Gryffindor y Slytherin

Capítulo 10 – Extraviado

Supongo que no corro ningún riesgo diciendo que estoy en sexto y en Slytherin. Prefiero estar solo a estar rodeado de compañía demasiado bulliciosa. Uno de mis mejores amigos es una chica. Paso la mayor parte de mi tiempo libre en la sala común, difícilmente me van a ver deambulando por el castillo en horas que no sean de clase.

Soy bueno en Pociones y disfruto enormemente de las clases. Sin embargo, la materia que más me intriga es Defensa contra las Artes Oscuras. De hecho, espero siempre con ansiosa anticipación las sesiones del ED porque he llegado a darme cuenta de que es una excelente oportunidad para aprender hechizos oscuros y cómo ponerlos en práctica. Estoy convencido de que uno no puede defenderse de un hechizo, cualquiera que sea, si sólo lo conoce en teoría. Para poder aprender los contraconjuros uno debe saber cómo lanzar los hechizos.

Creo que el uso o no de magia oscura es una cuestión de conciencia; el conocimiento de hechizos oscuros, por sí solo, no es suficiente para tildar a alguien de mago oscuro. En cierta forma es como con las pociones, incluso el mejor intencionado de los magos puede terminar preparando un veneno sólo por torpeza o incompetencia, pero no por eso pasa a ser un delincuente o mago oscuro. E incluso los venenos tienen usos aceptables. Es posible que algunos consideren que yo privilegio la pragmática por encima de la ética, yo no creo que sea así. Para mí la ética tiene importancia pero creo que cada uno es responsable de sus actos y que no debería juzgarse a nadie utilizando estándares impuestos por mentes estrechas hace cientos de años.

No obstante, la música de aquella época es la que más me gusta. Me encanta la música de cámara y cualquier pieza musical que tenga acompañamiento con piano. Siempre tuve deseos de aprender a tocar la flauta pero no tengo suficiente paciencia para estudiar. A diferencia de algunos de mis compañeros que en cuestión de gustos disciernen poco y son fanáticos de los Weird Sisters, yo le otorgo mi preferencia a los Cunning Minds. Sus melodías son espectaculares y las letras muy ricas en metáforas… y no es cierto que sean ininteligibles, eso es sólo una opinión —infundada— que echaron a correr unos pocos que no saben apreciar el gran valor intrínseco que poseen las palabras más allá del mero significado que les asignan los diccionarios.

Para concluir, y tal como ha hecho casi todos, voy a mencionar el color que más me gusta. Hay varios colores que suelo elegir para vestirme, pero en general prefiero el negro. Y la razón es que resulta práctico y queda bien con todo.

Gryffindor y Hufflepuff había arriesgado Theodore Nott, el pronóstico de Ravenclaw fue Roper Sheridan. Draco sonrió con satisfacción. Hasta ese momento su redacción era la única —entre las de los alumnos de sexto— que no había podido ser correctamente identificada. Sonrió con júbilo cuando su nombre apareció en letras verdes. No hubo exclamaciones contenidas de sorpresa, sin embargo… bueno, no siempre se pude tener todo, filosofó.

Se volvió hacia Blaise alzando una ceja. Blaise le sonrió de soslayo, luego bajó la vista a sus manos durante un instante y finalmente la alzó y la fijó en la mesa de Hufflepuff. Draco revoleó los ojos. Desde ese domingo —dos semanas antes— cuando los había observado volar, las cosas entre ellos habían vuelto a ser más o menos como antes. Pero no habían vuelto a mencionar a Smith… tampoco hablaban de los vuelos de Blaise, que se habían repetido los domingos subsiguientes.

La redacción de Nott fue la última que se leyó. Draco habría adivinado que se trataba de él aunque hubiese sido la primera que se hubiese leído, la primera frase le hubiera bastado. Nott había mencionado directa o indirectamente a su padre en todos y cada uno de los párrafos. Como era predecible, Gryffindor y Hufflepuff se equivocaron —habían supuesto que era la de Draco— pero Ravenclaw identificó a Nott correctamente.

Y pensar que habían tenido varias semanas para elaborar sus pronósticos, pero habían tenido que entregarlos en Halloween antes de que se leyera la primera redacción. Era el último día de lectura y al final se daría a conocer el nombre de la Casa ganadora. Siete redacciones no habían sido identificadas, Slytherin ya se había adjudicado trescientos cincuenta puntos, más puntos que la Casa que finalmente ganara.

