Hola a todos! Miles de disculpa por mi extensa tardanza. Merezco sus quejas (?. Pero espero poder compensarselos. Ahora si, lean, disfruten y comenten. Si ustedes me dicen lo que piensan me estarian ayudando.
Gracias por no abandonarme. Saludos y cariños, Sofi.

Capitulo 10 "¿Por qué?"

- ¿Y qué tal así?- Pregunto Quinn saliendo del baño de su habitación, portando un delicado vestido azul con lunares blancos.
- ¿Qué caso tiene que te diga que te ves bien? De todas formas encontraras la manera de que convencerte de que no te gusta cómo te queda, te cambiaras y volverás a preguntarme como te ves- Le contesto Santana, recostada boca abajo en la cama de Quinn y sosteniendo su rostro entre sus manos con expresión aburrida.
- Ay, Quinn, te ves preciosa, se parece al moño nuevo de Blaine- Dijo Brittany contenta, quitando su atención de su libro para colorear.
- ¿Otra vez con el moño de ese maniquí con gomina? No has dejado de hablar de eso desde ayer- Protesto Santana incorporándose en la cama y mirando a su novia que estaba sentada a su lado.
Brittany se encogió de hombros.
- Es que es muy lindo.
- No, es horrible y demasiado gay- Sentencio cruzándose de brazos.
Brittany agacho su mirada, haciendo un puchero lastimero. Aquello le estrujo el corazón a la latina.
- De acuerdo, es lindo- Reconsidero, logrando que la rubia la mirase esperanzada.
- ¿Y el vestido de Quinn también lo es?- Le cuestiono.
Santana rodó los ojos.
- Si, es muy lindo- Solo Quinn logro reconocer la exasperación en su voz y rio ante la debilidad de su amiga para con Brittany.
- ¿Y yo también lo soy?- Le pregunto, con voz aniñada.
- No- Le respondió Santana sonriendo y haciéndose la interesante, mientras gateaba sobre la cama hasta alcanzar a la joven de ojos azules- Tu eres todo lo lindo del mundo, más bella que mil arcoíris… ¿Qué digo mil? ¡Millones!- Y se lanzo a ella para hacerle cosquillas.
Brittany, al ser de mayor tamaño, logro zafarse y sujetar las manos de la latina a ambos lados de la cabeza de la misma, recostándola sobre la cama, quedando ella por encima. Aun riendo y con la respiración entrecortada se apodero de los labios de Santana.
- ¡Chicas, chicas!- Las llamo Quinn- Céntrense, por favor.
Brittany levanto la cabeza.
- ¿Centro? ¿Puedo con el de Santana, aquí?- Pregunto emocionada.
- ¡Brittany!- Gritaron al unísono las otras dos jóvenes.
La infantil y joven rubia se encogió de hombros, sin encontrar cual era el problema.
- No, Britt, no me refería a eso. Y solo para aclararlo, jamás, repito, ¡Jamás! harán eso aquí, en mi casa, en mi cama. ¿Entendido?- Hablo Quinn, apuntándolas con un dedo. Las dos asintieron, se regalaron un corto beso, se reincorporaron sentándose una junto a la otra e hicieron fuerza por mantenerse quietas- Ahora sí, concentrémonos en mi- Prosiguió.
- ¿Por qué tanta desesperación, Quinn? Quiero decir, creí que esto era una "Cita de amigas"- Dijo Santana, haciendo gesto de comillas en el aire.
- Y lo es, pero aun asi quiero estar presentable- Se defendió.
- Estas presentable.
- Bueno, quizás mejor que presentable- Agrego Quinn.
- Estas mejor que presentable- Combino Santana.
- Yo digo que estas muy linda- Acoto Brittany.
- ¿Eso crees?- Pregunto la joven de cabello corto, sin ocultar su emoción. Su amiga asintió enérgicamente- ¿Y tú qué piensas, San?
- Que de lo desesperada que estas por verte perfecta, lo has logrado.
- No estoy desesperada- Sentencio Quinn con brusquedad- Pero aun así, gracias.
- Al menos por fin lo admitiste- Agrego Santana.
- ¿Admitir que?
- Que quieres estar perfecta para ese Hobbit.
- ¿Cuántas veces más tengo que repetirte que no le digas así?
- Quizás hasta que te aburras y dejes de repetírmelo, porque yo tampoco dejare de hacerlo y no pienso perder- Le contesto- Además, te recuerdo que tú misma eras la primera en inventarle los más creativos apodos.
- "Era", tú misma lo dijiste. Y no, no me cansare de hacerlo. Se llama Rachel, punto.
- Tranquila fiera, ni que fuese tu novia.
Quinn la fulminó con la mirada.
- Descuida, pronto lo serás- Quinn fue en busca de un almohadón y se lo lanzo a Santana, que rápidamente fue cubierta por el cuerpo de Brittany en un acto protector- Ya, está bien, está bien tu ganas, baja eso- Le rogaba la latina entre risas, mientras asomaba la cabeza desde su escondite, encontrándose a una Quinn roja de furia, o quizás algo de vergüenza, con otro almohadón en mano, lista para atacar.

