Cuestión de Sangre
El sol brillaba sobre los terrenos del castillo. Gran cantidad de alumnos y profesores se amontonaban alrededor del Lago, como esperando algo. Destacaban los jefes de casa y los prefectos, casi a la orilla del cuerpo de agua. No era obligatorio ir (sí para los prefectos) pero la directora McGonagall había insistido en que hubiese la mayor cantidad de alumnos posible. El joven Scorpius Malfoy observaba la escena desde el largo puente cubierto que atravesaba de lado a lado los terrenos. Él había decidido no acercarse tanto a aquel amontonamiento de gente, pero igual no se perdería los eventos de aquella tarde por nada del mundo.
En ese momento las aguas del Lago parecieron bullir y revolverse como si algo se estuviera agitando dentro. El líquido se elevó bruscamente y una gran figura salió a la superficie, chorreando agua por doquier: era un gigantesco barco de velas blancas, de aspecto muy antiguo pero en excelente estado. Hubo un "¡oh!" generalizado de los asistentes al lugar. El mismo Scorpius se sorprendió un poco. Ya había oído de su padre que los estudiantes de Durmstrang, en su época, habían llegado a Hogwarts en un enorme navío para el Torneo de los Tres Magos pero él nunca había creído demasiado aquella versión de los hechos... Se preguntaba si lo que Draco le había contado sobre Beauxbatons también era verdad. Sacó la varita e hizo un hechizo para aumentar la potencia de su visión para mirar más de cerca sin necesidad de moverse de aquel privilegiado sitio.
Observó salir una larga fila de estudiantes del barco, custodiados por varios adultos. La mayoría de los alumnos eran varones, pero también había algunas muchachas. Todos iban vestidos con gruesas túnicas color rojo sangre y sobre ellas, abrigadas chaquetas de piel, sin duda toda aquella indumentaria era para paliar el frío del Norte de donde venían. Iban guiados por un hombre alto y canoso que también iba embozado en una túnica gruesa, pero no carmín, sino blanca y sobre la cabeza llevaba un sombrero negro de piel. Era Hjalmar Wulframsson, director del Instituto Durmstrang. Wulframsson había tomado el poder hace años, desde la renuncia y posterior muerte de Igor Karkarov.
Mientras el muchacho Slytherin observaba la escena, se vio distraído por unos fuertes relinchos que parecían venir del cielo. El rubio levantó la mirada y abrió los ojos, sorprendido. Surcando el firmamento de manera suave y elegante, había un enorme y majestuoso carruaje tirado por un grupo de grandes caballos alados de hermoso y refulgente pelaje dorado. Los caballos aterrizaron en un espacio libre del terreno que McGonagall había ordenado dejar vacío, evidentemente para que los equinos pudiesen realizar aquellas maniobras y poner el vehículo en tierra.
La puerta del carruaje se abrió y de allí comenzaron a descender estudiantes y profesores de la Academia Beauxbatons. A diferencia de lo sucedido con Durmstrang, aquí la abrumadora mayoría eran chicas... Y chicas bastante bellas, lo suficiente como para que Scorpius, aprovechando su visión potenciada y su lejanía, las observase con poco (o nulo) disimulo. Vestían elegantes túnicas de color azul con brillantes bordes confeccionados en hilos de oro puro. Abriendo la marcha de la larga fila había una mujer sumamente alta y de cabellos rojizos aunque se veían abundantes canas entremezcladas en ellos, innumerables arrugas surcaban su rostro y, a pesar de su altura, se movía un poco encorvada y algo lentamente. Era la anciana directora de la Academia, Olympe Maxime.
El chico volvió sus ojos (otra vez) al nutrido grupo de jóvenes muchachas de Beauxbatons: se quedó como embobado mirándolas por largo rato. En ese momento, sintió un agudo dolor de cabeza que le hizo perder la concentración, normalizó su visión y lo obligó a mirar a un costado del puente.
Allí había una bonita chica de largos cabellos que iban entre el rojo y el castaño, poseía unos grandes y bonitos ojos azules y sus facciones eran atractivas. Vestía la túnica de estudiante de la casa Gryffindor, en sus manos sostenía un grueso libro... La novia del chico: Rose Weasley. Al ver el volumen en sus manos, él comprendió de inmediato de donde había venido aquel súbito dolor, seguramente ella le habría golpeado en la cabeza con él, cosa que solía hacer cuando se desconcentraba o, como en este caso, cuando se concentraba en cosas que no debería.
- ¿Qué estabas mirando, Scorpius Hyperion Malfoy? - dijo ella frunciendo un poco el ceño.
- Nada cielo... ¡Nada! - respondió él riendo mientras levantaba las manos en señal de inocencia. Rose lo miró directo a los ojos, y luego ella también comenzó a reír mientras le decía bromeando:
- No me provoques, Malfoy o empezaré a fijarme en chicos de Durmstrang.