Miró hacia la mesa de Ravenclaw y le guiñó a Morag, recibió una sonrisa en respuesta. Se habían reunido varias veces después de la fiesta de Hufflepuff y habían acordado otro encuentro para esa noche después de la cena.

En ese instante, Dumbledore se puso de pie y palmeó tres veces. Todos hicieron silencio.

—Ha llegado el momento de anunciar al ganador. —dijo sonriendo— Con gran placer le adjudico a Ravenclaw trescientos puntos, fueron los que tuvieron mayor cantidad de aciertos.

Hubo gran alborozo y hurras en la mesa de Ravenclaw. Dumbledore esperó pacientemente unos instantes y volvió a pedir silencio.

—Espero que todos hayamos aprendido algo de esto, que fue a la vez un juego y un ejercicio. Hubo siete personas que no pudieron ser identificadas por sus propios compañeros… eso es algo que debería darles material para la reflexión.

Draco giró la cabeza mirando a sus compañeros con suficiencia. Pansy ahogó risitas en la manga.

—Nosotros sí que te hubiéramos identificado. —le susurró ella al oído— Muchas han sido las discusiones que tuviste con Blaise por los Cunning Minds.

Dumbledore dio oficialmente por finalizado el concurso y les deseó a todos buenas noches. Todos empezaron a levantarse de sus asientos. Draco les dijo a Pansy y Blaise que los vería más tarde y partió hacia la biblioteca.

Por el camino se cruzó con un grupo de alumnos de tercero que todavía seguían hablando del escándalo del partido de semana antes. ¿Es que acaso iban a seguir hablando eternamente de lo mismo? Nada se había averiguado sobre el que había soltado la segunda snitch y la cuestión seguía ventilándose en la prensa. Rita Skeeter no había podido acceder al castillo y había recurrido a publicar otro tipo de notas ventilando supuestos escándalos relacionados con los profesores de Hogwarts. La última había sido sobre McGonagall y un presunto affaire amoroso que había mantenido con un cantante americano cuando tenía unos veintitantos años.

Wright & Sons habían puesto en marcha una investigación para desarrollar un nuevo tipo de snitch. Una bola que se negaría a moverse si había alguna otra suelta en las cercanías. Hasta que el nuevo prototipo saliera al mercado, en todos los estadios del mundo controlaban a los espectadores a la entrada para descubrir si alguno llevaba encima una snitch adicional. Draco frunció el ceño mientras aguardaba que la escalera móvil se detuviera y le diera acceso al cuarto piso. ¿Por qué los fabricantes no habían pensado en eso mucho antes? Antes de que a Draco le tocara sufrir por culpa de su negligencia y falta de visión.

Los Slytherin habían estado investigando métodos para identificar al culpable pero hasta ese momento sólo se les habían ocurrido alternativas ilegales que les hubieran significado la expulsión de haberlas puesto en práctica.

Entró en la biblioteca poco después y fue a ubicarse en un área de estudio que estaba bien al fondo. Morag llegó unos minutos más tarde y vino a sentársele enfrente.

—Excelente trabajo, me dejaste impresionada. Yo estaba segura de que iba a poder identificarte.

Draco le sonrió con indulgencia. —Yo siempre apunto a asombrar.

Morag rió ante el alarde. —Yo ya sabía que no me la ibas a poner fácil.

—Naturalmente… y hablando de las redacciones, ¿Cómo es posible que hayan confundido a Tracey con Queenie… es decir, Daphne?

—Supongo que es algo bastante obvio… ¿vos no escuchaste la redacción de Tracey?

—Eh… no… el día que la leyeron no estaba prestando atención. —admitió Draco.

Morag lo reprendió alzando una ceja. —Bueno, Tracey escribió que había estado enamoradísima de Ernie Macmillan cuando tenía diez años.

Draco no disimuló su sorpresa. —¿Tracey conocía a Macmillan por entonces?

—Así parece… y bueno, como Daphne y Macmillan están saliendo… parecía un número puesto.

Draco sonrió divertido, Tracey lo había hecho a propósito, por supuesto. Y no era de las que tuviera prurito alguno de hablar de sus muchos romances. Y Daphne estaba saliendo con Macmillan, era algo que todos sabían. Hizo una nota mental para felicitarla más tarde, ni la inteligencia de Ravenclaw alcanzaba para superar la astucia de Slytherin.

—Así que al equivocarse con Tracey terminaron también equivocándose con Daphne.

