El hubiera no existe


Esa reunión de los aliados tocaba en territorio kitsune. Los Rīdā deseaban ver cómo iba la aldea de Cazadores.

Shippō a veces se encontraba pensando en que la convivencia con los humanos era algo que deseaba compartir con los otros clanes, más se detenía esperando que alguno de los otros Yokais pidiera ese acercamiento; pues las experiencias, en ese tema, no habían sido buenas.

Después de que los asuntos importantes se discutieran, la reunión se convirtió en festejo.

Shippō invitó a los otros Rīdās a comer.

Kōga fue jalado por sus gemelos para que les sirviera. InuYasha se sentó a esperar que el lobo o en su defecto Naraku, le llevaran un plato. Después de todos esos años y ya con dos hijos, el hanyō aún era un mimado de primera.

Sesshōmaru bebió un poco de sake, mirando alrededor y preguntó:

–¿Kurama no está?

Shippō negó y respondió …

–No; mi tío viaja más a menudo, y lleva a mi primogénito con él, la mayoría de las veces.

InuYasha sonrió y codeó a su viejo amigo.

–Se nota el orgullo en los ojos de tu tío y tú padre, cuando ven a Kurama.

–Si; créeme yo también estoy feliz. Un zorro de nueve colas no se ve en cientos de años; sin embargo aún llego a pensar ¿si no es mejor que Kurama no salga mucho y practique la diplomacia con los humanos?

InuYasha arqueó una ceja y casi gruñó. Sesshōmaru intervino antes de que su hermano dijera algo descortés.

–Como futuro líder, debe buscar experiencia en otros lugares, conociendo más Yōkai y que mejor que lo haga, acompañado de su tío abuelo.

Shippō se frotó el mentón y asintió.

Sesshōmaru observó al joven líder y creyó que este necesitaba una confirmación de que era un buen guía y padre de familia sin necesidad de mucha cercanía con los humanos.

El de luna en la frente comió tranquilamente, más en cierto momento llamó a su lado a su hija Yûko y le susurró algo y ella asintió sin dejar de sonreír.

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La reunió siguió y esa noche; después de acostar a sus dos hijas y a su hijo más pequeño; Shippō y Sōten se dirigieron a su habitación, sonriendo ante lo lleno que estaba su castillo, con todos los invitados.

En su recámara, el matrimonio se recostó y Shippō besó a su hermosa y embarazada esposa.

–Descansa mi amor.

Sōten correspondió y se recostó. El Rīdā Kitsune la imitó y pronto se quedó dormido.

Era un pequeño zorrito, por eso mismo su horror fue enorme; ahí viendo como los Raijū Kyōdai atacaban y asesinaban a su padre.

¡¿Como perdonar a esa familia y aceptar a Sōten?!

El Shippō de ahí, buscó ayuda y conoció a InuYasha, pero este hanyō no era el mimado hermano menor de Sesshōmaru; muy por el contrario, estaba aliado con humanos.

Su padre, su tío ni su clan, existían; el Rīdā zorro no conocía ese tiempo ni lugar. Todo era muy diferente y si bien el Shippō de ahí, parecía feliz; la mente del Rīdā buscaba todo lo bueno que había, existía y crearon sus aliados y él.

Su Sōten… sus hijos… los cachorros de InuYasha, de Sesshōmaru … ¡todos faltaban!

Era cierto que la amistad con Kagome si existía, más esta no podía cubrir el enorme hueco que dejaban las entrañables y amadas presencias de su familia y amigos.

Sōten sintió el movimiento de su esposo y despertó. Se incorporó con trabajo y acarició la frente de Shippō:

–Despierta Shippō, todo está bien, cariño.

La Yōkai besó a su pareja, luego susurró palabras calmantes en el oído de este. Los ojos verdes del zorro castaño se abrieron y al ver el rostro de su esposa, dejó salir algunas lágrimas.

–Mi amada esposa…

Sōten dejó que Shippō la sostuviera, sin preguntarle nada; ya estaría listo después para contarle su pesadilla.

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En el tejado del castillo... Yûko observaba la media luna. Miku se acercó y le colocó una capa.

–Está bien, Miku, ya he terminado. Entremos.

El joven guerrero no cuestionó, estaba seguro que su princesa hizo algo bueno, pues la piedra Meidō, era una beneficiosa herramienta en sus manos.

A la mañana siguiente se podia ver como el Rīdā Kitsune jugaba feliz con sus hijos y los amigos de estos.

Sōten lo miraba desde su asiento, enternecida.

Los otros líderes –a excepción de InuYasha que también jugaba–, disfrutaban de un descanso, bajo la sombra de los árboles.

Yûko se giró a ver a su padre y le guiñó un ojo, Sesshōmaru... sonrió imperceptiblemente.


Muchas gracias:

Lima86, Amai Star of Darkness, Lunática Drake Dark, Gabycha y Guest –Lo siento, sólo escribo Yaoi y esa pareja ni de lejos me agrada. Gracias por comentar.