Holaaaaa... Sip, se que no tengo perdon de Dios, ni nada. pero es que la imaginación no me llegaba T.T y que se puede hacer, si ella es el motor de todas las historias. Aqui les dejo el noveno capitulo del Fic, que por cierto, ya porfin vamos aver como Mione se dispone a poner su granito de arena en un futuro mejor. ¬¬ eso me salio como propaganda de la televison. n.nU jejeje, pero bueno... ojala lo disfruten y disculpen la demora...
Atte:
Andreaeb182
miembro de muchas ordenes (Siriusiana, Draquiana, Potteriana y Slytheriana... ironico, ¿no?)
-Solamente cuando quieres decirme una mentira, porque nunca sé que esperar de ti.- comentó él en tono conspirador.
-Me alegro por ello, sino todo sería demasiado aburrido.- contestó ella con una sonrisa. –además, tu también eres una caja de sorpresas Régulus. Y debo decir, que una que quiero conocer hasta donde tú me lo permitas.- añadió mientras cerraba sus ojos y se dejaba llevar suavemente.
-Hasta lo más profundo de mi alma, Mione. Hasta lo más profundo de mi alma te dejaré ver.- respondió el menor de los hermanos Black en un susurro inaudible para la castaña, pero con una sonrisa enamorada que era imposible ignorar. Esa castaña se había robado su corazón sin siquiera darse cuenta y de manera tan sutil, que era imposible detectarlo hasta que era demasiado tarde. Ahora, solo podía intentar cuidar de ella de la mejor manera y ayudarla cuando lo necesitara. Porque, por primera vez, tenía algo que valía la pena luchar, por lo que valía la pena proteger. Y era la tranquila y delicada figura que reposaba sobre sus brazos.
Capitulo 9
Segundas Oportunidades
-Reg, a veces me pregunto.-comenzó a decir la castaña mientras cerraba sus ojos y se acostaba en el pasto. Estaba sentada placidamente debajo de su árbol favorito, frente al lago negro. El menor de los hermanos Black prestó atención y la miró fijamente. -¿Si todo esto acabará bien?- preguntó la castaña, que empezaba a sentirse adormilada por la tranquilidad que despedía esa tranquila mañana de septiembre, mientras que Regulus enarcaba una ceja.
-¿Todo esto?- preguntó con curiosidad el menor de los Hermanos Black, mientras veía como la castaña se acurrucaba en la grama.
-Es cierto, aún no lo sabes.- se dijo a si misma, pero a la vez a Regulus. –Bueno, espero que pronto llegue el momento de contestarte aquella pregunta que no me hiciste cuando nos conocimos.- comentó la castaña con voz adormilada antes de quedar profundamente dormida, haciendo sonreír a Regulus.
-Yo también lo espero mi pequeña, y ojala sea pronto.- comentó el ojigris con un susurro muy suave. –Pero jamás te presionare a nada, quiero que seas tu misma que me cuentes tu vida entera, si así es tu deseo.- terminó de decir en otro susurro.
-¿Hablando solo, hermanito?- escuchó el menor de los hermanos Black detrás de si. Era una voz masculina que tenía un tinte de diversión en su tono.
-Tan solo pensando en voz alta, Sirius.- fue la simple respuesta de Regulus, antes de girarse y observar a su hermano mayor. –Tanto tiempo, hermano.- comentó con suavidad, mientras lo miraba fijamente.
-Tienes razón. Demasiado tiempo, Reg.- respondió Sirius con una pequeña sonrisa melancólica. –De todo lo que dejé atrás, lo que más me hace falta es discutir contigo.- comentó en tono conspirador, como si fuera un secreto, logrando hacer sonreír a su hermano menor.
-Si, y también el hacerme bromas hasta dejarme casi muerto.- comentó con ironía el menor de los hermanos, pero escondiendo su diversión ante la extraña muestra de afecto de su hermano.
-Reg. Yo quería disculparme por ello. Yo nunca…- comenzó a decir el mayor de los hermanos Black con tono apesumbrado y con sus ojos nublados por la culpa.
-Sirius, no tienes porque disculparte. A pesar de que las cosas con mamá y papá no hayan terminado bien contigo, no significa que eso me haga olvidar que eres mi hermano y sé que no querías que algo así me pasara. Aunque seas tú, quien parece olvidarlo.- interrumpió Regulus con tranquilidad, para terminar de susurrar lo último con algo de amargura.
