Hola queridos lectores

esta historia no me pertenece el credito, les reitero que es de la gran autora msgrandchester, espero que se deleiten con las hermosas palabras de ella en esta historia, como yo lo he hecho jejeje ;D

saludos ...

El paisaje empezaba a ser familiar con sus grandes árboles sombreando el camino principal. Granjeros compartían la vía, sus carretas llenas de frutas o vegetales, pastores arreaban vacas, ovejas seguían a sus pastores, niños jugaban en las puertas de las casas mientras sus madres tendían sábanas al sol y al viento.

Era la imagen perfecta de la campiña INGLESA.

El convertible cruzó con rapidez el pueblo pero no por eso dejó de llamar la atención por dos motivos: la velocidad con la que se desplazaba y el heraldo del automóvil.

Los comentarios empezaron a propagarse, más de uno se preguntándose si en realidad era el heredero de Sir Richard.

Con el rabillo del ojo, Terrence notó que las personas se asomaban a los balcones y que los niños empezaban a correr tras de él. El duque tragó en seco y pisó hasta el fondo el acelerador, levantando polvo en el camino.

A la distancia, Terrence divisó la torre del castillo como un punto negro en el horizonte y su corazón dio un brinco.

"Estoy llegando a casa" – pensó.

El joven frunció al percatarse de la emoción que lo estaba invadiendo. Hacía casi diez años desde la última vez que visitó el castillo y no entendía la razón.

Al fin y al cabo, las únicas veces que estuvo ahí fueron cuando se escapaba del internado. Su padre siempre lo enviaba de regreso pero al menos compartían juntos un par de horas.

La vía se curveó y Terrence abrió los ojos como platos al ver aparecer cuatro vacas en su camino y una mujer junto a ellos.

"¡Por todos los cielos!" – exclamó girando el timón abruptamente.

Candy contuvo el aliento al percatarse que un auto se dirigía hacia ella.

"¡Quítate, quítate!" – gritó el aristócrata.

Terrence escuchó un grito y volvió a pisar los frenos mientras escuchaba un golpe sordo. El auto finalmente se detuvo a raya y el duque prácticamente saltó del vehiculo, preocupado de haberla golpeado.

Su rostro cambió de aflicción a uno de diversión; una canasta que volaba por los aires caía a sus pies, después de verter su contenido por el suelo y sobre la mujer.

Una carcajada se escapó de los labios de Terrence seguida por otra hasta que se convirtió en risa.

Candy estaba sentada en el suelo, yemas de huevo fluyendo por su rostro, pedazos de cascarrones enredados entre sus rizos. Ella levantó la mirada enojada, ojos entrecerrados para mirar al imprudente causante de su infortunio.

Una vaca mugió junto a ella, su nariz acercándose al rostro femenino.

"Lo siento" – dijo él entre risas – "¿estás bien?"

"¿Se sigue riendo?" – preguntó iracunda – "¡Que grosero!"

"No es mi" – risas – "intención pero" – risas – "es que te ves tan graciosa."

"¡¿Cómo se atreve a burlarse de mi?" – replicó ella apartando un poco de clara que se deslizaba por el puente de su nariz.

"Oye, oye, lo siento mucho" – dijo intentando controlar su risa.

"¡Guárdese sus excusas!" – exclamó poniéndose de pie – "¡¿Qué clase de desquiciado es usted que maneja como si estuviera en una pista de carreras?"

"Oiga…"

"¡No, oiga usted! ¡Pudo haberme matado!"

Terrence dejó de reír para mirar a la muchacha que gesticulaba furiosamente con las manos y cuyos ojos parecían dagas.

"Dije que lo sentía" – dijo él cruzándose de brazos.

"¡Guárdese sus disculpas!" – gritó ella manos sobre la cintura.

"¡Que carácter!" – dijo Terrence sacudiendo la cabeza – "No me sorprendería si te quedas solterona."

"¿Qué?"

