Infinito.

—SANS, ESTA HACIENDO ESO… DE NUEVO.

Papyrus estaba recostado al lado de Frisk, en la habitación del esqueleto mayor, mientras este no dejaba de mirar el brazo huesudo de la castaña.

Ambos notaron el suave temblor que invadía su cuerpo, junto a la inconsciencia y temperatura corporal baja, sin tener una respuesta concreta sobre lo que le sucedía a la humana.

—está congelada hasta los huesos.

Ni siquiera provocó una respuesta en el hermano menor, en cambio, éste se levantó y llevó desde su habitación una manta bastante gruesa, extendiéndola sobre la cama y volviendo a recostarse al lado de Frisk.

—CREO QUE NO FUNCIONA.

Ambos decidieron rodear a la humana, uno a cada lado, invocando su magia para generar algo de calor.

Pero la joven no reaccionaba.

La fiesta de cumpleaños que Papyrus estuvo preparando durante el día estaba suspendida hasta nuevo aviso. Toriel puso el grito en el cielo al enterarse de lo sucedido, pero el mismísimo Asgore se había encargado de mantener el orden y mientras Alphys y él se encargaban de Gaster, Papyrus y Sans estarían atentos a Frisk.

—¿humanos?

—HUMANOS.

La magia de ambos ojos, azul y naranja, iluminó suavemente la habitación. Se metieron bajo las mantas junto a ella y de inmediato la joven intentó acurrucarse contra el pecho de Papyrus, que estaba considerablemente más cerca que Sans, el que estaba realmente aterrado, ya que seguramente la chica resetearía al abrir un ojo y notar los huesos que saltaban a la vista en su brazo.

Aun así, el esqueleto mayor acaricio el cabello de la castaña mientras esta balbuceaba cosas inentendibles.

—pequeña familia ¿eh, Paps?

—ASÍ ES, HERMANO.

Las palabras no eran abundantes en aquella conversación. Papyrus se notaba más nervioso que de costumbre, mientras que Sans intentaba reaccionar a lo vivido previamente. Se sentía agotado, pero no preocuparía de más a su hermano.

De pronto, el teléfono de Sans comenzó a vibrar.

—Alph.

—El D-Doctor G-Gaster…

—ahora no, por favor. Frisk aún no reacciona.

—Quiere… q-quiere verlos.

Inhaló aire, ofuscado, y tapó el auricular para dirigirle la vista a su hermano.

—Pap…. G quiere…

—NO. ABSOLUTAMENTE NO.

No había un dejo de piedad en las palabras del esqueleto.

—ninguna posibilidad por ahora, Alphys. Iremos allá en cuanto podamos.

—Lo entiendo, Sans. C-cuiden de Frisk, por favor.

—eso hacemos. Adiós.

Dejó escapar todo el aire contenido en su tórax como si de pulmones humanos se tratase. El esqueleto menor bajó la mirada para evitar aquella conversación, pero el hermano mayor no fue demasiado consiente de aquello.

—FRISK YA NO ESTÁ TEMBLANDO.

—Pap…

—ESTARÁ MEJOR. CON NOSOTROS ESTARÁ MEJOR.

—Papyrus. El viejo está de vuelta, no sé cómo, pero ella lo hizo. Es una gran humana, dio su vida por nosotros y de paso salvó a G.

—PERO EL HIZO… ¿POR QUE ATACARLA, SANS? ¿ACASO NUESTRO PADRE SEGUIRÁ HACIENDO ESAS COSAS MALAS? ¿EXPERIMENTAR CON FRISK, HERMANO? ASÍ COMO LO HIZO CON NOSOTROS…

El resentimiento estaba presente en cada palabra del hermano menor. Papyrus era un ser con amabilidad infinita, pero si estaba enfadado…

—lamento que tengas todos esos recuerdos, bro. Realmente lo lamento.

—NO ES TU CULPA.

El silencio fue el aliado nuevamente, hasta que Frisk dio un gran suspiro y abrió los ojos.

—¡Pap! ¿Estás bien? ¿Dónde estamos…?