-Yo no me he olvidado de que eres mi hermano. Tan sólo me alejé por tu bien.- respondió el mayor de los hermanos Black en un tono neutro, antes de darle la espalda al lugar donde yacía su hermano menor. –Recuerda que eres tú, el heredero de la Magnifica y siempre pura familia Black, y Ella no hubiera permitido que yo corrompiera a su orgullo con mi estupida ideología.- terminó de decir, para luego comenzar a caminar, dirigiéndose hacia el castillo y dejando a Regulus con un amargo sabor de boca, ya que él había podido sentir el odio impregnado en el "ella", al momento en que su hermano se refería a su madre.
-Severus- se escuchó decir de una dulce voz.
-Lily-respondió el joven, volteando a ver a la persona que lo llamaba, aunque podía reconocer esa voz en cualquier lugar. -¿Qué se te ofrece, lily?- preguntó amablemente el slytherin mientras le sonreía a la pelirroja.
-Estoy buscando a Hermione. ¿La has visto?- preguntó la ojiverde algo preocupada, lo cual notó el pelinegro.
-¿Sucede algo?- preguntó inmediatamente el joven a su amiga.
-No se como se encuentre Mione en este momento. Supongo que no debe estar muy bien dado a que Harry se tuvo que ir ayer.- respondió la ojiverde, para luego callar aterrada por lo que acababa de decir. –No debí decir eso.- soltó algo preocupada. –no es porque desconfíe de ti, Sev, sino porque esto hace parte de la vida privada de Mione.- comentó la joven ante la mirada triste de su amigo.
-Tranquila Lily, yo no diré nada.- comentó el joven con una pequeña sonrisa. Se encontraba un poco más tranquilo luego de la explicación de la pelirroja. –Pero ahora que lo dices, no la he visto desde el desayuno.- respondió el joven, recordando el suceso de la mañana. –Si quieres te acompaño a buscarla. Yo también estoy preocupado por ella.- propuso el joven.
-Claro.- respondió la joven. Inmediatamente se pusieron en camino, intentando localizar a la castaña. Iban caminando tranquilamente, mientras le preguntaban a todo aquel que pudiera saber del paradero de la joven, pero nadie parecía saber donde se encontraba. Se había desaparecido con regulus Black y ni pista de ella.
-Solo nos falta ver en los jardines del castillo.- sentenció Lily, luego de mucho buscar en el interior del castillo. –Que tonta soy, si ese es el lugar favorito de Mione, después de la biblioteca.- se dijo a si misma, mientras se golpeaba levemente la frente, por su olvido. Rápidamente comenzaron a caminar rumbo a la entrada de Hogwarts.
-Lily, ¿Se puede saber que haces con Snivellus?- preguntó una voz detrás de los jóvenes.
-Nada que te importe, Potter. Además, no le digas snivellus a Severus. Ahora, si eres tan amable, por favor llámame por mi apellido, que yo no te he dado el permiso de llamarme por mi nombre.- contestó de mala gana la pelirroja, mientras se detenía por un minuto a girarse a ver al morocho de gafas, antes de continuar con su camino.
-Claro que me importa Lily.- respondió ofendido James por las palabras de la joven.
-Claro, claro.- comentó la joven con descuido mientras seguía avanzando por el pasillo sin detenerse. –Habla con la mano Potter, que solo ella te escuchará.- dijo la pelirroja antes de cruzar por la esquina y perderse por el pasillo, dejando a un enojado James, quien no le gustó nada la sonrisa de satisfacción y placer que lucía el rostro del joven de Slytherin.
-Mione- la llamó suavemente, mientras le acariciaba el rostro con dulzura. –Mione, despierta.- la volvió a llamar. –Mione, ya es hora de almorzar.-dijo una última vez, mientras le seguía acariciando el rostro. Poco a poco notó como la joven comenzaba a moverse, mientras un puchero aparecía en sus labios. Se notaba que la castaña no quería levantarse. Sonrió ante esto y la llamó otra vez. La joven comenzó a despertarse, mientras intentaba estirarse un poco, tratando de quitarse la pereza de esa manera.
-¿Si?- preguntó en medio de un bostezo, haciendo reír al menor de los hermanos Black.
-ya es hora de almorzar, pequeña.- le contestó con suavidad mientras la ayudaba a sentarse en la grama.
