Sinopsis: Algún día Hinata quería encontrar a alguien especial en su vida. Alguien a quién abrazar, besar y calentarse en sus brazos. Hinata sólo quería amar alguien y alguien que la amará, también. Tal vez algún día aquello podría hacerse realidad. Pero mientras tuviera a Shino y a Kiba a su lado, aquello no la molestaba.
Género: Friendship/romance.
Pareja: NH
Tal vez algún día
10.
—¡Buenos días, ttebayo! —saludó Naruto con gran entusiasmo, encontrándose con Kiba y Shino en la entrada de la universidad.
—Buenas —saludó Kiba, reprimiendo un bostezo— ¿por qué tanto entusiasmo? —Preguntó, con una ceja alzada— ¿Eh? —se sorprendió cuando recibió un abrazo de parte del rubio y éste le regaló otro a Shino.
—¡Porqué mañana es mi cumpleaños, ttebayo! —celebró Naruto con gran alegría. Ser hijo único le había otorgado la oportunidad de tener las más grandes y fabulosas fiestas que cualquier niño pequeño sólo soñaría. Y ese año su fiesta de cumpleaños no iba a ser la excepción—. Ustedes están totalmente invitados, por cierto —aclaró Naruto— les envió mi dirección en un mensaje de texto, va a ser la mejor fiesta de sus vidas —aseguró el Namikaze agitando los brazos y lleno de desbordante alegría—. Me voy, tengo que seguir corriendo la voz. A propósito quiero buenos regalos —advirtió, señalando primero a uno y luego al otro.
Naruto estaba tan embriagado de felicidad que, cuando llegó Hinata, la abrazó calurosamente.
—¡Hinata! —la chica chilló por la inesperada muestra de cariño de parte de Naruto. Él la soltó y se fue a sus clases con una gran sonrisa en su rostro, dejándola confundida.
Cuando iba a mitad de camino, Naruto fue consciente de sus acciones y se detuvo en seco, horrorizado y avergonzado.
—¿Qué demonios pasa conmigo?
Horas después de despedirse a sus amigos haciéndoles prometer a cada uno que irían a su fiesta, Naruto se encaminó a su casa.
—¡Mamá, ya llegué! —Se anunció Naruto abriendo la puerta de su casa con su llavero en forma de rana y guardándola después en su mochila— ¿Mamá? —repitió al no escuchar respuesta. Curioso, se encaminó a la cocina cuando escuchó risas provenir de aquel lugar.
Su asombro fue grande y su alegría aún más, al asomar la cabeza por el marco de la puerta y ver a su primo Nagato, acompañado por sus amigos de toda la vida: Konan y Yahiko, conversando con su madre, todos juntos sentados en la pequeña de la cocina.
—¡Nagato! —exclamó con alegría. El pelirrojo alzó la vista y sonrió amablemente, levantándose de la silla para saludarlo. El rubio corrió a su encuentro y lo abrazó.
Era curiosa la relación que compartía con su primo: siendo hijo único, Naruto era un niño solitario y que pasaba largas horas jugando solo, un verano, Nagato llegó a su casa para pasar algunas semanas en casa de su tía Kushina, su estadía fue tan agradable que se quedó los dos meses que tenia de vacaciones aunque era seis años mayor que Naruto, hicieron venas migas entre ellos, ayudando al Namikaze a ser más expresivo, más alegre.
—Y ¿quién es este bebé-chan? —preguntó mirando a un pequeño en brazos de Konan.
Konan y Yahiko sonrieron.
—Es nuestro hijo. ¿Quieres cargarlo? —contestó la mujer.
—Claro, ttebayo —cargó al pequeño y sonrió. Hasta que un fuerte sarpullido se hizo presente en él, dándole picazón.
—A propósito, ¿has sido vacunado contra la varicela? —preguntó Yahiko al descuido.
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Hinata se encontraba en su habitación, probándose algunas ropas para la fiesta de Naruto esa noche cuando su móvil sonó con la llegada de una notificación. Lo tomó y leyó rápidamente el mensaje algo preocupada: el mensaje era de parte de Naruto escribiéndole que se cancelaba su fiesta ya que estaba en cama débil y enfermo.
Algo apenada, Hinata recordó lo entusiasta que se encontraba el rubio el día de ayer cuando les contó de su grandiosa fiesta y lo feliz que estaba de celebrarlo a lo grande, hasta que se le ocurrió una gran idea; dejó la ropa de lado y bajó corriendo al primer piso con el móvil en la mano.
—Shino, voy a necesitar algo de ayuda. Llama a Kiba por mí, ¿está bien?
Una hora después y con un gran tazón de ramen preparada por ella misma, Hinata buscaba la casa de Naruto con ayuda de su móvil.
—¿Sí? —una mujer de largo y hermoso cabello rojo, le abrió la puerta donde le indicaba la dirección del rubio, gracias a un mensaje de texto del propio chico, enviado el día anterior.
Hinata se sintió algo tímida.
—Buenas tardes, perdón por molestarla —saludó educadamente— ¿esta es la casa de Naruto Namikaze?
La pelirroja la miró sospechosamente, dibujando una cara muy cómica, parecidas a las que Naruto hacia cuando intentaba concentrarse.
—Sí, ¿quién eres?
—¿Eh? —se confundió y luego sonrió apenada—. Soy Hyuga Hinata, una amiga de la universidad. Me escribió diciéndome que se encontraba enfermo y quise traerle este ramen casero que preparé.
