Si se preguntan por qué estoy actualizando tan rápido es por que estoy en días de descanso y eso me da más tiempo libre. Generalmente, si estoy muy inspirada puedo escribir un capitulo en un mismo día, a veces hasta dos. Debo recordarles que yo actualizó en el momento que termino de escribirlos, razón por la cual algunas veces mi escritura es inconsistente, dado que no escribo muy rapido y a veces no me doy cuenta de los errores.

Ya sin más por el momento, espero disfruten de este nueva entrega.


-10-

Dinastía de deberes.


Kakashi miró al pequeño Naruto mientras daba sus primeros pasos. Tan sólo tenía un año y el chico rubia iba y venía de aquí allá sin ninguna clase de prohibición. En medio de su letargo, Kakashi fue certero al impedir que el pequeño chocase contra una roca. Lo tomó en brazos y le acarició la cara con un dedo, a lo que el pequeño protestó molesto. Kakashi sonrió debajo de su máscara y lo dejó ir de nuevo.

—Kakashi-san. – fue interrumpido en medio de su descanso por una voz que ya conocía de antemano.

—Itachi, ¿Cómo estás? – el mayor de los hermanos Uchiha era sin duda una persona educada y llena de modales; pero también un sujeto misterioso que, según muchos, escondía su verdadera personalidad entre sombras de un pasado, presente y futuro hostil.

—Bien, ¿Está muy ocupado? – observó a Naruto, quien ahora jugueteaba con una mariposa.

—En realidad no. Naruto es muy travieso, pero creo poder con lo que se le ocurra a este pequeño. – sonrió enternecido, pues Naruto intentaba alcanzar al insecto dando pequeños saltitos.

—Es bueno oírlo. – Itachi se acercó a Naruto y lo tomó en brazos, el pequeño pataleó una vez que se vio privado del suelo, Uchiha simplemente rio ante su energía. —Es muy ruidoso. – había comenzado a llorar. —Sasuke es más tranquilo.

—¿Cómo está él? – Kakashi conocía la familia Uchiha dado que él había poseído una entrañable amistad con uno de sus miembros, el fallecido Uchiha Obito.

—Creciendo, es más inquieto cada vez, más curioso… pero no por ello menos cuidadoso. Es muy inteligente. – presumió Itachi, quien parecía convencido de que Sasuke era la octava maravilla del mundo.

—Realmente quieres a tu hermano, ¿Eh, Itachi?

—Sí, lo quiero. – dejó ir a Naruto. —Kakashi-san, es por esa razón que he venido a verle. – la confianza entre Itachi y Kakashi era muy cercana, por ello casi no usaban sufijos cuando se referían, no obstante, el hecho de que Itachi se comportara más amable de lo que generalmente era alertaba al veterano.

—Dime, Itachi, ¿Pasa algo malo?

—Papá murió. – dijo de pronto y Kakashi simplemente cerró los ojos con pesar.

—Lo lamento mucho.

Fugaku Uchiha y sus hijos eran los últimos que quedaban del clan, Mikoto, la madre de los hermanos, había muerto durante el parto de Sasuke y su padre, había sido herido mortalmente por un enemigo poderoso en un intento por proteger a su moribunda esposa y a sus hijos. Había durado bastante tiempo vivo, pero ciertamente agonizaba y el hecho de continuar día con día lo había gastado hasta que finalmente expiró.

—El enemigo que mató a papá ronda cerca de nosotros. – comentó Itachi con una flama en sus ojos, algo realmente tenebroso. —Temo que un día atrape a Sasuke. Yo puedo defenderlo, pero si yo llego a morir… entonces Sasuke…

—Entiendo. – Hatake miró a Naruto quien ahora jugaba con la tierra.

—Él está cerca de donde vivimos. – advirtió. —¿Puedo… contar con usted, Kakashi-san?

—De acuerdo. – casualmente no gustaba de hacer promesas de larga duración, pero debía decir que sí, por el honor de ambos.

—Gracias, Kakashi. – tras decir esto y charlar un poco más, Itachi se marchó.

Tres días después de esa reunión, Itachi desapareció sin dejar rastro mientras luchaba con el contrincante que había asesinado a su padre. Los rumores se extendían desde que Itachi había muerto a la par de aquel enemigo, otros que había huido tras ser herido gravemente, otra que simplemente había muerto y su cuerpo se perdía en las entrañas de la tierra. Fuese como fuese, Kakashi reconoció que Itachi había dejado a Sasuke solo y que la única forma de poder mantenerlo a salvo era que él se ocupara en persona del pequeño Uchiha.

Sasuke era un bebé aún, pero podía reconocer cuando se le acercaba un extraño. Kakashi llegó a la zona, cargando a Naruto y con una sonrisa llena de bondad.