-bueno, lo mejor será encaminarnos al gran comedor.- comentó la castaña con algo de pereza. -solo espérame un segundo, mientras termino de despertarme.- completó la joven, mientras bostezaba, haciendo reír nuevamente al joven.
-por supuesto- contestó el joven Black.
-Reg, ¿te puedo pedir un favor?- preguntó la castaña con algo de vergüenza, mientras sus mejillas se teñían de un leve color rosa.
-claro, pequeña. Pide lo que quieras.- respondió el joven con suavidad.
-Reg. Yo quiero…- comenzó a decir la castaña cuando escuchó que alguien la llamaba.
-Hermione.- se escuchó la voz de Lily quien se acercaba rápidamente a donde la castaña estaba sentada, y al llegar a donde ella se acercó y la abrazó cariñosamente, mientras Severus se acercaba tranquilamente a donde las chicas y el joven estaban. –Mione, estaba preocupada por ti.- susurró la ojiverde con voz entrecortada por llegar corriendo.
-tranquila Lily, ahora estoy bien. Regulus ha estado conmigo y me ha estado cuidando muy bien.- le respondió la castaña mientras correspondía el abrazo de su amiga. –Por cierto, me encantó tu regalo.- comentó al final, para luego dejar escapar una pequeña risa, que contagió inmediatamente a la pelirroja. Poco a poco se fueron separando y en ese momento se percató de la mirada preocupada de Severus, quien estaba de pie junto a ellas.
-Tranquilo Severus, estoy bien.- le contestó la castaña a la pregunta no formulada por el slytherin, notando como el semblante del joven se relajaba y le regalaba una pequeña sonrisa. En ese momento se sintió acompañada. Sintió que aunque no fuera su tiempo, tenía buenos amigos en esta época y que valía la pena correr el riesgo.
En ese momento la castaña se colocó de pie, siendo seguida por los otros dos jóvenes.
-Mejor vamos al gran comedor. Ya es hora de almorzar y tengo mucha hambre.- comentó la castaña con una sonrisa, mientras comenzaba a caminar junto a sus amigos hacia el castillo. La castaña se colocó justo al lado de Severus lo tomó del brazo rápidamente, solamente para que él volteara.
-Nos vemos en mi sala común a las 10 de la noche. La contraseña es Carpe Diem- le susurró la castaña, para que solamente él escuchara. Vio en sus ojos determinación y asintió levemente, dándole a entender que iría. La castaña sonrió levemente y siguieron su camino hacia el gran comedor.
-Harry.-susurró Hermione mientras observaba la puesta de sol. Llevaba rato desde que se había despedido de Regulus y de los demás. Se encontraba sentada en las gradas del campo de quidditch. Se encontraba sola en esa parte del colegio y prefería que siguiera así. Es cierto que estaba triste, pero también sentía una pequeña alegría en su interior. Todo sería mejor de ahora en adelante. Ya había dado el primer paso y no podría retractarse. Era el momento de comenzar. Sacó del bolsillo de su pantalón un trozo de pergamino y lo ojeó un rato, para luego doblarlo y mantenerlo en su mano.
-Swan.- escuchó que la llamaban. Notó que una sombra la cubría y sin necesidad de girarse contestó. En su rostro se notaba una pequeña mueca que quería ser una sonrisa, pero que no salía del todo.
-Black.- contestó ella. El mayor de los hermanos Black tomó asiento junto a la castaña y se la quedó mirando por un rato, sin pronunciar palabra alguna. Tan solo observándola en silencio.
-¿Qué haces aquí, Black? Dudo mucho que sea para sentarte aquí a mirarme.- preguntó la castaña con suavidad, sacando a Sirius de sus pensamientos.
-Quería ver como te encontrabas.- le respondió el joven con suavidad, sin apartar sus ojos de ella. La castaña sonrió suavemente esta vez, sin mirarlo. Le agradeció nuevamente en silencio por su preocupación.
-Estoy bien, Sirius.- susurró con suavidad, sin percatarse bien de lo que decía. El joven la miró gratamente sorprendido. Lo había llamado por primera vez por su nombre. Sirius sintió como algo crecía en su interior, pero sin saber bien de que se trataba. –Tan solo estoy algo cansada.- completó la castaña luego de un no tan prolongado silencio. Sirius asintió en silencio mientras la miraba. Sus ojos recorrían el rostro de la castaña por completo. Se notaba melancólica, pero también había algo en sus ojos. No podía describirlo, pero sabía que era bueno. Lo sentía en su interior.
