X. Lo nunca dicho… se esconde.

Sasuke parpadea, tratando de enfocar la vista, todo a su alrededor adquiriendo forma poco a poco mientras se da tiempo de volver a tomar conciencia del mundo. La luz suave de las primeras horas de la mañana le recuerda que ya debería estar comenzando con sus tareas del día.

Usualmente ya lo habría hecho.

Pero esta vez se permite quedarse un poco más entre las sábanas, estirándose de manera perezosa para destensar los músculos de brazos y piernas. Todavía sin levantarse, aunque ya con los ojos abiertos y los sentidos en alerta, Sasuke inhala de manera inconsciente aquel aroma que no es suyo, pero que igual le es tan familiar como si fuera propio.

Un rápido vistazo alrededor basta para darse cuenta de que nuevamente ha despertado solo. Cierta desazón le invade al instante, aun si no es que realmente esperara algo diferente: siempre ha sabido que no debería esperar nada.

Queriendo evitar la batalla mental que parece estar a punto de comenzar dentro de su cabeza, Sasuke decide que finalmente ha llegado la hora de levantarse.

Así que lo hace.

Camina directamente hacia el baño, haciendo visible en el proceso su total desnudez. Su piel blanca salpicada con distintos tonos de marcas, algunas ya apenas rosadas y otras todavía de un vibrante rojo, huellas de besos y manos que afanosamente gritan que alguien ha estado ahí.

El Uchiha avanza como en automático hasta estar debajo de la regadera, entonces deja que el agua fría recorra su cuerpo, diciéndose que únicamente necesita despabilarse para estar bien. Ordenar sus pensamientos. Más bien, distraerse.

Necesita olvidar por unos segundos todo lo que lo envuelve a él y a la persona que lo acompañó durante estos últimos tres días, en que estuvieron haciéndose compañía como si fuesen una pareja común y corriente tomando unas breves vacaciones, como si fueran personas normales y no… bueno, lo que ellos eran.

Sasuke necesita dejar de pensar en aquel que a momentos parece capaz de darle todo, aunque igual siempre termine marchándose mucho más pronto de lo que le gustaría caer en cuenta… visitándolo de vez en vez, cuando podía.

Como si él fuera no más que…

Bueno, en realidad, ¿qué es Sasuke para Naruto?

Casi sin darse cuenta, su cabeza termina descansando encima de su brazo, mientras su mirada se pierde en los pequeños hilos de agua que van cayendo al suelo.

A veces, el orgullo parece querer rebasarlo, reclamándole por estar aguantando esa situación. Gritándole que no debería estar soportando ser segunda opción de nadie… ni siquiera de Naruto.

Pero entonces, algo que es mucho más fuerte que la razón le impide hacer nada para terminar con aquello. Siente que simplemente no puede.

No puede concebir la idea de que… esto termine, mucho menos ahora que todo más bien parece estar empezando.

Sabe que tampoco es que pueda pedirle a Naruto que de buenas a primeras deje todo por él.

No puede insistirle para que se vayan lejos, muy lejos.

No, no puede.

Pues aun si se fueran, lo cierto es que no habría lugar en la tierra en que pudieran vivir en paz.

Sasuke lo sabe.

Que algo como lo que ellos tenían no podía sino ser mantenido en secreto.

Nadie podía saber, nadie podía sospechar, nunca.

Y por eso Naruto no podía dejar a su esposa, tampoco podía abandonar la aldea, mucho menos ahora que su primogénito estaba a nada de nacer.

Mucho menos si realmente quería llegar a ser Hokage, pues Sasuke -y el mundo entero- sabía que aquel seguía siendo el sueño más grande de Naruto Uzumaki. Él no podía arrebatarle eso… y seguramente Naruto tampoco renunciaría a aquello aun por mucho que se lo pidiera.

No era así de importante.

Sasuke eleva el rostro mientras evita soltar un suspiro resignado, de verdad está tratando de distraerse, dejando que las gotas de agua caigan directamente en sus párpados, estos abriéndose de inmediato en cuanto escucha que alguien lo llama.

