es usted?

La voz provino de sus espaldas y logró despertarla de aquella abstracción. En el acto se alejó de la cama y observó al recién llegado. Era un doctor que traía una graciosa taza de café de motivos navideños en una mano y una gran panecillo en otra.

—Yo… yo sólo quería verlo para saber cual era su estado, doctor… —vaciló en busca de las palabras correctas para no delatarse.

—Soy el doctor Sloan y temo que no puedo darle esa información, pues sólo se reserva a los familiares. Pero, temo que aún no me ha dicho su nombre —insistió el doctor Sloan.

—Eh..

—Ella es la novia de Draco.—irrumpió el interrogatorio, Roger Caplant sin pensarlo al entrar en la habitación y contemplar a su amigo y a Hermione—. Y veo además que Draco está en las mejores manos posibles. Puedes decirnos el estado del muchacho. Espero que no sea tan grave como esa vez. Aunque ya me adelantó algo la enfermera de turno y eso me tiene más tranquilo.

El doctor Gregory Sloan quien había mirado receloso a Hermione se apresuró a dejar la taza de café y el panecillo cerca de la ventana para estrechar la mano de la chica con gusto.

—Salgamos al pasillo para darles el diagnóstico. No es un cuadro grave pero tiene algunas lesiones que tomarán algunas semanas en sanar.

Los tres salieron afuera de la habitación para escuchar las palabras del doctor Sloan. Hermione podía ver casi físicamente la preocupación en el semblante de Roger Caplant y su incertidumbre continuaba en aumento. También se alegró de que Malfoy no tuviese nada grave, como lo haría con cualquier otro ser humano, y se prometió a si misma que esperaría el final de aquella plática para largarse del lugar. Podría intentar ver a Draco al día siguiente o tal vez transformada en otra persona para extraer la muestra de sangre y empezar sus investigaciones.

—Encontré esto entre las pertenencias de Draco, dentro de la túnica que traía. No sabía que era así que prefería no dejarlo al alcance de manos desconocidas. Estoy esperando que Draco despierte para que me cuente que es —susurró el doctor Sloan. Habían vuelto a la habitación para buscar el objeto.

Con horror, Hermione observó como el hombre extraía del bolsillo de su bata una llave voladora y la sujetaba con interés y no sin algo de inquietud. La pequeña llave antigua de bronce pulido y de pequeñas alas celestes se movía frenética intentando liberarse.

—¡Es mía! —exclamó Hermione, lanzándose sobre la llave. Apenas la tuvo entre sus manos la observó detenidamente y reparó en el detalle grabado en sus bordes. Las iniciales A.G se vislumbraban nítidas sobre el bronce.

—¿Qué es? —prorrumpieron aún asombrados los dos hombres junto a ella—. ¿Cómo funciona?

—Sólo es un juguete mecánico que compre en Japón —se apresuró a mentir Hermione—. Ustedes saben… Japón, tecnología, robots; sólo es un artefacto más. Nada del otro mundo. Se apresuró a meter la llave al bolso.

—Yo estoy al día con los aparatos y maquinarias de última generación y no me parece que-

—¡Está despertando!

Hermione se apresuró a gritar y a correr donde estaba Malfoy. Obviamente era un truco para cambiar la conversación pues el chico continuaba dormido, sólo se había movido ligeramente.

—¿Cuántas costillas rotas me dijo que tenía? —inquirió Hermione buscando distraerlos.

—Fueron dos, además de la fisura del brazo. Esta vez tuvo suerte —contestó Sloan.

—¿Suerte? —replicó Hermione espantada—. ¿Cómo alguien puede tener suerte con ese diagnóstico?

—Draco tiene un amplio historial con los accidentes. Creo que ha sido mi paciente en más ocasiones de las que me gustaría. Ya le especifiqué mi gusto por sus visitas como amigo y no como paciente —sonrió.

—¿Ustedes son amigos desde hace tiempo? —volvió a preguntar intrigada de que Malfoy formara relaciones amistosas con muggles.