—Pobre pequeño. – le acarició la cabeza, en un gesto paternal. —¿Estás asustado? – el niño frunció el ceño y corrió a esconderse detrás de una de las paredes del hogar en donde habitaba con Itachi. La pequeña choza, de procedencia humana había sido un escondite provisional durante la batalla de su hermano, en la cual había prometido quedarse y esperarlo.

—No. Malo. Vete malo. – balbuceó el chico mientras continuaba frunciendo el ceño.

—¿Malo yo? – Kakashi rio ante esto y se acercó más al pequeño Sasuke. —No, soy bueno. – volvió a tocarle la cabeza, Naruto estaba dormido en su espalda, sin enterarse de lo ocurrido. —¿Vendrás conmigo? – el niño negó con la cabeza. —¿Quieres esperar a Itachi, verdad? – él asintió. Era muy inteligente para ser tan pequeño. —Bien, lo esperaré contigo. – se sentó a su lado, Uzumaki continuaba sin inmutarse.

Pasaron tres días más e Itachi jamás regreso. Fue entonces que Kakashi decidió ocuparse de su nuevo pupilo, logró convencer a Sasuke de que lo llevaría con Itachi, luego de un tiempo el pequeño pelinegro comprendió que su hermano ya no volvería.

—Kakashi… - Sasuke, de tres años jugueteaba a las orillas de un pequeño riachuelo, estaba atrapando ranas junto a Naruto, quien ya iba por la tercera vez que caía al agua por la lama de las rocas. —¿Itachi se parecía a mí? – preguntó de pronto, en medio de los juegos. Kakashi estaba sentado a la orilla, leyendo un pequeño pergamino.

—Umm… - lo pensó un poco. —Más bien tú te pareces a él. – reiteró, para continuar leyendo.

—¿Y Naruto a quien se parecía más, a su papá o su mamá?

—Pues… - Kakashi lo observó, Naruto se levantaba con el trasero sucio y lleno de lodo. —A ambos. En apariencia se parece más a Minato-sensei, pero en esencia a Kushina-san. – comentó.

—¿Quién? – Sasuke alzó ambas cejas.

—No los conociste, pero ellos fueron buenos amigos míos. Bueno, Minato-sensei fue mi maestro.

—¿Y ellos ya se murieron? – preguntó con inocencia.

—Sí, ya no están con nosotros. Es por eso que cuido de Naruto.

—¿Cómo se murieron? – dio un paso fuera del riachuelo.

—Protegiendo a Naruto. – contestó con simpleza. —De un monstruo. – dijo cerrando los ojos y guardando el pergamino, ya que definitivamente no podría continuar con su lectura.

—Ah… - Sasuke miró a Naruto, quien ya tenía en su poder a una rana. —Pero Naruto es muy tonto. – concluyó Sasuke, mientras se cruzaba de brazos. —¿Por qué lo cuidas mucho?

—Porque, al igual que contigo, hice una promesa. – Kakashi sonrió debajo de la máscara. —Es mi deber.

—¿Deber?

—Algo que tienes que hacer, ya sea porque lo prometiste o porque es lo correcto. – intentaba explicárselo con palabras sencillas, dado que aún era muy joven.

—¿Entonces tú nos cuidarás por siempre?

—Cuando seas mayor y puedas vivir tú solo ya no tendré el deber de cuidarte, pero, mientras eso pasa… - Kakashi le acarició la cabeza, una costumbre muy suya. —Yo los protegeré a ambos.

—Bueno, si quieres. – Sasuke se encogió de hombros y regresó con Naruto, quien ahora tenía una serpiente en las manos.

Kakashi lo vio alejarse y volvió a sacar su pergamino. En él se leían las viejas enseñanzas de Minato.

—Porque es mi deber protegerlos, lo prometí. Además, los amo como si fueran mis propios hijos, pequeños estudiantes.- le había dicho a Sakura, cuando la rescató de un terrible ogro que se las había arreglado para secuestrarla y apalear a Naruto y Sasuke.

—Kakashi-sensei. – Sakura lo abrazó tras decir esto. —Gracias. – el mayor simplemente sonrió al recibir esa respuesta por parte de la pequeña Haruno de trece años de edad.

—No soy quien para juzgarte. – le había dicho aquella vez, cuando se percató que Naruto se traía algo entre manos. —Pasé para ver cómo estabas, pero me doy cuenta que estás sobrellevando algo muy personal.

—Pensé que dirías algo más.

—¿Qué? ¿Qué te regañaría como a un crío? Por favor, Naruto, ya eres un adulto. – se había sentido decepcionado, pero al mismo tiempo feliz de que Naruto hubiese encontrado alguien con quien pasar el resto de sus días; fuese como fuere su situación.

Pero ahora las cosas eran diferentes.