¿Qué no se había ido ya?

—¿Sasuke?

Repite la voz de Naruto, con insistencia.

Y sólo entonces el moreno cierra la llave, deteniendo la caída del agua. Odiando en cierta manera el ser consciente de cómo el nudo que se le había formado en pecho y garganta parece esfumarse al darse cuenta de que el rubio no se ha ido… todavía.

Sasuke odia que los actos del otro tengan tal influencia sobre él… porque lo cierto es que Naruto podría romperlo en mil pedazos en cualquier momento, y lo peor es que aquel quizá ni siquiera sería consciente de ello.

El moreno apenas y se envuelve en una toalla, gotas todavía escurren de su cuerpo mientras sale del baño e ingresa a su habitación, encontrando que Naruto ha cambiado ya las sábanas usadas por unas limpias, en lo que es un acto tan simple y al mismo tiempo tan hogareño que Sasuke tiene que morder el interior de su mejilla para no sonreír de manera estúpida.

Fantasma de sonrisa que termina por esfumarse en cuanto ve lo pálido que está el rubio, quien lo mira sin saber qué decir, como si todas las palabras del mundo se hubiesen atorado en su garganta. El Uchiha frunce el ceño, dejando entrever su preocupación.

Y nuevamente, igual que le ha pasado ya durante tantas ocasiones, al escuchar hablar al Uzumaki, Sasuke quisiera en realidad no haber oído nada.

—Hinata ya tuvo al bebé.

¿Qué se supone que responda ante algo como eso?

Mientras Sasuke termina de arreglarse y preparar equipaje suficiente para pasar un par de días en Konoha, no puede evitar repensar la situación que está viviendo actualmente. Sus movimientos volviéndose casi mecánicos mientras lo ocurrido en los últimos meses pasa en su cabeza como si de una película se tratara.

La verdad es que a veces no terminaba de creer que de hecho todo aquello en realidad estaba pasando.

Pues antes, la sola posibilidad de que Naruto también pudiese sentirse de aquella manera había sido tan lejana que hasta hace poco había creído que si el rubio algún día llegara a corresponder en alguna medida toda aquella vorágine de emociones que sentía hacia él, entonces no podría pedir nada más. Podría ser feliz el resto de su vida tan sólo sabiéndose correspondido.

Pero claro que las cosas no podían ser así de simples y aquella idea no había sido sino producto de la más pura ingenuidad.

Ahora el Uchiha no sabría decir qué era más doloroso, si el haber creído que lo que sentía nunca podría llegar a ser recíproco o saber que en realidad sí que lo era, pero que aun así ellos nunca podrían estar juntos, por mucho que aquello pudiera pesarles.

Así, sabiendo que nunca tendrían más remedio que actuar a escondidas, Sasuke aceptó cuando Naruto le dijo que no podía dejar a su mujer, puesto que, por muy intenso que fuera lo que sentía hacia él, el rubio no podía ser así de cruel con Hinata. Porque resultaba que la Hyuuga también estaba embarazada, resultaba que además ella era demasiado buena y no merecía ser abandonada de buenas a primeras…

Claro que engañarla era la solución perfecta, ¿y que era aquello de que ella no merecía sufrir?, ¿acaso eso significaba que ellos sí?, ¿qué no habían sufrido ya lo suficiente durante toda su maldita existencia?

Sasuke podría haber dicho algo así… pero no lo hizo.

No discutió con el rubio, en lo absoluto, en cambio le dio la razón en todo… en aquellos primeros momentos todavía demasiado abrumado ante la idea de que Naruto lo quería… o por lo menos decía hacerlo. Se convenció a sí mismo de que eso sería suficiente, de que todo valdría la pena...

Así fue que empezaron con aquel juego intermitente, en que a veces coincidían y podían pasar algunos días juntos, a escondidas del mundo en aquella pequeña cabaña. Incluso el Uzumaki a veces traía algunas cosas para hacer más agradable su estancia ahí, de tal manera que en esos meses las paredes y los muebles se habían llenado de pequeños detalles que hacían ver el sitio como si fuera realmente de ambos y ya no sólo un lugar cualquiera.

