KEISHICHO
*Metropolitan Police Department - MPD*
Capítulo 10
"La que está detrás de mí"
Después de un largo recorrido en la línea del metroYurakucho, logré encontrar un asiento vacío para en menos de dos minutos tener que abandonarlo y hacer el trasborde en la estación de Ikebukuro, donde mi destino final, el barrio Nerima, culminaría el camino más largo recorrido por mí y no por burlar la vigilancia que me acosa, sino para llegar al hogar Harada, donde mis compañeras me esperan con ansias de explicarles, primeramente, la razón de mi retraso y luego, el cosplay que usaré como ensayo para el domingo.
El teléfono que Fujino me obligó a comprar no ha sido una mala adquisición después de todo, aunque quizá sea tiempo de variar un poco el acervo musical ya que escuchar la misma canción durante todo el viaje, me ha dado dolor de cabeza. Aunque el dolor tal vez sea resaca, sin embargo no recuerdo haber bebido tanto, además la castaña me obsequió un par de aspirinas durante el desayuno. Takeda se presentó a las puertas del departamento muy temprano y por el interfon ella dispuso que la esperara afuera para después, ambos partir por la entrada principal mientras yo hacía mi graciosa huída por la salida contraria. Gracias al oficial, me evité la engorrosa plática con la jefa que pospuse como loca para no pensar sobre el asunto.
Era obvio que no había pasado nada entre nosotras pero la mujer estaba empecinada en hacerme la vida de cuadritos y disfrutar de mi claro y evidente momento, de confusión total. En fin, que al menos conservo todas mis partes y mi piel no demuestra señas de ningún tipo de maltrato físico más que el golpe recibido con el poste de luz de anoche. Méndigo poste. Por tu culpa no recuerdo ni cómo llegué a la cama con Shizuru ni cómo me despojé de mi ropa para dormir en el mismo colchón con ella.
Con dirección en mano, recorrí una a una las calles del barrio, internándome en uno de los suburbios más típicos de Nerima, donde una casona al estilo japonés se encontraba ubicada en la dirección que Harada-junsabucho, había señalado. Era pues el hogar de la sargento. Un caserón que quizá data de la segunda guerra mundial por lo antiguo de su estructura. Así entonces empujé el portón del hogar y entré para toparme con un hogar típico donde hasta un pequeño lago artificial adornaba la entrada de un terreno verde y bien cuidado. En el jardín, unos niños correteaban jugueteando y unas mujeres me saludaron con educación para preguntarme a quién estaba buscando, pero poco después Harada me llamó desde la entrada de la casa y les explicó que era su compañera de trabajo.
- "Kuga-san, bienvenida" - Me saludó con cortesía una mujer castaña con un bebé en brazos - "Oneesama nos había dicho que tendría una reunión de trabajo, mas no esperábamos un visitante más" - Sonrió complacida la chica, mientras mecía al crío quien dormitaba plácidamente en su regazo.
- "¿Eres tú la famosa jefa de la que siempre habla Chie?" - Preguntó otra chica quien se encontraba sentada a la puerta de la entrada de la casa.
- "No, no" - Negó rotundamente la castaña - "Esa es Fujino-san, esta chica debe ser la famosa detective de Shinjuku" - ¿Famosa yo?
- "Perdona a mis hermanas Kuga" - Se disculpó la sargento - "Son algo entrometidas"
- "Y tú eres algo comunicativa" - Respondí sin pensar, acto que arrebató una serie de carcajadas de las otras féminas.
- "Es exactamente como la describiste" - Me sonrió la castaña - "Pensé que era mayor" - Hello estoy aquí.
- "Kuga es traga años" - Yo te voy a decir qué vas a tragarte si sigues hablando sobre mí - "Te presento a mis hermanas menores, Chisato y Chiaki" - Ambas hermanas me miraron orgullosas y por un momento pensé que realizarían una reverencia como en las películas antiguas.
- "Tu padre no se partió la cabeza en pensar sus nombres" - Aquí me miraron feo - "¿Hermanas menores?"
- "Chie es la mayor" - Me respondió Chiaki, quien llamó a una de las niñas y comenzó a cepillarle el cabello.