"Lo que escuchaste. Aparte de mal geniosa" – empezó a decir escudriñando el rostro de Candy – "¡Pecosa!"

El rostro de Candy reflejaba incredulidad y enojo. Terrence presintió que ella iba a desquitarse y no se equivocó al verla llevar las manos hacia su cabello rubio para tomar los cascarones que ahí reposaban.

Muy a tiempo, Terrence logró esquivarla y corrió hacia su automóvil. Con un grito de frustración, Candy se inclinó para recoger los huevos reventados que yacían en el suelo y empezar a lanzarlos hacia el auto.

"¡Detente cobarde! ¡Grosero! – aullaba Candy mientras él encendía los motores.

Candy empezó a toser al tragar la nube de polvo que Terrence dejaba tras él. La joven dio un brinco de coraje en su sitio mientras las vacas volvían a mugir. Frustrada, pateó la canasta que reposaba en el suelo.

"Señorita Candy, ¿está bien?" – preguntó un joven campesino apareciendo entre la maleza, sorprendiéndose ante su apariencia.

"Sí…bien…" – dijo tomando un respiro – "pero casi matan a tus vacas. Hay un loco suelto en este camino."

"¿Qué dice?"

"Apareció de la nada y casi se lleva las vacas por delante y a mi pero sólo le dio a la canasta que llevaba."

"Que cayó sobre usted" – dijo el muchacho intentando no sonreír.

"Anda, ríete, imagino que me veo muy graciosa."

Tras el volante Terrence continuaba riéndose. Hacía años que no reía de esa manera; tan libre y tan profundamente.

"¡Pobrecilla! ¡El susto que debe haberse dado! Tendré que averiguar quien era y PAGARLE por su cesta de huevos, seguro los iba a vender en el pueblo."

La impresionante fachada del Castillo Grandchester distrajo sus pensamientos. La bandera ondeaba a media asta como se acostumbraba cuando fallecía un duque.

Terrence sabía que por tradición volverían a izarla por completo cuando el heredero asumía el ducado. El auto atravesó el portón de hierro y tomó el camino hacia la entrada.

Los empleados que trabajaban en el jardín levantaron la mirada al escuchar el ruido del motor y se sorprendieron al ver la insignia de los Grandchester.

"El nuevo duque ha llegado" – dijo uno y todos se levantaron para correr hacia el auto.

"¡El duque, el duque ha llegado!" – exclamó otro corriendo hacia la casa.

La exclamación de asombro de Dorothy y los demás hizo eco en toda la casa. Sin pestañar, todos soltaron todo lo que estaban haciendo y corrieron hacia la entrada.

Terrence apagaba el motor de su auto mientras los sirvientes se enfilaban en dos hileras, franqueando la puerta de la casa. Su figura espigada salió del vehiculo y todos contuvieron el aliento.

Divertido ante su pose de soldados, el heredero se detuvo a observarlos recostado en su auto. Los sirvientes prácticamente contuvieron el aliento al ver a su nuevo patrón.

Había algo muy serio y muy adusto en su mirada, algo muy diferente a la melancolía que siempre habían visto en Sir Richard.

"Bienvenido a casa, Duque de Grandchester" – le dijo un anciano que fungía como mayordomo principal.

"¿Quién eres tú?" – preguntó avanzando hacia ellos.

Todos lo saludaron con una venia.

"¿No me recuerda, su señoría? Soy Harlan.

"Estabas al servicio de mi padre" – lo reconoció Terrence.

"Y ahora suyo" – dijo con una venia.

"Estamos todos a sus órdenes, mi lord."

"Gracias" - contestó entrando a la casa.

"¿Podemos servirle algo, mi lord?" – preguntó el mayordomo siguiéndolo e indicando con un gesto a los demás que se retiraran.

Terrence avanzó por el pasillo hasta llegar a la estancia.

"No. Daré un paseo y quiero estar solo. ¡Ah! Mi valet llegará dentro de poco con mis cosas. Le agradecería que le prepararan una HABITACIÓN."