—Así es, pero no vayas a decirle a nadie que yo te lo conté.

Después pasaron a hablar de otros temas triviales. Una cosa que Draco no habría nunca imaginado que ocurriría ese año era que haría una nueva amiga… o más apropiadamente, que recuperaría a una vieja amiga.

oOo

Le estaba resultando muy difícil conseguir hablar a solas con Queenie, Nott parecía estar siempre cerca de ella. Así que ese viernes les encargó a Gregory y Vincent que entretuvieran a Nott de alguna forma durante un rato para que él pudiera abordarla.

—¿Y qué se supone que hagamos? —preguntó Vincent al tiempo que se rascaba la nuca.

—Lo que se les ocurra… sólo asegúrense de retenerlo por lo menos diez minutos.

Queenie acababa de sentarse junto a la chimenea con un libro en las manos. Greg y Vincent asintieron y salieron. Draco fue a sentarse al lado de Daphne.

Ella se volvió y lo miró con algo de desconcierto… y quizá con una pizca de desconfianza también.

—¿Me has estado evitando últimamente?

—Quizá. —respondió ella sin comprometerse.

Draco le sonrió. —¿Por qué?

—Bueno… la redacción… Ernie… —empezó a decir insegura, luego bajó la vista al libro y el rubor le inundó las mejillas.

—¿Rompiste con él?

Ella alzó la cabeza con brusquedad y lo miró desafiante. —¡Por supuesto que no!

Draco no creía que le estuviera mintiendo. Últimamente había notado que ella no estaba tan tensa y casi siempre al borde de las lágrimas como semanas antes.

—Entonces… ¿Cómo van las cosas? —preguntó Draco con cautela.

Ella suspiró. —Draco, ¿qué es lo que estás buscando?

Él fingió ofenderse. —Hablar con vos, por supuesto.

—¿Para qué? Vos nunca venís a hablar conmigo… a menos que quieras obtener algo…

Draco se apoyó contra el respaldo y fijó en ella una mirada fría. —Es difícil poder hablar con vos… Nott no permite que nadie se te acerque.

Por un momento una expresión extraña cruzó por el rostro de ella. Volvió a suspirar. —Supongo que tenés razón. —admitió finalmente.

—Entonces… ¿Cómo te van las cosas? ¿Todavía seguís con la idea de transformarte en animagus?

Queenie había mencionado ese asunto en la redacción.

Ella negó con la cabeza. —Ya no… ahora que sé que uno no puede elegir el animal, la idea dejó de seducirme… mirá si terminara transformada en cerdo.

Draco dejó oír una risa corta. —Oíme, quiero invitarte para que vengas con nosotros el próximo fin de semana de Hogsmeade.

En los últimos tiempos había pensado mucho sobre el asunto de la unión de los Slytherin y había llegado a la conclusión de que ya no podían darse el lujo de mantener un frente dividido. Puesto que las otras Casas habían comenzado a llevarse mejor entre ellas y con toda seguridad terminarían alineándose con Potter. Era su obligación como prefecto que al menos los de sexto lograran una mayor cohesión… y Queenie era uno de los eslabones más débiles.

—Draco, vos sabés muy bien que Pansy y yo nunca nos hemos llevado bien. —le recordó ella con una mirada de soslayo.

—Por eso no te preocupes. Yo me encargo de Pansy. Entonces, ¿vas a venir con nosotros?

Ella se removió incómoda. —Está bien. —concedió tras una larga pausa— Pero…

—¿Sí?

—Este…eh… Ernie…

—Oh… entiendo… pero no te vamos a tener "cautiva" todo el tiempo y no sos la única que tiene amigos de las otras Casas. —dijo Draco revoleando los ojos. Queenie rió.

En ese momento se oyeron gritos en la puerta y Draco se puso de pie para ir a ver qué pasaba. Greg y Vince habían formado una barrera impenetrable frente a la puerta y Nott los estaba insultando de arriba abajo.

Draco intercedió, Vince y Greg se apartaron y Nott finalmente pudo acceder. Enfiló directo hacia los dormitorios sin dejar de mascullar obscenidades.