-Hermione, si llegas a necesitarme. Tan solo llámame.- susurró el joven, apartando por primera vez sus ojos de la figura que estaba junto a él, para posarla en el paisaje que estaba frente a si. La castaña se giró para verlo. En ese momento el Sirius joven le recordaba al adulto. Se veía tan tranquilo y tan lejano. Como si estuviera en un mundo solo para él, donde solo él podría soportar estar. Donde su vida se mostraba tan cruda como era, y él aun así, todavía tenia las fuerzas para tenderle la mano a la gente que quería. A pesar de que aún no le había tocado vivir ni la mitad de los males que se ceñían sobre él.
-Eres una persona única, Sirius Black.- susurró Hermione, casi sin quererlo. Era un pensamiento, pero que él joven a su lado logró escuchar. –Y no dejaré que nada malo te pase.- concluyó en el mismo tono, sorprendiendo al joven, quien inmediatamente se giró para verla. Pero ella estaba ajena a todo, hasta a él.
-Hermione.- la llamó suavemente. La castaña giró y lo miró a los ojos. No supo cuanto tiempo estuvo en esa posición, ya que se había perdido en ese mar tempestuoso que eran los ojos grises de Sirius.
-Hermione- la volvió a llamar. La castaña se había sumido en un estado letárgico. Sus ojos cafés e habían opacado poco a poco y notó como la castaña perdía fuerzas. Estaba a punto de desvanecerse, si no es que la atrapa entre sus brazos. –Hermione.- la llamó desesperado. Poco a poco notó como la joven regresaba en si y lo observaba extrañada, para luego sonrojarse por la cercanía que mantenían. "Se ve hermosa cuando se sonroja" pensó el ojigris, pero se reprendió por pensar eso, cuando no sabía el porque del desvanecimiento de la castaña.
-¿estas bien?-preguntó preocupado, y antes que la joven contestara la miró fijamente. –Y dime la verdad.- exigió mientras la observaba con preocupación.
-Estoy bien Black, tan solo estoy cansada.- respondió titubeante, mientras su rostro seguía teñido de rosa. Le dolió escuchar nuevamente su apellido por parte de la castaña, cuando se sentía tan bien escuchar su nombre de los labios de Hermione. Pero aun así no dijo nada.
-De acuerdo. Si tú lo dices.- respondió el ojigris, no muy convencido, mientras la soltaba suavemente, casi sin dejarla ir.
La castaña en ese momento apretó su mano y se percató de que no encontraba el pergamino. Inmediatamente se alarmó y comenzó a buscarlo, hasta que lo localizó en el suelo, cerca de donde estaban sentados. Lo tomó y lo guardó apresuradamente en su bolsillo, ante la atenta mirada de Sirius.
El ojigris se percató del extraño comportamiento de la castaña hacia ese papel, pero no le dio importancia. Lo más seguro es que fuera alguna carta de algún amigo o familiar. En ese momento, la castaña lo miro fijamente a los ojos y pudo ver la melancolía que los embargaba.
-Black, por favor, cuídate.- dijo la castaña, antes de irse caminando hacia el castillo, dejando a un extrañado ojigris
-¿Por qué con esta mujer nunca las cosas quedan claras?- se preguntó a si mismo, mientras veía el camino por donde la castaña se había perdido, para luego posar sus ojos en el casi extinto sol que se ocultaba a lo lejos.
-SWAN- escuchó que gritaban detrás de ella. Acababa de dejar el campo de quidditch y se disponía a dirigirse a su habitación y encerrarse hasta el día siguiente.
-¿Es que hoy nadie puede estar sin mi?- se preguntó a si misma con ironía, mientras se giraba para encarar a la persona que la llamaba, encontrándose con la figura jadeante de James Potter.
-¿Qué se te ofrece, Potter?- preguntó la castaña con algo de impaciencia. Deseaba estar sola, pero por alguna razón, no podía conseguirlo.
-¿Tienes cinco minutos?-preguntó el morocho, mientras recuperaba el aliento. La castaña lo miró con suspicacia, pero decidió ceder esta vez. Al fin y al cabo, parecían realmente arrepentidos por lo que sucedió hacía tres días.
-Si, pero tan solo cinco.- respondió la castaña con resignación. En ese momento el joven sonrió ampliamente y tan sinceramente que la castaña no pudo evitar responderle, pero tampoco pudo evitar sentir una punzada en el pecho. Esa sonrisa era igual a la de Harry.