"Por supuesto mi lord y su HABITACIÓN está lista también."

"¿Mi habitación?"

"La habitación ducal, por supuesto."

"No quiero dormir ahí."

"¿Perdón? Pero es tradición, mi lord."

"No sigo tradiciones, Harlan."

"Pero es la mejor habitación, mí lord."

"Entonces quiero la segunda mejor habitación."

Harlan guardó silencio, llamando la atención de Terrence.

"¿Sucede algo?"

"Es que…la segunda mejor habitación la tiene la señorita Candy."

"¿Señorita?" – preguntó frunciendo – "¿De quien hablas?"

"De la señorita Candy, la protegida de Sir Richard."

"¿Está aquí? ¿No debería estar en la escuela?"

"Ella fue educada aquí en casa, mi lord y hace un año que terminó su educación."

Terrence meditó un segundo las palabras del mayordomo. A su mente regresaron los comentarios mordaces de Cecile y Lionel sobre una amante de su padre, la de Edwards intentando explicarle algo sobre su nueva pupila.

Los ojos del hombre cayeron sobre un retrato que descansaba sobre la chimenea, un rostro sumamente familiar en el.

"¿Quién es ella?"

"La señorita Candy, su señoría."

"No es una niña."

"Para ser precisos tiene diecisiete años."

La risa incipiente de Terrence hizo que Harlan se callara y lo mirara con curiosidad. El duque se dejó caer en el sillón mientras reía y con la mano le pidió que lo dejara solo.

Harlan se despidió con una venia antes de salir y cerró la puerta tras de él sin entender lo que estaba sucediendo.

Adentro del salón, Terrence no podía dejar de mirar el retrato mientras pensaba en su siguiente encuentro con la señorita pecosa.

Dorothy esperaba a Candy a la entrada del castillo y al verla cruzar el portón corrió hacia ella.

"No tienes ni idea de lo que me sucedió. Un loco, un conductor imprudente casi mata a las vacas de los McDougal y casi me lleva por delante" – empezó a decir Candy al verla.

"Señorita Candy…"

"La canasta de huevos que llevaba para los Smith voló por los aires y me cayó encima. ¿Puedes creerlo? Y para colmo, el conductor se rió en mi cara por mi aspecto. ¡Que barbaridad! No tiene modales."

La doncella iba a comentar algo cuando vio el rostro de Candy enojarse.

"¿Qué hace ese auto aquí?"

La jovencita corrió hacia el vehiculo, Dorothy tras ella. Los ojos de Candy se abrieron sorprendidos al percatarse que el conductor estaba sentado en una de las bancas del jardín.

"Oiga, ¿qué hace usted aquí? –preguntó corriendo hacia él.

El hombre volvió la mirada hacia ella.

"¿Acostumbras a gritar siempre de esa manera?" – preguntó.

"¡Le hice una pregunta!"

"Y yo te hice una a ti."

"¡Usted está en propiedad privada!"

"¿Ah si?" – preguntó con inocencia mirándola.

"¡No se haga el tonto!"

"¿Dónde estoy?"

"¡En mi casa y quiero que se largue!"

Terrence se levantó y caminó hacia ella.

"¿En su casa?"

"¡Mi casa!"

"¿Eres una Grandchester?" – preguntó acercando su rostro al de ella.

"Yo…" - respondió ligeramente aturdida ante su cercanía – "¡no me haga preguntas tontas y váyase!"

"No me iré."

"Haré que lo echen si no se va en este mismo instante."

"Vaya que eres insolente" – contestó él mirándola con burla.

"¿Yo? El insolente es usted que se burla de mí después de haberme atropellado y luego viene aquí sin ser invitado."

"No necesito invitación para venir aquí, Candy.

"¿Ha perdido la razón?"

"Piensa Candy."

"¿Pensar, qué? Usted está hablando incoherencias."

"Tenías que ser rubia para ser tan tonta" – dijo Terrence con desdén.