—¿Ramen, ttebane? —preguntó Kushina cambiando su rostro desconfiado por uno babeante y olfateando el olor tan delicioso que despedía el tazón de ramen que Hinata cargaba en sus brazos—. Pasa, pasa, ttebane —la arrastró dentro de la casa, sorprendiendo a la pobre ojiperla, sin conocer lo delirante que se volvía esa familia con la mención de ese platillo—. Siéntate aquí, Hinata —dijo Kushina señalando una silla de la cocina— traeré algunos platos y…
—En realidad, me gustaría mucho visitar a Naruto. Sé que él debe estar desanimado por la cancelación de su fiesta y sé que algo de ramen le alegrará.
Kushina que ya estaba saboreando el ramen, asintió.
—Tienes razón, Hinata —sonrió la mujer amigablemente—. Estoy segura que a Naruto le animará ver a un amigo. Sube, su habitación es la segunda puerta a la derecha.
—Gracias —Hinata hizo una breve reverencia a Kushina y subió las escaleras, ante la mirada atenta de la pelirroja que sonrió.
Hinata subió uno a uno los escalones de la casa y se encaminó a la segunda puerta a la derecha como le indicó Kushina. Dio dos golpes a la puerta, esperando que Naruto le abriera.
—¡Pasa, mamá! —Gritó Naruto desde adentro y la chica giró la perilla, adentrándose a la habitación—. ¿Qué es lo que…? —Preguntó el rubio recostado en su cama tapado hasta la cintura y viendo la televisión con desgana, hasta que vio a Hinata y rápidamente se cubrió con las sábanas hasta el cuello, sonrojándose—. H-Hinata.
—Hola, Naruto —sonrió,— supe que estabas enfermo y te traje algo que seguro te gustará —le mostró el tazón de ramen, dejándole sorprendido.
—¿Preparaste ramen para…para mí? —preguntó realmente conmovido por el gesto y tomándolo de las manos de la chica. Hinata asintió y se dejó caer en una silla del escritorio del rubio—. Gracias —dijo Naruto dejando el ramen en su mesita de noche, atrapó a Hinata en un caluroso abrazo.
La Hyuga algo sorprendida tardó en corresponderle el gesto pero lentamente envolvió sus brazos alrededor de Naruto.
—¡Feliz cumpleaños, Naruto! —sonrió feliz. Internamente, Hinata agradecía conocer a alguien tan atento, buena persona y alegre como él en su vida, ya que una de las cualidades que más le gustaban del rubio era su ánimo por la vida, el optimismo que siempre tenía hasta en los peores momentos y la manera en la que se esforzaba para cumplir sus metas.
Naruto reaccionó de repente y la soltó, sonrojándose furiosamente.
—Yo…
La puerta de la habitación volvió a abrirse y por ella pasaron Kiba y Shino, entusiasmados. El primero tenía un sombrerito puntiagudo en la cabeza, sonando una matraca y esparciendo confeti en la cabeza de un sorprendido rubio; a su lado, Shino portaba el mismo sombrerito pero con unos globos gigantes en la mano.
—¡Feliz cumpleaños, baka! —saludó Kiba tan explosivo como siempre y regalándole un zape en la nuca nada suave.
—¡Kiba! —regañó Hinata.
—¿Qué? —Dijo Kiba simulando inocencia.
Pero, Naruto lejos de molestarse rió con una sonrisa estruendosa, deteniendo cualquier réplica de la chica con el Inuzuka. La risa de Naruto era tan contagiosa que ni Kiba, Shino y Hinata pudieron evitar reírse.
—¿Llegó en mal momento? —Preguntó Minato, que, pese a su rostro cansado, se le notaba feliz de ver a su hijo, rodeado de sus amigos.
—¡Papá! —Exclamó Naruto, alegre de verlo. El trabajo de su padre era realmente pesado y hacia que casi todo el tiempo se perdiera de momentos familiares así que se alegraba de tenerlo aquel día.
Hinata se apartó para que el Namikaze mayor se acercará a su hijo, a quien abrazó.
—Un año más grande, ¿no es así? —dijo Minato y sacando un regalo de su bata de médico, le extendió un regalo.
Emocionado, Naruto lo desenvolvió y encontró un antiguo reloj, pero bastante importante.
—Este reloj me lo regaló mi padre cuando cumplí los veintiún años y ahora te lo doy a ti. Cuídalo mucho —pidió Minato sonriéndole con gentileza y también orgulloso del hijo que tenía.
Y cuando, Naruto sentía que ese día no podía ser más increíble y lleno de emociones, su madre, aquella mujer con la que peleaba casi las veinticuatro horas al día por su desordenado y a veces infantil comportamiento apareció cargando un pastel hecho de delicioso chocolate mientras cantaba el Happy Birthday más desafinado del mundo.
—Mamá harás que me sangren los oídos, ttebayo —bromeó Naruto.
—Cállate hijo malagradecido, ttebane —dijo molesta Kushina—. Sino fuera porque cargo este pastel de daría un golpe en la cabeza.
—No hay problema —respondió Minato, haciéndole el favor a su esposa.
—¡Ite! Papá eso duele —se quejó Naruto, sobándose la zona afectada.
—Ya, silencio, Naruto y pide tu deseo que este pastel no se hace más liviano, ttebane —se quejó Kushina, haciendo esfuerzo por cargar el pesado pastel.
Entonces, Naruto miró a todos los que lo rodeaban en su cama de enfermo y sonrió, soplando las velas mientras cerraba los ojos y sólo deseando lo que tenía en esos instantes: a su familia y amigos.
Sintió los brazos cálidos y el olor suave y dulce tan conocidos para él que sólo pudo estrecharlos contra sí mismo, deseando que ese día nunca terminará y sólo sentir la calidez que sólo un abrazo de Hinata le proporcionará.
Porque quería que el abrazo de Hinata durará para siempre.
NOTAS
Yo…ahm…no hay palabras para describir este capítulo. Sólo puedo decir: como amó escribir esta historia.