Draco lo siguió con la mirada hasta que desapareció en el pasillo. Nott seguía resultándole un enigma. No se interesaba por nada y prácticamente no interactuaba con nadie. Las actividades de los Slytherin parecían resultarle ajenas. Decidió que iba a tener que averiguar un poco más y hacer algo al respecto.

oOo

Estaba en el que se había vuelto su puesto habitual de observación soportando los ataques implacables del helado viento de otoño. Todos los domingos iba a observar a Blaise, Potter, Smith y Boot mientras volaban. Era ya la cuarta vez. El partido entre Hufflepuff y Ravenclaw tendría lugar el sábado siguiente. Smith se estaba tomando las cosas muy en serio, se notaba por su modo de volar. Potter lo llamó haciéndole una seña y Smith se le acercó. Potter le dijo algo y Smith se rió. Draco sintió una inexplicable opresión en el pecho y apartó la mirada.

Volvió a mirar unos momentos después. Blaise estaba intentando una complicada maniobra de los guardaaros, la estrella de mar, que consistía en quedar colgado de la escoba sosteniéndose sólo con una mano y un pie. Potter y Smith lo observaban flotando un poco más abajo. Los ojos de Draco se desorbitaron de horror, ¡¿cómo podían dejarlo que probara algo así?! Incluso eran muy pocos los jugadores profesionales que se animaban a practicarla… ¡era peligrosísima! Finalmente Blaise se dio por vencido, no había logrado completarla, y con bastante dificultad pudo retreparse a la escoba. Smith voló en ascenso, le palmeó la espalda y le dijo algo que lo hizo reír.

Draco sopesó la idea de ir a buscar su escoba y unírseles. ¿Por qué no? Blaise era su mejor amigo, después de todo… y no hacía falta que alternara con los otros, podía volar solo por otro lado… Pero no, desechó la posibilidad. Giró sobre sí mismo y empezó a alejarse. Tenía una sensación desagradable en el estómago, alguien podría haber sugerido que se trataba de arrepentimiento por no haber aceptado la invitación de Blaise ese primer domingo. Sacudió la cabeza con fastidio para apartar el pensamiento. Si él hubiese aparecido ese día, los otros tres se hubieran ido de inmediato… de eso no le cabían dudas.

Sus pasos lo habían llevado al borde del Bosque Prohibido, no muy lejos de la cabaña del medio gigante, que lucía desierta. De repente sintió que se le erizaban los cabellos de la nuca, se dio vuelta abruptamente pero no había nadie detrás de él. Desde donde se encontraba el campo de quidditch ya no podía divisarse. Se le intensificó la sensación de náusea. Una vocecita que sólo podía provenir de su cabeza le preguntó despiadada: ¿Llegás a darte cuenta de lo totalmente absurda que se ha vuelto tu vida?

La desesperación lo inundó y empezó a caminar sin fijarse por donde iba. El entorno pareció desdibujarse, así como todas las cosas que había hecho en su vida parecieron esfumarse en un instante. No podía recordar nada en lo que hubiera logrado el éxito, sólo los fracasos. Granger que lo superaba en la parte académica. Potter que lo superaba en quidditch y Blaise que lo superaba en las relaciones sociales. Era gay, una vergüenza para el nombre de Malfoy y para su linaje sangrepura. Con gran bronca pateó las agujas de pino que cubrían el suelo, era una forma de desahogarse y también de contener las lágrimas. La vocecita en su cabeza soltó un cacareo: Eh, chaval, ¿que pasó con eso de que los Slytherin no lloran?

—¡Y es cierto! —masculló pasándose una manga por los ojos.

Había seguido avanzando sin poner atención, el bosque a su alrededor se notaba mucho más espeso. Se le ocurrió que nunca iba a poder volver a salir vivo de allí. No había por lo tanto ninguna razón que le impidiera dejarse caer y llorar a lágrima viva… estaba condenado a deambular sin rumbo por ese bosque hasta el fin de sus días… un fin que no podía estar demasiado lejos. Otra vez la vocecita… pero quizá no era la misma porque sonaba muy parecida a la de Snape: ¿No te parece que estás exagerando un poquitín haciéndote tanto drama?

Era cierto, pero los pensamientos depresivos se habían adueñado de su mente. Y además tenía la sensación de que lo observaban… seguramente se trataba de algo inmenso y desagradable… y ominoso. Oyó un sonido como si alguien rascara algo, provenía de atrás… se detuvo de golpe… pero pensándolo mejor, qué le importaba si una bestia feroz lo atacaba… toda su vida no era sino fútil e irrelevante… y sin embargo sentía curiosidad… al final no iba a establecer ninguna diferencia… podía permitirse satisfacerla ante de su muerte inminente.