Candy sintió la sangre hervir en sus venas. Sin pensarlo dos veces, tomó las solapas del saco del hombro y haló de ellas para empujarlo dentro de la fuente.

"¡Señorita, no!"

El grito de Dorothy llegó demasiado tarde. Terrence emergía del agua con el cabello cubriendo su rostro. Con un gesto de disgusto apartó su cabello y miró a Candy con rabia.

"¡Estás loca!" – le gritó.

"¡El loco es usted!"

"¡Niña insolente!"

"¡Conductor desquiciado!"

"Dígale quien soy" – dijo Terrence saliendo de la fuente y mirando a Dorothy.

"Señorita Candy, él es el duque de Grandchester."

Candy la miró como su doncella hubiera perdido la razón.

"¿Qué dices?"

"Es el Duque de Grandchester."

"Soy Terrence Grandchester y estás en problemas."

"¿En problemas?"

"Soy tu tutor y por lo que acabas hacer podría enviarte a un internado o mejor a un convento."

La rubia lo miró incrédula. Terrence sonrió triunfalmente ante la palidez del rostro de Candy.

La joven se dio dos pasos para atrás y se sentó en el borde de la fuente mientras se sostenía la cabeza.

"No puede ser."

"Puede ser" – contestó él acercando su nariz a la de Candy – "disfruta tu baño."

Candy no tuvo tiempo a reaccionar. Terrence la empujó dentro de la fuente.

"Espero que esto te sirva de lección, señorita pecas" – dijo Terrence antes de dar media vuelta para dirigirse al castillo.

Candy prácticamente saltó de la fuente para correr tras él pero Dorothy la detuvo.

"Él no puede ser el nuevo duque" – casi sollozó Candy – "Es un insolente, un grosero."

"Es él señorita, ¿no nota el parecido con Sir Richard?"

"¡Por todos los cielos! Yo tenía que darle una hermosa bienvenida."

"Será mejor que suba a cambiarse, señorita Candy. El almuerzo estará listo dentro de poco y podrá pedirle disculpas"– dijo Dorothy.

"¿Disculpas?"

"¿No lo escuchó? Puede enviarla a un convento. Piense en el señor Anthony y en la promesa que le hizo a Sir Richard."

Candy suspiró antes de asentir. Tenía una misión que cumplir y entre más pronto lo hiciera, más pronto podría convertirse en la esposa de Anthony.

Harlan tocó la campanilla que avisaba que el almuerzo estaba listo. Candy bajó las escaleras vestida en un traje color lavanda de chiffon. El cabello lo llevaba suelto, los rizos cayendo a su espalda.

Al llegar al descanso se encontró con un hombre conocido. Bertram la saludó con una venia.

"Bienvenido" – le dijo ella devolviendo su saludo.

"Gracias señorita. Estoy a sus órdenes" – dijo él.

"¿Es él en realidad?"

"No comprendo su pregunta."

"¿Es él Terrence, hijo de Richard?"

"Por supuesto, señorita. Edwards puede confirmarlo."

Candy suspiró con resignación y se dirigió hacia el comedor. Terrence estaba ya sentado a la mesa, en la cabecera.

La rubia se detuvo en el marco de la puerta y lo miró con seriedad. Él sintió su presencia y levantó los ojos.

"¿Sucede algo?"

"Ese es el puesto de Richard."

"Es interesante que tuteabas a mi padre" – dijo con seriedad.

"Él era como mi padre" – replicó ella sentándose a su lado.

"Ni siquiera yo lo tuteaba."

"No tendría el tipo de relación que nosotros teníamos" – dijo ella sin pensar.

Los ojos azules se entrecerraron ante las palabras de la muchacha y estaba a punto de hablar pero Harlan y Bertram entraron con los alimentos.

Ninguno volvió a decir una palabra hasta que trajeron el segundo plato. Fue entonces que Terrence dejó caer su cubierto con fuerza sobre el plato.

"Salgan todos" – ordenó él a la servidumbre.