Los tonos variando en su mayoría entre el azul marino y el naranja, en una combinación que a Sasuke ciertamente se le hacía perfecta. Poco a poco aquel espacio fue tomando toda la apariencia de un lugar que de buena gana ambos podían llamar hogar…

Y, aun así, sin importar cuánta calma pudiesen encontrar el uno en el otro aquellas tardes en que lo único que hacían era hacerse compañía, Naruto siempre terminaba por irse. A veces incluso sin despedirse, porque cuando lo hacía sus ojos no podían más que formar una mirada culpable que Sasuke se obligaba a ignorar para no estallar en recriminaciones.

Pues usualmente trataban de fingir que las cosas en realidad no eran tan complejas, incluso, más allá de aquella primera conversación en que acordaron tácitamente mantener todo en secreto, nunca habían hablado acerca de lo que hacían. Nunca habían puesto en palabras que ambos sabían que era extraño, inusual, que estaba mal, que por eso todo debía mantenerse en secreto. Ellos se limitaban a disfrutar del tiempo que podían estar juntos como si nada más existiera o importara.

Aunque hubiera veces en que más bien la realidad adquiriera un peso que hacía imposible el seguir ignorándola.

Como cuando Sakura decidió que salir de la aldea en su búsqueda justo en la etapa más avanzada de su embarazo era la mejor idea del universo, y entonces Sasuke, avisado por Naruto, tuvo que abandonar una misión en la que llevaba trabajando semanas enteras sólo para ir a encontrar a la kunoichi. Incluso contactando a Karin por si la Haruno pudiese llegar a necesitar atención médica, cosa que no hizo precisamente por Sakura, a ser sinceros, sino más bien porque Sasuke sabía que aquella criatura no nata no era más que un inocente, uno que además llevaba su sangre. Ni siquiera él podía ser así de indiferente ante un ser que era carne de su carne*.

La verdad sea dicha, para Sasuke, hay pocos momentos que hayan sido tan significativos en su vida como lo fue el instante en que al fin pudo sostener a su pequeña hija en brazos, una niña con rasgos tan Uchiha como podía ser posible, una bebé que se ganó su alma con el más pequeño de los balbuceos. La recién nacida incluso detuvo su primer llanto en cuanto se sintió entre los brazos de su padre, como si tan solo llegar al mundo hubiese estado esperando por eso.

No sería mentira decir que ante la intensidad de ese primer contacto Sasuke estuvo tentado de decirle a Sakura que él se quedaría con la niña, que él la criaría, que ya podía ella pararse y volver a la aldea porque él se haría cargo de la bebé. Pero claro que tuvo que obligarse a detener aquel incoherente tren de pensamientos, principalmente porque la verdad era que la vida de un ninja errante como él no era en lo absoluto adecuada para una recién nacida. Por supuesto que Sasuke no podría exponerla a los peligros a los que él mismo se exponía día a día, ni podría brindarle los cuidados que ella seguramente necesitaría.

Así que lo mejor era terminar resignándose a que Sarada creciera en Konoha, mientras que él se limitaría a visitarla en cuanto le fuera posible.

De más está decir que Sasuke volvió a negar terminantemente la posibilidad de quedarse en la aldea para vivir con Sakura, que era lo que ella había buscado desde un principio, pensando que quizá cuando Sasuke conociera a la niña finalmente podría "sensibilizarse" un poco, que quizá podría realmente terminar por considerar la idea de formar una familia con ella. Afortunadamente para el Uchiha, tras aquella última negativa, sería la última vez que la Haruno insistiría para que ambos iniciaran una relación romántica.

Limitándose a tratarse el uno al otro con cierto respeto, por el bien de la niña, y nada más.

Si bien ello no impidió que el resentimiento producto del rechazo hiciera mella en el corazón de la kunoichi, creciendo este con el pasar de los años, aun si nunca hizo algo para demostrarlo -no abiertamente, al menos.