El morocho la haló inmediatamente, antes de que ella se arrepintiera de ir con él y comenzó a correr hacia el bosque. La castaña se dejaba guiar, pero aun así sentía un poco de desconfianza, ya que ella era una Slytherin, lo que la hacia parte del blanco preferido de los merodeadores. James iba feliz por haber podido convencer a la castaña de acompañarlo, ahora tan solo esperaba que le gustara el lugar al que se dirigían, le gustara tanto como a él.
La castaña buscó su varita con la otra mano, mientras seguía corriendo tras James. Quería asegurarse de estar preparada para cualquier cosa, sea una broma o por alguna criatura que se encontraran en el camino. Luego de correr unos minutos, el joven comenzó a disminuir la velocidad. Poco después se detuvo por completó y se giró hacia la castaña que lo miraba interrogantemente.
-Swan, cierra los ojos por favor.- pidió el morocho, mientras la miraba fijamente. Sabía que la joven dudaba de él, por lo de la broma de hacía tres días y que no confiaba mucho en él, pero trato de transmitirle toda la confianza y seguridad que pudo, mirándola fijamente, hasta que notó como la joven asentía y cerraba sus ojos. Suspiró tranquilo y comenzó a guiarla.
-Tranquila, nada malo pasara. Lo prometo.- comentó con suavidad el joven, tratando de transmitirle confianza a la castaña. Hermione sabía que el joven no haría nada malo contra ella. Algo en su interior se lo decía y sintió que era lo correcto en confiar en él y hacer lo que le pedía, dejándose guiar ciegamente. Luego de unos minutos, se detuvieron de nuevo. –ya puedes abrir los ojos, Hermione.- susurró quedadamente el morocho. El joven estaba expectante, quería saber como reaccionaría la joven ante lo que tenía al frente.
La castaña abrió lentamente sus ojos, tratando de acostumbrarse a la luz y cuando pudo hacerlo, dejó salir una exclamación ahogada. Se encontraba frente a una pequeña laguna cristalina, rodeada de altos árboles y de muchas flores. Habían flores de todos los colores y olores, decorando todo de manera sutil, pero exquisita. La castaña recorrió el lugar con sus ojos, llenándose de esa aura tranquila que transmitía y sin poder evitarlo, sonrío dulcemente. Vio diversos animales cerca del lugar y notó como un pequeño conejito se acercaba a la laguna a beber agua. El lugar era hermoso. La joven se giró hacia donde se encontraba el morocho y le sonrió radiante, para luego colgarse del cuello de él y besarlo en la mejilla como agradecimiento.
-Este lugar es hermoso. Gracias por mostrármelo.- dijo la castaña mientras se separaba del joven, quien se encontraba anonadado por la reacción de la joven, mientras su rostro mostraba una sonrisa atontada.
-Es mi escondite. Lo encontré un día en que me perdí por casualidad en el bosque.-comentó el joven, mientras se acercaba a la joven y la llevaba más cerca de la orilla de la laguna, donde pudo ver un par de troncos que se encontraban dispuestos a modo de sillas.
-Un día en que decidiste quebrantar las reglas y entrar al bosque prohibido.- comentó la joven con una sonrisa, haciendo reír al joven. Su risa era suave y atrayente.
-Es cierto lo que dices, pero valió la pena romper las reglas esa vez y esta también.- respondió con suavidad.
-Si, tienes razón.- respondió la castaña con una sonrisa, sorprendiéndose a si misma por darle la razón sobre el romper las reglas de la escuela.
-Quería mostrártelo para que vengas cada vez que necesites estar sola. Este lugar tiene un aura llena de paz, que permite que uno piense con claridad.- dijo James mientras señalaba el claro.
-Gracias.- agradeció nuevamente la castaña. Ese había sido un detalle hermoso y se sintió conmovida por ello. Ahora entendía un poco mejor, el porque Lily Evans había terminado enamorada de él. James, cuando dejaba de ser tan petulante, podía llegar a ser una persona muy dulce y amable. "Supongo que es la edad, aún es un adolescente inmaduro" pensó Hermione con algo de gracia, sonriendo levemente por ello.