Candy lo observó perpleja. Nunca había visto tanto enojo en unos ojos.

"No necesito que restriegues en mi cara el tipo de relación que tuviste con mi padre."

"Lo siento. No fue mi intención ofenderte."

"¿Ofenderme? No me ofende. Me asquea y espero que no pretendas tener algo así conmigo."

Ella lo miró sin entender.

"¡Deja de hacerte la desentendida! Sé que eras la amante de mi padre."

"¿Amante? ¿Quién le dijo eso?"

"Cecile y Lionel."

"¿Realmente cree que ellos son confiables? Sí lo cree, tendrá muchos problemas."

"¿No lo eras?"

"Para su información, Richard era como mi padre y yo era su hija."

"Su hijo soy yo."

"Pero usted nunca estuvo aquí" – dijo poniéndose de pie – "Usted nunca estuvo aquí para cuidarlo o velar su sueño."

"¿Y tú, sí? ¿Es por eso que tu habitación está tan cerca de la suya?"

"No lo haga sonar sucio. No es justo para la memoria de Richard. Él era un hombre maravilloso que lo amaba y que hasta el ultimo momento esperaba que regresara junto a él."

Fue el turno de Terrence de entrecerrar los ojos. Se recostó en su asiento antes de volver hablar.

"¿Qué pretendes?"

"No lo entiendo."

"¿Por qué estás aquí, almorzando conmigo como si fuéramos amigos? Hablándome bien de mi padre".

"Es la única manera que puedo hablar de él."

"Pues ahórrate tus palabras. No me interesa saber nada de él y no quiero que te sientes junto a mí. Ni siquiera quiero sentarme con mi familia, ¿Por qué debería hacerlo contigo?"

Candy sintió sus mejillas colorearse.

"Lo lamento. Debí preguntarle."

"Sí, debiste hacerlo" – dijo poniéndose de pie – "Sé que crees que eres una Grandchester y tengo entendido que mi padre te hizo sentir de esa manera pero yo no soy mi padre."

"Terrence..."

"Soy el Duque de Grandchester y tú no eres más que una recogida a quien heredé."

Hacía mucho tiempo que Candy no se sentía tan avergonzada. Tomando un trago amargo, se puso de pie.

"Tiene razón. Soy una recogida…y usted es un bastardo."

"¡¿Cómo te atreves?"

"No por las circunstancias de su nacimiento sino por su comportamiento"– añadió Candy.

"No me provoques, pecosa. Puedo deshacerme muy fácilmente de ti."

"Hágalo, no le tengo miedo."

"Deberías. Me sorprende que mi padre protegiera a una malcriada como tú."

"A mi me sorprende que Richard pusiera sus esperanzas en una persona tan desagradable como usted."

"¡Sal de mi presencia!" – dijo dándole la espalda.

"Será un placer" – dijo corriendo hacia la puerta.

A pocas millas de ahí, Anthony y Archi entraban sonrientes a la Mansión Andrey. Hacía casi dos semanas que no venían al campo y apenas podían esperar cambiarse para ir a visitar a sus prometidas.

Tía Elroy escuchó su llegada y salió a recibirlos. Ambos muchachos besaron con respeto la mejilla de la anciana.

"¡Que bueno que llegaron!" – dijo tomándolos del brazo – "La cena está casi lista pero antes tengo algo que contarles."

Los primos intercambiaron miradas al darse cuenta que no tenían escapatoria. La dama los condujo hacia la estancia donde el mayordomo les sirvió sendas copas de vino.

Ella tomó asiento en su sillón favorito mientras los jóvenes la observaban expectantes.

"William escribió" – dijo mostrándoles un sobre – "nos esperan en Escocia en diez días."

"¿Por qué?" – preguntó Anthony.

"Bueno, para empezar, tendremos la reunión anual de la familia y en segundo lugar, Archi está a punto de convertirse en tío."

El castaño sonrió ante las palabras de su tía.