Lentamente fue dándose vuelta y pasó a estudiar minuciosamente los árboles y la espesura, no vio nada peligroso. No fue sino hasta que bajó un poco la vista que lo vio y comprendió al instante porqué de golpe se había precipitado en un abismo de desesperación. ¿Cómo no se le había ocurrido? Era un tema que habían visto extensivamente con la profesora Grubbly-Plack el período anterior y Draco había escrito una monografía que había sido calificada con una nota excelente.

Era un Pogrebin. Una figura humanoide, cubierta —excepto el cráneo— por una tupida pelambre gris; emanaba un olor mohoso… recién en ese momento tomaba consciencia pero venía sintiendo ese olor desde hacía ya un largo rato. La criatura tenía unos treinta centímetros de alto, la cabeza calva desproporcionadamente grande se alzó un poco para mirarlo, desnudó dos filas de afilados dientes que parecían agujas, los oscuros ojos pardos se clavaron en Draco con malicia. Los brazos se le balancearon a los lados cuando se adelantó un paso al tiempo que soltaba un graznido grave y gutural.

¡Stupefy!

Pero Draco no había apuntado bien. El haz rojo terminó impactando a un costado del demonio. La criatura chilló, pegó un salto, huyó corriendo y desapareció entre los arbustos. El insoportable desamparo de momentos antes dejó de oprimirle el pecho pero al mismo tiempo empezó a invadirlo el pánico.

Apretó los labios y miró alrededor, estaba en un pequeño claro. Era poca la luz del sol de la tarde que lograba filtrarse a través del denso follaje. Y rodeándolo no podía ver otra cosa que no fueran árboles y arbustos… ¡Genial! ¡Estaba perdido en el bosque!

Se sentó sobre un tronco cercano a ponerse a pensar qué podía hacer. Conocía el encantamiento para orientarse pero de poco le iba a servir, el bosque le era totalmente desconocido y no sabía en qué dirección se encontraba el castillo. Suspiró con frustración… y trató de pensar en algún otro encantamiento que pudiera resultarle de utilidad.

Levitarse por encima de los árboles no era una posibilidad, las veces que lo había intentado cuanto mucho había conseguido elevarse un metro antes de caerse.

Se acordó de la penitencia que le había tocado cumplir en el bosque con Granger y Longbottom en primer año. ¡Cómo se había asustado Longbottom cuando lo había agarrado desde atrás por sorpresa! Había saltado y chillado… y después había lanzado chispas hacia arriba. Sí… ésa podía ser una solución, con un poco de suerte alguien desde el castillo podía llegar a ver las chispas y vendrían a buscarlo.

Se oyó entonces un estruendo que había sonado relativamente cerca, Draco se estremeció sobresaltado. Quizá no había estado tan alejado del castillo después de todo. Avanzó unos pasos en la dirección de la que había venido el ruido. El estruendo se repitió pero más cercano aun. Parecía como si algo o alguien estuviera arrancando árboles de cuajo, fuera lo que fuere era claro que no auguraba nada bueno.

Percibió un tremor del suelo, con el corazón desbocado en el pecho, retrocedió varios pasos. Dos árboles fueron apartados hacia los lados de repente y un ser mastodóntico ingresó al claro, estaba a sólo unos pocos metros de distancia. Draco alzó la varita pero sabía que de poco le iba a servir. Era un gigante. Y los de su especie repelían prácticamente todo tipo de magia. Debía de tener unos ocho metros de alto. Retrocedió un poco más… pero la criatura ya lo había avistado.

Avanzó otro paso acercándosele, la tierra volvió a vibrar. Draco reculó nuevamente pero se enganchó con una raíz y cayó al suelo, la varita se le escapó de la mano. Los ojos pardoverdosos estaban fijos en él mirándolo con expresión estúpida. El gigante abrió la boca, los dientes amarillos quedaron expuestos, y lanzó un rugido. Avanzó otro paso y estiró una mano para agarrarlo.

—¡Grawp, no! —gritó una voz. Una voz que Draco conocía muy bien.

El gigante se detuvo en seco y volvió la cabeza hacia el recién llegado.

—¿Harry?

Draco estuvo a punto de desmayarse. ¡La criatura conocía a Potter por su nombre!

—¡No, Grawp! —gritó Potter otra vez.