-Creo que es momento de irnos. Ya pasaron los cinco minutos que me concediste y ya esta apunto de oscurecer. Y es peligroso estar en el bosque cuando cae la noche.- comentó el joven mientras le tendía la mano a la castaña para guiarla nuevamente hacia el castillo. Hermione sonrió por esto y se dejó llevar nuevamente por el merodeador, mientras retenía el camino por el que iban. Quería poder regresar a ese pequeño pedazo del cielo, que James, tan dulcemente le había mostrado. "Creo que no será tan malo si me permito conocer mejor a los merodeadores" pensó la joven mientras seguía su camino hacia el castillo.
-Bueno Swan, hasta aquí llegamos.- dijo James mientras se detenía frente a la puerta del Gran comedor.
-Si hasta aquí llegamos.-repitió la joven para si misma, pero luego despertó de su ensoñación y le regaló una pequeña sonrisa. –Gracias por todo, Potter.-dijo la joven mientras se daba media vuelta y comenzaba a caminar hacia las cocinas.
-¿No piensas ir a cenar?-preguntó el morocho, como un vago intento de retenerla un poco más.
-No Potter, hoy no estoy de ánimos para ello. Quisiera estar sola por un rato.- respondió la castaña deteniéndose en su lugar pero sin voltear. –Por favor mándale mis saludos a Remus.-comentó la castaña girándose para luego guiñarle un ojo. –No lo he visto en todo el día.-concluyó cuando vio que el rostro del morocho se ensombrecía un poco.
-Lo haré cuando lo vea.-respondió James con tono serio.
-No deberías ponerte así Potter, harás que me arrepienta de darles la oportunidad de conocerlos.- comentó como si nada con una pequeña sonrisa en sus labios. –Nos vemos luego, Potter.-se despidió la castaña con un movimiento de muñeca y luego se giró para continuar con su camino.
El morocho se quedó de pie en la puerta del Gran comedor con una sonrisa en sus labios, observando el lugar donde había estado la castaña, para luego girarse y entrar al Gran Comedor. Caminó sin darse cuenta y se sentó junto a Remus y a Sirius, teniendo a Peter enfrente, quienes lo miraban extrañado.
-Hola chicos.- los saludó sonriente, para luego girarse a ver a Remus. –Moony, Swan me pidió que te enviara sus saludos, ya que ahora quiere estar sola y no vendrá a cenar.-comentó el joven mientras se comenzaba a servir la comida, dejando sorprendidos a los otros tres merodeadores.
-¿Cuándo te dijo eso?-preguntó Sirius mirando fijamente a James.
-Ahora mismo.-respondió el joven, mientras comenzaba a comer.
-¿y como fue que dejo que te acercaras tanto?-preguntó Peter intrigado.
-En esta pequeña guerra, ese tipo de secretos son los que nos permiten ganar.-respondió el chico con tranquilidad, para luego tomar un trago del jugo de calabaza.
-Carpe Diem.-susurró Severus frente al cuadro de Christine, la joven le sonrió y le dejo entrar. Caminó con paso tranquilo, aunque por dentro estaba temblando de los nervios al estar por primera vez en los aposentos de la misteriosa castaña.
La vio sentada en un sofá, leyendo tranquilamente un libro. Se veía apacible y relajada. La luz proveniente de la chimenea hacia que sus cabellos castaños tomaran tintes dorados. Se veía hermosa. Tan irreal, pero a la vez tan cercana. En ese omento sintió los ojos miel de ella sobre si, y los vio relucir por la luz de la llamas. Sintió que su rostro se sonrojaba furiosamente, pero aun así se acercó con pasó lento al sofá que estaba justo al lado de la castaña.
-Gracias por venir, Severus.-agradeció la castaña con una sonrisa en sus labios, mientras cerraba el libro que tenia en sus manos y lo posaba sobre sus muslos.
-No hay problema.-respondió el pelinegro con esfuerzo.
-Severus, necesito de tu ayuda.- dijo la castaña sin preámbulos y sin titubear, mientras lo miraba a los ojos. En ese momento, el joven se sintió extremadamente feliz. La castaña le había pedido ayuda a él en vez de recurrir a Regulus, lo cual demostraba que le tenía confianza y aprecio. –Espero que me ayudes, por favor.-pidió la joven con suavidad, pero sin llegar a denigrarse.
-Por supuesto, Hermione.- respondió el joven, dejando ver una minúscula sonrisa, lo que alegró a la castaña. -¿en que necesitas mi ayuda?- preguntó el Slytherin.