"Estupendo" – comentó Archi – "es la oportunidad perfecta para llevar a Annie y presentársela a toda la familia."

"¡Maravillosa idea!" – dijo tía Elroy – "Estoy segura que fascinará a todos."

"Yo también llevaré a Candy" – dijo Anthony.

"Debes pedir permiso a William" – replicó la anciana con aspereza.

"¿Pidió Archi permiso?"

"Es diferente."

"¿Por qué? ¿Porque Candy no tiene un apellido ilustre?"

"Exacto."

El rubio posó su copa con enojo sobre la mesa.

"Después de todo este tiempo, tía Elroy, no puedo creer que insistas con el mismo tema."

"Candy no es de estirpe."

"Eso no me importa."

"Debería. No entiendo tu obsesión con ella. Hay muchachas tan lindas y tan educadas. Elisa Leagan, por ejemplo."

"Debes estar bromeando."

"No te atrevas a llevar a Candy a Escocia, Anthony."

"Ella irá conmigo, te guste o no. Ahora, con su permiso, me retiro."

"¿No cenarás con nosotros?"

"He perdido el apetito."

Archibald y tía Elroy lo vieron salir del salón.

"Que majadero se ha vuelto" – dijo la anciana.

"Tía, deberías ser más comprensiva con él."

"¿Acaso estás de acuerdo con su elección?"

"Candy es una muchacha muy linda, tía, si tan solo te tomarás el tiempo de conocerla como hiciste con Annie."

"Conozco los padres de Annie" – dijo con seriedad.

"No es culpa de Candy que los suyos no estén con ella."

"Archibald, ella podría ser hija de ladrones, o puede ser la hija ilegitima de Richard…o de su hermano."

"¡Tía Elroy!"

"Es lo que siempre se ha comentado."

El moreno guardó silencio mientras contemplaba esa posibilidad. Una campanilla sonó y la anciana se puso de pie.

"Asumo que me acompañarás, ¿verdad? ¿O es que has aprendido las malas costumbres de tu primo?

"Será un honor acompañarte a cenar tía" – dijo galantemente.

Candy no había dejado de llorar desde que abandonara el comedor. El llanto la había agotado y cual niña se quedó dormida hasta muy de noche.

Abrió la puerta de su habitación y salió con sigilo; el castillo parecía dormir. Bajó los escalones con cuidado, en medio de la oscuridad, y salió del castillo.

La luz de la luna la iluminó mientras caminaba hacia el rosal. El aroma de las flores la confortó mientras tomaba asiento en una de las bancas de mármol junto al sembrío de las "Dulce Candy".

Unas pisadas llamaron su atención y se levantó de un salto mientras giraba en sus talones.

"¡Anthony!" – dijo complacida y corriendo a sus brazos.

"¡Candy! Tenía el presentimiento que estarías aquí."

"¿Cómo supiste?"

"No lo sé. Sólo sé que sentí la necesidad de venir a verte a pesar de la hora."

"Es bueno verte" – dijo con voz quebrada.

"Pequeña, ¿qué te sucede?" – dijo rodeándola con los brazos.

"Terrence llegó y es muy desagradable."

"¿Te hizo algo?"

Candy ocultó el rostro en el pecho de su enamorado y dio rienda suelta a su llanto mientras él acariciaba su cabellera.

Anthony sintió la sangre hervir en sus venas al escuchar el llanto de su prometida.

"¿Qué te hizo?"

"No tiene importancia" – dijo secando sus lágrimas.

"Te hizo llorar."

"Soy una llorona."

"No lo eres" – dijo sonriéndole – "¿Me dirás lo que ocurrió?"

"¿Me darías un beso primero?

Ella le ofreció sus labios y Anthony sonrió. Inclinó sus labios y los rozó con delicadeza mientras una chispa se encendía dentro de su corazón.

Los brazos masculinos rodearon la esbelta figura de Candy y la atrajo hacia si para fundirse en un beso apasionado.