Un ligero acceso de celos atacó a Scorpius, pero procuró calmarse pronto, después de todo no tenía porque comportarse de esa manera con ella, confiaba plenamente en Rose y sabía que jamás lo engañaría... Además tampoco tenía demasiado derecho de protestar considerando que él estaba viendo a las llegadas de Beauxbatons.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó él con curiosidad y agregó: - Creí que estarías viendo todo en primera fila con tu hermano y tus primos.
Ella negó y le respondió:
- No, de hecho estuve un rato pero te busqué entre los demás Slytherin con la mirada y no te encontré por ningún lado, supuse que estarías aquí, considerando que es uno de tus lugares favoritos.
El chico asintió mientras la miraba sonriendo como embobado... Le parecía tan hermosa, tan atractiva... Sencillamente le encantaba y descubría que, si ella le pedía que hiciera cualquier cosa, él la haría, o al menos eso pensaba... Pero en ese preciso momento fue cuando todos sus buenos pensamientos se fueron al garete ya que se le vino a la mente la terrible imagen del Señor Tenebroso. Su expresión cambió con rapidez y frunció el ceño con seriedad. A pesar de los consejos de su hermano, el joven sentía que con esa relación lo único que estaba haciendo era poner en peligro a su novia... ¿En verdad sería correcto seguir con todo aquello?
- Scorpius ¿te sientes bien?- preguntó Rose, no sin cierta preocupación ya que se había dado cuenta del cambio que se había dado en el Slytherin.
Él suspiró, sencillamente no sabía que responderle... ¡Si fuera tan fácil contarle! ¡Si fuera tan sencillo confesarle sus problemas! Pero sabía que no podía hacerlo... Tenía miedo, no solo miedo de lo que pudiera pasarle a Rose, sino también miedo de que ella terminase alejándose de él por su condición de seguidor de Voldemort. Sabía que Rose estaba orgullosa del "influjo" que había logrado tener sobre el joven Scorpius. Se habían conocido en primer curso, considerando que compartían año y eran de la misma edad. La relación entre ellos había empezado como la típica relación de un sangre pura que se mete con una mestiza para jugarle bromas pesadas y demás. Sin embargo las bromas de Scorpius hacía los mestizos y los nacidos de muggles en ningún momento eran crueles o verdaderamente dañinas, eran simples chascarrillos inofensivos, una actitud casi bufonesca durante sus primeros años de colegio que lo habían convertido en uno de los sujetos más populares de la casa Slytherin, en ese aspecto era distinto a su hermano: (aunque compartía popularidad con él) Christofer era menos bromista, pero las "bromas" que podía llegar a hacer eran más malvadas y podían resultar ser realmente dañinas y perniciosas para los nacidos de muggles o los mestizos.
Rose era todo lo contrario, inteligente y estudiosa, siempre era la que se apresuraba a levantar la mano en cada clase. La ganadora por excelencia de puntos para Gryffindor, sin lugar a dudas. Formaba parte del Club de las Eminencias del profesor Slughorn, así como su madre Hermione Granger había formado parte de éste en sus años escolares.
Mientras los años pasaban, Rose se volvía cada vez más el blanco de las bromas de Scorpius, pero a diferencia de lo que cualquiera podría pensar, la muchacha no se callaba nada y, en lugar de quedarse pasiva ante ello, sencillamente respondía fuego con fuego, junto a la ayuda de sus primos Fred Weasley y James Potter, también le jugaba bromas a Scorpius, tanto que en una ocasión, en tercer año, el hermano del joven tuvo que ir a rescatarlo de una profunda charca llena de lodo en la que Rose había hecho caer al menor hasta la cintura.
Claro que entre venganzas inocentes y bromas juveniles, Scorpius desarrolló aún más la obsesión que tenía para con la mestiza. Al punto de que, un día, hace un año terminó declarándole, de manera privada claro está, que le gustaba mucho. Rose se quedó estupefacta al oír esto... Era algo que no se esperaba para nada escuchar, pero que a la vez siempre había deseado que él le dijera, porque a pesar de sus payasadas, Scorpius la divertía y le parecía un chico tierno, sensible, e ideal para ella, sin contar su atractivo.
Obviamente, el hecho de que se gustasen y de que se embarcasen en una relación de noviazgo era, de momento, algo así como un secreto de Estado. La situación de ellos era, como mínimo, difícil: obviamente los Malfoy no aprobarían para nada que uno de sus hijos varones estuviese enlazado en cualquier tipo de relación (aún si fuese amistosa) con uena sangre mestiza, esa animosidad era más bien parte de la influencia de su abuelo Lucius, más que de su padre, dado que su padre había terminado su relación con los Weasley/Granger en términos relativamente civilizados, aunque a ninguno de sus padres le haría demasiada ilusión tener una nuera mestiza.
Del lado de los padres de Rose, por otra parte, las cosas no eran tan distintas... ¿Tener un yerno Malfoy? ¿Qué clase de locura sería esa? No, definitivamente eso para ellos no estaría bien ni en mil años.