—Al inicio sólo fuimos doctor-paciente, más poco a poco con sus constantes ingresos a emergencia y luego con sus disimuladas y muy caritativas visitas médicas.

—¿Caritativas? —Hermione no podía dejar de preguntar.

—Seguramente Draco no ha querido contarte la historia. No me sorprende —Roger adoptó un aire afable—. Este chico mataría para evitar que alguien se entere de su buen corazón. Es el principal benefactor de este hospital. El ala nueva de oncología pediátrica y el edificio de hospedaje de personas sin recursos fue construyó íntegramente con sus donaciones.

—Aunque al inicio se portaba como un crío ensimismado, engreído, prepotente y majadero —agregó risueño el doctor Sloan—. La primera vez que llegó, no podía siquiera levantarse de la cama pero se encargó de vapulear a la mitad de mi personal. Nadie quería entrar a atenderlo.

—Fue aquella vez que casi le cuesta la vida ¿cierto Gregory?

—Exacto. Estuvo dos semanas internado. No quería hablar con nadie y si lo hacía era para rechazar todo y maldecir a cuanta persona se acercaba a él. Era por el mismo trauma del accidente. Parecía dispuesto a dejarse morir e incluso se negó a recibir alimento. Tuvimos que alimentarlo con una sonda naso gástrica y aplicarle antidepresivos.

Hermione cerró los ojos y casi pudo escuchar algo romperse en su interior.

—Me llamó particularmente la atención que nadie lo visitara ni indagaran por su salud. No era un indigente ni un delincuente. Hizo un cheque en cuanto pudo y pagó los gastos médicos por encima de su tarifa normal. Un chico con sus características y abandonado en este caótico mundo no era común. Intenté animarlo pero continuaba ensimismado y con aquella mirada mezcla de odio y desprecio en sus ojos. Hasta que un día, recorriendo los pasillos del hospital, llegamos a la sala de pediatría. Recuerdo que aún estaba en la silla de ruedas, aunque increíblemente no la necesitaba, y en cuanto divisó al enfermero con la dosis de medicina para un niño se puso muy alterado. Esos pequeños niños, sufren su calvario a veces más estoicamente que nosotros los adultos. Ese niño estaba a punto de recibir su quimioterapia con tal resignación y entereza que sorprendería a muchos. Draco se levantó de la silla como un enajenado dispuesto a arrebatarle la inyección al enfermero. Tuvimos que detenerlo entre cuatro personas.

—Draco me confesó una vez que supuso que estaban hiriendo al niño. No ha querido ahondar en el tema pero tiene una especie de fobia a las agujas.

—Le informé aquella vez que el niño estaba recibiendo su dosis de quimioterapia, para el cáncer que lo aquejaba. En ese momento, me pareció que Draco no comprendía del todo, quizás debido a los medicamentos antidepresivos que estaba recibiendo. Obviamente no hay nadie en este mundo que no sepa que es la quimioterapia, ni las agujas ni el cáncer.

Hermione carraspeó incómoda.

—Después de ese incidente, Draco pareció apaciguarse. Aún tenía sus arrebatos de cólera y arremetidas de desprecio con mi personal, pero noté un ligero cambio en él. Como si el incidente con aquel niño le hubiese dado fuerzas para salir del hoyo. A los tres días, salió de alta.

—Y llegaron los primeros cheques —completó Roger.

—Es cierto. Todos anónimos y que no pudieron ser rastreados. Llegaba uno mensual con una jugosa cantidad de dinero. Pero nadie se daba autoría por ello.

—Recién a los dos años pude enterarme de aquellos egresos misteriosos de las cuentas de la empresa —agregó Roger —. Y no son los únicos. Lo negó por un tiempo pero finalmente tuvo que aceptarlo.

—Ahora, exige una habitación privada, comida preparada por un chef y no por las cocinas del hospital y cero agujas cada que tiene uno de sus dichosos errores de cálculo —continuó Sloan, dándole al terminar, una mordida a su panecillo.