"¡Vaya Candy! No sabía que usabas el jardín para recibir a tu enamorado…o enamorados. ¿Puedes reservarme un turno?"

Candy sintió que su corazón dejaba de latir al escuchar las palabras insultantes de Terrence tras de ellos.

Anthony se volvió con ella entre sus brazos y ambos se encontraron con la mirada despectiva del nuevo duque.

"No es lo que piensa" – dijo Candy avergonzada.

"No tienes que darle explicaciones" – dijo Anthony frunciendo.

"Claro que tiene que hacerlo" – replicó Terrence cruzando los brazos – "soy su tutor y te conozco."

Anthony guardó silencio mientras Terrence, pensativamente, escudriñaba su rostro.

"El parque" – ofreció al rubio.

"Por supuesto…"

"Y ahora nos volvemos a encontrar, aquí, en mi propiedad, ¿sabe que es privada, verdad?"

"Es nuestro vecino" – explicó Candy – "Anthony Brown, miembro del Clan Andrey."

"En otras circunstancias me daría mucho gusto conocerte pero en las actuales, debes comprender que no es correcto que estés aquí a esta hora. No le haces favor a la reputación de mi pupila."

"Candy es mi prometida" – dijo el rubio de sopetón.

La mirada de sorpresa en el rostro de Terrence igualó el de Candy.

"¿Prometida?"

"Así es. Estábamos esperando que llegara para comunicarle."

"Que considerados" – dijo parcamente – "Comunicarme, no pedirme permiso. ¿Asumo que mi padre ya se los había dado?"

"No" – contestó Candy ante la mirada atónita de Anthony.

"¿Así que me toca decidir se permito o no el casamiento?"

Esa era la respuesta que Anthony temía. Terrence lo miró calculadoramente.

"En tal caso, Anthony Brown, le sugiero que se despida de mi pupila. No estoy de acuerdo con visitas a esta hora de la noche."

"¿Nos daría unos minutos?" – pidió Candy conciliadora.

"¿Quieres continuar besuqueándote con él bajo la luna como lo hacen las rameras?"

Enfadado, Anthony dio un paso hacia el frente, como si quisiera escudar a Candy de las palabras groseras del duque.

"Mida sus palabras" – le advirtió el rubio.

"Es mi casa. Puedo decir lo que quiera" – rebatió Terrence.

"No cuando se trata de Candy."

"O te marchas o hago que te arresten por traspaso" – amenazó el hombre.

"Primero tendrá que disculparse con Candy."

"¿Y si no lo hago?"

"Le rompo la boca."

"¡Anthony!" – dijo la rubia muy sorprendida.

"Inténtalo" – contestó Terrence remangándose la camisa.

"Anthony, no" – pidió Candy tomándolo de la mano.

"Ya veo quien lleva los pantalones en la relación" - se burló el duque.

El rubio le dio una mirada de enfado y Terrence lo provocó mostrándole los puños.

"¿Por qué mejor no dejas de mirarme y me lanzas tu mejor golpe o esperas que la niña te de permiso?"

Con una exclamación de enojo, Anthony lanzó su puño al frente y certeramente conectó con la quijada de Terrence. El hombre se llevó la mano hacia la mandíbula mientras escupía sangre.

Candy contemplaba la escena con las manos sobre su boca en un gesto de horror.

"No esperaba que tuvieras tan buena derecha, niño bonito."

"Pídele disculpas a Candy o te mostraré mi izquierda."

"¡Basta!" – volvió a exclamar Candy sin saber como detener a esos leones furiosos.

"¡Lo harás!" – exigió Anthony.

"Está bien" – dijo Terrence en voz baja – "Candy, te pido disculpas si mis palabras te ofendieron pero tienes que entender que no es mi culpa si das la impresión de ser una zorra" – concluyó antes de sonreír.

Con un grito de frustración, Anthony se lanzó hacia el frente pero Terrence estaba preparado esta vez.