Sasuke se permitió emitir un suspiro cansado mientras terminaba de doblar su ropa.

Del nacimiento de Sarada hacían no más de tres meses… y ahora era el turno de Naruto de vivir su propia experiencia.

Sasuke trató de ignorar lo mucho que le pesaba saber aquello, saber que el rubio sí que estaba protagonizando una escena muy familiar en alguna parte de Konoha, teniendo no sólo el papel de padre primerizo, sino también el de esposo agradecido…

El Uchiha chasqueó la lengua, intentando no pensar en el cuadro. Aun si la imagen de Naruto abrazando y besando a aquella mujer mientras sostenía un niño en brazos parecía querer sellarse en su mente con marcada insistencia.

En cambio, el moreno trató de pensar en su propia hija, se preguntó incluso qué tanto podría haber crecido Sarada en aquel mes que se había ausentado de la aldea…

Se dijo que en el camino podría comprarle algo, un pequeño regalo… no sin cierto pesar se recordó que tendría que llevar otro para el hijo de Naruto. Después de todo, era lo mínimo que podría esperarse de él, dado que había aceptado ser el padrino de aquel niño.

Porque sí, así de irónica era su vida.

Hasta hace muy poco cualquier persona podría haber dicho de Naruto que era el tipo más honesto y transparente del mundo, y el rubio podría haber sonreído halagado ante la idea. Pero si alguien le dijera algo como eso hoy día, el Uzumaki sabe que difícilmente podría esbozar una sonrisa y que el comentario más bien haría más grande el sentimiento de culpa que constantemente cargaba en el pecho.

Pues vaya que a Naruto también le costaba caer en cuenta del momento en que todo se había vuelto tan complicado… él, que toda la vida había luchado por las cosas que consideraba correctas, que siempre había defendido cabalmente sus ideas y sentimientos, gritando a los cuatro vientos lo que sentía, lo que creía… ¿cómo actuar ahora que lo que deseaba estaba así de mal?

¿Cómo se lidiaba con un deseo tan intenso y tan prohibido al mismo tiempo?

Naruto nunca pensó que sería el tipo de persona capaz de llevar una doble vida.

De verdad que no.

¿Pero qué más podía hacer?

Se sentía incapaz de escoger entre Hinata y Sasuke.

Pues con ella todo era como se supone debía ser; casarse con la Hyuuga había sido lo que todos habían esperado de él. Y no es que fuera infeliz con ella, ni siquiera que se sintiera incómodo a su lado ni nada por el estilo, la verdad era que estar en su compañía siempre lo hacía sentir tranquilo.

Sentía que la quería, le tenía confianza, ella despertaba en él cierta ternura. Ciertas ganas de hacerla feliz y agradecía a su vez todo lo que la Hyuuga hacía por él… pues ahora incluso le esta dando la dicha de ser padre, le regalaba la oportunidad de formar aquella familia con la que tanto había soñado desde su más tierna infancia.

Y sí, la idea inundaba su pecho de una calidez indescriptible… pero también sabía que no era suficiente.

Que no la quería de esa otra forma en que debería.

Porque lo que tenía con ella no era para nada lo que tenía con Sasuke.

No.

Eran dos cosas abismalmente diferentes, aun si ambas lo hacían feliz de alguna manera.

Pues con Sasuke todo era siempre muchísimo más intenso, con Sasuke ni siquiera necesitaba pensar las cosas, con el Uchiha siempre parecía que todo pasaba de manera natural.

Con Sasuke sentía que podía ser totalmente él mismo, con Sasuke su sangre hervía a veces con tan solo verse a los ojos.

A Sasuke lo pensaba todo el tiempo. Todo, todo el tiempo. Lo extrañaba apenas dejar de verlo…

No.

No era como con Hinata, a quien sí, quería en cierta manera, era innegable que estar con ella le era agradable, ameno… pero estar lejos de su esposa no lo llenaba de esa ansiedad que sí lo inundaba cuando tenía que separarse de Sasuke.