- "¿Y esa niña es la menor?" - Aquí la joven me miró con reserva y antes de responder Chisato se le adelantó.
- "Es su hija" - Dijo entre risillas - "¿Muy joven verdad?" - Bastante, sobre todo porque pensé que no tenía más de veintidós y la niña ha de tener sus buenos seis años - "La solterona de la casa es nuestra hermana Chie"
- "Ya sabes" - Intervino Chiaki - "Hermana saltada..."
- "¡Hey!" - Protestó Chie - "No es mi culpa que ustedes no hayan usado condón" - Uy - "Además, no es como si ustedes estuvieran casadas" - Aquí ambas hermanas callaron y Chie me llevó al interior de la casa.
- "Linda familia Harada" - Bromeé para tratar de alivianar el tenso momento.
- "Y las que te faltan"
- "¿Hay más?" - Pregunté alarmada.
- "Somos seis hermanas Kuga"
- "Órale, tu padre no conocía el televisor"
- "Mi padre buscaba a su hijo varón" - Sonrió la sargento - "Por aquí Kuga, bienvenida al hogar Harada"
- "Gracias" - Chie me introdujo a su habitación en donde encontré a Nao leyendo mangas - "Araña" - Saludé con cariño a mi pareja de trabajo.
- "Perrancia" - Respondió con su típica sonrisa sardónica - "Apenas y llegas" - Reclamo marital, hoy no estoy de humor - "¿Resaca?"
- "No molestes" - Volvió a mirarme con maldad.
- "¿Qué te pasó en la frente?" - Iba a responder pero por alguna extraña razón, Nao estaba más odiosa que de costumbre - "¿Te peleaste a golpes con Fujino?"
- "Eres..." - La iba a insultar, hasta que me percaté por vez primera que junto a la araña había una chiquilla como de dieciséis años mirando unos retazos de tela que se encontraban regados en la mesita de estar del cuarto de Harada - "Oi"
- "Te presento a la menor de las hermanas Kuga" - Interrumpió nuestro argumento Chie - "Otome-chan"
- "Gusto en conocerte" - Me saludó la menor de las Harada, quien físicamente era muy distinta a todas las demás, puesto que su cabello era de un amarillo ocre.
- "Igualmente" - Saludé - "Kuga" - Me presenté pero ella volteó para donde Nao casi ipso facto.
- "Tienes razón Nao, es perfecta para el personaje" - ¿Uh?
- "Te lo dije"
- "¿De qué me estoy perdiendo?" - ¿Por qué te llevas con tanta familiaridad con la hermana menor de la sargento y por qué siento que esto no tiene buena pinta? - "Nao"
- "Hablamos de Kaname-sama" - Miré a la menor de las Harada como si tuviera dos cabezas - "¿Vampire Knight?" - ¿Ah?
- "¿Vampiros?" - Alcancé a responder y de momento una neurona hizo sinapsis - "¿Están hablando del disfraz?"
- "Capisci perrancia" - Gruñí.
- "Llámame de ese modo de nuevo y te voy a meter estas tijeras por el..."
- "Calma, Kuga" - Me calmó, ignoro cómo lo hace pero le funciona - "Lo de hoy son los vampiros y tu semblante pálido se asemeja bastante al de Kuran Kaname"
- "¿Pretendes disfrazarme como un personaje de Crepúsculo?" - Nao torció la boca.
- "¡No! Kaname-sama no se parece en nada a esa inmunda película americana" - Protestó de manera melodramática - "Aunque hacerla de Bella me hubiese quedado muy bien..."
- "¡Araña enfoca!" - La sacudí por los hombros - "¿Qué demonios estás tramando?"
- "Yo seré Yuuki" - Pestañeó de manera coqueta y la miré como a una loca, hasta que Otome-chan me enseñó un manga para sacarme de mi ignorancia.
- "Habla de este manga" - Me lo entregó y miré de reojo la portada - "¿La chica castaña es Yuuki?" - Ambas asintieron con el rostro y pude ver a lo lejos, el cómo las gafas de Chie brillaron con gran fulgor - "¿Y quién soy yo?" - Sonrisas macabras... Hell, no. No. No. No.
- "Él" - ¿Él? ¿Dijo, él? El maricotas de traje blanco y con moño de gato que parece mujer más que hombre y que...