El esqueleto fue largamente abrazado por la humana, quien, desorientada, cerró los ojos con fuerza contra el pecho del hermano menor.

—EL GRAN PAPYRUS ESTÁ BIEN, FRISK. ¿COMO TE SIENTES?

—Extraña… y … hambrienta … ¿Y Sans?

—aquí, chica.

—VOY A PREPARARTE UN GRAN PLATO DE ESPAGUETI, FRISK ¡YA LO VERAS! — Soltó, mientras se ponía rápidamente de pie.

—¡Espera! ¿Crees… que pueda ser solo un poco de leche?

—¡POR SUPUESTO! LA LECHE ES BUENA PARA LOS HUESOS.

Salió de la habitación sin mirar atrás, canturreando de forma alegre, sin notar que Frisk aún no terminaba de asumir su nueva apariencia.

—Buena para los huesos…

Se levantó la camiseta hasta el hombro y miró los huesos extenderse hasta la punta de sus dedos. Su brazo izquierdo no se sentía diferente, pero si algo más sensible que de costumbre, sintiendo de inmediato un escalofrío abrumador.

No sabía por qué, pero de pronto su alma se llenó de determinación.

Dos recuadros iluminados aparecieron ante su vista, mientras el collar se teñía de un rojo intenso. Resetear o Continuar.

—oh, cielos chica… realmente entiendo que no quieras tener ese brazo, pero no quiero ver como lo reseteas todo.

El Sans humano se levantó de la cama y sus pasos lentos se dirigían hasta la puerta.

—Ustedes deberían eliminar la opción de resetear definitivamente, o Sans se pondrá así cada vez que lo vea.

*No lo hacemos nosotros. Es tu determinación. Y tu decisión hacer uso de ellos.

El esqueleto se giró bruscamente al escuchar esas tenues voces. Pero a cambio de ver alguna presencia extraña, observó los esqueléticos dedos de Frisk presionar el cuadro de continuar.

—lo lamento, Frisk… yo…

Sans se tambaleó unos segundos, siendo sujetado rápidamente por Frisk, quien no dudó un minuto en levantarse y correr hacia él.

—Estás cansado.

—heh.

Los huesos no eran lo suficientemente pesados como para causarle problema y al notar que volvía a ser un esqueleto, lo cargó hasta recostarlo en la cama.

—Fue una batalla dura. Deberías dormir y reponerte.

—Frisk ¿Realmente estas bien, chica?

—Lo estoy. Recuéstate ahora.

Papyrus entró a la habitación con tres vasos de leche, extendiendo uno para la humana, otro para su hermano y el tercero para él mismo. Notó también que su hermano volvía a ser un esqueleto, por lo que él hizo lo mismo con su cuerpo.

—¡SANS! ACABO DE RECORDARLO. NO HEMOS COMPRADO UN REGALO DE CUMPLEAÑOS APROPIADO PARA FRISK… ¿SANS?

Pero el esqueleto mayor se había dormido luego de beber un trago la leche, roncando de manera suave. Miró a la castaña, quien sonreía al observar al bromista.

—No te preocupes, Pap — Susurró la castaña, palmeando el espacio continuo a ella para que el esqueleto más alto se recostara.

—NYE HEH.

La humana parecía curiosa por su brazo, intercambiando el vaso con leche de una mano a otra. Su expresión cambió a una de preocupación cuando lo notó.

—¿Qué pasa?

—Humana…

Frisk se preocupó al escuchar susurrara a Papyrus. Aunque supuso que sería para no despertar a Sans.

—No estés preocupado por esto.

—Lo estoy.

—Los humanos tenemos esqueletos por dentro ¿Recuerdas cuando lo vimos en internet?

—¡Por dentro!

—Esto hace que me sienta un poco más parecida a ustedes.

Papyrus no pudo evitar enternecerse con esas palabras. Pero su mente no dejaba de darle vueltas al asunto.