Detuvo al vuelo el puño del rubio y le dio un golpe en el vientre. Anthony no se dejó desconcertar y se echó sobre su rival con todo el peso de su cuerpo.

Los dos cayeron sobre el pasto. Horrorizada, Candy los vio rodar por el suelo mientras puños y patadas volaban por doquier. Ella corrió hacia ellos y se arrojó sobre la espalda de Terrence.

El duque la apartó de un manotón haciendo que Candy perdiera el equilibrio y cayera al suelo. Los ojos claros de Anthony se abrieron llenos de preocupación y Terrence levantó su puño y para estrellarlo en el rostro del rubio.

El muchacho cayó de espaldas sobre el suelo.

"Por favor deténganse" - dijo Candy corriendo hacia él.

"Espero que la próxima vez pienses antes de encontrarte con tu amante en el jardín" – dijo Terrence con aspereza.

"¿No se cansa de hablar así?"

"Estoy seguro que mi padre estaría orgulloso de tu comportamiento, Candy" – dijo con sarcasmo.

Anthony frunció al escuchar el tono de su voz pero Candy lo acalló con la mirada. Terrence se sacudió una mota imaginaria de polvo antes de alejarse de ellos.

Anthony se incorporó mientras Candy lo miraba con preocupación.

"¿Estás bien?" – dijo ella.

"Por supuesto."

"No debiste hablarle así."

"¿Querías que dejara que te insultara a su antojo?"

"Tal vez tiene razón."

"Tiene razón en que esta no era la hora apropiada pero tampoco es motivo para hablarte de esa manera."

"No debiste decirle que estábamos comprometidos."

"¿Y darle más motivos para que te llamara zorra?" – preguntó disgustado – "A veces no te entiendo."

"Esta no era la manera."

"No, no lo era pero ya está hecho. Terrence ya lo sabe y ahora podemos casarnos."

Unos relámpagos iluminaron el cielo.

"Va a llover" – comentó él ajustando su ropa.

"Será mejor que te vayas antes que llueva."

"¿O qué Terrence brame?"

"Las dos" – dijo ella apoyándose en la punta de sus pies para besar su mejilla – "¿Nos veremos mañana?"

"Si quieres."

"¿Qué sucede?"

"Pareces enfadada conmigo."

"No sabía que podías ser tan violento."

"¿Cómo esperas que reaccione cuando se meten con lo que más amo en el mundo?"

Una ráfaga de viento agitó las hojas de los árboles con fuerza. El cabello de Candy cubrió su rostro pero la mano gentil de Anthony apartó los mechones.

El hombre sujetó el rostro de la mujer entre sus manos.

"Nadie le habla así a mi prometida" – dijo mirándola a los ojos.

Claudicando ante su mirada encantadora, ella le sonrió.

"Esa es mi chica" – dijo besando su frente.

"¿Estarás bien?" – preguntó mirando su rostro.

"Por supuesto. No es la primera vez que peleo con alguien."

"¿En serio?"

"Soy un hombre, Candy."

"Y por lo tanto tienes permiso para comportarte como cavernícola."

"Si es necesario."

Pequeñas gotas empezaron a caer sobre ellos y Cleopatra apareció entre los árboles.

"Vendré por ti, mañana, Candy."

"No creo que sea buena idea. Yo iré a buscarte."

"De acuerdo pero si no apareces al medio día vendré por ti."

"¿A ver si me encerraron en la torre?" – bromeó ella.

"Y a liberarte del dragón."

"Te quiero, Anthony."

"Y yo a ti" – contestó él rodeándola con los brazos.

"¿No te dolerá la boca?" – preguntó ella al ver sus intenciones.

"Bien valdrá el sacrificio" – dijo antes de besarla.

A poca distancia de ellos, Terrence los observaba mientras fumaba un cigarrillo.

La lluvia también caía sobre él pero parecía no notarlo concentrado en la escena frente a él. Sus ojos brillaron con rabia y tiró la colilla hacia el jardín antes de entrar al castillo.