Quinn finalmente lo dejo caer al suelo y volteo para admirarse en el espejo. Estaba nerviosa, no podía negarlo con ella misma.
Luego de que había vuelto a hablar con Rachel, y esta haya aceptado su invitación, la joven diva no le dirigió nuevamente la palabra. Ni el resto de ayer, lunes, ni le contesto a la rubia los mensajes de texto, o el Facebook, o el correo.
Aunque, antes de que llegasen sus amigas a "apoyarla moralmente", según dijo Santana, Quinn había vuelto a abrir su Facebook, con claras intenciones de comunicarse con Rachel, pero al abrir sus notificaciones se encontró con una que la contento como a una niña.
"A Rachel Barbra Berry le gusta tu foto" Leyó como titulo y se sintió esperanzada y tonta a la vez. Rachel la estaba ignorando porque es insufriblemente orgullosa y aun no le había dado su perdón. Pero aún así, Quinn sabía que se lo ganaría.

Siguió estudiándose frente al espejo, intentando calmar su ansiedad y buscando algo que no estuviese tan perfecto como ella pretendía. Nada fuera de su lugar. Simplemente perfecta.
Perfecta como siempre, Quinn Fabray Se dijo a si misma orgullosa.

- Te ves genial, Quinn- Le dijo con sinceridad Santana, cuando la rubia volteo dejando atrás la imagen que le devolvía el espejo, convencida de que era la Quinn inmaculada de siempre.
- El cuerno de tu unicornio se ve maravilloso hoy- Dijo Brittany sonriéndole. Santana observo confundida la complicidad de ambas, sin entender nada.
- Gracias, chicas. Oh, Britt- Le dijo recordando un gran detalle- Casi lo olvidaba, esto es para ti- Busco una bolsa roja bajo su cama y se la tendió a su amiga, que al abrirla salto de la emoción.
- ¡No puedo creerlo! ¡Es bellísimo! Mira San, un unicornio- La alegría de Brittany contagio a la de Quinn, que sintió que si podía ser motivo de tanta euforia, podía ganarse esa noche el regreso de su amistad con Rachel Berry.
- ¿Te gusta?
- Absolutamente sí, es hermoso. Gracias Quinnie- Le dijo cariñosamente, siendo el apodo bien recibido por la joven Fabray, que normalmente le reñía a quien sea que le dijese así, pero Brittany era alguien con la que jamás te enojarías y a la que siempre querrás ver sonriendo- Tengo que ponerle un nombre- Dijo pensativa mientras Santana le acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja.
- ¿Y bien Fabray? ¿Lista para partir?- Le pregunto la latina, incorporándose junto a la otra rubia.
La joven de ojos verdes dio la afirmación con una sonrisa radiante y excitada, y las tres salieron de la casa de Quinn, esta ultima en dirección a la residencia Berry.

16:20 Quinn Fabray había llegado a su primer destino. 16:25 se digno a tocar el timbre del hogar de la diva de Lima, habiendo estado 5 minutos inhalando y exhalando para relajar sus nervios y se rio al recordar que eso mismo le dijo que hiciera Santana. Aquello último logro liberar su tención y ahora se encontraba frente a una bonita puerta de madera que se abría ante ella, dejándose ver una joven de baja estatura y semblante tímido. La sonrisa de Rachel siempre lograra cautivar a Quinn.