- "¡Que me lleve el carajo antes!"
- "Baja la voz perrancia, no estás en una cantina, este es un hogar decente" - Me reprendió la de los ojos verdilimas - "Necesitamos cortarte el cabello"
- "¡Cierto!" - Respondió Otome-chan - "Podemos pedirle a Chio que nos apoye en esa tarea"
- "También necesita pupilentes" - Me miró Chie con detenimiento - "No puede andar con esa mirada esmeralda el domingo"
- "Hecho" - Anotó la araña en su libreta de Kitty - "¿Algo más?" - Hola... Sigo aquí.
- "China nos ayudará con el maquillaje" - Continuó Otome mientras Nao apuntaba más datos en su libreta - "Chika y yo les ayudaremos con el vestuario, ya diseñé los trajes, mira" - Nao dejó de apuntar y proyectó todo su interés en un boceto de los disfraces que había preparado la menor de las Harada.
- "Son muy buenos" - Comentó la hermana mayor y me miró de reojo - "¿No lo crees Natsuki?" - Pero para cuando se dieron cuenta yo ya estaba trepada en la ventana y a punto de salir huyendo.
- "¡Deténganla!"
Y esa fue la triste historia de cómo terminé con mi cabello degrafilado, con el rostro maquillado cual vulgar cara pálida y con piquetes de agujas por todo el cuerpo para las medidas del traje que las Harada se matarían a terminar en una semana. En realidad necesitaba desesperadamente ir a casa, ese día no paré en la oficina para nada y no tenía ganas más que de echar una siesta y olvidar todo aquello. Algo me decía que si no me dedicaba a realizar investigación policiaca seria, terminaría haciendo de payaso de circo de Nao por un tiempo indefinido, acto por demás traumático y espeluznante.
Mi hogar, ese departamento prohibido para muchos y desconocido para casi todo el mundo. Mi universo, mi refugio. En realidad, mi casa no queda muy lejos del trabajo, sólo que me he visto en la penosa necesidad de dar cientos de vueltas hasta asegurarme de que nadie me vigila cuando me dirijo a él. Es más, le quito la batería al celular por si me están siguiendo por vía satelital, aunque quizá esto sea una exageración. Pero así he vivido los últimos cuatro años, antes no tenía la necesidad de esconderme tanto pese a que he sido plenamente consiente de que me vigilan desde la niñez, desde que mamá murió en aquel extraño atentado en mi hogar donde al parecer, nadie supo nunca quién lo perpetró o por qué.
Cuatro años ya de cuidados al extremo de mi vida privada y de lo que me rodea. Ni siquiera puedo tener una mascota por temor a que al llevarle al veterinario o al parque, alguien de con mi verdadero paradero. Una pena en verdad, pero así debe ser, todo sea por ella. Su vida ya es de por sí muy complicada como para enredarla con la mía, pero de una u otra forma, ya nos acoplamos a ello. Ya vendrán tiempos mejores, algún día, quizás...
Con extrema precaución entré al edificio del departamento, introduje la llave en el cerrojo y fui recibida por una voz algo infantil pero que a la vez no lo era, que me daba la bienvenida como todos los días.
- "Bienvenida a casa, Natsuki"
- "Estoy en casa"
()()()
La veda temporal impuesta por la jefa termina hoy y si no, la termino yo. Pues eso de andar jugando a la casita y las muñecas nunca fue lo mío y tener a unas compañeras de juegos como lo eran Harada y Nao, era insufrible. ¡Para mujeres más jodidas! Carajo. Par de ladillas de motel de cuarta, mira que hacerme pasar tan mal rato y gozar de mi humillación, pero ya, eso se acabó. Ahora a tratar de hacer trabajo policiaco puro o sea, de chofer con la jefa.
Así que con la plena autorización de Shizuru para invadir su espacio vital con todas las de la ley o dicho de otro modo, con la copia del juego de llaves que me entregó, irrumpí en su departamento a primera hora de la mañana. Con cierto recelo, revisé primeramente el compartimento que estaba en la entrada donde Shizuru guardaba los abrigos, al ser este un piso al estilo occidental me era difícil saber si tenía visitas. Es así como he tenido que valerme de ciertos trucos para no repetir aquella bochornosa escena donde la pelirroja y ella se estaban... Bueno, ya saben qué.