—Frisk — Dijo, mientras se quitaba ambos guantes, dejando a la vista sus huesudas manos con los agujeros en el centro — Los esqueletos no nacemos con esto — Murmuró, apuntando al vacío en el centro de su palma —Si Sans y yo lo tenemos, es por…

—Gaster.

—Nuestro padre, cuando comenzamos a crecer, decidió que seriamos buenos sujetos de experimentación. Nos encerraba día y noche para intentar inyectarnos… determinación. Del primer niño, que fue el que vivió más junto a nosotros.

Entendió que la única alma con la que lograron experimentar fue con la de Chara. Así se explicaba por sí mismo por qué el resto de las almas no estuvieron en el poder de Asgore, ni tampoco Asriel logró utilizarlas.

—Pap…

—Supongo que por eso Sans y yo, el gran Papyrus, somos tan fuertes — Agregó, sonriendo de manera melancólica — Pero un padre no debería hacer eso con sus hijos… y menos aún con un humano como tú. No se lo perdonaré jamás.

—Pap, todos tomamos buenas o malas decisiones, pero no sabremos el resultado hasta concretarlo.

Sintió una punzada en su alma brillante. La castaña suspiró antes de continuar.

—¿Estas hablando de ti?

—Si. Fui yo quien tomó la decisión de escalar el Monte Ebott. Y los humanos también tomamos malas decisiones, como, por ejemplo… robar, mentir… matar.

Recordó la bufanda de Papyrus caer la primera vez que Chara lo degolló. Las lágrimas salieron de inmediato de los ojos miel de Frisk.

—Estoy seguro que no harías algo así, humana.

Abrazó al hermano menor casi de manera instintiva. Gimoteó bajo sus esqueléticos brazos mientras no entendía como Papyrus podía ser tan bueno con ella.

—Paps. Hay algo que quiero pedirte…

—Si el gran Papyrus puede ayudarte…

—Tengo que hablar con él.

—Oh, no…

—Si no quieres lo entiendo.

—¿Estás haciendo uso de la Guardia Real?

—Eres el único que podrá defenderme frente a él.

—Eres inteligente, Frisk.

Las cuencas entrecerradas del hermano menor provocaron una sonrisa en el rostro de la castaña, la cual se levantó y fue hasta el cuarto de baño que Sans construyo aparentemente para ella, vistiéndose de manera ligera.

Iría a Hotland. Enfrentaría a Gaster.

La camiseta de manga corta de Sans dejaba ver su brazo esquelético a la perfección. Fue inútil buscar un guante lo suficientemente largo como para cubrirlo y salió resignada para encontrarse con el hermano menor junto al mayor, los que parecían estar discutiendo.

—estás loco si crees que irán solos.

—¡SANS! FRISK QUIERE HACERLO…

—es una locura. No ahora, esperemos hasta mañana, ella está agotada, yo también y…

—Sans. Solamente necesito una respuesta.

La mirada del esqueleto mayor fue a parar en el cuerpo de la castaña usando su camiseta. Y luego a su brazo esquelético, lo que hizo que comprendiera.

—cinco minutos, chica. No más que eso.

—Está bien.

Le daría en el gusto solo para tranquilizarlo. Ya tendría más oportunidades para hablar con Gaster.

El bromista chasqueó los dedos y aparecieron los tres en Hotland, en la puerta principal del gran laboratorio de Alphys. Frisk golpeó un par de ocasiones y fue la misma científica quien permitió que entraran para ver a Gaster.

—F-frisk… ¿Estas bien? ¿Q-quieres que te e-examine…?

—¿Podrías revisarme luego? Necesito hablar con él.

—S-si… está en mi cuarto.

Todos caminaron hacia la habitación de la científica. De camino la castaña notó que Flowey se encontraba durmiendo sobre el escritorio de Alphys, o al menos eso pretendía.

Gaster estaba sentado en la cama, envuelto en una manta, con una taza de café en la mano derecha y un computador portátil en el regazo.

Parecía menos tenebroso que la última vez que lo vio. Hizo un ademán de levantarse, pero fue detenido por Sans.

—no es necesario, viejo.