Luego de los respectivos saludos, tímidos como si fuesen niñas, de sonrisas ocultadas y mejillas sonrojadas, e incluso de que Rachel halagase la pulcra puntualidad de Quinn, subieron al auto de la rubia y dieron inicio al rato que compartirían.
El silencio durante el trayecto hizo sudar la gota gorda a Quinn, que se preguntaba cómo era que conseguía a los chicos que quisiera con solo ser vista y que no era necesario mover un solo dedo por ganárselos. Porque en ese mismo instante no encontraba que decir para iniciar conversación con su acompañante, la cual en secreto no pasaba por alto la forma en que Quinn apretaba el volante, deduciendo que estaba nerviosa. Se pregunto por qué.
La rubia por su parte se lleno de interrogante acerca de por qué ella misma había comparado sus conquistas con el estar recuperando la confianza de Rachel. Aquello era amistad. Solo eso.

¿Seria muy evidente si enciendo la radio? Pensó Quinn, harta de oír aquel silencio que solo la incomodaba más y más.
Simplemente lo hizo, ya que no había algo peor que Rachel Berry con la boca cerrada, haciendo de ese silencio algo además irreal y desgarrador.
Suspiro por lo bajo y agradeció en secreto a la diva cuando esta comenzó a cantar una canción que reconoció en la radio.

- No puedo creer que de la casualidad de que emitan un viejo éxito de Barbra cuando estamos en camino a ver Funny Girl- Comento Rachel, ilusionada como una niña.
Quinn no había prestado atención al tema que sonaba en la radio, solo se sentía relajada al ya no tener que odiar el sonido de la nada. Sintio alivio cuando Rachel hablo y luego solo intercambiaron unas pocas palabras, lo cual en su mayoría significaba una morena que no cerraba la boca y que siquiera tomaba aliento para hablar, hablar y seguir hablando.
Quinn solo la escuchaba, preguntándose si Rachel estaba respirando. "Es tan Berry" Pensó la rubia.

Aun asi, la diva se mostraba algo distante, casi desconfiada. Solo hablaba, y de que manera lo hacia, si surgia algún tema respecto al cual no sea psicológica y físicamente capaz de evitar dar su opinión. Como por ejemplo su ídolo Barbra, que salió como tema a colación en cuanto Quinn por maldita desgracia encendio la radio.
La rubia se contuvo de callarla como bien deseaba hacerlo, ya que se recordó a si misma que debía hacer buena letra con la chica, y por algún extraño motivo encontró agradable el parloteo de la misma.

Rachel parecía una niña en una juguetería. Apenas atravesaron la puerta del local comenzó a mirar con asombro todo lo que se cruzaba por su camino, mientras Quinn, que caminaba detrás de ella, no dejaba de sentir una desconocida sensación de comodidad al estar a su alrededor.
La rubia compro las entradas mientras Rachel le hacia un relato detallado de la Barbra de la época en que se filmo Funny Girl, y finalmente la rubia se hizo gran conocedora de la vida y obra de la misma.

Al entrar a la sala de proyecciones, la joven Fabray en cierto punto se había resignado a no disfrutar el rato que durase la película, mientras Rachel a su lado parecía más inquieta e hiperactiva que antes aunque ya estuviese con el trasero pegado a su butaca, a la izquierda de la rubia.

- Oh, amo tanto esta escena- Dijo Rachel, ya a más de la mitad de la película. Luego se inclino hacia Quinn y le susurro al oído- Aquí Fanny canta una de mis canciones favoritas- La rubia evito mirarla y centro su interés en la gran pantalla frente a ella, ignorando el calor del aliento de Rachel contra su piel. Lo ignoró. O al menos lo intentó.
No era una gran conocedora o seguidora de la Sra. Straisand y solo pocas de las canciones de esa película le resultaban conocidas, pero cuando Rachel a su lado comenzó a tararear con una extraña tranquilidad la canción que era supuestamente su favorita, sintió que la conocía. Podía jurar que no era la primera vez que oía aquella melodía escapar de los labios de la diva, pero jamás la oyó cantarla, sino solo tararearla.