- "No hay abrigo ni bolso, seguimos"
Proseguí con más confianza mi inspección del lugar, donde encontré fuera de su sitio una botella de ron, sin embargo sólo había un vaso y en los muebles no había indicio alguno de que hubiera habido alguna visita al hogar. Como no escuché ningún sonido que indicara que Keishicho estuviera despierta proseguí mi inspección del sitio, más por curiosidad que otra cosa, pues me quedaba claro que la jefa durmió sola ayer.
En un mueble donde Shizuru guardaba cristalería fina, encontré algunas fotos familiares, en una de ellas se le veía mucho más joven y hermosa, abrazada a un hombre de aspecto severo que si no me equivoco, era el jefe de jefes de la ANP, el Comisario General Fujino. No dudo que Shizuru haya sido una rompecorazones en sus días escolares, hoy por hoy, levanta suspiros entre muchos de mis colegas del edificio. La miran con respeto pero siempre hay en sus miradas ese brillo lascivo que ella misma provoca y que sé que en el fondo, también disfruta. Lo que ellos no saben es que el objeto de su adoración gusta de beber alcohol hasta tumbarte, es incapaz de realizar labores domésticas a menos que no le quede de otra, es más dedicada a su trabajo que a nada y gusta de las pelirrojas.
Casi reí ante este pensamiento. Mira que Nao es pelirroja pero quizá no le atraigan muy menores o simplemente está satisfecha con la que tiene. Yuria. La mujer misteriosa con la que se frecuenta pero que nunca se les ve juntas por ningún lado. Pensé encontrar una fotografía de ella por aquí pero no la hay, quizá la guarde en su bolso o tal vez simplemente no exista. Resoplé un suspiro y preferí mejor iniciar mis labores de esclava al ir a la cocina a preparar café, que yo también lo necesitaba después del amargo día que fue ayer. Puse a calentar el agua a la estufa y de momento sentí cómo unos brazos me rodearon la cintura, mientras que al mismo tiempo, esa persona me olía los cabellos.
- "¡Shizuru!" - Exclamé - "Por poco haces que bote el agua" - Me solté de su abrazo con el rostro totalmente enrojecido, sólo para escuchar su risilla maliciosa.
- "Tranquila Natsuki, sólo te estaba saludando inocentemente" - Inocentemente mis nalgas.
- "Cielos, casi me matas del susto" - Me llevé las manos al cabello de manera nerviosa, hasta que me fijé que su sonrisa se había borrado y me miraba con cierta irritación.
- "¿Qué demonios le hiciste a tu cabello?"
- "¿Mi cabello? ¡Ah!" - Cierto - "Nao me lo cortó" - Su ceño se frunció mientras que su nariz se arrugaba en una mueca de furia total.
- "¿Con el permiso de quién has decidido cortarte el cabello, Kuga Natsuki?" - Órale, no escuchaba mi nombre así desde la escuela elemental.
- "¿No te gusta?" - Bromeé, pero Shizuru no estaba jugando, su molestia era real.
- "¿Qué más pretende hacer contigo Yuuki?"
- "Usaré pupilentes" - Shizuru arqueó una ceja - "Un tono de ojos como el tuyo"
- "Definitivamente no, te lo prohíbo"
- "Es para el caso..."
- "Dije no" - Me tomó por los hombros - "Me perteneces así que la próxima vez que se te ocurra hacer algo sin avisarme te castigaré el doble" - Me sacudió - "¿Entendiste?"
- "Tranquila" - Le agarré las manos cuyos dedos se me estaban enterrando en la piel - "No fue mucho lo que cortaron"
- "He dicho" - Acarició mis cabellos mientras me miraba - "Odiaría no ver tus ojos esmeralda" - Ok... esto se está poniendo rarito.
- "Mira" - Traté de distraerla para que dejara de mirarme como posesa - "Ya casi desaparece el golpe" - Le enseñé mi frente, acto seguido ella la acarició y de momento sentí que se me formaba un bolo en la garganta.