—Gracias, Sans… Papyrus… es un placer volver a verlos.

El esqueleto mayor colocó una silla al lado de la cama y se sentó al lado de su padre. Alphys se retiró en silencio, pero la tensión que emanaban Papyrus y Frisk era desesperante. El esqueleto menor mantenía tras de sí a la humana, la cual no paraba de temblar.

—viejo, la chica… ella es Frisk.

La castaña frunció el ceño. Aquel esqueleto sabía perfectamente quien era ella. Y seguramente también sabia más de lo que le gustaría admitir.

—Es una muchacha algo tímida ¿No?

—OBVIAMENTE NO SE SIENTE SEGURA AQUÍ, PADRE.

El científico se colocó unas gafas que descansaban a su lado, en la mesita de noche.

—Papyrus, en mi defensa, puedo asegurarte que no recuerdo absolutamente nada de lo que sucedió en aquella sala, más de lo que Sans pudo decirme. Creo que tiene que ver con el primer niño, pero estoy investigando aún.

Frisk sintió un escalofrío en su espalda. Pudo ver flamear el ojo de ambos hermanos con preocupación.

—qué demonios tiene que ver Chara con todo eso…

—ÉL MURIÓ. ES IMPOSIBLE QUE…

—¿Es seguro hablar de esto en frente de la jovencita?

—Si Chara tiene algo que ver con esto — Soltó la castaña apuntando su brazo izquierdo — Es apropiado que yo también lo sepa.

Gaster sonrió de medio lado.

—Es posible que cuando experimenté con su alma, su determinación fuera tan fuerte como para hacerme desaparecer del espacio-tiempo y mantenerme en un vacío constante. Es probable que aquella alma, durante todos estos años, haya estado alimentándose de la energía de sus pares, el resto de los niños y Frisk, acumulando el suficiente poder como para manipularme a su gusto. Al fin y al cabo, siempre estuvimos consiente de su poder.

—¿te refieres a las líneas temporales?

—FRISK NO TIENE ESE PODER… YO LO RECORDARÍA. ASÍ COMO SUCEDÍA CON CHARA.

—Siempre tan inocente, Papyrus…

El esqueleto menor miró de inmediato a la castaña, quien desvió la mirada. Suspiró y acumulando su determinación, dos recuadros aparecieron frente a sus ojos.

Afortunadamente, solo eran los de Salvar y Continuar. Ya encontraría el minuto apropiado para contarle todo a Papyrus.

—¡FRISK!

—Este es el poder que tengo. El mismo que utilicé para sacarte de ahí, Gaster.

—Fascinante… podría estudiarlo y…

—¡NO! BASTA DE ESO.

—Paps…

—¡SANS!

—nada de tocar a la chica, G.

—¿Por qué tanto interés por la humana, hijos?

—PORQUE ES MI HERMANA MENOR Y NO PERMITIRÉ QUE HAGAS CON ELLA LO QUE HICISTE CON NOSOTROS.

—¿Hermana menor?

—verás, papá…

—¿Estas involucrado sentimentalmente con un humano, Sans? ¿Acaso estás loco?

—no es tu problema, viejo.

Gaster parecía impactado, sin saber que decir, observaba a sus hijos con intranquilidad.

—No es por eso que estamos aquí. Solo quiero preguntarle ¿Mi brazo volverá a ser como antes?

—Si tanto te importa tu apariencia física, podrías pedirle a Alphys que construya una prótesis para ti.

—Mi apariencia no es algo que a ti deba preocuparte, Gaster. Quiero saber si despellejar un brazo humano hasta los huesos traerá algún tipo de consecuencia o algo parecido.

—Solo eres menos humana y más monstruo.

Frisk salió de la habitación dando un portazo. Con los puños cerrados, caminó dando grandes zancadas hasta salir del laboratorio con la mente llena de dudas. Sin rumbo fijo, terminó entre las flores eco de Waterfall y se sentó en el césped húmedo por la lluvia, alejada de todo camino y monstruos.