Con temor, la miro. La escaza luz en aquella sala, que provenía de la pantalla, lograba iluminar a los presentes de una forma suave y equitativa, apenas si reconocía las facciones de todos los desconocidos que la rodeaban, y solo la faz de Rachel Berry parecía romper aquella regla donde todos los rostros eran iguales.
Cientos de veces ella misma se había tomado el lujo de definir la fealdad de la morena, de todas las formas posibles y siempre con agresividad y soberbia.
Se sentía tan idiota en ese momento, oculta en la cómplice oscuridad de la sala, observando absorta el contorno del rostro de Rachel, sintiendo que lo único que su cerebro podía reconocer y procesar en ese instante era el hecho y el saber que Rachel Berry es hermosa, tan real y particularmente bella que el negarlo sería la mentira más grande y cruel de la historia.
Quería tocar su rostro, necesitaba hacerlo para estar segura de que no era una ilusión. Se sorprendió cuando reconoció su propia mano acercarse a la mejilla izquierda de Rachel que estaba perdida ante lo que la pantalla le enseñaba, ignorando por completo lo que la rodeaba.
Se detuvo a tiempo, casi sintiendo en la yema de sus dedos el calor que Rachel emanaba, como si la cubriese un aura de calidez. Antes de esconder nuevamente su mano, en un sitio fuera del alcance de algo que pueda atraerla, como lo era el magnetismo de la pequeña morena, pudo observar el contraste de su nívea piel contra la de Rachel, más morena y brillante. Se pregunto si era tan suave como se veía. Ante este nuevo impulso, apretó con fuerza el apoyabrazos, ahorrándose algún acto demente, como tocar sin razón a Rachel Berry.
No se movió hasta que la película no llego a su fin, y solo se dio cuenta de que había terminado cuando la morena le apretó el hombro. Al parecer ya la había llamado y Quinn no se había percatado.
- ¿Vamos?- Le pregunto la diva con una sonrisa esplendida que brilló en la oscuridad hasta que de un segundo a otro se encendieron todas las luces de la sala.
Quinn la siguió por detrás hasta la puerta. Cuando llegaron a la recepción, la rubia se obligo a si misma a recomponer su expresión ante una Rachel completamente extasiada.
La morena se acerco a Quinn, jugando tímida con sus propias manos. Levanto la cabeza, estudio su rostro por unos segundo casi inexistentes y le sonrió de una forma tan especial y distinta a como siempre lo hacía que Quinn sin ser consciente de sus actos le sonrió también.
- Gracias Quinn, de verdad.
- Ni lo menciones, es un honor- Contesto con gracia. Rachel rió.
- Me la pase muy bien. La verdad es que es la mejor cita a la que me han traído- Dijo distraída, admirando el lugar. Cuando se percato de lo que dijo, deseo con todas sus fuerzas que se abra un hoyo en el suelo y caer en el, o en su defecto que la rubia no la haya oído.
Quinn instintivamente mordió la parte interna de su labio inferior para contener la sonrisa que quería aflorar.
- Bueno, tenía a mi favor que estaba segura que te encantaría. Digamos que no podía fallar en lograr que te la pasaras bien- Respondió Quinn, como si en su interior no estuviese estallando una bomba de inquietud.
Rachel sonrió y acomodo su cabello con timidez. Estaba sonrojada y los ojos de la rubia no se perdieron de ese detalle.
"Eres inhumanamente perfecta Quinn Fabray, una desgracia, un peligro" Pensó Rachel, sintiendo como la estructura de indiferencia que había forjado los últimos días para contrarrestar el rechazo de Quinn, se reducía a cimientos.
"¿De dónde había salido?" "¿Siempre fue así?" "¿Es real?". Mil preguntas taladraban a la morena, que termino por decidirse por una sola, la que creyó de mayor relevancia, la que la inquietaba más, y de la que necesitaba su respuesta con mayor urgencia.
Había nacido en ella una nueva estructura, la del rencor, las preguntas y la desconfianza. Y Quinn fue quien la había construido.
- ¿Quieres que vayamos a por algo de com-
- ¿Por qué ahora?- Pregunto Rachel cortante, interrumpiendo lo que fuese que Quinn iba a decir.
La rubia se extraño ante aquel cambio en la chica, como su voz y su mirada. Desconfiada y distante.
- Pues porque acabamos de salir y pensaba en que-
- No- Volvió a cortarla- ¿Por qué lo haces ahora? ¿Por qué me hablas ahora? ¿Por qué te acercas ahora?- Soltó una pregunta tras otra, desahogándose, y lanzándolas como dagas a la rubia.
- Rachel yo…-
- ¡Es que no te entiendo! No comprendo nada de esto- Exclamó- Acabo de pasármela excelente y ha sido muy lindo de tu parte al invitarme ¿Pero por qué ahora? ¿Por qué después de haberme ignorado por tanto tiempo?
Quinn bajo su cabeza y escondió su mirada avergonzada.
- Yo… yo estaba pasando… estoy pasando por una situación complicada con Finn- Comenzó a hablar tranquila luego de unos momentos de tenso silencio, en el que la rubia aun conservaba su mirada en el suelo- Y me sentía en calma, no me afectaba como creía que podía afectarme. Pensé que era porque soy madura, o porque llevaba la razón en la discusión. Pero entonces tu… tu demostraste ser un gran apoyo, y cuando te alejaste sentí que perdí eso, que perdí la calma, la paz y todo cobro un sentido distinto para mí- Prosiguió- Hace dos días, el domingo, volví a discutir con él. No la había pasado tan más desde que comenzó el año. Esta vez sí sentí lo que se suponía que debía sentir. ¿Y sabes qué? Tú no estabas ahí- Le dijo con dureza- No te estoy recriminando nada ni diciéndote que tienes alguna obligación de ser mi amiga, solo quiero saber el por qué de las cosas- Termino de hablar, soltando un suspiro desganado.
Cuando Quinn levanto su mirada era Rachel quien observaba el suelo, con los labios apretados.
- Incluso…- Quinn se puso alerta y espero impaciente a que continuase- Incluso me pregunte si siquiera éramos amigas, porque yo creí que lo éramos.
Quinn sintió como un nuevo sentimiento la carcomía por dentro, la exploraba de pies a cabeza, de lado a lado y se clavaba sin anestesia en su pecho.