Los recuerdos pasaron por la mente de Kakashi uno tras otro, estaba tan distraído que no había prestado atención a su otro alumno. Sasuke tenía los puños fuertemente apretados, furioso. Su Sharingan se mostraba fulminante, incluso mutando a una fase más poderosa y peligrosa, todo producto de la ira. Sakura, quien se había recargado en su hombro para llorar sintió la energía negativa que se apoderaba de su esposo.

Incluso su cuerpo temblaba, presa de una inmensa angustia y desesperación.

—¿Sasuke-kun? – Sakura retrocedió perturbada. A pesar de que Sasuke era misterioso y frío, rara vez se molestaba enserio, la última vez había sido cuando encontró al asesino de su padre, quien al parecer había sobrevivido de su encontró con Itachi. Lo había masacrado, pero el costo de la batalla no sólo radicaba en una cuestión física, sino algo más personal y espiritual.

—Esto no se quedará así. – declaró Uchiha, una espesa capa de chakra comenzaba a rodearlo.

—Me temo que sí. – Kakashi, sin embargo, rompió su idilio con una negativa que incluso impresionó a Sakura.

—¿Qué? – Sasuke espetó de forma violenta. Sakura simplemente lo miró interrogativa.

—Que no permitiré que hagas algo estúpido. – Kakashi se alzó y se paró frente a Sasuke.

—El hombre que mató a Naruto anda libre por allí y usted… ¿Usted lo dejará impune? – estaba tan sorprendido y molesto que le tomó bastante controlarse.

—Los Uchiha son así siempre. – soltó en un suspiro. —Escucha Sasuke, esa es la maldición de tu clan, ¿Escuchas? Los Uchiha aman tanto como odian. Los sentimientos que guardan se convierten fácilmente si son ofendidos. Esa es su perdición.

—¡No has respondido mi pregunta! – vociferó, Sakura retrocedió al ver a su esposo rabioso.

—Sasuke-kun, por favor, no grites. – pidió compungida y el muchacho la miró con el poder de sus ancestros marcado en su ADN. Se sintió algo mal por asustarla y destensó los hombros.

—No lo dejaré impune, claro está. – declaró Kakashi, sumamente serio. —Pero tampoco dejaré que vayas por él.

—¿Por qué? – sus nudillos estaban blancos dado la presión.

—Esa persona fue lo suficientemente poderosa como para matar a Naruto, ¿Acaso no comprendes? Tu fuerza y la de Naruto no eran muy diferente, eran iguales en términos simples, si esa persona pudo contra Naruto, también contra ti.

—Me estás subestimando, Kakashi.

—No, sólo intento protegerte.

—¡Esas promesas terminaron! – gruñó, dando un paso al frente. —Ya no soy un niño, Naruto tampoco lo era. Somos perfectamente capaces de protegernos nosotros mismos, así que deja de joderme.

—No eres al único que le hice esa promesa. – respondió agresivo su maestro. Los ojos de Kakashi se dirigieron a Sakura, quien se había mantenido callada en todo el rato. Sasuke se percató de esto y la miró de soslayo, la chica le regresó una mirada llena de preocupación.

—Sakura no luchará, yo lo haré. – aseguró Sasuke.

—No piensas con claridad, muchacho tonto. – regañó el veterano. —Si tú mueres, eres herido de gravedad o algo por el estilo… Sakura y tu hijo quedarán solos. - el hombre de los cabellos de plata sonrió con tristeza. —Cuando prometí que los cuidaría no sólo me refería a una cuestión existencial, también sus sentimientos.

Sasuke pareció comprender el punto de Kakashi.

—Sakura. – la miró expectante pero ella no logró decir nada, tan sólo esquivo su mirada.

—Sasuke. – Kakashi volvía a llamarlo. —Sé que te duele, a Sakura y a mí también, pero no puedes sólo irte y abandonar a tu familia.

—Tampoco puedo dejar que esto pase como si nada. – protestó.

—Lo sé, yo tampoco. Pero primero debemos hacer algo más importante. – miró el cielo, aun estrellado. —Debemos enterarnos de la identidad de este sujeto, ¿Quién podría ser tan poderoso para hacerle frente a uno de los youkais más fuertes de esta era? Sinceramente no se me ocurre nadie. – suspiró. —Una vez que lo sepamos podremos planear un contraataque, pero mientras deberás cuidar de tu esposa e hijo, yo haré lo mismo.

—¿Qué harás lo mismo? – Uchiha alzó una ceja.

—Naruto dejó descendencia. – el matrimonio Uchiha se miró sorprendido, lo habían olvidado.

—Hinata, ¿No murió con Naruto? – Sakura habló repentinamente.

—Si Naruto logró ponerla a salvo entonces debe estar en algún sitio lejano. – propuso Sasuke.