Draco aprovechó la distracción, logró ponerse de pie, retrocedió y se escondió a medias detrás del gran tronco de un árbol. Temblaba de pies a cabeza. ¡El gigante tenía nombre y Potter lo conocía! Y en cierta forma Potter podía controlarlo. Aunque quizá no demasiado porque a pesar de que estaba flameando los brazos frenéticamente para hacerlo retroceder, la criatura seguía sin moverse y lanzaba miradas hostiles de soslayo hacia el lugar donde se había escondido Draco.

Draco se tapó la boca con las dos manos, los dientes le castañeteaban y el hedor que provenía del gigante le había revuelto el estómago, estaba a punto de vomitar.

Potter alzó la varita y lanzó una nube de chispas escarlata muy próxima a la cabeza del gigante. La criatura parpadeó varias veces y levantó las manos tratando de capturarlas como si fueran moscas. Potter lanzó otro haz de chispas, pero apuntó al borde del claro. El gigante se desplazó alejándose como hipnotizado por el brillo de las chispas que semejaban luciérnagas rojas. Potter repitió el procedimiento, pero apuntando más alto y más lejos. El gigante desapareció entre los árboles dando manotazos en el aire como un chico que persigue mariposas tratando de agarrarlas.

Un instante después sintió una mano que le asía el brazo. —¡Vamos! —lo urgió Potter tironeándolo.

Draco lo siguió tambaleando aturdido. Abandonaron el claro internándose en los arbustos. Una rama espinosa le arañó la cara, estuvo a punto de gritar pero Potter lo previno llevándose un dedo a los labios.

—Shh… todavía podría oírte. —susurró.

—¿Qué carajo hace una cosa como ésa en el bosque? —susurró Draco a su vez.

Pero Potter ignoró la pregunta y permaneció quieto esperando hasta que los pasos del gigante dejaron de oírse.

—Tengo que ir a buscar mi escoba. Quedate acá. —ordenó Potter cuando lo consideró seguro.

—¡Sí, claro! ¿Para que puedas abandonarme acá? ¡Ni lo pienses, Potter! —replicó Draco. El corazón le estaba bailando un mambo en el pecho y las rodillas le temblaban.

Siguió a Potter desplazándose entre los arbustos, las manos a la altura de la cara para prevenir más arañazos. Potter lo había conducido de regreso al claro. Y un instante después desapareció entre los árboles de la izquierda.

¡La varita!, se acordó Draco. Seguía caída sobre el suelo, la recuperó de inmediato, no había sufrido daño alguno. El contacto con la madera le dio seguridad. El terror de segundos antes pareció esfumarse de golpe. Y fue entonces que lo asaltó la idea… Potter… lo tenía donde lo quería… solo, sin testigos…

A pesar de lo que había escrito en el diario, nunca había abrigado serias intenciones de asesinarlo… más que nada porque sabía que lo habrían descubierto y que el castigo habría sido severísimo. Ciertamente detestaba a Potter al punto de querer hacerle daño y durante las semanas anteriores había fantaseado imaginando diversas situaciones en las que lo mataba y escapaba impune.

Y fue entonces que comprendió que la situación había cambiado completamente por lo que había pasado unos minutos antes. Draco le debía la vida a Potter. Si no hubiese venido en su auxilio el gigante lo habría aplastado. Ya no podía matar a Potter. La magia que rodeaba a una deuda de vida era ancestral y poderosísima… y las consecuencias de tratar de oponerse a ella habrían sido espantosas.

Potter reapareció portando la escoba. Draco lo fusiló con la mirada.

—De nada, Malfoy. —dijo Potter animoso. Draco hizo una mueca de desdén. Potter revoleó los ojos y le preguntó: —¿Sabés cómo volver?

—Si supiera cómo salir de este maldito lugar no habría lanzado las chispas…

Potter rió. —¿Te perdiste?

—¡No me perdí! —protestó Draco— Caí victima del encantamiento de un pogrebin. —precisó con mirada desafiante.

Potter pareció sorprenderse. —¿Un pogrebin? ¿Son como los describen en los libros?

—No me detuve a examinarlo minuciosamente bajo una lupa, Potter. Apenas lo vi lo espanté con un encantamiento aturdidor.

—¿Era preciso que lo atacaras?

—Así es como recomiendan que uno se defienda, ¿es que acaso no sabés nada? Y se trataba de un demonio… hay otros que atacan a personas… como alguien que conozco… en el Ministerio…

Potter lo miró con odio. —¿Qué querés decir con eso? —preguntó amenazador. Apretaba el mango de la escoba con tal fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.

—Ya sabrás deducirlo… a menos que seas tan necio como parecés.