Y todo aquello lo estaba volviendo loco.

Porque sabía que la situación no era justa para nadie… porque sabía lo mucho que lastimaba al Uchiha todo esto. Porque él mismo no puede imaginarse cómo sería saber que Sasuke dormía con alguien más cuando no estaban juntos…

De solo recordar la rabia que sintió cuando Sakura le dijo que se había casado con el Uchiha, de solo recordar los infinitos escenarios que su mente imaginó en aquel momento. El montón de ganas que tuvo de reclamarle a Sasuke… aun cuando entonces se suponía no eran más que amigos. El inmenso alivio que sintió cuando él le confirmó que no sentía nada por ella…

De solo pensar en eso sabe lo mal que lo está pasando el moreno y lo lamenta, de verdad que sí… pero también sabe que no es capaz de dejar a Hinata, porque ella no tiene la culpa de nada. Porque ella siempre le ha dado todo sin dudar y él no puede traicionarla así…

Aunque de hecho ya lo está siendo… pues le está siendo infiel, la está engañando. Está traicionando su confianza.

Pero fingir que todo está bien es la solución más fácil… por lo menos de momento.

A veces, Naruto teme que la situación se vuelva más compleja. Día con día, teme no ser capaz de continuar con la mentira.

Aun si hay momentos en que fingir le sea tan sencillo.

Como cuando sonrió de manera espléndida cuando Hinata sugirió que le pidiera a Sasuke ser el padrino de Boruto, dado que era su mejor amigo. Aunque cuando se lo dijo al moreno, este lo vio casi como si estuviese esperando que aquella fuera una broma, una de muy mal gusto, por cierto… incluso si terminó aceptando. Porque era lo más conveniente, para guardar las apariencias, a ojos del resto del mundo, ¿qué razones podría tener para negarse?, ninguna, y lo mejor era no dar qué pensar a nadie.

Así que, sí, aunque había instantes en que la farsa le era fácil de sobrellevar, hoy, sin embargo, es más bien uno de esos días en que Naruto casi puede sentir cómo un sudor frío recorre su nuca.

De manera imperceptible sus manos tiemblan mientras Hinata lo sostiene del brazo en aquella manera que normalmente se le hace tan natural y que ahora le pesa como si en lugar de un toque amable aquella fuese una presión insoportable, hecha a propósito para hacerlo sufrir. Ella sonríe de manera encantadora a "los Uchiha", mientras agradece el presente que han traído. Entre Sakura y Hinata todo son sonrisas, halagos y felicitaciones…

Sasuke, por su parte, evita mirarlo a toda costa. El moreno apenas dedicó un asentimiento en su dirección en cuanto tanto él como la pelirosa llegaron a la casa Uzumaki, con la pequeña Sarada dormida en los brazos de su madre.

Naruto sólo puede imaginar lo incómodo que debió ser para Sasuke cuando Hinata insistió de un momento a otro para que cargara al recién nacido. Tan solo de ver como su esposa acomodaba al niño en brazos del Uchiha el rubio sintió ciertas nauseas por la tensión que inundaba el ambiente, aun si sólo Sasuke y él la sentían.

Pues las mujeres de la habitación están demasiado ocupadas viendo a sus respectivos hijos, sin imaginar las miles de cosas que flotaban en el aire, sin sospechar que apenas la noche anterior Naruto y Sasuke se miraban entregándose el alma sin decir nada, aun si hoy estaban ahí… actuando como si no supieran ya de memoria el sabor y el relieve de cada parte del cuerpo del otro.

Como si en ese preciso momento no quisieran más que salir de aquel lugar para no regresar nunca más.

Aun si ahora no se tocan, ni se miran, ni se dicen o prometen nada. Porque justo ahora no están siendo sino lo que se supone deben ser: un par de buenos amigos

Amigos que están en medio de una visita cordial, después de meses de no haber sabido nada del otro.

No más.