—Me daré a la tarea de buscarla. – profesó Kakashi. —Ella también tiene derecho a saber que Naruto ha muerto, así como protección por mi parte. Ese pequeño no nacido es como ustedes, Sasuke. Él también tendrá enemigos sin saberlo, tan sólo con nacer, su existencia correrá peligro.

—Entiendo. – al parecer el humor de Sasuke se había relajado por los argumentos de Kakashi.

—Lo único que podemos hacer por el momento es una ceremonia y una tumba para nuestro camarada caído. – Kakashi cerró los ojos con pena. —Pero sólo será cuestión de tiempo, pues una vez que descubramos quien fue el maldito bastardo que se atrevió a dañar a uno de mis alumnos, Sasuke, yo mismo te acompañaré y me encargaré de bañarme con sus entrañas.

—Es un trato. – los dos hombres asintieron.

Por el momento sólo habría que despedir a Naruto de forma honorífica-

Toneri yacía recostado en un gran campo de arroz. Estaba recostado en la superficial del agua sin llegar a romperla, mostrando su perfecto control sobre la gravedad. Lucía tan pacífico, que despertarlo sería una ofensa grave, mas Kiba no pudo reprimir el impulso de ir hasta él.

—Toneri-sama. – el chico jadeó al verlo abrir los ojos con fastidio.

—Joven Inuzuka. – Toneri estiró su cuerpo a la par que se enderezaba para verlo mejor. —Nuestro trato ha terminado, como podrás ver, acabo de cumplir con mi tarea. Uzumaki Naruto ha muerto.

—Sí, su olor ha desaparecido.

—¿Entonces? – alzó una ceja al verlo todavía frente a él. —¿Qué es lo que quieres de mí?

—Mi cuerpo está herido y no ha sanado, pero me siento vacío.

—Entonces anímate. – Toneri miró el cielo, ya casi amanecía.

—¿Puedo pedirle un último favor?

—Me temo que no hago favores, a menos que tengas algo de interés para mí, no habrá ninguna clase de trato. ¿Qué podría ser merecedor de ello?

—Necesito encontrar a mi manada… o lo que queda de ella. Mi olfato está dañado y ya no puedo oler muy lejos, también estoy herido, si intento salir en su búsqueda sería un blanco fácil.

—Lo siento, pero no tomo aprendices ni nada por el estilo. – se apresuró a decir antes de que siquiera lo propusiera.

—Entonces, por favor, ayúdeme a encontrar a mi manada. – inclinarse ante él era doloroso para su orgullo, pero lo cierto era que si continuaba su camino sólo moriría. Sus heridas le impedían cazar y no podría defenderse de monstruos mayores, era como un cachorro y necesitaba del cobijo de otro monstruo para sobrevivir.

—Ya te lo dije muchacho, no hago favores. A menos que tengas algo de interés para mí, no podré ayudarte. – respondió sin la más mínima intención de hacerle caso.

—Maldición. – gruñó mientras apretaba sus colmillos. Toneri dio media vuelta.

—Si no hay nada más, entonces lárgate de mi vista. – prefería la soledad después de todo.

—Es-Espere Toneri-sama. – tragó saliva, sólo esperaba que esto funcionara. —Sé de algo que podría interesarle.

—¿Ah sí? – Ootsutsuki lo miró sin interés, de hecho, parecía listo para partir.

—Es sobre una mujer de origen Hyuga que…

—Gracias, pero por el momento no me interesa contraer nupcias con nadie.- le interrumpió.

—Pero ella también posee el Byakugan y además… - tragó saliva. —Tiene en su vientre el vástago del Zorro de las Nueve Colas. – al término de aquella frase el semidios le miró terriblemente perturbado.

—¿Qué? – se acercó demasiado a Kiba, intimidándolo.—¿Qué has dicho?

—Esa chica tiene a la cría del zorro. Aun no nace por lo que…

—No había nadie en ese lugar. – lo tomó de la ropa. —¿Seguro que no estás mintiendo en un intento patético por tener mi atención?

—¡No! Es totalmente cierto. La chica existe, es la hija mayor del patriarca Hyuga.

—¿La hija mayor? – liberó a Kiba. —Interesante. – se rascó la barbilla. —Podría serme útil. Si esa mujer existe y está preñada del zorro… - sonrió con malicia, tanto que perturbó a Kiba. —Podría tenerla conmigo y tener acceso a Byakugan cuando quiera. Además, si ese vástago yace en mi poder… podría humillar de una forma más personal a Kurama. – ahora sonreía. —Está bien, Inuzuka-kun, ahora tienes mi atención. Haremos el trato siempre y cuando me traigas a la chica con vida a mi recinto.

—De acuerdo… - tragó saliva. —La buscaré.