Potter soltó un largo suspiro y cerró los ojos por un momento. —Lo que vos digas, Malfoy —dijo finalmente— Si querés salir de acá, seguime. —dijo dándose vuelta y poniéndose en marcha.

Apretando las mandíbulas se apresuró a seguirlo, imaginando un sinfín de cosas desagradables que podrían ocurrirle al Gryffindor imbécil. ¿Por qué había tenido que ser justo él el que apareciera? Draco hubiese preferido incluso deberle la vida al palurdo de Hagrid… ¿Por qué había tenido que ser justo el pajero insufrible?

—Parece que sabés manejarte muy bien en el bosque… —comentó sarcástico— …considerando que está terminantemente prohibido el ingreso de los alumnos.

—No sos el más indicado para hablar, Malfoy… ¿o acaso viniste a cumplir funciones de prefecto?

—¡Ya te había dicho que fue culpa del pogrebin! —bufó Draco y para su desgracia se tropezó con una raíz que lo hizo tambalear de manera muy poco digna.

Potter soltó una risita y prosiguió la marcha.

—No contestaste a mi pregunta, Potter.

—¿Qué pregunta? —dijo Potter sin volverse.

Fue entonces que Draco notó algo que lo hizo detenerse de repente. —¡Mirá eso! —exclamó. Potter giró de inmediato. Draco estaba apuntando hacia un punto alejado entre los árboles. Una especie de reflejo muy brillante.

—Humm… te aseguro que ése es un lugar al que no nos conviene ir… es donde vive Aragog…

—¿Aragog?

Potter se golpeó la frente como castigándose por el desliz. —Una de las mascotas de Hagrid…

El nombre le resultaba conocido. Potter ya estaba otra vez en camino y Draco fue tras él. Aragog, Aragog… el Weasel… el Weasel había dicho algo esa vez en la clase de Criaturas…

—¿Por qué Weasley le tiene miedo a Aragog, Potter? —aventuró.

Potter se detuvo abruptamente y se volvió a mirarlo.

—¿Qué te hace pensar que le tiene miedo?

Draco no había anticipado que se detendría de golpe y casi se chocó contra el otro. Habían quedado muy próximos, Potter olía a sudor y a viento.

—Tengo mis medios… pero no creo que sea necesario mencionártelos. —contestó retrocediendo un paso.

Potter masculló algo que no alcanzó a entender, una grosería sin dudas, y se puso en marcha otra vez. Draco lo siguió pero manteniendo una distancia mayor, no quería que se repitiera el choque de unos segundos antes.

Poco después llegaron a otro claro. En el centro sobre el suelo había un gran tronco que tenía varias flechas clavadas. Potter hizo un reconocimiento rápido del entorno y se apresuró a correr hasta el otro extremo agachándose un poco durante el trayecto. Una ardilla brotó del tronco hueco y partió veloz a esconderse entre los arbustos. Draco se desplazó repitiendo los mismos movimientos de Potter.

Anduvieron recorriendo diferentes senderos durante varios minutos. En el aire había empezado a percibirse un tenue olor a lirios y a juncos, debían de estar acercándose al lago. Soltó un suspiro de alivio. Realmente había tenido suerte, el gigante habría podido descuartizarlo… o podría haber terminado enfrentado a ese Aragog…

Una vez más Potter se detuvo repentinamente y Draco que iba distraído en sus pensamientos no pudo evitar chocárselo. Los dos estuvieron a punto de caerse. Draco se le aferró de la toga tratando de no pensar en el calor que irradiaba el cuerpo de Potter… ¿quién habría podido imaginar que el imbécil canijo pudiera ser tan cálido? Cuando logró estabilizarse se separó, se apoyó contra un tronco y se agachó para masajearse una pierna, se la había golpeado contra el mango de la escoba en la colisión. Lanzó un quejido, la pierna realmente le dolía.

—¡Silencio! —demandó Potter. Daba la impresión de que estaba aguzando el oído para ubicar algún tipo de sonido.

—¿Estás intentando trenzarte en una lucha libre conmigo? —Draco le acercó la boca a la oreja y agregó susurrando— Si ese fuera el caso creo que lo venís encarando mal.

Lo observó estremecerse un poco y el cuello se le estaba cubriendo con piel de gallina. Potter giró para enfrentarlo, estaban muy cerca el uno del otro. Draco alzó una comisura y fijó la mirada en el puente de la nariz de Potter, de esa forma no tenía que mirarlo directo a los ojos. Inexplicablemente sintió un extraño impulso… lo invadieron unas ganas tremendas de quitarle los antojos

—¿Qué es exactamente lo que querés insinuar?