—¿Siempre tiene accidentes como éste? —Hermione giró a mirar a Roger.

—Era un poco patoso con los artefactos eléctricos… —Roger respondió visiblemente embrollado. No quería decir nada revelador frente a Sloan.

—A llegado aquí por un dedo cortado con un cuchillo eléctrico, una descarga de la tostadora, una cortada con la máquina de rasurar, una fractura en la pierna por un asalto, un dedo fisurado por la patada a su televisor de plasma, una quemadura con la frazada eléctrica; son las que puedo recordar —Sloan le dio un sorbo a su café.

—Pero la primera vez, ¿Qué le ocurrió? —inquirió Hermione mientras observaba a Malfoy dormir placidamente. Se había sentado al filo de la cama de forma natural.

—Eso si lo recuerdo con claridad pues fue algo muy extraño. Algo absurdo e inexplicable.

Hermione agudizó sus sentidos. Las palabras extraño e inexplicable siempre estaban relacionas al mundo mágico.

—Hasta salió en la televisión —continuó Sloan—. Fue el incidente a las afueras de la carretera de Wiltshire. Aparentemente Draco no hizo caso al semáforo de las vías auxiliares e intentó cruzar la calle hacia esa zona de pantanos. Un auto lo envistió. El conductor trató de frenar pero por la humedad de las pistas patinó y arrolló a Draco hasta terminar volteado sobre la carretera. La gente bajó de sus autos y llamaron a emergencias informando el accidente. Nosotros esperábamos la llegada de los heridos.

—Me hubiese quedado sin socio, si esperaba a la ambulancia —acotó Roger.

—Esa es una de las cosas inexplicables que ocurrieron esa noche. Cuando la ambulancia llegó al lugar, encontraron al conductor del vehículo aún atrapado en su vehículo, algo malherido pero estable. También encontraron muertos a dos pavos reales albinos. Nadie sabe que hacían en el lugar ni de donde vinieron. Pero lo que no encontraron fue al otro herido. Al que la gente había visto volar en el aire, estrellarse contra el pavimento y ser arrastrado por el auto en marcha.

—¿Cómo lo encontraron? — preguntó Hermione. Su voz era neutra más su expresión se alteró. No le gustaba nada aquella historia. Sus ojos miraban fijamente la funda de la almohada de Draco.

—Pues en realidad, creo que Draco nos encontró. O eso sospechamos.

La mirada de incredulidad de Hermione lo incitó a continuar.

—Como le dije a la policía aquella vez, no sabemos como es que llegó a la puerta del hospital o quien lo trajo. Simplemente apareció allí. Inconciente y sobre una camilla. Lo recuerdo claramente porque yo estaba en esa camilla. Estaba de turno, salí a comer un panecillo y me senté sobre ella para descansar las piernas un poco. Y después simplemente, en un parpadeo, me encontraba de pie y junto a un herido aparecido de la nada. Pero esto no es lo más increíble. Aquel herido no tenía mayor daño. Él estaba sin ningún hueso roto más que unas cuantas magulladuras. A pesar de que la gente lo vio volar por los aires y ser arrastrado por un auto en marcha; sólo tenía unos moretones, pequeñas cortadas y un labio sangrante. Pero ni un solo hueso roto. Como si fuera de acero, superman o cosa de—

—Magia —concluyó Hermione en voz alta.

Sloan asintió, le dio un nuevo sorbo al café y dejó la taza en la ventana para tomar su panecillo. No se percató de la tempestad que envolvía a Hermione por dentro.

—¿Le preguntó a él que sucedió? —continuó Hermione mientras abría con disimulo su bolso y extraía algo de el. Tenía la respuesta a esa pregunta de antemano. Con disimulo caminó hacia la ventana.

—Pues Draco siempre se ha referido a ese incidente con malas pulgas. Dice que no recuerda nada y le creo. Es más, intuyo que no quiere llegar a saberlo —intervino Roger.