—Y yo esperaré pacientemente. Pero tráela de preferencia aun preñada o débil por el parto, de esa forma será más fácil someterla.

—Como ordene. – cojeando y temeroso, Kiba abandonó aquel campo de arroz.

Ya había pasado una semana, una semana desde que había abandonado a Naruto y en la cual la vida le sabía de una forma miserable. Por más que lo deseara, Hinata soñaba constantemente con Naruto. No la forma bestial y depravada con la que la había embarazado, sino con aquel hombre dulce y servicial, que la había enamorado aun cuando ella no sabía quién era.

También, durante ese tiempo, Hinata no se apartaba de su hermana menor. Pasaba mucho tiempo a su lado, ayudándole a vestirse, a comer, a darse un baño; y pese a que la pequeña Hyuga llegó a protestar al sentirse inútil en un momento, le agradaba mucho su compañía. Hiashi también había estado más al pendiente de ella. Dado su estado, su padre se preocupaba demasiado en cómo estaría ella de salud. Temía que su nieto fuese alguna clase de parásito que lentamente matase a su hija. Claro, esto nunca lo dijo frente a Hinata, pero había llegado a comentarlo con uno de los ancianos. Sin embargo, era algo que mantenía a Hinata sin cuidado. Amaba a su pequeño y sin importar las paranoias de los demás ella lo tendría con todo el amor que una madre podía darle.

Su bebé ya no significaba el pecado de un crimen sin acusado, ahora era una nueva oportunidad de crecer, de no estar sola, de ser una mejor persona y esforzarse más por ser fuerte ante la adversidad. Ya había cumplido su séptimo mes de embarazo y su vientre comenzaba a hacerse estorboso, pero no por eso una carga. Dado que le dolía la espalda más a menudo, se limitaba a hacer cosas que no tuvieran que emplear demasiada fuerza, así mismo, solía pasear por los jardines y descansar bajo la sombra de los árboles o junto a una fuente con peces.

No podía evitar comparar su casa con la de Naruto, tampoco echar de menos los ricos melocotones que la madre del padre de su hijo había sembrado. Sin darse cuenta, Hinata extrañaba más a Naruto de lo que creía.

Esa mañana, en la que la mayoría de los sirvientes estaban ocupados con sus labores y el jardín estaba desocupado, decidió pasear como todo el tiempo. Lo cierto era que no le agradaba estar mucho tiempo en presencia de los más viejos del clan, pues aunque su embarazo no era del todo su culpa, las miradas llenas de desaprobación lograban hacer mella en ella, irritándola y poniéndola de malhumor. Si tan sólo supieran la verdad de todo aquello tal vez no la molestarían más, pero prefería guardarlo para sí, pues no creía que fueran capaces de entenderlo.

Camino hasta una zona un poco alejada. Casi no solía ir a ese lado del patio. Ahí había algunos árboles viejos y secos que ciertamente nadie se había tomado la molestia de talar. Las hojas secas caían a ritmo del viento y de la misma forma, su cabello se alzó con una corriente particularmente fuerte. Alisó su cabello y lo peinó cuando se sintió observada. Era una sensación inconfundible, puesto que ya lo había sentido anteriormente.

Se enderezó con algo de nerviosismo, sabía que algo o alguien la acechaban y por lo común, eso significaba peligro. Hinata dio tres pasos hasta uno de los troncos viejos y fingió observar la madera mientras que miraba de soslayo las esquinas del jardín. Sentía su corazón acelerado, la adrenalina estaba siendo secretada preparándola para la lucha o si era necesario, huir. Pasó un gran nudo de saliva y escuchó entonces que algo caminaba sobre las hojas.

—Seas quien seas, muéstrate inmediatamente. – pidió con voz firme, mas el visitante no apareció. Decidida a no caer en otra trampa apretó sus puños y dio media vuelta, cerró los ojos para tranquilizarse y al momento de abrirlos su Byakugan se dibujó, se colocó en posición de guardia. Entonces todo fue claro para ella, rápidamente tomó una piedra que estaba en el suelo junto a sus pies y la lanzó a dos arbustos cercanos.

Todo su cuerpo se preparó para el ataque. Las lecciones de su niñez acudieron a su cabeza con rapidez y los movimientos ancestrales de su clan se hicieron tan fáciles de hacer que se sintió invencible. La imagen de Hinata Hyuga en este momento era la de una leona defendiendo a sus cachorros.

—Hakke Kūshō. – el ataque de Hinata era avanzado y poderoso, arrasó con todo a su paso. Una figura sombreada emergió de los arbustos y se lanzó al suelo para esquivar el ataque de la Hyuga. —¡¿Quién eres?! – vociferó Hinata, valientemente. —¡Muestra tu cara! – pidió, causando revuelo en el sitio.