Aquel sujeto, Gaster, era un idiota. Aquello era lo único que su mente repetía una y otra vez.

*Frisk.

Las almas parecían estar inquietas en su interior. No notó en que minuto apareció en el limbo.

—Lo lamento, todo esto…

*Nadie podría predecir que esta línea temporal seria así.

—Chara está vivo.

*No exactamente. Su alma, al igual que la tuya, son demasiado fuertes. Fue nuestro error creer que él no estaría aquí.

—¿Puede hacerle daño a alguien aquí?

*Imposible. Ni siquiera podemos sentir su presencia.

—Eso es bueno…

*Pero debemos ser precavidos. Podría intentar acercarse a alguien…

—Flowey.

*Es posible. Cuando percibamos algo, te lo comunicaremos.

Volvió en sí y aún seguía recostada en el césped. Sus pensamientos iban y venían de forma irregular, hasta que una corriente de aire helado hizo que temblara.

—oye, Frisk.

Sans se acomodó a su lado, sonriéndole de manera satisfecha. Aquella mujer era de armas tomar cuando merecía. Ya no quedaba rastro de la niña que conoció hace tantos años.

—Lo siento. No era mi intención enfrentarlos así con su padre…

—es un imbécil.

—¡Lo es!

El bromista comenzó a reír a carcajadas. Quedaron frente a frente debido a la risa de ambos, Frisk secándose las lágrimas que salieron debido a su alegría y Sans colocando una de sus manos sobre la mejilla de la humana.

—los esqueletos no tienen labios.

—Créeme, no es la primera vez que escucho eso.

—sonríe, Frisk.

—¿Eh?

—solo sigue sonriendo.

La castaña sonrió de manera amplia, dejando a la vista sus blancos dientes frente al esqueleto. Éste, de un movimiento rápido, chocó los suyos con los de la humana, para luego girarse y darle la espalda.

Hubo unos segundos de incomodo silencio, mientras Frisk dejaba de sentir aquel dolor agudo en su dentadura. Aquel fue un mal movimiento.

Pero, al fin y al cabo, Sans fue quien dio ese pequeño primer paso.

—Sans…

—lo siento, chica ¿Te duele?

—No…

—¿entonces?

—Siento como si estuviéramos en el infinito.

Sans se giró bruscamente ¿Acaso el golpe había sido tan fuerte como para atrofiar el cerebro de la humana? Suspiró de manera ligera, observando aquellos ojos miel que se dirigían hasta el cielo.

En otro lugar no habría más que piedras o deformaciones, pero aquel paisaje era simplemente hermoso. Las luces, las flores y las linternas en el techo daban una apariencia majestuosa al lugar, tal como había leído y visto en los libros que conservaba y hablaban sobre el universo.

En conjunto, todo parecía la vía láctea.

—feliz cumpleaños, Frisk.

—… Gracias.

El bromista se levantó del suelo y extendió su mano en dirección a la humana, la cual correspondió el gesto, entrelazando sus dedos esqueléticos con los de él.

—vamos a casa.

—A casa.

Caminaron entre la hierba para llegar a Snowdin, en donde el mayor tuvo que quitarse su chaqueta para proteger a la chica del frio, o tendría un resfriado.

Al abrir la puerta de su casa, el confeti cayó directamente en la cabeza de Frisk. Ella logró ver un gran cartel que decía 'Felicidades', varios globos y a sus amigos reunidos en la que ahora era también su casa.

Se llevó las manos a la boca y comenzó a reír sorprendida, mientras los demás comenzaban a cantar deseándole felicidad y amor. Sopló las velas del pastel que Toriel preparó para ella, mientras era abrazada por cada monstruo que estaba en el lugar.

Nadie preguntaba más allá de lo necesario por su brazo esquelético. Lo que agradeció mentalmente.

El ajetreo duró hasta pasada la media noche y con cansancio acumulado, cuando la casa de los hermanos estuvo vacía, decidió que sería bueno dormir y despejar sus pensamientos.

Entró al cuarto de baño y se colocó un pijama bastante abrigado para dormir. Las noches en Snowdin serían difíciles sin la preparación necesaria.