La culpa.

Y de la culpa, la tristeza. Y de la tristeza, el dolor.

Necesitaba ver su rostro, admirar sus ojos, perderse en ellos. Y cuando Quinn se acerco a la pequeña diva, sujeto su mentón y la obligo a mirarla, las enormes esferas color chocolate que adornaban su joven rostro se veían atrapadas en una corteza de frialdad e impotencia.
Pero aquella precaria fortaleza de hielo se derrumbo ante la calidez del agua. Las pequeñas lágrimas que comenzaron a descender desde sus ojos desorbitaron la cordura de Quinn. La rubia no soporto aquello, y luego de que Rachel girase su rostro con brusquedad para apartar su mano, la sujeto con fuerza.
No le importo el cuchicheo de la gente que pasaba junto a ellas, no le importaron las miradas interrogantes y curiosas, tampoco le importo el forcejeo de Rachel y su intento desesperado por alejarse. No la iba a soltar. No se iba alejar, ni allí, ni nunca. No lo volvería a hacer, no volvería a lastimarla. Porque ver a Rachel Berry llorar con amargura aquel día, siendo ella misma la causa, fue de las peores experiencias que vivió.
No supo cuanto tiempo paso hasta que la morena se aferro a su cuerpo también y estuvieron abrazadas hasta que Quinn, con delicadeza, se aparto un poco para observarla.
Rachel agacho su rostro, lo limpio con el dorso de su mano derecha y no levanto la mirada hasta que Quinn decidió hablar.
- Rach yo… yo no- Comenzó con dificultad- Yo estoy aquí, yo siempre estuve aquí.
- Pues yo no lo veo de esa forma- Le contesto en apenas un susurro la morena.
Quinn trago saliva.
- Pero yo te juro que-
- No, por favor, no jures- Espeto con los ojos cerrados, algo cansada.
- Es que fui una idiota, lo sé, lo entiendo. Pero, por favor créeme que jamás quise hacerte daño- Le dijo más segura, mientras buscaba la conexión con sus ojos, la cual encontró. Rachel la miro desconfiada- Jamás quise lastimarte, no quiero hacerlo. No quiero perderte…- Aquello ultimo lo dejo flotando en el aire, sintiendo como la veracidad y la complejidad de sus palabras la golpeaba con fuerza.
Rachel volvió a bajar la cabeza.
- Yo, Quinn, yo entiendo si me apresure y quizás tú no estás… no sé, preparada para ser mi amiga, o quizás no quieres. Entiendo que hemos vivido cosas no tan lindas y-
- No, no. Rachel, escúchame- La interrumpió, apoyando sus manos en los hombros de la diva- Yo quiero ser tu amiga, yo soy tu amiga- Le dijo- Yo… yo te a-aprecio- Se lo dijo, tartamudeando pero lo hizo. Siquiera se lo había planteado, y tampoco lo había pensado antes, pero cuando escapo de sus labios aquella sentencia supo que era la pura verdad- Mucho.