—¡Por favor! – el hombre que se levantó del suelo le mostró las manos en son de paz. —¡No deseo pelear, princesa! – pidió amablemente. —Vengo en paz, lo juro. – la chica lo observó fijamente, al parecer el sujeto era sincero, mas no retrocedió.

—¿Eres un youkai, no? – no dejó su postura, de hecho se preparó para volver a atacar. —¿Quién te envía? ¿Acaso eres del clan de los perros? – repentinamente se sintió muy cansada, tanto que al final de su oración jadeó por la falta de aire.

—No, pequeña. Mi nombre es Hatake Kakashi, mi ascendencia es de otra especie, no deseo pelear, sino informarle sobre algo muy importante. – el hombre sonrió debajo de su máscara. —Pero me temo que no podremos charlar en paz, eh. – miró detrás de él, las voces y el sonido de varias pisadas se acercaban con velocidad. —Si estás de acuerdo, hablaremos más tarde. – Hinata reconoció el nombre.

—¿Kakashi? – la miró con detenimiento, su Byakugan se apagó. —¿Nos conocemos? – su hombre le sonaba de algo, pero no podía recordar de dónde.

—Quizá. – el veterano dio media vuelta. —Me iré, pero volveré princesa, entonces estaré encantado de resolver sus dudas. – desapareció de un gran salto. Sus familiares llegaron segundos después. Hiashi iba a la cabeza.

—¡Hinata! – corrió hasta ella y la sujetó de los hombros. —¡¿Qué ocurrió?! ¡Escuchamos gritos y el sonido de algo golpeando los arboles!

—Todo está bien, padre. – miró de soslayo el rastro de su técnica. —Es-Estoy algo paranoica, es todo… creí ver a alguien desconocido en el patio, pero no era nada.

—¿Tú hiciste eso? – había una zanja debido al ataque de hacía un momento.

—Sí, lo siento. – bajó la cabeza pero su padre le hizo verle de frente.

—No sabía que podías usar la Palma de Vacio. – le miró orgulloso y Hinata sintió una extraña sensación que se arremolinaba en su pecho. —Me alegra que estés bien. Te has vuelto fuerte, hija mía. – le acarició las mejillas.

—Gracias padre.

—Todos, volvamos a nuestras actividades, no hay nada que ver aquí. – así, la chica regresó junto a su padre a sus aposentos.

La noche cayó más rápido de lo que esperó. En medio de una noche agradable, sin brisa y con un clima agradable. El otoño ya había dado pasó a los cambios habituales en la naturaleza. Las estaciones habían pasada desapercibidas para Hinata. Cuando Kiba la raptó la primera ya cursaba con sus primeras semanas, así pues, cuando llegó a su casa luego de la estancia con Naruto el otoño también se hacía notar, pero fuera de los cambios en la coloración de las hojas y las características de los animales que iban y venían en el bosque, Hinata siempre había sentido lo mismo, pues la casa de Naruto parecía estar diseñada de tal forma que nada pudiera entrar o salir sin su permiso, incluido el clima.

Salió de su habitación en total silencio, ya era muy tarde, por lo que todos dormían en paz, así que era la oportunidad perfecta para conversar con aquel youkai. Iba de camino al jardín, cuando se lo encontró recargado en una de las paredes de la casa. Al principio se tensó al verlo, pero luego de eso el hombre la miró con ojos amables, por lo que tuvo la confianza de acercársele.

—Tranquila, todos duermen, nadie nos interrumpirá. – leyó su pensamiento, asintió con respeto. —Ven, será más fácil si podemos vernos. – el hombre se acercó a la luz de la luna, la cual resplandecía con imponencia. —¿Te gustaría sentarte?

—Se en donde podremos charlar sin riesgo a ser escuchado. Supongo que al presentarte en persona, un youkai como lo es usted, no deseará ser oído por la gente incorrecta. – era inteligente, fue lo que pensó Kakashi.

—Precisamente, pequeña. – asintió gustoso.

Caminaron por los jardines hasta llegar a los viejos troncos de la mañana. Había uno derribado y era el asiento más cómodo que podía ofrecerle aquel patio. Una vez que se sentaron se presentó un incómodo silencio, el primero en hablar fue Kakashi.

—Me costó algo de tiempo encontrarte. No había ninguna pista de olor a la cual seguir.

—¿Entonces cómo me encontró?

—Porque hueles a Naruto. – lo dicho la hizo sonrojar. —Aunque bueno. – Kakashi miró su vientre. —Debió ser por eso. – lo señaló con la mirada. Instintivamente se llevó las manos a su abultada barriga, protegiéndole de la mirada del youkai, lo cual sólo provocó que le enterneciera.