—Como dice Roger, él me manifestó que solamente recuerda la parte del atropello. Luego despertó dentro de la sala de emergencias. No sabe cómo llegó ni quién lo trajo.

—Su café se enfriará. Debería acabarlo pronto —Hermione giró y se dirigió a Sloan con la taza de café en la mano. Sonrió fugazmente con la expresión de querer terminar con el tema.

El doctor Sloan recibió la taza de café tibio y la bebió sin sospechar que en ella, la chica había añadido unas gotas de poción de memoria.

No era ético. No era su accionar, pero necesitaba conocer la verdad. Alguien había ayudado a Draco Malfoy aquella ocasión. Debía ser un mago para lograr la recomposición de los huesos y heridas importantes, el traslado por desaparición de ambos, la alteración de memoria de los testigos y para borrar las huellas de magia del cuerpo de Draco antes de su cita quincenal. Tenía que ser un mago poderoso.

¿Quién y porqué?

El móvil de Roger sonó débilmente y con un movimiento de cabeza Roger abandonó la sala para recibir la llamada en el pasillo. Sloan se acercó a revisar a Malfoy. Vigiló el suero que le era inyectado a través de la vía del brazo y comprobó sus signos vitales en la costosa máquina junto a la cama.

Hermione corrió y se sentó distraída sobre la cama junto a Malfoy, pendiente del semblante del doctor Sloan. Sin darse cuenta de ello su mano rozó accidentalmente la mano inmóvil de Draco.

—Doctor Sloan —murmuró Hermione—. ¿Intentaría recordar una vez más que sucedió?

—Me encantaría darte mayores luces de aquel incidente, pero no puedo ayudarte. No recuerdo nada.

—Es importante para mí, usted entiende, él es… es mi novio.

A Hermione le costó sobremanera decir aquella última frase sin sentir una extraña turbación. Se movió inquieta sobre la cama y sin querer asentó su mano sobre la de Malfoy.

—Se lo dije a la policía aquella vez. No recuerdo na…

Sloan hizo una pausa, pues su mente empezaba a aclararse increíblemente. Hermione no perdía detalle del rostro del doctor, apenas conteniendo la respiración.

—Me parece recordar haber visto a un joven junto a la camilla. Creo que era moreno, delgado y con unas gafas redondas. Si, creo que eran redondas. Aunque ahora que lo recuerdo mejor, eso no me llamó la atención. Lo que más me interesó fue lo que tenía en la frente.

—¿… en la frente? — articuló con voz ahogada.

—No lo he olvidado después de todo —sonrió Sloan para sí—. Bueno, algo así no se ve todos los días.

—¿Qué tenía en la frente? —rogó Hermione a punto del desmayo.

—Tenía…

—Una cicatriz en forma de rayo.

Hermione y Sloan giraron el rostro sorprendidos. Draco se había incorporado en la cama al terminar de hablar y ahora miraba a Hermione con una mirada sombría e indescifrable.

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Supongo que está demás decir quien es ese chico lindo, de cabellera azabache, delgadito, de ojos color verde botella, con gafas redondas y cicatriz de rayo. XD

¿Qué hará Hermione ahora que sabe la verdad y que hará Draco ahora que también sabe la verdad? O.O

Draco traumatizado por las agujas… fácil de adivinar si viviste con Voldy alguna temporada XD

Mi sly buena gente? Ummm no sólo se hace caridad por bueno, también para acallar pecados o demonios internos, pero más adelante veremos por donde va Draquito.

En el siguiente capitulo comienza la búsqueda de un antídoto. Eso quiere decir que ambos deberán trabajar juntos. Muy juntos… Capisci?

No los aburro más. Y ya saben, denle un toquecito al botón de abajo y háganme saber sus impresiones, sugerencias, peticiones, halagos y demás XDD

Nos vemos en el siguiente cap!

Gise.