Pero ambos dos, tanto Rose como Scorpius sabían que el secreto no se podría mantener por siempre, el mismo Malfoy le habia revelado a su hermano Christofer de ellos y, para su consternación, Fryda Parkinson también parecía saberlo aunque no dijese nada. Del lado de Rose solo lo sabía un par de sus primos: Albus Potter y Dominique Weasley, ambos estudiantes en Slytherin y, el primero a la sazón era amigo de Scorpius, un motivo que ya le ponía los pelos de punta a más de uno de la familia Malfoy.
- ¿Recuerdas cuando nos conocimos, Rose?- preguntó el joven mientras la observaba directamente a los ojos, entrecruzando su gris mirar con los ojos azules de ella.
La muchacha asintió con una sonrisa algo soñadora mientras le decía:
- Por supuesto, querido... ¿Cómo olvidarlo? Después de todo, no fue la manera más ortodoxa de que dos personas que terminarían siendo novios se conocieran...
El rió y asintió con la cabeza. El asunto en cuestión había sido una pequeña broma planificada por Scorpius en primer año, donde le lanzó un hechizo para ponerle pezuñas en lugar de pies a la Weasley, sin embargo Rose pudo protegerse a tiempo, el encantamiento terminó rebotando y dándole a un alumno de quinto de Hufflepuff que pasaba por allí circunstancialmente. Tuvieron que salir los dos huyendo debido a que el tipo no se lo tomó muy a bien que digamos...
Sin embargo, luego de haber reído un rato, el chico volvió a poner una expresión preocupada en su rostro... Necesitaba estar seguro. Quería creer que todo estaría bien y se solucionaría. Pero Scorpius era algo pesimista con esas cosas... Después de todo, la fuerza de la sangre y de la familia era demasiado intensa y más aún cuando estaba potenciada por los lazos de organizaciones como lo eran los Mortífagos, y si bien él aún no había sido marcado sabía, como le había dicho su hermano, cuáles eran las reglas.
- Rose, estoy preocupado.
- ¿Por qué debemos decirle a nuestros padres de lo nuestro? Si es por eso te entiendo... En cierta manera a mí también me preocupa...
En realidad si era por eso, pero no completamente, después de todo ¿qué era lo peor que Draco y Astoria, al igual que Ron y Hermione, podían hacer? ¿Intentar alejarlos con prohibiciones o castigos absurdos? Scorpius siempre fue un mimado que escapaba de los castigos con bastante maña y habilidad, de manera que lo de sus padres no le parecía tan preocupante, lo preocupante era, precisamente, lo que no le podía comentar a Rose, algo mucho más oscuro que cualquier tontería que los padres de ellos pudiesen tratar de imponer u ordenar.
Lo peor del asunto era, precisamente, eso... No poder contarle los detalles de qué era lo que verdaderamente le preocupaba. Por un momento se preguntó porque todo tenía que ser tan difícil, porque simplemente Rose no podía ser sangre pura como él y todos felices y contentos. La respuesta le llegó de inmediato dentro de su cabeza, con una parte de su ser cuya vocecilla interior se asemejaba sorprendentemente a la de Christofer:
"Porque la vida no es fácil, Scorp... ¡Madura de una vez!"
- Sí...- dijo Scorpius y no era una mentira, sino una verdad a medias- Es eso lo que me preocupa.
La chica extendió una de sus manos y le acarició cariñosamente una mejilla para sonreírle:
- No te preocupes, Scorp... Sé que nuestras familias lo aceptarán... No te digo que no será difícil, pero sé que tanto tus padres como los míos verán que es esto lo que nos hace felices... ¿Eres feliz conmigo, precioso?
El joven alzó la mirada y en ese momento no pudo evitarlo. Los ojos se le llenaron de lágrimas... Si lo viese su hermano... ¡Pero no podía evitarlo! Se acercó a ella y la abrazó con fuerza para decirle:
- Pase lo que pase no me abandones, Rose...
Ella se quedó algo sorprendida por esta reacción tan repentina pero le correspondió el abrazo acariciándole el cabello rubio platinado.
- No lo haré, amor... No lo haré... Sabes que nunca te dejaría solo.
- Y yo siempre te protegeré...- le dijo él sonriéndole mientras le acariciaba el mentón y la miraba a los ojos, y sin poder contenerse, acercó sus labios a los de ella y la besó con plena intensidad y cariño mientras le tomaba de las mejillas... ¡Al diablo con todo lo que podía suceder! Él estaría con ella y su familia y su círculo deberían aceptarlo... Y si querían dañarlo a través de ella, haciéndole daño a ella... Bueno, Scorpius cumpliría su palabra y la protegería como debía hacerlo: si tenía que madurar lo haría por quien más le importaba que era su chica, su preciosa novia. Y aunque hubiera muchachas hermosas y sumamente atractivas en Beauxbatons, ninguna le parecía más hermosa que Rose.