Draco trató de adoptar una expresión inocente, pero por la cabeza empezaron a cruzársele un montón de imágenes de cosas que podía ocurrir a continuación en una situación como ésa. Horrorizado, sintió que se estaba ruborizando… no, no podía ser, tenía que apartar esas imágenes… era inconcebible… ¡no era cualquier otro chico el que estaba a su lado, era Potter!

—¿Por qué no me lo decís vos? Fuiste vos el que bailó con Vincent. —dijo tratando de sonar muy incisivo, pero le voz le había salido como un graznido muy poco digno, así que el efecto se diluyó mucho.

Potter lo aferró de la toga y lo acercó incluso más. Los ojos verdes fulguraban peligrosos detrás de los cristales de los lentes. Draco empezó a considerar que hubiera sido mejor no haber dicho eso último. Estaban solos en el bosque… y Potter podía reaccionar muy mal…

—Hay ciertos límites que deberías cuidarte de cruzar, Malfoy. —dijo Potter con vehemencia. Y lo besó.

Draco ahogó un grito de sorpresa y atinó a retroceder al tiempo que le daba un empujón para separarse más aun. El impulso había sido mayor al conveniente porque termino cayendo sentado hacia atrás, el dolor en el muslo se le reavivó. Inmediatamente se limpió los labios con la manga de la toga.

—¡Potter! ¿¡Qué carajo fue eso que hiciste?! —le escupió.

Desde arriba, Potter lo miraba muy serio. —Si vuelvo a oír otra referencia directa o velada respecto de mi orientación sexual voy a hacer una declaración pública informándoles a todos el nombre del primer chico al que besé… y voy a asegurarme de que me administren Veritaserum antes para que no quede duda de que digo la verdad.

—Hijo de puta. —masculló Draco tratando de ponerse de pie, pero el movimiento le arrancó una mueca de dolor.

Potter alzó una comisura y le tendió una mano. Draco la aceptó pero taladrándole los ojos con una miranda furibunda. Lo soltó apenas logró estabilizarse y de inmediato procedió a limpiarse sacudiéndose las ropas. Potter giró sobre sus talones, se cargó la escoba al hombro y empezó a alejarse sin volverse a mirarlo. Draco se quedó mirándolo hasta que hubo desaparecido entre los árboles. Se llevó la yema de dos dedos a los labios y apretó… ¿el primer chico al que besó? repitió en su mente.

Diario de Draco Malfoy, 24 de noviembre.

Le escribí a mamá diciéndole del gigante en el bosque. Alguien tiene que informarles a los del Ministerio sobre la inconciencia de los responsables de la escuela. ¡Es inconcebible! ¿¡Cómo puede Dumbledore permitirlo?! Si Potter sabía del gigante, Dumbledore también debe de saberlo… ¿y si se le ocurriera atacar la escuela? Potter incluso lo conoce por su nombre, no me sorprendería que haya sido él mismo el que lo bautizó. ¡¿Es que estos imbéciles no tienen ni un mínimo de cerebro?! ¡Un gigante! Tiemblo de solo pensar que pudiera acceder al patio del castillo… ¡y estuvo a punto de matarme!

Estoy empezando a pensar que Potter ha sido puesto en este mundo con el solo propósito de fastidiarme. No encuentro palabras para expresar cuán indignado estoy después del incidente del bosque. ¿Y si comisionara a Vince y Greg para que asesinen a Potter? Podría presentarme en ese momento para salvarlo… y así habría pagado mi deuda de vida y podría volver a odiarlo como antes y sin remordimientos. Por supuesto que eso no serviría… pero resultó divertido imaginarlo. En realidad sigo odiándolo pero ahora no puedo matarlo… no obstante, nada me impide seguir haciéndole la vida lo más desagradable posible.

Y hablando de cosas desagradables… Potter realmente tuvo la audacia de besarme. Harry Potter me besó. No lo entiendo. Por lo que dijo, fue un recurso para poder extorsionarme… para que no lo difame… probablemente no son más que alardes… Potter no es tan retorcido… ¡y lo del Veritaserum… qué descarado! Creo que será mejor que me vaya a dormir.

Espero que no esté convencido de que va a poder escaparse de ésta sin pagar las consecuencias.

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