- "Natsuki, tú siempre tan misteriosa" - Aquí acercó su rostro al mío y su aliento me indicó que Shizuru definitivamente no estaba en sus cabales pues transpiraba ron por todos sus poros - "Dime, quién llena tus espacios" - Sus manos tomaron mi rostro y lo acercaron a sus labios que susurrantes prosiguieron su inteligible diálogo - "¿Qué tengo que hacer para que tú me ames sólo a mí?" - ¿Ah? - "¿Por qué insistes en mantenerlo todo en secreto?" - ¿Es a mí o está...? ¡Esta idiota me está confundiendo! - "Yo..." - Pero antes de que pudiera hacer algo, Shizuru me besó, así de la nada. Empujarla hubiera sido cruel, pero en realidad sus besos eran muy... Muy... - "Wow" - Sí, eso pensé.
- "Te prepararé un café bien cargado, vete a la mesa" - La castaña me sonrió, no había una sola señal de vergüenza en su rostro y su obediencia fue un acto por demás inusual - "¿Huevos para el desayuno cariño?" - Tan así que me animé a seguirle el juego.
- "¿Otra vez?" - Me miró con complicidad.
- "¿Sabes hacer algo mejor?"
- "Huevos entonces"
Una vez hervida el agua, le serví el café bien cargado y proseguí con mi tarea de prepararle el desayuno en lo que Shizuru hacía muecas al degustar su bebida. Poco después encendió el televisor para ver el noticiero y esa fue mi señal de que su estado alcohólico había desaparecido. Puse entonces el desayuno a la mesa y me senté para comer con apetito el mío, sin fijarme que Keishicho me miraba de reojo mientras seguía intentando tragar el líquido amargo de la taza.
- "¿Sabes?" - Llamó mi atención, la cual se encontraba enfocada en no atragantarme con los panecillos - "En realidad no te ves tan mal con el cabello así de corto"
- "Crecerá" - Respondí con la boca llena.
- "Espero que eso sea muy pronto"
Este momento al igual que el de la pasada noche, quedó en el olvido de nuestras mentes. Nosotras éramos simplemente compañeras de trabajo, no se podía ser algo más, cada una llevaba un camino y cruzarlos, no parecía encontrarse en la mente de ninguna de las dos. Shizuru tenía su vida y sus secretos, yo tenía los propios, era una idea impensable. Sin embargo, cada día me acostumbraba más a su compañía y el día pasado con Harada y Nao, pese a haber sido entretenido, no se comparaba en nada a las escasas interacciones que teníamos ella y yo. Tragaré entonces el desayuno junto con mis pensamientos, para al final cruzar la puerta y continuar la vida como la conozco.
- "Mira" - Me despertó de mi letargo Keishicho - "Debemos ir a las oficinas de inmediato"
- "Lo sé" - El noticiero hablaba de otro crimen, había trabajo por hacer.
La víctima en cuestión era una adolescente, pero aunque había fallecido bajo las mismas circunstancias que las víctimas anteriores, la chica dejó una nota de suicidio que confundía todavía más las investigaciones previas. La nota decía textualmente: "No puedo más con la presión" Hora de muerte, una de la madrugada. Los padres habían salido a una reunión por la noche y la encontraron muerta a su retorno al hogar.
()()()
- "¡Hemos quedado entonces!" - Una voz autoritaria finalizaba sus últimas instrucciones pertinentes con voz de mando.
- "Sí Keishicho" - Respondieron obedientes unas voces cabizbajas - "No volveremos a tocarle un pelo a Kuga sin tu consentimiento" - Sin comentarios.
- "Me parece bien" - Asintió la jefa - "Ahora a lo que nos compete, el caso" - Al fin - "Takeda, Kuga, ustedes revisarán el cuarto de la víctima, el resto hablará con los padres de la occisa para que no quede ningún cabo suelto"
- "Sí Keishicho" - Respondió un obediente Takeda.
Así fue como llegamos al departamento de la nueva víctima, Ariyama Akane, quien decidió que a su corta edad de puberta, había tenido suficiente de la vida y no quería proseguir. Mas sin embargo no se ha encontrado aún cómo es que se suicidó, pues en estos casos, una nota apunta a suicidio más que a homicidio. Es un hecho que se envenenó, pero aún ni la policía local, ni Takeda, ni yo; hemos encontrado lo que pudo haber ingerido para llevar a cabo su macabro plan.