Lo hacía en verdad. Quinn Fabray apreciaba a Rachel Berry.

La pequeña diva hizo el mayor esfuerzo del que era capaz y no la miro cuando todo lo que deseaba hacer era apreciar los fascinantes ojos de Quinn, mientras en sus oídos seguía sonando una confesión de lo más extraña, nueva y reconfortante.
Por inercia sujeto las manos de la rubia, y apoyo el costado de su rostro en el pecho de la joven.
Luego, sin más, se separo y se acomodo la correa de su bolso en el hombro ante la atenta mirada de Quinn.
- ¿Qué haces? ¿Te vas?- Le pregunto la joven Fabray sin ocultar su decepción.
Rachel asintió con una extraña mueca en el rostro.
- Es que... yo iba a decirte si querías cenar o-
- No- Se apresuro a interrumpirla, sin dureza ni frialdad, solo algo de indiferencia, pero lo suficientemente distante para Quinn- De verdad aprecio esta salida. Me la he pasado muy bien, Quinn, solo que… necesito estar sola.
La rubia se cruzo de brazos y bajo su mirada, en un intento por contener la fragilidad que la estaba penetrando.
- ¿Sola o… lejos de mi?- Se animo a preguntar.
- Necesito pensar- A Rachel no le tembló ni por un segundo la voz al hablar. Aunque no le afirmó necesitar estar lejos ella, tampoco lo negó.
Quinn sintió aquello como un balde de agua helada, como si sobre su cuerpo hubiesen dejado caer el contenido de una piscina repleta de "la cruda realidad".
"Es tu culpa, tú te ganaste esto." Se dijo a sí misma la rubia.
- ¿Hay… hay algo que pueda hacer? No quiero que estemos mal…-
- Lo que desees y estés dispuesta a hacer- Respondió Rachel con firmeza- Si en verdad eres mi amiga, entonces se mi amiga, pero si no lo eres o no quieres serlo, entonces no me confundas y dime la verdad. No quiero que te acerques para volver a alejarte.
- Yo no lo-
- No hables- Le pidió en voz baja y hasta casi logro sonreírle- Dejemos esto así, mañana será otro día. Solo no forcemos las cosas y seamos sinceras. Yo solo necesito… pensar todo esto- Hablo recobrando su dulzura.
Quinn asintió, sabiendo que por más que insistiese en ese momento, no tenía nada por hacer.
Jamás creyó estar en una situación similar, pero la joven Fabray tuvo que guardarse el orgullo y dar el brazo a torcer ¿Ante quién? Rachel Manhands RuPaul Berry.
- Adiós Quinn, nos vemos- Le dijo con una pequeña sonrisa y volteo.
Quinn la observo mientras daba sus primeros pasos a la salida, pero de pronto frenó y regreso sobre sus pasos.
- Ah, me olvidaba, yo también te aprecio.
Y entonces si partió, sin esperar respuesta o reacción por parte de la rubia, quien se quedo con los pies clavados al suelo, preguntándose si la sensación de estar sonriendo como idiota era algo real y si efectivamente estaba haciéndolo.

Quinn regreso a su casa con calma, como si fuese indiferente a todo lo que la rodeaba. Se acostó temprano, pero no tenia sueño, tampoco la intensión de dormirse.
Tomo su móvil con intenciones de distraerse y encontró que tenia un mensaje sin leer.
Era de Rachel. De hacia unas horas. Haciendo cálculos, descubrió que se lo había enviado unos minutos después de irse.
Fue imposible no sonreír al leerlo.
"Mucho".