—Su nombre es Hatake Kakashi, ¿cierto? – el susodicho asintió. —Kakashi-san, ¿Qué es lo que quería decirme?

—Mmm, bueno. – el demonio cerró los ojos con un tono lleno de angustia. —Es difícil para decirlo, princesa.

—Por favor, llámeme Hinata. – agregó un poco nerviosa.

—Está bien, Hinata. – Kakashi miró un punto inespecífico en el cielo y tomó tanto aire como fuerza para decirlo. —Desconozco lo que pasó entre ustedes y si te soy sincero, hasta creo que es en parte culpa mía.

—¿Culpa suya? – alzó una ceja, incompresible.

—No puedes recordarlo, pero hace algunos años Naruto y tú fueron amigos. – notoriamente su versión se parecía a la que Naruto había balbuceado el día que le pidió explicaciones. —Sólo eran unos niños, ¿Qué podrían saber del mundo? Mi deber… en ese entonces, era proteger a Naruto, se lo prometí a su padre. Lo lamento mucho, Hinata. – entonces se disculpó y ahí comenzaba la parte en donde se angustiaba.

—¿Por qué se disculpa? Naruto-san también mencionó algo similar a lo que me cuenta. Pero me parece raro e imposible que me hayan borrado la memoria.

—No es imposible. Yo lo hice. Por eso me disculpo. Por mi culpa, tú olvidaste a Naruto, si hubieras sabido quien era él… quizás las cosas hubieran sido algo diferente.

—¿Es enserio? – una parte de ella se molestó, definitivamente el hombre frente a ella debía tramar algo en conjunto con Naruto. —Escuche, Kakashi-san, en realidad no creo mucho lo que me dice, ¿Cómo sé que no está aquí de parte de Naruto-san para convencerme de que…?

—Vine por mi propia cuenta. – él se levantó y se colocó frente a Hinata. —No quiero que odies a Naruto por algo que fue mi culpa. – colocó sus dedos sobre la frente de la mujer. —El sello ser romperá, podrás ver en el pasado nuevamente. – mencionó mientras un extraño chakra emergía de sus dedos.

Inesperadamente y con mucha avidez, Hinata miró a la nada mientras una maraña de acontecimientos llenaba su mente. Los recuerdos perdidos regresaron, de pronto los sueños en donde aquel niño rubio le llamaba pero cuya voz nunca podía escuchar se hicieron claros. El niño era Naruto en una edad lejana. También recordó sus viejas aventuras, las travesuras, los juegos, la escapadas, todo. Inmediatamente se sintió mareada, con muchas ganas de llorar y era como si una flama le abrasara el corazón.

Creyó, entonces, en las palabras de Naruto. Su recién enamoramiento se intensificó cuando asoció al pequeño del cual ya había desarrollado sentimientos con anterioridad, con el hombre que la había rescatado de los perros, la había curado, protegido y mimado los últimos meses. Era cierto, cada palabra que Naruto profesaba era verdad. Él estaba enamorado de ella desde que eran unos niños, y aunque se separaron y vivieron como si jamás se hubiesen conocido, la flama de su cariño perduró hasta que simplemente explotó en malas acciones hechas por un desconsolado amante.

Dejó salir una gran bocanada de aire y las primeras lágrimas surgieron, las cuales intentó limpiarse con sutileza. Miró a Kakashi, ya más tranquila del shock inicial y sonrió verdaderamente feliz.

—Era cierto. – concluyó. —Todo este tiempo me dijo la verdad. Yo pensé que lo había inventado para… seducirme.

—Hinata, ¿Podrías perdonar a Naruto? – Hatake interrumpió sus recién descubiertos sentimientos.

—¿Perdonarlo? – frunció el ceño. Era complicado, a decir verdad, pues pese a que Naruto y ella compartían un amor correspondido, él había abusado de ella en un estado psicotrópico inducido por la poción. —En realidad, estoy contenta. – confesó con una diminuta sonrisa. —Aunque Naruto-kun... – hizo hincapié en que ahora lo llamaba como antes, y eso le agradó. —Aunque Naruto-kun haya dicho la verdad, y yo quiero a nuestro hijo, me ofendió gravemente.

—Comprendo. – asintió, era razonable que se sintiera así. —Pero Hinata, ¿Podrías tomar aquella ofensa y dejarla ir? Podrías dejar el pasado atrás y ser feliz con el amor que él te entregó. – se refería a sus sentimientos y al bebé que estaba esperando.

—Es complejo. – por un lado estaba su dignidad como mujer y por otro su sentimiento de amor puro, el cual le pedía a gritos que fuera directamente a sus brazos. —La educación que recibí me impide aceptar sus disculpas así como así. ¿Pero a todo esto? – la miró preocupada. —¿Por qué no es Naruto-kun en persona quien me lo pregunta? ¿Por qué está tan preocupado porque lo perdone? ¿Era lo único que quería decirme, o acaso hay algo más? – el hombre guardó silencio y la miró con mucha pena. El corazón de Hinata dio un respingo, algo en sus ojos, algo en aquel brillo melancólico y destrozado, le hizo sentir un terrible dolor en la boca de su estómago.