- "Oye Kuga..." - Oh no, el zoquete quiere que platiquemos en lo que trabajamos. ¡Odio las interacciones laborales! - "No sé cómo decirte esto..."
- "¡Mira! Esta niña escuchaba a Sayuko" - Dije para salir del paso.
- "Sí" - Me miró rarito pero mi comentario no mermó su ímpetu inicial - "Sabes si Keishicho tiene algo que ver con el oficial Kanzaki?"
- "¿Eh?" - No sabía que a Takeda le interesaran los chismes de oficina - "Ni idea Takeda, yo que sé" - Respondí cortante, que si Fujino me sorprende hablando de su vida privada no creo que sea algo que quisiera que ocurriera.
- "Te lo digo porque circula un rumor..." - Oh, hell - "Ya sabes, entre hombres" - ¿Cuáles hombres? ¿Tú?
- "¿En serio?" - Cuestioné sin el menor interés en el tópico mientras miraba la colección de discos de la puberta.
- "Hay una apuesta"
- "Ajá" - Continué mirando sin ningún patrón en particular mientras merodeaba el cuarto como león enjaulado.
- "Sobre ti"
- "Claro" - Espera... ¡Qué! - "¡Qué dijiste!" - Pero yo que decía esto último y mi pie pareció haberse tropezado con algún objeto tirado en el piso, lo cual hizo que mi humanidad entera cayera al suelo, haciéndome morder el polvo del cuarto.
- "¡Kuga-keibu!" - Se apresuró alarmado el oficial chismoso.
- "Estoy bien" - Dije para mantener mi dignidad intacta ante tal vergonzoso acto - "¿Qué es esto?"
Debajo de la cama de la puberta, encontré un envoltorio vacío de alguna golosina que consumió recientemente, el olor que despedía era dulzón pero extraño y mi olfato detectivesco me hizo tomarlo como evidencia y llevarlo al laboratorio para que lo analicen. Ya en mi escritorio, en el momento en que estaba haciendo mi reporte de las evidencias encontradas en el lugar del crimen, decidí comentarle al equipo completo la información más importante recabada del día.
- "¡Hiciste una apuesta con Kanzaki que me involucra a mí!"
- "Ara" - Aquí aclaro, todos dejaron de hacer lo que hacían para poner atención al bochornoso momento.
- "¡Cómo pudiste!" - Reclamé en tono marital, debo confesar.
- "No sé de qué habla Kuga-keibu" - Y la jefa fingió demencia.
- "Yo te voy a refrescar la memoria..."
Y lo iba a hacer, era el momento propicio para indicarle a Fujino que no se metiera más en mi vida, pero en un giro inesperado del destino, mi celular sonó indicándome que cambios venían a mi vida que eran inevitables. Una pelirroja tetona con una emergencia doméstica, había decidido que era mi tiempo de retribución a todos los favores ejercidos en los últimos años en su morada. Mai. La mujer de Tate decidió dejar a su marido, agarrar sus cosas y cambiar su domicilio a uno menos conocido. Sí. Mai decidió irse a vivir a mi hogar.
Como alma que lleva el diablo, agarré mis llaves de la motocicleta las cuales siempre guardo en el cajón de mi escritorio junto con mi casco. No me despedí, ni siquiera di una explicación de mi emergencia doméstica. Simplemente corrí a todo lo que mi vehículo pudo dar y me dirigí a mi departamento, donde al abrir la puerta fui recibida por la pelirroja tetona con todo y crío.
- "Bienvenida a casa Natsuki" - Me saludó con una sonrisa pícara, la pelirroja.
- "¡Mai!" - Grité colérica, le iba a reclamar hasta que una voz detrás suyo me dio la bienvenida al hogar.
- "Bienvenida a casa Natsuki"
- "Estoy en casa, Nina..."
N/A: Después de una larga ausencia, trabajo, viajes, amor, odio, lágrimas, sangre, prisión y muchos eventos más que ahora ni al caso de contar... ¡He vuelto! No prometo nada, así que si alguien aún sigue esta historia no guarde muchas esperanzas de que leerá prontamente algo de esta mente enferma. Hasta entonces...