Cuando salió se encontró a Sans sin camiseta y solo con sus pantalones habituales puestos, seguramente buscando alguna otra ropa para dormir.

Lo miró con detención unos segundos. Tenía algunas marcas en sus huesos.

—¿disfrutando la vista?

Ella se sonrojó al instante. Pero desvió el tema.

—En la escuela estudiábamos los huesos. Sus nombres, ubicación, esas cosas.

—Una clase humorística.

—¡Sans!

—¿o más bien tibia?

La castaña comenzó a reír de manera suave.

—Por cierto… ¿Dónde voy a dormir?

El esqueleto parecía confundido.

—en la cama. Conmigo, o si te molesta puedo irme al sillón… da igual, chica.

—Lo tenías fríamente calculado.

Sans sonrió satisfecho.

—no pienses mal, pero prefiero mantenerte cerca.

Frisk lo entendió de inmediato. El bromista estaba preocupado por ella, lo que sucedería desde ahí en adelante era un misterio para ambos.

—Si estaremos aquí, tendré que comprar una estufa o algo así — Murmuró, mientras se metía a la cama y se acurrucaba entre las mantas. Sans la siguió, apagando la luz y dejándose ambientar solo por el sonido de la tormenta de nieve que comenzaba a formarse fuera.

—mañana. Hoy habrá calor humano — Murmuró también el esqueleto, volviéndose humano luego de un destello de luz. Sintió de inmediato a la joven humana acercarse hasta él.

Comprendió de inmediato cuando ella decía que los huesos estaban congelados. No notó hasta ese momento, en que la mano esquelética de Frisk se apoyó sobre su pecho.

—Buenas noches.

—descansa.

El ahora humano Sans comenzó a roncar en menos de un segundo, lo que hizo reír a la castaña. Suspiró, mirando su mano esquelética e intentó dormir sin éxito.

No dimensiono cuanto tiempo pasó hasta que comenzó a escuchar unos grititos provenientes desde la habitación de al lado. Los grititos iban en aumento hasta que ya parecían alaridos de dolor, o miedo.

Sans abrió un solo ojo y desapareció del lado de Frisk.

—¡Pap! Despierta, despierta.

La castaña escuchó que estaba en la habitación contigua, por lo que se levantó para acompañar a ambos hermanos. Papyrus estaba envuelto en sudor, lo cual era extraño para Frisk, pero se limitó a tomar una mano del hermano menor entre las de ella hasta que se tranquilizó.

—NO TE PREOCUPES, SANS.

—no pasaba hace tiempo.

—ES PORQUE LO VI...

Papyrus hablaba de Gaster.

—Lo lamento.

—NO ES TU CULPA, HUMANA.

—¿Estas bien?

—SI… DORMIRÉ AHORA.

—¿seguro, bro? Puedes venir con nosotros, si quieres.

—¡SANS, EL GRAN PAPYRUS YA ES MAYOR PARA ESO!

—heh.

—Pap. Mañana tendremos una cita de hermanos ¿De acuerdo? Descansa, será un día especial.

—¿DE VERDAD, FRISK? ¡NYEH HEH HEH!

Sans sonrió, ya que automáticamente había desaparecido la expresión de terror en la cara de su hermano. Lo acompañaron unos minutos más hasta que volvió a dormir y regresaron hasta su habitación, en donde se recostaron para esta vez dormir de verdad.

—¿qué planeas, chica?

—Voy a contarle todo. Espero que no se enfade conmigo.

—oh.

—Pero primero haré que tenga un buen día.

—estas tomando en serio esto de la pequeña familia.

Frisk asintió. Los parpados le pesaban y poco a poco fue durmiéndose, esperando que la conversación con Papyrus no terminara en desastre.

Temió por primera vez la posibilidad de acabar con su final feliz. Y temió aún más hacer uso de su primer Reset. Y temió la reacción de Sans.


Espero que les guste este capítulo. Mucho amor y determinación para todos.

Setchan.