—Naruto, él… no podrá. – algo andaba mal, muy mal. Hinata se tensó completa y acarició su vientre, su hijo estaba inquieto dado el estrés de su madre.

—¿Qué quiere decir? – pasó saliva, pero la sintió como una bola de acero en su esófago. —¿Kakashi-san? – se desesperó al verlo dudar.

—Hinata. – cerró los ojos. —Naruto murió. – para cuando dijo la frase abrió los ojos, lo que vio en Hinata le hizo arrepentirse.

Las lágrimas brotaron como si fuera un manantial. Era demasiado intenso e inesperado.

—¿Qu-Que? – carraspeó incrédula.

—Hace una semana. No sabemos qué clase de ser lo asesinó, pero no quedó nada de él. No hay ninguna clase de rastro, desapareció por completo. Su hogar estaba destruido, había un poco de olor a sangre, pero nada más. – ladeó el rostro, incapaz de ver a Hinata de frente.

—¿Una semana? – apretó los puños.

—Me alegro que no estuvieras ahí cuando sucedió el ataque. Lo siento mucho, Hinata. Es por eso que quería que lo perdonaras, no podría soportar que odiaras a Naruto cuando él te amo intensamente.

—¿Está bromeando? – apretó sus dedos contra su vientre.

—Lo siento. – volvió a disculparse.

Hinata se llevó una mano a la boca y se cubrió para impedir que sus gemidos despertaran a alguien. Sus ojos se vieron llenos de lágrimas dolorosas que tatuaban el dolor con sólo correr libres por sus mejillas. Negó en silencio mientras caía en cuenta de los acontecimientos.

—No puede ser cierto… - se sintió la persona más miserable del mundo.

—Ven. – Kakashi se agachó a su altura y la abrazó. Hinata pegó su frente en el pecho de él y lloró, lloró tan intensamente que gracias a cielo sus jadeos, aullidos y gemidos fueron opacados por el cuerpo del viejo youkai.

—¿Qué voy a hacer ahora? – preguntó un poco más calmada luego de que había descargado la sorpresa inicial. Todavía lloraba, pero al menos ya no estaba enloquecida por el dolor. Seguía aferrada a la ropa de Kakashi, la cual ya estaba empapada, mas no la apartó.

—Tranquila. – él le acarició sus cabellos. —No debes temer. – la separó un poco para que pudiera verla a la cara, haciéndole notar que no flaquearía en su propuesta. —Nosotros te protegeremos. Así como Naruto te consideró parte de su familia, nosotros también lo haremos. Me refiero a Sasuke, Sakura y yo. Tu hijo nacerá dentro de un seno que lo ame y cuide, lo mismo para ti. Mi deber ahora es protegerte, pequeña Hinata.

—Gracias. – sollozó.

Lo que aconteció después fue un llanto profundo y silencioso. Hinata dejó que su corazón se desangrara, se desahogó lo más que pudo.

Ya entrada la madrugada Hinata entró a la habitación de Hanabi, su hermana menor no se inmutó cuando ella se acurrucó a su lado y se abrazó a ella.

—¿Estás bien, One-san? – habló la pequeña, que aunque no tenía mucha movilidad y expresión podía percibir el estado de su hermana.

—No. – contestó sincera la chica, mientras se apegaba más a la chica.

—Otra vez las pesadillas. – afirmó, pero sintió la respuesta negativa de ella, cuando meneaba la cabeza. —One-san, ¿Por qué lloras? – sus lágrimas la habían salpicado.

—Porque me he enterado de una mala noticia. – respondió con la voz queda. Hanabi se tensó.

—¿Me dirás que pasó? – cuestionó insegura. Ella no respondió. Se hizo una atmosfera sin sonido entre ambas, Hanabi seguía esperando su respuesta.

—Hanabi. – Hinata suspiró dolorosamente. —¿Puedo dormir contigo?

—Claro que sí. – confirmó con preocupación. —¿Vas a estar bien?

—Eso espero. – Hinata pegó su cabeza al hombro de la menor. —Buenas noches. – se despidió, mientras le tomaba de la mano y la apretaba contra la suya.

—Buenas noches, one-san. – tras decir esto, rogó porque todo estuviera bien por la mañana.

Continuará…

Hinata ahora sabe quien fue Naruto, Kakashi ya se lo dijo y un nuevo panorama se pinta para la pobre chica.

¿Merece un comentario?

Yume No Kaze.