Naruto, pese a lo bizarro de la situación, no puede evitar sonreír cuando Sasuke relaja su gesto tras un par de segundos de cargar a Boruto, aun si la cercanía y la infinita amabilidad de Hinata lo sigue poniendo incómodo, el Uchiha se obliga a ignorarla y más bien casi sonríe ante las muecas que hace el bebé. Naruto justo ahora no tiene forma de saberlo, pero Sasuke agradece mentalmente que el niño se parezca a su padre y no a la Hyuuga, porque sabe que a la larga aquello le hará más fácil encariñarse con él.

Sea dicho, de entre todas las personas del mundo, Sasuke no será aquel que proyecte su odio en ningún inocente… por lo menos no con aquel par de niños. Pues nada le impide ver con cierto desprecio velado la felicidad que irradia Hinata Hyuuga. La única persona de ellos cuatro que cree del todo aquel teatro que se han inventado.

La única que no pone en duda que Sasuke y Sakura de verdad están casados, que cree que el Uchiha ama con locura a la madre de su hija, aun si su personalidad le impide demostrarlo de manera abierta. Ella cree la historia que Sakura le ha contado ya tantas veces, con miles de detalles, cree en las variadas citas que ha tenido con Sasuke, en la manera tan inesperadamente romántica en que él le pidió matrimonio. En lo bonito de la ceremonia, en lo mágico de la música que acompañó el pequeño vals que bailaron para celebrar su boda.

Hinata no ve por qué poner en duda las palabras de Sakura, lo que es más, le alegra que incluso alguien tan aparentemente frío como el Uchiha en realidad también tenga un lado sensible que sólo deja entrever con su esposa.

A Hinata le entusiasma la idea de que su amiga sea tan feliz como ella misma lo es al lado de Naruto, quien la ama con tanta intensidad como es humanamente posible. Quien la respeta, la cuida y la quiere…

Hinata en ese preciso instante es la única que es plenamente feliz, dentro de su propia ingenuidad e ignorancia, viviendo un sueño increíblemente maravilloso… pero lo cierto es que en la vida real no existen aquellos finales de cuentos de hadas que ella piensa estar disfrutando justo ahora.

Y tarde o temprano tendrá que darse cuenta de ello.

Notas del capítulo:

*Una de las cosas que definitivamente no me gustó del canon es el cómo hicieron de Sasuke un padre desinteresado y ajeno. Vamos, que tomando en cuenta toda su historia yo creo que él de verdad amaría un hijo suyo. Punto y a parte de lo que pasó con Sakura, no lo veo dejando a un niño sin padre sabiendo él mismo cuánto dolor puede significar para un infante la indiferencia paterna.

**No he visto Boruto, ni lo veré (jajaja). Así que solo tomaré un par de elementos generales de lo que se supone pasa después del final oficial de Naruto, sólo porque me parecen necesarios para la trama. Lo demás lo manejaré a conveniencia.

Por como todo ha ido sucediendo, está de más decir que las cosas no podían simplemente terminar con un "y vivieron felices para siempre" de buenas a primeras. Hay muchas cosas a las que tanto Sasuke como Naruto van a tener que enfrentarse y de eso trata principalmente esta historia.

Así que preparen los pañuelos :B

Jajaja, no es cierto… bueno, sí.

Por cierto, les quiero pedir una disculpa enorme por la demora, este último mes y medio fue final de semestre, me la pasé estudiando y haciendo trabajos finales. -Y la verdad es que el poco tiempo que tuve libre lo dediqué a procrastinar :B-

Peero, la buena noticia es que ya estoy de vacaciones, así que podré actualizar más seguido c:

En fin, espero que les haya gustado el capítulo. Acá entre nos la verdad es que me costó estructurarlo de la manera que quería, así que, bueno, ojalá haya quedado bien.

Como siempre estaré esperando que me dejen saber su opinión c:

¡Les mando un beso y un abrazo enorme!

Muchísimas gracias a Moeliaaa, pluma.e3, Naity-Nain, Sasori Kido, Luu-chan'17 y a akasha-bennington por leer y comentar. Todo esto es por y para ustedes, que me hacen infinitamente feliz c':