-Tengo que hacer una poción que requiere mucha concentración y trabajo.-comenzó a decir la castaña mientras posaba sus ojos en el fuego.
-pero si tu eres de las mejores en pociones.- comentó extrañado el joven.
-Puede ser, pero necesito de tu ayuda, además de que necesito que aprendas a realizar esta poción en especial.- respondió la joven sin dejar de mirar al fuego. –Sé que en un futuro, será de mucha ayuda el que la conozcas.- completó la joven, mirando nuevamente al pelinegro.
-Esta bien. ¿Cuándo comenzamos?-preguntó Severus.
-Necesito algunos ingredientes que me hacen falta, pero espero tenerlos todos para mañana.- comenzó a decir la castaña quitando su mirada del joven, mientras acariciaba levemente el libro. –Es necesario que esa poción comience a hacerse mañana a más tardar en la noche, para que este lista para el miércoles.- completó la joven.
-¿y porque con tanta prisa? ¿Qué pasa el miércoles? Lo único que se que sucede es que el miércoles es…-comenzó a decir el joven cuando repentinamente cayó en cuenta de algo y abrió sus ojos. -¿Tu eres un…?-intentó preguntar el joven con asombro.
-No, pero quiero ayudar a uno.-respondió hermione algo taciturna.
-Eso es imposible. No existe poción alguna para curar la licantropía.- exclamó contrariado el joven.
-Es cierto, pero yo conozco una poción que es capaz de neutralizar varios de los síntomas que se dan en la transformación.- respondió la castaña, aun sin darle la cara.
-¿Por quien lo haces?- preguntó el joven. Necesitaba saber por quien ella se preocupaba tanto.
-Severus, yo se que tu lo sabes. Por favor, no me hagas más preguntas cuyas respuestas conoces.- respondió la joven mirándolo otra vez, pero en sus ojos se notaba el cansancio que su alma tenía.
-¿pero como te enteraste? si aun no ha pasado un mes desde que estas aquí-Preguntó el joven un poco más tranquilo.
-Eso por ahora no te lo puedo contestar.- respondió la castaña mirándolo fijamente. –Severus, te vuelvo a preguntar. ¿Me ayudaras a realizar la poción? A pesar de que tú y yo sabemos para quien es- preguntó la castaña nuevamente.
-Te ayudaré en lo que pidas, Hermione. A pesar de que no entiendo el porque de ayudar a Lupin.- respondió de mala gana el joven, al mencionar el apellido del merodeador, sacándole una sonrisa a la joven.
-Sabia que lo harías, Sev.- comentó Hermione con cariño, sorprendiendo al ojinegro. –Tienes un gran corazón, por favor no dejes que te lo congelen.-completó la castaña con una misteriosa sonrisa, como de aquel que sabe un secreto y no lo dice.
-¿Por qué te preocupas por ese Gryffindor?-se atrevió a preguntar el ojinegro, al verse en confianza.
-Porque se que es una buena persona, y se que merece un poco de ayuda en los momentos mas difíciles.- respondió la castaña con suavidad.
-Si, ¿pero después de tratarlos tan fríamente?- continuó preguntando el joven. Es que no entendía la actitud de la castaña.
-Todos merecemos una segunda oportunidad Severus. Además, no creo que sean tan malos. Tan solo son unos inmaduros.- respondió refiriéndose a los merodeadores. –Severus, te tengo mucha confianza. Espero que no me traiciones.- comentó la joven mirándolo a los ojos, haciendo que el joven se enorgulleciera al escucharlo.
-Tranquila, te prometo no hacerlo.-respondió el joven con solemnidad, haciendo sonreír a la castaña nuevamente. En ese momento miró su reloj y notó que era bastante tarde, ya eran casi las once. –Me tengo que ir, antes de que Filch me atrape.- dijo el joven colocándose de pie, para luego ser imitado por la castaña.
-Por supuesto. Ten cuidado.- respondió la castaña mientras se levantaba. –Y Sev. Todo lo que hablamos será un secreto entre tu y yo solamente.- dijo la castaña mientras se acercaba al joven para darle un beso en la mejilla como despedida, haciendo que el pelinegro se sonrojara. –Buenas noches, Severus.- dijo la castaña antes de comenzar a dirigirse hacia su habitación. El ojinegro sonrió levemente y salió de la sala común de la castaña, disponiéndose a ir a las mazmorras de Slytherin.
